El gato con botas
Publicado en 9 mayo, 2015por admin
Había una vez un molinero cuya única herencia para sus tres hijos eran su molino,
su asno y su gato. Pronto se hizo la repartición sin necesitar de un clérigo ni de un
abogado, pues ya habían consumido todo el pobre patrimonio. Al mayor le tocóel
molino, al segundo el asno, y al menor el gato que quedaba.
El pobre joven amigo estaba bien inconforme por haber recibido tan poquito.
-”Mis hermanos”- dijo él,-”pueden hacer una bonita vida juntando sus bienes, pero
por mi parte, después de haberme comido al gato, y hacer unas sandalias con su
piel, entonces no me quedará más que morir de hambre.”-
El gato, que oyó todo eso, pero no lo tomaba así, le dijo en un tono firme y serio:
-”No te preocupes tanto, mi buen amo. Si me das un bolso, y me tienes un par de
botas para mí, con las que yo pueda atravesar lodos y zarzales, entonces verás
que no eres tan pobre conmigo como te lo imaginas.”-
El gato con botas
El amo del gato no le dió mucha posibilidad a lo que le decía. Sin embargo, a
menudo lo había visto haciendo ingeniosos trucos para atrapar ratas y ratones, tal
como colgarse por los talones, o escondiéndose dentro de los alimentos y fingiendo
estar muerto. Así que tomó algo de esperanza de que él le podría ayudar a paliar
su miserable situación.
Después de recibir lo solicitado, el gato se puso sus botas galantemente, y amarró
el bolso alrededor de su cuello. Se dirigió a un lugar donde abundaban los conejos,
puso en el bolso un poco de cereal y de verduras, y tomó los cordones de cierre
con sus patas delanteras, y se tiró en el suelo como si estuviera muerto. Entonces
esperó que algunos conejitos, de esos que aún no saben de los engaños del
mundo, llegaran a mirar dentro del bolso.
Apenas recién se había echado cuando obtuvo lo que quería. Un atolondrado e
ingenuo conejo saltó a la bolsa, y el astuto gato, jaló inmediatamente los cordones
cerrando la bolsa y capturando al conejo.
Orgulloso de su presa, fue al palacio del rey, y pidió hablar con su majestad. Él fue
llevado arriba, a los apartamentos del rey, y haciendo una pequeña reverencia, le
dijo:
-”Majestad, le traigo a usted un conejo enviado por mi noble señor, el Marqués de
Carabás. (Porque ese era el título con el que el gato se complacía en darle a su
amo).”-
-”Dile a tu amo”- dijo el rey, -”que se lo agradezco mucho, y que estoy muy
complacido con su regalo.”-
En otra ocasión fue a un campo de granos. De nuevo cargó de granos su bolso y lo
mantuvo abierto hasta que un grupo de perdices ingresaron, jaló las cuerdas y las
capturó. Se presentó con ellas al rey, como había hecho antes con el conejo y se
las ofreció. El rey, de igual manera recibió las perdices con gran placer y le dió una
propina. El gato continuó, de tiempo en tiempo, durante unos tres meses,
llevándole presas a su majestad en nombre de su amo.