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Léxico del español

Grado de Español: Lengua y Literatura

LÉXICO (1). PRÉSTAMOS Y PALABRAS DERIVADAS

INTRODUCCIÓN
El léxico de una lengua no está formado por un número constante de elementos,
sino que a lo largo de la historia son muchas las palabras que desaparecen y otras muchas
las que se crean o son incorporadas por diversas vías; al mismo tiempo, el significado de
las palabras con frecuencia sufre alteraciones motivadas por causas sociales, históricas o
psicológicas que se valen de mecanismos tales como la metáfora, la metonimia o el
eufemismo.
Puede decirse que el léxico español está constituido por tres componentes: la
herencia latina, las palabras formadas mediante procesos morfológicos internos
(prefijación, sufijación, composición) y los préstamos tomados de otras lenguas
Comenzamos con un apartado sobre los criterios de clasificación del léxico y su
terminología, necesario para entender las diferentes perspectivas desde las que se puede
abordar su análisis El grueso del capítulo se dedica al estudio de los dos últimos
componentes señalados: los préstamos y las palabras derivadas.
Las aportaciones a español procedentes de lenguas distintas al latín es un aspecto
que no puede faltar en ningún manual de historia de la lengua española. Dedicaremos
también sendos apartados a los sufijos y a los prefijos más importantes del español,
morfemas heredados del latín que se han seguido aplicando a bases romances para crear
nuevas palabras derivadas. Ordenados alfabéticamente a manera de breve diccionario
para facilitar una sencilla localización, la información que de ellos se proporciona resulta
de gran utilidad para la comprensión y el aprendizaje del léxico español.

6.1. CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DEL LÉXICO


Son varios los criterios que podemos seguir para clasificar, organizar y
caracterizar el léxico de una lengua:
a. Un primer criterio es el origen lingüístico de las palabras, es decir, la lengua de
la que proceden. En el caso del español, vienen del latín en su mayor parte, con pequeñas
aportaciones de otras muchas lenguas con las que entró en contacto a lo largo de su
historia. En primer lugar, de las lenguas prerromanas de la Península sobre las que el latín
se impuso o con las que coexistió, como-el vasco. Por otra parte, el latín hizo suyas
multitud de palabras griegas y no pocas germánicas, que, por su mediación, llegaron
posteriormente a las lenguas vernáculas. Durante siglos, el castellano medieval estuvo en
contacto con el árabe —del que incorporó un gran numero de palabras— y con sus
hermanas, las variedades neolatinas circundantes. En el Renacimiento, el italiano fue
fuente de préstamos, como lo es en la Edad Contemporánea, y con gran fuerza, el inglés.
Para referirnos a procedencia de los términos hablamos entonces de celtismos,
vasquismos, helenismos, germanismos, arabismos, galicismos, etc.
b. También podemos atender a 1a manera en que las voces han pasado a formar
parte del caudal léxico del español, criterio por el que distinguimos entre palabras
heredadas, esto es, las resultantes de la transformación natural sufrida por esas palabras
al ser empleadas oralmente generación tras generación (son la mayoría de las voces
castellanas, que ya existían en latín y que, en su forma actual, son el resultado de la
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evolución fonética), y préstamos, es decir, vocablos tomados de otra lengua e


introducidos en un momento concreto en la receptora. El préstamo es denotativo cuando
su misión es designar un concepto que hasta entonces no ha existido en la lengua que lo
acoge, y es connotativo cuando sirve para aportar una significación cualitativa especial,
connotación de la que carece el término correspondiente de la lengua de destino. Una
misma lengua puede ser fuente, a la vez, de palabras heredadas y de préstamos para otra
lengua, como ocurre en el caso del latín con respecto al español y demás lenguas
románicas, pues estas no solo han surgido de la evolución de la latina, sino que del latín
han importado o incorporado vocablos en diferentes fechas: los cultismos y los latinismos
(v. i.).
Por otra parte, es posible diferenciar entre préstamos y extranjerismos, pues
mientras los primeros sufren un proceso de adaptación a las características fonéticas,
morfológicas y sintácticas de la lengua que los recibe (llamado 'naturalización"), lo que
hace que los hablantes los lleguen a sentir como palabras plenamente incorporadas y
propias, los extranjerismos no se adaptan de ninguna manera, sino que se emplean tal y
como son en su lengua de origen, de modo que el hablante tiene conciencia de su carácter
advenedizo. Esta diferenciación permite, a su vez, distinguir entre cultismo y latinismo,
término con el que se hace referencia a los extranjerismos procedentes del latín
(currículum, ipso facto, etc.).
c. Estrechamente relacionado con el criterio anterior está el modo de transmisión
de las palabras, del que suele derivarse un grado distinto de evolución de las mismas.
Según este criterio, se habla de palabras patrimoniales o populares, es decir, las heredadas
por vía oral transmitidas y usadas de manera ininterrumpida y que, en consecuencia, han
sufrido todos los cambios fonéticos, morfológicos y semánticos de la evolución
lingüística Todas estas palabras constituyen el léxico básico del idioma, con el que se
designan realidades cotidianas; como objetos, seres vivos, acciones y hechos, números y
cantidades, colores, accidentes geográficos... En el extremo opuesto están los cultismos 1,
definidos habitualmente como un tipo concreto de préstamo del latín como lengua de
cultura (y en menor número, del griego, estos, por lo general, a través del latín). Estas
voces no han experimentado evolución lingüística por haber sido introducidas en fecha
tardía por estar su uso limitado a textos escritos de carácterr principalmente jurídico o
eclesiástico. Su significación suele ser idéntica o muy cercana a la latina y son mayoría
los que designan realidades abstractas o pertenecientes a ámbitos científico-técnicos. En
tercer lugar, y a medio camino entre la voces populares y los cultismos, están los
semicultismos, término especialmente discutido por los investigadores con el que
generalmente se hace referencia a las palabras que han experimentado un cierto grado de
evolución formal, pero inferior al de las voces patrimoniales, o, lo que es lo mismo, que
se encuentran a medio camino entre estas y los cultismos.
Para la mayoría de los estudiosos, los cultismos y los semicultismos solo se
diferencian en el grado de adaptación, obedeciendo el freno a la evolución en ambos casos
a su carácter culto (Bustos Tovar 1974 34-35). Frente a esto, otros investigadores definen
el semicultismo como una palabra que no ha completado su evolución fonética, a pesar –
y esto es lo importante- de haberse introducido oralmente, es decir, como las voces

