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Instituciones y Principios Comunes Al Derecho Procesal

El Derecho Procesal Civil se divide en Derecho Procesal Orgánico y Funcional, regulando la organización de tribunales y el procedimiento judicial, respectivamente. Este se centra en principios y normas que garantizan un proceso justo, seguro, breve y económico, y se estructura en cuatro libros que abarcan desde disposiciones comunes hasta juicios especiales y actos no contenciosos. La acción, como potestad de acudir a los tribunales, es fundamental en este contexto, permitiendo a los individuos solicitar la tutela de sus derechos ante la justicia.

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Instituciones y Principios Comunes Al Derecho Procesal

El Derecho Procesal Civil se divide en Derecho Procesal Orgánico y Funcional, regulando la organización de tribunales y el procedimiento judicial, respectivamente. Este se centra en principios y normas que garantizan un proceso justo, seguro, breve y económico, y se estructura en cuatro libros que abarcan desde disposiciones comunes hasta juicios especiales y actos no contenciosos. La acción, como potestad de acudir a los tribunales, es fundamental en este contexto, permitiendo a los individuos solicitar la tutela de sus derechos ante la justicia.

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DERECHO PROCESAL CIVIL.

NOCIONES PREVIAS DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL.


1. GENERALIDADES.

Al iniciar el estudio del Derecho Procesal, manifestamos que, desde el momento


en que esta importante rama del Derecho comprende el órgano judicial, sus
atribuciones y el procedimiento, fácil es advertir que aquel permite ser clasificado en
dos grandes ramas:

1. Derecho Procesal Orgánico: es aquel que se preocupa de todo lo


relacionado con la organización y atribuciones de los tribunales de justicia; y
2. Derecho Procesal Funcional: es aquel que reglamenta, en cambio, la
forma como los tribunales ejercen jurisdicción, esto es, como cumplen las
funciones o atribuciones que las propias leyes les han señalado; a su vez,
permite ser subclasificado en Derecho Procesal Civil y Derecho Procesal
Penal, según sea la naturaleza civil o penal de la ley de fondo cuya
actuación se pretende en el proceso respectivo.

Ahora bien, desde un punto de vista formal, y a la luz de nuestra legislación


positiva, podemos definir el Derecho Procesal Civil como el conjunto de principios y
de disposiciones legales que determinan la manera como los tribunales conocen,
juzgan y hacen ejecutar lo juzgado en los juicios de naturaleza civil, y cómo intervienen
en igual sentido en los negocios pertenecientes a la jurisdicción voluntaria.

Estas normas legales, en nuestro Derecho Positivo, las encontramos


fundamentalmente, en el Código de Procedimiento Civil.

2. CUALIDADES DE TODO BUEN PROCESO CIVIL.

Toda ley procesal civil, para que cumpla los efectos que el legislador se propuso
al dictarla, debe reunir las siguientes cualidades o condiciones mínimas:

1. Seguridad: o sea, que se proporcione a ambas partes litigantes la


oportunidad de alegar y probar su derecho en absoluta y perfecta igualdad
de condiciones;
2. Brevedad: o sea, que el procedimiento esté exento de trámites inútiles
que puedan dificultar la pronta declaración del derecho controvertido,
porque sabemos que la justicia es sinónima de denegación de justicia;
3. Economía: o sea, que los litigantes tengan que efectuar los menores
desembolsos pecuniarios posibles para ver triunfar su derecho, porque la
justicia cara también es sinónima de denegación de la misma, sobre todo
para las personas más desvalidas; y

1
4. Actividad: en el sentido de que se dote al juez del mayor número
posible de atribuciones, a objeto de que, dentro del proceso, tenga un papel
activo y de dirección efectiva y no sea de un mero espectador de la
contienda que se desarrolla entre las partes.

El estudio detallado de nuestro Código de Procedimiento Civil nos permitirá


apreciar, a la postre, hasta qué punto nuestro legislador se ha ajustado o no a los
sanos principios antes señalados como cualidades de todo buen proceso civil.

3. GENERALIDADES SOBRE TODO EL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL.

Los aspectos a analizar son los siguientes:

1. Nombre; y
2. Estructura;

a. Nombre.

A diferencia de la Ley de Organización y Atribuciones de los Tribunales de 1875,


llamada Código Orgánico de Tribunales sólo a contar desde 1943, el Código de
Procedimiento Civil lleva el nombre de tal desde la fecha de su promulgación. Creemos
que esto último es lo correcto, puesto que por Código se entiende la colección o
conjunto ordenado de leyes concernientes a una materia determinada.

Luego se ha colocado la frase “de procedimiento”, derivada, como se


comprende, de proceder, o sea, está tomada en el sentido de manera o forma de
conducir un negocio, concepto que aplicado a lo judicial es sinónimo a manera
ordenada de dirigir la conducta o marcha que requieren los asuntos judiciales; pero
como hay asuntos judiciales de orden civil y de orden penal, se ha agregado la palabra
“civil” para esclarecer que en este cuerpo legal sólo se tratará de esta última clase de
negocios judiciales, dejándose de lado los asuntos judiciales penales.

b. Estructura.

El Código de Procedimiento Civil chileno fue elaborado, en cuanto a su forma, de


acuerdo con el criterio clásico; o sea, consta de cuatro libros, los cuales se dividen en
títulos, éstos a su vez, se subdividen en párrafos y, por último, éstos comprenden
diversos artículos.

Así, los libros son:

1. Libro I: “Disposiciones Comunes a Todo Procedimiento”;


2. Libro II: “Del Juicio Ordinario”;
3. Libro III: “De los Juicios Especiales”; y
4. Libro IV: “De los Actos Judiciales No Contenciosos”.

El Libro Primero del Código de Procedimiento Civil queda comprendido por


los artículos 1° - 252°, dividido en 20 Títulos. Contiene normas aplicables a todo

2
procedimiento civil. Además, se aplican supletoriamente en procedimientos penales,
en virtud del Art. 52° del Código Procesal Penal.

El Libro Segundo del Código de Procedimiento Civil queda comprendido


por los artículos 253° - 433°, dividido en 12 Títulos. Contiene el procedimiento de
general aplicación a todos aquellos juicios civiles que no estén sometidos a un
procedimiento especial diverso. (Por ejemplo, si la cuantía excede las 500 UTM
estaríamos frente a un juicio de procedimiento de mayor cuantía) Doctrinalmente se
critica el empleo de la expresión JUICIO, debiendo haber utilizado el legislador la
expresión PROCEDIMIENTO.

El Libro Tercero del Código de Procedimiento Civil queda comprendido por


los artículos 434° - 816°, dividido en 20 Títulos. Se le hace la misma crítica que al Libro
II y contiene procedimientos aplicables para la tramitación de ciertos y determinados
juicios que reúnan determinadas características especiales atribuidas por la ley.

El Libro Cuarto del Código de Procedimiento Civil queda comprendido por


los artículos 817° - 925°, dividido en 15 Títulos. Contiene disposiciones generales
aplicables a todo acto no contencioso y en los Títulos siguientes se contienen normas
especiales aplicables a ciertos y determinados actos no contenciosos, como por
ejemplo la designación de tutores.

4. APLICACIÓN DE LAS NORMAS DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL.

De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 1º del Código de Procedimiento Civil, el


Código se aplica al procedimiento de las contiendas civiles entre partes y a los actos de
jurisdicción no contenciosa cuyo conocimiento corresponda a los Tribunales de Justicia.

De acuerdo al contenido del mismo Código y a lo dispuesto en el artículo 3º del


mismo, es posible obtener las siguientes reglas de aplicación:

i. Asuntos Civiles Contenciosos.

En este tipo de asuntos debemos distinguir si el juicio respectivo está


sujeto o no a un procedimiento especial de los establecidos en el Libro III
del Código de Procedimiento Civil o en alguna otra ley especial.

1. Si el juicio respectivo está sujeto a procedimiento especial:

En primer lugar, deben aplicarse las normas del respectivo


procedimiento especial establecido en el Libro II del Código de
Procedimiento Civil.

En segundo lugar, complementariamente, deben aplicarse las


Disposiciones Comunes a Todo Procedimiento, establecidas en el
Libro I del Código de Procedimiento Civil; y

En tercer lugar, supletoriamente, deben aplicarse las


disposiciones del procedimiento ordinario del Libro II del Código de
Procedimiento Civil a aquellos trámites o actuaciones que no sean

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objeto de regla especial ni en el procedimiento especial ni en las
disposiciones comunes a todo procedimiento.

2. Si el Juicio Respectivo No Está Sujeto a Procedimiento


Especial:

En primer lugar, debe aplicarse el procedimiento ordinario del


Libro II del Código de Procedimiento Civil; y

En segundo lugar, complementariamente, las disposiciones


comunes a todo procedimiento del Libro I del Código de
Procedimiento Civil.

ii. Asuntos Civiles no Contenciosos.

En este tipo de asuntos también debemos distinguir si el juicio


respectivo está sujeto o no a procedimiento especial de los establecidos
en el Libro IV del Código de Procedimiento Civil o en alguna otra ley
especial.

1. Si el Juicio Respectivo Está Sujeto a Procedimiento Especial:

En primer lugar, se aplican las normas especiales del Libro IV del


Código de Procedimiento Civil;

En segundo lugar, complementariamente, se aplican las


disposiciones comunes a todo acto no contencioso contenidas en el
Título I del Libro IV del Código de Procedimiento Civil;

En tercer lugar, se aplican las disposiciones comunes a todo


procedimiento del Libro I del Código de Procedimiento Civil; y

En cuarto lugar, supletoriamente, habría que aplicar las


disposiciones del procedimiento ordinario del Libro II del Código de
Procedimiento Civil a todos aquellos trámites o actuaciones que no
son objeto de regla especial diversa ni en el procedimiento especial
ni en las disposiciones comunes.

2. Si el Juicio respectivo No Está Sujeto a Procedimiento


Especial:

En primer lugar, se aplican las disposiciones comunes a todo


acto no contencioso del Libro IV del Código de Procedimiento Civil;

En segundo lugar, se aplican las disposiciones comunes a todo


procedimiento del Libro I del Código de Procedimiento Civil; y

En tercer lugar, se aplican las disposiciones del procedimiento


ordinario del Libro II del Código de Procedimiento Civil.

DERECHO PROCESAL FUNCIONAL.

4
1. ASPECTOS GENERALES.

Como dijimos anteriormente, el Derecho Procesal Funcional reglamenta la forma


como los Tribunales ejercen jurisdicción, esto es, cómo cumplen las funciones o
atribuciones que las propias leyes les han señalado.

Es decir, se preocupa de las instituciones y principios comunes a todas las


ramas del Derecho Procesal.

A su vez, el Derecho Procesal Funcional puede subclasificarse en Derecho


Procesal Civil y Derecho Procesal Penal, según sea la naturaleza civil o penal de la ley
de fondo cuya actuación se pretende en el proceso respectivo.

Pero antes de entrar de lleno en el estudio del Derecho Procesal Civil y luego
Penal, se estudiarán las instituciones y principios comunes a todo el Derecho Procesal:

1. La Acción;
2. La Excepción;
3. El Proceso;
4. Los Principios formativos del Proceso Civil y Penal;
5. Las Partes, su Comparecencia y Representación;
6. Las Actuaciones Procesales en el Proceso Civil y Penal; y
7. Las Resoluciones Judiciales.

LA ACCIÓN.
1. ASPECTOS GENERALES.

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La intervención de un tribunal, esto es, para que éste pueda avocarse al
conocimiento de un determinado asunto precisa de un acto de voluntad, precisa del
ejercicio de una acción.

En otras palabras, el tribunal debe ser legalmente requerido para resolver la


contienda.

La ley si bien no ha definido la acción, establece una serie de normas que


se refieren a ella y reglamentan su ejercicio.

Esta institución siempre ha sido objeto de controversia entre los autores quienes
discuten diversos, por ejemplo:

1. Se discute si la acción es un derecho, un poder o una facultad;


2. Se discute si la acción tiene un carácter concreto o abstracto en el
sentido de si únicamente debe tener acción aquél que realmente está en
posesión de un derecho o, por el contrario, puede tener acción cualquiera
persona que desee obtener una resolución judicial, posea o no derecho;
3. Se discute si la acción se dirige contra el Juez o bien contra el Estado, o si
se dirige contra el demandado o inculpado.

En Derecho Procesal el término de acción se utiliza con distintas acepciones:

1. Como sinónimo de derecho;


2. Como sinónimo de pretensión;
3. Como sinónimo de demanda; o
4. Como sinónimo de facultad para provocar la jurisdicción.

a. Acción como sinónimo de derecho.

La acción sería el derecho material del actor o demandante deducido en un


juicio determinado y que debe ser tutelado o resguardado. Sería el mismo derecho del
actor, pero puesto en ejercicio.

Esta acepción no es la correcta.

b. Acción como sinónimo de pretensión.

En este caso la palabra acción se refiere no al derecho material o sustancial,


sino que a aquel derecho que se autoatribuye el demandante y que puede coincidir o
no con el derecho sustancial.

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De acuerdo con Couture, pretensión consiste en la autoatribución o afirmación
de un derecho por parte de un sujeto que lo invoca y que pide a su respecto tutela
jurídica.

Esta acepción tampoco es exacta.

c. Acción como sinónimo de demanda.

Esta acepción tampoco es correcta, la acción y la demanda están relacionadas,


pero no son lo mismo.

La demanda es un acto procesal que sirve para el ejercicio de la acción.

d. Acción como sinónimo de facultad para provocar la jurisdicción.

Debemos señalar que todo individuo tiene esta facultad que le permite acudir a
los tribunales o ante los órganos de la jurisdicción con el objeto de que se le otorgue
amparo a una pretensión.

Toda persona tiene derecho a la jurisdicción del Estado, es decir, tiene derecho
a solicitar la protección de sus derechos o de los cree tener.

La acción, entonces, constituye un derecho independiente, autónomo y distinto


del derecho material.

La sentencia es la que va a determinar si la pretensión es fundada o no y si el


derecho material coincide o no con la pretensión, pero la acción ya ha sido ejercida.
Para el ejercicio de la acción es indiferente si la demanda va a prosperar o no.

Dicho de otra manera, cualquiera puede demandar a cualquiera y por cualquier


motivo o fundamento.

Esta es la acepción correcta.

2. CONCEPTO DE ACCIÓN.

Nuestra ley no contiene un concepto de acción.

Puede definirse la acción como la potestad que tiene el sujeto de derecho para
acudir voluntariamente ante los Tribunales de Justicia solicitando la satisfacción de una

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pretensión, esto es, que se reconozca o declare un derecho que cree tener y que le ha
sido desconocido.

De acuerdo con esta definición, la acción no es otra cosa que el derecho al


proceso.

Este derecho se ejerce en forma voluntaria, pues por regla general, y salva las
excepciones legales, nadie puede ser forzado a ejercer una acción.

Mediante el ejercicio de la acción se pide la intervención de la autoridad judicial,


esto con el objeto de que esta autoridad conozca del litigio y posteriormente lo
resuelva o decida.

El objeto de la acción viene a ser la cosa juzgada; con el ejercicio de la acción se


pretende que el juez dirima el conflicto con autoridad de cosa juzgada.

De todo esto se desprende que el contenido de la acción es netamente procesal.

Podemos decir que la acción, como tal, se cumple con la sola dictación de la
sentencia definitiva. La dictación de dicha sentencia es suficiente para justificar la
acción, sin importar si esa sentencia accede o no a las pretensiones del actor.

Couture define la acción como el poder jurídico que tiene todo sujeto de
derecho de acudir a los órganos jurisdiccionales para reclamar la satisfacción de una
pretensión.

Para este autor, la acción es una manifestación del derecho constitucional de


petición. En este caso, se trataría de una petición a las autoridades judiciales.

En nuestro ordenamiento jurídico podríamos decir que se trataría de la


manifestación del derecho consagrado en el artículo 19 n°14 de la Constitución Política.

A través de la acción se reclama un derecho que el actor cree tener; y esta


pretensión es el fundamento de toda acción. Ella aparece en toda demanda en la parte
denominada petitoria (el petitum de la demanda) y que generalmente va al término de
la demanda.

Esta pretensión será fundada cuando realmente existe un derecho que ampara
la pretensión; y será infundada cuando tal derecho no exista.

3. NATURALEZA JURÍDICA DE LA ACCIÓN.

Aquí se trata de resolver cual es el fundamento jurídico de la acción.

Existe distintas teorías, nosotros veremos las dos grandes doctrinas en que ellas
pueden agruparse.

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Estas doctrinas postulan:

1. La Teoría Clásica de la Acción; y


2. La Teoría del Derecho Autónomo.

a. Teoría Clásica de la Acción.

Esta doctrina, tradicional en la materia es de corte civilista y, en consecuencia,


privatista. Se originó en el siglo XIX, y en gran medida su formulación es obra del
jurista alemán Savigny.

Esta doctrina concibe o define la acción como un elemento del derecho objetivo,
sustancial o material, es decir, no distingue la acción del derecho material.

Por ello esta teoría también se denomina monista.

Ocurre que este derecho material, cuando está amenazada, y por este sólo
hecho, adquiere una condición dinámica y su titular queda facultado para reclamar
ante los tribunales de justicia el reconocimiento de este derecho.

Este derecho material se pone en movimiento como consecuencia de su


trasgresión, con el objeto de restablecer su eficacia.

Para esta teoría, es fundamental que el derecho material haya sido lesionado o
trasgredido.

Según esta teoría, habría identidad total entre acción y derecho, lo que se
traduce en los siguientes principios:

1. No existe derecho sin acción;


2. No existe acción sin que exista derecho; y
3. La acción tiene la naturaleza jurídica del derecho de que se trate.

A esta teoría se le formulan varias críticas:

1. No sirve para explicar todos aquellos casos en que existiendo un


derecho no existe acción. Por ejemplo, el caso de las obligaciones
naturales, el caso de las obligaciones prescritas, etc; y
2. Tampoco sirve para fundamentar el desarrollo del proceso en
aquellos casos en que la pretensión es infundada, es decir, cuando
se determina que no existía un derecho que la ampare.

Antes de señalar nada más, debemos recalcar que nuestro Código de


Procedimiento Civil está inspirado en la teoría civilista o monista. Así, en numerosos
artículos el término acción se encuentra mal utilizado; y lo mismo ocurre también en el
Código Orgánico de Tribunales.

b. Teoría del Derecho Autónomo.

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Esta teoría considera la acción como un derecho autónomo, independiente del
derecho sustancial. Uno de los autores más importantes que la desarrollan es
Windsheid.

Por ello, algunos autores denominan también a esta teoría dualista.

La teoría del derecho autónomo es de corte publicista y surgió en respuesta a


las críticas formuladas a la teoría tradicional y civilista.

En síntesis, esta teoría señala que la acción no es el derecho sustantivo o


material, sino que se trata de un derecho autónomo, distinto e independiente del
derecho material.

La acción es un derecho en sí mismo y basta para accionar que el actor haga


valer una pretensión, aunque en definitiva ella no coincida con el derecho material, lo
cual solo será aclarado en la sentencia que resuelva el asunto.

Por lo tanto, debe diferenciarse entre:

1. El Derecho material;
2. La Pretensión; y
3. La Acción.

Couture señala que la acción, como acto provocatorio de la jurisdicción, le


corresponde tanto al demandante sincero como al insincero, por lo tanto, pueden
promover acciones todas aquellas personas que erróneamente se consideran asistidas
de razón.

Siguiendo esta teoría, Devis Echandía define la acción como el derecho que
tiene toda persona para obtener la aplicación de la jurisdicción del Estado a un caso
concreto mediante una sentencia y a través de un proceso, con el fin de obtener la
declaración de derecho que pretende tener.

En la doctrina moderna predomina esta segunda teoría y todos los procesalistas


están de acuerdo en concebir a la acción como un derecho autónomo.

4. ELEMENTOS DE LA ACCIÓN.

Nuestro Código de Procedimiento Civil sigue la teoría monista o clásica y así


contempla los siguientes elementos de la acción:

1. La Existencia de Sujetos;
2. El Objeto de la Acción; y

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3. La Causa de la Acción.

a. Sujetos de la Acción.

Por una parte, existe un Sujeto Activo, el titular de la acción; y por otra, un
Sujeto Pasivo que es el destinatario de la acción.

En materia civil se habla del demandante o actor y del demandado. Ellos


constituyen las partes directas del juicio y nunca pueden faltar en un asunto
contencioso.

Ambas partes deben estar perfectamente individualizadas en el proceso, pero


excepcionalmente en materia penal se permite deducir la acción para perseguir la
responsabilidad de quienes resulten responsables, en cuyo caso el sujeto pasivo de la
acción no se encuentra individualizado.

Algunos sostienen que el Sujeto Pasivo de la acción no es el demandado, sino


que el Estado, creándose la relación jurídica entre el demandante y el órgano
jurisdiccional. El demandado sería únicamente el sujeto pasivo de la pretensión.

Conforme a ello, en todo juicio existirían dos relaciones:

1. La relación entre el demandante y el Estado; y


2. La relación de contradicción entre el demandante y el demandado.

Y los actos no contenciosos se diferenciarían precisamente porque la relación es


simple y se produce únicamente entre el peticionario o interesado y el Estado.

b. Objeto de la Acción.

El objeto de la acción es el derecho cuya protección o reconocimiento se


reclama ante el tribunal. No hay que confundirlo con la cosa material que se pide.

Para conocer el objeto de la acción es necesario preguntarse qué se pide por


medio de la acción. Por ejemplo, se pide que se reconozca un derecho personal de
crédito.

El objeto de la acción, dependiendo de la finalidad con que se ejerza el derecho


puede variar, y no siempre será idéntico. Por ejemplo, el demandante puede pedir al
tribunal que declare la existencia de un crédito u obligación personal, pero bien podría
pedir al tribunal el cumplimiento forzado de esa obligación o crédito que consta en un
título ejecutivo y de cuya existencia no hay duda.

El objeto de la acción permite su clasificación.

c. Causa de la Acción.

Equivale al porque se pide y nuestra ley denomina a este elemento “Causa de


Pedir”.

La causa de pedir es el fundamento inmediato del derecho que se pretende en


juicio.

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Tratándose de derechos reales, la causa de pedir es el hecho jurídico que
constituye el modo de adquirir ese derecho real. Tratándose de los derechos
personales, la causa de pedir estará en la fuente de la obligación.

5. CLASIFICACIÓN DE LAS ACCIONES.

En forma previa es necesario hacer una aclaración.

Las clasificaciones de la acción están formuladas siguiendo la teoría clásica de


la concepción de la acción, porque esta es la que sigue nuestro Código de
Procedimiento Civil.

Para la teoría del derecho autónomo de la acción, ella no admite clasificaciones


porque conceptualmente siempre será la misma, un acto provocatorio de la actividad
jurisdiccional y cualquier circunstancia relativa a la acción resulta irrelevante.

Veremos las clasificaciones más importantes de las acciones:

1. Atendiendo al objeto o finalidad de la acción, las acciones pueden


ser:

a. Acciones de condena;
b. Acciones declarativas;
c. Acciones constitutivas;
d. Acciones ejecutivas; y
e. Acciones precautorias.

2. Atendiendo al procedimiento aplicable a su ejercicio, se distinguen:

a. Acciones ordinarias; y
b. Acciones especiales, que a su vez pueden ser:

A. Acciones sumarias;
B. Acciones ejecutivas; y
C. Acciones cautelares o precautorias.

3. Atendiendo a la naturaleza cuya protección se pretende, las


acciones se clasifican en:

a. Acciones patrimoniales; y
b. Acciones extrapatrimoniales o de familia.

4. Atendiendo a la materia del asunto, las acciones pueden ser:

a. Acciones Civiles; y

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b. Acciones Penales.

5. Atendiendo a la cosa en que ha de ejercerse la acción, se


distinguen:

a. Acciones muebles; y
b. Acciones inmuebles.

6. Atendiendo a si la acción de que se trate puede o no subsistir por sí


sola, tenemos:

a. Acciones principales; y
b. Acciones accesorias.

a. Las Acciones según su Objeto o Finalidad.

Atendiendo al objeto o finalidad que se propone el demandante al ejercitar la


acción, ella puede clasificarse en:

1. Acción de Condena;
2. Acción Declarativa;
3. Acción Constitutiva;
4. Acción Ejecutiva; y
5. Acción Precautoria.

i. Acciones de Condena.

Acciones de condena son todas aquellas que persiguen como finalidad


que se dicte una sentencia que imponga al demandado una determinada
prestación, en definitiva, que se condene al demandado a una determinada
prestación.

Esta prestación podrá consistir en dar, hacer o no hacer algo.

Las acciones de condena se caracterizan porque la prestación a la que


eventualmente condene la sentencia es posible hacerla cumplir
forzadamente.

ii. Acciones Declarativas.

Acciones declarativas son aquellas que persiguen la declaración de un


derecho o de una situación jurídica incierta.

En este caso lo que se pretende es certeza respecto de un determinado


derecho o situación jurídica.

iii. Acciones Constitutivas.

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Acciones constitutivas son aquellas que persiguen la creación,
modificación o extinción de un estado jurídico. Por ejemplo; la acción de
divorcio, la acción de interdicción o la acción de separación judicial de
bienes.

iv. Acciones Ejecutivas.

Acciones ejecutivas son las que tienen por finalidad obtener el


cumplimiento forzado de una obligación que consta fehacientemente,
normalmente en un título ejecutivo.

En estos casos la existencia de la obligación no se discute pues existe en


título que no cabe ponerse en duda.

v. Acciones precautorias.

Acciones precautorias son las que tienen por finalidad obtener una
resolución judicial disponiendo una medida de seguridad que garantice el
resultado de otra acción principal y respecto de la cual aún no existe
pronunciamiento judicial definitivo.

Esta acción precautoria siempre va a estar en relación con otra principal,


en otras palabras, siempre va a ser accesoria.

b. Acciones según el Procedimiento Aplicable.

De acuerdo al procedimiento aplicable las acciones pueden ser:

1. Ordinarias;
2. Especiales;
a. Sumarias;
b. Ejecutivas; o
c. Cautelares o Precautorias.

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i. Acciones Ordinarias.

