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Fallo

El documento detalla un caso judicial en el que los demandantes, Sergio Oscar Villegas y otros, reclaman daños y perjuicios tras un accidente de tránsito causado por Vicente César López. La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil está revisando la sentencia que otorgó reparación a los demandantes, quienes apelan por la cuantía de la indemnización y la aseguradora cuestiona aspectos de la sentencia. Se discuten temas como la incapacidad sobreviniente y la metodología para calcular la indemnización correspondiente.
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Fallo

El documento detalla un caso judicial en el que los demandantes, Sergio Oscar Villegas y otros, reclaman daños y perjuicios tras un accidente de tránsito causado por Vicente César López. La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil está revisando la sentencia que otorgó reparación a los demandantes, quienes apelan por la cuantía de la indemnización y la aseguradora cuestiona aspectos de la sentencia. Se discuten temas como la incapacidad sobreviniente y la metodología para calcular la indemnización correspondiente.
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Poder Judicial de la Nación

VILLEGAS, SERGIO OSCAR Y OTROS C/ LÓPEZ, VICENTE


CÉSAR Y OTROS S/ DAÑOS Y PERJUICIOS ([Link]. C/LES. O
MUERTE)

Expte. nro. 50.534/2018

En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República Argentina,


a los días de febrero de Dos mil veinticinco, reunidos en Acuerdo los
Señores Jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, para
conocer en los recursos de apelación interpuestos en los autos “VILLEGAS,
SERGIO OSCAR Y OTROS C/ LÓPEZ, VICENTE CÉSAR Y OTROS
S/ DAÑOS Y PERJUICIOS ([Link]. C/LES. O MUERTE)”, expte.
nro. 50.534/2018, respecto de la sentencia de fs. 576/595 del registro Lex 100,
el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:
USO OFICIAL

¿ES JUSTA LA SENTENCIA APELADA?


Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en el
siguiente orden: Señores Jueces de Cámara Doctores GASTÓN M. POLO
OLIVERA - CARLOS ALBERTO CARRANZA CASARES.
A la cuestión planteada, el señor Juez de Cámara Doctor Polo
Olivera dijo:
I.a. En fs. 7/16 se presentaron Sergio Oscar Villegas, Sergio
Nahuel Villegas y Eliana Ailén Vanney y promovieron demanda contra
Vicente César López y Dora Emma Maza por el resarcimiento de los daños y
perjuicios sufridos como consecuencia del hecho que relataron.
Expusieron que el día 7 de julio de 2018, se encontraban
circulando en el vehículo Renault Megane, patente DXR – 019, por la avenida
Eva Perón de la localidad de Berazategui, a la altura de la calle 107. En esas
circunstancias fueron embestidos en su frente por el Peugeot 405, patente SJW
– 354, conducido por el demandado, que circulaba por la misma avenida, pero
en sentido contrario, e invadió el carril de la contramano.
A raíz de ello, sufrieron las lesiones y los daños descritos, cuyo
resarcimiento reclaman.

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Solicitaron la citación en garantía de Liderar Compañía General
de Seguros S.A.
b. La sentencia de fs. 576/595 del registro digital hizo lugar a la
demanda por la reparación que allí estableció y reguló los honorarios de los
profesionales intervinientes.
c. El pronunciamiento fue apelado por los actores y por la citada
en garantía.
Los primeros expresaron sus agravios a fs. 648/649, 650/652 y
653/654, donde cuestionaron la omisión de tratar la partida por gastos, y la
escasa cuantía fijada para afrontar la incapacidad sobreviniente, el daño
extrapatrimonial o moral y el tratamiento psicológico.
La última hizo lo propio en fs. 655, mereciendo la réplica de fs.
667/669, donde cuestionó la cuantía de las partidas por incapacidad
sobreviniente y daño extrapatrimonial o moral, y además se quejó de lo
decidido respecto a la tasa de interés y el límite de cobertura.
II. Juzgada y consentida la responsabilidad corresponde entender
sobre la procedencia y cuantía de las consecuencias mediatas e inmediatas por
las que deben responder los emplazados y lo atinente a la tasa de interés y el
límite de cobertura (CCCN 1726, 1727, 1738 ccs.).
Cabe destacar, vinculado al apartado I de las quejas de la
aseguradora, que las manifestaciones allí efectuadas y relacionadas con la
arbitrariedad del pronunciamiento resultan genéricas y no abordan
concretamente la ausencia u omisión de fundamentación de la sentencia en
análisis que alcance el umbral de agravio audible en los términos del cpr. 265
y 266.
a. Incapacidad sobreviniente
La incapacidad sobreviniente no cubre sólo la faz laboral sino que
por ser integral abarca todos los aspectos de la vida de una persona y por ende
todas sus actividades.
Cabe señalar que la incapacidad para ser indemnizable debe ser
total o parcial y como consecuencia que cubre todas las erogaciones futuras
atendiendo a la índole de la actividad impedida, sea o no productiva, puesto
que la reparación no sólo comprende el aspecto laboral, sino también todas las
consecuencias que afectan la personalidad del damnificado.
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Pues bien. La valoración de la incapacidad sobreviniente queda


