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Capacidad de Personas en Derecho Privado

El documento aborda la distinción entre persona humana y persona jurídica en el contexto del derecho privado, resaltando la importancia de la capacidad para ejercer derechos y contraer obligaciones en el comercio. Se explica la capacidad de las personas humanas, incluyendo las limitaciones para menores de edad y personas con restricciones, así como los mecanismos de emancipación y títulos profesionales habilitantes. Además, se discuten las condiciones y procedimientos para la restricción y recuperación de la capacidad jurídica, enfatizando la protección de los derechos de las personas vulnerables.
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Capacidad de Personas en Derecho Privado

El documento aborda la distinción entre persona humana y persona jurídica en el contexto del derecho privado, resaltando la importancia de la capacidad para ejercer derechos y contraer obligaciones en el comercio. Se explica la capacidad de las personas humanas, incluyendo las limitaciones para menores de edad y personas con restricciones, así como los mecanismos de emancipación y títulos profesionales habilitantes. Además, se discuten las condiciones y procedimientos para la restricción y recuperación de la capacidad jurídica, enfatizando la protección de los derechos de las personas vulnerables.
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Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Sociales

Universidad Nacional de Salta

Cátedra: Derecho Privado, Obligaciones y Contratos

Año: 2022

PERSONA HUMANA – PERSONA JURIDICA:


CAPACIDAD
1

La trascendencia de este tema para nuestra materia radica en comprender su


importancia para el ejercicio de la actividad comercial. La personalidad y la capacidad de
quienes actúan en el comercio, ejercen actos jurídicos, contratan, es condición de validez de
las obligaciones que asumen.Por eso, vamos a estudiar quiénes y en qué condiciones pueden
actuar en el comercio.

I.- Persona

El Código Civil de Vélez la definía como “todo ente susceptible de adquirir


derechos y contraer obligaciones”. Se hablaba de entes, para no limitar el concepto a
los seres humanos, sino extenderlo a otra especie, las personas jurídicas públicas y
privadas que también son sujetos de derecho.

Especies de personas:

El Código Civil y Comercial (en adelante C.C.C.) vigente a partir del año 2015 ha
unificado el derecho civil y comercial. Sus disposiciones son aplicables a todo el derecho
privado y en particular a las instituciones jurídicas que se aplican a la actividad comercial.
Estas normas se encuentran en Libro I - Parte General que regula dos especies de personas.
En su Título I a la persona humana y en su Título II, la persona Jurídica.

1
Material elaborado por las profesoras María Guadalupe Villagrán y Nancy Elizabeth Quinteros.
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II.- Persona Humana

Antes llamadas personas físicas. Para el derecho, todo ser humano es persona, con
independencia de sus cualidades y accidentes.

Nuestro Derecho Privado está integrado por las normas y principios referidos a la
persona humana, contenidos no sólo en el Código Civil y Comercial de la Nación, sino
fundamentalmente en la Constitución Nacional y en los Tratados de Derechos Humanos. La
Convención Americana de Derechos Humanos establece que “persona es todo ser humano”;
la Declaración Universal de los Derechos Humanos expresa: “todo ser humano tiene
derecho al reconocimiento de su personalidad humana”. Queda claro que la personalidad
humana no es una creación del legislador, sino que es un atributo propio de la naturaleza del
hombre, inherente a su dignidad. El derecho no atribuye la personalidad –como en el caso
de las personas jurídicas–, sólo la reconoce. Esta diferencia entre ambas tiene luego
consecuencias respecto de su capacidad.