Acciones ordinarias son aquellas que se tramitan conforme al


procedimiento común que la ley ha establecido para el juicio ordinario.

En otras palabras, esta acción da origen a un procedimiento de carácter


lato y contradictorio por excelencia, en que se discute ampliamente la
cuestión debatida y las partes pueden hacer valer todas sus acciones y
excepciones.

ii. Acciones Sumarias.

Acciones sumarias son aquellas que dan origen a un procedimiento


breve y concentrado en el que la ley ha omitido una serie de diligencias y ha
acortado los plazos.

Este procedimiento sumario normalmente se aplica en todos aquellos


casos en que el asunto, por su naturaleza, requiere de una tramitación
rápida para su eficacia.

iii. Acciones Ejecutivas.

Acciones ejecutivas son aquellas que dan origen a un procedimiento


ejecutivo, que es un procedimiento de apremio en el que se aplican medidas
compulsivas.

iv. Acciones Cautelares o Precautorias.

Acciones cautelares son aquellas que se someten a un procedimiento


especial que persigue obtener una medida de seguridad que garantice el
resultado de otra acción que es principal.

c. Acciones según la Naturaleza del Derecho Protegido.

Según la naturaleza del derecho protegido, las acciones se clasifican en:

1. Patrimoniales; y
2. Extrapatrimoniales.

i. Acciones Patrimoniales.

Acciones patrimoniales son aquellas que reclaman la protección de


derechos patrimoniales, esto es, derechos de contenido pecuniario.

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Dependiendo del derecho patrimonial que se protegen, se pueden
clasificar en:
1. Acciones Reales; y
2. Acciones Personales.

Ello atendiendo al carácter real o personal del correspondiente derecho


patrimonial.

ii. Acciones Extra Patrimoniales.

Acciones extrapatrimoniales son aquellas que reclaman la protección


de un derecho de familia.

Por ejemplo; la acción de reclamación de filiación.

d. Acciones según la Materia del Asunto Discutido.

De acuerdo a la naturaleza de la materia discutida, las acciones se dividen en:

1. Acciones Civiles; y
2. Acciones Penales.

i. Acciones Civiles.

Acciones civiles son aquellas en la cual la materia discutida es de


naturaleza civil, normalmente de carácter pecuniario, aunque también cabe
incluir los asuntos de familia.

ii. Acciones Penales.

Acciones penales se refieren a derechos consagrados por las leyes


penales, esto es, de naturaleza penal y que, por lo mismo, no tienen
contenido económico.

La finalidad de la acción penal es perseguir la responsabilidad por la


comisión de un hecho delictual y la aplicación de la correspondiente sanción
penal a los responsables.

e. Acciones según la cosa en que ha de ejercitarse.

Habrá que estarse al artículo 580° del Código Civil.

Artículo 580°.- “Los derechos y acciones se reputan bienes muebles o


inmuebles, según lo sea la cosa en que han de ejercerse, o que se debe”. (…)

Así las cosas, acciones muebles serán aquellas en que la cosa que se persigue
o en que ha de ejercerse la acción es mueble. Y acciones inmuebles serán aquellas
en que la cosa en que han de ejercerse o que se debe es inmueble.

f. Acciones según pueden o no subsistir por sí solas.

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Atendiendo a si la acción puede o no subsistir por sí sola se distinguen las:

1. Acciones principales son aquellas que pueden subsistir por sí solas sin
la necesidad de otras; y
2. Acciones accesorias son aquellas que no subsisten por sí solas, sino que
precisan de la existencia de otra.

En último término es preciso hacer presente que estas clasificaciones no son


excluyentes y en vista de que atienden a diversos criterios, una determinada acción
puede perfectamente ser encasilladas en dos o más clasificaciones.

6. IMPORTANCIA DE LAS CLASIFICACIONES DE LAS ACCIONES.

Estas clasificaciones revisten importancia práctica fundamentalmente en tres


aspectos:

1. La naturaleza de la acción sirve para determinar la competencia del


tribunal por cuanto es un factor al que la ley atiende a la hora de asignar
competencia a los distintos tribunales;
2. La naturaleza de la acción también es importante para los efectos
de la prueba, específicamente para determinar el objeto de la prueba, esto
es, los hechos sobre los que esta deberá recaer; y
3. La naturaleza de la acción sirve también para determinar el
procedimiento según el cual debe tramitarse el respectivo proceso.

7. EL EJERCICIO DE LA ACCIÓN.

En materia civil, la única forma de hacer valer una acción es deduciendo la


respectiva demanda que es el medio por el cual el actor requiere formalmente la
intervención de los tribunales y que se efectúa a través de un escrito.

Este ejercicio de la acción es eminentemente voluntario y en principio nadie


está obligado a demandar. Excepcionalmente, sin embargo, en algunos casos la ley
obliga a deducir demanda y ejercer una acción pues en caso contrario se derivan
consecuencias procesales, como podría ser la caducidad de la acción.

Para ejercitar una acción es preciso cumplir con ciertos requisitos de forma:

1. Primero: cumplir con ciertos requisitos procesales que dicen relación


con el escrito de demanda los cuales establece en su mayoría el artículo
254° del Código de Procedimiento Civil, pero no se pueden olvidar tampoco
los requisitos comunes a todo escrito;

17
2. En segundo lugar: la acción debe hacerse valer ante tribunal
competente absolutamente y relativamente, sin perjuicio de la prórroga de
competencia; y
3. En tercer término: para ejercer la acción se requiere tener capacidad
de ejercicio o actuar debidamente representado; y debe también cumplirse
con los requisitos que establece la ley de comparecencia.

Es importante señalar, en relación a la capacidad de ejercicio que ella debe


concurrir también en el demandado; si no la tiene se le deberá demandar a través de
su representante legal.

La observancia de estos requisitos es de vital importancia para que la demanda


pueda ser admitida a tramitación. Si se omiten algunos de estos requisitos formales, la
demanda no puede ser admitida a tramitación.

Si la demanda cumple con todas las exigencias formales el juez tiene


que admitir la demanda a tramitación, lo que significa que debe proveerla.

Pero además de los requisitos formales nos encontramos con requisitos de


fondo y que se refieren a las condiciones necesarias para que la demanda sea, en
definitiva acogida; es decir, miran más bien a la pretensión antes que a la acción.

Ello, eso sí, para los partidarios de la teoría autónoma de la acción, porque para
los partidarios de la teoría monista, estos requisitos de fondo son también requisitos de
la acción ya que ella se identifica con el derecho que se reclama.

Se trata, en otros términos, de los requisitos necesarios para que el actor pueda
obtener en juicio.

Estos requisitos son los siguientes:

1. La existencia del derecho que se hace valer;


2. Calidad, esto es, que el demandante sea titular del derecho que
hace valer o bien lo ejerce a nombre de su titular; y
3. Que el actor que tenga un interés legítimo de manera que de no
mediar la intervención del tribunal, él sufriría un perjuicio material
o mora.

8. PLURALIDAD DE ACCIONES.

Esta terminología no es el correcta, pero es la que emplea el Código de


Procedimiento Civil.

18
Podría pensarse que se refiere al ejercicio simultáneo de varias demandas, pero
ello no es así, sino que se refiere a la acumulación de varias pretensiones en una
misma demanda.

La finalidad de la pluralidad de acciones es evitar la proliferación de varios


juicios distintos entre las mismas partes si se pueden resolver distintas pretensiones,
estén o no relacionadas en un mismo juicio.

El artículo 17 inciso 1° otorga una facultad (no se trata de una obligación) en


orden a que en un mismo juicio podrán entablarse dos o más acciones con tal que no
sean incompatibles.

Son compatibles las pretensiones que pueden ser cumplidas simultáneamente


en la eventualidad que se acojan todas ellas en la sentencia definitiva.

Sin embargo, podrán proponerse en una misma demanda dos o más acciones
incompatibles para que sean resueltas una como subsidiaria de otra. (Art. 17 inc. 2°
CPC)

Conforme al n°6 del artículo 170 del CPC, en tal caso, podrá omitirse en la
sentencia definitiva la resolución de aquellas que sean incompatibles con las
aceptadas.

La regla es que el juez en la sentencia definitiva debe pronunciarse sobre todas


las acciones que se hayan hecho valer en el juicio.

Si el actor opta por hacer ejercer varias acciones en una misma demanda, debe
tener en cuenta que deben cumplirse los siguientes requisitos:

1. Que las varias pretensiones estén sometidas a un mismo


procedimiento de manera que sea posible unificar el proceso; y
2. Que lo permitan las reglas de la competencia, esto es que el juez
ante quien presenta la demanda sea competente para conocer de
todas las acciones.

Existen otros casos de acumulación de acciones en un mismo juicio, pero no en


una misma demanda. Así ocurre en los siguientes casos:

1. En el caso de la Reconvención;
2. En el caso de la Acumulación de Autos;
3. En el caso de la Litis Consorcio.

La reconvención es el ejercicio de la acción que puede hacer el demandado en


el escrito de contestación cuando tiene pretensiones en contra del demandante.

En el fondo se trata de una nueva demanda y el demandado que deduce


reconvención se considera como demandante y como demandada, la parte contra
quien se deduzca la reconvención.

19
La acumulación de autos tiene lugar siempre que se tramiten separadamente
dos o más procesos que deban constituir un solo juicio y terminar por una sola
sentencia, para mantener la continencia, o unidad de la causa. (Art. 92° del CPC)

La acumulación de autos constituye una excepción al principio de la radicación.

La litis consorcio tiene lugar cuando en un mismo proceso existe pluralidad de


partes, esto es, existen varios sujetos como demandantes y demandados.

En efecto, conforme al artículo 18° del CPC, en un mismo juicio podrán


intervenir como demandantes o demandados varias personas siempre que se deduzca
la misma acción, o acciones que emanen directa e inmediatamente de un mismo
hecho, o que se proceda conjuntamente por muchos o contra muchos en los casos que
autoriza la ley.

Esto se denomina acumulación subjetiva de acciones y se produce, no obstante


que sería posible que cada uno de los sujetos ejercitase separadamente su acción.

9. EJERCICIO FORZADO DE LA ACCIÓN.

El ejercicio de la acción constituye un derecho potestativo que, en principio,


depende exclusivamente de la voluntad del actor quien determinará si ejerce la acción
y en qué momento la ejerce, sin perjuicio de tener presente el plazo de prescripción de
la misma.

Sin embargo, existen casos excepcionales establecidos por la ley en que una
persona está obligada a deducir su acción.

Es obligatorio en cuanto si la persona no hace uso de su derecho, ello le va a


significar determinadas sanciones o consecuencias jurídicas en su contra.

Estas sanciones no son siempre las mismas sino que ellas pueden variar según
el caso. La más común es la pérdida del derecho.

Estas excepciones de excepciones son las siguientes:

1. El caso del artículo 21° del CPC cuando la acción ejercitada


corresponde también a otra u otras personas determinadas;
2. El caso de la Jactancia contemplados en los artículos 269° y
siguientes del CPC;
3. El caso que tiene lugar cuando se han concedido medidas
prejudiciales precautorias; y
4. El caso de la reserva de acciones en el juicio ejecutivo. (Art. 474°
del CPC)

a. El caso del artículo 21° del CPC.

20
En conformidad con el artículo 21° de CPC, si la acción ejercida por alguna
persona corresponde también a otra u otras personas determinadas, podrán los
demandados pedir que se ponga la demanda en conocimiento de las que no hayan
ocurrido a entablarla, quienes deberán expresar en el término de emplazamiento si se
adhieren a ella:

1. Si las dichas personas se adhieren a la demanda: se aplicará lo


dispuesto en los artículos 12° y 13° del Código de Procedimiento Civil;
2. Si declaran su resolución de no adherirse: caducará su derecho; y
3. Y si nada dicen dentro del término legal: les afectará el resultado
del proceso, sin nueva citación. En este último caso podrán comparecer en
cualquier estado del juicio, pero respetando todo lo obrado con anterioridad.

El fundamento de esta disposición se encuentra en la idea de evitar que el


demandado se vea enfrentado a varios juicios en relación con el mismo asunto.

Para que tenga lugar deben cumplirse los siguientes requisitos:

1. Es necesario que la demanda se encuentre legalmente notificada;


2. Debe tratarse de una acción que corresponde a varias personas
pero que sólo una de ellas ejerce; y
3. El demandado debe solicitar expresamente que la demanda sea
puesta en conocimiento de las demás personas a quienes
corresponde la acción.

b. La Jactancia.

Los artículos 269° y siguientes del CPC se refieren a la jactancia la que tiene
lugar cuando una persona, a la que se llama jactancioso, manifiesta que le corresponde
un derecho del cual no está gozando y esa declaración afecta o perjudica a otro.

En este caso, el afectado por la jactancia, quien se denomina jactado, y que es


realmente el titular del derecho, puede obligar judicialmente al jactancioso a deducir
demanda reclamando el derecho que dice le corresponde dentro del plazo legal y bajo
apercibimiento de que si no lo hace, posteriormente no será oído sobre ese derecho,
esto es, bajo apercibimiento de perder la acción.

Artículo 269°.- “Cuando alguna persona manifieste corresponderle un


derecho de que no esté gozando, todo aquél a quien su jactancia pueda

21
afectar, podrá pedir que se la obligue a deducir demanda dentro del plazo de
diez días, bajo apercibimiento, si no lo hace, de no ser oída después sobre
aquel derecho. Este plazo podrá ampliarse por el tribunal hasta treinta días,
habiendo motivo fundado”.

De acuerdo con el artículo 270°, se entenderá haber jactancia siempre que:

1. La manifestación del jactancioso conste por escrito;


2. La manifestación del jactancioso se haya hecho de viva voz, a
lo menos, delante de dos personas hábiles para dar testimonio en
juicio civil; y
3. Habrá también lugar a deducir demanda de jactancia contra el
que haya gestionado como parte de un proceso criminal de que
puedan emanar acciones civiles contra el acusado, para el
ejercicio de estas acciones.

La demanda de jactancia se someterá a los trámites establecidos para el juicio


sumario.

Si se da lugar a ella, y vence el plazo concedido al jactancioso para deducir su


acción sin que cumpla lo ordenado, deberá la parte interesada solicitar que se declare
por el tribunal el apercibimiento a que se refiere el artículo 269° antes citado.

Esta solicitud se tramitará como incidente.

Por su parte, la acción de jactancia prescribe en seis meses, contados desde


que tuvieron lugar los hechos en que pueda fundarse.

c. Situación en que se han concedido medidas prejudiciales precautorias.

De acuerdo con el artículo 280° del CPC, concedida una medida prejudicial
precautoria, deberá el solicitante presentar su demanda en el término de diez días y
pedir que se mantengan las medidas decretadas. Este plazo podrá ampliarse hasta
treinta días por motivos fundados.

Si no se deduce demanda oportunamente, o no se pide en ella que continúen en


vigor las medidas precautorias decretadas, o al resolver sobre esta petición el tribunal
no mantiene dichas medidas, por este solo hecho quedará responsable el que las haya
solicitado de los perjuicios causados, considerándose doloso su procedimiento.

22
d. Caso de la reserva de acciones en el juicio ejecutivo.

En el juicio ejecutivo, puede el ejecutado deducir oposición legal exponiendo en


el mismo acto que no tiene medios de justificarla en el término de prueba, y pedir que
se le reserve su derecho para el juicio ordinario y que no se haga pago al acreedor sin
que caucione previamente las resultas de este juicio.

En dicho evento el tribunal dictará sentencia de pago o remate y accederá a la


reserva y caución pedidas.

En tal caso, si no entabla el deudor su demanda ordinaria en el término de


quince días, contados desde que se le notifique la sentencia definitiva, se procederá a
ejecutar dicha sentencia sin previa caución, o quedará ésta ipso facto cancelada, si se
ha otorgado. (Art. 474° del CPC)

10. EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN.

a. Extinción de la acción después de su ejercicio.

Una vez que ha sido efectivamente ejercitada y el derecho se agota como


consecuencia del efecto de la cosa juzgada.

Pero además, una vez ejercitada, la acción puede extinguirse por otras formas:

1. En caso de que se produzca el desistimiento de la demanda;


2. En los casos que la partes celebran una transacción;
3. En caso de que se produzca entre las partes conciliación; y
4. En caso de que las partes lleguen a un avenimiento.

b. Extinción de la acción antes de su ejercicio.

Antes de su ejercicio, por la renuncia del interesado.

EXCEPCIÓN.
1. ASPECTOS GENERALES.

En sentido amplio excepción es todo medio de defensa que puede utilizar el


demandado en contra del actor para oponerse a sus pretensiones. Desde este punto de
vista, consiste en una potestad jurídica que tiene el demandado a oponerse a las
pretensiones del actor.

La excepción constituye una reacción frente a la demanda, frente a la acción.

En el campo del Derecho Procesal se entiende que la excepción es el derecho a


defenderse, independientemente del contenido de dicha defensa.

Ahora bien, en cuanto al momento a partir del cual el demandado tiene este
derecho, este derecho a defensa nace para el demandado desde que es notificado

23
legalmente de la demanda ya que desde ese momento no puede desentenderse del
juicio y sus resultados le afectarán.

A partir de la notificación legal de la demanda, empieza a correr para el


demandado un plazo para que concurra a hacer valer sus excepciones.

Todo este procedimiento es lo que se denomina emplazamiento, el cual


constituye un trámite o diligencia esencial de todo juicio y que consiste en el
llamamiento o convocatoria que hace el tribunal al demandado para que concurra
dentro de plazo legal a defenderse por cuanto se ha deducido demanda en su contra.

El emplazamiento consta de 2 elementos:

1. La notificación legal de la demanda y de su proveído al


demandado. Por regla general esta notificación debe ser personal lo
que significa entregar copia íntegra de la demanda y su proveído; y
2. El transcurso íntegro del plazo legal que tiene el demandado
para comparecer defendiéndose, el cual se denomina término de
emplazamiento.

Si falta alguno de estos elementos, no hay emplazamiento.

2. EFECTOS DE LA NOTIFICACIÓN LEGAL DE LA DEMANDA.

a. Efectos Civiles.

Los efectos civiles de la notificación de la demanda son:

1. La notificación de la interrumpe la prescripción;


2. El deudor queda constituido en mora; y
3. Además, en muchos casos las prestaciones a que puede
condenar la sentencia se deben desde la notificación de la
demanda.

b. Efectos Procesales.

Los efectos procesales de la notificación de la demanda son:

1. Con la notificación de la demanda el tribunal queda obligado a


conocer del asunto y desde este momento se entiende que existe
juicio para todos los efectos legales;
2. El demandante adquiere la obligación o carga procesal de seguir
adelante con su acción salvo que renuncie a ella desistiendo de su
demanda, pero no puede retirarla; y
3. El demandado a su vez queda obligado a comparecer ante el
tribunal para hacer valer su defensa, esto es, desde este momento
surge su derecho de defensa y la obligación de comparecencia.

24
Ahora bien, una vez emplazado, el demandado puede defenderse en distintas
oportunidades procesales que varían según cual sea el procedimiento aplicable.

Dependiendo del procedimiento el demandado podrá hacer valer su defensa ya


sea dentro de un plazo determinado variable, que será lo normal; o bien, en una
oportunidad que establece la ley, en aquellos procedimientos en que se contempla una
audiencia o comparendo de contestación de la demanda.

Tratándose del procedimiento ordinario, el demandado cuenta con un plazo


prudencial para hacer valer su defensa, el cual es variable.

En efecto este plazo, denominado término de emplazamiento tiene una duración


mínima que puede aumentarse en atención al lugar en que haya sido notificado el
demandado de acuerdo a lo establecido en una tabla que se denomina tabla de
emplazamiento.

Dentro de este término de emplazamiento, el demandado puede ejercer su


defensa en cualquier momento y hasta el último día de éste.

Pero en otros procedimientos, tales como el procedimiento sumario, la ley ha


establecido un comparendo de contestación de la demanda el cual es la única
oportunidad para que el demandado puede contestar la demanda.

En el juicio sumario, el comparendo debe fijarse por el juez para el quinto día
hábil después de la última notificación de la demanda.

El demandado podrá comparecer en la oportunidad legal y defenderse:

1. Oponiendo excepciones previas a la contestación de la demanda


en cuyo caso no la contesta;
2. Contestando la demanda y formulando sus defensas;
3. Puede también comparecer y allanarse a la demanda, es decir,
aceptarla; y
4. Puede ocurrir que el demandado no comparezca en la
oportunidad legal.

Lo último significa que el demandado no se defiende, no hace valer su derecho


a la defensa y adopta más bien una actitud pasiva. Ahora bien, ello no significa en
ningún caso que acepta la demanda, simplemente pierde su derecho a contestar la
demanda, pero en la práctica su actitud significa la negación de la demanda de manera
que igualmente corresponde al demandante acreditar su derecho.

3. FORMAS EN QUE SE PUEDE DEFENDER AL DEMANDADO.

La doctrina distingue entre defensa y excepción. (la ley no hace esa distinción)

Así, se señala que la defensa consiste en desconocer los hechos y el derecho


objeto de la pretensión del demandante. Consiste en una negativa de los hechos y del
derecho invocado por el demandante y atañe siempre al fondo del asunto.

25
La excepción, en cambio, supone o reconoce de algún modo el derecho que se
invoca, pero ataca el ejercicio de la acción, sosteniendo determinados hechos que le
privan de su fuerza los cuales pueden decir relación tanto con aspecto de fondo como
de forma.

En nuestro Código, defensa y excepción se tratan como sinónimos, entendidos


como el derecho a la defensa.

4. ELEMENTOS DE LA EXCEPCIÓN.

Se distinguen como elementos de la excepción:

1. La Existencia de Sujetos;
2. El Objeto de la Excepción; y
3. La Causa de la Excepción.

a. Sujetos de la Excepción.

Existen dos sujetos, un sujeto activo y un sujeto pasivo.

El Sujeto activo es aquel que deduce u opone la excepción, el demandado, y el


Sujeto pasivo es el destinatario de la excepción formulada, el demandante.

b. Objeto de la Excepción.

El objeto de la excepción es la finalidad que ella persigue y que podrá ser


paralizar o extinguir la acción.

c. Causa de la Excepción.

La causa de la acción es el fundamento sobre la base del cual se plantea la


excepción.

5. CLASIFICACIÓN DE LAS EXCEPCIONES.

Desde el punto de vista del Derecho Procesal, las excepciones se clasifican en:

1. Excepciones Dilatorias;
2. Excepciones Perentorias; y
3. Excepciones Mixtas.

a. Excepciones Dilatorias.

26
Las excepciones dilatorias son aquellas defensas que tienen por objeto
corregir vicios o defectos del procedimiento sin afectar al fondo de la acción deducida.

Mientras se resuelve la excepción dilatoria y mientras los vicios se corrigen, si


es que existen, se posterga la discusión del fondo del asunto.

La única oportunidad para hacer valer estas excepciones es dentro del término
de emplazamiento y antes de proceder a contestar la demanda.

b. Excepciones Perentorias.

Las excepciones perentorias son aquellas que atacan el fondo de lo discutido


enervando la acción.

Aquí no hay vicios de procedimiento.

Estas excepciones perentorias son bastantes variadas y también numerosas


porque se incluyen, entre otras, todos los modos de extinguir las obligaciones.

La regla general es que las excepciones perentorias deban formularse en el


escrito de contestación de la demanda; pero excepcionalmente algunas excepciones
pueden oponerse fuera de este escrito, en cualquier estado del juicio hasta antes de la
citación para oír sentencia en primera instancia de la vista de la causa en segunda, nos
referimos a las excepciones de prescripción, cosa juzgada, transacción y pago efectivo
de la deuda cuando éste se funde en un antecedente escrito. (Art. 310° del CPC)

Estas excepciones revisten especial importancia pues desde que se refieren al


fondo del asunto, determinan, junto a las pretensiones del demandante, la cuestión
controvertida.

c. Excepciones Mixtas.

Las excepciones mixtas son aquellas de naturaleza perentoria, pero que se


pueden hacer valer como dilatorias, antes de contestar la demanda y dentro del
término de emplazamiento, como ocurre con la cosa juzgada y la transacción. (Art.
304° CPC)

6. LA RECONVENCIÓN.

a. Generalidades.

Dijimos que el demandado, una vez notificado de la demanda, puede adoptar


diversas actitudes, entre otras, comparecer; y contestar la demanda deduciendo al
mismo tiempo demanda reconvencional.

27
Se define la reconvención diciendo que es la demanda que el demandado
deduce contra el actor, en el escrito de contestación de la demanda ejercitando
cualquier acción que tenga en su contra.

Su fundamento no es otro que la economía procesal, pues así como la ley


permite que el demandante deduzca en su demanda diversas acciones sin conexión
entre sí, salvo si fueren incompatibles, para evitar la multiplicidad de juicios, también
permite que el demandado haga valer las acciones que tenga en contra del actor, a fin
de reunir las diversas litis en un solo proceso.

Sin embargo, es necesario dejar en claro que las dos acciones, la que se ejercita
en la demanda primitiva y la que se ejercita en la demanda reconvencional no
requieren tener relación o conexión jurídica alguna.

Para nuestra legislación procesal, a diferencia de algunas extranjeras, la acción


principal y la reconvencional pueden ser perfectamente independientes y ajena la una
de la otra, emanando cada una de ellas de sus diversos y respectivos títulos.

b. Sujetos de la Reconvención.

La reconvención es una facultad que la ley confiere a todo demandado en juicio.


(Art. 314° CPC)

Se trata de una facultad y no de un deber, pues su titular, o sea el demandado,


si quiere deduce reconvención y si no lo desea, le quedan a salvo sus derechos para
hacerlos valer en proceso separado.

El mandatario judicial del demandado puede deducir reconvención en su nom-


bre sin necesidad de facultad especial, puesto que el poder para litigar autoriza al
procurador para tomar parte en el juicio, del mismo modo que podría hacerlo el
mandante. (Art. 7° CPC)

La reconvención, a su vez, debe ser dirigida en contra de la persona que


desempeñe el papel de demandante en el juicio primitivo, quien pasa a ser parte
demandada frente a la reconvención; (Art. 314° CPC) y podrá ser contestada por su
mandatario judicial, aun cuando no tenga facultades especiales por la misma razón
dada anteriormente.