sujeta al prudente arbitrio judicial previa consideración de las pautas obrantes
en el proceso y las condiciones personales de la víctima.
Por otro lado, tal mensura debe guardar estricta relación con las
secuelas subsistentes que la provocasen y a los efectos de la determinación de
su cuantía corresponde tener en cuenta la edad de la víctima, su sexo,
situación familiar, actividades habituales, por cuanto todo ello confluirá para
configurar pecuniariamente el perjuicio ([Link]., sala III, “Eguino
Marcos c/ Guguenheim SAICA y otro s/ sumario”, 14.9.82; íd. “Blanco,
Carlos José c/ Aguilar Néstor s/ sumario”, 28.12.87).
De este modo, sin perjuicio de la valoración que cabe de la
existencia y entidad de las lesiones, a la luz de la regla de la sana crítica (conf.
cpr 386), la prueba pericial resulta de particular trascendencia, ya que el
informe de los expertos no es una mera apreciación sobre la materia del litigio
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sino un análisis razonado con bases científicas y conocimientos técnicos,


motivo por el cual, esta prueba resulta de fundamental importancia.
Es que para la determinación de la procedencia de la
indemnización del presente rubro, ha de acreditar el pretensor de manera
concluyente, la existencia del daño, siendo imprescindible la intervención de
un experto en la materia a los efectos de establecer la existencia, magnitud de
la perturbación y su relación causal con el hecho invocado.
El informe pericial médico confeccionado por el experto
designado de oficio corre agregado a fs. 465/471.
Luego de efectuar los exámenes médicos, el perito indicó,
respecto de Sergio Oscar Villegas, que sufrió traumatismo cervical en ocasión
del accidente de tránsito, que actualmente presenta una disminución funcional,
estimó la incapacidad por esta secuela en orden al 10% de la T.O., pero indicó
que tan sólo un 5% tenía relación causal con el evento de autos.
Respecto de Sergio Nahuel Villegas, refirió que sufrió
traumatismo cervical y asimismo, que presentaba una cicatriz en el párpado
superior izquierdo. Valoró ambas secuelas en orden al 5% T.O. la primera y
4,5% T.O. la última.
Finalmente, con relación a la coactora Eliana Ailén Vanney,
indicó que sufrió traumatismo cervical, y que al momento del examen
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presentaba disminución funcional, por lo que estimó la incapacidad por dicha
secuela en orden al 5% T.O.
Si bien el informe fue impugnado a fs. 475/476, el experto
contestó a fs. 480/481, donde fue categórico al ratificar sus conclusiones.
Es dable mencionar que se ha resuelto, con criterio que comparto,
que la valoración de la prueba pericial debe realizarse conforme las pautas
generales del cpr. 386, y con las especificaciones dadas por el cpr. 477 –norma
cuyo contenido concreta las reglas de la “sana crítica” en referencia a la
prueba pericial- (CNCom. D, 11.7.03, “Gómez, Elisa Nilda c/ HSBC La
Buenos Aires Seguros SA y otro s/ ordinario”).
Esta consideración predica que “la sana crítica aconseja (frente a
la imposibilidad de oponer argumentos científicos de mayor peso) aceptar las
conclusiones del perito, no pudiendo el sentenciante apartarse arbitrariamente
de la opinión fundada del perito idóneo; extremo que le estará permitido si se
basa en argumentos objetivos que demuestren que la opinión del experto se
encuentra reñida con principios lógicos y máximas de experiencia, o que
existan en el proceso elementos probatorios de mayor eficacia para provocar
convicción sobre los hechos controvertidos” (CNCom. B, 30.9.04, Gráfica
Valero SA s/ conc. prev. s/ verificación por González, Oscar; íd. en igual
sentido: “Luvelo y Cía. SA c/ Excel SA s/ ord.”).
En base a estas consideraciones, estimo que las conclusiones
arribadas por el perito de oficio a través de su dictamen pericial y respectivas
aclaraciones, deben ser admitidas habida cuenta de su concordancia con las
reglas de la sana crítica (conf. cpr. 386 y 477) y de las que no hallo motivos
para apartarme. Máxime cuando ellas aparecen efectuadas con sujeción al
método científico, sin apreciaciones dogmáticas o sujetas a la mera percepción
subjetiva del dictaminante, y en esta instancia no se hicieron cargo de dichas
respuestas.
Tocante a la pauta para cuantificar la partida, en su parte
pertinente, el CCCN 1746 establece que “en caso de lesiones o incapacidad
permanente, física o psíquica, total o parcial, la indemnización debe ser
valuada mediante la determinación de un capital, de tal modo que sus rentas
cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades
productivas o económicamente valorables, y que se agote al término de un
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plazo en que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades”,