1 Uno de los primeros y más completos estudios sobre los conceptos de cultismo y semicultismo es el de
Bustos Tovar (1974).
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populares, lo que les lleva a situar los semicultismos más cerca de estas que de los
cultismos (Wright 1976). Pero la realidad resulta bastante más compleja, pues la
transmisión y el grado de evolución no siempre van de la mano. Como indican Alvar y
Mariner (1966 6-7), "hay semicultismos tan transmitidos como las voces populares, si
bien frenados en su evolución. El latín, en este caso, no presta téminos, sino que ayuda -
únicamente- a mantener fonemas y morfemas: siglo, virgen, Dios, han entrado en el
castellano de modo totalmente hereditario, si bien su mayor uso por parte de gentes
conocedoras del latín haya mantenido en ellos los grupos gl y rg mediales, la e postónica
o la terminación -s de nominativo. Otros semicultismos, en cambio, son tan empréstito
como los más caracterizados cultismos, si bien se hayan luego adaptado en boca de
hablantes o en pluma de escritores menos cultos o conservadores: respecto y afección,
pese a su parcial adaptación al romance".
Por otra parte, como ya indican estos mismos autores (1966: 78), la ausencia de
evolución no es siempre achacable a la presión de las clases cultas, de manera que hay
palabras de uso común y documentadas desde los orígenes que se han mantenido sin
apenas transformaciones fonéticas por razones de diversa índole, como la analogía, el
temor a una homonimia o el eufemismo2, a las que hay que añadir motivaciones fonéticas
internas como la disimilación3. Otras palabras, en cambio, han podido sufrir una
romanización tardía a pesar de haberse introducido como préstamos latinos.
d. También pueden clasificarse las palabras según su estructura interna; en este
caso hablamos de palabras simples, derivadas o compuestas, siendo los dos últimos tipos
el resultado de los mecanismos internos de la lengua para formar nuevas palabras. De esta
manera, el castellano heredó muchas palabras que, ya eran derivadas (y algunas,
compuestas) en latín, pero, además, el léxico se siguió incrementando con nuevas voces
creadas mediante los mismos procedimientos morfológicos de prefijación (adición de un
elemento formativo o afijo por delante de la palabra o raíz ya existente), sufijación
(adición del afijo por detrás), derivación sintagmática (unión de dos o más palabras para
formar una unidad mayor, el sintagma), composición (unión de dos lexemas en una
palabra) y parasíntesis (combinación simultánea de composición y derivación).
e. La vida o vigencia de las palabras es el marco de conceptos tales como el
neologismo, que se define como una palabra de nueva creación, ya sea de elementos
existentes en la misma o en otra lengua, ya por invención absoluta. Por lo tanto, el
neologismo engloba los mecanismos de derivación y composición, descritos en apartado
anterior, así como los préstamos. Otro concepto fundamental para la historia del léxico
de una lengua es el de arcaísmo, con el cual se hace referencia a palabras (o estructuras)
que resultan anticuadas en un momento dado.
Como se ve, todos estos criterios están íntimamente relacionados y entrecruzados, siendo
en algunos unos casos distintas perspectivas de descripción de unos mismos hechos. Esta
circunstancia, unida a la naturaleza histórica y cambiante de muchos de tales conceptos,
crea problemas terminológicos, lo se traduce en que algunos se consideren a veces
equivalentes como, por ejemplo, "palabra heredada" y "patrimonial"; "procedencia" de

2Alvary Mariner citan Mérida <EMERITA, que de haberse cumplido en ella las leyes fonéticas habría dado
*Mierda; Y Córdoba < CORDUBA, que habría llegado a Cuerva. También se atribuye a este tipo de
motivación la conservación de -DJ- en medio, que evita la homonimia con las formas del verbo mear
(Menéndez Pidal 1950 [1926]: 483).
3
Por ejemplo, lluvia, para evitar dos palatales en *lluya.
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una lengua determinada, "préstamo" y "extranjerismo"; o "cultismo" y "latinismo".


Asimismo, algunos estudiosos consideran que "patrimoniales" son únicamente las voces
de origen latino, mientras que otros incluyen también las prerromanas, árabes y
germánicas de introducción temprana, etiquetadas por los primeros como "préstamos".
Por otra parte, otros investigadores prefieren hablar de "léxico nuclear', que estaría
constituido por todas las voces de origen latino, ya sean patrimoniales, semicultismos o
latinismos, y de "léxico incorporado", formado por los préstamos de otras lenguas —
independientemente de su introducción oral o escrita— y por los neo1ogismos.
Nos centraremos a continuación en algunas de las cuestiones que consideramos más
importantes para la descripción y caracterización del léxico español a lo largo de su
historia.

6.2. APORTACIONES NO LATINAS AL LÉXICO ESPAÑOL


En este apartado vamos a comentar brevemente las principales aportaciones
léxicas al español de lenguas no latinas 4. En unos casos, las voces pasaron al latín y de
ahí al español, como sucedió con las palabras de origen prerromano y la mayoría de los
helenismos; en otros casos, son préstamos directos al español, introducidos en muy
diversas épocas y con distinto grado de adaptación.
6.2.l. Lenguas prerromanas
Como veremos más detenidamente en el capítulo 9, cuando los romanos llegaron
por vez primera a la Península Ibérica (año 218 a. C.) encontraron unas tierras habitadas
por pueblos que hablaban lenguas distintas y que aportaron palabras al latín hispánico,
muchas de las cuales fueron heredadas por el romance. Con frecuencia, no es posible
concretar la lengua prerromana de la que proceden las voces, pero su carácter originario
o exclusivo de la Península Ibérica y su antigüedad solo pueden explicarse por su
procedencia de estas lenguas preexistentes a la romanización. En realidad, apenas se sabe
nada de las lenguas prerromanas de origen no indoeuropeo, es decir, de todas menos las
célticas, con la excepción de la única lengua que sobrevivió a la romanización y hoy se
mantiene viva, el vasco.
Los préstamos de las lenguas prerromanas son, en su inmensa mayoría, voces
que designan conceptos de la vida material de aquellos pueblos, adoptadas por los
invasores p r carecer el latín de palabras equivalentes; hay nombres de árboles, plantas
y animales, accidentes geográficos y palabras relacionadas con los trabajos agrícolas,
además de topónimos y nombres propios. Aun así, algunas reemplazaron a términos
latinos que habían adquirido connotaciones negativas, como SINISTRU > siniestro
(el diptongo por analogía con su antónimo diestro), que en su significado primero y
básico, el locativo, fue sustituido por la palabra vasca izquierdo (< ezker).
De origen celta parecen ser nombres de árboles y plantas, como abedul, álamo o
berro; los sustantivos referentes al terreno berrueco, légamo y serna; palabras propias del
trabajo del campo, como colmena, gancho y huero; y términos diversos, como braga,
baranda, tarugo, estancar... Otros préstamos de la misma lengua no son prerromanos,

4 Penny (2006:286-309) facilita listas más extensas de préstamos de las distintas lenguas. Ha de verse
también el libro de Dworkjn (2012).
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sino de los galos de Francia, de quienes pasaron al latín, y de ahí a todas o a gran parte
de las lenguas romances: camisa, cabaña, cerveza, alondra, salmón, carro, carpintero
(CARPENTARIU era primitivamente 'hombre que conducía el carro'), brío y vasallo
(Lapesa 1981: 47-48).
El vasco proporcionó numerosos vocablos al latín hispánico y al romance
posterior, de la misma manera que el euskera ha incrementado su léxico a lo largo de la
historia mediante la adopción de voces latino-románicas. Muchos nombres de persona
españoles son de origen vasco (García, Íñigo, Jimeno, Javier) así como topónimos con
Cha- inicial ( Chamartín) o voces diversas: aquelarre, boina, cencerro, chaparro,
chatarra, legaña, pestaña, pizarra, vega, zamarra o zurdo, además del ya citado
izquierdo. La influencia del euskera sobre el castellano parece haber afectado también a
determinados aspectos de los niveles fonético-fonológico y morfosintáctico,
consecuencia de siglos de contacto entre las dos lenguas (v. 9.2.2).
De origen prerromano, pero incierto, son alud, aro, ascua, balsa, barro, bruja, cama,
charco, garrapata, gusano, madroño, manteca, páramo, sapo, sarna, sarro y zarza, y
quizá más de una de las que se han dado como celtas o vascas.