Comienzo de la existencia de las personas humanas


Este tema dio origen a un extenso debate, que incluso continua hasta nuestros días y
que excede este trabajo.
No obstante, siguiendo las normas del Código, este distingue dos formas para el
comienzo de la existencia de la persona humana, una natural y otra, por medio de las
técnicas de reproducción humana asistida.
Artículo 19 del CCyC establece que “la existencia de la persona humana comienza
con la concepción”. El Código vigente, a diferencia del Código Civil de Vélez Sarfield, no
hace referencia a la concepción en el “seno materno”, solo habla de concepción. El término
concepción (concepto este sobre el que tampoco existe consenso en la Jurisprudencia), es el
momento del surgimiento de un nuevo ser, con un código genético propio, distinto del de
sus progenitores.
Asimismo, respecto a las técnicas de reproducción humana asistida, la legislación
argentina reconoce igualmente el carácter de ser humano al embrión desde el momento de la
concepción, momento en que puede considerarse que existe un nuevo ser humano,
merecedor de protección legal.
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Todas las personas que aún no han nacido pueden adquirir derechos, que están
sujetos a una condición: “el nacimiento con vida”. A partir de entonces se adquieren
irrevocablemente todos los derechos. Así lo estable con claridad el art. 21: “Los derechos y
obligaciones del concebido o implantado en la mujer quedan irrevocablemente adquiridos si
nace con vida. Si no nace con vida, se considera que la persona nunca existió y el
nacimiento con vida se presume.

Capacidad de las personas humanas

Persona mayor de edad

La capacidad es la aptitud de la persona para ser titular de derechos, adquirir


obligaciones y ejercerlos por sí misma. Es tradicionalmente definida como un “atributo” de
la persona.

Se distingue la capacidad de derecho (art. 22) de la capacidad de ejercicio (art. 23) -


antes llamada capacidad de hecho-. La primera es la aptitud para ser titular de derechos y
deberes jurídicos.

El principio es la capacidad ilimitada de la persona humana para ser titular de


derechos. La ley puede privar o limitar esta capacidad excepcionalmente respecto de
hechos, simples actos o actos jurídicos determinados, por razones de orden público. Las
limitaciones a la capacidad de derecho no pueden ser totales o absolutas, porque ello
significaría eliminar este atributo que es inherente a la persona.

Éstas se refieren siempre a un sujeto frente a determinados actos concretos (por


ejemplo, las incapacidades establecidas para la celebración de determinados contratos como
la compraventa, la donación, los contratos prohibidos entre padres e hijos en el ejercicio de
la responsabilidad parental, entre el tutor y su pupilo, etc.).

La capacidad de ejercicio, en cambio, alude a la aptitud para ejercer por sí los


derechos reconocidos por el ordenamiento. El Código en su art. 23 dice: “Toda persona
humana puede ejercer por sí misma sus derechos, excepto las limitaciones expresamente
previstas en este Código y en una sentencia judicial”. Esta referencia alude a los supuestos
de restricción al ejercicio de los derechos en el caso de menores de edad y en relación a
mayores de edad, en las condiciones establecidas por la legislación.
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Entonces, el principio general para las personas humanas es la capacidad. Todas
las personas humanas son capaces, con las únicas excepciones que prevé el código, que
deberán ser establecidas por sentencia. Es decir, la regla es la capacidad, las
excepciones son los supuestos de incapacidad.

Las restricciones a la capacidad fueron introducidas observando ciertas


“condiciones” de la persona y en busca de su protección. Tradicionalmente, la minoría de
edad y la condición de salud mental que hacen a alguien vulnerable frente a terceros, lo
exponen a riesgo de perjuicio o abuso en el libre tráfico jurídico. Las primeras se van
extinguiendo a medida que el sujeto gana madurez, conocimiento y experiencia. Las
segundas pueden cesar por cura o rehabilitación.

El art. 24 del CCyC establece que “Son incapaces de ejercicio: a) la persona por
nacer; b) la persona que no cuenta con la edad y grado de madurez suficiente, con el alcance
dispuesto en la Sección 2° del Capítulo segundo; c) la persona declarada incapaz por
sentencia judicial, en la extensión dispuesta en esa decisión”.

Persona menor de edad: es la persona que no ha cumplido 18 años. El Código


reconoce a los menores como sujetos de derecho, ampliando sus potestades, si bien admite
que se encuentran, en general en una situación de inferioridad respecto de los mayores, en
atención a su menor grado de madurez y su inexperiencia.