añadiendo luego que “en el supuesto de incapacidad permanente se debe
indemnizar el daño aunque el damnificado continúe ejerciendo una tarea
remunerada. Esta indemnización procede aun cuando otra persona deba
prestar alimentos al damnificado”.
Es categórica la norma en cuanto no concede más alternativa que
acudir a fórmulas y criterios matemáticos, de lo cual puede extraerse que una
decisión que no aplique ningún tipo de mecanismo actuarial será contra legem
(Zavala de González, Matilde – González Zavala, Rodolfo, La
responsabilidad civil en el nuevo Código, Alveroni Ediciones, t. III, p. 335).
Por lo demás, explica Acciarri que estas fórmulas sirven para
determinar el valor presente de una renta futura y constante no perpetua. Es
decir, la suma de dinero presente que equivale a una serie de importes futuros,
periódicos y homogéneos. Entonces, si se asume que los ingresos futuros del
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damnificado serán periódicos y homogéneos, y que alcanzarán un cierto


monto por cada período, el valor de todas esas prestaciones futuras puede
estimarse en una cantidad única presente que represente, invertida a una cierta
tasa de interés, permitirá extraer exactamente al concluir el número de
períodos tomados como base (Acciarri, Hugo A., Elementos de análisis
económico del derecho de daños, ed. La Ley, ps. 266/7).
Aun durante la vigencia del Código Velezano, ya existía
jurisprudencia que aconsejaba el empleo de criterios matemáticos a los fines
de valorar la incapacidad sobreviniente. Ello así, partiendo de los ingresos
acreditados por la víctima (o de la valuación de las tareas no remuneradas que
ella llevaba a cabo y se vio total o parcialmente imposibilitada de continuar
desarrollando en el futuro), y computando asimismo sus posibilidades de
incrementos futuros, lleguen a una suma tal que, invertida en alguna actividad
productiva, permita a la víctima obtener mensualmente (entre ese margen de
beneficios y el retiro de una porción del capital) una cantidad equivalente a
aquellos ingresos frustrados por el hecho ilícito, de modo tal que ese capital se
agote al término del período de vida económicamente activa del damnificado
(CNCiv, Sala A, 28/08/2012, del voto de Picasso, in re: “P. C., L. E. c. Alcla
SACIFI y A. y otro s/ daños y perjuicios”).

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En otro orden de ideas, de la normativa de incumbencia emerge
que el capital a determinar debe generar rentas suficientes para cubrir dos
facetas: la disminución para desempeñar actividades productivas, y la
disminución para desplegar actividades económicamente valorables. En
efecto, deben considerarse todas las tareas útiles que quedan afectadas, aun
parcialmente, por la lesión o incapacidad (Zavala de González – González
Zavala, ob. cit. p. 336).
Varias denominaciones han empleado los fallos y la doctrina,
incluso dependiendo de las distintas jurisdicciones, a la hora de aludir a la
fórmula matemática (“Vuoto”, “Marshall”, “Las Heras-Requena”, “Vuotto II
o Méndez”, “matemática” y/o “polinómica”). No obstante, Acciarri se encarga
de evidenciar la equivalencia práctica de todas las distintas expresiones
matemáticas aludidas (Acciarri, ob. cit., p. 266 y ss.). En realidad, en casi
todos los casos se trata de la misma fórmula (Acciarri, Hugo – Irigoyen Testa,
Matías, “La utilidad, significado y componentes de las fórmulas para
cuantificar indemnizaciones por incapacidad y muertes”, La Ley 9/2/2011, p.
2).
Por ende, cuadra efectuar una operación en la que se determinará
el capital de acuerdo a la ganancia afectada para cada período, una tasa de
interés a devengarse durante el período de extracción considerado y el número
de períodos restantes hasta el límite de la edad productiva o la expectativa de
vida presunta de la víctima.
Sentado lo expuesto, a los fines de cuantificar la partida,
ponderaré los siguientes elementos: a) que, al momento del hecho, Sergio
Oscar Villegas tenía 52 años, restándole 28 años de vida productiva, Sergio
Nahuel Villegas tenía 24, restándole, 56 años de vida productiva y Eliana
Ailén Vanney tenía 23 años, restándole 57 años de vida productiva (si se tiene
en cuenta una edad máxima de 80 años – conf. Organización Mundial de la
Salud); b) un ingreso mensual tomando como parámetros objetivos el Salario
Mínimo Vital y Móvil; a lo que se le añadirá un prudencial incremento, pues
la presente reparación no se circunscribe únicamente al aspecto productivo de
la víctima sino que, como fuera señalado supra, por ser integral abarca todos
los aspectos de la vida de relación de una persona y por ende todas sus
actividades; c) una tasa de descuento equivalente a la ganancia pura que
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podría obtenerse de una inversión a largo plazo; d) y los porcentuales de las


