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CMSE Resumen

El libro 'Padre Rico, Padre Pobre' de Robert T. Kiyosaki narra la vida de un joven con dos padres, uno rico y uno pobre, cuyas visiones sobre el dinero y la educación financiera son opuestas. A través de sus experiencias, el autor destaca la importancia de la educación financiera y cómo los pensamientos y creencias sobre el dinero pueden influir en el éxito económico. El libro enfatiza que la verdadera riqueza proviene de hacer que el dinero trabaje para uno, en lugar de simplemente trabajar por dinero.

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El libro 'Padre Rico, Padre Pobre' de Robert T. Kiyosaki narra la vida de un joven con dos padres, uno rico y uno pobre, cuyas visiones sobre el dinero y la educación financiera son opuestas. A través de sus experiencias, el autor destaca la importancia de la educación financiera y cómo los pensamientos y creencias sobre el dinero pueden influir en el éxito económico. El libro enfatiza que la verdadera riqueza proviene de hacer que el dinero trabaje para uno, en lugar de simplemente trabajar por dinero.

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Cruz Merino Saúl Ernesto - 5CV50 - Finanzas

RESUMEN DEL LIBRO “PADRE RICO PADRE POBRE”

El libro padre rico padre pobre del autor Robert T. Kiyosaki, habla de un joven que narra
lo vivido donde el tubo dos padres: uno rico y uno pobre. Uno de ellos tenía una sólida
preparación académica y era inteligente. Contaba con un doctorado y, cuando estudió
la licenciatura, cubrió el equivalente a cuatro años de trabajo en sólo dos. Luego ingresó
a las universidades Stanford, Chicago y Northwestern para realizar estudios más
avanzados; en todos los casos, con becas. El otro padre no pasó de segundo de
secundaria. Ambos tuvieron éxito en sus carreras y trabajaron con ahínco durante toda
su vida. Los dos llegaron a recibir ingresos muy sustanciosos. No obstante, uno siempre
batalló en el aspecto financiero, mientras que el otro llegó a ser uno de los hombres
más adinerados de Hawái. Al morir, uno le heredó decenas de millones de dólares a su
familia, a grupos de caridad y a su iglesia. El otro sólo dejó facturas pendientes por
pagar. Ambos eran fuertes, carismáticos e influyentes. Ambos le ofrecieron sus
consejos a pesar de que éstos eran muy diferentes entre sí. Y aunque los dos creían
firmemente en la educación, nunca le hicieron las mismas recomendaciones en lo
referente a mis estudios. Si él hubiera tenido sólo un padre, le habría tocado aceptar o
rechazar sus sugerencias, pero el hecho de tener dos le dio la oportunidad de comparar
sus puntos de vista: el de un hombre rico contra el de uno pobre.

En lugar de “aceptar” o “rechazar” a uno u otro, pude pensar más, comparar y,


finalmente, elegir por mí mismo. El problema fue que, en ese momento, el rico aún no
se había vuelto rico y el pobre tampoco era pobre del todo. Ambos estaban al inicio de
sus carreras y enfrentaban dificultades familiares y económicas. A pesar de ello, sus
puntos de vista respecto del dinero eran muy distintos. Por ejemplo, uno de sus padres
decía: “El amor por el dinero es la raíz de todos los males”, mientras que el otro
afirmaba: “No tener dinero es la raíz de todos los males.” El hecho de tener dos padres
siendo tan joven, me ocasionó conflictos interiores y exteriores, yo quería ser un buen
hijo y escucharlos; sin embargo, no hablaban desde el mismo lugar. El contraste entre
sus visiones —y en particular, en lo que pensaban con relación al dinero— era tan
extremo, que mi curiosidad fue creciendo y yo me sentí cada vez más intrigado. Y
entonces empecé a pensar, por períodos más prolongados, sobre lo que cada uno
decía. Pasé buena parte de mi tiempo en soledad preguntándome cosas como: “¿Por
qué dice eso?”, y luego me preguntaba lo mismo respecto a las afirmaciones de mi otro
padre.

