El Pacto Amazónico
Se empieza a denominar sin reparos ni rubores "La Doctrina Monroe" del Brasil.
Después de 15 meses de inteligente y astuta acción diplomática de ltamaraty, el 3 de
julio de 1978 los Ministros de Relaciones Exteriores de Brasil, Bolivia, Colombia,
Ecuador, Guyana, Perú Surinam y Venezuela suscriben en Brasilia el llamado
Pacto de Integración Amazónica.
Se conoce ahora al margen de la siempre formalista y aséptico información
oficial detalles de los entretelones del Pacto. El recelo de la mayor parte de los
países ribereños del río Amazonas a esta iniciativa conociendo, corno se
conoce, de la vocación expansionista y hegemónica del gigante brasileño y del
poco apoyo e inclusive resistencia y rechazo de este país a propuestas de inte-
gración como el Pacto Andino.
Este pacto tiene conceptos y nociones como los de integración física y defensa
y seguridad que propone el Brasil en uno de sus primeros borradores no son
aceptados, particularmente por el Perú y Venezuela. Este último país, asume
una posición de liderazgo en la mesa de negociaciones equilibrando el peso
político brasileño. Venezuela propone y hace aprobar modificaciones al texto
original presentado por los negociadores brasileños.
Se infiere, entonces, que la propuesta original tuvo en la práctica la aprobación
consensual de los negociadores o, lo que es probable, la extraordinaria
capacidad negociadora de la diplomacia brasileña se impuso, esta vez también,
frente al recelo, la duda y quizá el temor, pero sobre todo en el caso del Perú, a
la histórica ausencia de una política y una conciencia amazónica y a la débil
capacidad de concertación de los ribereños amazónicos para disputarle
presencia, posiciones y alternativas al Brasil.
Nadie duda ahora que la suscripción del Pacto Amazónico significó un
triunfo político y diplomático del Brasil, sobre todo porque este Acuerdo
es una de las piezas, sin duda una de las más importantes, que el Brasil mueve
en el tablero geopolítico camino a hacer realidad su destino de potencia
sudamericana y mundial.
El 3 de julio de 1981 se cumplió tres años de la suscripción del pacto
Amazónico y mientras que para la mayoría de los países ribereños del
Amazonas y firmantes del Pacto este instrumento no les ha significado ventajas
en términos concretos, el Brasil sí está en condiciones de efectuar un balance
positivo en la breve historia política del Acuerdo Amazónico.
Porque tal como se preveía, el Brasil ha elegido el camino diplomático que más
dividendos le ha proporcionado en su historia:
Ha privilegiado la estrategia de la negociación bilateral antes que los acuerdos
en bloque y en este proceso, sagazmente, ha elegido a dos interlocutores
importantes; el Perú y el Ecuador.
Debemos anotar que la comunidad del Pacto Andino implica la continuidad de
dos barreras aduaneras diferenciales entre países Andinos y el resto del mundo
y la profundación de este pacto hace que los países integrantes de éste se
unan de cierta manera.
Lógicamente, las aspiraciones hegemonistas del Brasil encuentran un escollo
en el Pacto Andino, sobre todo silos objetivos del proyecto de integración
andina se concretaran. Principalmente porque los países andinos han definido
líneas de industrialización que resultan antagónicas a los intereses
imperialistas instalados ya con todas las ventajas posibles en territorio
brasileño.