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La Poesia Religiosa de Gerardo Diego

Gerardo Diego, en su obra 'Versos divinos', explora la poesía religiosa desde una perspectiva católica, destacando su conexión con la liturgia y los dogmas de la religión romana. A lo largo de su carrera, Diego combina elementos de fe y poesía, creando obras que reflejan tanto la alabanza como la duda, y se distancia de la angustia existencial de otros poetas contemporáneos. Su poesía, rica en imágenes y simbolismo, se caracteriza por una búsqueda de la verdad lírica y una profunda humanidad.

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La Poesia Religiosa de Gerardo Diego

Gerardo Diego, en su obra 'Versos divinos', explora la poesía religiosa desde una perspectiva católica, destacando su conexión con la liturgia y los dogmas de la religión romana. A lo largo de su carrera, Diego combina elementos de fe y poesía, creando obras que reflejan tanto la alabanza como la duda, y se distancia de la angustia existencial de otros poetas contemporáneos. Su poesía, rica en imágenes y simbolismo, se caracteriza por una búsqueda de la verdad lírica y una profunda humanidad.

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Kl año 1924, cuando Gerardo Die­

go entrega su original de Versos


humanos ¡tara el concurso del Pre­
mio Nacional de Literatura, que
obtendría, está escribiendo ya este
otro volumen de Versos divinos,
publicado en 1971 (i). Aquellos
poemas iniciales eran las décimas
de Viacrucis. Medio siglo de vo­
cación temática que ha ido aflo­
rando reiteradamente en sus publi­
caciones menores, v que dejó cons­
tancia en la Primera anto'ogia de

Gerardo Diego no ha dicho,


como Dá[Link] Alonso, tpic toda
poesía es religiosa, pero sí ha es­
crito que no hay más poesía re­
ligiosa (pie la píH’sía de la fe. Es
una ojtinión que respeto, auiupie
personalmente estimo que tan re­
ligiosa puede considerarse la poe­
sía de 1a duda v hasta, en cierto
modo, la de la negación, pues el
poeta que siente la necesidad de
negar es que ha andado muy cer­
ca de la fe y, en realidad, (jue no
ha salido del todo de la duda.
-Mas, de toda suerte, es admirable
cómo la obra de Gerardo Diego se
compadece con su creencia. En los
¡tóenlas de (Gerardo Diego no hav
vacilación ni, ¡tor supuesto, aque­
lla agonía unamuniana que tanto
contagió a otros poetas. Es una
pitesía de alabanza y, por lo gene­
ral, de gozo. Sólo en un poema de
•94.?“ 9**® además abre el volu­
men— encontramos un retornelo
que, sin que implicase asomo de
duda, sí supone el esfuerzo cons­
ciente por mantenerse en la fe:
"«¡Hiero creer" es el verso repetido,
Pero la fe es una virtud teologal
«pie hace creer, sin necesidad de
actos volitivos. Fuera de tan leve
sombra, el resto es luz meridiana.
Natía nuevo diré si digo que el
tema religioso lut se frccuent«» en
la generación de Gerardo, la del
27. Los motivos buscados eran
otros, más de renovación estética
«pie de efusión sentimental. Cuan­
do, escasamente, lo tratan Alberti
o Lorca, nos «¡ueda la sensación
de que a|)enas pasa de juego ver­
bal, de imaginería y esteticismo.
De manera tangencial podría ver­
se en una especie de religiosidad
vitalista: el ser frente a la crea­
ción "bien hecha-', el entusiasmo
¡jorque "todo en el aire es pája­
ro". porepie "todo es prodigio por
añadidura", en el Cántico, de Gui-
llén. 'lambién el «nacimiento úl­
timo" de la pcK'sta c«)sm¡ca aleixan-
drina nos coloca frente a una
suerte de panteísmo. En cuanto a
Cernuda, lo cjuc hallamos en su
obra es esa visión del dentonio«
(II Dieco. Gerardo: Versos Divinos
Editado por «Alforjas para la Poe
sia». Fundación Conrado Blanco. Ma­
drid. 1971. 216 págs. 17X24.5.
transliguriKÍón ■. El piK-ia vxprcsa - -la de madre, la de aire, la de
su deseo de unión con la Divini­ [tierra—.
dad: "Quiero ser tu vidriera iii ¿Quién contará esta última? Mo-
alta vidriera azul". ..quiero ser mi [rirse
delinitis amente es dormir mucho.»