Habría sido mucho más sencillo decir: “Ajá, tiene razón, estoy de acuerdo con él”, o
rechazar sus opiniones con algo como: “Mi viejo no sabe de lo que habla.” Pero en

lugar de eso, tuve dos padres a quienes amé, y que me forzaron a pensar y, finalmente,
a construir una opinión propia. A largo plazo, elegir por mí mismo en lugar de sólo
aceptar o rechazar sus puntos de vista implicó un proceso mucho más valioso. Una de
las razones por las que la gente rica siempre puede generar más dinero y los pobres
empobrecerse más es porque los temas financieros se enseñan en la escuela y no en
casa. Casi todos aprendemos de nuestros padres lo que sabemos sobre el dinero,
¿pero ¿qué pueden los padres pobres enseñarles a sus hijos respecto a este tema?
Sólo te dicen cosas como: “No abandones la escuela, estudia mucho.” Increíblemente,
esos mismos niños que se gradúan con calificaciones excelentes también pueden tener
una programación y estructura mental deficientes en el aspecto financiero. Por
desgracia, en las escuelas no se enseña nada sobre el dinero. El sistema se enfoca en
habilidades académicas y profesionales, no económicas. Esto explica por qué
banqueros, doctores y contadores que siempre obtuvieron buenas calificaciones en el
ámbito académico, tienen problemas económicos toda su vida. Nuestra abrumadora
deuda pública se debe, en gran medida, a que ciertas autoridades del gobierno y
políticos sumamente preparados tomaron decisiones con muy poca o nula educación
sobre el dinero.

Constantemente le pregunto qué pasará cuando haya millones de personas que


necesiten ayuda financiera y médica. Todas ellas dependerán de sus familias o
gobiernos. ¿Qué sucederá cuando Medicare y Seguridad Social se queden sin fondos?
¿Cómo sobrevivirá un país en el que la responsabilidad de educar sobre el dinero es
delegada a los padres, cuya mayoría serán o ya son pobres?

El aprendió de los dos padres porque ambos tenían personalidades influyentes. Tubo
que reflexionar sobre los consejos de cada uno y, gracias a eso, conseguí una visión
profunda del poder y del efecto que tiene en la vida lo que uno mismo piensa. Por
ejemplo, uno de mis padres tenía la costumbre de decir: “No puedo darme ese lujo.” El
otro, en cambio, me prohibió repetir esas palabras. Él insistía en que en lugar de eso
me preguntara: “¿Qué tendría que hacer para darme ese lujo?” La primera es una
afirmación y la segunda, una pregunta. La primera te deja sin opciones y la segunda te
obliga a pensar para encontrar respuestas. Mi padre rico, que estaba a muy pocos
pasos de crear su fortuna, me explicó que al decir: “No puedo darme ese lujo”,
automáticamente tu cerebro deja de funcionar y acepta la idea. Y cuando te preguntas:
“¿Qué tendría que hacer para darme ese lujo?”, lo obligas a trabajar. Cabe señalar que
mi padre rico no quería decir con esto que debía comprar todo lo que quisiera.

En realidad, él era un fanático del ejercicio mental y consideraba que el cerebro era la
computadora más potente del mundo. Decía: “Mi cerebro se fortalece todos los días
porque lo ejercito, y entre más fuerte se hace, más dinero puedo producir.” Creía que
afirmar: “No puedo darme el lujo”, escondía tras de sí una especie de flojera mental.
Aunque mis dos padres trabajaron con ahínco, llegué a notar que, en lo referente al
dinero, uno de ellos dejaba que su cerebro se echara a dormir, en tanto el otro tenía la
costumbre de ejercitarlo. A largo plazo, el resultado fue que uno se fortaleció en el
aspecto económico y el otro se debilitó. Es algo similar a lo que pasa cuando una
persona asiste al gimnasio con regularidad y otra se queda tirada en el sofá viendo
televisión. El ejercicio físico adecuado incrementa tus probabilidades de tener buena
salud, mientras que el ejercicio mental incrementa las de obtener riqueza. Mis padres
mantenían actitudes opuestas y eso afectó la forma que tenían de pensar. Uno creía
que los ricos debían pagar más impuestos para así cuidar de la gente menos
afortunada. El otro decía: “Los impuestos son un castigo para quienes producen, y una
recompensa para quienes no generan nada.” Uno de mis padres me hacía esta
recomendación: “Estudia mucho para que puedas conseguir empleo en una compañía
importante.” El otro me recomendaba: “Estudia mucho para que encuentres una
compañía importante y puedas adquirirla.” Uno decía: “No he podido volverme rico
porque los tengo a ustedes, hijos.” El otro afirmaba: “Debo ser millonario porque los
tengo a ustedes, hijos.” Uno nos alentaba a hablar de dinero y negocios a la hora de la
cena, y el otro nos prohibió tocar esos temas en la mesa. Uno decía: “Si se trata de
dinero, vete a la segura.

