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Bacteriofagos Bio II

Los bacteriófagos son virus que infectan bacterias y se consideran una alternativa prometedora a los antibióticos, especialmente en la lucha contra infecciones bacterianas resistentes. Su ciclo de vida incluye un ciclo lítico, que destruye la bacteria huésped, y un ciclo lisogénico, donde el material genético del fago se integra en el genoma bacteriano. A pesar de sus ventajas, como la especificidad y la capacidad de evolución, los fagos enfrentan desafíos en su uso, incluyendo la necesidad de identificación precisa de la bacteria y la respuesta inmune del huésped.

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Bacteriofagos Bio II

Los bacteriófagos son virus que infectan bacterias y se consideran una alternativa prometedora a los antibióticos, especialmente en la lucha contra infecciones bacterianas resistentes. Su ciclo de vida incluye un ciclo lítico, que destruye la bacteria huésped, y un ciclo lisogénico, donde el material genético del fago se integra en el genoma bacteriano. A pesar de sus ventajas, como la especificidad y la capacidad de evolución, los fagos enfrentan desafíos en su uso, incluyendo la necesidad de identificación precisa de la bacteria y la respuesta inmune del huésped.

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Técnica de utilización de bacteriófagos y

su aplicación.

Escuela de Medicina, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de


Chiriquí. David, Chiriquí, República de Panamá.

Nombres de los integrantes del grupo


Gael Moreno 4-832-1006
Sofia Fillis 4-832-2418
Liz Serrano 4-833-239
Danna de Gracia 8-1040-1316

Profesora:
Letzy Serrano
Resumen

Los bacteriófagos, o fagos, descubiertos a principios del siglo XX por Félix


d'Hérelle, son virus que infectan específicamente a bacterias. Son la entidad
biológica más abundante, presentes en todos los ambientes con bacterias. Su
especificidad significa que cada tipo de fago infecta solo una o un grupo reducido
de bacterias. Esta característica los hace valiosos para aplicaciones
biotecnológicas y médicas, especialmente como alternativa a los antibióticos, ya
que pueden atacar bacterias resistentes sin dañar otras células o bacterias
beneficiosas. También se utilizan en la industria alimentaria, biotecnología e
investigación básica.

El ciclo de vida de los fagos incluye el ciclo lítico y el ciclo lisogénico. En el ciclo
lítico, el fago infecta una bacteria, se replica y destruye la célula huésped,
liberando nuevas partículas virales, siendo útil en aplicaciones terapéuticas para
eliminar bacterias patógenas. En el ciclo lisogénico, el material genético del fago
se integra en el genoma bacteriano y se replica sin destruir la célula huésped,
permaneciendo en un estado latente hasta ser inducido a entrar en el ciclo lítico.

El uso de fagos presenta varias ventajas: eficacia contra bacterias resistentes a


los antibióticos, especificidad que minimiza efectos secundarios, capacidad de
evolucionar junto con las bacterias, producción económica y reducción del uso de
antibióticos. Sin embargo, también enfrenta desafíos, como la necesidad de
identificar con precisión la bacteria para seleccionar el fago adecuado, la posible
neutralización por el sistema inmunológico humano, y la complejidad en la
regulación y producción de fagos.

En la industria alimentaria, se utilizan para combatir patógenos en productos


alimenticios. En biomedicina, funcionan como biosensores para detectar bacterias
patógenas y desinfectar superficies destruyendo biofilms bacterianos. La
fagoterapia, o el uso de fagos para tratar infecciones, es prometedora, aunque
requiere más investigación para superar desafíos como la identificación rápida de
la bacteria causante de la infección y asegurar la seguridad y eficacia del
tratamiento. Con más desarrollo, los fagos podrían ser clave en la lucha contra
infecciones bacterianas y la resistencia a los antibióticos.
Introducción
Los bacteriófagos, o fagos, son virus que infectan exclusivamente a las bacterias.
Desde su descubrimiento a principios del siglo XX por el bacteriólogo francés Félix
d'Hérelle, los fagos han sido objeto de una creciente atención científica debido a
su potencial para combatir infecciones bacterianas, especialmente en un contexto
global donde la resistencia a los antibióticos se ha convertido en una amenaza
significativa para la salud pública. Los fagos tienen una historia de uso en terapias,
particularmente en la región de Europa del Este y la antigua Unión Soviética,
donde se han aplicado con éxito en tratamientos médicos.