De lo anterior tenemos que los sujetos en la reconvención son:

1. Sujeto activo o demandante reconvencional, que es al mismo


tiempo, el demandado en el juicio principal; y
2. Sujeto pasivo o demandado reconvencional, que es al mismo
tiempo demandante en el juicio principal.

c. Condiciones de procedencia de la Reconvención.

Son dos las condiciones o los requisitos para que la reconvención sea
legalmente procedente:

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1. Que el tribunal ante el cual se reconviene tenga competencia
para conocer de la reconvención estimada como demanda, o si es
relativamente incompetente, que opere la prórroga de competencia;
y (Art. 315 inc. 1° CPC)
2. Que tanto la acción principal cuanto la acción reconvencional y
en razón de sus respectivas naturalezas, estén sometidas a un
mismo procedimiento, esto es, al del juicio ordinario de mayor
cuantía.

La competencia del tribunal que está conociendo de la demanda principal debe


ser absoluta, y relativa. Pero podrá ser relativamente incompetente siempre que opere
la prórroga tácita de competencia.

La identidad de procedimientos entre la demanda principal y la reconvención es


un requisito obvio, desde el momento en que ambas deben tramitarse y fallarse
conjuntamente. (Art. 316 inc. 1° CPC)

d. Requisitos del escrito de la demanda reconvencional.

La reconvención constituye una verdadera demanda, por lo que debe cumplir


con las exigencias propias del escrito de demanda.

Asimismo, tratándose de una demanda, el demandante reconvencional puede


ampliarla o rectificarla antes de ser contestada. (Art. 314°, parte primera CPC)

e. Oportunidad para Reconvenir.

La única oportunidad para deducir demanda reconvencional es al contestar la


demanda y en el mismo escrito de contestación.

Por el solo hecho de contestar la demanda se extingue irrevocablemente el


derecho a reconvenir.

Aun cuando el plazo para contestar todavía no hubiere vencido, el solo hecho
que el demandado presente su escrito de contestación de la demanda extingue su
derecho para poder reconvenir posteriormente.

29
EL PROCESO.
1. GENERALIDADES.

Cuando se trata de dar un concepto de proceso, siempre hay 3 ideas afines que
giran en torno a esta institución. Se trata de 3 conceptos que a veces se confunden y
que es preciso diferenciar:

1. El Proceso propiamente tal;


2. El Juicio; y
3. El Procedimiento.

a. El Proceso propiamente tal.

El proceso es uno de los medios que existe para darle solución a los conflictos
jurídicos o de interés.

Se trata del medio más perfecto y de él se sirve el Estado para dar solución a los
conflictos de relevancia jurídica, en otras palabras, es el medio de que se sirve el
Estado para realizar el ejercicio de la jurisdicción.

30
Desde este punto de vista, el proceso es un instrumento destinado a satisfacer
las pretensiones procesales de las partes.

b. El Juicio.

El contenido del proceso está dado por el litigio o la controversia que se


promueve entre partes y que se somete al tribunal.

El juicio consiste en la controversia jurídica actual entre partes que se somete


al conocimiento y resolución del tribunal.

El juicio es presupuesto del proceso, pues no se puede concebir la jurisdicción


sin controversia.

Para que pueda existir juicio y para que este sea válido es necesaria la
concurrencia de algunos requisitos que la doctrina denomina presupuestos procesales
del juicio.

Tales requisitos son:

1. Los presupuestos procesales de existencia del juicio; y


2. Los presupuestos procesales de validez del juicio.

Veamos cada uno de ellos.

i. Presupuestos procesales de existencia del juicio.

Los presupuestos de existencia del juicio son los siguientes:

1. La existencia de una controversia o litigio de naturaleza


jurídica;
2. Que dicha contienda jurídica sea actual, es decir, tiene que
estar referida a una situación real y concreta;
3. La existencia de partes; la controversia jurídica actual
necesariamente tiene que producirse entre dos o más partes o
sujetos que hacen valer pretensiones contradictorias; y
4. La existencia de un tribunal, órgano que debe conocer y
resolver la contienda.

ii. Presupuestos procesales de validez del juicio.

Para que el juicio tenga validez, esto es, para que las diligencias del
proceso no puedan anularse, se requiere además de otros requisitos:

1. La competencia del tribunal llamado a resolver la contienda,


tanto absoluta como relativa;

31
2. La capacidad de las partes litigantes para comparecer en
juicio; el demandante debe ser capaz de ejercer la acción y el
demandado debe ser capaz de ser emplazado en juicio; y
3. La observancia de las formalidades prescritas por la ley para
la validez de los diversos actos que conforman el proceso.

c. El Procedimiento.

El Juicio se desenvuelve mediante el proceso y el proceso está compuesto por


una serie de actos procesales, esto es, de actos jurídicos especiales, complejos y
diversos, distintos unos de otros.

A través de estos distintos actos procesales se van materializando los derechos


que hacen valer las partes y eventualmente los terceros.

Todos estos actos procesales constituyen una especie de cadena, pues siguen
un orden armónico donde cada acto debe verificarse de cierta forma y en cierta
oportunidad.

Entonces, el procedimiento es la forma o modo en que se desarrollan los actos


procesales que configuran el proceso, el cual depende de la naturaleza de la acción
deducida.

2. ACEPCIONES Y CONCEPTO DEL PROCESO.

Couture señala que el proceso es la secuencia o serie de actos que se


desenvuelven progresivamente con el objeto de resolver mediante un juicio de la
autoridad un conflicto sometido a su decisión.

Alcalá Samora define el proceso como un medio jurídico para la dilucidación


jurisdiccional de una pretensión litigiosa.

Para Juan Colombo, el proceso es un conjunto de actos procesales unidos por la


relación procesal y que normados por un procedimiento, tiene por objeto la solución de
un conflicto de intereses de relevancia jurídica con efecto de cosa juzgada.

De todas estas definiciones de proceso destacan como características de éste,


las siguientes;

1. El proceso está conformado por una secuencia de actos


procesales que son obra de las partes o del tribunal;
2. Esta secuencia de actos es variable y va a depender del
procedimiento que resulte aplicable según la naturaleza de la
acción deducida;
3. Todos estos actos que conforman el proceso se desenvuelven en
forma progresiva, de acuerdo a un orden preestablecido y cada uno

32
de ellos es consecuencia del anterior, con la salvedad del primer
acto procesal;
4. La finalidad del proceso es resolver un conflicto jurídico
mediante la sentencia que produce efecto de cosa juzgada.
Esta es la finalidad pública del proceso que tiene por objeto
proteger la seguridad jurídica mediante la protección de la
efectividad de los derechos. Pero según algunos autores el proceso
tiene también un fin privado, que corresponde a la satisfacción de
las pretensiones procesales de las partes; y
5. La resolución del conflicto se logra mediante un juicio de
autoridad que proviene del ejercicio de la jurisdicción.

3. NATURALEZA JURÍDICA DEL PROCESO.

Se trata de determinar la calificación jurídica del proceso, esto es, en qué


categoría jurídica puede ubicarse el proceso o si constituye una institución sui generis.

Para determinar aquello se toma en consideración el vínculo jurídico que une a


las partes durante el proceso.

Existen al respecto dos grandes grupos de Teorías:

1. Teorías Privatistas: en las cuales, algunos consideran al proceso como


un contrato y otros como un cuasicontrato; y
2. Teorías Publicistas: en las cuales algunos señalan que el proceso
constituye una relación jurídica, otros que se trata de una situación jurídica y
finalmente otros afirman que se trata de una institución jurídica.

a. Teoría del Proceso-Contrato.

Para esta teoría el proceso es un contrato, esto es, un acuerdo de voluntades


efectuado con la intención de crear derechos y obligaciones para las partes.

Esta teoría asimila el proceso al contrato, pues el primero supone un acuerdo de


voluntades entre los litigantes mediante el cual, ambos convienen en someter un
determinado asunto a la decisión del Tribunal y se obligan a aceptar dicha decisión.

Esta teoría se encuentra superada ya que no es posible explicar con ella todo el
fenómeno coactivo del proceso.

b. Teoría del Proceso-Cuasicontrato.

Como no se podía explicar el proceso como un contrato, se buscó entonces


explicarle como un cuasicontrato señalando que si bien no había acuerdo de
voluntades se trataba de una fuente de obligaciones.

c. Teoría del Proceso-Relación Jurídica.

33
Los autores alemanes explican la naturaleza jurídica del proceso como una
relación jurídica procesal basada en la ley quien la crea. Se trata entonces de un
conjunto de derechos y obligaciones establecidos por la ley.

De acuerdo con Couture, el proceso es una relación jurídica entre todos los
sujetos que intervienen en él, es decir, entre el demandante, el demandado y el Juez;
cada uno de los cuales tiene ciertas potestades y facultades a la vez que ciertas cargas
y obligaciones que la ley establece para que el proceso se pueda realizar.

Esta relación jurídica se mantiene durante todo el curso del proceso. La relación
quedaría integrada con la contestación de la demanda y dura hasta que se extingue
cuando la sentencia definitiva queda ejecutoriada.

Esta relación jurídica se caracteriza porque:

1. Es compleja en cuanto comprende todo un conjunto de derechos


y obligaciones;
2. Los derechos y obligaciones que ella genera tienen su fuente en
la ley;
3. Es una relación autónoma en cuanto es distinta de la relación
jurídica-material que pueda existir entre las partes y que forma
parte del asunto o cuestión controvertido; y
4. Es una relación de derecho público por cuanto el proceso está
directamente relacionado con el ejercicio de la jurisdicción.

d. Teoría del Proceso-Situación Jurídica.

Algunos autores critican la teoría del proceso-relación jurídica señalando que lo


que existe realmente es una situación de incertidumbre frente a la sentencia en que
cada una de las partes tiene expectativas diversas.

Indican, entonces, que el proceso no funciona en base a derechos y


obligaciones, resabios del derecho civil, sino en base a situaciones jurídicas.

Así, por ejemplo, el demandado no tiene la obligación de contestar la demanda,


pero si no lo hace, aumentan sus posibilidades de perder el juicio.

Así en realidad solo existen para las partes cargas procesales que son
actuaciones que las partes se ven en la necesidad de ejecutar para evitar un perjuicio
de su situación jurídica.

e. Teoría del Proceso-Institución Jurídica.

En síntesis, esta teoría establece que el proceso es un instituto jurídico, es decir,


una creación o realidad objetiva propia formada por un conjunto complejo de actos
regulados por el Derecho para lograr un determinado fin: resolver una controversia
jurídica entre partes y que ha sido sometida al conocimiento de un tribunal.

34
f. Teoría Moderna de la Relación Jurídica Compleja.

Finalmente, encontramos la teoría de la relación jurídica compleja, propuesta


por autores como Carnelutti, la cual goza hoy en día de la aceptación mayoritaria de la
doctrina, sobre todo por ser aplicable casi enteramente al proceso civil e inclusive a los
procesos criminales con ciertas diferencias. Consiste en establecer que el proceso es
un conflicto de intereses jurídicamente relevante, y que en consecuencia es objeto de
regulación especial por parte del Derecho, constituyendo su esencia la “justa
composición de la litis”.

Se estima que las teorías antes enunciadas, adolecen del error de definir la
naturaleza del proceso como aquella que el derecho positivo le asigna; miran a la
existencia en lugar de la esencia.

g. Conclusión sobre las teorías.

Frente a estas posturas, el profesor Adolfo Alvarado Velloso asumiendo una


posición garantista, reivindica el proceso como un medio de debate dialogal y
argumentativo que se realiza entre dos sujetos naturalmente desiguales situados en
posiciones antagónicas respecto de un mismo bien de la vida y que se igualan
jurídicamente a los fines de la discusión merced a la actuación del director del debate,
que como tal luce y debe lucir siempre tres calidades esenciales: imparcialidad,
impartialidad e independencia, todo lo cual asegura la permanente bilateralidad de la
audiencia.

4. MATERIALIDAD DEL PROCESO. (CARPETA ELECTRÓNICA)

a. Formación de la Carpeta Electrónica.

En esta materia nos importa el artículo 29° del Código de Procedimiento Civil.

Artículo 29°.- “Se forma la carpeta electrónica con los escritos,


documentos, resoluciones, actas de audiencias y actuaciones de toda especie
que se presenten o verifiquen en juicio”.

Los escritos no están definidos en la ley, pero se entiende que los escritos son
las presentaciones o solicitudes de cualquier naturaleza que efectúen las partes o los
terceros en el proceso.

Los documentos son los instrumentos públicos o privados que las partes
acompañen al proceso y que constituyen medios probatorios.

Las actuaciones son las diversas diligencias que se van verificando a medida
que se va desarrollando el proceso y de las cuales debe dejarse siempre constancia
escrita, aun si se trata de diligencias verbales.

Todos esos antecedentes deben ser registrados y conservados íntegramente en


orden sucesivo conforme a su fecha de presentación o verificación a través de
cualquier medio que garantice la fidelidad, preservación y reproducción de su
contenido, lo que se regula mediante Auto Acordado de la Corte Suprema.

35
La carpeta electrónica estará disponible en el portal de internet del Poder
Judicial, salvo que la ley establezca lo contrario o habilite al tribunal para restringir su
publicidad, o la de alguna parte de ella.

Ninguna pieza de la carpeta electrónica podrá eliminarse sin que previamente lo


decrete el tribunal que conoce de la causa. Los escritos y documentos se deben
presentar por vía electrónica, conforme se dispone en los artículos 5º y 6º,
respectivamente, de la Ley General sobre Tramitación Electrónica de los
Procedimientos Judiciales y cada escrito se debe encabezar con una suma que indique
su contenido o el trámite de que se trata. (Art. 30° CPC)

Con arreglo al artículo 33°, los secretarios letrados de los juzgados civiles
podrán dictar por sí solos las sentencias interlocutorias, autos y decretos, providencias
o proveídos, salvo cuando ello pudiere importar poner término al juicio o hacer
imposible su continuación. La reposición que sea procedente en contra de estas
resoluciones, en su caso, será resuelta por el juez.

Todas las piezas que deben formar la carpeta electrónica se irán agregando
sucesivamente según el orden de su presentación. El sistema de tramitación
electrónica del Poder Judicial numerará automáticamente cada pieza de la carpeta
electrónica en cifras y letras. Se exceptúan las piezas que, por su naturaleza, no
puedan agregarse o que por motivos fundados se manden reservar fuera del proceso.
(Art. 34° CPC)

b. Custodia de la Carpeta.

Las piezas que se presenten al tribunal se mantendrán bajo su custodia y


responsabilidad. Éstas no podrán retirarse sino por las personas y en los casos
expresamente contemplados en la ley. Corresponderá al tribunal velar por el estricto
cumplimiento de lo establecido en el artículo 393° del Código Orgánico de Tribunales.
(Art. 36° CPC)

A este respecto, importa el artículo 37° del Código.

Artículo 37°.- “Cuando los tribunales pidan o hayan de oír dictamen por
escrito del respectivo fiscal judicial o de los defensores públicos, les enviarán
comunicación de la carpeta electrónica a la que deben acceder
electrónicamente.

Si estos funcionarios retardan dicho dictamen, podrá el tribunal


señalarles un plazo razonable para que lo envíen o agreguen a la carpeta
electrónica.

En aquellos casos en que otro tribunal requiera la remisión del


expediente original o de algún cuaderno o pieza del proceso, el trámite se
cumplirá enviando la correspondiente comunicación de la carpeta electrónica
a la que deben acceder a través del sistema de tramitación electrónica del
Poder Judicial. Lo mismo se aplicará cada vez que la ley ordene la remisión,
devolución o envío del proceso o de cualquiera de sus piezas a otro tribunal”.

36
PRINCIPIOS FORMATIVOS DEL PROCESO CIVIL Y PENAL.
1. GENERALIDADES.

Los Principios Formativos del Proceso Civil y Penal son del conjunto de
ideas fundamentales que sirven para dar forma al proceso considerando siempre su
finalidad social o colectiva.

Se trata de elaboraciones doctrinarias que han servido de inspiración legislativa


y lentamente se han ido incorporando a la legislación procesal.

Estos principios son los siguientes:

1. El Principio de la Oralidad y la Escrituración;


2. El Principio Dispositivo e Inquisitivo;
3. El Principio de la Publicidad y del Secreto;
4. El Principio de la Instancia o Impulso de las Partes;
5. El Principio de la Bilateralidad o Contradicción;
6. El Principio de la Apreciación o Valor Probatorio;
7. El Principio de la Economía Procesal;
8. El Principio de la Mediación e Indemnización;

37
9. El Principio de la Continuidad o Dispersión y Principio de la
Concentración;
10. El Principio del Formalismo o Legalidad de las formas procesales
y Principio de la Libertad de las Formas;
11. El Principio de la Preclusión procesal; y
12. El Principio de la Buena fe.

Veamos cada uno de estos principios.

2. PRINCIPIOS.

a. Principio de la Oralidad y de la Escrituración.

El proceso oral es aquel en que la mayor parte de los actos procesales,


especialmente los alegatos de las partes, así como las pruebas que se rinden se hacen
valer a viva voz.

En cambio, en el proceso escrito predominan las formas literales dejándose


constancia escrita tanto de los actos de las partes como del tribunal.

No existe un proceso exclusivamente escrito ni un proceso exclusivamente oral;


pero sí existen tendencias dominantes. Así, en materia civil predomina el principio de
la escrituración, y en materia penal, con el nuevo proceso, predomina notablemente el
principio de la oralidad.

b. Principio Dispositivo e Inquisitivo.

El principio dispositivo promueve que en el proceso la iniciativa y la actividad


probatoria, tanto para establecer los hechos como para su comprobación le
corresponden preponderantemente a las partes y el juez se limita a dirigir la prueba.

El principio inquisitivo promueve que la iniciativa para el establecimiento y


acreditación de los hechos en el proceso corresponde tanto a las partes como el juez.

En materia civil prima el principio dispositivo, correspondiendo a las partes la


iniciativa en el establecimiento y prueba de los hechos. Este principio dispositivo se
encuentra ligeramente atenuado por las denominadas medidas para mejor resolver.

En materia penal, primaba en el Código de Procedimiento Penal el principio


inquisitivo donde el juez y en menor medida las partes, juegan un rol fundamental en
la actividad destinada al esclarecimiento de los hechos. Pero en el nuevo proceso
penal, prima el principio dispositivo donde la iniciativa para el esclarecimiento de los
hechos queda entregada a los intervinientes en el proceso, primordialmente al
Ministerio Público a través de sus fiscales.

c. Principio de la Publicidad y del Secreto.

38
El principio de la publicidad plantea que el proceso debe ser conocido por todos,
no solo las partes litigantes sino cualquier persona, tenga o no interés en el proceso.

El principio del secreto establece la imposibilidad a veces incluso para las


partes, de tomar conocimiento de las actuaciones del proceso.

En materia civil, salvo algunas excepciones rige el principio de la publicidad.

En materia penal bajo el antiguo procedimiento, el Código de Procedimiento


Penal contemplaba el secreto, tanto para las partes como para los terceros, de las
actuaciones de la primera etapa del juicio penal, la etapa de instrucción que se
denomina Sumario. En el nuevo proceso penal, las actuaciones de investigación
realizadas por el Ministerio Público y por la policía son secretas para los terceros ajenos
al procedimiento.

El imputado y los demás intervinientes en el procedimiento pueden examinar


los registros y los documentos de la investigación fiscal y policial, salvo que se decida
el secreto de determinadas actuaciones cuando sea necesario para la eficacia de la
investigación.

En cuanto al juicio penal propiamente tal, él es público tanto para las partes
como para cualquier persona tengan o no interés.

d. Principio de la Instancia.

Esto se relaciona con el impulso procesal, es decir, el proceso una vez iniciado
puede avanzar:

1. Por iniciativa de las partes, en cuyo caso se habla de instancia o


impulso de las partes; o
2. Por iniciativa del Juez, en cuyo caso de habla de impulso oficial.

En materia Civil, la ley entrega el impulso procesal a las partes y el juez solo en
forma excepcional puede actuar de oficio, rigiendo en esta esfera el principio de
pasividad del juez.

En materia penal, el Código de Procedimiento Civil entregaba el impulso


procesal al Juez. En el nuevo proceso penal este impulso queda entregado a los
intervinientes.

e. Principio de la Bilateralidad de la Audiencia o Contradicción.

39
Este principio plantea que el proceso debe ser esencialmente contradictorio y
que las partes se encuentran en un plano de igualdad para hacer valer sus derechos,
por lo cual, los partes deben tener idénticas oportunidades de ser oídas por el juez.

En consecuencia, los actos que el tribunal disponga deben efectuarse con


conocimiento de las partes y los actos de cada una de las partes deben ponerse en
conocimiento de la contraria.

f. Principio de la Apreciación o Valor Probatorio.

Tocante a la valoración de la prueba rendida, las alternativas son:

1. Valoración Legal; y
2. Valor Judicial.

i. Valoración Legal.

Aquí es la ley la que, a priori, fija el valor individual de cada medio de


prueba y su apreciación comparativa. Este sistema se conoce como
“sistema de prueba legal o tasada”.

ii. Valoración Judicial.

Aquí se entrega al juez la apreciación de la prueba.

Este sistema admite dos modalidades:

1. Sistema de Persuasión Moral o de Libre Convicción, que


asigna al juez amplias facultades para apreciar la prueba siguiendo su
íntima convicción y sin que se encuentre obligado a señalar en su
sentencia cómo arribó a ese convencimiento; y
2. Sistema de Persuasión Racional o de la Sana Crítica, que
entrega al juez amplias facultades para apreciar la prueba, pero
imponiéndole el deber de seguir un razonamiento lógico que debe
exponer en su sentencia.

En materia Civil, la regla general la constituye el sistema de tasación


legal de la prueba, pero bastante atenuado, podría incluso decirse que se
sigue un sistema mixto. En efecto la ley precisa el valor probatorio de la
mayoría de los medios, pero existen también disposiciones que conceden al
juez amplias facultades en la valoración, como en el caso de las

40
presunciones, el informe de peritos, y en gran medida en la prueba
testimonial.

En materia penal rige actualmente la sana crítica, al igual que en sede


laboral y familia.

g. Principio de la Economía Procesal.

Este principio plantea que el proceso debe desenvolverse en el menor tiempo


posible, a través del menor número posible de actuaciones y con el menor costo.

Esto no significa que se eliminen las actuaciones que contempla la ley sino que
deben ahorrarse las actuaciones inútiles y deben tratarse de concentrarse las
necesarias en la medida de lo posible.

h. Principio de la Mediación y de la Inmediación.

El principio de la inmediación se manifiesta cuando existe una “permanente e


íntima vinculación personal” entre el Juez y las partes, es decir, que las partes deben
encontrarse físicamente ante la presencia del Juez. Es compatible con el principio de la
oralidad.

Este el principio que rige en materia penal y en la totalidad de los


procedimientos orales.

El principio de la mediación postula que el juez no necesariamente debe


encontrarse en vinculación directa con las partes y la mayoría de las actuaciones se
realiza a través de intermediarios o auxiliares. Es compatible con el principio de la
escrituración.

Esto es lo normal en materia civil, aun cuando existen muchos casos en que la
ley establece la participación personal del juez en algunas diligencias, como, por
ejemplo en la inspección personal del tribunal.

En muchos casos, si bien la ley dispone la participación personal del juez en los
hechos ella no tiene lugar por factores materiales de tiempo.

i. Principio de la Continuidad y de la Concentración.

El principio de la continuidad o dispersión plantea que el proceso debe


desarrollarse en etapas sucesivas, cada una de las cuales, a su vez, se forma por
distintos actos o actuaciones sucesivas. Ello trae como consecuencias que el proceso
sea bastante prolongado en el tiempo.

Por su parte el principio de la concentración plantea que el proceso se reúna o


concentre en lo posible en una audiencia o en el mínimo de audiencias posibles en las
que se desarrolla el máximo de actividad procesal.

41
En materia civil predomina el principio de la continuidad que es el que rige el
procedimiento ordinario, pero existen algunos procedimientos como el sumario que
pretenden la concentración, si bien ella en la práctica no se le logra regularmente.

En materia penal, el Código de Procedimiento contempla como regla general un


proceso continuo, sin embargo, el nuevo procesal penal se basa en el principio de la
concentración.

j. Principio del Formalismo y de la Liberta de las Formas Procesales.

El principio del formalismo también llamado de la legalidad de las formas


procesales plantea que las diversas actuaciones del proceso emanen ya de las partes,
ya del tribunal, deben ajustarse a las formas y prescripciones que establece la ley. Ello
constituye una garantía de certeza para las partes.

El principio de la libertad de las formas procesales plantea que la ley debe


limitarse a señalar los actos procesales pero no regular específicamente sus formas, lo
que queda entregado a los sujetos procesales.

En nuestro ordenamiento jurídico la regla general es el principio del formalismo


o legalidad.

Ahora bien, en el nuevo proceso penal, en lo que dice relación con la etapa de
investigación entregada al Ministerio Público la regla es la inversa.

k. Principio de la Preclusión Procesal.

Este principio plantea que para cada actuación o diligencia del proceso existe
un periodo u oportunidad que establece la ley y es en dicho periodo u oportunidad
donde necesariamente debe ejecutar el acto o diligencia. En caso contrario, se produce
la pérdida del derecho y la extinción o consumación del acto procesal, según
corresponda.

Dentro de las manifestaciones de este principio encontramos los plazos, la


consumación procesal (no se puede repetir el acto una vez que se ha realizado) y la
Cosa Juzgada que constituye su máxima expresión.

l. Principio de la Buena Fe.

Este principio, llamado también de la moralidad, postula que todas las


actuaciones del proceso deben realizarse con lealtad y sin entorpecer ni dilatar los
procesos; y el debate entre las partes debe ser honorable, sin incurrir en
desacreditaciones personales ya sea de las partes o de los mandatarios judiciales.

42
LAS PARTES, SU COMPARECENCIA Y REPRESENTACIÓN.
1. LAS PARTES.

a. Generalidades.

A las partes se les denomina también litigantes y son quienes sostienen


determinadas pretensiones encontradas ante el tribunal.