6.2.2.Helenismos
El contacto durante siglos entre griegos y romanos hizo que el latín tomara
numerosos préstamos del griego, que pasaron después a 1as lenguas romances. Fueron
muchas las voces comunes que se convirtieron en parte del léxico patrimonial latino y
luego del castellano, como cesta, cuerda, espada, bodega, piedra, torre, caña, olivo,
perdiz, tío... Por este motivo, no parece muy apropiado hablar de helenismos del
español, sino del latín. De hecho, puede decirse que las colonias griegas establecidas en
la costa peninsular en época prerromana no dejaron huella lingüística más allá de la
toponimia (Dworkin 2012: 61).
Más conciencia de su origen griego pudo existir para las abundantes palabras de
carácter religioso que pasaron al latín eclesiástico y que se mantuvieron como cultismos
y semicultismos también en castellano, como bautismo, biblia, blasfemia, catedra,
católico, cementerio, himno, iglesia, mártir, monasterio, palabra, parroquia…
El lenguaje de la ciencia y la técnica es especialmente abundante en helenismos,
voces cultas incorporadas a lo largo de la historia del español; muchos de ellos, como en
el caso de los dos grupos anteriores, son palabras que han llegado al romance a través del
latín, que los había adoptado del griego en distintos periodos de su historia, pero otros
muchos, sobre todo del siglo XVIII en adelante, son términos tomados directamente del
griego o creados sobre elementos griegos
Penny (2006: 290-291) ofrece una relación de estos préstamos presentados según
la época aproximada de su introducción en castellano, ya sean heredados del latín o
helenismos directos. Presentamos aquí algunos ejemplos, organizados primeramente por
el ámbito científico al que pertenecen. De la medicina tenemos documentadas ya en el
siglo XIII: anatomía, catarro, cólera, estómago, flema, lepra; en el siglo XV: arteria,
cardiaco, cólico, diarrea, gangrena, pronóstico; del siglo XVII antídoto, cráneo, dosis,
embrión, epidemia, esqueleto, náusea, síntoma; del siglo XVIII: asfixia, autopsia,
hemorragia, miope; de los dos últimos siglos: anemia, anestesia, clínico, psiquiatría,
quirófano, quiste. Términos referentes al saber, la cultura y la educación, del siglo XIII:
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carta, crónica, escuela, filosofía, gramática, historia, lógica, pergamino, poeta, teatro;
del siglo XV: academia, alfabeto, armonía, biblioteca, coma, comedia, etimología,
metro, ortografía, sintaxis, tragedia; del siglo XVII: catálogo, crítico, dialecto, drama,
enciclopedia, escena, filología, frase, idioma, metáfora, museo, problema, teoría, tesis;
del siglo XVIII: antología, bibliografía, criterio, lema, sistema; actuales: autógrafo,
biogrfía, fonética. De las ciencias, especialmente las matemáticas y la astronomía, se
documentan ya en el siglo XII: aritmética, astrología, astronomía, clima, átomo,
geometría, planeta; del siglo XV: cilindro, cono, cubo, matemáticas, período; del siglo
XVII: cometa, diámetro, elipse, geografía, meteoro; del siglo XVIII: ciclo, farmacia,
hélice, magnético, periferia, simetría; de los últimos siglos: asteroide, cosmos, cráter,
sismo. En la actualidad siguen creándose neologismos, generalmente internacionales,
mediante composición de palabras con lexemas griegos, que en español pueden pasar a
considerarse afijos.

6.2.3. Germanismos
Los siglos de frontera entre el Imperio Romano y el Germánico hicieron posible
un intercambio de préstamos. Aunque no muy numerosos, son varios los germanismos
del latín que han sido heredados por la mayoría de las lenguas románicas, a excepción del
rumano. Son frecuentes los relacionados con el mundo bélico y de la caballería: espuela,
guadaña, guarir (posteriormente guarecer), guerra, guiar; robar; tregua, yelmo.
De 1os visigodos, que en el siglo V ocuparon el suroeste de la Galia y buena parte
de 1a Península Ibérica, pasaron al español arenga, ataviar, banda brote, esquilar, espía
y espiar, gana y ganar; gavilán, parra, ropa, sacar y alguna palabra más, muchas de ellas
compartidas con el occitano, el portugués y el catalán. Precisamente del francés, el
occitano y el catalán, que habían recibido un importante número de palabras de otras
variedades germánicas, llegaron al español en los siglos XII y XIII voces como ardido,
bando, barón y varón, blanco, blandir, dardo, esgrimir, esquina, estandarte, estribo,
flecha, guante, orgullo o sala…

6.2.4. Arabismos
Las voces de origen árabe constituyen el mayor caudal léxico no latino del
español, con varios cientos de elementos 5. Los árabes estuvieron en la Península Ibérica
ocho siglos, desde su llegada en el año 711 hasta el final de la llamada Reconquista, en
tiempos de los Reyes Católicos. Sin duda, existió una situación de bilingüismo en amplias
zonas del sur y este peninsulares, cuyos habitantes cristianos, al emigrar hacia el centro y
el norte, llevaron consigo voces del arabe, como también tuvieron que ser adoptadas
muchas por los cristianos que conquistaron y se asentaron en los territorios hasta entonces
dominados por los musulmanes. Pero la mayoría de los arabismos se incorporaron al
castellano en fechas tempranas, lo que se explica por la necesidad de encontrar palabras
nuevas para realidades y conceptos nuevos traídos por los árabes, y por el gran prestigio
que esta lengua tenía como vehículo de un saber y una cultura superiores a los de la
Europa coetánea. El periodo de decadencia de la civilización islámica vino a coincidir
con los comienzos del Renacimiento europeo, durante la Baja Edad Media; lo que explica