La creciente crisis de resistencia a los antibióticos ha renovado el interés en los


bacteriófagos como una alternativa viable. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha advertido repetidamente sobre la amenaza que representa la resistencia
antimicrobiana, que puede revertir décadas de avances médicos y convertir
infecciones comunes en enfermedades mortales. En este contexto, los fagos
ofrecen varias ventajas únicas: son altamente específicos, atacando solo a las
bacterias diana sin dañar la microbiota benigna; pueden evolucionar para superar
la resistencia bacteriana; y su producción es relativamente sencilla y económica.
Introducción a los Bacteriófagos
Los bacteriófagos, comúnmente conocidos como fagos, son virus que infectan y
replican dentro de las bacterias. Su descubrimiento se remonta a principios del
siglo XX, cuando el bacteriólogo francés Félix d'Hérelle observó sus efectos líticos
en cultivos bacterianos. A diferencia de otros tipos de virus que pueden infectar
células animales o vegetales, los fagos son específicos de las bacterias, lo que
significa que cada tipo de fago puede infectar solo una o un pequeño grupo de
bacterias relacionadas.
La estructura de un bacteriófago es relativamente simple comparada con otros
organismos biológicos. Generalmente, consta de una cabeza poliédrica que
contiene el material genético (ya sea ADN o ARN) y una cola que se utiliza para
inyectar este material genético en la célula bacteriana. La cabeza y la cola están
compuestas de proteínas que protegen el material genético y facilitan la infección
del huésped bacteriano.
Los bacteriófagos se encuentran en todos los ambientes donde existen bacterias,
incluyendo el suelo, el agua y el intestino humano. Se estima que hay
aproximadamente 10^31 fagos en el planeta, lo que los convierte en la entidad
biológica más abundante. Esta omnipresencia y abundancia subrayan su
importancia ecológica y su potencial para aplicaciones biotecnológicas y médicas.
El uso de bacteriófagos ha sido explorado en diversas áreas, particularmente en la
medicina como una alternativa a los antibióticos. Esto se debe a su capacidad
para atacar bacterias específicas sin dañar otras bacterias beneficiosas ni las
células del huésped. En la era de la resistencia a los antibióticos, los fagos ofrecen
una esperanza renovada para tratar infecciones bacterianas que ya no responden
a los tratamientos tradicionales.
Además de sus aplicaciones médicas, los fagos también se utilizan en la industria
alimentaria para controlar bacterias patógenas en productos alimenticios, en la
biotecnología para manipulación genética y en la investigación básica para
estudiar interacciones bacterianas. Su especificidad y efectividad han permitido
una amplia gama de usos, demostrando que los fagos son herramientas versátiles
y poderosas.
Sin embargo, el uso de fagos también enfrenta varios desafíos. Uno de los más
significativos es la especificidad limitada de los fagos, lo que requiere una
identificación precisa de la bacteria causante de la infección para seleccionar el
fago adecuado. Además, el sistema inmunológico del huésped puede reconocer y
neutralizar los fagos, reduciendo su eficacia. Los aspectos regulatorios también
son complejos, ya que los marcos existentes están diseñados principalmente para
antibióticos, no para virus. La producción y almacenamiento de fagos requieren
condiciones estrictamente controladas para mantener su viabilidad y efectividad.
Ciclo de Vida de los Bacteriófagos
El ciclo de vida de los bacteriófagos puede dividirse en dos fases principales: el
ciclo lítico y el ciclo lisogénico. Ambos ciclos describen cómo los fagos infectan a
las bacterias y se replican, aunque con diferencias significativas en los
mecanismos y resultados.
Ciclo Lítico
El ciclo lítico es el proceso mediante el cual un bacteriófago infecta a una bacteria,
se replica y eventualmente destruye la célula huésped, liberando nuevas
partículas virales. Este ciclo puede dividirse en varias etapas:
1. Adsorción: El bacteriófago se adhiere a la superficie de la bacteria mediante la
interacción específica entre las proteínas de su cola y los receptores en la
membrana bacteriana. Esta especificidad de receptor-huésped determina el rango
de bacterias que un fago puede infectar.
2. Penetración: Una vez adherido, el fago inyecta su material genético (ADN o
ARN) en el citoplasma de la bacteria. La cola del fago se contrae, actuando como
una jeringa, para introducir el material genético a través de la pared y membrana
bacteriana.
3. Replicación y Transcripción: El material genético del fago secuestra la
maquinaria celular bacteriana para replicar su propio ADN y sintetizar proteínas
virales. La bacteria, bajo el control del material genético del fago, comienza a
producir copias del ADN del fago y sus componentes proteicos.
4. Ensamblaje: Las nuevas moléculas de ADN y proteínas se ensamblan para
formar nuevas partículas de fagos completos dentro de la célula bacteriana.
5. Lisis y Liberación: Finalmente, la célula bacteriana se llena de nuevos fagos
hasta que la presión interna provoca la lisis (ruptura) de la célula. Los nuevos
fagos son liberados para infectar otras bacterias, reiniciando el ciclo.
El ciclo lítico resulta en la destrucción rápida de la bacteria huésped, liberando una
gran cantidad de fagos al ambiente para infectar nuevas bacterias. Este ciclo es
especialmente útil para aplicaciones terapéuticas, ya que conduce a la eliminación
eficiente de bacterias patógenas.

