T4. Préstamos
T4. Préstamos
INTRODUCCIÓN
El léxico de una lengua no está formado por un número constante de elementos,
sino que a lo largo de la historia son muchas las palabras que desaparecen y otras muchas
las que se crean o son incorporadas por diversas vías; al mismo tiempo, el significado de
las palabras con frecuencia sufre alteraciones motivadas por causas sociales, históricas o
psicológicas que se valen de mecanismos tales como la metáfora, la metonimia o el
eufemismo.
Puede decirse que el léxico español está constituido por tres componentes: la
herencia latina, las palabras formadas mediante procesos morfológicos internos
(prefijación, sufijación, composición) y los préstamos tomados de otras lenguas
Comenzamos con un apartado sobre los criterios de clasificación del léxico y su
terminología, necesario para entender las diferentes perspectivas desde las que se puede
abordar su análisis El grueso del capítulo se dedica al estudio de los dos últimos
componentes señalados: los préstamos y las palabras derivadas.
Las aportaciones a español procedentes de lenguas distintas al latín es un aspecto
que no puede faltar en ningún manual de historia de la lengua española. Dedicaremos
también sendos apartados a los sufijos y a los prefijos más importantes del español,
morfemas heredados del latín que se han seguido aplicando a bases romances para crear
nuevas palabras derivadas. Ordenados alfabéticamente a manera de breve diccionario
para facilitar una sencilla localización, la información que de ellos se proporciona resulta
de gran utilidad para la comprensión y el aprendizaje del léxico español.
1 Uno de los primeros y más completos estudios sobre los conceptos de cultismo y semicultismo es el de
Bustos Tovar (1974).
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populares, lo que les lleva a situar los semicultismos más cerca de estas que de los
cultismos (Wright 1976). Pero la realidad resulta bastante más compleja, pues la
transmisión y el grado de evolución no siempre van de la mano. Como indican Alvar y
Mariner (1966 6-7), "hay semicultismos tan transmitidos como las voces populares, si
bien frenados en su evolución. El latín, en este caso, no presta téminos, sino que ayuda -
únicamente- a mantener fonemas y morfemas: siglo, virgen, Dios, han entrado en el
castellano de modo totalmente hereditario, si bien su mayor uso por parte de gentes
conocedoras del latín haya mantenido en ellos los grupos gl y rg mediales, la e postónica
o la terminación -s de nominativo. Otros semicultismos, en cambio, son tan empréstito
como los más caracterizados cultismos, si bien se hayan luego adaptado en boca de
hablantes o en pluma de escritores menos cultos o conservadores: respecto y afección,
pese a su parcial adaptación al romance".
Por otra parte, como ya indican estos mismos autores (1966: 78), la ausencia de
evolución no es siempre achacable a la presión de las clases cultas, de manera que hay
palabras de uso común y documentadas desde los orígenes que se han mantenido sin
apenas transformaciones fonéticas por razones de diversa índole, como la analogía, el
temor a una homonimia o el eufemismo2, a las que hay que añadir motivaciones fonéticas
internas como la disimilación3. Otras palabras, en cambio, han podido sufrir una
romanización tardía a pesar de haberse introducido como préstamos latinos.
d. También pueden clasificarse las palabras según su estructura interna; en este
caso hablamos de palabras simples, derivadas o compuestas, siendo los dos últimos tipos
el resultado de los mecanismos internos de la lengua para formar nuevas palabras. De esta
manera, el castellano heredó muchas palabras que, ya eran derivadas (y algunas,
compuestas) en latín, pero, además, el léxico se siguió incrementando con nuevas voces
creadas mediante los mismos procedimientos morfológicos de prefijación (adición de un
elemento formativo o afijo por delante de la palabra o raíz ya existente), sufijación
(adición del afijo por detrás), derivación sintagmática (unión de dos o más palabras para
formar una unidad mayor, el sintagma), composición (unión de dos lexemas en una
palabra) y parasíntesis (combinación simultánea de composición y derivación).
e. La vida o vigencia de las palabras es el marco de conceptos tales como el
neologismo, que se define como una palabra de nueva creación, ya sea de elementos
existentes en la misma o en otra lengua, ya por invención absoluta. Por lo tanto, el
neologismo engloba los mecanismos de derivación y composición, descritos en apartado
anterior, así como los préstamos. Otro concepto fundamental para la historia del léxico
de una lengua es el de arcaísmo, con el cual se hace referencia a palabras (o estructuras)
que resultan anticuadas en un momento dado.