5 V. el Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance, de f. Corriente (2003).


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que en ese momento se incorporaran al castellano nuevos latinismos y préstamos de otras


lenguas europeas en lugar de arabismos, muchos de los cuales se abandonaron en esta
época.
Muchos préstamos del árabe pertenecen a la categoría sustantiva y aparecen
frecuentemente precedidos por el artículo invariable a(l)-, interpretado por los castellanos
como sílaba inicial de las palabras. Son variados los campos semánticos que abarcan, pero
destacan algunos como la técnica bélica, armas y fortificaciones de los árabes: adarga,
alcázar, alforjas, almena, almirante, atalaya, jinete, rehén, tambor; zaga. A la vida civil
pertenecen voces como alcalde, aldea, alguacil, almacén o barrio; son del comercio
aduana, ahorrar, almoneda (‘venta publica en la que se puja’), alquiler, maravedí
(antigua moneda) o tarifa. Son varios los nombres de oficios y herramientas de esta
procedencia, algunos de ellos posteriormente sustituidos por voces de origen latino:
alarife ('arquitecto'), albañil, albéitar ('veterinario'), alfageme (‘barbero'), alfarero,
alfayate ('sastre’), alfiler, alicates. Más numerosos son los que se refieren a la
construcción y la vivienda: adobe, ajuar, alacena, alcantarilla, alcoba, alfombra,
almohada, andamio, azotea, azulejo, jarra, rincón, taza o zaguán. Al mundo de la
agricultura pertenecen nombres de árboles, plantas y frutos, muchos introducidos por los
árabes: aceite, aceituna, acelga, albahaca, albaricoque, alcachofa, alfalfa, alga
algarroba, alubia, arroz, azafrán, azahar, azúcar, azucena, bellota, berenjena, limón,
naranja o zanahoria; así como técnicas de riego: acequia, alberca, aljibe, noria. Algunos
nombres de alimentos son albóndiga, almíbar, fideos, jarabe y mazapán. Junto con todas
estas palabras de la vida cotidiana, abundan los términos científicos, ya que, como se ha
indicado, el mundo árabe poseía un desarrollo científico muy superior al de la España
cristiana y el resto de Europa: alambique, alcohol, álgebra, alquimia, azogue, cenit, cero,
cifra.
Algunas de las palabras anteriores no son propiamente árabes, sino préstamos de
otras lenguas introducidos en el árabe, incluso, del latín. Así, alfalfa, almíbar y naranja,
además de azul, añil y otras, provienen del persa; acelga, alambique, alquimia o arroz,
del girego; del sánscrito, ajedrez; del latín, alcázar, tras varios pasos intermedios.
Por último, es necesario mencionar elementos tan importantes del español como
la preposición hasta o la interjección ojalá 'Dios lo quiera'.
Dadas las notables diferencias entre la fonética árabe y la romance, los arabismos
sufrieron adaptaciones a la pronunciación hispanolatina que se tradujeron en una gran
inestabilidad hasta su definitiva adopción. Desde ese momento, su evolución fonética fue
la misma que la del léxico heredado del latín.
6.2.5. Galicismos, provenzalismos y occitanismos
Durante toda la Edad Mdia, Francia (en la que incluimos Provenza y Languedoc) ejerció
una notable influencia en España. A finales del siglo VIII, tras la conquista de
Barcelona, Carlomagno estableció la Marca Hispánica, que separaba el reino franco del
islámico; sus campañas no cesaron, aunque también sufrió alguna derrota, como la batalla
de Roncesvalles, todavía recordada siglos después por poemas épicos (el Roncesvalles y
la Chanson de Roland); durante lo primeros siglos de la Reconquista cristiana en suelo
peninsular, fueron muchos los franceses que participaron en las campañas y muchos
también los que repoblaron los nuevos territorios conquistados; desde el último cuarto del
siglo XI, la orden francesa Cluny se establece en España, y desde comienzos del XII lo
hizo la del Císter, muy bien acogidas por la realeza y la nobleza castellano-leonesas; el
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camino de Santiago supuso una incesante llegada de peregrinos desde Francia, muchos
de los cuales se asentaron a lo largo del camino. También de Francia venían los modelos
literarios de la época, tanto la épica y los cantares de gesta, como la poesía trovadoresca,
que sirvió de inspiración a la galaico-portuguesa.
De esta época son términos militares (algunos ya citados en el apartado de
germanismos), como aliar, corcel, dardo, esgrimir, estandarte, flecha, galopar o maestre;
al ámbito religioso pertenecen capellán, deán, fraile, hereje, hostal (primeramente
'establecimiento religioso'); del mundo feudal y caballeresco son deleite, doncel,
doncella, duque, homenaje, linaje, bailar, danza, rima, trovar, vihuela, etc. En la Baja
Edad Media la entrada de préstamos fue inferior, pero aún importante. De este periodo
son los militares o navales amarrar, baluarte, botín, cable, heraldo, pabellón; del
universo caballeresco y cortesano son balada, dama, gala, galán, jardín, flauta o refrán.
Son también galicismos de diversa naturaleza introducidos en los siglos XIV y XV las
voces ardite, burdel, desastre, despachar, embajada, lisonja, parlar, perfil, pinzas o
salvaje.
En los siglos XVI y XVII, las relaciones entre España y Francia se caracterizaron por las
luchas y enfrentamientos constantes, lo que explica que sean tan numerosos los términos
militares de la época: arcabuz, asamblea, barricada, batallón, batería, bayoneta, brecha,
calibre, carabina, cartucho, coronel, jefe, tropa, etc., además de los navales babor,
estribor, convoy, izar o (echar) a pique. Las malas relaciones políticas con Francia no
impidieron que el país vecino siguiera exportando costumbres y palabras del habla
refinada: banquete, carmín, damisela, etiqueta, galón, moda, parque, peluca, servilleta...
A todas estas voces se pueden añadir otras muchas, como baúl, dintel, fresa, hucha,
paquete, peaje o placa.
Con el siglo XVIII y la Ilustración llega a España la monarquía francesa de los Borbones,
y con ella, un periodo de enorme influencia de la cultura gala. Se introducen numerosas
palabras de la casa y los muebles: billar, buró, botella, cacerola, coqueta, chalé, hotel,
sofá, galleta, grosella...; y del mundo de la moda, como bisutería, boga, bucle, corsé,
modista, pantalón, satén o tisú; así como otras muchas voces: control, detalle, favorito,
interesante, intriga, galante, silueta, etc.

La invasión napoleónica en el siglo XIX y la primacía cultural del sur de Francia


hasta las primeras décadas del XX hizo que los galicismos siguieran engrosando el léxico
español. Del ámbito doméstico son bidé, ducha, parqué, quinqué, somier, vitrina...; de la
alimentación: consomé, coñac, cruasán, champán, champiñón, flan, paté, restaurante...;
pertenecen a la moda beis (beige), boutique, blusa, canesú, chaqueta, frac, maquillaje;
de la política, comercio y finanzas son bolsa, burocracia, comité, cotizar debate finanzas,
garantía, letra de cambio, parlamento, etc.
La entrada de préstamos galos solo ha cesado cuando la cultura francesa ha sido
desbancada por la anglosajona.

6.2.6. Americanismos
La comunicación entre España y el Nuevo Mundo se produjo a través de los tres
principales asentamientos de españoles en las tierras amerindias, que respondían, a su
vez, a las tres fases y rutas del descubrimiento: la zona del Caribe, dado que las Antillas
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fueron las primeras tierras americanas pisadas por Colón; el altiplano de México,
descubierto por Cortés, y los Andes centrales, conquistados por Pizarro. Esto explica que
las lenguas que aportaron mayor número de préstamos al español fueran el taíno (Caribe),
el náhuatl (México) y el quechua (Perú y resto del Imperio Inca). Muchas palabras se
emplean hoy en todo el ámbito hispánico, si bien otras están restringidas a América, y
casi todas se refieren a nuevas realidades para los españoles, como animales, frutos y
plantas.
Del arahuaco y taíno proceden, entre otras ají, batata, cacique, canoa, caoba,
guacamayo, hamaca, huracán, iguana, maíz, maní, sabana, yuca, del caribe son: butaca,
caníbal, loro, mico, piragua. El náhuatl es la lengua que más préstamos aportó, por
ejemplo: aguacate, cacahuete, cacao, coyote, chicle, chile, chocolate, hule, ocelote,
petaca, petate, tiza tomate, etc. Del quechua provienen, por ejemplo, alpaca, cancha,
coca, cóndor, guano, mate, papa, puma y vicuña.