Ciclo Lisogénico
El ciclo lisogénico es una estrategia de replicación diferente, donde el material
genético del fago se integra en el genoma bacteriano y se replica junto con él sin
causar una destrucción inmediata de la célula huésped. Las etapas del ciclo
lisogénico son las siguientes:
1. Adsorción y Penetración: Al igual que en el ciclo lítico, el fago se adhiere a la
superficie bacteriana e inyecta su material genético.
2. Integración: En lugar de tomar el control de la maquinaria celular para replicarse
inmediatamente, el ADN del fago se integra en el genoma bacteriano y se
convierte en un profago. Este profago permanece latente y se replica junto con el
ADN bacteriano durante la división celular.
3. Latencia: Durante el estado lisogénico, la bacteria huésped sigue funcionando
normalmente y el ADN del fago se replica pasivamente con el genoma bacteriano.
La célula puede dividirse múltiples veces, transmitiendo el profago a sus células
hijas.
4. Inducción: En respuesta a ciertos estímulos, como daños en el ADN bacteriano
o estrés ambiental, el profago puede excisarse del genoma bacteriano y entrar en
el ciclo lítico. El fago comienza a replicarse activamente, ensamblar nuevas
partículas virales y eventualmente causar la lisis de la célula bacteriana.
El ciclo lisogénico permite a los fagos permanecer latentes en las bacterias
durante largos periodos, replicándose de manera discreta junto con el huésped.
Esto puede ser ventajoso para los fagos en ambientes donde las bacterias no son
abundantes o las condiciones no son favorables para una replicación lítica activa.