Como se ve, todos estos criterios están íntimamente relacionados y entrecruzados, siendo
en algunos unos casos distintas perspectivas de descripción de unos mismos hechos. Esta
circunstancia, unida a la naturaleza histórica y cambiante de muchos de tales conceptos,
crea problemas terminológicos, lo se traduce en que algunos se consideren a veces
equivalentes como, por ejemplo, "palabra heredada" y "patrimonial"; "procedencia" de
2Alvary Mariner citan Mérida <EMERITA, que de haberse cumplido en ella las leyes fonéticas habría dado
*Mierda; Y Córdoba < CORDUBA, que habría llegado a Cuerva. También se atribuye a este tipo de
motivación la conservación de -DJ- en medio, que evita la homonimia con las formas del verbo mear
(Menéndez Pidal 1950 [1926]: 483).
3
Por ejemplo, lluvia, para evitar dos palatales en *lluya.
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4 Penny (2006:286-309) facilita listas más extensas de préstamos de las distintas lenguas. Ha de verse
también el libro de Dworkjn (2012).
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sino de los galos de Francia, de quienes pasaron al latín, y de ahí a todas o a gran parte
de las lenguas romances: camisa, cabaña, cerveza, alondra, salmón, carro, carpintero
(CARPENTARIU era primitivamente 'hombre que conducía el carro'), brío y vasallo
(Lapesa 1981: 47-48).
El vasco proporcionó numerosos vocablos al latín hispánico y al romance
posterior, de la misma manera que el euskera ha incrementado su léxico a lo largo de la
historia mediante la adopción de voces latino-románicas. Muchos nombres de persona
españoles son de origen vasco (García, Íñigo, Jimeno, Javier) así como topónimos con
Cha- inicial ( Chamartín) o voces diversas: aquelarre, boina, cencerro, chaparro,
chatarra, legaña, pestaña, pizarra, vega, zamarra o zurdo, además del ya citado
izquierdo. La influencia del euskera sobre el castellano parece haber afectado también a
determinados aspectos de los niveles fonético-fonológico y morfosintáctico,
consecuencia de siglos de contacto entre las dos lenguas (v. 9.2.2).
De origen prerromano, pero incierto, son alud, aro, ascua, balsa, barro, bruja, cama,
charco, garrapata, gusano, madroño, manteca, páramo, sapo, sarna, sarro y zarza, y
quizá más de una de las que se han dado como celtas o vascas.
6.2.2.Helenismos
El contacto durante siglos entre griegos y romanos hizo que el latín tomara
numerosos préstamos del griego, que pasaron después a 1as lenguas romances. Fueron
muchas las voces comunes que se convirtieron en parte del léxico patrimonial latino y
luego del castellano, como cesta, cuerda, espada, bodega, piedra, torre, caña, olivo,
perdiz, tío... Por este motivo, no parece muy apropiado hablar de helenismos del
español, sino del latín. De hecho, puede decirse que las colonias griegas establecidas en
la costa peninsular en época prerromana no dejaron huella lingüística más allá de la
toponimia (Dworkin 2012: 61).