6.2.7. Anglicismos
Creemos necesario hacer una breve mención de las voces procedentes del inglés,
dado el volumen de anglicismos introducidos en nuestra lengua en el siglo XX y los que
continúan llegando. Con anterioridad a mediados del siglo XX, la mayoría de los
anglicismos provenían del inglés británico, mientras que a partir de esa fecha su origen
es la variante americana. Los campos semánticos que más prestamos del inglés reciben
son los de la tecnología y la ciencia, como los relacionados con la informática y los
medios de comunicación: CD-ROM o cederrón, clip, cómic, copyright, film(e), mitin;
monitor, playback, pop, póster, radar, robot, rol, show, espray, vídeo o video, etc.
También el campo de la moda ha sido el destinatario de numerosos préstamos, como
anorak (originario del esquimal), biquini, cosmético, eslip, jersey, nailon, panti, pijama
(tomado por el inglés del hindi y este del persa), suéter... Del comercio y las finanzas son:
balance, boom, chárter, devaluación, holding, mánager; marketing. Otro campo
especialmente propicio es el de los deportes: béisbol, boxeo, córner, crol, chutar, fútbol,
gol, golf, récord, set, tenis, voleibol, y un largo etcétera 6.
6.3. MECANISMOS DE FORMACIÓN DE PALABRAS
Los mecanismos morfológicos de formación de palabras están a caballo entre la
morfología y el léxico, pero dado que ponemos el acento en el valor semántico de los
mismos y en el significado común de las palabras derivadas resultantes, nos ha parecido
más adecuado presentarlos aquí.
Los procedimientos de formación de palabras han sido siempre los mismos: la
derivación mediante sufijación o prefijación, la composición y la parasíntesis; no
obstante, su frecuencia y los morfemas concretos utilizados han podido variar a lo largo
de la historia del español.
En el caso de la derivación, a veces, no es fácil saber si se trata de derivados
heredados del latín o de creaciones romances, pues son muchos los afijos de carácter

6
La dimensión normativa sobre la aceptación o no de los extranjerismos, y en caso de aceptación, su
adaptación gráfico-fonética o su mantenimiento como voz foránea ha constituido siempre un problema.
Recordamos que los préstamos no adaptados deben escribirse en cursiva y los adaptados en redonda, aunque
aquí no hayamos marcado la distinción. Puede acudir al DLE (RAE, 2014) para conocer la propuesta
académica para cada uno de estos términos.
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patrimonial que simplemente no interrumpen la productividad que ya tenían en latín


(Clavería 2005: 483). No obstante, también los afijos sufrieron cambios en su
significación e, incluso, en la categoría sintáctica a la que pertenecían las palabras
formadas por ellos.
Por otra parte, como señala Cano Aguilar (1988: 180-181), en muchos casos la
evolución fonética hizo que algunos sufijos latinos desaparecieran como tales, como –IA
(FORTIA> fuerça ~ fuerza), -IU (GAUDIU> gozo) o -ULA (MACULA> mancha). Otras veces,
lo que sucede es que en la actualidad los sufijos no se reconocen, como ocurre con el
diminutivo -ICULA en oveja< OVICULA o abeja< APICULA. En otras ocasiones se
producen homonimias, como en -io, procedente tanto de -IDU como de -EU.

6.3.1. Derivación por sufijación


Sin duda es este el mecanismo de formación de palabras más productivo en el
español de todos los tiempos. Cada sufijo suele manifestar la categoría a la que pertenece
la nueva palabra, si bien la frontera entre adjetivo y sustantivo no siempre es clara, y su
significación, a diferencia de la mayoría de los prefijos, no resulta siempre transparente.
Este hecho, unido a la capacidad de traslación y extensión conceptual, hace que
normalmente haya diversos valores asociados a cada uno de los sufijos y que, de la misma
manera, también sean varios los sufijos que comparten un mismo campo semántico. Así,
en la Edad Media fue habitual la coexistencia de formas equivalentes con idéntica base y
diferente sufijo, voces que alternaron hasta que una desapareció o hasta que se produjo
una especialización nocional de los sufijos y, en consecuencia, de las palabras. La
mayoría de los sufijos heredados del latín siguen siendo productivos hoy en día, aunque
en los casos en que existe más de una variante, una patrimonial y otra culta, por lo
general se prefiere esta última para la creación de neologismos.
Comentamos a continuación los sufijos más importantes del español, sufijos
latinos que pasaron al castellano en derivados heredados de esta lengua y que siguieron
utilizándose para la formación de nuevas palabras vernáculas 7.
-ada <-ATA. Sirve para crear sustantivos a partir de una base verbal o sustantiva.
Este sufijo tiene varios significados, siendo el más antiguo el de 'resultado de una acción',
que es el que aparece en casos como alzada 'recurso de apelación' (de alzar 'apelar'),
arrancada 'derrota', tirada, etc., voces algunas que se perdieron al imponerse otros sufijos
con el mismo valor, como -ción o -miento. Otra significación es la de 'golpe dado con',
que aparece en derivados formados sobre base nominal, como el antiguo golpada 'golpe',
patada, lanzada, cabezada, cuchillada..., en liza con el sufijo -azo: golpazo
(posteriormente también golpetazo). Otro uso antiguo es el de 'conjunto o colectivo',
como en dinerada, manada, peonada 'conjunto de peones o soldados de a pie'. Tiene el
sentido de 'periodo de tiempo' y de ahí, a veces, el de 'trabajo realizado en ese periodo',
en voces como jornada o peonada 'trabajo realizado por un peón en un día', temporada,
añada, etc.
-ado<-ATUS. De participio de la 1ª conjugación se pasa con facilidad a la
interpretación de mero adjetivo deverbal, que a su vez puede sustantivarse (he amado /
su amado padre/ su amado). No obstante, los sustantivos deverbales con sufijo –ado más