Ventajas del Uso de Bacteriófagos


1. Eficacia Contra Bacterias Resistentes a Antibióticos
Una de las principales ventajas de los bacteriófagos es su capacidad para atacar y
destruir bacterias que han desarrollado resistencia a los antibióticos. Los fagos
tienen mecanismos de infección específicos que les permiten atacar cepas
bacterianas particulares sin ser afectados por los mecanismos de resistencia que
las bacterias desarrollan contra los antibióticos tradicionales.
2. Especificidad
Los fagos tienen una especificidad alta hacia sus huéspedes bacterianos, lo que
significa que pueden dirigirse a bacterias patógenas sin afectar al microbiota
benigno del huésped. Esta especificidad minimiza los efectos secundarios y
preserva el equilibrio microbiano natural, a diferencia de los antibióticos de amplio
espectro que pueden destruir tanto bacterias patógenas como beneficiosas.
3. Capacidad de Evolución
Los fagos pueden evolucionar junto con las bacterias, lo que les permite superar
las barreras de resistencia que las bacterias pueden desarrollar. Este co-
evolucionismo proporciona una ventaja en la carrera armamentista entre bacterias
y tratamientos antimicrobianos, asegurando una herramienta terapéutica más
duradera y adaptable.
4. Producción Natural y Abundancia
Los bacteriófagos están presentes en todos los ambientes donde existen
bacterias. Su producción es relativamente sencilla y económica, lo que facilita su
aislamiento y proliferación en laboratorios para su posterior uso terapéutico.
5. Reducción del Uso de Antibióticos
El uso de fagos puede reducir la dependencia de los antibióticos, lo cual es crucial
en la era de la resistencia bacteriana. Esto no solo ayuda a preservar la eficacia
de los antibióticos actuales, sino que también reduce la aparición de cepas
multirresistentes.

Desafíos del Uso de Bacteriófagos


1. Especificidad y Adaptabilidad
Aunque la especificidad de los fagos es una ventaja, también puede representar
un desafío. Un fago específico para una cepa bacteriana particular puede no ser
efectivo contra cepas variantes de la misma bacteria o contra otras especies
bacterianas. Esto limita su uso a infecciones donde la bacteria causante ha sido
identificada con precisión.
2. Respuesta Inmune del Huésped
El sistema inmunológico humano puede reconocer y neutralizar los fagos como
cuerpos extraños, reduciendo su eficacia terapéutica. Esta respuesta inmune
puede variar entre individuos, lo que dificulta predecir la eficacia del tratamiento en
la población general.
3. Regulación y Aceptación
La regulación del uso de fagos en tratamientos humanos es compleja. A diferencia
de los antibióticos, que tienen un marco regulatorio bien establecido, los fagos
requieren evaluaciones rigurosas para asegurar su seguridad y eficacia. Esta falta
de precedentes y estándares reguladores específicos puede retrasar su
implementación clínica.
4. Producción y Almacenamiento
La producción y almacenamiento de fagos en condiciones estables es un desafío
técnico. Los fagos deben ser cultivados en bacterias específicas, y mantener su
viabilidad y actividad durante el almacenamiento requiere condiciones controladas
que pueden ser difíciles y costosas de mantener.
5. Desarrollo de Resistencia
Aunque los fagos pueden co-evolucionar con las bacterias, estas también pueden
desarrollar mecanismos de resistencia contra los fagos. Esta carrera evolutiva
requiere una vigilancia constante y el desarrollo de nuevas cepas de fagos para
mantener la eficacia del tratamiento.

Proceso de producción de bacteriófagos

Los bacteriófagos, también conocidos como fagos, son microorganismos


ampliamente distribuidos en diferentes entornos, como el suelo, las plantas,
muestras humanas, intestinos de animales e incluso los océanos, siendo este
último un lugar donde se encuentran en mayor concentración. Estos virus tienen
una capacidad impresionante para adentrarse en el interior de las bacterias. Una
vez dentro, pueden replicar su ADN para producir más partículas virales o
interrumpir el ciclo de vida de las bacterias que infectan.

Dentro del campo de la medicina, se está contemplando el uso de bacteriófagos


como una herramienta importante en la lucha contra las bacterias y su resistencia
a los antibióticos.

Según -Tomás M., Blasco L., De Jesús M., Esteban J., Paño J. R., Oteo-Iglesias
J., V. 2023. "Fagoterapia, manejo en el laboratorio." En Procedimientos en
Microbiología Clínica. Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y
Microbiología Clínica (SEIMC), 2023.- el proceso de obtención y producción de
bacteriófagos se divide en las siguientes etapas:

1. Recolección de muestras:

Como primer punto, para utilizar y estudiar los fagos, se comienza recolectando
muestras de diferentes ambientes donde abundan estos microorganismos. Estos
se encuentran en una amplia variedad de lugares, como el suelo, las plantas,
muestras humanas, intestinos de animales e incluso en los océanos, siendo este
último el lugar donde se concentran en mayor cantidad.