incapacidades estimados por el perito de acuerdo al método de la capacidad
restante en caso de corresponder; el resultado de tal operación será
considerado como una pauta referencial a efectos de determinar la
cuantificación del daño, estricto resorte jurisdiccional.
En orden a ello, teniendo en cuenta los parámetros delineados
supra, considero que las sumas de $2.000.000, $3.200.000 y $5.800.000
fijadas para afrontar el resarcimiento de la incapacidad sobreviniente de
Sergio Oscar Villegas, Eliana Ailén Vanney y Sergio Nahuel Villegas,
respectivamente, resultan reducidas; por lo que propicio su elevación a las
sumas de $4.950.000, $4.950.000 y $9.200.000, respectivamente. Así lo
propongo al Acuerdo (cpr. 165).
b. Tratamiento psicológico
Si como consecuencia de las lesiones psíquicas, se encuentra
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acreditada la necesidad de que las víctimas deban someterse a un tratamiento


psicoterapéutico a efectos que su afección no tienda a agravarse
progresivamente, el costo de tales sesiones aparece como un daño
indemnizable.
En efecto, el tratamiento psicológico representa un perjuicio
patrimonial (emergente) producto del daño sufrido cuya reparación habrá de
ser contemplada en base a lo dispuesto por el CCCN 1738 y 1740.
Asimismo, se ha sostenido que el tratamiento o terapia
psicológica, para comprender también un concepto susceptible de reparación,
debe tender a estabilizar la psiquis del pretensor o evitar su deterioro, derivado
de aquel daño psicológico ya reconocido (conf. Zavala de González, Matilde,
Tratado de daños a las personas, Disminuciones psicofísicas, t° 1, pág. 186 y
ss., Ed. Astrea).
En el informe pericial, la experta indicó en la audiencia de vista
de causa que, pese a que no verificaba incapacidad psíquica en ninguno de los
tres demandantes, indicaba tratamiento psicoterapéutico para Sergio Oscar
Villegas, por un lapso aproximado de 6 meses, a razón de una sesión semanal,
a fin de evitar que los factores de vulnerabilidad psicológica padecidos den
lugar a daño psicológico, por lo que el tratamiento tendría vinculación con el
accidente.
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En consecuencia, y de conformidad a los parámetros que utiliza la
Sala para casos análogos respecto a la cuantificación del ítem; propongo al
Acuerdo la elevación de la partida por tratamiento psicológico a la suma de $
432.000 (Pesos cuatrocientos treinta y dos mil) (cpr 165).
c. Gastos de atención médica, farmacia y traslados.
Los demandantes se agravian por cuanto el a quo omitió tratar la
reparación de este perjuicio. Ahora bien, entiendo que el mismo se encuentra
incluido dentro del acápite “Gastos derivados del accidente. Tratamientos
futuros”, por lo que me abocaré a su tratamiento.
El CCCN: 1746, en su parte pertinente, reza que “se presumen los
gastos médicos, farmacéuticos y por transporte que resultan razonables en
función de la índole de las lesiones o incapacidad”.
Por ende, los gastos de farmacia deben ser admitidos si de las
lesiones sufridas por la víctima ellos son presumibles, aunque no se hayan
traído al juicio las constancias documentales correspondientes.
Así, dado las lesiones sufridas por los requirentes conforme se
desprende del dictamen pericial obrante en autos, y demás constancias
médicas, estimo indudable que las víctimas debieron efectuar algunas
erogaciones para su asistencia médica y farmacológica y así también para su
traslado, por cuyo motivo debe indemnizarse, aun cuando no fueren gastos
documentados (CNCiv, sala C, ED 3-93; íd. Sala F, ED 26-320).
Es que aun cuando se haya recibido atención médica en un
hospital o el que pudiera brindar una obra social, medicina prepaga y/o ART,
si la tuviere, igualmente es admisible fijar una suma de dinero por este
concepto, dado que aun los centros asistenciales nombrados no son totalmente
gratuitos o no contemplan cubiertas todas las prestaciones o insumos.
También debe contemplarse que la convalecencia limita
asimismo el traslado, generando a su vez la necesidad de tratamiento en
centros asistenciales, lo cual importa así gastos de transporte en medios
alternativos al efecto.
Por ello, teniendo en cuenta lo que surge de la prueba rendida en
autos, como así también las particularidades del caso, fijaré esta partida en la
suma de $50.000 (Pesos cincuenta mil) para cada uno de los actores (cpr 165).
d. Daño extrapatrimonial o moral
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El daño moral se ha definido certeramente como cualquier lesión


en los sentimientos o afecciones legítimas de una persona, o cuando se le
ocasionan perjuicios que se traducen en padecimientos físicos o, en fin,
cuando de una manera u otra se han perturbado la tranquilidad y el ritmo
normal de la vida del damnificado.
Su reparación está determinada por imperio del cciv 1078 y
CCCN 1737, 1738 y 1741.
Lo que define el daño moral -se señala en la doctrina- no es, en sí,
el dolor o los padecimientos. Ellos serán resarcibles a condición de que se
provoquen por la lesión a una facultad de actuar que impide o frustra la
satisfacción o goce de intereses no patrimoniales reconocidos a la víctima del
evento dañoso por el ordenamiento jurídico (conf. Zannoni, Eduardo, El daño
en la Responsabilidad Civil, pág. 290).
Reconocida doctrina explica que el daño moral importa, pues, una
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minoración en la subjetividad de la persona, derivada de la lesión a un interés