Pero cuando hablamos de partes o litigantes nos estamos situando en los


asuntos contenciosos; en los asuntos de jurisdicción no contenciosa no cabe hablar de
partes ni litigantes sino de interesados o solicitantes.

Ahora bien, siempre las partes del juicio representan intereses o derechos
contrapuesto, de lo contrario no hay juicio o éste se acaba.

Don Jaime Guas define a las partes como quien pretende y frente a quien se
pretende, esto es, quien reclama y frente a quien se reclama la satisfacción de una
pretensión. Este es un concepto estrictamente procesal.

Las partes de un juicio pueden clasificarse en:

43
1. Partes directas: Son aquellas partes que originariamente han iniciado
la contienda, sea por su propia voluntad, sea porque una vez iniciada han
sido forzadamente llamadas a ella. Esta se compone por el demandante y el
demandado;
2. Partes indirectas o terceros: Son aquellas personas que advienen al
juicio en forma voluntaria, una vez que éste ya se ha iniciado. Estas, pueden
faltar, y constituyen un presupuesto de existencia del juicio, mientras que
las partes indirectas pueden o no concurrir.

El demandante es el sujeto o la parte que solicita ante el tribunal la


declaración, el reconocimiento o la protección de un derecho y para lo cual formula
una pretensión. Para tales efectos el sujeto debe ejercer una acción, la que materializa
formalmente en una demanda judicial provocando el ejercicio de la jurisdicción en
materia civil.

El demandado es el sujeto o parte en contra del cual se pide esta declaración,


reconocimiento o protección de un derecho, esto es, aquel contra quien se pretende y
contra quien se dirige la demanda.

En ciertos procedimientos, el demandante y el demandado toman nombres


especiales, por ejemplo:

1. En el Juicio Ejecutivo se habla de ejecutante y ejecutado;


2. En el Juicio de Alimentos se habla de alimentante y alimentario;
3. En el Juicio Posesorio se habla de querellante y querellado.

Cada parte puede estar formada por una o más personas, y en este último caso
la ley habla de pluralidad de partes o litis consorcio, distinguiéndose:

1. Si existe más de un demandante y un solo demandado, se habla


de litis consorcio activo;
2. Si existe un solo demandante y varios demandados, se habla de
litis consorcio pasivo; y
3. Si existen varios demandantes y varios demandados, se habla de
litis consorcio mixto.

b. Capacidad de las partes.

Debe distinguirse:

1. La capacidad para ser parte;


2. La capacidad para comparecer ante un tribunal; y
3. La capacidad de postulación o Ius Postulandi.

i. Capacidad para ser parte.

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Hay un principio fundamental de Derecho Procesal que dice que para
comparecer en juicio se requiere tener capacidad para ello.

Por su parte el Código de Procedimiento Civil no ha formulado ningún


precepto o regla sobre capacidad para comparecer en juicio, lo que
obliga a recurrir a la legislación sustantiva o de fondo para determinar
esta capacidad procesal.

De acuerdo con ello, la capacidad es la regla general, de manera que


cabe concluir que puede ser parte cualquier persona, natural o jurídica.
Los incapaces deberán actuar a través de sus representantes legales,
pero la parte sigue siendo el incapaz.

Entonces, es suficiente para intervenir en un juicio con ser persona,


con ser sujeto de derecho, es decir, basta con tener capacidad de
goce.

ii. Capacidad Procesal o para Comparecer ante un tribunal.

Esta es la capacidad necesaria para ejercitar o hacer valer en juicio


derechos válidamente.

Es lo que se denomina Legitimatio at Procesum.

En otras palabras, esta es la capacidad necesaria para ejercer una


acción o excepción.
Se requiere por lo tanto, capacidad de ejercicio; tanto el demandante
como el demandado deben ser capaces de ejercer sus derechos sin el
ministerio o autorización de otra persona.

Los incapaces, sea absoluta o relativamente deben comparecer ante


el tribunal a través de sus representantes legales.

Si alguna de las partes no tiene capacidad procesal e interviene en


juicio se origina un vicio de nulidad; recordemos que la capacidad de las
partes es un presupuesto de validez del juicio.

Si demanda una persona incapaz y no lo hace a través de su


representante legal, tan pronto como se notifique la demanda, el
demandado puede oponer, en forma previa a la contestación de la
demanda, una excepción dilatoria, específicamente la del artículo 303
n°2 del CPC. (La falta de capacidad del demandante, o de personería o
representación legal del que comparece en su nombre)

Si se demanda a un incapaz directamente y no a través de su


representante legal, no podrá existir emplazamiento válido de manera
que el incapaz, debidamente representado, podrá hacer valer la nulidad
procesal de lo obrado, en cualquier estado del juicio.

Aún más, en este último caso el juez cuenta con facultades para obrar
de oficio y corregir los errores y evitar la nulidad del proceso.

iii. Ius postulandi.

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Finalmente, las partes requieren de una capacidad especial para
formular peticiones y solicitar diligencias al tribunal.

Esta capacidad se exige por cuanto el proceso es complejo y para


seguir su desarrollo se requiere de habilidades especiales; se trata pues
de una capacidad técnica.

Esta capacidad no la tienen todas las personas por lo que


generalmente, las personas que cuentan con ius postulandi serán las
encargadas de pedir en juicio en representación de las partes, actuando
como mandatarios y para lo cual se les debe conferir mandato judicial.

Esta capacidad de pedir o ius postulandi que se encuentra regulada


en la legislación procesal que señala las personas que cuentan con ius
postulandi y los requisitos que deben cumplir al efecto. (Ley N° 18.120
de comparecencia en juicio)

c. Pluralidad de partes o litis consorcio.

i. Nociones Generales.

Sabemos que un juicio no puede faltar las partes directas,


demandante y demandado, entre las cuales se produce la controversia
jurídica actual.

Normalmente, existirá un demandante y un demandado, pero no


existe inconveniente alguno para que cada una de las partes se
compongan por dos o más personas. En tal caso existe pluralidad de
partes o litis consorcio.

La pluralidad de partes consiste en que en un mismo juicio


intervienen varias personas como demandantes o varias personas como
demandados; o bien, en que intervienen varios demandantes y varios
demandados a la vez.

El fundamento de la institución no es otro que el de evitar juicios


diversos sobre una misma materia con la posibilidad de dictarse en ello
sentencias contradictorias. Razones, en consecuencia, de economía
procesal y de decoro de la justicia justifican la pluralidad del litigante.

ii. Clasificación de la litis consorcio.

Pueden efectuarse clasificaciones desde distintos puntos de vista:

1. Considerando el momento en que se produce la litis


consorcio puede ser:

46
a. Inicial, cuando se produce desde la iniciación del juicio; o
b. Sucesiva, cuando se produce con posterioridad a la
notificación de la demanda, durante el transcurso del juicio.
2. Atendiendo a las partes que intervienen, el litis
consorcio puede clasificarse en:

a. Activo, cuando intervienen varios demandantes y un solo


demandado;
b. Pasivo, cuando hay un solo demandante y son varios los
demandados; o
c. Mixto, cuando hay varios demandantes y demandados.
3. Según la obligatoriedad o necesidad de aplicar el litis
consorcio, se distingue:

a. Litis consorcio facultativo, donde la unión de los varios


litigantes se produce por su propia voluntad; y
b. Litis consorcio obligatorio, donde la ley exige que las
partes actúen conjuntamente.

iii. Procedencia de la pluralidad de partes.

La pluralidad de partes puede ser:

1. Facultativa; y
2. Obligatoria.

1. Procedencia de la pluralidad de partes facultativa.

Podemos decir entonces que la pluralidad de partes, de acuerdo


con el artículo 18° del CPC, procede siempre que:

a. Se deduzca la misma acción. Como por ejemplo, los


comuneros que demandan conjuntamente la reivindicación de
la cosa común;
b. Se deduzcan acciones que emanen directa e
inmediatamente de un mismo hecho. Como por ejemplo,
los heridos de un mismo accidente de tránsito que demandan
indemnización de perjuicios; y
c. Se proceda conjuntamente por muchos o contra
muchos en los casos que autoriza la ley. Como por
ejemplo, por muchos, el caso de varios herederos de un
acreedor que demandan el cobro de la deuda, cada uno por su
cuota en la herencia. O contra muchos, el caso en que el fisco
dirige contra varios deudores morosos.

En estos casos las partes pueden proceder conjuntamente, pero


debe tenerse presente que debe existir unidad de procedimiento,

47
esto es, que las acciones ejercidas den origen al mismo
procedimiento.

Por lo demás se trata de una facultad legal y nada impide a las


partes proceder por separado. En efecto, la disposición del artículo
18° señala que:

Artículo 18°.- “en un mismo juicio podrán intervenir como


demandantes o demandados varias personas siempre que…”

2. Procedencia de la pluralidad de partes obligatorias.

La ley exige que las partes actúen conjuntamente en los casos


que señala el artículo 19° del CPC.

Conforme a dicha disposición, deberán obrar todas


conjuntamente, constituyendo un solo mandatario:

a. Las partes cuando sean dos o más y que entablan


una demanda o gestión judicial y deducen las mismas
acciones; y
b. Los demandados cuando sean dos o más y opongan
idénticas excepciones o defensas.
En este caso las partes están obligadas a actuar conjuntamente y
designar un mandatario común.

Tratándose de los demandados, se entiende que esta obligación


nace después de contestada la demanda, pues mientras ello no
ocurra, no puede saberse si sus excepciones o defensas son o no
idénticas.

Ahora bien, el procurador común debe ser nombrado por acuerdo


de las partes a quienes haya de representar, dentro del término
razonable que señale el tribunal. (Art. 12º del CPC)

Si por omisión de todas las partes o por falta de avenimiento entre


ellas no se hace el nombramiento dentro de dicho término, lo hará el
tribunal que conozca de la causa, debiendo, en este caso, recaer el
nombramiento en un procurador del número o en una de las partes
que haya concurrido.

Si la omisión es de alguna o algunas de las partes, el


nombramiento hecho por la otra u otras valdrá respecto de todas.
(Art. 13º del CPC)

Una vez hecho por las partes o por el tribunal el nombramiento de


procurador común podrá revocarse por acuerdo unánime de las
mismas partes, o por el tribunal a petición de alguna de ellas, si en
este caso hay motivos que justifiquen la revocación.

Los procedimientos a que dé lugar esta medida se seguirán en


cuaderno separado y no suspenderán el curso del juicio.

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Sea que se acuerde por las partes o que se decrete por el tribunal,
la revocación no comenzará a producir sus efectos mientras no quede
constituido el nuevo procurador. (Art. 14° CPC)

El procurador común deberá ajustar, en lo posible, su


procedimiento a las instrucciones y a la voluntad de las partes que
representa; y, en los casos en que éstas no estén de acuerdo, podrá
proceder por sí solo y como se lo aconseje la prudencia, teniendo
siempre en mira la más fiel y expedita ejecución del mandato. (Art.
15° del CPC)

Cualquiera de las partes representadas por el procurador común


que no se conforme con el procedimiento adoptado por él, podrá
separadamente hacer las alegaciones y rendir las pruebas que
estime conducentes, pero sin entorpecer la marcha regular del juicio
y usando de los mismos plazos concedidos al procurador común.

Podrá, asimismo, solicitar dichos plazos o su ampliación, o


interponer los recursos a que haya lugar, tanto sobre las resoluciones
que recaigan en estas solicitudes, como sobre cualquiera sentencia
interlocutoria o definitiva. (Art. 16° CPC)

Todo lo anterior tiene lugar cuando las partes se encuentran


obligadas obrar en forma conjunta, pero de acuerdo con el artículo
20° del CPC, puede ocurrir que habiendo pluralidad de partes, no sea
obligatorio actuar conjuntamente:

a. Si son distintas entre sí las acciones de los


demandantes o las defensas de los demandados, en
cuyo caso cada uno de ellos podrá obrar separadamente
en el juicio, salvo las excepciones legales; y
b. Si a pesar de concurrir las circunstancias del artículo
19° que obliga a las partes a obrar conjuntamente,
aparezca haber incompatibilidad de intereses entre las
partes que litigan conjuntamente, pues desde ese
momento la ley les concede la facultad de gestionar por
separado.

d. Partes indirectas o terceros.

i. Generalidades.

En principio las partes de un juicio son únicamente el demandante y


el demandado y la sentencia que se dicta afectará a dichas partes, sea
que les beneficie o perjudique. Pero, por la complejidad de las relaciones
jurídicas, muchas veces, una controversia puede llegar a afectar
derechos de terceros.

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En tal caso, estos terceros van a verse vinculados a un juicio en cuyo
origen no han tenido participación.

Como pueden verse perjudicados por los resultados de ese juicio, la


ley permite que estos terceros puedan intervenir en el juicio
compareciendo con posterioridad a su inicio.

Así, algunos autores denominan a estos terceros partes intervinientes


para diferenciarles de las partes originarias.

Puede, entonces, definirse los terceros como aquellas personas que


intervienen en un juicio, diversas del demandante y del demandado,
sosteniendo pretensiones concordantes con las de éstos, o bien,
independientes o contradictorias con las de los mismos.

A la participación de estos terceros se les llama Tercerías; pero esta


acepción se emplea con mayor frecuencia para designar la intervención
de un tercero en el juicio ejecutivo.

El fundamento de la institución de las tercerías es el deseo del


legislador de que los fallos judiciales se extiendan al mayor número
posible de personas, siempre que ellas estén directamente interesadas
en sus resultados, con el objeto de evitar así los juicios sucesivos sobre
una misma materia, recargando inútilmente la labor de los Tribunales, y
colocándolos todavía más en la posibilidad de dictar fallos
contradictorios.

ii. Procedencia de las tercerías.

Las tercerías, como regla general de procedimiento se encuentran


reglamentadas en los artículos 22º a 24º del CPC.

Allí el legislador se limita a establecer el derecho de terceras


personas para intervenir en los juicios, los requisitos que deben concurrir
para que ello sea aceptado y la forma o manera como deben ejercer sus
derechos.

Por regla general la ley permite toda clase de tercerías siempre que:

1. Exista interés;
2. Que dicho interés sea personal;
3. Que dicho interés personal sea actual; y
4. Que la intervención se efectúe conforme a Derecho.
Aquí se habla de tercería permitida.

Pero existen en ciertos procedimientos reglas especiales de tercerías.

50
Así ocurre en el juicio ejecutivo, en el cual sólo pueden intervenir los
terceros siempre y cuando ejerciten los derechos que la misma ley se
encarga de señalar a través de la tercería de dominio, de posesión, de
prelación y de pago. No se admiten otras.

Y en otros juicios la ley simplemente no admite las tercerías de


ninguna especie como ocurre en los juicios ejecutivos especiales de
realización de prendas agrarias e industriales o en los procedimientos
ejecutivos de la Ley de compraventa de muebles a plazo.

iii. Condiciones generales para la intervención de los terceros.

Para la intervención de terceros en juicio se requiere que concurran


las siguientes condiciones:

1. Que el juicio se encuentre pendiente, es decir, que se


encuentre en actual tramitación;
2. El interviniente no puede ser parte directa u originaria de
la causa;
3. El tercero o interviniente debe tener interés actual en el
resultado del juicio. Se entenderá que hay interés actual
siempre que exista comprometido un derecho y no una mera
expectativa, salvo que la ley autorice especialmente la
intervención fuera de estos casos. (Art. 23 inc. 2° CPC)
4. La intervención debe estar permitida por la ley.

iv. Forma en que intervienen los terceros.

Los terceros intervienen como partes indirectas voluntariamente; su


intervención no puede ser forzada pues si se forzara su intervención, ya
no estaría interviniendo como tercero sino como parte directa.

Ahora bien, la intervención de los terceros puede ser como:

1. Terceros Coadyuvantes;
2. Terceros Excluyentes; y
3. Tercero Independiente.

51
1. Terceros Coadyuantes.

Los terceros coadyuvantes son aquellos que hacen valer


derechos armónicos con los ejercidos por alguna de las partes
directas, sea demandante o demandado.

Habrá por tanto, tercero coadyuvante del demandante y tercero


coadyuvante del demandado.

Según lo señala el artículo 23 inciso 1° del CPC, la oportunidad


para intervenir como tercero coadyuvante es en cualquier estado del
juicio, en primera o segunda instancias e incluso en vía de casación
ante la Corte Suprema. (si bien esto último se discute)

La tramitación que debe darse a la petición del tercero para que


se le permita su intervención en el juicio como coadyuvante, es la
incidental; esto es, se oirá previamente a las partes y con lo que
expongan, o en su rebeldía resolverá el tribunal pudiendo recibirse a
prueba el incidente, la que recaerá especialmente sobre el interés
actual en los resultados del juicio invocado por el tercerista.

Los derechos del tercero coadyuvante, una vez aceptada su


intervención en el juicio, consisten fundamentalmente en obrar
conjuntamente con la parte respectiva, debiendo constituir un solo
procurador común, continuando el juicio en el estado en que se
encuentre.

2. Terceros Excluyentes.

Los terceros excluyentes son aquellos que hacen valer


derechos incompatibles con los de las partes directas.

Este tercero también recibe el nombre de tercero opositor

Este tercero puede intervenir en cualquier estado del juicio y la


solicitud de intervención de este tercero también se tramita
incidentalmente, el que se podrá a recibir a prueba con el objeto de
que se acredite el interés del tercero en el resultado del juicio y si
realmente el derecho que invoca es incompatible con las
pretensiones de las partes.

Aceptada la intervención de este tercero se entenderá que acepta


todo lo obrado antes de su presentación, continuando el juicio en el
estado en que se encuentre.

Atendida la naturaleza de su intervención necesariamente deberá


actuar separadamente de las partes directas. Esto debe destacarse
por cuanto la redacción del artículo 22º del CPC podría llevarnos al
absurdo de pensar que debería actuar conjuntamente con las partes
por la referencia que hace al artículo 16º. Dicha referencia debe
entenderse hecha a la frase que dice “podrá separadamente (…)”.

52
Admitida la intervención del tercero, dice la ley que debe
continuar el juicio en el estado en que se encuentre.

Algunos sostienen que el juicio continúa pero se suspende la


tramitación del asunto principal mientras no se resuelva sobre el
derecho del tercero.

Otros autores señalan que admitida la intervención del tercero


excluyente, deberá iniciarse un nuevo juicio en que el tercero será
demandante y las partes directas, demandados.

3. Terceros Independientes.

Los terceros independientes son aquellos que hacen valer un


interés independiente del que corresponde a las partes directas.

Este tercero también puede intervenir en cualquier estado del


juicio debiendo aceptar todo lo obrado con anterioridad.

Igualmente la tramitación de su solicitud de admitirse su


intervención en juicio recibe tramitación incidental.

Una vez admitida su participación, se encuentra en la misma


situación del tercero excluyente, según lo señala el artículo 23º inciso
final, de manera que tendrá que actuar separadamente.

2. LA COMPARECENCIA DE LAS PARTES.

a. Generalidades.

De acuerdo a lo señalado en materia de capacidad de las partes, todas


aquellas personas que no tengan ius postulandi, necesitan, para comparecer
ante los tribunales formulando peticiones, actuar a través de un técnico del
proceso.

El artículo 4º del Código de Procedimiento Civil, modificado por la Ley N° 18.120


de comparecencia, señala:

Artículo 4°.- “Toda persona que deba comparecer en juicio a su propio


nombre o como representante legal de otra, deberá hacerlo en la forma que
determine la ley”.

Y esta forma es, por regla general, a través de un mandatario o procurador


judicial, salvo en los casos de excepción contemplados en la ley, cuando la ley exija la
intervención personal de la parte, o la persona cuente con ius postulandi.

53
Podemos decir entonces, que existen dos formas de comparecencia ante los
tribunales:

1. Personalmente o por sí; y


2. Por intermedio de mandatario o apoderado judicial.

Se comparece por sí o personalmente cuando, en nuestro propio nombre o


como representante legal de otro, actuamos ante los tribunales sin necesidad de
valernos de los servicios de representación de un tercero.

La comparecencia por sí o personal, puede subclasificarse en comparecencia


personal en nombre propio y comparecencia personal como representante legal de
otro.

Sin embargo, ambas clases de comparecencia personal están totalmente


asimiladas en la ley procesal, de manera que la distinción sólo tiene importancia para
los efectos de la ley sustantiva o de fondo.

Se comparece por medio de mandatario o apoderado cuando nuestros derechos


o los de nuestros representados legales se hacen valer ante los tribunales por medio
de un tercero que actúa como apoderado o mandatario judicial.

Lo normal es que se comparezca por medio de mandatario judicial y la


excepción es que se comparezca personalmente y ello podrá ocurrir:

1. Cuando la persona cuenta con ius postulandi;


2. En los casos de excepción contemplados en la ley; o
3. Cuando la ley exija la intervención personal de la parte.

b. ¿Quiénes cuentan con ius postulandi y pueden, por tanto, actuar como
mandatarios iiiiiiiiiijudiciales?

Son las personas que señala el artículo 2º de la Ley Nº18.120:

1. Los abogados habilitados para el ejercicio de la profesión; (La


calidad de abogado habilitado se puede acreditar mediante el comprobante
de pago de la patente municipal respectiva)
2. Los procuradores del número; (La calidad de procurador del número
se acredita mediante el Decreto Supremo que le designa en tal carácter)
3. Los estudiantes actualmente inscritos en tercero, cuarto o
quinto año de las Escuelas de Derecho de las Facultades de Ciencias
Jurídicas y Sociales de alguna de las universidades autorizadas;
4. Los egresados de esas mismas escuelas hasta tres años después
de haber rendido los exámenes correspondientes; (La autoridad
universitaria competente certificará, a petición verbal del interesado, el
hecho de estar vigente la matrícula o la fecha del egreso, en su caso. La
exhibición del certificado respectivo habilitará al interesado para su
comparecencia) y

54
5. Los egresados de las Escuelas de Derecho de las Facultades de
Ciencias Jurídicas y Sociales de alguna de las universidades
autorizadas, cualquiera sea el tiempo que hubiere transcurrido
después de haber rendido los exámenes correspondientes, que se
encuentran haciendo la práctica judicial necesaria para obtener el
título de abogado en las Corporaciones de Asistencia Judicial y
designados mandatarios por estas para el solo efecto de realizar
dicha práctica. (Esta calidad se acreditará con los autos en los cuales
consta la designación)

Conforme con el artículo 3º de la Ley de Comparecencia, el que sin ser abogado


ejecutare cualquiera de los actos a que esta ley se refiere, incurrirá en la pena de
reclusión menor en su grado mínimo a medio.

En la misma pena incurrirá el que, sin tener algunas de las calidades requeridas,
represente a otro en un asunto contencioso o no contencioso que no sea de los
expresamente exceptuados por la presente ley.

Ahora bien, de acuerdo con el Código Orgánico de Tribunales y con la Ley N°


18.120, sobre Comparecencia en Juicio, para conocer nuestro sistema legal de
comparecencia ante los tribunales, es preciso distinguir tres clases de comparecencia:

1. Comparecencia ante los tribunales de primera instancia;


2. Comparecencia ante las Cortes de Apelaciones y Cortes Marciales;
y
3. Comparecencia ante la Corte Suprema.

i. Comparecencia ante los tribunales de primera instancia.

Aquí la regla general es que, tanto antes los tribunales ordinarios


permanentes como de excepción (ministros o presidentes de Corte) las
partes deben comparecer debidamente representadas por un procurador
o mandatario judicial.

Sólo en forma excepcional se admite la comparecencia personal:

1. Cuando la parte cuenta con ius postulandi;


2. En los casos de excepción contemplados en la ley; y
3. Cuando la ley exija la intervención personal de la parte.

Cuando la persona cuenta con ius postulandi no hay problema con


que comparezca por sí ante los tribunales.

No obstante, debe tenerse en cuenta que de acuerdo con el artículo 6


de la Ley N° 18.120, los notarios, archiveros y conservadores y los
empleados de estos funcionarios no podrán encargarse de ninguna clase
de gestiones ante los tribunales, ni de tramitar inscripciones o
legalizaciones, ni, en general, de efectuar ningún acto o diligencia que,
aunque se relacione con escrituras o actuaciones realizadas en la notaría
que se sean consecuencias de tales escrituras o actuaciones, deban
completarse en otras reparticiones del servicio judicial o administrativo.

55
Y en conformidad con el artículo 316° del COT, es prohibido a los
jueces ejercer la abogacía, y sólo podrán defender causas personales o
de sus cónyuges, ascendientes, descendientes, hermanos o pupilos.

La ley exige la comparecencia personal de la parte para determinadas


actuaciones, como por ejemplo, para la absolución de posiciones cuando
se solicite la absolución personal, para la conciliación, etc.

Por lo demás la ley contempla varios casos de excepción a la


exigencia de comparecer a través de mandatario judicial en el artículo 2°
de la Ley N° 18.120:

1. Cuando el juez autorice a la parte a comparecer


personalmente.

Para la iniciación y secuela del juicio podrá solicitarse


autorización para comparecer y defenderse personalmente.

El juez podrá concederla atendida la naturaleza y cuantía del


litigio o las circunstancias que se hicieren valer, sin perjuicio de
exigir la intervención de abogados, siempre que la corrección del
procedimiento así lo aconsejare.

Las resoluciones que se dicten en esta materia sólo serán


apelables en el efecto devolutivo.

2. En aquellas comunas en que número de abogados en


ejercicio sea inferior a cuatro.

La obligación de comparecer a través de mandatario judicial, no


regirá en aquellas comunas en que el número de abogados en
ejercicio sea inferior a cuatro, hecho que determinará la Corte de
Apelaciones correspondiente.

3. La comparecencia ante ciertos tribunales.

Tampoco rige la obligación de comparecer a través de


mandatario judicial respecto de los asuntos de que conozcan:

a. Los alcaldes;
b. Los jueces de Policía Local, salvo en los asuntos
sobre regulación de daños y perjuicios de cuantía
superior a 4 UTM;
c. Los juzgados de menores;
d. Los árbitros arbitradores;

56
e. La Contraloría General de la República; y
f. La Cámara de Diputados y el Senado en los casos
de los artículos 48° y 49° de la Constitución Política
de la República.