7 La información que sigue está tomada principalmente de D. Pharies (2002).


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antiguos parecen proceder de sustantivos derivados latinos de la 4ª declinación, que


expresaban acción o resultado: pescado 'lo que se ha pescado', venado 'lo que se ha
cazado' (y hoy, un tipo concreto de animal, <VENOR 'cazar'), calzado, mandado o
mandato, mercado 'negocio' (hoy sólo 'lugar donde se realiza el negocio'), cuidado
'pensamiento', estado, errado 'error', pecado, etc. Sustantivos de formación romance
temprana son cercado, ganado (primero 'bienes, ganancia' y pronto también
especializado en 'bien pecuario', esto es, 'animal de granja'), guisado 'preparado' y 'guiso',
poblado, ant. refertado 'querella', vedado 'campo acotado'. El sufijo -ado también puede
formar sustantivos de base sustantiva para referirse al colectivo de personas dotadas de
una dignidad (senado, notariado, profesorado), al territorio que corresponde a la dignidad
(condado, ducado, marquesado) y a la duración de la misma (reinado, papado). En época
reciente se ha extendido su empleo para designar colectivos o grupos de personas sin
necesidad de la connotación de dignidad, como en alumnado o proletariado. Por otra
parte, -ado sirve para crear adjetivos de base sustantiva o adjetiva, como alado o azulado.
-aje < fr. -age, occ. y cat. -atge < -ATICUS. Es éste un sufijo importado CON los
numerosos préstamos del francés, y en menor medida del occitano y catalán, que el
castellano fue acogiendo desde el siglo XIII. Su étimo latino es el mismo que el del sufijo
castellano -azgo (v.), y como éste designó sustantivos del ámbito tributario, compitiendo
ambos en algunos casos (portaje -portazgo, pontaje - pontazgo, terraje - terrazgo,
almacenaje, hospedaje), lo que hizo que fuera ganando terreno a -azgo y que acabara
imponiéndose por completo en el siglo XVII. Sobre la base verbal forma sustantivos
abstractos que denotan acción y efecto: abordaje, aprendizaje, aterrizaje, blindaje, etc.
-al, -ar< -ALIS, -ÁRIS. De gran productividad desde el latín, deriva, a partir de
sustantivos, adjetivos que expresan pertenencia o relación, como carnal, corporal,
mortal, natural o real, con variante fonética -ar <-ARE, surgida por disimilación en voces
que contenían otra -l-, como familiar, popular, militar (aunque no faltan excepciones:
filial, legal). Desde los orígenes del castellano aparecen formas sustantivadas, como
señal, mayoral 'pastor principal', menestral 'artesano', caudal, lugar. Asimismo, es muy
utilizado para designar plantas y árboles (nogal, peral) y, sobre todo, 'sitio poblado por
dichas plantas o árboles' (zarzal, cañizal, matorral, naranjal), de donde se extendió a
colectivos no botánicos, como arenal, lodazal o dineral.
-ancia (v. -anza).
-ano <-ANUS. Se trata de un sufijo cuya primera función en latín fue derivar
gentilicios y adjetivos de relación a partir de nombres de lugar (romano, castellano,
urbano..., y de formación romance: ciudadano, serrano, aldeano, paisano, cercano o
lejano, además de cientos de gentilicios), de donde se extendió a sustantivos que
indicaban periodo de tiempo (cotidiano, temprano, meridiano) y a nombres de persona
(ciceroniano, emiliano, franciscano).
-anza (antes -ança), -ancia <-ANTIA. La primera forma corresponde a la variante
patrimonial y la segunda, a la culta, y no es fácil saber por qué triunfó una en unos casos
y otra en otras. Sirve para construir sustantivos deverbales, generalmente con el sentido
de 'estado resultante de una acción'. En la Edad Media era frecuente encontrar ambas
variantes en alternancia (por ejemplo, criancia y criança, abundancia y abondança), pero
finalmente se impuso una de las formas. Así, tenemos crianza, alabanza, matanza,
venganza, labranza, ant. membranza 'recuerdo' o, desde el siglo XV, alianza, enseñanza
o libranza, frente a abundancia, ganancia, infancia, vigilancia, además de otros cultismos
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introducidos en el siglo XIV, como distancia, arrogancia, importancia o elegancia.