no patrimonial. O, con mayor precisión, una modificación disvaliosa del
espíritu, en el desenvolvimiento de su capacidad de entender, querer o sentir,
consecuencia de una lesión a un interés no patrimonial, que habrá de
traducirse en un modo de estar diferente de aquel al que se hallaba antes del
hecho, como consecuencia de este y anímicamente perjudicial (Pizarro, “Daño
Moral. Prevención. Reparación. Punición”, Colección Responsabilidad Civil,
17, Hammurabi, 2004, p. 33.).
Respecto de la prueba del daño moral, se ha señalado que:
“cuando el daño moral es notorio no es necesaria su prueba y quien lo niegue
tendrá sobre sí el onus probandi. Fuera de esta situación, esta clase de daño,
como cualquier otra, debe ser objeto de prueba por parte de quien lo invoca
(Cazeaux-Trigo Represas, “Derecho de las Obligaciones”, tomo 1, página
387/88).
En cuanto a las pautas para la valoración del perjuicio, se ha
sostenido que: “En cuanto a la naturaleza espiritual y personal de los bienes
afectados por el daño moral implica que su traducción económica deviene
sumamente dificultosa, no resultando pauta ajena al mismo la gravedad
objetiva del daño y la recepción subjetiva de éste ([Link]., sala I,
“Abraham Sergio c/ D´Almeira Juan s/ daños y perjuicios” del 30.10.87). En
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este mismo orden de ideas, se ha señalado en la doctrina que: “El principio de
individualización del daño requiere que la valoración del daño moral compute
atentamente todas las circunstancias del caso, tanto las de naturaleza objetiva
(la índole del hecho lesivo y de sus repercusiones), como las personales o
subjetivas de la propia víctima (Matilde Zavala de González, “Resarcimiento
de daños”, 2 a -Daños a las personas”-, Ed. Hammurabi, pág. 548, pár. 145).
Conviene recordar la reflexión de Alfredo Orgaz: “No se trata, en
efecto, de poner “precio” al dolor o a los sentimientos, pues nada de esto
puede tener equivalencia en dinero, sino de suministrar una compensación a
quien ha sido herido en sus afecciones” (“El daño resarcible”, Bs. As., 1952,
pág. 226). El dinero no sustituye al dolor pero es el medio que tiene el derecho
para dar respuesta a una circunstancia antijurídica ya acontecida. La traslación
a la esfera económica del efecto del daño moral, significa una operación muy
dificultosa, sea cual fuere la naturaleza (sanción ejemplar, indemnizatoria o
ambas a la vez) que se atribuya a la respuesta que da el derecho ante el daño
moral.
Finalmente, zanjando la discusión, el CCCN: 1741 in fine,
establece que el monto debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas
y compensatorias que pueden procurar las sumas reconocidas.
Así, en orden a lo arriba reseñado, ponderando las angustias y
sufrimientos que debieron soportar Sergio Oscar Villegas, Eliana Ailén
Vanney y Sergio Nahuel Vanney, teniendo en cuenta lo que surge de las
circunstancias y consecuencias del siniestro, estimo que las sumas concedidas
por este concepto resultan reducidas, por lo que propongo al Acuerdo su
elevación a la de $2.475.000, $2.475.000 y $4.600.000, respectivamente (Cpr.
165).
III. Intereses
El juez de la instancia anterior estableció que los accesorios
debían computarse de acuerdo a la tasa activa cartera general de préstamos a
treinta días del Banco de la Nación Argentina, conforme estableció el plenario
“Samudio” de esta Cámara.
Este tribunal ha sostenido que en casos como el presente –en
donde los valores de la indemnización son fijados a valores actuales- la tasa
que debe liquidarse es la del 8% anual desde la fecha del accidente hasta el
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dictado de la sentencia de grado y de allí en adelante, hasta el efectivo pago, la


tasa activa establecida en la doctrina plenaria emanada de los autos “Samudio
de Martínez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta SA s/ daños y
perjuicios” –del día 20 de abril de 2009- a fin de mantener incólume el
contenido de la indemnización (conf. CNCiv., esta sala CIV/96792/2009/CA1,
del 22/12/14).
Este temperamento tiene fundamento también en lo sostenido
recientemente por la Corte Suprema de Justicia de la Nación donde señaló que
fijada la indemnización a “valores actuales” –o reales en los términos del
CCCN:772- carece de sustento la aplicación de una tasa de interés que
contemple, entre otras variables, una compensación por desvalorización de la
moneda, tal como lo es la activa que aplica el Banco de la Nación Argentina
(CSJN en “Barrientos, Gabriela Alexandra y otros c/ Ocorso, Damián y otros
s/ daños y perjuicios” n° 28.577/2008/1/RH1, del 15/10/2024).
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Con respecto a los gastos por tratamiento psicológico, cabe