4. Tratándose de ciertas materias o asuntos.

No es preciso comparecer por medio de apoderado judicial,


tratándose de:

a. Juicios cuya cuantía no exceda de media UTM;


b. Causas electorales;
c. Recursos de amparo y protección;
d. Denuncias en materia criminal; y
e. Solicitudes en que aisladamente se pidan copias,
desarchivos y certificaciones.

5. Respecto de ciertas personas.

Respecto de los martilleros, peritos, depositarios, interventores,


secuestres y demás personas que desempeñen funciones
análogas, cuando sus presentaciones tuvieren por único objeto
llevar a efecto la misión que el tribunal les ha confiado o dar
cuenta de ella.

ii. Comparecencia ante Cortes de Apelaciones y Cortes Marciales.

En segunda instancia, las partes pueden comparecer:

a. Personalmente;
b. Representadas por un Abogado habilitado para el
ejercicio de la profesión; y
c. A través de un Procurador del Número.

En este caso no es posible comparecer a través de otros mandatarios


que los indicados precedentemente, esto es, abogado habilitado para el
ejercicio de la profesión y procurador del número.

En cuanto a la comparecencia personal, ella no es procedente


tratándose de la comparecencia de la parte rebelde, esto es, aquella que
no compareció oportunamente ante el tribunal de alzada.

57
El litigante rebelde sólo podrá comparecer ante estos últimos
tribunales representado por abogado habilitado o por procurador del
número.

iii. Comparecencia ante la Corte Suprema.

Ante la Corte Suprema sólo se puede comparecer:

1. Representado por Abogado habilitado para el ejercicio de


la profesión; y
2. A través de Procurador del Número.

3. REPRESENTACIÓN DE LAS PARTES.

a. El Patrocinio de Abogado Habilitado para el Ejercicio de la Profesión.

i. Generalidades.

El patrocinio de abogado es una formalidad exigida por la ley


procesal para comparecer válidamente ante los tribunales, en cualquiera
clase de negocios judiciales y que consiste en la designación de un
abogado habilitado para ejercer la profesión a objeto que se haga cargo
de la defensa de los derechos de la parte en el negocio en cuestión.

Esta formalidad debe cumplirse en toda clase de asuntos judiciales,


contenciosos o no contenciosos ante cualquier tribunal de la República,
sea ordinario, arbitral o especial.

La designación de abogado patrocinante debe cumplirse en la


primera presentación de cada parte o interesado en el juicio o
asunto judicial.

Esta obligación se entenderá cumplida por el hecho de poner


el abogado su firma, indicando además su nombre, apellidos y
domicilio en dicha primera presentación.

Señala la ley que el juez, de oficio o a petición de parte, podrá exigir,


si lo estima necesario, la comparecencia del abogado patrocinante de
cualquiera de las partes a fin de que ratifique su firma ante el secretario
o el jefe de la unidad administrativa a cargo de la administración de
causas.

Existen, sin embargo, casos de excepción en los cuales no se requiere


de patrocinio y que son los mismos casos de excepción que la ley
establece respecto de la obligación de conferir mandato judicial:

1. Cuando el juez ha autorizado a la parte para comparecer


personalmente;
2. En las comunas donde existen menos de 4 abogados
habilitados para el ejercicio de la profesión;

58
3. En los asuntos llevados ante ciertos tribunales ante los
cuales se permite la comparecencia personal;
4. En ciertos asuntos en los que la ley autoriza la
comparecencia personal; y
5. Tratándose de ciertas personas como martilleros,
peritos, etc y quienes desempeñan funciones análogas,
cuando sus presentaciones tienen únicamente por objeto
llevar a cabo la misión que el tribunal les ha confiado o dar
cuenta de ella.

ii. Naturaleza Jurídica del Patrocinio.

El patrocinio se trata de un contrato de mandato que se celebra


entre el abogado y el interesado o parte, mediante el cual éste último le
encomienda al primero la defensa de sus derechos en el juicio o cuestión
judicial.

Como se trata de un contrato de mandato, se rige por las normas que


para ese contrato preceptúa el Código Civil y las disposiciones comunes
a todo contrato.

Así lo señala expresamente el artículo 528° del Código Orgánico de


Tribunales.

Artículo 528°.- “El acto por el cual una persona encomienda a


un abogado la defensa de sus derechos en juicio, es un mandato
que se halla sujeto a las reglas establecidas en el Código Civil
sobre los contratos de esta clase, salvo la modificación
establecida en el artículo siguiente”.

Y dicha salvedad o modificación contemplada en el artículo 529° es


que no termina por la muerte del mandante.

Hay que tener presente entonces, que en conformidad al Derecho


Civil, se trata de un contrato consensual que se perfecciona por el solo
consentimiento de las partes.

Pero desde el punto vista del Derecho Procesal, en orden a acreditar


el cumplimiento de la formalidad procesal consistente en otorgar el
patrocinio (que es consensual), la ley N° 18.120 establece que se
entenderá cumplida por el hecho de poner el abogado su firma,
indicando además su nombre, apellidos y domicilio en la primera
presentación de la parte o interesado en el juicio o asunto judicial.

iii. Sanción por falta de Patrocinio.

59
La ley de comparecencia junto con establecer la obligación de
designar patrocinante en la primera presentación de la parte en el
cualquier asunto judicial, la cual debe cumplirse poniendo el abogado su
firma en dicha presentación, indicando además su nombre, apellidos y
domicilio, señala la sanción que se deriva de no darse cumplimiento a
dicha obligación.

Sin estos requisitos:

1. La presentación no podrá ser proveída;


2. Y se tendrá por no presentada para todos los efectos
legales; y
3. Agrega la ley que las resoluciones que al respecto se
dicten no serán susceptibles de recurso alguno.

iv. Funciones del Abogado Patrocinante.

El abogado patrocinante tiene por misión la defensa de los derechos


de la parte en juicio, pero no actúa en juicio pues para ello está el
mandatario judicial, sin perjuicio de que las calidades de patrocinante y
mandatario judicial puedan recaer en la misma persona.

El patrocinante tiene la dirección del asunto judicial, esto es,


tiene la supervigilancia de la actuación del procurador o mandatario
judicial.

Para tales efectos, la ley de comparecencia establece que el abogado


patrocinante podrá tomar la representación de su patrocinado en
cualquiera de las actuaciones, gestiones o trámites de las diversas
instancias del juicio o asunto.

Y como contrapartida, el abogado patrocinante es responsable


de la marcha y resultado del pleito o gestión, responsabilidad que
emana del propio contrato de mandato según el cual el mandatario
queda obligado a cumplir el encargo con la debida diligencia y si no lo
hace es responsable de los perjuicios que ello ocasione.

v. Duración del Patrocinio.

La regla general es que el abogado conserva este patrocinio y su


responsabilidad mientras en el proceso no haya testimonio de la
cesación de dicho patrocinio.

Recordemos que en conformidad al artículo 529° del COT, el


patrocinio no termina por la muerte del mandante.

vi. Cesación del Patrocinio.

Las causas de cesación del patrocinio son:

1. Renuncia del Abogado Patrocinante;

60
2. Revocación del Patrocinio; y
3. Fallecimiento del Abogado Patrocinante.

1. Renuncia del Abogado Patrocinante.

Tratándose de un contrato de mandato, el patrocinio puede


terminar por la renuncia del abogado (mandatario), esto es, por su
sola voluntad unilateral.

Sin embargo, la ley establece algunas limitaciones, indicando que


si la causa de la expiración fuere la renuncia del abogado:

a. Deberá éste ponerla en conocimiento de su


patrocinado, junto con el estado del negocio; y
b. Conservará su responsabilidad hasta que haya
transcurrido el término de emplazamiento desde la
notificación de su renuncia, salvo que antes se haya
designado otro patrocinante.

2. Revocación del Patrocinio.

Como el patrocinio es un mandato puede terminar con la


revocación de éste, pues se trata de un contrato intuito persona.

Dicha revocación puede ser expresa o tácita.

Es expresa cuando se efectúa por escrito en términos formales,


debiendo a continuación designar nuevo patrocinante en la primera
gestión que haga. (generalmente será en la misma en que revoca el
patrocinio)

La revocación es tácita cuando se deduce de los actos de la parte


que simplemente confiere nuevo patrocinio.

3. Fallecimiento del Patrocinante.

El patrocinio se extingue por la muerte del patrocinante pues


claramente no se puede tener a un muerto a cargo de la defensa de
los derechos de nadie.

61
Ahora, en caso de muerte del abogado patrocinante, el interesado
deberá designar otro en su reemplazo en la primera presentación que
hiciere, en la forma y bajo la sanción que si se tratare del primer
patrocinio.

b. El Mandato Judicial.

i. Nociones Generales.

El mandato judicial está sujeto a un doble grupo de disposiciones


legales:

1. A las normas de Derecho Civil que regulan el contrato de


mandato; y
2. A las normas procesales que regulan el mandato judicial
en el Código Orgánico de Tribunales como en el Código de
Procedimiento Civil y en la Ley de Comparecencia.

En efecto, dispone el artículo 395° del COT:

Artículo 395°.- “El acto por el cual una parte encomienda a un


procurador la representación de sus derechos en juicio, es un
mandato que se regirá por las reglas establecidas en el Código
Civil para los contratos de esta clase, salvas las modificaciones
legales”.

Cabe hacer presente inmediatamente que el mandato judicial, a


diferencia del mandato de derecho común, es solemne.

De manera que podemos definir el mandato judicial como el


contrato solemne por el cual una persona encomienda a un procurador la
representación de sus derechos e intereses en juicio o en alguna gestión
judicial, otorgándole las facultades pertinentes.

El mandato judicial es siempre especial porque está referido


únicamente al encargo de negocios judiciales, no obstante de que pueda
ser más amplio o más específico.

Sin perjuicio de lo dicho, señala el artículo 2° de la Ley N° 18.120:

Artículo 2°.- “En los mandatos con administración de bienes


podrá conferirse al mandatario la facultad de comparecer en
juicio, pero si éste no fuere abogado habilitado para el ejercicio
de la profesión o procurador del número, deberá delegarlo, en

62
caso necesario, en persona que posea alguna de estas
calidades”.

ii. Diferencias entre el Mandato Civil y el Mandato Judicial.

Las diferencias entre ambos son:

1. En primer lugar: el mandato civil, por regla general, es


consensual, mientras que el mandato judicial es siempre solemne;
2. En segundo lugar: se diferencian también en lo que dice
relación con la libertad de las partes para elegir al mandatario.
Mientras en el mandato civil existe plena libertad; en el mandato
judicial solo puede designarse personas que reúnan las calidades
que la ley establece para comparecer en juicio;
3. En tercer lugar: en cuanto a las facultades o atribuciones del
mandatario, en el mandato civil, las partes gozan de plena libertad
para otorgar al mandatario las facultades que estimen pertinente;
en cambio, tratándose del mandato judicial la ley regula las
facultades de los mandatarios estableciendo ciertas facultades que
no se pueden restringir; y
4. Finalmente: mientras el mandato civil termina por la muerte
del mandante, el judicial jamás termina por la muerte del
mandante por disposición expresa del artículo 396° del COT.

iii. Diferencias entre el Mandato Judicial y el Patrocinio.

Las diferencias entre ambos son:

1. Se diferencian, en primer término: en cuanto a su objeto ya


que el patrocinio tiene por objeto la defensa de los derechos de la
parte en juicio y el mandato tiene por objeto comparecer en juicio
formulando peticiones al tribunal;
2. En segundo término: se diferencian en cuanto al sujeto al
que pueden conferirse; puede conferirse patrocinio únicamente a
abogado habilitado para el ejercicio de la profesión, en tanto que

63
mandato judicial puede conferirse a cualquiera de los sujetos que
reúnen las calidades que señala la Ley N° 18.120; y
3. Finalmente: en cuanto a su constitución, el patrocinio es
consensual, sin perjuicio de que deben cumplirse ciertas
formalidades procesales; mientras que el mandato judicial es
solemne y solo puede constituirse de alguna de las formas que
señala la ley.

iv. Constitución del Mandato Judicial.

Como ya se dijo, el mandato judicial es siempre solemne y la


solemnidad es que debe constar por escrito y sólo se puede constituir
por alguna de las formas que establece la ley.

Las principales están en el artículo 6° del Código de Procedimiento


Civil:

1. El constituido por escritura pública otorgada ante


notario o ante oficial del Registro Civil a quien la ley
confiera esta facultad.

En este caso será necesario acompañar copia autorizada de dicha


escritura o remitirse a ella cuando se encuentre registrada en la
Secretaria del Tribunal;
2. El que conste de un acta extendida ante un juez de
letras o ante un juez árbitro, y subscrita por todos los
otorgantes; y
3. El que conste de una declaración escrita del mandante,
autorizada por el secretario del tribunal que esté
conociendo de la causa.

Esta última es la forma más usual de conferir mandato judicial.

La declaración escrita se contiene generalmente en la primera


solicitud que presenta la parte en un otrosí y ella debe ser autorizada por
el Secretario del Tribunal.

La ley ordena expresamente que ningún secretario autorizará un


mandato para comparecer ante el respectivo tribunal sin cerciorarse
previamente de que el mandatario tiene alguna de las calidades
requeridas en la ley. (Art. 3° de la Ley N° 18.120)

64
El tribunal al proveer el otrosí se limitará a tener presente el mandato
si estima que el mandato reúne los requisitos legales.

Pero además de las formas indicadas debe considerarse el endoso


en cobranza de cheques, letras de cambio y pagarés.

En efecto, en conformidad al artículo 29° de la Ley N° 18.098:

Artículo 29°.- “El endosatario en cobranza puede cobrar y


percibir, incluso judicialmente, y tiene todas las atribuciones
propias del mandatario judicial, comprendidas también aquellas
que conforme a la ley requieren mención expresa. Con todo, el
mandatario sólo puede comparecer ante los tribunales en la
forma que exige la ley”.

Pero en conformidad a la última parte de la disposición transcrita, si el


endosatario en cobranza no cuenta con ius postulandi, deberá delegar su
mandato a persona habilitada.

Recordemos que el mandato judicial sólo puede conferirse a alguna


persona que reúna alguna de las calidades que señala el artículo 2° de la
Ley de Comparecencia.
v. Sanción para el mandato que no está legalmente constituido.

Conforme al artículo 2° de la Ley de Comparecencia, si al tiempo de


pronunciarse el tribunal sobre el mandato éste no estuviere legalmente
constituido, el tribunal se limitará a ordenar la debida constitución de
aquél dentro de un plazo de tres días.

Extinguido este plazo y sin otro trámite, se tendrá la solicitud por no


presentada para todos los efectos legales. Las resoluciones que se dicten
sobre esta materia no serán susceptibles de recurso alguno.

vi. Facultades del Mandato Judicial.

Esta materia se rige por el artículo 7° del CPC.

Este artículo establece facultades de dos clases:

1. Facultades Ordinarias; y
2. Facultades Extraordinarias.

1. Facultades Ordinarias del Mandato Judicial.

Las facultades ordinarias son aquellas propias o inherentes al


mandato judicial, esto es, que entienden conferidas sin necesidad de
mención expresa.

Estas facultades son las siguientes:

a. Tomar parte, del mismo modo que podría hacerlo el


poderdante, en todos los trámites del juicio;

65
b. Tomar parte, del mismo modo que podría hacerlo el
poderdante, en todos los incidentes del juicio;
c. Tomar parte, del mismo modo que podría hacerlo el
poderdante, en todas las cuestiones que por vía de
reconvención se promuevan; y
d. La facultad de delegar el mandato judicial.

El delegado no puede subdelegar salvo que se encontrare


expresamente permitido por el mandante.

Las 3 primeras son de la esencia del contrato de mandato, no


pueden faltar y las cláusulas en que se nieguen o en que se limiten
estas facultades, son nulas.

La facultad de delegar el mandato, si bien es ordinaria por cuanto


se entiende conferida sin necesidad de mención expresa, no es de la
esencia del mandato sino de su naturaleza, por cuanto, podrá, el
procurador delegar el poder obligando al mandante, a menos que se
le haya negado esta facultad.
Ahora bien, la intervención del mandatario judicial como si en
realidad se tratara del propio mandante, tiene dos limitaciones:

a. La primera, lo dispuesto en el artículo 4° del CPC en


cuanto a que la comparecencia ante los tribunales debe
efectuarse en la forma que determine la ley. De manera
que si se trata de comparecer ante la Corte Suprema,
deberá comparecerse a través de abogado habilitado
para la profesión o procurador del número; y
b. La segunda, se refiere a los casos en que la
comparecencia de la parte debe, por exigencia de la ley,
ser personal.

2. Facultades Extraordinarias del Mandato Judicial.

Las facultades extraordinarias son aquellas que no se


entienden comprendidas en el mandato, a menos que se las haya
mencionado expresamente como conferidas.

A estas facultades se les conoce también con la denominación de


facultades especiales del mandato judicial.

No se entenderán concedidas al procurador, sin expresa mención,


las siguientes facultades:

a. La facultad de desistirse en primera instancia de la


acción deducida;
b. La facultad de aceptar la demanda contraria, esto es,
allanarse a la demanda;
c. La facultad de absolver posiciones;
d. La facultad de renunciar los recursos;

66
e. La facultad de renunciar los términos legales;
f. La facultad de transigir;
g. La facultad de comprometer, esto es, someter el
asunto a arbitraje;
h. La facultad de otorgar a los árbitros facultades de
arbitradores;
i. La facultad de aprobar convenios, valde decir,
acuerdos de voluntad entre un deudor y sus acreedores
referente al pago de las deudas; y
j. La facultad de percibir, esto es, recibir las sumas de
dinero que la contraria haya sido condenada a pagar.

vii. Duración del Mandato Judicial.

El mandato judicial se entiende conferido por todo el juicio en que se


presente el mandato, hasta la ejecución completa de la sentencia
definitiva.

La duda que queda es si el mandato judicial conferido en juicio


autoriza al mandatario para representar a su mandante en la ejecución
de la sentencia cuando debe seguirse ante otro tribunal.

No cabe duda que si la ejecución se sigue ante el mismo tribunal que


pronunció la sentencia, el mandato es suficiente pues así lo señala
claramente la ley.

Pero ello resulta dudoso cuando el cumplimiento de la sentencia se


pide ante otro tribunal por ello es conveniente otorgar nuevo poder o si
este se otorgó por escritura pública, acompañar nuevamente copia
autorizada de ella.

Ahora bien, todo procurador legalmente constituido conservará su


carácter de tal mientras en el proceso no haya testimonio de la
expiración de su mandato. (Art. 10 inc. 1° CPC)

viii. Causales de la Expiración del Mandato Judicial.

Las causales de expiración del mandato judicial son las siguientes:

1. Revocación del Mandato;


2. Renuncia del Procurador; y
3. Muerte del Procurador.

1. Revocación del Mandato.

67
Como todo mandato puede terminar con la revocación de éste,
pues se trata de un contrato intuito persona.

Dicha revocación puede ser:

a. Expresa: cuando se efectúa por escrito en términos


formales, debiendo a continuación designar nuevo mandatario;
o
b. Tácita: cuando se deduce de los actos de la parte que
simplemente confiere nuevo mandato.

2. Renuncia del Procurador.

Tratándose de un contrato intuito persona, puede por


consiguiente terminar por renuncia del mandatario.

De acuerdo con el artículo 10°, si la causa de la expiración del


mandato es la renuncia del procurador:

a. Estará obligado a ponerla en conocimiento de su


mandante, junto con el estado del juicio; y
b. Se entenderá vigente el poder hasta que haya
transcurrido el término de emplazamiento desde la
notificación de la renuncia al mandante.

3. Muerte del Procurador.

El mandato judicial termina por la muerte del mandatario, pero no


con la muerte del mandante pues el juicio sigue adelante.

c. La Agencia Oficiosa.

i. Nociones Generales.

La ley procesal también ha contemplado la situación de la persona


que comparece en juicio en beneficio de otra sin tener poder.

Esta situación se encuentra regulada por el inciso 3° del artículo 6 del


Código de Procedimiento Civil y el legislador la ha aceptado cuando
concurren situaciones de hecho que justifican esta intervención por
cuanto de no aceptarla significaría dejar a la parte en la indefensión.

68
ii. Requisitos de la Agencia Oficiosa.

La Agencia Oficiosa se trata de una situación de excepción para la


cual se deben cumplir ciertos requisitos:

1. Que el agente oficioso ofrezca garantía de que el


interesado aprobará lo que se haya obrado en su nombre;
2. Generalmente se rinde fianza la que se conoce como
fianza de rato o ratificación;
3. El agente oficioso debe ser persona capacitada para
comparecer ante el respectivo tribunal, en conformidad a
la ley o, en caso contrario, deberán hacerse representar en
la forma que esa misma ley establece;
4. Deben existir motivos o circunstancias calificadas que
justifiquen su intervención;
5. El Tribunal debe dictar resolución aceptando la
actuación del agente oficioso y fijar un plazo para la
ratificación del interesado; y
6. El tribunal, para aceptar la representación, calificará las
circunstancias del caso y la garantía ofrecida.

iii. La ratificación.

Como el agente oficioso no cuenta con poder para representar a la


parte, ella deberá ratificar lo obrado por éste dentro del plazo señalado
por el tribunal al efecto.

Si el interesado ratifica las actuaciones del agente oficioso dentro del


plazo, estas producen pleno efecto en el proceso. Delo contrario, ellas no
tienen ningún valor.

d. Representación de las Personas Jurídicas.

69
El artículo 8° del Código de Procedimiento Civil se encarga de precisar quién o
quiénes se entienden autorizados para litigar a nombre de las personas jurídicas.

Al efecto la ley distingue:

1. La representación de las Sociedades civiles o comerciales; y


2. La representación de las corporaciones y fundaciones.

Se entiende autorizado para litigar a nombre de las sociedades civiles o


comerciales, su gerente o administrador.

Para litigar por las corporaciones o fundaciones se entienden autorizados sus


presidentes.

Estas personas se entienden autorizadas para litigar a nombre de las


sociedades, corporaciones y fundaciones según corresponda, con las facultades que
expresa el inciso 1° del artículo 7 del CPC, no obstante cualquiera limitación
establecida en los estatutos o actos constitutivos de la sociedad o corporación.

Estas personas deben igualmente cumplir con la ley de comparecencia


actuando debidamente representadas por mandatario judicial y designando abogado
patrocinante, salvo que se trate de alguno de los casos de excepción en que ello no se
requiere.

e. Representación de Personas Ausentes.

También se encarga el Código de Procedimiento Civil de dictar normas sobre la


representación judicial de las personas ausentes, entiendo por tales aquellas que por
cualquier causa han abandonado el territorio nacional.

La ley establece algunas reglas al respecto:

1. Si se teme la ausencia del país de una persona contra la cual se


va a interponer una acción, la ley faculta al interesado para que
acuda ante tribunal competente y solicite que aquel cuya ausencia
se teme, constituya en el lugar donde va a entablarse el juicio
apoderado que le represente y que responda por las costas y
multas en que sea condenado, bajo apercibimiento de nombrársele
un curador de bienes;
2. Si la persona ya se ausentó y no ha dejado constituido
procurador en el país, hay que subdistinguir:
a. Si se conoce su paradero, deberá notificársele de la
demanda por medio del correspondiente exhorto
internacional; y
b. Si se ignora su paradero será necesario designársele
curador de bienes.
3. Si el ausente ha dejado constituido procurador en el país, habrá
que ver si éste tiene o no facultades para contestar la demanda:

70
a. Sí tiene facultades para contestar demandas, no hay mayor
problema y a este procurador se le notificará de la demanda; y
b. Si el procurador dejado en el país no tiene facultades para
contestar demandas, hay que distinguir si el ausente tiene o
no domicilio conocido en el extranjero:
 Si lo tiene, se le notificará mediante un exhorto
internacional; y
 En caso contrario asumirá la representación del
ausente el defensor respectivo, mientras el mandatario
nombrado obtiene la habilitación de su propia
personería o el nombramiento de un apoderado especial
para este efecto.

f. Fallecimiento y Término de la Representación Legal de alguna de las


Partes durante el iiiiiiiiJuicio.

i. Fallecimiento de la parte que actúa personalmente.

Si fallece la parte que litiga a través de mandatario judicial, éste no


termina por expresa disposición legal de manera que no hay mayor
problema.

Pero si fallece la parte que actúa personalmente, con su muerte se


producen dos efectos:

1. Se suspende de pleno derecho la tramitación del juicio; y


2. Debe procederse a notificar a los herederos del fallecido
para que comparezcan dentro del término de
emplazamiento a hacer valer sus derechos.

ii. Término de la Representación Legal de una de las Partes.

A ello se refiere el artículo 9° del Código de Procedimiento Civil.

Artículo 9°.- “Si durante el curso del juicio termina por


cualquiera causa el carácter con que una persona representa por
ministerio de la ley derechos ajenos, continuará no obstante la
representación y serán válidos los actos que ejecute, hasta la
comparecencia de la parte representada, o hasta que haya
testimonio en el proceso de haberse notificado a ésta la
cesación de la representación y el estado del juicio. El
representante deberá gestionar para que se practique esta
diligencia dentro del plazo que el tribunal designe, bajo pena de
pagar una multa de un cuarto a un sueldo vital y de abonar los
perjuicios que resulten”.

71
LAS ACTUACIONES PROCESALES EN EL PROCESO CIVIL Y PENAL.
1. LAS ACTUACIONES PROCESALES. (JUDICIALES)

Como dijimos, el proceso está compuesto por una serie de actos encadenados
los unos a los otros.

Todos estos actos procesales siguen un orden armónico y cada acto debe
verificarse de cierta forma y en cierta oportunidad.

La forma o modo en que se desarrollan los actos procesales que configuran el


proceso constituye el procedimiento.

Ahora bien, estos actos, aisladamente considerados son las actuaciones o


actos procesales.

Los actos procesales, en cuanto a su origen, emanan ya de las partes, directas o


indirectas, ya del tribunal.

Ellos se encuentran regulados en el título VII del Libro I del Código Civil, “De las
actuaciones judiciales”, artículos 59° y siguientes.