Es por ello que, en atención al principio de autonomía progresiva, que implica la


asunción por los niños y adolescentes de diversas funciones decisorias según su grado de
desarrollo y madurez, los jueces podrán establecer en los casos concretos, qué actos estarán
facultades a realizar a través de sus representes legales, bajo qué régimen de asistencia o en
qué casos puede ejercerlos libremente. Para ello se recomienda la lectura detenida de los
arts. 25 y 26 del CCyC.

En principio, el menor de edad no ejerce sus derechos por sí mismo sino a través de
sus representantes legales. En caso de conflicto de intereses con sus representantes, puede
intervenir en un proceso judicial, con asistencia letrada (abogado del niño), por ejemplo:
reclamar alimentos, conocer su origen biológico en la adopción, pedir que se agregue el
apellido del otro progenitor.

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Existen otros actos que el menor puede ejercer libremente, como los contratos de
escasa cuantía, en la vida cotidiana, los cuales se presumen realizados con la conformidad
de los progenitores, por ejemplo, las compras en el quiosco, almacén, el pago del boleto
para el colectivo.

El Código incorpora la categoría del adolescente. Se considera “adolescente a aquella


persona que ha cumplido los 13 años”. Se puede decir que al adolescente se le brindan
ciertas aptitudes, particularmente relacionadas con los derechos personalísimos (derechos
que están unidos íntimamente a su condición de persona, como por ejemplo a la salud,
intimidad, imagen, honor, etc.), porque a partir de esa edad se presumen ciertas
competencias relacionadas con decisiones privativas de su persona. La distinción entre los
conceptos de tratamientos invasivos o riesgosos y tratamientos que no lo son será cuestión
que deberán decidir los jueces en cada caso particular. Ello así porque, por ejemplo, algo
que puede parecer inofensivo o no invasivo para algunas personas, puede no serlo para
otras.

El Código Civil y Comercial establece dos institutos que permiten a las personas
menores de edad adquirir capacidad para ejercer sus derechos en un pie de igualdad con los
mayores de edad: la emancipación y el título profesional habilitante.
Menor emancipado: Se entiende por emancipación la liberación respecto de un poder,
una autoridad –en el caso la ejercida por los padres o tutores- o cualquier otro tipo de
subordinación o dependencia. El fundamento de la emancipación por matrimonio es la
incompatibilidad del estado de cónyuge con la sujeción de éste a la responsabilidad parental
o tutela. La edad legal para contraer matrimonio es a los 18 años, sin embargo, se podrá
contraer matrimonio válido antes de esa edad (ver artículo 404). El que cumplió 16 años
puede contraer matrimonio con autorización de sus representantes legales. A falta de esta
previa dispensa judicial se debe considerarla edad y el grado de madurez. (Ver artículo 27).

Menor con título profesional habilitante: La persona menor de edad puede actuar en
el ámbito de su vida como mayor de edad, según el artículo 30 del Código, luego de la
obtención de un título habilitante, para el ejercicio de una profesión por cuenta propia sin
necesidad de previa autorización, respecto de los bienes que adquiere por ese medio. A
partir de ese momento tiene la administración y disposición de los bienes que adquiere con

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el producto de su profesión y puede estar en juicio civil o penal por cuestiones vinculadas a
ella.
El requisito es que el título habilitante sea expedido por autoridad competente,
pública o privada reconocida oficialmente. Sin embargo, esta disposición debe ser
interpretada en concordancia con los artículos 681, 682, 683. Estos últimos establecen que
el hijo menor de 16 años no puede ejercer oficio, profesión o industria, ni obligar su persona
sin autorización de sus progenitores.
En todos los casos, el menor cuenta con facultades de administración y disposición
sólo respecto de los bienes que obtenga como fruto de su actividad laboral, quedando
limitada a dichos bienes, la responsabilidad derivada de hechos vinculados a la mencionada
actividad; la libre administración y disposición existe incluso en el caso de que el
adolescente conviva con sus progenitores.