LA POESIA RELIGIOSA
tigiira [..-I pero de Ti en tu glo­
ria traspasado-, "contiéneme en
tu luz«. También aparece la hue­ Hay en estos versus un acierto
lla mística en el poema a San impresionante; la visión del hom­
Juan de Dios, y cu algunos de los bre en el triple sepulcro, pasando

RE
(jue se dedican a la Eucaristía, en de un túmulo a otro, del vientre
los cuales la Certidumbre, infun­ materno a la vida física y exterior
dida por el Sacramento, anula y y, al fin, a la tierra o muerte. Iden­
sujrera toda razón: «la reina Inte­ tificación de vida y muerte y de
ligencia [Link] esclava", dice; esto muerte y sueño, friple placenta

(.Limino III LI. 0 es: triunfo de la mística sobre la


escolástica.
.Algunos brotes metafísicos pien­
so (]ue apuntan en los ¡XR-mas de
rodeando al hombre, sin cuya
protección nunca está, ser indefen­
so y nunca libre. Traje de cos­
monauta para el viaje vita): la
la última c|)nca. Por ejemplo, en pared uterina donde pasmosamen­
versos del poema "Matusalem : te nos gestamos, la tina red de
oxígeno donde el drama se centra,
Por Leopoldo DE LUIS ■ -Cónu» saber lo que es tiempo del la compacta matriz definitiva. Gran
[Tiempo ]>oema éste, estremecedor poema
y número del Número? Tres tutu- de poética y honda sabiduría.
Ibas En general, tales piezas de la
parte titulada «Biblia» son, a mi
juicio, la mayor novedad del vo­
lumen. Conocidos por publicacio­
de cstirjx; romántica y del simbo­ nes parciales anteriores aquellos
lismo rebelde. Es mucho más tar­ prodigios de ternura a través de
de—ya en los años de la posgue­ una palabra puramente poética,
rra— cuando Dámaso .Alonso pu­ (pie se hallan entre los pix-mas na-
blica poemas religiosos, si bien xideños y marianos, estos cauda­
tampoco dogmáticos. losos poemas bíblicos, donde se da
Gerardo Diego es el primer poe­ entrada a lo narrativo y a la re­
ta de la generación del 27 que creación de ambientes, ricos de
escribe una poesía de sentido ca­ palabra y de evocación, nos dan
ttolico y de temática concreta, den­ un Gerardo Diego renovado, ya
tro de la liturgia y de los dogmas (pie siempre fecundo.
y misterios de la religión romana. La lectura de este volumen de
Sus motivos son las escenas de la Versos divinos me ha ratificado en
Pasión, en los que crea oraciones lo que de su autor escribí hace
nuevas y emocionadas, como todo unos años en el prólogo de mi
.su Viacrucis; la Navidad, donde antología de poesía religiosa: «Ge­
alcanza cimas sólo igualables a rardo Diego, al que se ha tildado
algunas de los mejorc.s poetas del de poeta frío, es, por el contrario,
Siglo de Oro; recuérdense joyas, V si bien se lee, poeta de un.i hu­
ya clásicas, como «.Niño relojero., manidad conmovedora. El peligro
o «La palmera..; las advocaciones de una poesía que canta directa­
marianas, entre las que se cuentan mente los hechos ejemplares del
deliciosas piezas como «El cerezo-- culto religioso es que nos tropece­
y «Cuando venga»; misterios como mos antes con el arte que con la
la Eucaristía; evocaciones de san­ unción. Tampoco aquí los árboles
tos, etc. dejan ver el bosque. En Gerardo,
Por supuesto que, en una dedi­ 110. En Gerardo, forma maestra es
cación tan continuada, muchos de lo tpic debe ser: vehículo de ver­
los conocidos y estudiados rasgos dad lírica. Pero un vehículo y una
de la poesía gerardiana se hallan verdad tan aliados que se ilumi­
presentes. En los poemas de los nan mutuamente y mutuamente