Alcalá Zamora define los actos procesales como toda manifestación de


voluntad relativa al desenvolvimiento del proceso, sea cual fuere el sujeto del que
emane.

2. CLASIFICACIÓN DE LOS ACTOS PROCESALES.

Los actos procesales en cuanto a su origen pueden clasificarse en:

1. Actos procesales de las partes: son cualquier actuación que emane


de las partes litigantes y eventualmente terceros. Pueden tener distintas
finalidades, las más importantes son la demanda y la contestación de la
demanda; y

72
2. Actos procesales del órgano jurisdiccional: son todos aquellos que
emanen del tribunal que conoce del proceso. El acto procesal típico del
tribunal es la resolución.

Existen otro grupo de actos constituido por todas aquellas actuaciones que
cumplen los funcionarios auxiliares de la administración de justicia, especialmente los
Secretarios y Receptores Judiciales.

Sin embargo, algunos autores discuten que se trate de actos procesales.

3. REQUISITOS DE VALIDEZ DE LOS ACTOS PROCESALES.

Los requisitos de validez comunes a todo acto procesal son los siguientes:

1. Los actos procesales deben ser practicados por el funcionario


que establece la ley;
2. Los actos procesales deben practicarse en días y horas hábiles;
3. De toda actuación debe dejarse testimonio escrito en el proceso;
y
4. Los actos procesales deben ser autorizados por el funcionario
competente.

a. Los actos procesales deben ser practicados por el funcionario que


establece la ley.

De acuerdo con el artículo 70° del CPC, la regla general es que todas las
actuaciones necesarias para la formación del proceso se practiquen por el tribunal que
conoce de la causa.

Pero existen algunas excepciones constituidas por:

1. Aquellas actuaciones en que se encomienden expresamente por


la ley a los secretarios u otros ministros de fe;
2. Aquellas actuaciones en que se permita al tribunal delegar sus
funciones; o
3. Aquellas actuaciones hayan de practicarse fuera del lugar en que
se siga el juicio.

b. Los actos procesales deben practicarse en días y horas hábiles.

73
Conforme al artículo 59° del Código de Procedimiento Civil, las actuaciones
judiciales deben practicarse en días y horas hábiles:

1. Son días hábiles los no feriados;


2. Son horas hábiles las que median entre las ocho y las veinte
horas;

Esta es la regla general, sin embargo, existen casos de excepción:

1. Las diligencias que revistan carácter de urgente.


Pueden los tribunales, a solicitud de parte, habilitar para la práctica de
actuaciones judiciales días u horas inhábiles, cuando haya causa urgente
que lo exija. Se estimarán urgentes para este caso:
a. Las actuaciones cuya dilación pueda causar grave perjuicio a
los interesados;
b. Las actuaciones cuya dilación pueda causar grave perjuicio a
la buena administración de justicia; y
c. Las actuaciones cuya dilación pueda hacer ilusoria una
providencia judicial.

El tribunal apreciará la urgencia de la causa y resolverá sin ulterior recurso;


(Artículo 60° CPC)
2. Las actuaciones que se realicen en el proceso penal: Señala el
artículo 14° del Código Procesal Penal que, todos los días y horas serán
hábiles para las actuaciones del procedimiento penal; y
3. Tratándose de la notificación personal: La notificación personal puede
efectuarse en cualquier día, entre las seis y las veintidós horas.

c. De toda actuación judicial debe dejarse testimonio en la carpeta


electrónica.

Así lo señala el artículo 61 inciso 1° del CPC.

Artículo 61°.- “De toda actuación deberá dejarse testimonio fidedigno


en la carpeta electrónica, con expresión del lugar, día, mes y año en que se
verifique, de las formalidades con que se haya procedido, y de las demás
indicaciones que la ley o el tribunal dispongan”.

En el proceso penal, por su parte la ley dispone, en el artículo 39° y 41° del
Código Procesal:

Artículo 39°.- “De las actuaciones realizadas por o ante el juez de


garantía, el tribunal del juicio oral en lo penal, las Cortes de Apelaciones y la
Corte Suprema se levantará un registro de la forma señalada en este párrafo.
En todo caso las sentencias y demás resoluciones que pronunciare el tribunal
serán registradas en su integridad. El registro de efectuará por cualquier
medio apto para producir fe, que permita garantizar la conservación y la
reproducción de su contenido”.

74
Artículo 41°.- “Las audiencias ante los jueces con competencia en
materia penal se registrarán en forma íntegra por cualquier medio que
asegure su fidelidad, tal como audio digital, video u otro soporte tecnológico
equivalente”.

d. Los actos procesales deben ser autorizados por el funcionario


competente.

Señala el inciso tercero del artículo 61° del Código de Procedimiento Civil que la
autorización del funcionario a quien corresponda dar fe o certificado del acto es
esencial para la validez de la actuación en todos los casos en que una ley
expresamente lo disponga.

La regla general en materia civil es que dicha autorización le corresponda


otorgarla al Secretario del Tribunal que conoce del proceso, sin perjuicio de que en
ciertos casos corresponda tal intervención a los receptores.

En conformidad con el artículo 389° G del Código Orgánico de Tribunales,


corresponderá al jefe de la unidad administrativa que tenga a su cargo la
administración de causas del respectivo o tribunal autorizar el mandato judicial y
efectuar las certificaciones que la ley señale expresamente, de acuerdo a las
instrucciones y procedimientos que establezca la Corte Suprema. (regla aplicable en
materia laboral y penal)

4. FORMAS EN QUE PUEDEN DECRETARSE LAS ACTUACIONES PROCESALES.

Existen 3 formas en que pueden decretarse las actuaciones judiciales:

1. Con conocimiento de parte;


2. Con citación; y
3. Con audiencia.

75
a. Con conocimiento de la parte contra quien se pide.

Las diligencias decretadas con conocimientos de parte contraria son


aquellas cuya realización simplemente se notifica a las partes y se cumple tan pronto
como se practica dicha notificación.

En esta situación se coloca el artículo 69 inciso 2° del Código, lo que debe


considerarse como la regla general. Ese inciso señala que cuando se mande proceder
con conocimiento o valiéndose de otras expresiones análogas, se podrá llevar a efecto
la diligencia desde que se ponga en noticia del contendor lo resuelto.

Esa norma debe ser interpretada en relación con el artículo 38°, que dispone
que las resoluciones judiciales sólo producen efecto en virtud de notificación hecha con
arreglo a la ley, salvo los casos expresamente exceptuados por ella.

En consecuencia, pedida una diligencia por una de las partes, el tribunal accede
a ella por la sola petición de esa parte, pero para llevarla a efecto, es necesaria la
notificación con arreglo a la ley a la parte contraria de la resolución que autoriza tal
diligencia.

Una vez cumplido lo anterior la diligencia puede llevarse a efecto.

Por ejemplo, si el juez resuelve tener por contestada la demanda en el


procedimiento ordinario y, a la vez, confiere traslado para la réplica, solamente una vez
que esta resolución se notifique, comienza a correr el plazo para evacuar tal trámite de
la réplica.

No está demás señalar que cuando el juez decreta una actuación no señala que
ella se verifique “con conocimiento”, sino que, la respectiva resolución debe notificarse
para que pueda llevarse a cabo lo dispuesto.

b. Con citación de la parte contra quien se pide.

Las diligencias decretadas con citación son aquellas que se llevan a cabo
transcurridos tres días desde su notificación a las partes. En este plazo de 3 días la
parte contraria podrá formular observaciones u oponerse a la diligencia en cuyo caso
se formará un incidente, suspendiéndose la realización de la diligencia mientras éste
no se resuelva.

En esta situación se coloca el artículo 69 inciso 1º del Código de Procedimiento


Civil, el cual preceptúa que siempre que se ordene o autorice una diligencia con
citación, se entenderá que no puede llevarse a efecto sino pasados tres días después
de la notificación de la parte contraria, la cual tendrá el derecho de oponerse o deducir
observaciones dentro de dicho plazo, suspendiéndose en tal caso la diligencia hasta
que se resuelva el incidente.

Ejemplos señalados en la ley:

1. El artículo 233° del Código señala que cuando se solicite la ejecución de


una sentencia ante el tribunal que la dictó dentro del plazo de un año
contado desde que la ejecución se hizo exigible, si la ley no ha dispuesto

76
otra forma especial de cumplirla, se ordenará su cumplimiento con citación
de la persona en contra de quien se pide;
2. El artículo 336° preceptúa que el aumento extraordinario para rendir
prueba dentro de la República se otorgará con previa citación. (…)

c. Con audiencia de la parte contra quien se pide.

Las diligencias decretadas con audiencia son aquellas a cuya solicitud se


provee traslado, es decir, son aquellas para cuya realización debe primeramente oírse
a la contraria formándose un incidente sea que la parte contraria conteste o no el
traslado conferido.

Por ejemplo, el artículo 336° señala que el aumento extraordinario para rendir
prueba fuera de la República se decretará con audiencia de la parte contraria.

También precisamos que el juez al proveer, no dice que se una actuación


añadiendo “con audiencia , sino que, dispone traslado”.

5. LOS EXHORTOS.

a. Generalidades.

Sabemos que de acuerdo con el artículo 7° del Código Orgánico de Tribunales,


los tribunales sólo podrán ejercer su potestad en los negocios y dentro del territorio
que la ley les hubiere respectivamente asignado.

Pero agrega la disposición que ello no impide que en los negocios de que
conocen puedan dictar providencias que hayan de llevarse a efecto en otro territorio.

Consecuentemente con el principio de la territorialidad que sienta este artículo,


el artículo 70° del CPC establece lo siguiente:

Artículo 70°.- “Todas las actuaciones necesarias para la formación del


proceso se practicarán por el tribunal que conozca de la causa, salvo los
casos en que se encomienden expresamente por la ley a los secretarios u
otros ministros de fe, o en que se permita al tribunal delegar sus funciones, o
en que las actuaciones hayan de practicarse fuera del lugar en que se siga el
juicio”.

Cuando las diligencias deban practicarse fuera del territorio jurisdiccional del
Tribunal, debe solicitar al juez de dicho territorio que la realice.

Ahora bien, el exhorto es la forma o manera como un tribunal puede


encomendar a otro la práctica de determinadas actuaciones procesales, es enviándole
una comunicación.

Señala la ley que el tribunal que conozca de la causa dirigirá al del lugar donde
haya de practicarse la diligencia la correspondiente comunicación, insertando los
escritos, decretos y explicaciones necesarias.

77
Por su parte, el tribunal que recibe el exhorto está obligado a darle
cumplimiento, según lo dispone el artículo 71° del CPC.

Artículo 71°.- “Todo tribunal es obligado a practicar o a dar orden para


que se practiquen en su territorio, las actuaciones que en él deban
ejecutarse y que otro tribunal le encomiende”.

En consecuencia, en todo exhorto se distinguen dos tribunales:

1. El tribunal exhortante, que es el que dirige la comunicación; y


2. El tribunal exhortado, que es el que la recibe e imparte la orden de
que se cumpla.

b. Tramitación de los Exhortos.

Debemos distinguir:

1. Exhortos entre tribunales chilenos; y


2. Exhortos que deban cumplirse en el extranjero.

i. Exhortos entre tribunales chilenos.

El tribunal que conozca de la causa dirigirá al del lugar donde haya de


practicarse la diligencia la correspondiente comunicación, insertando los
escritos, decretos y explicaciones necesarias.

Las comunicaciones serán firmadas por el juez, en todo caso, y si el


tribunal es colegiado, por su presidente.

Señala el artículo 75° que toda comunicación para practicar


actuaciones fuera del lugar del juicio será dirigida, sin intermedio alguno,
al tribunal o funcionario a quien corresponda ejecutarla, aunque no
dependa del que reclama su intervención.

El tribunal a quien se dirija la comunicación ordenará su cumplimiento


en la forma que ella indique, y no podrá decretar otras gestiones que las
necesarias a fin de darle curso y habilitar al juez de la causa para que
resuelva lo conveniente. (Art. 71° inciso final)

Conforme con el artículo 73° del CPC, en las gestiones que sea
necesario hacer ante el tribunal exhortado, podrá intervenir el encargado
de la parte que solicitó el exhorto, siempre que en éste se exprese el
nombre de dicho encargado o se indique que puede diligenciarlo el que
lo presente o cualquiera otra persona.

78
Puede ocurrir también que el tribunal exhortante encargue diligencias
a distintos tribunales en un mismo exhorto el que recibe el nombre de
exhorto circulante o ambulatorio.

En efecto, dispone el artículo 74° del CPC que podrá una misma
comunicación dirigirse a diversos tribunales para que se practiquen
actuaciones en distintos puntos sucesivamente.

Las primeras diligencias practicadas, junto con la comunicación que


las motive, se remitirán por el tribunal que haya intervenido en ellas al
que deba continuarlas en otro territorio.

ii. Exhortos que deban cumplirse en el extranjero.

Respecto de los exhortos que deban cumplirse en el extranjero, se


dirigirá la comunicación respectiva al funcionario que deba intervenir,
por conducto de la Corte Suprema, la cual la enviará al Ministerio de
Relaciones Exteriores para que éste a su vez le dé curso en la forma que
esté determinada por los tratados vigentes o por las reglas generales
adoptadas por el Gobierno. (Art. 76° CPC)

En la comunicación se expresará el nombre de la persona o personas


a quienes la parte interesada apodere para practicar las diligencias
solicitadas, o se indicará que puede hacerlo la persona que lo presente o
cualquiera otra.

Por este mismo conducto y en la misma forma se recibirán las


comunicaciones de los tribunales extranjeros para practicar diligencias
en Chile.

Cabe señalar que, hasta antes de la entrada en vigencia de la Ley de


Tramitación Electrónica, toda comunicación dirigida por un tribunal a
otro debía ser conducida a su destino por los correos del Estado,
pudiendo, en casos especiales calificados por el tribunal, entregarse a la
parte que la haya solicitado, para que gestionara su cumplimiento.

Sin embargo, la actual ley prescribe en el artículo 77° del Código de


Procedimiento Civil que toda comunicación dirigida por un tribunal a otro
deberá ser conducida a su destino por vía del sistema de tramitación
electrónica del Poder Judicial, y no siendo posible lo anterior, por el
medio de comunicación idóneo más expedito.

6. LOS PLAZOS.

a. Generalidades.

79
El Código de Procedimiento Civil no da un concepto de plazo por lo cual se
recurre al que entrega el artículo 1494° del Código Civil el cual es completado por la
doctrina.

Conforme a ello, plazo es el hecho futuro y cierto del cual depende el ejercicio
o la extinción de un derecho.

En el plano procesal el plazo viene a ser el tiempo o término que la ley concede
al tribunal o a las partes para la ejecución o no ejecución de un determinado acto.

Esta materia se encuentra regulada en los artículos 64° y siguientes del Código
de Procedimiento Civil, y 48°, 49° y 50° del Código de Procedimiento Civil.

b. Clasificación del plazo.

Los plazos pueden clasificarse desde distintos puntos de vista:

1. En cuanto a su origen, los plazos pueden ser:

a. Legales, que son aquellos establecidos por la ley;


b. Judiciales, que son aquellos que establece el tribunal, pero siempre
que la ley le faculte para ello. Por ejemplo, el artículo 302° faculta al
juez para ampliar el plazo para notificar la concesión de una medida
precautoria; y
c. Convencionales, que son aquellos que emanan de la voluntad de
las partes que los estipulan. Por ejemplo, el artículo 328° en su inciso
segundo permite a las partes reducir el término probatorio.

Los plazos legales constituyen la regla general.


2. En cuanto al momento en que empieza a contarse, el plazo puede
ser:

a. Individual, esto es, aquel que corre para cada parte


separadamente desde el momento de su notificación; y
b. Común, o sea, empieza a correr conjuntamente para todas las
partes desde el momento en que se practica la última notificación.

La regla general es que los plazos sean individuales.


3. En cuanto a la expiración del plazo, se distinguen:

a. Plazos Fatales, que son aquellos con cuyo vencimiento se


extingue el derecho correspondiente si no fue ejercitado; y
b. Plazos no fatales, que son aquellos en que el derecho no se
extingue con el sólo transcurso del tiempo, sino que autoriza a
declarar la correspondiente rebeldía con la cual sí se produce la
extinción del derecho respectivo.

80
Hoy en día todos los plazos establecidos en el CPC son fatales, salvo los
establecidos para las actuaciones del tribunal.
4. En relación con las unidades de tiempo en basa a la cual se
encuentra fijado se tienen:

a. Plazo de días;
b. Plazo de meses; y
c. Plazo de años.

El computo se hace en conformidad al artículo 50° del Código Civil


complementado con el artículo 66° del CPC.

5. En atención a la continuidad del plazo estos se clasifican en:

a. Plazos continuos, que son aquellos que corren sin interrupción y


sin suspenderse; y
b. Plazos discontinuos, que son aquellos cuyo cómputo se suspende
durante los días feriados.

En el Código de Procedimiento Civil, por expresa disposición del artículo


66° los términos de días que él establece, se entenderán suspendidos
durante los feriados, salvo que el tribunal, por motivos justificados, haya
dispuesto expresamente lo contrario.
6. Atendiendo a la extensión del plazo, este puede ser:

a. Prorrogable, cuando puede extenderse en su duración más allá del


tiempo que señala la ley; y
b. Improrrogables, cuando no son susceptibles de ampliarse más allá de lo
estipulado en la ley.

Solo son prorrogables los plazos judiciales siempre y cuando:

1. La prórroga se solicite antes del vencimiento respectivo; y


2. El interesado alegue justa causa que el tribunal apreciará
prudencialmente.

7. LAS REBELDÍAS.

a. Generalidades.

Decíamos que los plazos no fatales son aquellos que no expiran por el simple
transcurso del tiempo, sino en virtud de declararse la correspondiente rebeldía.

La institución de las rebeldías se encuentra consagrada en el artículo 78° del


CPC.

81
Artículo 78°.- “Vencido un plazo judicial para la realización de un acto
procesal sin que éste se haya practicado por la parte respectiva, el tribunal,
de oficio o a petición de parte, declarará evacuado dicho trámite en su
rebeldía y proveerá lo que convenga para la prosecución del juicio, sin
certificado previo del secretario”.

Podemos entonces definir la rebeldía como la declaración que hace el tribunal


sobre la pérdida o extinción de un derecho en el proceso relativo al ejercicio de un acto
procesal determinado por alguno de los litigantes, con el objeto de impulsar el
procedimiento hasta su término.

b. Consecuencias de las rebeldías.

Al respecto es preciso distinguir:

1. El rebelde en primera instancia; y


2. El rebelde en segunda instancia.

i. En primera instancia.

La rebeldía de alguno de los litigantes trae como consecuencia que el


trámite se tenga por evacuado, que se entienda evacuado en su rebeldía.

Este es el único efecto; por lo demás, igualmente hay que proceder a


notificar al litigante rebelde de todas las resoluciones que se dicten.

Respecto de cada trámite por separado y a medida que se vayan


sucediendo, deberá irse declarando la rebeldía y teniéndosele por evacuado.

ii. En segunda instancia.

NO genera mayores consecuencias por cuanto actualmente no existe


obligación legal de comparecer en segunda instancia.

82
LAS RESOLUCIONES JUDICIALES.
1. NOCIONES GENERALES.

La ley no da un concepto de resolución judicial, se limita a clasificarlas y definir


cada una de las especies de resoluciones judiciales.

Mario Casarino define la resolución judicial como todo acto que emana del
tribunal destinado a sustanciar o a fallar la controversia materia del juicio.

En definitiva, se trata de un acto procesal emanado del tribunal y que consiste


en un pronunciamiento o manifestación de voluntad del órgano jurisdiccional.

Entonces, la resolución judicial es también, claramente una especie de acto


procesal, puesto que corresponde a un acto más o menos solemne que se lleva a
efecto en el proceso del cual se deja constancia y es certificada por el funcionario a
quien corresponde dar fe del acto.

A través de las resoluciones judiciales el tribunal puede manifestar voluntad en


dos sentidos:

1. Resolver las peticiones o solicitudes de las partes; y


2. Disponer medidas procesales u ordenar determinados actos o
diligencias dentro del proceso.

Naturalmente la resolución judicial más relevante es la que resuelve el conflicto


jurídico sometido al conocimiento del tribunal.

2. CLASIFICACIÓN DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES.

Las resoluciones judiciales pueden clasificarse desde varios puntos de vista:

1. Según la nacionalidad del tribunal del cual emanan, las


resoluciones judiciales pueden clasificarse en:

a. Resoluciones pronunciadas por tribunales chilenos; y


b. Resoluciones pronunciadas por tribunales extranjeros.

83
Esta distinción tiene importancia para los efectos del cumplimiento o
ejecución de la resolución, pues las reglas en la materia son distintas según
se trata de unas u otras resoluciones.
2. Según la naturaleza del negocio en que son pronunciadas, las
resoluciones judiciales se clasifican en:

a. Resoluciones contenciosas; y
b. Resoluciones no contenciosas.
Esta clasificación reviste importancia en cuanto los requisitos de forma,
los recursos y los efectos de una y otras son diversos.

3. Según la naturaleza del tribunal que las pronuncia, se distingue:

a. Resoluciones emanadas de tribunales ordinarios;


b. Resoluciones arbitrales; y
c. Resoluciones emanadas de tribunales especiales.

La clasificación es importante para los efectos de los requisitos de forma y


la manera de cumplirse, que son diversos en uno y otro caso.
4. Según la naturaleza del asunto sometido a la decisión del
tribunal, las resoluciones judiciales pueden clasificarse en:

a. Resoluciones Civiles; y
b. Resoluciones Penales.

Lo anterior tiene importancia por el diverso régimen jurídico a que se


hallan sometidas y por los efectos que una sentencia civil puede producir en
materia penal y viceversa.
5. Atendiendo a la instancia en que son pronunciadas las
resoluciones judiciales, pueden distinguirse:

a. Resoluciones de única instancia;


b. Resoluciones de primera instancia; y
c. Resoluciones de segunda instancia, que a su vez se clasifican
en:
 Confirmatorias;
 Revocatorias; y
 Modificatorias.

Esta clasificación reviste importancia en materia de recursos y en


relación con los diversos requisitos de forma que deben reunir.
6. Según su contenido las resoluciones pueden clasificarse en:

a. Decretos;
b. Autos;
c. Sentencias interlocutorias; y

84
d. Sentencias definitivas.

Esta clasificación es la más importante y se encuentra formulada en la


ley en el artículo 158° del CPC.

3. CLASIFICACIÓN DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES AL TENOR DEL


ARTÍCULO 158° DEL IIIIIIIIICÓDIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL.

Señala el artículo 158° del Código de Procedimiento Civil que las resoluciones
judiciales se denominarán sentencias definitivas, sentencias interlocutorias, autos y
decretos.

Esta clasificación reviste especial importancia por las siguientes razones:

1. Los requisitos de forma de unas y otras son diversos;


2. Son distintos los recursos procesales que pueden hacerse valer
contra unas y otras;
3. Para los efectos del recurso de apelación, en el caso que
proceda, la clasificación es importante por cuanto distinta será la
tramitación de éste según lo sea la resolución apelada; y
4. Son distintos los efectos que producen, específicamente, no
todas producen el efecto de cosa juzgada.

Ahora bien, a pesar de la claridad de redacción del artículo 158° del Código de
Procedimiento Civil, ha dado origen a dificultades en su aplicación práctica.

Ello porque el Código, a pesar de las definiciones de las resoluciones judiciales


formuladas en el artículo 158°, emplea una terminología equivocada en otros de sus
preceptos al referirse a determinadas resoluciones.

Y además, porque hay resoluciones judiciales que es muy difícil encasillar en


alguna de las categorías señaladas.

Por estas razones, para clasificar adecuadamente una resolución judicial, hay
que desentenderse de la denominación especial que puedan darle determinados
preceptos y aplicar, el criterio establecido en el artículo 158° citado.

a. Los Decretos.

Señala el artículo 158° que se llama decreto, providencia o proveído el que,


sin fallar sobre incidentes o sobre trámites que sirvan de base para el pronunciamiento
de una sentencia, tiene sólo por objeto determinar o arreglar la substanciación del
proceso.

De manera que los términos decreto, providencia o proveído son sinónimos.

85
El artículo 70 inciso 3° del Código Orgánico da otra definición de auto al señalar
que se entienden por providencias de mera sustanciación las que tienen por objeto dar
curso progresivo a los autos, sin decidir ni prejuzgar ninguna cuestión debatida entre
partes.

De las definiciones anteriores se desprende que las características de los


decretos son:

1. No deben fallar incidentes ni resolver trámites que deban servir


de base para el pronunciamiento de una sentencia; y
2. Deben tener por solo objeto determinar o arreglar la
sustanciación del proceso, o sea, dar curso progresivo a los autos.

Por ejemplo:

1. La resolución que provee la demanda acogiéndola a tramitación y


confiriendo traslado de ella al demandado;
2. La resolución que confiere traslado al demandante de las excepciones
dilatorias opuestas por el demandado;
3. La resolución que ordena dar cuenta; o
4. La resolución que ordena traer los autos en relación.

b. Los Autos.

Señala el artículo 158 inciso 4° que, se llama auto la resolución que recae en
un incidente no comprendido en el inciso anterior.

Relacionando esta definición con la de sentencia interlocutoria contenida en el


inciso anterior del artículo 158°, podemos llegar a decir que se llama auto la
resolución que recae en un incidente, sin establecer derechos permanentes a favor de
las partes, y sin resolver sobre algún trámite que deba servir de base en el
pronunciamiento de una sentencia definitiva o interlocutoria.

Los autos se diferencian de los decretos en que ellos siempre deben fallar
incidentes, esto es, cuestiones accesorias del pleito que requieran especial
pronunciamiento del tribunal, mientras que los decretos jamás fallan incidentes.

Y se diferencian de las sentencias interlocutorias en que si bien, ambos


resuelven incidentes, las sentencias interlocutorias establecen derechos permanentes
a favor de las partes o resuelven trámites que deban servir de base en el
pronunciamiento de una sentencia posterior; los autos, en cambio, no establecen
derechos permanentes a favor de las partes ni resuelven trámites de tales
características.

