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La rosa más bella del mundo: Andersen

La historia narra la búsqueda de la rosa más bella del mundo, que se considera la expresión del amor puro y sublime, para salvar a una reina enferma. A pesar de que muchos traen rosas de gran belleza, ninguna es la correcta hasta que un niño menciona la rosa que simboliza el sacrificio de Cristo. Finalmente, la reina reconoce que esta rosa es la más espléndida y asegura que quien la contemple jamás morirá.
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La rosa más bella del mundo: Andersen

La historia narra la búsqueda de la rosa más bella del mundo, que se considera la expresión del amor puro y sublime, para salvar a una reina enferma. A pesar de que muchos traen rosas de gran belleza, ninguna es la correcta hasta que un niño menciona la rosa que simboliza el sacrificio de Cristo. Finalmente, la reina reconoce que esta rosa es la más espléndida y asegura que quien la contemple jamás morirá.
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La rosa más bella del

mundo
Hans Christian Andersen (1805-1875)
Este texto digital es de dominio público en España por haberse cumplido más de setenta años desde la
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La rosa más
bella del
mundo Hans Christian Andersen,
nació en Odense
Hans Christian Andersen (1805-1875) (Dinamarca) el 2 de abril

La rosa más bella del mundo


de 1805. Es uno de los
más conocidos autores y

Érase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían poetas daneses, famoso
las flores más hermosas de cada estación del año. Ella por sus cuentos. Entre
prefería las rosas por encima de todas; por eso las tenía
de todas las variedades, desde el escaramujo de hojas sus obras destacan
verdes y olor de manzana hasta la más magnífica rosa de además sus libros de
Provenza. Crecían pegadas al muro del palacio, se
viaje y alguna que otra
enroscaban en las columnas y los marcos de las
ventanas y, penetrando en las galerías, se extendían por novela.
los techos de los salones, con gran variedad de colores,
formas y perfumes. 

Pero en el palacio moraban la tristeza y la aflicción.
La Reina yacía enferma en su lecho, y los médicos decían 
que iba a morir.

-Hay un medio de salvarla, sin embargo -afirmó el


más sabio de ellos-. Tráiganle la rosa más espléndida del
mundo, la que sea expresión del amor puro y más
sublime. Si puede verla antes de que sus ojos se cierren,
no morirá.

Y ya tienen a viejos y jóvenes acudiendo, de cerca y


de lejos, con rosas, las más bellas que crecían en todos
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los jardines; pero ninguna era la requerida. La flor
milagrosa tenía que proceder del jardín del amor; pero incluso en

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él, ¿qué rosa era expresión del amor más puro y sublime?

Los poetas cantaron las rosas más hermosas del mundo, y cada uno celebraba la suya. Y
el mensaje corrió por todo el país, a cada corazón en que el amor palpitaba; corrió el
mensaje y llegó a gentes de todas las edades y clases sociales. -Nadie ha mencionado aún la
flor -afirmaba el sabio. Nadie ha designado el lugar donde florece en toda su magnificencia.
No son las rosas de la tumba de Romeo y Julieta o de la Walburg, a pesar de que su aroma
se exhalará siempre en leyendas y canciones; ni son las rosas que brotaron de las lanzas
ensangrentadas de Winkelried, de la sangre sagrada que mana del pecho del héroe que
muere por la patria, aunque no hay muerte más dulce ni rosa más roja que aquella sangre.
Ni es tampoco aquella flor maravillosa para cuidar la cual el hombre sacrifica su vida velando
de día y de noche en la sencilla habitación: la rosa mágica de la Ciencia.

-Yo sé dónde florece -dijo una madre feliz, que se presentó con su hijito a la cabecera de
La rosa más bella del mundo

la Reina-. Sé dónde se encuentra la rosa más preciosa del mundo, la que es expresión del
amor más puro y sublime. Florece en las rojas mejillas de mi dulce hijito cuando, restaurado
por el sueño, abre los ojos y me sonríe con todo su amor.

Bella es esa rosa -contestó el sabio- pero hay otra más bella todavía.

-¡Sí, otra mucho más bella! -dijo una de las mujeres-. La he visto; no existe ninguna que
sea más noble y más santa. Pero era pálida como los pétalos de la rosa de té. En las mejillas
de la Reina la vi. La Reina se había quitado la real corona, y en las largas y dolorosas noches
sostenía a su hijo enfermo, llorando, besándolo y rogando a Dios por él, como sólo una
madre ruega a la hora de la angustia.

-Santa y maravillosa es la rosa blanca de la tristeza en su poder, pero tampoco es la


requerida.

-No; la rosa más incomparable la vi ante el altar del Señor -afirmó el anciano y piadoso
obispo-. La vi brillar como si reflejara el rostro de un ángel. Las doncellas se acercaban a la
sagrada mesa, renovaban el pacto de alianza de su bautismo, y en sus rostros lozanos se
encendían unas rosas y palidecían otras. Había entre ellas una muchachita que, henchida de
amor y pureza, elevaba su alma a Dios: era la expresión del amor más puro y más sublime. -
¡Bendita sea! -exclamó el sabio-, mas ninguno ha nombrado aún la rosa más bella del
mundo.

En esto entró en la habitación un niño, el hijito de la Reina; había lágrimas en sus ojos y
en sus mejillas, y traía un gran libro abierto, encuadernado en terciopelo, con grandes
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broches de plata.

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-¡Madre! -dijo el niño-. ¡Oye lo que acabo de leer!-. Y, sentándose junto a la cama, se
puso a leer acerca de Aquél que se había sacrificado en la cruz para salvar a los hombres y a
las generaciones que no habían nacido.

-¡Amor más sublime no existe!

Se encendió un brillo rosado en las mejillas de la Reina, sus ojos se agrandaron y


resplandecieron, pues vio que de las hojas de aquel libro salía la rosa más espléndida del
mundo, la imagen de la rosa que, de la sangre de Cristo, brotó del árbol de la Cruz.

-¡Ya la veo! -exclamó-. Jamás morirá quien contemple esta rosa, la más bella del mundo.

La rosa más bella del mundo

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La rosa más bella del mundo

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