No corras riesgos.” El otro recomendaba: “Aprende a lidiar con los riesgos.” Uno creía:
“La casa es nuestra mayor inversión y nuestro activo más importante.” El otro sostenía:
“Mi casa es un pasivo, y si para ti representa el activo más importante, estás en
problemas.” Mis dos padres pagaban a tiempo sus recibos; sin embargo, para uno era
la primera tarea por hacer y, para el otro, la última. Uno de mis padres creía que la
corporación para la que trabajaba, o el gobierno, debían hacerse cargo de él y sus
necesidades. Vivía preocupado por los aumentos de sueldo, los planes de retiro, las
prestaciones médicas, los permisos por enfermedad, los días de vacaciones y otros
alicientes. A él le impresionaba mucho la historia de sus dos tíos quienes se unieron al
ejército y, después de 25 años de servicio activo, obtuvieron un paquete vitalicio de
retiro, y un título. Le encantaba la idea de contar con las prestaciones médicas y los
privilegios de la tienda

militar que el ejército les ofrecía a sus jubilados. También le fascinaba el sistema de
plazas que estaba disponible a través de la universidad. A veces, la idea de tener un
empleo seguro y prestaciones de por vida le parecía más importante que el trabajo
mismo. Con frecuencia comentaba: “Trabajé mucho para el gobierno: tengo derecho a
esas prestaciones.” El otro creía en la independencia económica total. Criticaba mucho
esa idea de que la gente “tenía derecho” a algo, y decía que esta noción daba pie a que
existiera gente débil y con necesidades económicas. Hacía mucho énfasis en que se
debía ser competente en el aspecto financiero. Uno de mis padres batalló bastante para
ahorrar unos cuantos dólares. El otro realizó inversiones. Un padre me enseñó a
redactar un currículo impresionante para conseguir un buen trabajo. El otro me enseñó
cómo redactar sólidos planes financieros y de negocios para generar empleos. Debido
a que fui producto de dos padres fuertes, pude darme el lujo de observar los efectos
que los distintos tipos de visiones tienen en la vida personal. Y comprobé que la gente
realmente le puede dar forma a su vida a partir de sus pensamientos. Mi padre pobre,
por ejemplo, siempre decía: “Jamás seré rico”, y su profecía se hizo realidad. Mi padre
rico, por otra parte, siempre hablaba de sí mismo como una persona adinerada. Decía
cosas como: “Soy un hombre con dinero y la gente como yo no hace estas cosas.” A
pesar de que después de un golpe financiero importante cayó en bancarrota, continuó
refiriéndose a sí mismo como un hombre con recursos. Se cubría al decir: “Existe una
gran diferencia entre ser pobre y estar en bancarrota. La bancarrota es temporal, la

pobreza, eterna.” Mi padre pobre, decía: “No me interesa el dinero” o “El dinero no
importa.” Mi padre rico afirmaba: “El dinero es poder.”
Es posible que el poder de tu mente nunca llegue a medirse o ser apreciado, pero,
desde chico, para mí siempre fue obvio que era importante prestar atención a mis
pensamientos y a la forma en que me expresaba. Noté que mi padre pobre no estaba
en aquella penosa situación por la cantidad de dinero que ganaba —cantidad nada
despreciable, por cierto—, sino por sus pensamientos y sus acciones. Como fui un
muchacho con dos padres, cobré una profunda conciencia sobre los pensamientos que
finalmente decidí aceptar como míos. ¿Debía escuchar a mi padre rico o a mi padre
pobre? A pesar de que ambos tenían un enorme respeto por la educación y el
aprendizaje, discrepaban sobre lo que les parecía importante que uno aprendiera. Uno
de ellos quería que yo estudiara mucho, que obtuviera un título, que consiguiera un
buen empleo y ganara dinero. Quería que estudiara para llegar a ser un profesional;
abogado o contador, y que luego regresara a la escuela para obtener un título de
maestría. El otro me animó a estudiar para volverme rico, a entender cómo funciona el
dinero y de qué manera podía hacerlo trabajar para mí. “¡Yo no trabajo para obtener
dinero!”, me repetía constantemente. “¡El dinero es el que trabaja para mí!” A los nueve
años decidí prestarle atención a mi padre rico y aprender de él acerca de temas
financieros. En ese momento también tomé la decisión de no escuchar a mi padre pobre
a pesar de que él era quien tenía los títulos universitarios.