2. Aislamiento en laboratorios:

Posteriormente, estas muestras se conservarán a bajas temperaturas en los


laboratorios y se almacenarán por un máximo de una semana. Estas medidas son
cruciales para evitar la inactivación de los fagos, ya que son estructuras proteicas
sensibles a proteasas, que son enzimas que degradan las proteínas, y a cambios
de temperatura y pH.
3. Prueba de capacidad infectiva: “Spot test”

Después de recolectar los bacteriófagos del entorno, es crucial evaluar su eficacia


como agentes antimicrobianos para su posible uso en terapia. Esto implica probar
su capacidad para infectar las bacterias específicas que se quieren combatir. Para
hacer esto, se utiliza una técnica llamada "spot test" en la que se aplican fagos
sobre placas con bacterias y se observa si causan lisis (muerte celular), indicada
por un punto transparente. Es importante asegurarse de que este efecto sea
específico y no causado por otras razones. También es necesario determinar el
rango de hospedadores que los fagos pueden infectar y su eficiencia en la
infección. Esto ayuda a seleccionar los fagos más efectivos.

Posteriormente, se realizan pruebas en medio líquido para evaluar cómo infectan


las bacterias en diferentes concentraciones de fagos. Estas pruebas proporcionan
información sobre la velocidad de replicación de los fagos, la cantidad de nuevos
fagos generados por célula infectada y cómo se propagan en el ambiente.

Un fago ideal sería aquel que se reproduce rápidamente y supera la capacidad de


reproducción de las bacterias que infecta. Además, se están desarrollando
métodos automatizados para realizar estas pruebas de manera más eficiente y
precisa.

4. Caracterización genómica:

Una vez elegido un fago por su capacidad para infectar, se realiza una
caracterización genómica para evaluar su idoneidad para la terapia. Se busca
detectar genes que podrían hacerlo ineficaz o riesgoso, así como aquellos que lo
hacen apto para la terapia. Los principales aspectos evaluados son su actividad
antibacteriana, su ciclo de vida (lítico o lisogénico) y la ausencia de genes
perjudiciales.

5. Creación de cócteles de fagos:

Para ampliar la efectividad de los bacteriofagos, se combinan en lo que llamamos


"cócteles de fagos", que reúnen varios tipos de fagos. Un cóctel eficaz debería
eliminar al menos el 70-80% de las cepas bacterianas. Esto también ayuda a
evitar que las bacterias desarrollen resistencia contra los fagos.

Es crucial que estos cócteles no sean una mezcla al azar, ya que algunos fagos
pueden trabajar juntos de manera beneficiosa o perjudicial. Por lo tanto, las
combinaciones de fagos deben ser estudiadas cuidadosamente.

Las bacterias tienen una gran habilidad para volverse resistentes a los fagos. Usar
cócteles de fagos es una estrategia para superar esta resistencia, ya que una
bacteria puede ser resistente a un fago en particular pero aún sensible a otros
fagos en el cóctel. El objetivo es que la capacidad de infectar del cóctel sea mayor
que la de los fagos por separado, y que la bacteria tenga menos oportunidades de
volverse resistente.
6. Colaboración con antibióticos:

La colaboración entre fagos y antibióticos ha sido investigada a fondo y se han


encontrado resultados importantes. Las interacciones entre ellos dependen del
tipo de antibiótico usado. Los fagos suelen reducir la cantidad mínima de
antibiótico necesaria para detener el crecimiento bacteriano, lo que sugiere un
buen trabajo en conjunto.

También es importante considerar qué tipo de muestra se está tratando, ya que


eso influye en cómo funcionan los fagos y antibióticos. Se necesita más
investigación para entender si es mejor administrarlos al mismo tiempo o uno
después del otro, para reducir los efectos negativos y entender cómo funcionan
juntos de manera más efectiva.