aclarar que correspondería se les aplique la referida tasa activa de interés
desde el pronunciamiento de grado. No obstante, ante la falta de agravio
concreto, correrá desde el hecho.
Por lo tanto, corresponde modificar en este aspecto el
pronunciamiento apelado en este sentido.
IV. Límite de cobertura
El juez de grado condenó a la aseguradora en los términos del art.
118 de la ley 17.418, hasta el límite de cobertura aprobado por la
Superintendencia de Seguros de la Nación que se encuentre vigente al
momento del efectivo pago, lo que motivó la queja de la emplazada que señala
que se tome como límite el capital original de la póliza.
Al momento de contestar la citación en garantía, Liderar
Compañía General de Seguros S.A. acompañó la póliza y reconoció la
vigencia del contrato de seguro y opuso un límite de cobertura de $ 400.000
(fs. 55/68).
En función de ello, debe recordarse que el Máximo Tribunal
destacó que “la función social que debe cumplir el seguro no implica, empero,
que deban repararse todos los daños producidos al tercero víctima sin
consideración a las pautas del contrato que se invoca” (consid. 6º). Es que “sin
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#32343906#444216624#20250217113107742
perjuicio de señalar que el acceso a una reparación integral de los daños
padecidos por las víctimas constituye un principio constitucional que debe ser
tutelado y que esta Corte ha reforzado toda interpretación conducente a su
plena satisfacción, ello no implica desconocer que el contrato de seguro rige la
relación jurídica entre los otorgantes (artículos 957, 959 y 1021 del Cód. Civil
y Comercial de la Nación) pues los damnificados revisten la condición de
terceros frente a aquellos que no participaron de su realización, por lo que si
pretenden invocarlo, deben circunscribirse a sus términos (artículo 1022 del
Cód. Civil y Comercial de la Nación) (consid. 9º)”.
Como derivación de lo apuntado, se afirmó que “la relación legal
que vincula a la víctima con la aseguradora es independiente de aquella que se
entabla entre ésta y el asegurado, enlazadas únicamente por el sistema
instituido por la ley 17.418 (artículo 118 citado). Ambas obligaciones poseen
distintos sujetos -no son los mismos acreedores y los deudores en una y otra
obligación- tienen distinta causa -en una la ley, en la otra el contrato- y,
demás, distinto objeto -en una la de reparar el daño, en la otra garantizar la
indemnidad del asegurado-, en la medida del seguro” (consid. 12º), motivo por
el cual el Tribunal remató categóricamente que “la pretensión de que la
aseguradora se haga cargo del pago de la indemnización “más allá de las
limitaciones cuantitativas establecidas en el contrato” carece de fuente jurídica
que la justifique y, por tanto, no puede ser el objeto de una obligación civil”
(CS, 6.6.2017, “Flores, Lorena Romina c/ Giménez, Marcelino Osvaldo y otro
s/ daños y perjuicios (acc. trán. c/ les. o muerte).
Más allá del cuestionamiento en examen, cabe concluir que el
límite de cobertura resulta conceptualmente operativo, de modo que, siendo
ese contrato el que sirve de sustento de la extensión de la condena en los
términos de la LS: 118; la mera discrepancia con algunos de sus términos no
implica desconocer su estructura convencional y económica (vgr. interés
asegurable, riesgo y límites de cobertura). Considero pues que, en la especie,
el contrato de seguro se encuentra suficientemente probado en cuanto a su
existencia y alcances (de ello se deriva su operatividad en autos), y que sus
cláusulas convencionales resultan consecuentemente oponibles al tercero
demandante (arg. LS: 61, 109 y 118), para el cumplimiento de su objeto, esto
es: mantener la indemnidad del patrimonio del responsable del daño, mediante
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el cumplimiento de la obligación del asegurador de relevar al asegurado –


dentro de los límites del contrato- de los efectos de su obrar antijurídico (conf.
López Saavedra, Ley de Seguros 17.418 Comentada, t. II, pág. 614, con cita
de Morandi).
Considero pues que, en la especie, el contrato de seguro se
encuentra suficientemente probado en cuanto a su existencia y alcances (de
ello se deriva su operatividad en autos), y que sus cláusulas convencionales
resultan consecuentemente oponibles al tercero demandante (arg. LS: 61, 109
y 118), para el cumplimiento de su objeto, esto es: mantener la indemnidad del
patrimonio del responsable del daño, mediante el cumplimiento de la
obligación del asegurador de relevar al asegurado –dentro de los límites del
contrato- de los efectos de su obrar antijurídico (conf. López Saavedra, Ley de
Seguros 17.418 Comentada, t. II, pág. 614, con cita de Morandi).
Sin embargo, el conflicto que aquí emerge trasciende el análisis
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de su operatividad conceptual: se trata simplemente de una operación de