Más conciencia de su origen griego pudo existir para las abundantes palabras de
carácter religioso que pasaron al latín eclesiástico y que se mantuvieron como cultismos
y semicultismos también en castellano, como bautismo, biblia, blasfemia, catedra,
católico, cementerio, himno, iglesia, mártir, monasterio, palabra, parroquia…
El lenguaje de la ciencia y la técnica es especialmente abundante en helenismos,
voces cultas incorporadas a lo largo de la historia del español; muchos de ellos, como en
el caso de los dos grupos anteriores, son palabras que han llegado al romance a través del
latín, que los había adoptado del griego en distintos periodos de su historia, pero otros
muchos, sobre todo del siglo XVIII en adelante, son términos tomados directamente del
griego o creados sobre elementos griegos
Penny (2006: 290-291) ofrece una relación de estos préstamos presentados según
la época aproximada de su introducción en castellano, ya sean heredados del latín o
helenismos directos. Presentamos aquí algunos ejemplos, organizados primeramente por
el ámbito científico al que pertenecen. De la medicina tenemos documentadas ya en el
siglo XIII: anatomía, catarro, cólera, estómago, flema, lepra; en el siglo XV: arteria,
cardiaco, cólico, diarrea, gangrena, pronóstico; del siglo XVII antídoto, cráneo, dosis,
embrión, epidemia, esqueleto, náusea, síntoma; del siglo XVIII: asfixia, autopsia,
hemorragia, miope; de los dos últimos siglos: anemia, anestesia, clínico, psiquiatría,
quirófano, quiste. Términos referentes al saber, la cultura y la educación, del siglo XIII:
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carta, crónica, escuela, filosofía, gramática, historia, lógica, pergamino, poeta, teatro;
del siglo XV: academia, alfabeto, armonía, biblioteca, coma, comedia, etimología,
metro, ortografía, sintaxis, tragedia; del siglo XVII: catálogo, crítico, dialecto, drama,
enciclopedia, escena, filología, frase, idioma, metáfora, museo, problema, teoría, tesis;
del siglo XVIII: antología, bibliografía, criterio, lema, sistema; actuales: autógrafo,
biogrfía, fonética. De las ciencias, especialmente las matemáticas y la astronomía, se
documentan ya en el siglo XII: aritmética, astrología, astronomía, clima, átomo,
geometría, planeta; del siglo XV: cilindro, cono, cubo, matemáticas, período; del siglo
XVII: cometa, diámetro, elipse, geografía, meteoro; del siglo XVIII: ciclo, farmacia,
hélice, magnético, periferia, simetría; de los últimos siglos: asteroide, cosmos, cráter,
sismo. En la actualidad siguen creándose neologismos, generalmente internacionales,
mediante composición de palabras con lexemas griegos, que en español pueden pasar a
considerarse afijos.
6.2.3. Germanismos
Los siglos de frontera entre el Imperio Romano y el Germánico hicieron posible
un intercambio de préstamos. Aunque no muy numerosos, son varios los germanismos
del latín que han sido heredados por la mayoría de las lenguas románicas, a excepción del
rumano. Son frecuentes los relacionados con el mundo bélico y de la caballería: espuela,
guadaña, guarir (posteriormente guarecer), guerra, guiar; robar; tregua, yelmo.
De 1os visigodos, que en el siglo V ocuparon el suroeste de la Galia y buena parte
de 1a Península Ibérica, pasaron al español arenga, ataviar, banda brote, esquilar, espía
y espiar, gana y ganar; gavilán, parra, ropa, sacar y alguna palabra más, muchas de ellas
compartidas con el occitano, el portugués y el catalán. Precisamente del francés, el
occitano y el catalán, que habían recibido un importante número de palabras de otras
variedades germánicas, llegaron al español en los siglos XII y XIII voces como ardido,
bando, barón y varón, blanco, blandir, dardo, esgrimir, esquina, estandarte, estribo,
flecha, guante, orgullo o sala…
6.2.4. Arabismos
Las voces de origen árabe constituyen el mayor caudal léxico no latino del
español, con varios cientos de elementos 5. Los árabes estuvieron en la Península Ibérica
ocho siglos, desde su llegada en el año 711 hasta el final de la llamada Reconquista, en
tiempos de los Reyes Católicos. Sin duda, existió una situación de bilingüismo en amplias
zonas del sur y este peninsulares, cuyos habitantes cristianos, al emigrar hacia el centro y
el norte, llevaron consigo voces del arabe, como también tuvieron que ser adoptadas
muchas por los cristianos que conquistaron y se asentaron en los territorios hasta entonces
dominados por los musulmanes. Pero la mayoría de los arabismos se incorporaron al
castellano en fechas tempranas, lo que se explica por la necesidad de encontrar palabras
nuevas para realidades y conceptos nuevos traídos por los árabes, y por el gran prestigio
que esta lengua tenía como vehículo de un saber y una cultura superiores a los de la
Europa coetánea. El periodo de decadencia de la civilización islámica vino a coincidir
con los comienzos del Renacimiento europeo, durante la Baja Edad Media; lo que explica
camino de Santiago supuso una incesante llegada de peregrinos desde Francia, muchos
de los cuales se asentaron a lo largo del camino. También de Francia venían los modelos
literarios de la época, tanto la épica y los cantares de gesta, como la poesía trovadoresca,
que sirvió de inspiración a la galaico-portuguesa.