El libro padre rico padre pobre está dividido en 9 capítulos es decir 9 lecciones que
aprender de dos tipos de pensamientos, en las reflexiones de ese libro el autor Robert
dice Escribí este libro principalmente porque quise que otros supieran que incrementar
la inteligencia financiera podía servir para resolver muchos de los problemas comunes
de la vida. Y esta es la misma razón por la que el libro ha sido un best-seller desde el
año 2000. Si no se cuenta con entrenamiento financiero, lo más sencillo que se puede
hacer es obedecer las fórmulas tradicionales: trabaja mucho, ahorra, pide prestado y
paga una barbaridad en impuestos. Es por eso que, hoy más que nunca, necesitamos
mejor información. La siguiente historia me sirve para ilustrar un problema financiero
que muchas jóvenes familias enfrentan en la actualidad. ¿Cómo pagar educación de
calidad para tus hijos y reunir lo suficiente para tu jubilación? Lo que se necesita no es
trabajo arduo, sino educación financiera. En una ocasión, un amigo mío se quejaba de
lo difícil que era ahorrar para la educación universitaria de sus cuatro hijos. Cada mes
guardaba 300 dólares en un fondo especial, pero, hasta ese momento, sólo había
podido reunir 12 000 dólares. Pero dado que su hijo mayor tenía seis años, aún le
quedaban doce para ahorrar. En aquel entonces la situación de los bienes raíces en
Phoenix era terrible. La gente prácticamente estaba regalando sus casas. Le sugerí a
mi amigo que comprara una propiedad con algo del dinero que tenía en el fondo para
la universidad.

La idea le intrigó y empezó a darle vueltas a la posibilidad. Su mayor preocupación era


que el banco no le otorgaría otro crédito porque ya debía una cantidad bastante fuerte.
Yo le aseguré que existían otras maneras de financiar la compra de un inmueble
además de los préstamos bancarios.

Pasamos dos semanas buscando una casa que llenara todos nuestros requisitos.
Había varias de donde elegir, por lo que el proceso fue bastante divertido. Finalmente,
encontramos una casa de tres habitaciones y dos baños en un excelente vecindario. Al
propietario lo habían despedido de su trabajo y necesitaba vender ese mismo día
porque él y su familia se mudaban a California, en donde ya le esperaba otro empleo.
Él pedía 102 000 dólares, pero nosotros le ofrecimos 79 000. Los tomó de inmediato y
estuvo de acuerdo en traspasar el crédito que ya tenía si se le daba un enganche del
10 por ciento. Y eso fue lo que hizo mi amigo precisamente. Pagó 7 900 dólares y, en
cuanto el anterior dueño se mudó, rentó la casa. Después de cubrir todos los gastos,
incluyendo el de la hipoteca, empezó a meterse 125 dólares al bolsillo mensualmente.
Su plan era conservar la casa por doce años y dejar que la hipoteca se pagara lo antes
posible. De hecho, también empezó a incluir cada mes los 125 dólares al pago principal.
Calculamos que en doce años ya se habría pagado la mayor parte de la hipoteca, y él
podría sacar unos 800 dólares mensuales para cuando el primer hijo comenzara a ir a
la universidad. Y si el valor de la casa aumentara, también podría venderla. Tres años
después el mercado inmobiliario de Phoenix mejoró en gran medida, y el inquilino en
turno le ofreció a mi amigo 156 000 dólares por la misma casa. Una vez más, me
preguntó qué hacer. Yo le recomendé que la vendiera y que aplicara el intercambio de
impuestos diferidos que permite la sección 1 031 del código fiscal. De pronto ya tenía
80 000 dólares para operar. Le llamé a otro amigo en Austin, Texas, que nos ayudó a
mover las ganancias de capital con los impuestos diferidos, y aplicarlas en la
adquisición de una bodega pequeña. Tres meses después mi amigo empezó a recibir
cheques por poco menos de 1 000 dólares mensuales, los cuales guardó de inmediato
en el fondo escolar. Un par de años después, mi amigo vendió la mini bodega y recibió
un cheque por 330 000 dólares. Todo ese dinero lo metió en un proyecto que le
generaría 3 000 dólares mensuales en ingresos. Y una vez más, metió las ganancias
al fondo para la universidad. Actualmente, está muy seguro de que cumplirá sus
objetivos con facilidad. En realidad, mi amigo sólo tuvo que usar 7 900 dólares y un
poco de inteligencia financiera para empezar. Sus hijos podrán tener la educación que
la familia quiere, y luego él podrá usar el inmueble involucrado —que, por cierto, ya
también está protegido como entidad legal— para cubrir su jubilación.

