El dragón
Filiberto
quiere dar un
concierto
e invita a sus
amigos
a escucharlo
cantar
pues ha ensayado
tanto
en su clase de
canto
que cree que
está listo
para un gran
recital.
Nadie falta a la
cita
en un claro del
bosque.
Filiberto nervioso
se dispone a
cantar.
Pero entonces
ocurre
que enormes
llamaradas
le salen por la
boca
sin poderlo
evitar
y le quema las
plumas
a un gorrión
distraído,
le chamusca la
oreja
a un conejo
haragán.
A una ardilla
coqueta
se le enciende el
vestido
y le incendia la
cola
a un zorro
charlatán.
Todos los
invitados
huyen
despavoridos
y el pobre
Filiberto
¡BUAH! se pone a
llorar.
Patalea en el
suelo
y no tiene
consuelo:
—No hay caso.
¡Qué fracaso!
Nunca podré
cantar.
Al verlo
deprimido y
descorazonado
una vieja
lechuza
lo quiere
consolar
y le dice en
secreto
que le dará un
consejo
para que sin
peligro
pueda por fin
cantar.
Otra vez
Filiberto
organiza un
concierto
aunque no es
en el bosque
sino en otro
lugar.
Pues siguiendo el
consejo
de la lechuza sabia
dentro de una
bañera
el dragón cantará.
Y así mientras lo
escuchan
cantar bajo la
ducha
el dragón Filiberto
su sueño cumplirá.