86
Por ejemplo, la resolución que falle un incidente de alimentos provisorios en un
juicio de alimentos.

c. Las Sentencias Interlocutorias.

De acuerdo con el inciso 3° del artículo 158, es sentencia interlocutoria la


que falla un incidente del juicio, estableciendo derechos permanentes a favor de las
partes, o resuelve sobre algún trámite que debe servir de base en el pronunciamiento
de una sentencia definitiva o interlocutoria.

Las sentencias interlocutorias son entonces de dos clases:

1. Aquellas que fallan incidentes, esto es, cuestiones accesorias que


requieren especial pronunciamiento del tribunal estableciendo derechos
permanentes a favor de las partes; y
2. Aquellas que resuelven sobre trámites que deban servir de base
al pronunciamiento de una sentencia definitiva o interlocutoria
posterior.

Ejemplos de sentencias interlocutorias que fallan incidentes estableciendo


derechos permanentes a favor de las partes:

1. La resolución que acoge una excepción dilatoria;


2. La resolución que declarada el abandono de procedimiento; o
3. La resolución que acepta el desistimiento de la demanda.

Ejemplos de resoluciones que resuelven sobre algún trámite que deba servir de
base en el pronunciamiento de una sentencia definitiva o interlocutoria posterior:

1. La resolución que recibe la causa a prueba;


2. La resolución que ordena se despache mandamiento de ejecución y
embargo; o
3. La resolución que cita a las partes a oír sentencia.

Pero además las sentencias interlocutorias pueden clasificarse para los efectos
del recurso de casación en:

1. Sentencias interlocutorias que ponen término al juicio o hacen


imposible su continuación; y
2. Sentencias interlocutorias que no tienen esas características.

El recurso de casación procede únicamente contra aquellas sentencias


interlocutorias que ponen término al juicio o hacen imposible su continuación.

87
Pone término al juicio o hace imposible su continuación por ejemplo la
resolución que acepta el desistimiento de la demanda, la que declara la incompetencia
del tribunal, la que declara la deserción del recurso de apelación, etc.

Por excepción, hay ciertas y determinadas sentencias interlocutorias que aun


cuando no ponen término al juicio o no hacen imposible su continuación, son, sin
embargo, susceptibles de casación en la forma: se trata de las interlocutorias dictadas
en segunda instancia sin previo emplazamiento de la parte agraviada, o sin señalar día
para la vista de la causa. (Art. 766° del CPC)

d. Las Sentencias Definitivas.

De acuerdo con el inciso 2° del artículo 158, es sentencia definitiva la que


pone fin a la instancia, resolviendo la cuestión o asunto que ha sido objeto del juicio.

En consecuencia, para que una resolución judicial tenga la naturaleza procesal


de sentencia definitiva, requiere la concurrencia copulativa de dos requisitos:

1. Que ponga fin o término a la instancia; y


2. Que resuelva la cuestión o asunto que ha sido objeto del pleito.

No basta que la resolución judicial ponga fin a la instancia para que sea
sentencia definitiva; requiere además, que resuelva la cuestión o asunto materia del
pleito.

Recordemos que la instancia es cada uno de los grados jurisdiccionales que la


ley establece para que los tribunales puedan conocer y fallar los negocios sometidos a
su decisión, con facultad soberana para pronunciarse sobre todas las cuestiones de
hecho y de derecho que han sido objeto del pleito.

Las sentencias definitivas pueden clasificarse en:

1. Sentencias definitivas de única instancia;


2. Sentencias definitivas de primera instancia; y
3. Sentencias definitivas de segunda instancia: que a su vez se
clasifican en:
a. Confirmatorias;
b. Revocatorias; o
c. Modificatorias.

Habrá tantas sentencias definitivas cuantas sean las instancias por las que deba
atravesar un determinado negocio judicial.

De ahí que las sentencias definitivas, en relación con la instancia, se clasifican


en sentencias de única, primera o segunda instancia.

Las sentencias de casación, tanto las que rechazan el recurso como las que lo
acogen, no son propiamente sentencias definitivas porque la casación no es instancia.

Además, la sentencia definitiva puede encontrarse en los siguientes estados:

1. Resolución Firme o Ejecutoriada;

88
2. Sentencia que causa Ejecutoria; y
3. Sentencia de término.

i. Resolución Firme o Ejecutoriada.

La norma básica en esta materia es el artículo 174° del Código de


Procedimiento Civil.

Artículo 174°.- “Se entenderá firme o ejecutoriada una


resolución desde que se haya notificado a las partes, si no
procede recurso alguno en contra de ella; y, en caso contrario,
desde que se notifique el decreto que la mande cumplir, una vez
que terminen los recursos deducidos, o desde que transcurran
todos los plazos que la ley concede para la interposición de
dichos recursos, sin que se hayan hecho valer por las partes. En
este último caso tratándose de sentencias definitivas, certificará
el hecho el secretario del tribunal a continuación del fallo, el
cual se considerará firme desde este momento, sin más
trámites”.

De manera que una sentencia se encuentra firme o ejecutoriada en


los siguientes casos:

1. Cuando no procede recurso alguno en contra de ella;


2. Cuando procediendo recursos en su contra ellos no han
sido interpuestos dentro de plazo; o
3. Cuando procediendo recursos, ellos fueron interpuestos y
han sido fallados.

En cuanto al momento en que se entiende que la resolución se


encuentra ejecutoriada:

1. Si no proceden recursos en su contra, desde que la


resolución se notifica a las partes;
2. Si se dedujo recurso en su contra, desde que se notifica el
cúmplase o el decreto que la manda cumplir; y
3. Si no se interpusieron recursos, desde que transcurran
todos los plazos que la ley concede para la interposición de dichos
recursos, sin que se hayan hecho valer por las partes.

En este último caso, tratándose de las sentencias definitivas,


certificará este hecho el secretario del tribunal a continuación del fallo, el
cual se considerará firme desde este momento, sin más trámites.

89
ii. Sentencia que Causa Ejecutoria.

Se trata de aquellas sentencias que, no obstante no estar


ejecutoriadas por cuanto existe recurso pendiente en su contra, sin
embargo, autorizan su cumplimiento.

Ello ocurre, por ejemplo:

1. Tratándose de las sentencias definitivas de segunda instancia,


no obstante, hallarse pendiente recurso de casación en el fondo
pues aquel no suspende el cumplimiento de la sentencia recurrida;
o
2. Tratándose de las sentencias apeladas cuando la apelación se
concede en el sólo efecto devolutivo.

iii. Sentencia de Término.

En algunas ocasiones el Código de Procedimiento Civil emplea la


expresión sentencia de término, por ejemplo, cuando nos dice en el
artículo 98° que la acumulación de autos puede pedirse en cualquier
estado del juicio antes de la sentencia de término.

Pero la sentencia de término no ha sido definida por el legislador; no


obstante, del contexto de las disposiciones en que se emplea, debe
entenderse por tal aquellas sentencias que ponen fin a la última
instancia del pleito.

Como se ve, la sentencia de término puede ser tanto sentencia


definitiva como interlocutoria; pero para ser tal no necesita estar
siempre ejecutoriada.

Sentencia de termino y sentencia ejecutoriada son en el hecho, pero


conceptualmente diferentes, pues para calificar una sentencia como de
una u otra clase se atiende a puntos de referencia también diversos.

Por ejemplo, la sentencia definitiva de primera instancia que no es


apelada, es al mismo tiempo, sentencia de término y sentencia
ejecutoriada.

En cambio, la sentencia definitiva de segunda instancia que es


recurrida de casación, es también sentencia de término, pero no está
ejecutoriada.

90
4. REQUISITOS DE FORMA DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES.

Se dijo que la clasificación de las resoluciones judiciales que formula el artículo


158° del CPC, tiene importancia, entre otros aspectos, para determinar los requisitos a
que deben ajustarse en su redacción o pronunciamiento.

Estos requisitos de forma varían según cual sea la especie de resolución judicial
de que se trate; pero hay también requisitos generales aplicables a toda resolución
judicial.

Debemos entonces distinguir:

1. Requisitos comunes a todas las resoluciones judiciales; y


2. Requisitos especiales de cada resolución.

a. Requisitos Comunes a todas las Resoluciones Judiciales.

Estos requisitos formales a que debe sujetarse toda resolución judicial son los
siguientes:

1. Deben expresar en letras el lugar y la fecha en que se expidan;


(Art. 169° CPC)
2. Deben llevar al pie la firma electrónica avanzada del juez o
jueces que la dicten o intervengan en el acuerdo; pero cuando
después de acordada una resolución y siendo varios los jueces se
imposibilite alguno de ellos para firmarla, bastará que se exprese
esta circunstancia en el mismo fallo; (Art. 169° CPC) y
3. Si la resolución es la primera que se dicta en el proceso, fuera de
los requisitos anteriores, deberá además asignarle a aquél un
número de orden o rol con el que figurará en el Tribunal hasta su
terminación. (Art. 51° del CPC)

b. Requisitos Especiales de cada Resolución.

Ellos dependen de la resolución de que se trate.

i. Requisitos de los Decretos.

No hay disposición expresa que señale los requisitos de forma de los


decretos, providencias o proveídos.

91
No obstante, como los decretos tienen por objeto determinar o
arreglar la sustanciación del proceso, lo menos que deberá indicar es el
trámite que ordena evacuar; y sin perjuicio de que el decreto deba
cumplir con los requisitos comunes a toda resolución judicial.

ii. Requisitos de los Autos y Sentencias Interlocutorias.

Tratándose de los autos y sentencias interlocutorias el Código de


Procedimiento Civil, se ha preocupado de señalar expresamente los
requisitos de forma que deben contener:

1. Deben contener la decisión del asunto controvertido;


2. En cuanto la naturaleza del negocio así lo permita,
deberán expresar además:
a. Las consideraciones de hecho o de derecho que
sirven de fundamento a la resolución;
b. La enunciación de las leyes, y en su defecto de los
principios de equidad, con arreglo a los cuales se
pronuncia.
3. Deben contener pronunciamiento expreso sobre las
costas.

iii. Requisitos de las Sentencias Definitivas.

Las sentencias definitivas, por su importancia manifiesta, están


sometidas a requisitos de forma más complejos y para determinarlos es
preciso distinguir entre:

1. Sentencias definitivas de única y primera instancia; y


2. Sentencias definitivas de segunda instancia.

1. Requisitos de las sentencias definitivas de primera o de única


instancia.

Ellas deben cumplir con:

a. Los requisitos que establece el artículo 170° del CPC;


b. Los requisitos que establece el Auto acordado de la
Corte Suprema sobre la forma de las sentencias; y
c. Deben contener pronunciamiento sobre el pago de
las costas.

Así las cosas, las sentencias definitivas de primera instancia


deben contener:

92
a. La designación precisa de las partes litigantes, su
domicilio y profesión u oficio; (Art. 170 n°1 CPC)
b. La enunciación breve de las peticiones o acciones
deducidas por el demandante y de sus fundamentos;
(Art. 170 n°2 CPC)
c. Igual enunciación de las excepciones o defensas
alegadas por el demandado; (Art. 170 n°3 CPC)
d. Si se ha recibido o no la causa a prueba; (Auto
acordado)
e. Si las partes fueron citadas para sentencia o no lo
fueron en los casos previstos por la ley; (Auto acordado)
f. Las consideraciones de hecho que sirven de
fundamento a la sentencia. (Art. 170 n°4 CPC)

Se establecerán con precisión los hechos sobre que versa la


cuestión que debe fallarse, con distinción de los que hayan
sido aceptados o reconocidos por las partes y de aquellos
respecto de los cuales haya versado la discusión; (Auto
acordado)
g. Si no hubiere discusión acerca de la procedencia
legal de la prueba, los hechos que se encuentren
justificados con arreglo a la ley y los fundamentos que
sirvan para estimarlos comprobados, haciéndose, en
caso necesario, la apreciación correspondiente de la
prueba de autos conforme a las reglas legales; (Auto
acordado)

h. Si se suscitare cuestión acerca de la procedencia de


la prueba producida, la exposición de los fundamentos
que deben servir para aceptarla y rechazarla, sin
perjuicio del establecimiento de los hechos en la forma
ya expuesta; (Auto acordado)

i. Las consideraciones de derecho aplicables al caso;


(Art. 170 n°4 CPC)

j. La enunciación de las leyes, y en su defecto de los


principios de equidad, con arreglo a los cuales se
pronuncia el fallo; (Art. 170 n°5 CPC)

k. La decisión del asunto controvertido. (Art. 170 n°6


CPC)

Esta decisión deberá comprender todas las acciones y


excepciones que se hayan hecho valer en el juicio; pero podrá
omitirse la resolución de aquellas que sean incompatibles con
las aceptadas. (Art. 170 n°6 CPC)

93
En este último caso el tribunal deberá exponer los motivos
que hubiere tenido para considerarlas incompatibles. (Auto
acordado)

Deberá además resolverse sobre las tachas deducidas en


contra de los testigos que hubieren declarado en juicio; (Art.
379° del CPC)
l. El pronunciamiento sobre condena o absolución en el
pago de las costas; (Art. 144° CPC) y
m. La firma del juez que la hubiere dictado.

Esta enumeración de los requisitos de forma que debe contener


una sentencia definitiva de única y primera instancia, permite
apreciar que ellas constan de 3 partes:

a. Una parte enunciativa o expositiva: que corresponde a


los requisitos 1, 2, 3, 4 y 5 anteriores; y su objeto es
individualizar a las partes y el contenido del juicio.

Ella permite establecer a quiénes va a afectar la sentencia y


el asunto que deberá ser resuelto por el tribunal sobre el que
se producirá el efecto de cosa juzgada;
b. Una parte considerativa: que corresponde a los requisitos
6, 7, 8, 9 y 10 anteriores; y su objeto es precisar las razones de
hecho y de derecho que asisten al tribunal para llegar a la
conclusión que se formulará en la parte resolutiva.

La parte considerativa es el fundamento de la parte


resolutiva, de manera que debe existir entre ellas la debida
correspondencia y armonía; y
c. Una parte resolutiva: que comprende los requisitos 11 a
13 anteriores, y está destinada a decidir el asunto
controvertido.

Esta decisión deberá comprender todas las acciones y


excepciones que se hayan hecho valer en el juicio.

Si el tribunal deja de fallar una acción u excepción incurre


en un vicio de casación susceptible de anular el fallo.

Lo mismo, ocurre si falla alguna acción u excepción que no


se ha hecho valer en el juicio, pero en este caso el vicio es el
haber sido dada ultra petita.

Pero podrá omitirse la resolución de aquellas que sean


incompatibles con las aceptadas, sin embargo, el auto
acordado sobre las formas de las sentencias impone al tribunal

94
la obligación de exponer los motivos que hubiere tenido para
considerarlas incompatibles.

Deberá además en la sentencia definitiva resolverse sobre


las tachas deducidas en contra de los testigos que hubieren
declarado en juicio.

Finalmente la sentencia debe pronunciarse sobre la


condena o absolución en el pago de las costas.

2. Requisitos de las sentencias definitivas de segunda instancia.

Las sentencias de segunda instancia deben cumplir algunos


requisitos que obedecen al hecho de que las Cortes de apelaciones
constituyen un tribunal colegiado. Así:

a. Ellas deberán expresar la opinión de sus miembros


que fuere disconforme con la de la mayoría; y
b. Deberán expresar también el nombre del ministro
redactor.

Estos requisitos son comunes a toda sentencia definitiva de


segunda instancia.

Pero existen otros requisitos que deben cumplir las sentencias


definitivas de segunda instancia que dependen de si ella es:

a. Confirmatoria; y
b. Revocatoria o Modificatoria.

a. Sentencias Confirmatorias.

Las sentencias confirmatorias son aquellas pronunciadas


por un tribunal de alzada, que hacen suya y aceptan sin reservas
la sentencia definitiva de primera instancia.

Estas sentencias confirmatorias no deben cumplir con ningún


requisito especial, simplemente deben cumplir con los requisitos
comunes a toda resolución debiendo expresar lo que ellas
deciden, esto es, que se confirma el fallo de primera instancia;
pero no cuentan con parte expositiva ni considerativa.

Sin embargo, las sentencias definitivas de segunda instancia


que confirmen sin modificación las de primera cuando éstas no
reúnen todos o algunos de los requisitos de forma debe subsanar
o completar los requisitos omitidos.

95
b. Sentencias Revocatorias o Modificatorias.

Las sentencias revocatorias o modificatorias son


sentencias definitivas pronunciadas por un tribunal de alzada,
que modifican o revocan la parte resolutoria del fallo de primera,
y que llegan a formular distintas declaraciones que las contenidas
en este último.

Ambas deben cumplir con los mismos requisitos que las


sentencias de primera instancia.

Sin embargo, si la sentencia de primera instancia reúne los


requisitos correspondientes, la de segunda no necesita consignar
la parte expositiva y bastará referirse a ella.
Ahora bien, cuando el fallo de primera instancia no ha resuelto
alguna petición que se ha hecho valer en juicio, el tribunal de
alzada debe anular el fallo y devolver los autos a primera
instancia para que el juez se pronuncie sobre las acciones o
excepciones omitidas.

Sin embargo, en el juicio sumario podrá el tribunal de alzada, a


solicitud de parte, pronunciarse por vía de apelación sobre todas
las cuestiones que se hayan debatido en primera para ser falladas
en definitiva, aun cuando no hayan sido resueltas en el fallo
apelado. (Art. 692° CPC)

Asimismo, podrá el tribunal de alzada fallar las cuestiones


ventiladas en primera instancia y sobre las cuales no se haya
pronunciado la sentencia apelada por ser incompatibles con lo
resuelto en ella, sin que se requiera nuevo pronunciamiento del
tribunal inferior. (Art. 208° CPC)

5. LAS NOTIFICACIONES.

a. Generalidades.

Las resoluciones judiciales no surten efectos mientras no sean


legalmente notificadas a las partes, esto es, mientras no se comunique a las
partes, en la forma que establece la ley, que se ha dictado una resolución en
el proceso.

La notificación no se concibe sin la existencia de una resolución judicial y por su


parte, la resolución judicial por sí sola no tiene sentido, porque para que produzca
efectos es necesaria su notificación legal a las partes.

En efecto, de acuerdo con el artículo 38° del Código de Procedimiento Civil, las
resoluciones judiciales sólo producen efecto en virtud de notificación hecha con arreglo
a la ley, salvo los casos expresamente exceptuados por ella.

Por consiguiente, para que una resolución judicial produzca todos los efectos
que le son propios, es necesario:

96
1. Que la resolución judicial haya sido notificada; y
2. Que la notificación haya sido practicada en conformidad a la ley.

La misma disposición establece margen para algunos casos de excepción en


que una resolución judicial puede producir efectos sin notificación legal.

Por ejemplo, las medidas precautorias contenidas en el artículo 302 inciso 2º


CPC.

b. Concepto de Notificación.

El vocablo notificación, según algunos deriva de la expresión latino notum


facere, que significa hacer conocida una cosa.

Existen dos conceptos de notificación, uno amplio y otro restringido.

En sentido amplio, la notificación es el acto por el cual el tribunal pone en


conocimiento de una persona, sea o no parte en el proceso, una resolución, con el
objeto de dársela a conocer simplemente, de hacerla comparecer en resguardo de sus
intereses, o de hacerla comparecer a alguna actuación procesal, o incluso a fin de que
cumpla con una determinada prestación, bajo apercibimiento legal.

En un sentido restringido, notificación es la actuación que tiene por objeto


poner en conocimiento de las partes o de terceros una resolución judicial.

c. Requisitos Generales de la Notificación.

Los requisitos generales o comunes que debe cumplir toda notificación son los
que veremos a continuación.

i. Requisitos comunes a todas las actuaciones procesales.

Como actuaciones procesales que son, las notificaciones deben


cumplir con los requisitos generales de toda actuación judicial:

1. Deben ser practicadas por el funcionario competente, el


cual dependerá de la clase de notificación de que se trate;
2. Deben ser practicadas en lugares, días y horas hábiles;
3. Debe dejarse constancia o testimonio escrito de la
notificación en el proceso.

Téngase presente el artículo 43° del CPC.

Artículo 43°.- “La notificación se hará constar en la


carpeta electrónica por diligencia que subscribirán el

97
notificado y el ministro de fe, y si el primero no puede o no
quiere firmar, se dejará testimonio de este hecho en la
misma diligencia.

La certificación deberá, además, señalar la fecha, hora


y lugar donde se realizó la notificación y, de haber sido
hecha en forma personal, precisar la manera o el medio
con que el ministro de fe comprobó la identidad del
notificado”; y
4. Deben ser autorizadas por el funcionario competente,
autorización que va implícita en la actuación misma pues el
funcionario que la practica actúa en calidad de ministro de
fe.

ii. La notificación debe ser practicada en la forma prescrita por la


ley.

La notificación debe practicarse en la forma que señala la ley, la cual


dependerá del tipo de resolución que se trate de notificar.

Hace excepción a lo anterior la regla de que cualquier resolución


puede notificarse válidamente en forma personal. En otras palabras, la
notificación personal es apta tratándose de resoluciones de cualquier
naturaleza.

iii. Las notificaciones no requieren del consentimiento del notificado


ni precisan de declaración alguna de éste.

Las notificaciones constituyen un verdadero acto de autoridad y como


tales, para su validez, no interesa la voluntad o consentimiento del
notificado.

En efecto, dispone el artículo 39° lo siguiente.

Artículo 39°.- “Para la validez de la notificación no se


requiere el consentimiento del notificado”.

Por lo demás, señala el artículo 57° que las diligencias de notificación


que se estampen en los procesos, no contendrán declaración alguna del
notificado, salvo que la resolución ordene o, por su naturaleza, requiera
esa declaración.

d. Clasificación de las Notificaciones.

Las notificaciones pueden clasificarse desde dos puntos de vista:

1. Atendiendo al objeto o finalidad de la notificación, se distingue:


a. Emplazamiento;

98
b. Citación;
c. Requerimiento; y
d. Notificación Legal.

2. Atendiendo a la forma de las notificaciones, se distingue:


a. Notificación Personal;
b. Notificación por Cédula;
c. Notificación por el Estado Diario;
d. Notificación por Aviso;
e. Notificación Tácita;
f. Notificación Ficta;
g. Notificación Especiales; y
h. Notificación Electrónica.

Analicemos las notificaciones según su objeto o finalidad.

i. Notificaciones que importan emplazamiento.

En estos casos, la notificación trae aparejado un llamamiento para


que el sujeto notificado comparezca al proceso o se haga parte en un
recurso con el objeto específico de defenderse y hacer valer sus
derechos, todo ello, dentro de un plazo determinado y bajo
apercibimiento legal.

El caso típico es el de la notificación de la demanda.

Normalmente este emplazamiento se efectúa a las partes del proceso


o bien, tratándose de un recurso, a los sujetos que intervienen en él.

ii. Notificaciones que importan citación.

En estos casos, la notificación tiene por objeto hacer que la persona


comparezca obligatoria y personalmente al tribunal en un día y hora
determinados, para cumplir cierta actuación procesal, bajo
apercibimiento legal.

Por ejemplo, la citación a los testigos a declarar o la citación a las


partes a absolver posiciones.

iii. Notificaciones que importan requerimiento.

En estos casos, la notificación constituye una orden para que la


persona cumpla con una determinada prestación, bajo apercibimiento
legal.

El caso típico es el requerimiento de pago en el juicio ejecutivo.

iv. Notificaciones propiamente tales.

99
Podemos definir las notificaciones como las actuaciones judiciales
que tienen por objeto poner en conocimiento de las partes, o bien, de los
terceros, una resolución judicial simplemente con el objeto de que ella
produzca sus efectos legales.

Por otra parte, lo normal es que las notificaciones se practiquen a las


partes, sean directas o indirectas. Solo excepcionalmente se notificará
una resolución a terceros ajenos al proceso, en los casos en que les
corresponda participar en alguna actuación o en que la resolución pueda
afectarles.

De igual manera, analicemos aquellas según la forma.

i. Notificación Personal.

1. Nociones Generales.

Notificación personal es aquella que se practica en la persona


misma del notificado, entregándole copia íntegra de la resolución y
de la solicitud sobre la que haya recaído cuando sea escrita.

Esta definición corresponde a la notificación propiamente tal,


porque existe una notificación sustitutiva de ella que es la que se
efectúa en conformidad al artículo 44° del Código de Procedimiento
Civil y que estudiaremos más adelante.

La notificación personal propiamente tal es la forma más segura


de efectuar una notificación en cuanto es la que más garantías
ofrece de que el notificado efectivamente tome conocimiento de la
resolución que se le notifica.

Por ello, en conformidad al artículo 40° del Código de


Procedimiento Civil, en toda gestión judicial, la primera notificación a
las partes o personas a quienes hayan de afectar sus resultados,
deberá hacérseles personalmente, entregándoseles copia íntegra de
la resolución y de la solicitud en que haya recaído, cuando sea
escrita.

Además, por ello la ley permite que cualquier notificación sea


notificada personalmente, y dicha notificación será siempre válida si
se ha efectuado correctamente en la forma que prescribe la ley.

2. Forma de practicar la notificación personal propiamente tal.

100
La notificación propiamente tal se efectúa, entregando a la
persona del notificado las copias íntegras a que se refiere el artículo
40° del CPC.

En otras palabras, ella se practica entregándose personalmente al


notificado:

a. Copia íntegra de la resolución que se notifica; y


b. Copia íntegra de la solicitud en que haya recaído
dicha resolución, si fuere escrita.

Practicada la notificación, se hará constar en el proceso por


diligencia que subscribirán el notificado y el ministro de fe, y si el
primero no puede o no quiere firmar, se dejará testimonio de este
hecho en la misma diligencia.

La certificación deberá, además:

a. Señalar la fecha, hora y lugar donde se realizó la


notificación;
b. Precisar la manera o el medio con que el ministro de
fe comprobó la identidad del notificado;
c. Conforme lo indica la ley N° 20.886 en su artículo 8°,
para el caso en que la notificación sea practicada por
un receptor judicial se establece lo siguiente:

Artículo 8°.- “Los receptores deberán agregar a la


carpeta electrónica un testimonio dando cuenta de la
actuación realizada dentro de los dos días hábiles
siguientes a la fecha en que se practicó la diligencia,
con la debida constancia de todo lo obrado.