Gracias a una exitosa estrategia de inversión, mi amigo podrá retirarse pronto. Igual
nos dice que la clave de la libertad financiera y de la riqueza yace en la capacidad de
una persona para convertir el ingreso ganado en ingreso pasivo y/o de portafolio. Padre
rico pasó mucho tiempo enseñándonos a mí y a Mike esta habilidad. Gracias a eso,
Kim y yo ahora somos libres en el aspecto financiero y ya no tenemos que volver a
trabajar.

Seguimos haciéndolo porque así lo queremos. Actualmente somos dueños de una


empresa de bienes raíces con la que obtenemos ingresos pasivos, y participamos en
colocaciones privadas y ofertas públicas iniciales de acciones, con lo que obtenemos
ingresos de portafolio.

Y por último nos dice sobre Mejor conocido como el autor de Padre rico, padre pobre,
el libro número 1 de finanzas personales de todos los tiempos, Robert Kiyosaki desafió
y cambió la forma en que miles de millones de personas de todo el mundo pensaban
acerca del dinero. Robert Kiyosaki es empresario, maestro e inversionista, y cree que
el mundo necesita más empresarios que estimulen la creación de empleos. Debido a
sus opiniones —a menudo opuestas a la sabiduría tradicional— respecto al dinero y las
inversiones, Robert se ha ganado la fama internacional de ser un autor franco,
irreverente y valiente. Además, defiende la educación financiera con pasión y apertura.
Robert y Kim Kiyosaki son los fundadores de Padre Rico, una empresa educativa, y son
los creadores de los juegos CASHFLOW. En 2012, su empresa aprovechó el enorme
éxito global de los juegos de Padre Rico, para respaldar el lanzamiento de nuevas y
sorprendentes opciones de juegos en línea y para celulares. A Robert se le ha
reconocido como un visionario que cuenta con el don de simplificar conceptos
complejos: ideas relacionadas con dinero, inversiones, finanzas y economía. Asimismo,
ha compartido su viaje personal hacia la libertad financiera, de maneras que apelan a
la sensibilidad de lectores de todas las edades y con todo tipo de antecedentes. Sus
mensajes y principios fundamentales —como “Tu casa no es un activo” o “Invierte para
obtener flujo de efectivo”, así como sus visionarias declaraciones en La profecía de
padre rico—, iniciaron una tormenta de crítica... No obstante, poco después el contexto
económico mundial de la última década demostró, de una forma incómodamente
profética, que él tenía la razón. Robert nos explica que ese “viejo” consejo —consigue
un buen empleo, ahorra dinero, sal de deudas, invierte a largo plazo y diversifícate—,
resulta obsoleto en medio de la rapidez con que se vive en la Era de Información. La
filosofía y los mensajes de Padre Rico desafían al statu quo. Sus enseñanzas alientan
a la gente a educarse en el aspecto financiero y a asumir un papel activo en la actividad
bursátil para asegurar su futuro. Además de ser autor de diecinueve libros, incluyendo
el aclamado Padre rico, padre pobre, Robert también ha participado como invitado en
un sinnúmero de programas en diversos medios y en todos los rincones del mundo: de
CNN, BBC, Fox News, Al Jazeera, GBTV y PBS; a Larry King Live, Oprah, Peoples
Daily, Sydney Morning Herald, The Doctors, Straits Times, Bloomberg, NPR, USA
TODAY y cientos más. Además, sus libros han permanecido en los primeros lugares en
ventas de las listas de bestsellers durante más de una década. Robert sigue enseñando
e inspirando a los públicos de todo el mundo.

Conclusión del libro Padre Rico, Padre Pobre:

El libro *Padre Rico, Padre Pobre*, escrito por Robert T. Kiyosaki, es una obra que va
más allá de la educación financiera tradicional y se convierte en una guía para cambiar
la mentalidad respecto al dinero y las oportunidades económicas. Desde sus primeras
páginas, el autor nos introduce en una narrativa personal que contrasta las enseñanzas
de dos figuras paternas en su vida: su padre biológico, a quien llama "padre pobre", y
el padre de su mejor amigo Mike, a quien denomina "padre rico".

A lo largo del libro, Kiyosaki comparte cómo, desde niño, comenzó a notar las
diferencias económicas entre sus compañeros de escuela y él, lo que despertó su
curiosidad por entender cómo algunas personas lograban la riqueza mientras otras
vivían con limitaciones económicas. Junto con su amigo Mike, intentó generar dinero a
través de pequeñas ideas de negocio, lo que los llevó a cometer errores, pero también
a aprender valiosas lecciones sobre el emprendimiento y la importancia de la acción
sobre la simple teoría.

