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Cine T.2

El documento analiza la complejidad de la transposición de la literatura al cine, sugiriendo que el término 'transposición' es más adecuado que 'adaptación', ya que implica un desplazamiento y una reconfiguración de elementos entre dos sistemas. Se discuten las tensiones y afinidades entre ambos medios, destacando que la fidelidad al texto original no siempre garantiza una conexión profunda, y que el cine puede reinventar y popularizar el material literario. Finalmente, se enfatiza la importancia de entender las particularidades de cada transposición sin caer en un análisis excesivamente técnico.

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Cine T.2

El documento analiza la complejidad de la transposición de la literatura al cine, sugiriendo que el término 'transposición' es más adecuado que 'adaptación', ya que implica un desplazamiento y una reconfiguración de elementos entre dos sistemas. Se discuten las tensiones y afinidades entre ambos medios, destacando que la fidelidad al texto original no siempre garantiza una conexión profunda, y que el cine puede reinventar y popularizar el material literario. Finalmente, se enfatiza la importancia de entender las particularidades de cada transposición sin caer en un análisis excesivamente técnico.

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I.

La Transposición: un Problema de Origen

Al hablar de la transformación de la literatura en cine, o más específicamente de la conversión de


libros en películas, recurrimos frecuentemente al término "adaptación". Este concepto, sin
embargo, conlleva implicancias tanto materiales como médicas. Desde una perspectiva médica,
"adaptación" sugiere que la literatura es un cuerpo resistente que se amolda con dificultad a otro
sistema, mientras que el cine se presenta como un entorno rígido que impone sus propias reglas,
a veces en detrimento de la esencia literaria. Esta visión convierte el proceso en una especie de
intervención forzada, en la que el cine “disciplina” a la literatura. No obstante, reducir la
transposición a esta lógica dicotómica es simplista, ya que la literatura, con una tradición
académica y cultural más extensa, presenta complejidades que no pueden ser fácilmente
subsumidas en el cine.

Materialmente, "adaptación" implica también una adecuación de formatos: como si el formato


literario debiera encajar en el cinematográfico, perdiendo así su especificidad. La literatura, en
este caso, se convierte en un recurso maleable que, al ajustarse al cine, renuncia a algunos de sus
rasgos más distintivos para adaptarse a un sistema con reglas y exigencias propias.

La selección de textos literarios para su transposición no es arbitraria, sino que responde a


afinidades y tensiones que enriquecen la reflexión sobre el tema. Más que legitimar un canon o
adherirse a normas sobre lo que constituye literatura “alta” o “comercial”, este análisis explora
cómo el proceso de transposición revela dinámicas y conflictos inherentes a ambas disciplinas,
destacando puntos de encuentro y fricción entre los estilos de autores y cineastas.

En este contexto, "transposición" es un término más adecuado, ya que sugiere tanto


desplazamiento como injerto: la transferencia de elementos de un sistema a otro. En *Los
discursos que se miran* (1994), Luiscia Aivaray plantea que la adaptación cinematográfica surge
de la dificultad de establecer en el cine una gramática tan normativa como la del lenguaje verbal,
lo que desafía al cine a construir significado a través de sus propios recursos. Esta reflexión
conecta con Griffith, quien sostenía que el cine reemplazaría a la literatura como principal medio
narrativo, una tesis que ha sido discutida en la historia del cine.
Estudiosos como Sánchez Noriega (2000) y Eisenstein también exploran las complejidades y
particularidades narrativas de cada medio. Griffith, por ejemplo, adaptó obras de Stevenson, Poe
y Browning, explorando tanto las posibilidades narrativas del cine como los límites de la
gramática visual.

La tradición de transposiciones literarias al cine sigue vigente y a menudo se valora según el


peso literario del texto original. En casos como las adaptaciones de Borges en Argentina, el
interés teórico y crítico es elevado debido al prestigio del autor. Esto contrasta con adaptaciones
como *Los inundados* de Mateo Booz, que, aunque menos fiel al texto original, introdujo un
enfoque innovador en el cine argentino de la época.

La transposición revela un fenómeno cultural en el que cine y literatura se interrelacionan de


manera compleja. Adaptar una obra literaria al cine no es simplemente traducir texto en imagen,
sino afrontar un reto que a menudo depende del estatus y la valoración social de los autores
literarios. A través de este proceso, el cine puede popularizar, reinventar o transformar el
material literario y, en algunos casos, crear obras que trascienden el valor literario original.

El análisis de las transposiciones literarias al cine enfrenta cuestiones clave, como las diferencias
inherentes entre el texto literario y el medio cinematográfico y la tendencia de los críticos a
priorizar la fidelidad al texto original. Este enfoque puede relegar al cine a un papel meramente
ilustrativo, ignorando su lenguaje propio y sus procesos creativos. A menudo, la valoración de
estas adaptaciones se limita a un registro de las diferencias con el original, en un ejercicio de
“detective” que lista omisiones o cambios sin considerar sus motivos artísticos.

Adaptaciones como *Una enemiga en la casa* de Rawi o *La ceremonia* de Chabrol muestran
que una fidelidad estricta no siempre garantiza una conexión profunda con el texto, mientras que
una adaptación más libre puede captar mejor el espíritu de la obra original. La versión de
Chabrol, aunque no fiel en detalles anecdóticos, refleja el universo psicológico de Ruth Rendell,
logrando una autenticidad más significativa.

Finalmente, el cine acude a los clásicos no tanto por fidelidad a su esencia, sino en búsqueda de
legitimación cultural. Las adaptaciones de Shakespeare, por ejemplo, suelen omitir las
dimensiones críticas y sociales de sus obras en su contexto original.
El rigor histórico, aunque deseable, no es esencial para el éxito de una adaptación; la “lección de
Shakespeare” demuestra que estos relatos pueden reinventarse sin apego estricto al contexto
original. Mantener elementos como el lenguaje o la ubicación histórica no siempre fortalece la
adaptación y, en ciertos casos, puede hacerla parecer rígida o desprovista de relevancia
contemporánea.

Así, la transposición de una obra permite interpretaciones innovadoras, incluso si implica


reestructurar elementos o situarlos en contextos nuevos. Algunos filmes, como *El padrino III* y
*Los guerreros*, reinterpretan temas de Shakespeare y otros clásicos en entornos modernos,
demostrando que el “espíritu” de la obra original puede perdurar sin una literalidad absoluta.

La teoría sobre adaptaciones es valiosa, pero no debe perderse en la especulación teórica o en un


análisis excesivamente minucioso que desvíe la atención de la práctica misma de la
transposición. Un enfoque centrado en las particularidades de cada transposición ilumina
aspectos específicos, como la adaptación de estilos y la relación entre literatura y cine,
enriqueciendo la comprensión del proceso sin caer en tecnicismos innecesarios.

Bibliografia

Wolf, S. (2001). Cine/Literatura: Ritos de pasaje. En I. La transposición: un problema de origen


(paginas 15-28). Editorial Pardos.

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