Desde el Renacimiento será -ancia la variante empleada en los neologismos.
-ar (v. -al).
-ario (v. -ero).
-azgo (primeramente -adgo) <-ATICUS. Se trata de un sufijo muy productivo en la
lengua jurídica medieval para expresar tipos de impuestos o tributos: portazgo 'derechos
que se pagan por pasar por una puerta o entrada a una ciudad' o montazgo 'tributo por
pasar el ganado por el monte'. Algo más tarde comienza a emplearse para designar cargos
o dignidades, como alguazinazgo, arciprestazgo, maestrazgo o mayorazgo.
Especialmente a partir del siglo XVII, se observa un fuerte retroceso de este sufijo frente
a -aje (v.), y hoy son muy pocos los derivados en -azgo que sobreviven, todos ellos en
desuso.
-ble <-BILIS. Este sufijo, tanto en latín corno en romance, deriva adjetivos que en
su mayoría expresan posibilidad pasiva (con base en verbos transitivos): comestible,
comprensible, creíble, deseable, etc.; y en menor número, adjetivos con sentido activo (a
partir de verbos intransitivos): agradable, estable, horrible, perdurable, variable, etc. La
productividad de este sufijo no ha decaído, aunque ahora los adjetivos de nueva creación
son siempre pasivos. Los derivados procedentes de verbos de la 1ª conjugación se
construyen en -able y los de la 2ª y 3ª, en -ible.
-ción, -tión, -zón <-TIO –ONIS (y –sión > SIO –SIONIS). Sirve Para derivar
sustantivos a partir de verbos y designa la propia acción verbal o su resultado. Las dos
primeras formas tienen un valor abstracto (acción, solución, salvación, perdición,
creación, destrucción —antiguamente destroición—), mientras que -zón se utilizó en
sustantivos de carácter más concreto (hinchazón, quemazón, criazón 'servidumbre',
armazón o trabazón). A pesar de ser -zón la variante popular o patrimonial, desde muy
temprano se vio relegada sin duda la forma más productiva en toda ápoca. Los cultismos
–tión y –sión cuentan con una veintena de ejemplos cada uno (cuestión, gestión, digestión
y demás étimos con -st-; ocasión, pasión, confesión, prisión).
-culo (v. –ejo)
-dad, -tad < -TAS -ATIS. Se trata de uno de los sufijos más productivos para formar
sustantivos abstractos de cualidad siempre sobre una base adjetiva. En el castellano del
siglo XIII se registran, al menos, un centenar (vertad y verdad, vanidad, caridad, bondad,
viltad 'maldad', enfermedad, poibredad 'pobreza', vejedad 'vejez'...), muchos heredados
del latín. La forma -dad sólo se emplea tras las consonantes l o n (maldad, bondad); si el
adjetivo base es bisílabo o terminado en -io, suele usarse la variante -edad (soledad,
suciedad), y si tiene más de dos sílabas, se utiliza la forma -idad (barbaridad,
solidaridad).
-dero, -torio < -TORIUS. La evolución fonética completa de la forma vernácula es
–TORIUS> -doiro (por metátesis de yod)> -duero (por analogía con el diptongo más
frecuente ue) > -dero (por influencia del sufijo -ero) Este sufijo, mucho más productivo
en su variante popular que en la culta, crea adjetivos deverbales de pertenencia y
posibilidad (duradero, casadero, valedero, venidero; adivinatorio, notorio, obligatorio)
y sustantivos de diversa índole, como nombres de lugar (abrevadero, lavadero,
comedero, auditorio, dormitorio, oratorio, purgatorio) o de instrumento (asidero,
candelero; colutorio, declinatorio).
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-dor < -TORE. Este sufijo latina deriva nombres y adjetivos de agentes sobre una
base verbal como labrador, conocedor, comprador, servidor contador, etc. A partir de
este uso se fue extendiendo progresivamente a nombres de instrumento, por lo general,
en femenino (lavadora, podadora, secador/a) y a nombres de lugar (comedor, corredor
'pasillo'). Hoy en día sigue siendo u sufijo muy productivo. Hasta e1 siglo XVII, su
variante femenina fue –dera.
-dura, -tura <-TURA. Variantes popular y culta, respectivamente, sirven para
derivar sustantivos deverbales que expresan acción o resultado: vestidura 'ropa', asadura
'acción de asar', 'carne asada' y de ahí ant. 'impuesto sobre el ganado', mordedura,
cerradura, armadura, escritura, criatura, sepultura; -tura también sirve para crear
sustantivos que designan oficios o dignidad a partir de sustantivos en –ato: prelatura,
candidatura y, por analogía, el moderno jefatura.
-ejo, -culo < -CULU. Es un sufijo diminutivo latino de escasa productividad en la
Edad Media, pues sólo se empleaba con bases terminadas en -11-, -1- o –r-. Pasó al
romance en numerosas palabras latinas, muy pronto lexicalizadas: abeja, oveja, oreja,
añejo; pellejo... Hoy en día solo sigue siendo productivo con valor peyorativo: limosneja,
amarillejo, botelleja. La forma culta se emplea en latinismos como montículo, partícula,
crepúsculo (v. –illi, -ito y –uelo).
-ero, -ario < ARIU. Este sufijo sirve para derivar adjetivos y sustantivos a partir
de una base nominal. En latín era especialmente empleado para crear adjetivos de
pertenencia o relación (verdadero, derechero 'recto, justo', justiciero), la mayoría con
tendencia a la sustantivación, sobre todo, para designar oficios o profesiones: lechero,
librero, obrero, tesorero, molinero, vocero 'el que "tiene la voz" de otra persona,
abogado', etc. También es frecuente que se emplee para crear nombres de lugares donde
se guardan cosas, como ropero, granero, panero, zapatero, joyero... El sufijo en su
variante culta, -ario, se mantiene en latinismos claros y tiene los mismos usos que la
forma vernácula: en adjetivos, a veces sustantivados (aniversario, centenario, necesario,
solitario, contrario), en sustantivos de oficios (cancelario 'secretario, portero', notario,
vicario) o en nombres de lugares para guardar cosas (armario, vestuario, relicario,
santuario).
-ez, -icie< -ITIES -EI. Forma nombres de cualidad a partir de adjetivos, confluyendo
en muchos casos con el sufijo -eza < -ITIA (v.). Esto dio lugar a dobletes, pero después
sufrieron una especialización semántica, prefiriéndose -ez para expresar edad (niñez,
vejez, madurez) y defectos (delgadez, sandez, estupidez), entre otras cualidades. Tuvo dos
etapas de especial productividad: el siglo XIII y los siglos XV y XVI; hoy en día siguen
apareciendo neologismos en los mismos campos semánticos. En cuanto a la variante culta
-icie, son muy pocas las voces que la contienen, entre ellas calvicie, molicie 'blandura' y
planicie.
-eza, –icia < ITIA –AE. Formas patrimonial y culta, respectivamente, derivan
nombres de cualidad con base adjetival: dureza, llaneza 'llanura', maleza 'maldad' y
posteriormente 'abundancia de plantas nocivas' (único significado en la actualidad),
pereza, tristeza, etc., todas voces documentadas ya en la Edad Media; en esta época son
muy frecuentes los dobletes con el sufijo -ez (v.): blandez y blandeza 'blandura', anchez
y ancheza 'anchura', bravez y braveza 'bravura'. Sin embargo, a partir del siglo XVI -eza
va perdiendo productividad a favor de otros sufijos, como -dad o -ura, con la coexistencia
de algunos dobletes (maleza y maldad, largueza y largura, tristeza y tristura, llaneza y
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llanura). Los cultismos son menos: estulticia 'estupidez', malicia (doblete del antiguo
maleza en su primera acepción) o avaricia (en la Edad Media, avareza).
-icia (v. -eza).
-icie (v. -ez).
-ino < -INUS. Su principal función es crear adjetivos de relación a partir de
sustantivos, adjetivos que en numerosos casos se sustantivan: divino, vecino (<VICINU <
VICUS -I 'aldea'), palatino 'perteneciente al palacio o corte', peregrino (<PEREGRE 'en, al,
del extranjero'), bovino, femenino, dañino, molino, pergamino, etc., muchos de ellos,
heredados del latín. También forma gentilicios: alcalaíno, alicantino, bilbaíno.
-illo (ant. –iello) < ELLUS. Este sufijo diminutivo sustituyó en latín tardío a -ULUS
y dio lugar a palabras cuyo origen diminutivo hoy ya no se siente, como novillo, castillo,
otillo 'sitio elevado', sotillo, cuchillo o martillo. De producción castellana medieval son
barbilla, orilla, fablilla 'refrán', carrillo o campanilla. A veces se presenta con el interfijo
-(e)c-: mujercilla, florecilla, pobrecillo. Su productividad decae cuando hace su aparición
el sufijo diminutivo -ito, a partir del siglo XV. (V. -ito, -ejo y -uelo).
-ito< ITTUS. Se trata de un sufijo diminutivo que en latín se utilizaba
principalmente en hipocorísticos y que desde el siglo XV hasta ahora muestra una
ininterrumpida productividad en castellano. Presenta el interfijo -(e)c- en los mismos
casos que -illo: mujercita, florecita, pobrecito. (V. -illo, -ejo y -uelo).
-ivo< -IVUS. Crea adjetivos que en su inmensa mayoría tienen por base un
participio y cuyo valor es generalmente pasivo. La introducción del sufijo en español es
tardía (siglo XV, con algunas excepciones, como cautivo), y aparecen a la par los
adjetivos tomados del latín (excesivo, defensivo, atractivo, negativo, primitivo) y los de
nueva creación (agresivo, pensativo, nutritivo). La sustantivación suele producirse por
elipsis del nombre al que acompañan: (caso) ablativo, (nombre) sustantivo - adjetivo...
-izo < -ICIUS. Forma adjetivos a partir de una base sustantiva, como los nombres
para designar encargados de animales, frecuentes en la Edad Media: porquerizo
'porquero', caballerizo, con variante femenina para designar el lugar: porqueriza,
caballeriza. Más numerosos son los adjetivos que tienen por base un verbo,
frecuentemente el participio: cambiadizo, olvidadizo, huidizo, enfermizo..., que expresan
la tendencia o facilidad para realizar la acción verbal.
-mente (y sus antiguas variantes -miente y -mientre) <-MENTE. Crea adverbios
modales a partir de adjetivos en femenino (solamente, rápidamente...). Las formas con
diptongo son propias del siglo XIII, pero -mente se impone en el siglo XIV. Estos sufijos,
dado su origen sustantivo, se escriben separados de la base hasta al menos el siglo XVI
(por ejemplo, firme mientre en el Poema de Mio Cid).
-miente y -mientre (v. -mente).
-miento, -mento< -MENTUM. Son las dos variantes fonéticas de un sufijo que sirve
para derivar sustantivos que expresan acción y efecto (acontecimiento, nacimiento,
ordenamiento, casamiento, impedimento, salvamento), valor del que se pasa con
frecuencia a un significado locativo (alojamiento, ayuntamiento, campamento) o
instrumental (armamento, complemento, medicamento). Los pocos derivados en -menta,
procedentes del neutro plural -MENTA, mantienen el valor colectivo (herramienta,
osamenta, vestimenta).
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-sión (y. -ción).


