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Historia y Cultura del Bronce en Japón

El bronce se utilizó en Japón desde el periodo Yayoi para fines religiosos, consolidándose con la llegada del budismo en el siglo VI, destacando la creación de grandes estatuas como el daibutsu. El monte Fuji, Patrimonio Mundial de la Unesco, es un símbolo de belleza natural y espiritualidad en Japón, atrayendo a numerosos peregrinos y turistas. La estética de las geishas, con su característico maquillaje blanco, refleja ideales de belleza japonesa que persisten en la cultura contemporánea.
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Historia y Cultura del Bronce en Japón

El bronce se utilizó en Japón desde el periodo Yayoi para fines religiosos, consolidándose con la llegada del budismo en el siglo VI, destacando la creación de grandes estatuas como el daibutsu. El monte Fuji, Patrimonio Mundial de la Unesco, es un símbolo de belleza natural y espiritualidad en Japón, atrayendo a numerosos peregrinos y turistas. La estética de las geishas, con su característico maquillaje blanco, refleja ideales de belleza japonesa que persisten en la cultura contemporánea.
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BRONCES

En Japón se usó por primera vez el bronce con fines religiosos.

Las espadas y campanas rituales que se han descubierto en tumbas atestiguan el


uso del bronce desde el periodo Yayoi (400-250 a. C.). Sin embargo, hasta la
llegada del budismo en el siglo VI no se consolidó del todo el uso de esta aleación
metalúrgica. Los japoneses empezaron copiando modelos chinos en bronce de
Buda. En el 609, los artesanos de Asuka fabricaron el daibutsu (gran Buda) de
bronce más antiguo de Japón, de 2,75 m. Más imponente aún es el daibutsu de
Vairocana, construido en el 752 enteramente en bronce en el templo Tódai-ji de
Nara, ique mide casi 15 metros de altura! Las campanas sagradas, muy
importantes en los rituales budistas, también son de bronce. Fuera del ámbito
sagrado, esta aleación de cobre y estaño se utiliza para fabricar multitud de
pequeños objetos domésticos, llamados okíimono, como las estatuillas
consagradas a los altares de los antepasados, También hay jarrones, platos y
adornos, que se colocan junto a una estampa, un arreglo floral o un bonsái en la
tokonoma, la tradicional alcoba dedicada a la decoración del hogar. El bronce se
emplea a su vez para fabricar los refinados utensilios de calígrafos y eruditos,
como el porta pinceles o el suiteki, la cajita donde se vierte el agua.

MONTE FUJI

El volcán es Patrimonio Mundial de la Unesco desde junio de 2013.

El perfecto cono del monte Fuji adorna cada estampa japonesa. Hokusai (1760-
1849), uno de los artistas más famosos de Japón, lo inmortalizó en sus Treinta y
seis vistas del monte Fuji. Con 3.776 metros, es el pico más alto de Japón. Es una
montaña sagrada con un santuario sintoísta dedicado a la diosa de la Montaña,
que se supone protege a los habitantes de sus erupciones (la última fue en 1707).
Tal adoración despierta que, desde mediados del siglo XX, han surgido varias
sectas de culto. Para los japoneses, los alrededores del monte Fuji representan la
perfección absoluta de la naturaleza. Lagos, cascadas, bosques de cedros y
cuevas atraen a muchos peregrinos, que sueñan con ver el sol naciente, simbolo
del país, en las laderas del monte sagrado. En julio y agosto, la afluencia es
impresionante, ya que solo en estos dos meses se concentran buena parte de los
doscientos mil visitantes anuales. Los que no tengan fuerzas para subir se pueden
consolar visitando una fujizuka, una de las muchas réplicas en miniatura, cuya
altura, de unos quince metros, reproduce el recorrido del peregrino.

Tan-ba

La búsqueda de los primeros ciruelos en flor: salir a pasear por el bosque o un


parque con nerviosismo e ilusión, anticipándonos al placer de ver los primeros
árboles florecidos del año.
Todavía es invierno pero ante esta visión ya sentiremos la inminente llegada de la
primavera.

BELLEZA

Los secretos de belleza de las geishas siguen siendo un modelo hoy en día.

El maquillaje blanco y espeso (doran en japonés) de las geishas es el simbolo de la


belleza japonesa. En Japón, la tez blanca es signo de refinamiento. Igualmente, un rostro
impasible con rasgos impersonalizados evoca la búsqueda de una belleza inalcanzable.
Para maquillarse asi, se masajean el rostro, el cuello y la nuca con un aceite, y luego lo
cubren todo con una cera que alisa las cejas y la pelusilla de la piel. A continuación, se
aplican dos capas de base blanca con un pincel de bambú, como si fuera un cuadro, y se
remata la tez con polvos de arroz. La zona de los ojos y las cejas se delinean
delicadamente con carboncillo o kohl, y a veces se resalta con una linea roja. La boca se
rediseña, pequeña y exquisita, en rojo brillante. La nuca, que deja ver el moño y la
hendidura hacia la espalda del kimono, se deja sin maquillar como signo de sensualidad,
Esta técnica de las geishas también la utilizan los actores de teatro kabuki. Hoy en día, a
las mujeres japonesas no les interesa demasiado el maquillaje tradicional. Sin embargo,
ciertos criterios de belleza sí que se mantienen, como la blancura de la piel, que debe
permanecer siempre mate: para conseguirlo, se frotan el rostro con pequeñas hojas de
papel japonés, llamadas aburatorikami, y que las geishas usaban para absorber el exceso
de sudor o grasa.

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