7. Purificación de fagos:

Por último, la preparación de fagos para su aplicación en terapia implica la lisis de


cultivos bacterianos, lo que resulta en la presencia de restos bacterianos y
compuestos como endotoxinas, peptidoglicano, exotoxinas, entre otros.

La eliminación de las endotoxinas es especialmente crucial debido a sus efectos


dañinos potenciales, siendo la cromatografía una técnica comúnmente utilizada
para purificar los fagos, seguida de la concentración mediante ultrafiltración para
obtener altas concentraciones de fagos en volúmenes reducidos. Este proceso es
esencial tanto para la aplicación en humanos como en modelos animales.

La fagoterapia es una técnica que se está utilizando actualmente, principalmente


en contextos experimentales y en algunos centros especializados. Está en una
fase de creciente interés y desarrollo, con avances en la investigación y regulación
que podrían ampliar su uso en el futuro.

Aplicaciones en la industria alimentaria.

En el sector avícola, los fagos han demostrado ser especialmente eficaces para
combatir Salmonella y Campylobacter, dos de los patógenos más prevalentes y
peligrosos. En la acuicultura, la aplicación de fagos contra Vibrio abre nuevas vías
para asegurar la producción sostenible de peces y mariscos, protegiendo tanto la
economía local como la salud de los consumidores.
Sin embargo, también se presentan retos. La alta especificidad de los fagos,
aunque beneficioso por su capacidad de atacar patógenos sin dañar otras
bacterias beneficiosas que se pueden encontrar en la microbiota del animal o del
alimento, plantea el desafío de seleccionar el fago (o la combinación de ellos) más
conveniente para cada aplicación. Además, la posible emergencia de resistencia a
los fagos nos obliga a pensar en estrategias como el desarrollo de cócteles de
fagos o la búsqueda de sinergias con otros métodos de control antimicrobiano.
(Abasolo,2024).

Aplicaciones en biosensores

Los bacteriófagos pueden utilizarse para detectar bacterias patógenas en


muestras humanas o en sitios donde su presencia pueda ser un problema, como
las fuentes de agua de consumo.
La detección se puede llevar a cabo observando moléculas que se liberen al
medio tras la lisis de las bacterias que provocan los bacteriófagos o, mediante
técnicas de ingeniería genética, añadiendo proteínas fluorescentes o
luminiscentes al bacteriófago que nos permitan detectar su multiplicación.
Los bacteriófagos son útiles como biosensores gracias a su especificidad de
huésped, a que pueden discriminar entre células vivas y muertas, y a que son
capaces de resistir condiciones ambientales muy diversas. (Ruiz, 2019).

Aplicaciones en desinfección de superficies

La mayoría de bacterias crecen formando estructuras que conocemos como


biofilms, que las hacen menos susceptibles a los antibióticos y a los
desinfectantes. Los bacteriófagos producen una serie de proteínas capaces de
romper las paredes de las bacterias o sus proteínas extracelulares.
Se ha demostrado que estas proteínas son capaces de difundirse entre las
moléculas que forman los biofilms y llegar a las bacterias, lo que hace que los
bacteriófagos puedan ser muy útiles en la descontaminación de superficies. (Ruiz,
2019).

Aplicaciones de los bacteriófagos en la biomedicina

Los fagos en diagnóstico:

Los fagos tienen una gran especificidad por sus hospedadores, y podemos hacer
uso de esta propiedad para desarrollar nuevas técnicas de diagnóstico y
tipificación basadas en fagos. Hoy en día, sigue siendo muy laborioso tipificar
bacterias o dar un diagnóstico adecuado en infecciones bacterianas, lo que hace
que sea necesario desarrollar nuevas técnicas.
Disponer de librerías de fagos capaces de reconocer bacterias de forma específica
puede ser de gran relevancia a la hora de dar un tratamiento adecuado. Este tipo
de técnica se puede basar en fagos completos o bien en el uso de proteínas
derivadas de los mismos que estén implicadas en reconocimiento de la bacteria
diana. En algunos casos, los fagos o las proteínas pueden modificarse
genéticamente insertando genes indicadores, los cuales se detectan gracias a la
conversión de un sustrato enzimático detectándose así la presencia de la bacteria
hospedadora, y actuando como biosensores (Meile et al., 2020a).
Se trata de un método sensible,en el cual existen distintos tipos en función de la
reacción enzimática en la que se basa la detección. Un tipo de detección es la
basada en bioluminiscencia, una reacción de oxidación llevada a cabo por
enzimas llamadas luciferasas, en la cual se libera energía en forma de luz. Un
ejemplo de esta técnica se llevó a cabo utilizando el myovirus A511 conteniendo la
luciferasa Nluc, capaz de detectar Listeria monocytogenes en muestras de
alimentos (Meile et al., 2020b). La detección también puede ser de tipo
colorimétrico utilizando sustratos que se puedan detectar visualmente cuando son
transformados en producto. Un ejemplo de este método utilizaba el fago T7 frente
a E. coli con genes codificantes de fosfatasas.

También la detección es posible ya que está basada en electroquímica. Para ello,


se utilizan biosensores electroquímicos que detectan especies electroactivas, que
presentan algún tipo de actividad relacionada con su conformación o tamaño
cuando son estimuladas por un campo eléctrico. La ventaja que presenta esta
técnica es que en la detección no influye la turbidez o el color de la muestra (Meile
et al., 2020a). El fago T7 también ha sido combinado con el operón LacZ, que
produce β-galactosidasa, cuya hidrólisis genera un precipitado azul que permite su
visualización (Wang et al., 2017). Por último, también es posible realizar la
detección basándose en fluorescencia. En este caso, la mayoría de ensayos se
han realizado frente a Mycobacterium sp., utilizando fluoromicobacteriófagos
derivados del fago TM4.

Los bacteriófagos y los antibióticos

Los bacteriófagos, también llamados fagos, son virus que infectan a las bacterias y
parasitan su maquinaria enzimática. Hoy en día, el uso de los bacteriófagos se
está postulando como la alternativa potencial para hacer frente al problema de la
resistencia a los antibióticos.

Los bacteriófagos son capaces de matar las principales bacterias responsables de


diversas patologías. Para conseguirlo se unen a la bacteria patógena huésped,
introducen su material genético, se replican dentro de ella y la destruyen la
membrana celular de la bacteria. De esta manera a partir de un fago se generan
nuevas generaciones de virus listas para actuar sobre el resto de las bacterias,
produciendo una reacción en cadena que elimina el patógeno.
A diferencia de los antibióticos, los fagos son muy específicos, afectan sólo a la
bacteria diana sin dañar ninguna otra célula y además no se han descrito efectos
secundarios en su utilización. En cambio, los antibióticos afectan a un amplio
número de bacterias, ocasionando problemas con el microbiota intestinal.

El incremento actual en la incidencia de resistencia antibiótica en las bacterias


humanas ha favorecido el estudio de los fagos como alternativa terapéutica:
fagoterapia.

La sencillez del genoma de los fagos permite realizar innumerables alteraciones


mediante ingeniería genética. Así se han modificado para que al utilizarlos
conjuntamente con un antibiótico se incremente su actividad bactericida. También
su modificación genética ha permitido disminuir el
desarrollo de resistencia bacteriana a ciertos antibióticos; la administración de
fagos con genes de resistencia dominantes determina una disminución de la
resistencia en las bacterias receptoras.

La fagoterapia es un tratamiento basado en la actividad bactericida de los


bacteriófagos (fagos), virus específicos de las bacterias. Los fagos reconocen la
superficie de la célula bacteriana con alta especificidad, inyectan su ADN o ARN, y
se multiplican y ensamblan dentro de la bacteria, para finalmente romper la célula
y liberar su progenie, que infectan nuevas células bacterianas.