-tad (v. -dad).
-tión (v. -ción).
-torio (v. –dero).
-tura (v. -dura).
-uelo< -OLUS. Éste es un sufijo diminutivo de alta productividad en la Edad
Media, a pesar de estar limitado hasta el siglo XV a determinados contextos fónicos (tras
vocal o tras –z-, -ç-, -ch-, -ñ- y -j­; v. González Ollé 1962). Son heredados del latín,
hijuelo 'retoño de planta', azuela 'herramienta de carpintero', etc., y de creación romance,
pajuela, pedazuelo, oteruelo, hoyuelo, pañuelo... Hoy en día se conservan algunos
derivados lexicalizados, como los dos últimos vocablos, pero ha dejado de ser un sufijo
productivo. (V. -ejo, -illo e -ito).
-ura < -dura, -tura. Parece ser un sufijo romance creado como variante de los
resultados de -TURA -AE (-tura y -dura) a partir de casos como derechura 'doctrina' <
DIRECTORA o estrechura < STRICTORA, en los que el grupo -ct- evoluciona a consonante
palatal, lo que hace que estos resultados se asocien a los adjetivos derecho y estrecho.
Esta asociación hará que -ura se añada a otros adjetivos para formar sustantivos que
designan inicialmente cosas concretas (por ejemplo, estrechura 'lugar estrecho'), pero,
poco después, la cualidad en sí misma (estrechura 'estrechez', 'cualidad de estrecho'),
valor que es el que poseen los actuales altura, amargura, hermosura, blancura, etc.
-aún (v. -ción).

6.3.2. Derivación por prefijación


Los prefijos del español sonmenos que los sufijos y tienen una significación más
transparente que estos, con los que suelen hallarse en construcciones parasintéticas, es
decir, formadas por una base a la que se une un prefijo y un sufijo al mismo tiempo.
Muchos prefijos presentan una variante patrimonial y otra culta, pero, a diferencia de los
sufijos, la forma popular ha dejado de ser operativa en el español actual mientras que se
hace un amplio uso de la culta para la creación de neologismos. En la Edad Media la
nómina de morfemas era inferior a la presente, pero su productividad era mayor, y era
frecuente encontrar la alternancia entre voces con y sin prefijo o, igual que se ha visto en
el caso de los sufijos, la alternancia de varios prefijos.
a- <AD-. Tiene valor causativo o factitivo: afirmar, afligir, aclarar, acortar,
aducir..., y en lo antiguo, formas que finalmente no triunfaron, como amatar o alimpiar.
Hoy en día se conservan alternancias con y sin prefijo, pero con una diferenciación
semántica y estilística: gravar y agravar, firmar y afirmar; semejar y asemejar.
de-, des-, di(s)- < prep. DE y DI(S)-. Con estos prefijos también confluye EX- en su
significación más característica, la negación, lo contrario de lo expresado por la base o
privación: desatar, desprecio, desenterrar, desviar, dispar, disculpar, disentir. La
confluencia de prefijos se aprecia en alternancias de varias de las formas en una misma
época, como en el Fuero de Alcalá (h. 1235), donde encontramos cavar, descavar y
excavar en clara variatio. También expresan separación o distinción: deslindar y el
doblete culto delimitar, desterrar, distraer, discernir, divergente. Asimismo, de(s)- puede
tener un valor intensivo, como se aprecia en demostrar, deambular o decaer.
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en-, in- < IN-. Por lo general, forma verbos parasintéticos sobre base sustantiva
que expresan 'hacia dentro': encerrar, incluir. Se trueca en em- im- ante p y b: embarcar,
importar, y en i- ante 1 o r: irrumpir.
entre-, inter- < INTER-. Forma numerosos verbos y sustantivos que presentan la
idea de 'a medias' o 'en medio' en el espacio o en el tiempo (entreabrir, entresacar,
entrever, entreacto, entretiempo, intermedio) o 'reciprocidad' (intercambiar,
internacional).
es-, e- ex- < EX-. Significa 'fuera' o 'más allá': estirar, extender, excluir, emerger,
emanar. En la actualidad es muy frecuente la formación de derivados con ex < prep. EX
para designar lo que fue y ya no es: ex marido, ex ministro.
in- < IN-. Su significado es 'no, contrario'. Este prefijo puede tener el mismo valor
negativo o privativo de los prefijos anteriores, si bien su introducción en cultismos fue
posterior a la de de(s)-: inmortal, incapaz. Trueca su n en m ante p y b: imparcial; y se
reduce a i ante 1 y r: ilegal, irreal. Hoy en día in- sigue siendo muy productivo aplicado
exclusivamente a adjetivos, por ejemplo en irremediable y en su derivado adverbial
irremediablemente, pero no *irremediar. Para in- 'hacia dentro', v. en-.
per- < PER-. Expresa intensidad y la mayoría de las voces son formaciones latinas:
perdurar, permanecer, perjurar 'jurar en falso', perseguir.
pre- < PRAE-. Expresa anterioridad en el tiempo o el espacio, y aunque bastantes
palabras son heredadas del latín, sigue siendo muy productivo: predecir, presentir,
prever, presupuesto, prenatal. También expresa intensidad: predominio, preclaro,
preocuparse.
re- < RE-. Tiene como valor fundamental el de 'repetición' y, muy ligado a este, el
de 'intensidad': retirar, remover, recoger, repasar, retener, rebote, renombre. La
intensidad se acentúa con las formaciones coloquiales modernas rete- (México) o
requete-: requetebueno, requetelisto (Alvar y Pottier 1983: § 254).
so-, son-, su-, sus-, sub- < SUB-. Significan 'debajo' y de ahí también 'débil' o
'inferior'. Las palabras que en la actualidad contienen las cuatro primeras variantes son
herederas de voces latinas que contenían SUB-, absolutamente patrimoniales las de so- y
son-, y cultismos o semicultismos introducidos más tardíamente las de su(s)-: someter,
soterrar, sopesar, sofreír, sonsacar, sonreír, sumergir, sumisión, suscribir. La variante
sub- aparece en cultismos puros (subalterno, subcutáneo, súbdito) o en derivados de
reciente creación, dada la gran vitalidad actual de sub- para formar sobre todo sustantivos
y adjetivos (subdirector; subsuelo, subdesarrollo).
sobre-, super- < SUPER-. Su significado es 'encima', pero pasa del valor espacial
al temporal 'después' y al nocional 'más' en verbos, sustantivos y adjetivos: sobrevivir
junto a supervivencia y superviviente, sobremesa, sobrepeso, sobrenatural. Son recientes
muchos neologismos creados con la variante culta, como los mencionados supervivencia
y superviviente o supermercado, y en los últimos años es característico de la juventud de
cierto nivel social para formar adjetivos o adverbios en grado superlativo (superbien,
superespecial o, incluso, adjetivos que no admiten grados, como superfantástico o
superfenomenal).

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