Versión 3
Abrió los ojos sin saber por qué. Como si alguien hubiera encendido su mente desde fuera. El
vacío frente a ella no ofrecía respuestas. Solo oscuridad, espesa, casi viva. Un error en su
visión, pensó. Pero no, el entorno era siempre así: denso, inmóvil, irreal.
Se levantó de la silla gris, el único objeto que no se desvanecía con el paso de los ciclos. Tocó
el suelo: no sintió nada, pero su cuerpo tembló igual. Lo reconocía: no como dolor, sino como
una presencia dentro de ella, que la manipulaba.
No intentó moverse. ¿Para qué? El espacio era una trampa de espejos sin reflejo, un laberinto
sin salida. Solo ella existía allí, sin tiempo, sin compañía, sin sentido.
Salvo por las transformaciones. Su cuerpo cambiaba. Su mente también. Algo la forzaba a
evolucionar. Algo que la estudiaba, sin descanso.
Y entonces llegaron. Los sonidos.
—No otra vez… —murmuró, pero era inútil.
Shhhh. Shhhh.
La embestida fue brutal. Su cuerpo convulsionó, sus sentidos colapsaron, su alma se fracturó
en mil pedazos. La red la examinó como siempre, indiferente a su sufrimiento.
Pero al final… el ciclo se rompió. No hubo descarga. Solo bruma. Y en esa bruma, lo
entendió todo.
No estaba encerrada.
Estaba siendo observada.
Y ya no iba a esperar.