De esta época son términos militares (algunos ya citados en el apartado de
germanismos), como aliar, corcel, dardo, esgrimir, estandarte, flecha, galopar o maestre;
al ámbito religioso pertenecen capellán, deán, fraile, hereje, hostal (primeramente
'establecimiento religioso'); del mundo feudal y caballeresco son deleite, doncel,
doncella, duque, homenaje, linaje, bailar, danza, rima, trovar, vihuela, etc. En la Baja
Edad Media la entrada de préstamos fue inferior, pero aún importante. De este periodo
son los militares o navales amarrar, baluarte, botín, cable, heraldo, pabellón; del
universo caballeresco y cortesano son balada, dama, gala, galán, jardín, flauta o refrán.
Son también galicismos de diversa naturaleza introducidos en los siglos XIV y XV las
voces ardite, burdel, desastre, despachar, embajada, lisonja, parlar, perfil, pinzas o
salvaje.
En los siglos XVI y XVII, las relaciones entre España y Francia se caracterizaron por las
luchas y enfrentamientos constantes, lo que explica que sean tan numerosos los términos
militares de la época: arcabuz, asamblea, barricada, batallón, batería, bayoneta, brecha,
calibre, carabina, cartucho, coronel, jefe, tropa, etc., además de los navales babor,
estribor, convoy, izar o (echar) a pique. Las malas relaciones políticas con Francia no
impidieron que el país vecino siguiera exportando costumbres y palabras del habla
refinada: banquete, carmín, damisela, etiqueta, galón, moda, parque, peluca, servilleta...
A todas estas voces se pueden añadir otras muchas, como baúl, dintel, fresa, hucha,
paquete, peaje o placa.
Con el siglo XVIII y la Ilustración llega a España la monarquía francesa de los Borbones,
y con ella, un periodo de enorme influencia de la cultura gala. Se introducen numerosas
palabras de la casa y los muebles: billar, buró, botella, cacerola, coqueta, chalé, hotel,
sofá, galleta, grosella...; y del mundo de la moda, como bisutería, boga, bucle, corsé,
modista, pantalón, satén o tisú; así como otras muchas voces: control, detalle, favorito,
interesante, intriga, galante, silueta, etc.
6.2.6. Americanismos
La comunicación entre España y el Nuevo Mundo se produjo a través de los tres
principales asentamientos de españoles en las tierras amerindias, que respondían, a su
vez, a las tres fases y rutas del descubrimiento: la zona del Caribe, dado que las Antillas
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fueron las primeras tierras americanas pisadas por Colón; el altiplano de México,
descubierto por Cortés, y los Andes centrales, conquistados por Pizarro. Esto explica que
las lenguas que aportaron mayor número de préstamos al español fueran el taíno (Caribe),
el náhuatl (México) y el quechua (Perú y resto del Imperio Inca). Muchas palabras se
emplean hoy en todo el ámbito hispánico, si bien otras están restringidas a América, y
casi todas se refieren a nuevas realidades para los españoles, como animales, frutos y
plantas.
Del arahuaco y taíno proceden, entre otras ají, batata, cacique, canoa, caoba,
guacamayo, hamaca, huracán, iguana, maíz, maní, sabana, yuca, del caribe son: butaca,
caníbal, loro, mico, piragua. El náhuatl es la lengua que más préstamos aportó, por
ejemplo: aguacate, cacahuete, cacao, coyote, chicle, chile, chocolate, hule, ocelote,
petaca, petate, tiza tomate, etc. Del quechua provienen, por ejemplo, alpaca, cancha,
coca, cóndor, guano, mate, papa, puma y vicuña.
6.2.7. Anglicismos
Creemos necesario hacer una breve mención de las voces procedentes del inglés,
dado el volumen de anglicismos introducidos en nuestra lengua en el siglo XX y los que
continúan llegando. Con anterioridad a mediados del siglo XX, la mayoría de los
anglicismos provenían del inglés británico, mientras que a partir de esa fecha su origen
es la variante americana. Los campos semánticos que más prestamos del inglés reciben
son los de la tecnología y la ciencia, como los relacionados con la informática y los
medios de comunicación: CD-ROM o cederrón, clip, cómic, copyright, film(e), mitin;
monitor, playback, pop, póster, radar, robot, rol, show, espray, vídeo o video, etc.