matemática financiera.
La necesidad de tal operación surge de la evidencia de disparidad
entre la valoración de dos cuantificaciones que emergen disociadas, pues el
límite del seguro se encuentra determinado a valor histórico (es decir al año
2018) y los montos resarcitorios -cuya limitación debe aplicar- se encuentran
establecidos a la fecha de la sentencia, es decir que han sido ya actualizados al
momento de su determinación, en revisión ahora en este Tribunal.
Emerge pues la necesidad de efectuar una conciliación evidente:
no es posible aplicar una cuantificación histórica a un monto actualizado, pues
esa limitación aparece manifiestamente anacrónica respecto de la “superficie
resarcitoria” calculada a valores actuales.
Repárese también que el límite del seguro de responsabilidad
civil obligatorio que alcanzaba la mentada póliza oportunamente suscripta no
exime a la aseguradora del pago de los intereses moratorios de ese capital.
Tales accesorios, en tanto traducen el precio del dinero en el
tiempo, tienen ínsitos un componente de actualización que contempla el efecto
inflacionario, además de la tasa pura, en tanto integra -total o parcialmente- la
depreciación del dinero en el tiempo.

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En efecto, el límite de cobertura debe ser comprendido al capital
asegurado. La cobertura asegurativa se extiende a los intereses debidos por
mora en el pago del siniestro sin hallarse alcanzados por esa limitación, pues
de ser omitidos, se habilitaría una alternativa que otorga al asegurador la
facultad de retardar o resistir el cumplimiento de su prestación en su exclusivo
beneficio financiero, en perjuicio del interés asegurable en franca
contradicción con el principio cardinal de buena fe (arg. CCCN:9 y 344; cciv
953).
Ese capital histórico no se halla pues ajeno a una actualización,
derivada de la aplicación de intereses cuya cancelación se encuentra abarcada
por las obligaciones derivadas del seguro.
Establecidas las las sumas de resarcimiento a valores actuales, el límite
de cobertura no puede mantenerse incólume y eludir una actualización que,
aun en su valor histórico, habría sufrido de todos modos por la incidencia
propia de la aplicación de intereses moratorios.
De tal modo, es preciso conciliar ambas cuentas a fin de
compatibilizarlas para su aplicación, estableciendo una pauta objetiva de
actualización.
Debe recordarse que si bien se mantiene vedada la posibilidad de
actualización de sumas de dinero mediante el uso de índices (vgr. Indexación;
ley 23.928:10), nuestro más alto Tribunal ha considerado admisible que tal
repotenciación pueda ser efectuada mediante la utilización de pautas objetivas
(CS, Acordada 28/2014).
Desde este punto de vista, estimo que resulta admisible, en tanto
resulta un parámetro objetivo, aplicar el límite del seguro establecido por la
autoridad de contralor la que deberá ajustarse a las normas vigentes al
momento del efectivo pago por parte de la citada en garantía.
Desde esta perspectiva, propicio al Acuerdo confirmar la
sentencia de grado en cuanto hizo extensiva la condena a la aseguradora y de
acuerdo a los parámetros señalados supra.
VI. En virtud de las consideraciones precedentemente expuestas,
propongo al Acuerdo: I. Modificar parcialmente la sentencia de grado para
elevar la partida por incapacidad sobreviniente a la suma de $4.950.000 (Pesos
cuatro millones novecientos cincuenta mil), $9.200.000 (Pesos nueve millones
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doscientos mil) y $4.950.000 (Pesos cuatro millones novecientos cincuenta


mil) para Sergio Oscar Villegas, Sergio Nahuel Villegas y Eliana Ailén
Vanney, respectivamente, por tratamiento psicológico a favor de Sergio Oscar
Villegas a $432.000 (Pesos cuatrocientos treinta y dos mil), por daño moral a
$2.475.000 (Pesos dos millones cuatrocientos setenta y cinco mil), $4.600.000
(Pesos cuatro millones seiscientos mil) y $2.475.000 (Pesos dos millones
cuatrocientos setenta y cinco mil) para Sergio Oscar Villegas, Sergio Nahuel
Villegas y Eliana Ailén Vanney, respectivamente, fijar la partida por gastos en
$50.000 (Pesos cincuenta mil), para cada uno de los demandantes; y los
intereses conforme lo establecido en el apartado III del presente. II.
Confirmarlo en lo demás que decide y fue materia de quejas, las costas de
alzada deberán imponerse a cargo de la citada en garantía en razón del
principio objetivo de derrota (conf. cpr. 68).
USO OFICIAL

El Señor Juez de Cámara Doctor Carlos A. Carranza Casares votó


en el mismo sentido por razones análogas a las expresadas en su voto por el
Dr. Polo Olivera. Con lo que terminó el acto.

Buenos Aires, de febrero de 2025.