Persona mayor de edad con restricción a la capacidad (Ver art. 31 al 50)

No existen personas incapaces de derecho, solamente personas capaces a las que la


ley impide el ejercicio de algún derecho por razones de índole moral o interés público.
La modificación legislativa es coherente con la recepción de la ley 26.657 de Salud
Mental que establece en sus arts. 3 y 5 la presunción de capacidad de la persona,
independientemente de su condición de salud mental, sus antecedentes de tratamiento
hospitalario, conflictos familiares, sociales o inadecuación cultural. Esta opción legislativa a
su vez es coherente con las normas de la Convención sobre los Derechos de las Personas
con Discapacidad que nuestro país incorporó por ley 26.378. El Código observa esta
Convención y el modelo social que pone el acento, ya no en la persona con una enfermedad
mental, sino en las condiciones del entorno que generan barreras –actitudinales,
comunicacionales, edilicias, procesales, etc.-, que les impiden ejercer sus derechos en
igualdad de condiciones con las demás.
Así, la persona con capacidad restringida es la persona “capaz” que, por padecer una
adicción o alteración mental permanente o prolongada, de suficiente gravedad, se encuentra
en peligro y es potencial causante de un daño a su persona, a sus bienes o a terceros. El juez,
único competente para decidir la restricción, designa los apoyos y medidas necesarias para
protección de la persona y sus bienes, valorando la voluntad, deseos y preferencias de la
persona protegida.
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El artículo 31 del Código toma como reglas generales para la restricción al ejercicio
de la capacidad jurídica las siguientes:
a) La capacidad general de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando se
encuentre internada en un establecimiento asistencial;
b) Las limitaciones a la capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre
en beneficio de la persona; lo que denota que la finalidad de la restricción es protegerla.
c) La intervención estatal tiene siempre carácter interdisciplinario, tanto en el
tratamiento como en el proceso judicial; conforme con la ley nacional de salud mental
26.657
d) La persona tiene derecho a recibir información a través de medios y tecnologías
adecuadas para su comprensión; recurrir al término comunicación, que toma la convención
sobre los derechos de las personas con discapacidad, donde se incluirá lenguajes,
visualizaciones de texto, braille, lenguaje escrito, sistema auditivo, lenguaje sencillo,
incluidas la tecnología de la información de fácil acceso. El juez deberá asegurar la
accesibilidad y los ajustes razonables del procedimiento de acuerdo a la persona.
e) La persona tiene derecho a participar en el proceso judicial con asistencia letrada,
que debe ser proporcionada por el Estado si carece de medios (v. art. 36 del CCyC).
f) Deben priorizarse las alternativas terapéuticas menos restrictivas de los derechos y
libertades. Lo que trata es de afectar lo menos posible la autonomía personal, de modo que
las decisiones que se adopten respondan a las preferencias de la persona.
El instituto del apoyo ha sido establecido para asistir a las personas mayores cuya
capacidad ha sido restringida. El juez debe designar el o los apoyos necesarios,
especificando las funciones con los ajustes razonables en función de las necesidades y
circunstancias de la persona.
-El o los apoyos designados deben promover la autonomía y favorecer las decisiones
que respondan a las preferencias de la persona protegida. Por apoyo debe entenderse
cualquier medida de carácter judicial o extrajudicial que facilite, a quien lo necesita, la
forma de decisiones para dirigir su persona, administrar sus bienes y celebrar actos jurídicos
en general.
- Por excepción, cuando la persona se encuentre absolutamente imposibilitada de
interaccionar con su entorno y expresar su voluntad por cualquier modo, medio o formato
adecuado y el sistema de apoyos resulte ineficaz, el juez puede declarar su incapacidad y

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designar un curador. En este caso se la considerará una persona incapaz de ejercicio, hay
dos requisitos esenciales de procedencia:
1. Imposibilidad absoluta de manifestación de la voluntad y de interactuar con su
entorno, aun utilizando tecnologías adecuadas.
2. Que el sistema de apoyos resulte ineficaz.
Al ser una situación de excepción, el Código determina quienes pueden solicitar al
juez, el artículo 33 enuncia quienes están legitimados para solicitar la declaración de
incapacidad y de capacidad restringida, no procede de oficio.