También el campo de la moda ha sido el destinatario de numerosos préstamos, como
anorak (originario del esquimal), biquini, cosmético, eslip, jersey, nailon, panti, pijama
(tomado por el inglés del hindi y este del persa), suéter... Del comercio y las finanzas son:
balance, boom, chárter, devaluación, holding, mánager; marketing. Otro campo
especialmente propicio es el de los deportes: béisbol, boxeo, córner, crol, chutar, fútbol,
gol, golf, récord, set, tenis, voleibol, y un largo etcétera 6.
6.3. MECANISMOS DE FORMACIÓN DE PALABRAS
Los mecanismos morfológicos de formación de palabras están a caballo entre la
morfología y el léxico, pero dado que ponemos el acento en el valor semántico de los
mismos y en el significado común de las palabras derivadas resultantes, nos ha parecido
más adecuado presentarlos aquí.
Los procedimientos de formación de palabras han sido siempre los mismos: la
derivación mediante sufijación o prefijación, la composición y la parasíntesis; no
obstante, su frecuencia y los morfemas concretos utilizados han podido variar a lo largo
de la historia del español.
En el caso de la derivación, a veces, no es fácil saber si se trata de derivados
heredados del latín o de creaciones romances, pues son muchos los afijos de carácter
6
La dimensión normativa sobre la aceptación o no de los extranjerismos, y en caso de aceptación, su
adaptación gráfico-fonética o su mantenimiento como voz foránea ha constituido siempre un problema.
Recordamos que los préstamos no adaptados deben escribirse en cursiva y los adaptados en redonda, aunque
aquí no hayamos marcado la distinción. Puede acudir al DLE (RAE, 2014) para conocer la propuesta
académica para cada uno de estos términos.
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-dor < -TORE. Este sufijo latina deriva nombres y adjetivos de agentes sobre una
base verbal como labrador, conocedor, comprador, servidor contador, etc. A partir de
este uso se fue extendiendo progresivamente a nombres de instrumento, por lo general,
en femenino (lavadora, podadora, secador/a) y a nombres de lugar (comedor, corredor
'pasillo'). Hoy en día sigue siendo u sufijo muy productivo. Hasta e1 siglo XVII, su
variante femenina fue –dera.
-dura, -tura <-TURA. Variantes popular y culta, respectivamente, sirven para
derivar sustantivos deverbales que expresan acción o resultado: vestidura 'ropa', asadura
'acción de asar', 'carne asada' y de ahí ant. 'impuesto sobre el ganado', mordedura,
cerradura, armadura, escritura, criatura, sepultura; -tura también sirve para crear
sustantivos que designan oficios o dignidad a partir de sustantivos en –ato: prelatura,
candidatura y, por analogía, el moderno jefatura.
-ejo, -culo < -CULU. Es un sufijo diminutivo latino de escasa productividad en la
Edad Media, pues sólo se empleaba con bases terminadas en -11-, -1- o –r-. Pasó al
romance en numerosas palabras latinas, muy pronto lexicalizadas: abeja, oveja, oreja,
añejo; pellejo... Hoy en día solo sigue siendo productivo con valor peyorativo: limosneja,
amarillejo, botelleja. La forma culta se emplea en latinismos como montículo, partícula,
crepúsculo (v. –illi, -ito y –uelo).
-ero, -ario < ARIU. Este sufijo sirve para derivar adjetivos y sustantivos a partir
de una base nominal. En latín era especialmente empleado para crear adjetivos de
pertenencia o relación (verdadero, derechero 'recto, justo', justiciero), la mayoría con
tendencia a la sustantivación, sobre todo, para designar oficios o profesiones: lechero,
librero, obrero, tesorero, molinero, vocero 'el que "tiene la voz" de otra persona,
abogado', etc. También es frecuente que se emplee para crear nombres de lugares donde
se guardan cosas, como ropero, granero, panero, zapatero, joyero... El sufijo en su
variante culta, -ario, se mantiene en latinismos claros y tiene los mismos usos que la
forma vernácula: en adjetivos, a veces sustantivados (aniversario, centenario, necesario,
solitario, contrario), en sustantivos de oficios (cancelario 'secretario, portero', notario,
vicario) o en nombres de lugares para guardar cosas (armario, vestuario, relicario,
santuario).