La fagoterapia tiene diversas ventajas al compararla con la terapia con


antibióticos:
El número de fagos crece exponencialmente, permitiendo que esta terapia tenga
su mayor efecto en el sitio de infección. Los antibióticos, en cambio, van perdiendo
su efecto, puesto que a medida que actúan hay destrucción metabólica de la
molécula. Un solo fago puede llegar a ser suficiente para destruir una bacteria
determinada, mientras que para causar el mismo efecto utilizando antibióticos se
requieren numerosas moléculas de éstos.

Gracias a que los fagos tienen la capacidad de mutar, se puede combatir la


resistencia que podrían llegar a generar las bacterias hacia ellos; en cambio, los
antibióticos siempre tienen el mismo principio activo, de manera que cuando las
bacterias desarrollan resistencia, éstos quedan inservibles.

El tratamiento con bacteriófagos no genera efectos secundarios nocivos para


humanos, animales ni plantas, mientras que los antibióticos pueden causar
alergias, desórdenes intestinales, infecciones secundarias y otros múltiples efectos
adversos. Incluso se considera que los fagos tienen un efecto benéfico al estimular
el sistema inmune.

Una de las principales desventajas de la fagoterapia es la necesidad de establecer


rápidamente la etiología de la bacteria causante de la infección; ya que la excesiva
especificidad de muchos fagos es un problema práctico. Sin embargo, podría
resolverse con el empleo de los combinados de fagos; la selección de fagos líticos
potentes de una colección previa a la caracterización bacteriana constituiría la
base de la terapia combinada empírica.

Para el uso correcto de la fagoterapia, es indispensable el conocimiento científico


riguroso de los fagos, así como una serie de ensayos in vitro e in vivo que
verifiquen su eficiencia. También es importante tener en cuenta que, aunque la
fagoterapia ha sido usada en varios países por décadas y existen reportes sobre
sus efectos benéficos, hacen falta ensayos que demuestren de
forma reproducible su inocuidad.
Otro problema sería el de la seguridad, es decir habría que analizar la habilidad
innato potencial de los fagos para transferir ADN de una bacteria a otra. Este
proceso de transferencia horizontal, transducción, podría ser la responsable de
aportar determinantes de patogenicidad y factores de virulencia, determinado la
formación o aparición de nuevas bacterias patógenas o mucho más resistentes.
Para ello habría que elegir fagos sin capacidad de transmisión genética o
modificarlos previamente para eliminar previamente este proceso natural.

Conclusión
La especificidad de los fagos asegura que solo las bacterias patógenas sean
atacadas, preservando así la microbiota benigna y reduciendo los efectos
secundarios indeseados.
No obstante, los desafíos no son menores. La necesidad de identificar con
precisión la bacteria causante de la infección para seleccionar el fago adecuado
puede limitar su aplicación práctica inmediata. La posible respuesta inmune del
huésped, que puede neutralizar los fagos, representa otro obstáculo significativo
que podría afectar la eficacia del tratamiento. Además, la complejidad de los
marcos regulatorios, que están diseñados principalmente para antibióticos y no
para fagos, podría retrasar la aprobación y el uso clínico generalizado de terapias
basadas en fagos. La producción y almacenamiento de fagos también requieren
condiciones estrictamente controladas para mantener su viabilidad y efectividad.
A pesar de estos desafíos, la continua investigación y desarrollo en el campo de
los bacteriófagos promete superar muchos de estos obstáculos. Los avances en la
biotecnología, la ingeniería genética y la microbiología están permitiendo un mejor
entendimiento y manejo de los fagos, lo que puede facilitar su integración en la
práctica médica convencional. Además, la creciente crisis de resistencia a los
antibióticos está impulsando una mayor inversión y enfoque en alternativas como
los fagos, aumentando las probabilidades de encontrar soluciones efectivas y
sostenibles.
Referencias
Abasolo, M. (2024, marzo 14). Fagos para la seguridad alimentaria. AZTI.
Recuperado el 17 de junio del 2024, de [Link]
seguridad-alimentaria/
Blasco, L., Garcia Quintanilla, M. D., Esteban, J., Paño, J. R., Iglesias, J. O., &
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