Cese de la incapacidad y de las restricciones a la capacidad.


La persona humana mayor de edad a la que se ha restringido su capacidad, puede
recuperarle nuevamente por sentencia judicial. El artículo 47 del CCyC nos dicen que es el
juez que la declaró, quién previo examen de un equipo interdisciplinario, resolverá sobre el
restablecimiento de la capacidad.
Si el restablecimiento no es total, el juez puede ampliar la nómina de actos que la
persona puede realizar por sí o con la asistencia de su curador o apoyo. Se denomina cese
parcial.
Por lo tanto, cuando la sentencia haya sido de incapacidad se podrá dicta una nueva
sentencia:
a. Que resuelve el cese total.
b. Que declare la capacidad restringida, nuevas restricciones y apoyos en
reemplazo del curador.
c. Que resuelva que no corresponde modificar la situación actual.
Cuando la sentencia haya sido de restricción de la capacidad puede resolver:
a. Resolver el cese total de las restricciones.
b. Ampliar la nómina de los actos que la persona podrá realizar y nuevas
modalidades de ejercicio.
c. Mantener la situación actual sin modificaciones.

Sistemas de apoyo
El sistema de apoyo es un mecanismo asistencial de protección para asegurar a las
personas con capacidad restringida que ejerzan los derechos de los que son titulares. El juez

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designe a una persona o grupo de personas con la finalidad de constituir una red de apoyo,
con distintas funciones tendientes a la protección de la persona, la recuperación de su salud
y el respeto de su autonomía.
El artículo 43 define al apoyo como “cualquier medida de carácter judicial o
extrajudicial que facilite a la persona que lo necesita la toma de decisiones para dirigir su
persona, administrar sus bienes, y celebrar actos jurídicos en general. Las medidas de apoyo
tienen como función la de promover la autonomía y facilitar la comunicación, la
comprensión y la manifestación de voluntad de la persona para el ejercicio de sus derechos.
El interesado puede proponer al juez la designación de una o de más personas de su
confianza para que le presten apoyo. El juez debe evaluar los alcances de la designación y
procurar la protección de la persona respecto de eventuales conflictos de intereses o
influencia indebida. La resolución debe establecer la condición y calidad de las medidas de
apoyo y de ser necesario, se inscripta en el Registro del Estado Civil y Capacidad de las
Personas.”

Los apoyos deben asistir a la persona en la toma de decisiones, no deben sustituir su


voluntad supliendo sus decisiones por aquellas que el apoyo pudiere considerar más
beneficioso. Por el contrario, deben tratar de conocer cuál es esa voluntad y asistirla para
que la exprese y para que actúe de conformidad a sus decisiones, asumiendo los riesgos que
ello importa. Hablar de un sistema de apoyos implica reconocer la capacidad jurídica, la
autonomía y dotar al enfermo de medios alternativos de comunicación. El sistema de
restricción de la capacidad requiere que el juez elabore trajes a medidas en las sentencias
judiciales de restricción de la capacidad, atendiendo a las circunstancias particulares de las
personas.

Inhabilitados
Un pródigo es un sujeto que disipa sus bienes, gastando excesivamente. El artículo
48 del Código dispone que pueden ser inhabilitados quienes por la prodigalidad en la
gestión de sus bienes expongan a su cónyuge, conviviente o a sus hijos menores de edad o
con discapacidad a la pérdida de los bienes que integran el patrimonio. Por lo tanto, la
restricción se decreta a favor de un sujeto distinto de aquel a quien se restringe y para