-ez, -icie< -ITIES -EI. Forma nombres de cualidad a partir de adjetivos, confluyendo
en muchos casos con el sufijo -eza < -ITIA (v.). Esto dio lugar a dobletes, pero después
sufrieron una especialización semántica, prefiriéndose -ez para expresar edad (niñez,
vejez, madurez) y defectos (delgadez, sandez, estupidez), entre otras cualidades. Tuvo dos
etapas de especial productividad: el siglo XIII y los siglos XV y XVI; hoy en día siguen
apareciendo neologismos en los mismos campos semánticos. En cuanto a la variante culta
-icie, son muy pocas las voces que la contienen, entre ellas calvicie, molicie 'blandura' y
planicie.
-eza, –icia < ITIA –AE. Formas patrimonial y culta, respectivamente, derivan
nombres de cualidad con base adjetival: dureza, llaneza 'llanura', maleza 'maldad' y
posteriormente 'abundancia de plantas nocivas' (único significado en la actualidad),
pereza, tristeza, etc., todas voces documentadas ya en la Edad Media; en esta época son
muy frecuentes los dobletes con el sufijo -ez (v.): blandez y blandeza 'blandura', anchez
y ancheza 'anchura', bravez y braveza 'bravura'. Sin embargo, a partir del siglo XVI -eza
va perdiendo productividad a favor de otros sufijos, como -dad o -ura, con la coexistencia
de algunos dobletes (maleza y maldad, largueza y largura, tristeza y tristura, llaneza y
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llanura). Los cultismos son menos: estulticia 'estupidez', malicia (doblete del antiguo
maleza en su primera acepción) o avaricia (en la Edad Media, avareza).
-icia (v. -eza).
-icie (v. -ez).
-ino < -INUS. Su principal función es crear adjetivos de relación a partir de
sustantivos, adjetivos que en numerosos casos se sustantivan: divino, vecino (<VICINU <
VICUS -I 'aldea'), palatino 'perteneciente al palacio o corte', peregrino (<PEREGRE 'en, al,
del extranjero'), bovino, femenino, dañino, molino, pergamino, etc., muchos de ellos,
heredados del latín. También forma gentilicios: alcalaíno, alicantino, bilbaíno.
-illo (ant. –iello) < ELLUS. Este sufijo diminutivo sustituyó en latín tardío a -ULUS
y dio lugar a palabras cuyo origen diminutivo hoy ya no se siente, como novillo, castillo,
otillo 'sitio elevado', sotillo, cuchillo o martillo. De producción castellana medieval son
barbilla, orilla, fablilla 'refrán', carrillo o campanilla. A veces se presenta con el interfijo
-(e)c-: mujercilla, florecilla, pobrecillo. Su productividad decae cuando hace su aparición
el sufijo diminutivo -ito, a partir del siglo XV. (V. -ito, -ejo y -uelo).
-ito< ITTUS. Se trata de un sufijo diminutivo que en latín se utilizaba
principalmente en hipocorísticos y que desde el siglo XV hasta ahora muestra una
ininterrumpida productividad en castellano. Presenta el interfijo -(e)c- en los mismos
casos que -illo: mujercita, florecita, pobrecito. (V. -illo, -ejo y -uelo).
-ivo< -IVUS. Crea adjetivos que en su inmensa mayoría tienen por base un
participio y cuyo valor es generalmente pasivo. La introducción del sufijo en español es
tardía (siglo XV, con algunas excepciones, como cautivo), y aparecen a la par los
adjetivos tomados del latín (excesivo, defensivo, atractivo, negativo, primitivo) y los de
nueva creación (agresivo, pensativo, nutritivo). La sustantivación suele producirse por
elipsis del nombre al que acompañan: (caso) ablativo, (nombre) sustantivo - adjetivo...
-izo < -ICIUS. Forma adjetivos a partir de una base sustantiva, como los nombres
para designar encargados de animales, frecuentes en la Edad Media: porquerizo
'porquero', caballerizo, con variante femenina para designar el lugar: porqueriza,
caballeriza. Más numerosos son los adjetivos que tienen por base un verbo,
frecuentemente el participio: cambiadizo, olvidadizo, huidizo, enfermizo..., que expresan
la tendencia o facilidad para realizar la acción verbal.
-mente (y sus antiguas variantes -miente y -mientre) <-MENTE. Crea adverbios
modales a partir de adjetivos en femenino (solamente, rápidamente...). Las formas con
diptongo son propias del siglo XIII, pero -mente se impone en el siglo XIV. Estos sufijos,
dado su origen sustantivo, se escriben separados de la base hasta al menos el siglo XVI
(por ejemplo, firme mientre en el Poema de Mio Cid).