Y VISTOS: Por lo que resulta de la votación que instruye el
Acuerdo que antecede, SE RESUELVE: I. Modificar parcialmente la
sentencia de grado para elevar la partida por incapacidad sobreviniente a la
suma de $4.950.000 (Pesos cuatro millones novecientos cincuenta mil),
$9.200.000 (Pesos nueve millones doscientos mil) y $4.950.000 (Pesos cuatro
millones novecientos cincuenta mil) para Sergio Oscar Villegas, Sergio
Nahuel Villegas y Eliana Ailén Vanney, respectivamente, por tratamiento
psicológico a favor de Sergio Oscar Villegas a $432.000 (Pesos cuatrocientos
treinta y dos mil), por daño moral a $2.475.000 (Pesos dos millones
cuatrocientos setenta y cinco mil), $4.600.000 (Pesos cuatro millones
seiscientos mil) y $2.475.000 (Pesos dos millones cuatrocientos setenta y
cinco mil) para Sergio Oscar Villegas, Sergio Nahuel Villegas y Eliana Ailén
Vanney, respectivamente, fijar la partida por gastos en $50.000 (Pesos
cincuenta mil), para cada uno de los demandantes; y los intereses conforme lo
Fecha de firma: 17/02/2025
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establecido en el apartado III del presente. II. Confirmarlo en lo demás que
decide y fue materia de quejas, las costas de alzada se imponen a la citada en
garantía en razón del principio objetivo de derrota (conf. cpr. 68). III. En
atención, a la calidad, extensión y mérito de la labor profesional desarrollada y
conforme lo establece el art. 279 del Código Procesal, corresponde adecuar los
honorarios regulados en la sentencia de primera instancia al nuevo monto del
proceso y a lo establecido por los arts. 15, 16, 19, 20, 21, 22, 24, 29, 51, 52, 54
y 56 y conc. ley 27.423. En consecuencia, se regulan los honorarios de la
letrada patrocinante y apoderada de la parte actora, Dra. Viviana Judit
Rochtein, por su labor en las tres etapas del proceso en 189,54 UMA,
equivalente a $12.592.280 (Pesos doce millones quinientos noventa y dos mil
doscientos ochenta). Asimismo, se fijan los honorarios de los letrados
apoderados de la citada en garantía, Dres. Franco Ortolano, por su labor en
las primeras dos etapas del proceso, en 130,82 UMA, equivalente a
$8.691.158 (Pesos ocho millones seiscientos noventa y un mil ciento
cincuenta y ocho), Liliana Vilar, por su participación en la audiencia
preliminar, en 3 UMA, equivalente a $199.308 (Pesos ciento noventa y nueve
mil trescientos ocho) y Viviana Lorena Mangieri, por su participación en la
audiencia de vista de causa, en 2 UMA, equivalente a $132.872 (Pesos ciento
treinta y dos mil ochocientos setenta y dos). Por las labores de alzada se
establecen los honorarios de la Dra. Rochtein en 56,86 UMA, equivalente a
$3.777.551 (Pesos tres millones setecientos setenta y siete mil quinientos
cincuenta y uno) y los del Dr. Ortolano en 39,24 UMA, equivalente a
$2.606.949 (Pesos dos millones seiscientos seis mil novecientos cuarenta y
nueve), conforme arts. 30, 51 y ctes. de la ley 27.423 en virtud de la fecha en
que se realizaron las labores (Ac. 14/24 CSJN y Resolución SGA 925/24). En
virtud de la calidad de la labor pericial desarrollada, su mérito, naturaleza y
eficacia; la adecuada proporción que deben guardar los emolumentos de los
expertos con los de los letrados intervinientes (Fallos: 314:1873; 320:2349;
325:2119, entre otros) y atento lo normado por el art. 21 y conc. de la ley
27.423, se fijan los emolumentos de los peritos ingeniera Stella Maris
Carusela, psicóloga Francisca Rella y médico Mario Arnaldo Malfatti, en
62,83 UMA, equivalente a $4.174.174 (Pesos cuatro millones ciento setenta y
cuatro mil ciento setenta y cuatro). Se establecen los honorarios del mediador
Fecha de firma: 17/02/2025
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Dr. Carlos Adrián Silva en 120 UHOM, equivalentes a $1.160.400 (Pesos un


millón ciento sesenta mil cuatrocientos), en virtud de lo dispuesto por los
decretos 1467/11 y 2536/15. IV. Vueltos los autos a la instancia de grado el
tribunal arbitrará lo conducente al logro del ingreso del faltante tributo de
justicia, y se recuerda al personal la responsabilidad que impone la ley 23.898.
Se deja constancia que la publicación de esta sentencia se encuentra sujeta a lo
establecido por el cpr 164-2. Regístrese, notifíquese a las partes a los
domicilios electrónicos denunciados, conforme lo dispone la ley 26.685 y
acordadas 31/11 y 38/13 de la CSJN, oportunamente cúmplase con la
acordada 24/13 de la CSJN; luego, devuélvanse. La vocalía n° 19 no
interviene por hallarse vacante. GASTÓN M. POLO OLIVERA- CARLOS
A. CARRANZA CASARES. Jueces de Cámara.
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Fecha de firma: 17/02/2025


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