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resolverla no es preciso que se haya dilapidado una parte importante del patrimonio; basta el
peligro y su prueba.
Los inhabilitados son personas capaces de derecho y de ejercicio. Su capacidad de
ejercicio se encuentra restringida por la sentencia que indica para cuáles actos deben contar
con asistencia “apoyos”; por lo general la restricción se refiere a actos de disposición de
bienes –en este punto es importante diferencias cuáles son actos de disposición, en
contraposición con actos de administración. Si bien es una cuestión que debe ser analizada
en cada caso, como principio general, constituyen actos de disposición aquellos que
implican una modificación sustancial en el patrimonio de un sujeto, por ejemplo, la venta de
una propiedad o la donación de un bien).
El artículo 50 exige, para el cese de la inhabilitación, la tramitación de un proceso
ante el juez que la declaró; previo a resolver, se solicita nuevo dictamen de equipo
interdisciplinario, que se deberá pronunciar sobre el restablecimiento de la persona. Si el
restablecimiento no es total, el juez puede ampliar el número de actos que el inhabilitado
puede celebrar y ejecutar por sí sólo o con apoyo.

Representación y asistencia de los incapaces.


La representación tiene por finalidad permitir el ejercicio de los derechos de que son
titulares las personas incapaces. Un representante es una persona designada, por la ley o por
un juez, para sustituir al incapaz en el ejercicio de sus derechos y realizar los actos para los
que la persona es incapaz o con capacidad restringida.
El artículo 100 del Código Civil y Comercial sienta como principio general que los
incapaces ejercen sus derechos a través de sus representantes. Igualmente el artículo 26
respecto de los menores de edad. En el artículo 101 se dispone que son representantes:
1. de las personas por nacer, sus padres;
2. de las personas menores de edad no emancipadas, sus padres. Si faltan los padres,
o ambos son incapaces, o están privados de la responsabilidad parental, o suspendidos en su
ejercicio, el tutor que se les designe;
3. de las personas con capacidad restringida, el o los apoyos designados. En este
punto cabe aclarar que la facultad de representación del apoyo depende del alcance de las
facultades otorgadas en la sentencia de restricción. Es posible que el Juez decida que el
apoyo sólo asista a la persona en algunas decisiones, pero no sustituya su voluntad. En ese

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caso, el apoyo sólo podrá representar a la persona –esto es emitir en su nombre una
expresión de voluntad– cuando haya sido autorizado judicialmente. En otros supuestos, es
posible que sólo lo asista para la toma de decisiones, pero que sea la persona con capacidad
restringida quien exprese su voluntad (el alcance de las facultades del apoyo surgirá de la
sentencia de restricción de capacidad).

4. de las personas incapaces el curador que se les nombre.

Tutela: La tutela se encuentra dentro del marco protectorio de los menores de edad.
Es una institución subsidiaria dirigida a brindar protección a la persona y bienes de un niño,
niña o adolescente que no ha alcanzado la plenitud de su capacidad civil, cuando no haya
persona que ejerza la responsabilidad parental o un adulto responsable que asuma su
crianza.
La protección de la persona y bienes del niño, niña y adolescente puede quedar a
cargo del guardador por decisión del juez que otorgó la guarda, si ello es más beneficioso
para su interés superior; en igual sentido, si los titulares de la responsabilidad parental
delegaron su ejercicio a un pariente. En este caso, el juez que homologó la delegación puede
otorgar las funciones de protección de la persona y bienes de los niños, niñas y adolescentes
a quienes los titulares delegaron su ejercicio. En ambos supuestos, el guardador es el
representante legal del niño, niña o adolescente en todas aquellas cuestiones de carácter
patrimonial.
Incorporada la noción del guardador ala responsabilidad parental, la protección de la
persona y bienes del niño (implicando no sólo las funciones protectorias de cuidado, guía,
atención en términos integrales, sino también las de representación legal) puede ser
conferida por el juez que otorgó la guarda a dicho guardador, si así conviene al interés
superior del niño.
Se destaca el carácter subsidiario de la tutela, cobrando virtualidad ante el
fallecimiento de los progenitores o cuando éstos hayan sido privados o suspendidos de la
responsabilidad parental.
Curatela: La curatela es un sistema de protección establecida a favor de las personas
declaradas incapaces –supuesto distinto de las personas a las que se ha restringido la
capacidad de hecho, en algún aspecto–. Los actos jurídicos realizados sin la intervención del