-miente y -mientre (v. -mente).
-miento, -mento< -MENTUM. Son las dos variantes fonéticas de un sufijo que sirve
para derivar sustantivos que expresan acción y efecto (acontecimiento, nacimiento,
ordenamiento, casamiento, impedimento, salvamento), valor del que se pasa con
frecuencia a un significado locativo (alojamiento, ayuntamiento, campamento) o
instrumental (armamento, complemento, medicamento). Los pocos derivados en -menta,
procedentes del neutro plural -MENTA, mantienen el valor colectivo (herramienta,
osamenta, vestimenta).
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en-, in- < IN-. Por lo general, forma verbos parasintéticos sobre base sustantiva
que expresan 'hacia dentro': encerrar, incluir. Se trueca en em- im- ante p y b: embarcar,
importar, y en i- ante 1 o r: irrumpir.
entre-, inter- < INTER-. Forma numerosos verbos y sustantivos que presentan la
idea de 'a medias' o 'en medio' en el espacio o en el tiempo (entreabrir, entresacar,
entrever, entreacto, entretiempo, intermedio) o 'reciprocidad' (intercambiar,
internacional).
es-, e- ex- < EX-. Significa 'fuera' o 'más allá': estirar, extender, excluir, emerger,
emanar. En la actualidad es muy frecuente la formación de derivados con ex < prep. EX
para designar lo que fue y ya no es: ex marido, ex ministro.
in- < IN-. Su significado es 'no, contrario'. Este prefijo puede tener el mismo valor
negativo o privativo de los prefijos anteriores, si bien su introducción en cultismos fue
posterior a la de de(s)-: inmortal, incapaz. Trueca su n en m ante p y b: imparcial; y se
reduce a i ante 1 y r: ilegal, irreal. Hoy en día in- sigue siendo muy productivo aplicado
exclusivamente a adjetivos, por ejemplo en irremediable y en su derivado adverbial
irremediablemente, pero no *irremediar. Para in- 'hacia dentro', v. en-.
per- < PER-. Expresa intensidad y la mayoría de las voces son formaciones latinas:
perdurar, permanecer, perjurar 'jurar en falso', perseguir.
pre- < PRAE-. Expresa anterioridad en el tiempo o el espacio, y aunque bastantes
palabras son heredadas del latín, sigue siendo muy productivo: predecir, presentir,
prever, presupuesto, prenatal. También expresa intensidad: predominio, preclaro,
preocuparse.
re- < RE-. Tiene como valor fundamental el de 'repetición' y, muy ligado a este, el
de 'intensidad': retirar, remover, recoger, repasar, retener, rebote, renombre. La
intensidad se acentúa con las formaciones coloquiales modernas rete- (México) o
requete-: requetebueno, requetelisto (Alvar y Pottier 1983: § 254).
so-, son-, su-, sus-, sub- < SUB-. Significan 'debajo' y de ahí también 'débil' o
'inferior'. Las palabras que en la actualidad contienen las cuatro primeras variantes son
herederas de voces latinas que contenían SUB-, absolutamente patrimoniales las de so- y
son-, y cultismos o semicultismos introducidos más tardíamente las de su(s)-: someter,
soterrar, sopesar, sofreír, sonsacar, sonreír, sumergir, sumisión, suscribir. La variante
sub- aparece en cultismos puros (subalterno, subcutáneo, súbdito) o en derivados de
reciente creación, dada la gran vitalidad actual de sub- para formar sobre todo sustantivos
y adjetivos (subdirector; subsuelo, subdesarrollo).
sobre-, super- < SUPER-. Su significado es 'encima', pero pasa del valor espacial
al temporal 'después' y al nocional 'más' en verbos, sustantivos y adjetivos: sobrevivir
junto a supervivencia y superviviente, sobremesa, sobrepeso, sobrenatural. Son recientes
muchos neologismos creados con la variante culta, como los mencionados supervivencia
y superviviente o supermercado, y en los últimos años es característico de la juventud de
cierto nivel social para formar adjetivos o adverbios en grado superlativo (superbien,
superespecial o, incluso, adjetivos que no admiten grados, como superfantástico o
superfenomenal).