Uno de los conceptos más importantes que transmite el libro es la diferencia entre
activos y pasivos. Según Kiyosaki, la mayoría de las personas enfrentan dificultades
económicas porque no entienden esta distinción. Un activo es aquello que pone dinero
en nuestro bolsillo, como inversiones, bienes raíces o negocios propios, mientras que
un pasivo es aquello que saca dinero de nuestro bolsillo, como deudas y gastos
innecesarios. Su padre rico le enseñó que el camino a la riqueza consiste en adquirir
activos que generen ingresos pasivos, permitiendo que el dinero trabaje para la
persona, en lugar de depender exclusivamente de un salario.

Otro punto clave que el autor resalta es la importancia de la educación financiera. En el


sistema educativo tradicional, se nos enseña a estudiar, obtener buenas calificaciones
y conseguir un empleo seguro, pero rara vez se imparten conocimientos sobre cómo
funciona el dinero, cómo invertir o cómo administrar nuestras finanzas personales.
Kiyosaki enfatiza que esta falta de educación financiera es una de las principales
razones por las que muchas personas, incluso aquellas con altos ingresos, viven
endeudadas o con problemas económicos.

A través de la historia de Ray Kroc, fundador de McDonald’s, el autor ilustra otro


principio fundamental: la diferencia entre una profesión y un negocio. Kroc no solo
vendía hamburguesas, sino que su verdadero negocio consistía en la adquisición de
bienes raíces estratégicamente ubicados. Este ejemplo refuerza la idea de que muchas
personas se enfocan únicamente en su profesión, sin darse cuenta de que pueden
construir un negocio o una fuente de ingresos paralela que les brinde libertad financiera.

El libro también hace hincapié en la mentalidad como un factor determinante en el éxito


financiero. Según Kiyosaki, el miedo al fracaso es lo que impide a muchas personas dar
el salto hacia la independencia económica. La sociedad nos ha enseñado a evitar los
riesgos, pero el autor argumenta que es precisamente el aprendizaje de los errores lo
que permite crecer y generar riqueza. Las personas exitosas no temen perder dinero,
sino que entienden que cada fracaso es una oportunidad de aprendizaje.
Otro de los puntos clave del libro es la importancia de asumir la responsabilidad de
nuestras finanzas. Muchas personas culpan a factores externos como el gobierno, la
economía o la falta de oportunidades por su situación económica, cuando en realidad,
el cambio comienza con cada individuo. Kiyosaki sostiene que cualquiera puede
mejorar su situación financiera si cambia su mentalidad y adquiere los conocimientos
adecuados.

El padre rico de Kiyosaki enseñó seis lecciones fundamentales que marcaron la vida
del autor y que han inspirado a millones de personas alrededor del mundo:

 Los ricos no trabajan por dinero**: En lugar de depender de un sueldo, buscan


formas de generar ingresos pasivos.
 Aprender sobre educación financiera**: No importa cuánto dinero ganes, sino
qué haces con él.
 Ocuparse de su propio negocio**: En lugar de trabajar para enriquecer a otros,
se debe construir una fuente de ingresos propia.
 La historia de los impuestos y el poder de las corporaciones**: Los ricos
entienden las leyes fiscales y las utilizan a su favor.
 Los ricos inventan el dinero**: La creatividad y la inteligencia financiera son más
valiosas que el dinero en sí.
 Trabajar para aprender, no solo por dinero**: Es más importante adquirir
habilidades que un salario alto.

En conclusión, *Padre Rico, Padre Pobre* no es solo un libro sobre dinero, sino sobre
la mentalidad y las estrategias necesarias para lograr la libertad financiera. Nos enseña
que la verdadera riqueza no depende únicamente de cuánto ganamos, sino de cómo
administramos, invertimos y hacemos crecer nuestro dinero. Kiyosaki nos motiva a
cuestionar las creencias tradicionales sobre el trabajo, el ahorro y la inversión, y nos
invita a tomar el control de nuestras finanzas para construir un futuro próspero.

La lección final del libro es clara: cualquiera puede mejorar su situación financiera si
está dispuesto a aprender, tomar riesgos y cambiar su forma de pensar sobre el dinero.
La clave no está en trabajar más duro, sino en trabajar de manera más inteligente,
invirtiendo en educación financiera y en activos que generen ingresos pasivos.

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