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curador, cuando esta sea necesaria, serán nulos. La principal función del curador es la de
cuidar a la persona y los bienes de la persona incapaz y tratar de que recupere su salud. Las
rentas de los bienes de la persona protegida deben ser destinadas preferentemente a ese fin.
La curatela se rige por las reglas de la tutela.

III.- TITULO II: De la Persona Jurídica

Antes llamadas personas de existencia ideal, el art. 141 expresamente nos dice. “Son
personas jurídicas todos los entes a los cuales el ordenamiento jurídico les confiere aptitud
para adquirir derechos y contraer obligaciones para el cumplimiento de su objeto y fines de
su creación”.

La personalidad jurídica no se agota en las personas humanas, sino que además de los
hombres a los cuales se le reconoce la personalidad por su propia naturaleza humana,
también el ordenamiento jurídico reconoce personalidad a determinadas esperas de la
realidad social, económica y política para que puedan ser y actuar de modo autónomo, ser
sujetos de derecho.

Los hombres tienden a unir sus esfuerzos individuales para alcanzar fines que en
forma individual no podrían lograr. Esto pueden ser de la más diversa índole, económicos,
sociales, políticos, culturales. El Estado lo que hace es reconocer personalidad jurídica a
estas realidades sociales. Incluso en la actualidad se reconoce este atributo a las sociedades
unipersonales, en virtud de que la actividad que desarrollar puede ser diferenciada de la de
su titular.

Es por ello que el Código regula el principio de diferenciación o de personalidad


diferenciada, que significa que la personalidad de la persona jurídica, integrada por otros
sujetos (que a su vez pueden ser personas físicas o jurídicas) es diferente a la de sus
miembros y estos, en principio, no responden por las obligaciones de la persona jurídica.

Comienzo de su existencia: La existencia de la persona jurídica privada comienza


desde su constitución. Para existir como tal, no necesita autorización legal para funcionar,
excepto disposición legal en contrario. En los casos en que se requiere autorización estatal,
la persona jurídica no puede funcionar antes de obtenerla (Ver art. 142).

Así se prevén 3 sistemas:


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1) Sistema de autorización estatal: es el que se reserva para los casos de
asociaciones civiles y fundaciones.
2) Sistema de registro: es el que se reserva para las sociedades (a partir de la
reforma, ya no se diferencia entre sociedades civiles y comerciales). Solo existen las
sociedades reguladas por la ley general de sociedades y por otras normas (Ley de
apoyo al capital emprendedor, Ley de cooperativas) que deben inscribirse en el
registro pertinente. Incluso el derecho reconoce personalidad a aquellas sociedades
que no han sido inscriptas en el registro o que no han completado su procedimiento
de constitución.
3) Sistema de libre constitución: se reserva para las simples asociaciones.

Clasificación: El art. 145 establece que hay dos clases de personas jurídicas: públicas
y privadas.

Públicas: son aquellas cuya constitución y actuación están reguladas por el derecho público.
Aunque algunos actos o parte de su actividad puedan estar regulada por el derecho privado.
Por su parte, las personas jurídicas privadas son aquellas cuya constitución y actuación están
reguladas por el derecho privado, incluso cuando necesiten de autorización del Estado para
funcionar.

Son personas jurídicas Públicas:

i) Estado nacional, provincial, municipal, entidades autárquicas, Ciudad Autónoma de


Buenos Aires y demás organizaciones que el ordenamiento les haya otorgado ese carácter
(hace referencia a los partidos políticos, asociaciones sindicales, a los colegios
profesionales).

ii) Estado extranjeros nacional y provincial, organizaciones de derecho internacional público


a las que el estado le reconozca personalidad jurídica (ONU, OEA, Cruz Roja) y toda otra
persona jurídica constituida en el extranjero cuyo carácter público resulte de su derecho
aplicable.

iii) Iglesia Católica.