primero}» años—1.a década de los se prestan emoción. ¿Es lo expre­
veinte—percibimos un aire muy sado lo que nos conmueve? ¿Es
generacional. Aire del que, en la manera de decir lo que nos afec­
gran medida, él es iniciador, pues­ ta? Cifra indescifrable de la poe­
to que imágenes como «abriendo sía auténtica. Entre tanto cultiva­
surco en la noche.»—que nos re­ dor de la poesía devota, Gerardo
cuerda el «abrieron surcos de flo­ Diego destaca como el maestro y
res», de un conocido poema alber- el renovador que también en otras
tiano—, o bien octosílabos como zonas de lo poético ha sido.»
«espumas de luna blanca / batida
en brisas de torres» —por cuyo ca­
mino transitó mucho el romance lante aparece la hagiografía. A' ya
lorquiano—, son desde luego an­ en los años recientes, el poeta se
teriores .1 los libros de Alberti y siente atraído por la narración de
de [Link]. Lo que acontece es que temas bíblicos. En esto último se
d.*) una curiosa coincidencia. Entre
Gerardo, múltiple y variado siem­
pre, no estereotipó sus giros. Igual
ocurre con el empleo de la décima
--tanto en «Viacrucis» (19:4) cuan­
las figuras del Antiguo Testamen­
to que reclaman la atención de Ge­
rardo, están las mujeres de la Bi­
BEST-SELLERS FRANCESES
blia, a las que dedica extensos
to en las «Glosas» de Versos hu­
manos (1925)—, reiterada luego
[Kir Guillén.
El uso de la homonimia y de la
poemas en 1969 y 1970, pero a las
que ya citaba en aquel «íloneto de
catorce años» incluido en Versos
ËNERO 1972
humanos. («Bien te p<xlrías llamar
paronomasia, la aliteración, los Sara, taf vez Judit, quizás Es-
neologismos ingeniosamente com­ ter..) Jacques Laurent: Les Bêtises. Grasset.
puestos. la consonancia arriesgada,
la imagen insólita, no faltan a lo El grado de fiabilidad de lo re­ Louis Pauwels; Lettre ouverte aux gens heureux. Albin Michel.
largo del libro, diverso como toda ligioso se aúna, en Gerardo Die­
go, con el grado de fiabilidad de Dominique Lapierre et Larry Collins; ô Jérusalem. Laffont.
la obra del poeta—nunca monó­
tono, nunc.*! monocorde—, pero so­ lo poético. Gerardo es un poeta Pierre-Jean Rémy: Le Sac du Palais d’été. Gallimard.
bre todo por el dilatado lapso de puro: quiero decir que es un puro
su creación. De suerte que pode­ poeta, que en su poesía no suele Martin Gray; Au nom de tous les miens. Laffont.
mos, en líneas generales y con al­ haljer sino eso: poesía; no filoso­
guna natural excepción, marcar fía ni sociología. Paralelamente, en Pierre Rouanet: Castell. Grasset.
ciertas zonas con peculiaridad de sus poemas religiosos no hay sino Angelo Rinaldi; ta Maison des Atlantes. Denoël.
tono. Así, en los poemas escritos fe religiosa, no metafísica ni mís­
durante los doce o quince prime­ tica. Gerardo no es propiamente Jacques Massu; La Vraie Bataille d'Alger, Plon.
ros años, predomina la gracia líri­ un poeta místico, sino un ¡»eta
ca. En la década de los cuarenta reverencial, un poeta que ador.a y Ives Courrière: Les Feux du désespoir. Fayard.
y tantos a los cincuenta y tantos, canta. Quizá porque cree y espera, Bernard Clavel: Le Seigneur du fleuve. Laffont.
es mayor la asunción en el poema y eso le colma. Acaso uno de los
de aspectos teológicos y dogmáti­ pocos poemas con toque místico
cos. Del cincuenta y cinco en ade­ es—creo yo—el «Salmo de la
MadTid■Es P a h a. IS de febrero de 1972

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