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Según el art. 147 “Las personas jurídicas públicas se rigen en cuanto a su
reconocimiento, comienzo, capacidad, funcionamiento, organización y fin de su existencia,
por las leyes y ordenamientos de su constitución”.

Son personas jurídicas privadas: las sociedades, las asociaciones civiles, simples
asociaciones; las fundaciones, las otras iglesias, confesiones, comunidades religiosas, las
mutuales, las cooperativas, los consorcios de propiedad horizontal, toda otra contemplada en
las disposiciones del código o leyes especiales.

Al analizar la capacidad de las personas jurídicas, el artículo 141 refiere al principio


de especialidad, al expresar que "son personas jurídicas todos los entes a los cuales el
ordenamiento jurídico les confiere aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones
para el cumplimiento de su objeto y los fines de su creación".

i) Las personas jurídicas tienen plena capacidad para actuar en el ámbito civil y pueden
celebrar actos de una amplia gama y obligarse en los máximos términos que permite la ley,
y ello en igualdad de condiciones con las personas humanas (art. 141).

ii) Las personas jurídicas son entidades completamente diferentes de sus miembros, sean
personas humanas o jurídicas. Ello está enfáticamente reafirmado en la nueva legislación
(art. 142).

iii) La capacidad de las personas jurídicas, que es amplia y comprende todo tipo de actos de
índole patrimonial, encuentra limitaciones que no se advierten en la capacidad de derecho
de las personas físicas. Tales limitaciones emergen en particular del principio de
especialidad, que está consagrado en general en el actual artículo 141 del Código y que
establece que la aptitud jurídica de las personas jurídicas lo es a los efectos de la
consecución de su finalidad y de su objeto. Este principio debe ser interpretado de manera
amplia. Cuando se aludo a los actos, se hace referencia a todos aquellos que guarden
relación directa o indirecta con el objeto de creación de la persona jurídica.

iv) Como veremos más adelante en materia de las sociedades, un acto realizado por un
representante que exceda el objeto de la sociedad (i.e. actos en exceso del objeto y fines
establecidos en el instrumento relevante), se rigen por el artículo 58 de la referida ley. En
dicho ámbito, la apariencia y seguridad jurídica impone que los actos que no sean

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notoriamente extraños obliguen a la entidad jurídica, más allá de la responsabilidad de los
administradores. Esta disposición protege a los terceros que contratan con la sociedad.

Actuación de las personas jurídicas privadas

Una cuestión que resulta necesario analizar es quien actúa en representación de las
personas jurídicas privadas.

El artículo 158recoge de la teoría organicista, lo que implica que exista división de


las funciones o competencias dentro de la persona jurídica:

a) Órgano de gobierno: Cumple una función normativa. Nombra los miembros de los otros
órganos, recibe cuentas de ellos y toma las decisiones más importantes relativas a la vida de
la persona jurídica.

b) Administración y representación: Le corresponde el cumplimiento y la gestión diaria del


objeto de la persona jurídica.

El representante es quien manifestar a terceros la voluntad de la persona jurídica generada


en la faz interna de gestión y gobierno.

c) Control: Le corresponde la función de control de la gestión.

El referido artículo 158 establece la obligatoriedad de que el estatuto regule en todo


caso el gobierno, la administración y representación, así como también la fiscalización
cuando la ley lo exija

Normalmente, las personas jurídicas privadas para poder actuar, son representadas
por una persona física que integra su órgano de administración (el presidente del directorio
en una S.A, el administrador del consorcio, el gerente de una SRL, etc.). Será necesario
indagar en cada caso, según lo que disponga el estatuto de la persona jurídica privada, quien
tiene la facultad de representarla para realizar los actos vinculados a su objeto social y
puntualmente para contraer obligaciones en su nombre.

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