En las notificaciones, requerimientos o embargos, el


testimonio o acta de la diligencia incluirá un registro
georreferenciado, que dé cuenta del lugar, fecha y
horario de su ocurrencia. Además, en el caso de retiro
de especies, los receptores incluirán un registro
fotográfico o de video con fecha y hora de los bienes
muebles, al momento del retiro para su entrega al
martillero, a menos que exista oposición de parte del
deudor o el depositario”;
d. El Autoacordado dictado por la Corte Suprema el 5
de junio de 2019, vino a regular con mayor detalle los
requisitos, estableciendo en su numeral 5º lo siguiente:

Artículo 5°.- “Georreferenciación de actuaciones de


receptores judiciales.

101
El registro georreferenciado a que se refiere el
artículo 9° de la Ley N°20.886 deberá realizarse
mediante el uso del programa computacional o
aplicación móvil que la Corporación Administrativa del
Poder Judicial pondrá a disposición de los receptores
judiciales, los que deberán contar con dispositivos
móviles que permitan la descarga de aplicaciones y
cuenten con cámara y sistema de georreferenciación.

Deberá incorporarse en la carpeta electrónica, la


georreferenciación de las actuaciones que den cuenta
de la búsqueda de la persona que debe ser notificada.

En aquellos casos en que la georreferenciación no


haya podido efectuarse o presente un margen de error
superior a 100 metros, se deberá incluir un registro
fotográfico o de video a través de la aplicación móvil,
dejando constancia de ello en la certificación”.

3. Funcionario competente para Notificar Personalmente.

Son competentes para notificar personalmente:

a. El secretario del tribunal, en su propia oficina; (Art.


380 n°2 COT)
b. El Oficial Primero, en la oficina del Secretario y bajo
la responsabilidad de este; (Art. 58 inc. 1° CPC)
c. El Receptor Judicial, en cualquiera de los lugares
habilitados por la ley, pero fuera de la oficina del
Secretario; (Art. 390° COT)
d. El Notario Público u Oficial del Registro Civil que
exista en la localidad, en aquellos lugares en que no
exista receptor judicial; (Art. 58 inciso 2° CPC) y
e. Un empleado del tribunal designado por el juez
como ministro de fe ad hoc, para el solo efecto de
practicar la notificación. (Art. 58 inc. 2° parte final CPC)

4. Lugares, días y horas hábiles para la Notificación Personal.

Existen varios lugares donde se puede practicar la notificación


personal y dichos lugares determinan al funcionario competente y las
horas hábiles al efecto.

Son lugares hábiles:

a. La oficina del Secretario, en días hábiles, esto es, no


feriados, entre las ocho y las veinte horas;

102
b. La casa que sirva para despacho del Tribunal, en
días hábiles, esto es, no feriados, entre las ocho y las
veinte horas;
c. La oficina o despacho del ministro de fe que
practique la notificación, en días hábiles, esto es, no
feriados, entre las ocho y las veinte horas;
d. Los lugares y recintos de libre acceso público,
cualquier día y a cualquier hora;
e. La morada o lugar donde pernocta el notificado,
cualquier día, entre las seis y las veintidós horas;
f. El lugar donde el notificado ordinariamente ejerce su
industria, profesión o empleo, cualquier día, entre las
seis y las veintidós horas. Sin embargo, los jueces no
podrán ser notificados en el local en que desempeñan
sus funciones;
g. Cualquier recinto privado en que se encuentre el
notificado y al cual se permita el acceso del ministro de
fe, cualquier día, entre las seis y las veintidós horas;

h. Dispone el artículo 42° que podrá el tribunal ordenar


que se haga la notificación en otros lugares que los
expresados, cuando la persona a quien se trate de
notificar no tenga habitación conocida en el lugar en
que ha de ser notificada.

Esta circunstancia se acreditará por certificado de un ministro


de fe que afirme haber hecho las indagaciones posibles, de las
cuales dejará testimonio detallado en la respectiva diligencia.

En cuanto a los días y horas hábiles, recordemos que el artículo


60° del CPC permite al tribunal disponer la habilitación de días y
horas inhábiles, a petición de parte, cuando haya causa urgente que
lo exija.

Se requiere, por lo tanto:

a. Solicitud de parte interesada;


b. Causa urgente que exija la habilitación; y
c. Que la habilitación sea dispuesta por el tribunal
mediante la correspondiente resolución judicial.

Si la notificación se realizare en día inhábil, los plazos comenzarán


a correr desde las cero horas del día hábil inmediatamente siguiente.

Finalmente, si la notificación se hubiere practicado fuera de la


comuna donde funciona el tribunal, los plazos se aumentarán en la
forma establecida en los artículos 258° y 259° del Código de
Procedimiento Civil.

103
5. Procedencia de la Notificación Personal.

La notificación personal podrá usarse en todo caso, según lo


establece el artículo 47° inciso segundo, esto es, cualquier resolución
es susceptible de notificarse válidamente en forma personal.

Pero además, existen casos en que la notificación debe ser


personal, por cuanto ella es la forma prescrita por la ley como forma
válida de notificación de determinadas resoluciones:

a. En toda gestión judicial, la primera notificación a las


partes o personas a quienes hayan de afectar sus
resultados, deberá hacérseles personalmente; (Art. 40°
CPC)
b. Siempre que la ley disponga que se notifique a
alguna persona para la validez de ciertos actos; (Art. 47
inc. 1° CPC)
c. Cuando el tribunal lo ordene expresamente; (Art. 47
inc. 1° CPC)

d. Si transcurren seis meses sin que se dicte resolución


alguna en el proceso, no se considerarán como
notificaciones válidas las anotaciones en el estado
diario mientras no se haga una nueva notificación
personalmente o por cédula; (Art. 52° CPC)
e. Las notificaciones que se hagan a terceros que no
sean parte en el juicio, o a quienes no afecten sus
resultados, se harán personalmente o por cédula; (Art.
56° CPC) y
f. En todos aquellos casos en que la ley exija
expresamente notificación personal.

Por ejemplo, de acuerdo con el artículo 221° del CPC, la primera


resolución que dicte el tribunal de alzada deberá notificarse
personalmente.

6. Notificación del artículo 44° del Código de Procedimiento


Civil.

En general a esta notificación se la conoce como notificación


sustitutiva de la notificación personal.

Su naturaleza jurídica es la de una modalidad de la notificación


personal.

104
Tiene lugar cuando no es habida la persona a quien se va a
notificar de manera que no es posible entregarle personalmente
copia íntegra de la resolución y la solicitud en que ha recaído.

Para que proceda esta notificación deben cumplirse los siguientes


requisitos:

a. Que buscada en dos días distintos en su habitación,


o en el lugar donde habitualmente ejerce su industria,
profesión o empleo, no es habida la persona a quien
debe notificarse;

b. Que se acredite que ella se encuentra en el lugar del


juicio y cuál es su morada o lugar donde ejerce su
industria, profesión o empleo, bastando para
comprobar estas circunstancias la debida certificación
del ministro de fe; y

Establecidos ambos hechos, en la segunda búsqueda, el ministro


de fe procederá a su notificación en el mismo día y sin necesidad de
nueva orden del tribunal.

Cumplidos estos requisitos, la notificación se hará:

a. Entregando las copias a que se refiere el artículo 40°


a cualquiera persona adulta que se encuentre en la
morada o en el lugar donde la persona que se va a
notificar ejerce su industria, profesión o empleo;
b. Si nadie hay allí, o si por cualquiera otra causa no es
posible entregar dichas copias a las personas que se
encuentren en esos lugares, se fijará en la puerta un
aviso que:
 De noticia de la demanda;
 Con especificación exacta:
 De las partes;
 Materia de la causa;
 Juez que conoce de ella; y
 De las resoluciones que se notifican.

En caso que la morada o el lugar donde pernocta o el lugar donde


habitualmente ejerce su industria, profesión o empleo, se encuentre
en un edificio o recinto al que no se permite libre acceso, el aviso y

105
las copias se entregarán al portero o encargado del edificio o recinto,
dejándose testimonio expreso de esta circunstancia.

En conformidad al artículo 46°, el ministro de fe deberá dar aviso


de la práctica de la notificación al notificado, dirigiéndole con tal
objeto carta certificada por correo, en el plazo de dos días contado
desde la fecha de la notificación o desde que se reabran las oficinas
de correo, si la notificación se hubiere efectuado en domingo o
festivo.

La carta podrá consistir en tarjeta abierta que llevará:

a. El nombre y domicilio del receptor; y


b. Deberá indicar el tribunal y el número de ingreso de
la causa y el nombre de las partes.
En el testimonio de la notificación deberá expresarse, además, el
hecho del envío, la fecha, la oficina de correo donde se hizo y el
número de comprobante emitido por tal oficina. Este comprobante
deberá ser agregado al expediente a continuación del testimonio.
(Art. 532 nº2, 3° y 4° del COT)

ii. Notificación por Cédula.

1. Nociones Generales.

La notificación por cédula es aquella que se efectúa mediante


la entrega de una cédula en el domicilio del notificado o bien
mediante él envió al medio de notificación electrónica señalado por
las partes, sus abogados patrocinantes y mandatarios judiciales, la
cual contiene copia íntegra de la resolución que se trata de notificar
y los datos necesarios para su acertada inteligencia.

Estos datos necesarios para la acertada inteligencia de la


resolución, la ley no los señala, pero ellas serán los antecedentes
mínimos para que ella pueda ser comprendida por el notificado, tales
como, el número de rol del proceso, la materia, el tribunal ante el
cual se sigue y la individualización de las partes.

2. Forma de practicar la Notificación por Cédula.

Las formas de efectuarla son:

a. Primera forma: Por el ministro de fe encargado de la


diligencia entrega la cédula en el domicilio del notificado en la
forma establecida para la notificación del artículo 44° del CPC.

106
Esto es, la cédula se entrega en el domicilio del notificado a
cualquier persona adulta que allí se encuentre, y si ello no
fuere posible, se fijará en la puerta un aviso que podrá ser la
misma cédula.

El ministro de fe pondrá en los autos testimonio de la


notificación con expresión:

 Del día y lugar en que se practicó;


 Del nombre de la persona notificada; y
 Del nombre, edad, profesión y domicilio de la
persona a quien se hizo la entrega de la cédula.

Si nadie hay allí, o si por cualquiera otra causa no es posible


entregar dichas copias a las personas que se encuentren en
esos lugares, se fijará en la puerta un aviso que de noticia de la
demanda, con especificación exacta de las partes, materia de
la causa, juez que conoce en ella y de las resoluciones que se
notifican.

b. Segunda forma: Se podrán notificar por el tribunal al


medio de notificación electrónico señalado por las partes, sus
abogados patrocinantes y mandatarios judiciales de
conformidad al artículo 49° del CPC, previa solicitud de la parte
interesada y sin que se requiera el consentimiento del
notificado, de lo cual deberá dejarse constancia en el sistema
de tramitación electrónica del Poder Judicial.

También se dejará testimonio en autos de la notificación


efectuada al medio de notificación electrónico señalado por la
parte.

3. Funcionario Competente para efectuar la Notificación por


Cédula.

Cuando la notificación se efectúa en el domicilio del notificado, el


funcionario competente para practicar la notificación por cédula es el
Receptor Judicial; nunca el Secretario ni el Oficial Primero porque la
notificación se lleva a cabo fuera de la oficina del Secretario, en el
domicilio del notificado.

En aquellos lugares en que no exista receptor judicial, la


notificación podrá ser hecha por el Notario Público u Oficial del
Registro Civil que exista en la localidad.

En todo caso, el juez siempre podrá designar como ministro de fe


ad hoc a un empleado del tribunal, para el solo efecto de practicar la
notificación.

107
El tribunal podrá realizar dicha notificación mediante envió al
medio de notificación electrónico señalado por las partes, sus
abogados patrocinantes y mandatarios judiciales.

4. Lugares, días y horas hábiles para Notificar por Cédula.

El lugar para llevar a cabo la notificación por cédula es el domicilio


del notificado o medio de notificación electrónico designado.

En este punto importa el artículo 49° CPC:

Artículo 49°.- “Para los efectos del artículo anterior, todo


litigante deberá, en su primera gestión judicial, designar un
domicilio conocido dentro de los límites urbanos del lugar en
que funcione el tribunal respectivo. Sus abogados
patrocinantes y mandatarios judiciales deberán, además,
designar en su primera presentación un medio de notificación
electrónico que el juez califique como expedito y eficaz, bajo
apercibimiento de serles notificadas por estado diario todas
las resoluciones que se dicten en lo sucesivo en el proceso.
Estas designaciones se considerarán subsistentes mientras
no haga otra la parte interesada, aun cuando de hecho
cambie su morada o medio de notificación electrónico, según
corresponda”.

La forma de notificación de que trata el artículo 50° se hará extensiva


a las resoluciones comprendidas en el artículo 48°, respecto de las
partes que no hayan hecho la designación a que se refiere el artículo
49° y mientras ésta no se haga.

Esta notificación se hará sin necesidad de petición de parte y sin


previa orden del tribunal. (Art. 53° CPC)

En cuanto a los días y lugares hábiles para practicar la notificación


por cédula, la ley no ha establecido reglas especiales en la materia
por lo que corresponde aplicar la regla general del artículo 59°, de
forma que son días hábiles los no feriados; y son horas hábiles las
que median entre las ocho y las veinte horas.

5. Procedencia de la Notificación por Cédula.

Debe notificarse por cédula:

a. Las sentencias definitivas de primera instancia (las


de segunda se notifican por el estado diario);
b. Las resoluciones en que se reciba a prueba la causa;
(Art. 48° CPC)
c. Las resoluciones en que se ordene la comparecencia
personal de las partes; (Art. 48° CPC)

108
d. Las resoluciones respecto de las cuales el tribunal lo
ordene expresamente; (Art. 48 inc. final CPC)
e. Las notificaciones que se hagan a terceros que no
sean parte en el juicio, o a quienes no afecten sus
resultados, se harán personalmente o por cédula; (Art.
56° CPC)
f. Si transcurren seis meses sin que se dicte resolución
alguna en el proceso, no se considerarán como
notificaciones válidas las anotaciones en el estado
diario mientras no se haga una nueva notificación
personalmente o por cédula; (Art. 52° CPC) y
g. Todas aquellas resoluciones respecto de las cuales la
ley ordene expresamente esta forma de notificación.

Por ejemplo; la resolución que ordena el cumplimiento de una


sentencia con citación. (Art. 233 inc. 2° CPC)

Antes de continuar señalemos dos cuestiones importantes.

La primera de ellas consiste en las diferencias que existen entre la Notificación


por Cédula y la Notificación Personal. Tales son:

1. En cuanto al contenido, pues en la notificación personal se entrega


copia íntegra de la resolución y de la solicitud sobre la que ha recaído, en
cambio, en la notificación por cédula sólo se entrega copia íntegra de la
resolución y los datos necesarios para su acertada inteligencia;
2. En cuanto a los lugares hábiles para practicarlas, ya que la ley
señala una variedad de lugares hábiles para la notificación personal, en
cambio, la notificación por cédula puede practicarse en el domicilio del
notificado o al medio de notificación electrónico señalado por las partes, sus
abogados patrocinantes y mandatarios judiciales;
3. En cuanto a la forma misma de practicarlas, puesto que tratándose
de la notificación personal las copias respectivas deben entregarse a la
persona del notificado, en cambio, en la notificación por cédula basta con
que ellas se entreguen a cualquier persona adulta que se encuentre en el
domicilio del notificado o al medio de notificación electrónico señalado por
las partes, sus abogados patrocinantes y mandatarios judiciales; y
4. En cuanto a los funcionarios competentes para practicarlas, ya
que mientras la notificación personal pueden efectuarla el Secretario del
Tribunal o el Oficial Primero bajo su responsabilidad, ello no es posible
tratándose de la notificación por cédula cuando se notifica al domicilio del
notificado, pero el tribunal podrá notificar al medio de notificación

109
electrónico señalado por las partes, sus abogados patrocinantes y
mandatarios judiciales

Y la segunda de ellas consiste en las diferencias que existen entre la


Notificación por Cédula y la Notificación del artículo 44° del Código de Procedimiento
Civil. Tales son:

1. La notificación del artículo 44° es una modalidad de la notificación


personal, en cambio la notificación por cédula es una forma de notificación
independiente;
2. Por lo mismo, tratándose de la notificación del artículo 44°, se entrega
copia íntegra de la resolución y de la solicitud sobre la que ha recaído, en
cambio, en la notificación por cédula sólo se entrega copia íntegra de la
resolución y los datos necesarios para su acertada inteligencia; y
3. Para poder practicar la notificación del artículo 44° deben cumplirse
ciertos requisitos para su procedencia, en cambio, tratándose de la
notificación por cédula, ella procede en los caso en que la ley la ordene.

iii. Notificación por el Estado Diario.

1. Nociones Generales.

Notificación por el estado diario es aquella que se practica


por el solo hecho de incluirse el proceso de que se trata en una
nómina o estado, que deberá formarse electrónicamente, el que
estará disponible en la página web del Poder Judicial con las
indicaciones que indica la ley.

Importa el artículo 50° incisos segundo, tercero y cuarto del CPC


en esta materia.

Artículo 50°.- “Se encabezará el estado con la fecha del


día en que se forme y se mencionará por el número de orden
que les corresponda en el rol general, expresado en cifras y
en letras y, además, por los apellidos del demandante y
demandado o de los primeros que figuren con dicho carácter
si son varios, todas las causas en que se haya dictado
resolución en aquel día y el número de resoluciones dictadas
en cada una de ellas.

Estos estados se mantendrán en la página web del Poder


Judicial durante al menos tres días en una forma que impida
hacer alteraciones en ellos. Deblas notificaciones realizadas
en conformidad a este artículo se dejará constancia en la

110
carpeta electrónica el mismo día en que se publique el
estado.

La notificación efectuada conforme a este artículo será


nula en caso que no sea posible la visualización de la
resolución referida en el estado diario por problemas técnicos
del sistema de tramitación electrónica del Poder Judicial, lo
que podrá declararse de oficio o a petición de parte”.

Según muchos, esta forma de notificación es una ficción, pues de la


lectura del estado no permite al notificado imponerse concretamente
de la resolución que se ha pronunciado y solo sirve para hacerle
saber que se ha dictado una resolución en el proceso, pero si desea
conocerla debe concurrir al tribunal y examinar personalmente los
autos.

2. Procedencia de la Notificación por el Estado Diario.

La notificación por el estado procede siempre que la ley no


disponga otra forma de notificación.

Por ello la notificación por el estado constituye la regla general en


la materia.

Además, la notificación por el estado se hará extensiva a las


resoluciones comprendidas en el artículo 48° que la ley ordena
notificar por cédula, respecto de las partes que no hayan hecho la
designación de domicilio que exige la ley y mientras ésta no se haga.

Esta notificación se hará sin necesidad de petición de parte y sin


previa orden del tribunal. (Art. 53° CPC)
iv. Notificación por Avisos.

1. Nociones Generales.

Notificación por avisos es aquella que se efectúa previo


decreto del tribunal mediante la publicación de avisos en los diarios
que la ley señala, incluyéndose en ellos los mismos datos que se
exigen para la notificación personal, salvo que el tribunal disponga
que la publicación se haga en extracto.

Esta es una forma de notificación excepcional y supletoria de la


notificación personal o de la notificación por cédula en los casos que
la ley lo autoriza.

2. Procedencia de la Notificación por Avisos.

Para que proceda la notificación por avisos es preciso que:

a. Exista resolución judicial que deba notificarse


personalmente o por cédula, puesto que la notificación por
avisos es supletoria de la notificación personal y por cédula;

111
b. Que se trate de alguno de los casos que hacen
procedente la notificación por avisos. Estos casos son los
siguientes:
 Cuando haya de notificarse personalmente o por
cédula a personas cuya individualidad o residencia sea
difícil determinar; y
 Cuando haya de notificarse personalmente o por
cédula a personas que por su número dificulten
considerablemente la práctica de la diligencia.

c. El tribunal debe decretar expresamente que la


notificación se efectúe mediante avisos.

Para ello debe proceder con conocimiento de causa, debiendo


determinar los diarios en que deberán efectuarse las
publicaciones, así como el número de avisos que deberán
publicarse, los que no pueden bajar de tres.

3. Formas de practicar la Notificación por Avisos.

En cuanto a la forma de practicar la notificación, ella se efectúa


mediante la publicación de avisos, cuyo número determinará el
tribunal y que no puede bajar de 3, en los diarios que indica la ley.

Los diarios que señala la ley para la publicación de los avisos son
los del lugar donde se sigue la causa, o de la cabecera de la provincia
o de la capital de la región si allí no los hay.

Cuando la notificación hecha por este medio sea la primera de una


gestión judicial, será necesario, además, para su validez, que se
inserte el aviso en los números del "Diario Oficial" correspondientes
los días primero o quince de cualquier mes, o al día siguiente, si no se
ha publicado en las fechas indicadas.

Los avisos deben contener los mismos datos que se exigen para la
notificación personal, pero si la publicación en esta forma es muy
dispendiosa, atendida la cuantía del negocio, podrá disponer el
tribunal que se haga en extracto redactado por el secretario.

La publicación en extracto requiere entonces, que el tribunal así la


disponga a petición de parte interesada y para ello debe proceder
con conocimiento de causa.

112
Finalmente, debe dejarse constancia escrita de la notificación en
el proceso.

En la práctica dicha constancia se estampa pegando en el


expediente un recorte del aviso publicado, certificando el Secretario
del Tribunal que dicho aviso fue publicado en el Diario que indica y
las fechas en que ello ocurrió.

v. Notificación Tácita.

Dispone el inciso 1° del artículo 55 del Código de Procedimiento Civil,


que:

Artículo 55°.- “Aunque no se haya verificado notificación


alguna o se haya efectuado en otra forma que la legal, se tendrá
por notificada una resolución desde que la parte a quien afecte
haga en el juicio cualquiera gestión que suponga conocimiento
de dicha resolución, sin haber antes reclamado la falta o nulidad
de la notificación”.

Se habla de notificación tácita debido a que ocurridas ciertas


circunstancias la ley entiende que la persona se notifica legalmente de
determinada resolución.

Para que estemos ante esta forma de notificación es preciso que se


den ciertos supuestos:

a. Que la resolución de que se trate no haya sido


notificada de manera alguna; o
b. Que la resolución haya sido notificada en otra forma que
la ley.

Dicha resolución se tendrá por notificada desde que la parte a quien


afecte haga en el juicio cualquiera gestión que suponga conocimiento de
dicha resolución, sin haber antes reclamado la falta o nulidad de la
notificación.

vi. Notificación Ficta.

A ella se refiere el artículo 55° inciso segundo.

Artículo 55°.- “La parte que solicitó la nulidad de una


notificación, por el solo ministerio de la ley, se tendrá por
notificada de la resolución cuya notificación fue declarada nula,
desde que se le notifique la sentencia que declara tal nulidad.
En caso que la nulidad de la notificación haya sido declarada por
un tribunal superior, esta notificación se tendrá por efectuada al
notificársele el cúmplase de dicha resolución”.

113
vii. Notificaciones Especiales.

Las notificaciones pueden también clasificarse, atendiendo al texto


legal que las consagra, en notificaciones generales u ordinarias y en
notificaciones especiales o extraordinarias.

Hasta aquí hemos estudiado las notificaciones generales u ordinarias


y desde que sus disposiciones son aplicables a todo procedimiento, son
también de aplicación general.

Pero existen otras formas de notificación dispersas en diversas


disposiciones legales y que se establecen para determinados casos, y
que constituyen notificaciones especiales.

Así por ejemplo:

a. En los juicios arbitrales, la ley permite a las partes para


que en forma unánime acuerden otras formas de
notificación;
b. En los juicios de menores se contempla la notificación
por carta certificada; y
c. En el nuevo proceso penal, las resoluciones
pronunciadas durante las audiencias judiciales se
entenderán notificadas a los intervinientes en el
procedimiento que hubieren asistido o debido asistir a las
mismas.

6. EFECTOS DE LAS RESOLUCIONES JUDICIALES.

Recordemos que todo acto emanado del tribunal destinado a sustanciar o a


fallar el proceso se denomina resolución judicial.

Las resoluciones judiciales, para que produzcan los efectos que le son propios,
necesitan de notificación legal previa.

Notificadas las partes de una resolución judicial pueden conformarse con ella o
deducir en su contra los recursos procesales que correspondan.

Si no proceden recursos, o procediendo ellos no se interponen o bien se


interpusieron pero fueron resueltos notificándose a las partes el cúmplase respectivo,
la resolución judicial queda ejecutoriada de manera que puede pedirse su
cumplimiento y no podrá volver a discutirse el mismo asunto.

Además, existen algunas resoluciones que no obstante no estar ejecutoriadas


causan ejecutoria, es decir, puede pedirse su cumplimiento, no obstante existir
recursos pendientes en su contra.

El tribunal, por su parte, una vez que dicta una resolución y ella es notificada a
cualquiera de los litigantes, no puede alterarla en manera alguna.

114
En consecuencia, las resoluciones judiciales producen varios efectos siendo los
más importantes:

1. El Desasimiento del Tribunal; y


2. El Efecto de Cosa Juzgada que se manifiesta en:
a. La Acción de Cosa Juzgada; y
b. La Excepción de Cosa Juzgada.

a. El Desasimiento del Tribunal.

El desasimiento del Tribunal es el efecto que producen las sentencias


definitivas e interlocutorias, en virtud del cual, una vez notificadas a alguna de las
partes, ellas no pueden ser modificadas o alteradas de manera alguna por el mismo
tribunal que la pronunció.

En efecto, dispone el artículo 182 inciso 1° del Código de Procedimiento Civil:


“Notificada una sentencia definitiva o interlocutoria a alguna de las partes,
no podrá el tribunal que la dictó alterarla o modificarla en manera alguna”.

Para que se produzca el desasimiento del tribunal deben concurrir dos


requisitos:

1. Que se trate de una sentencia definitiva o interlocutoria, es


decir, no opera respecto de los autos y decretos; y
2. Que la sentencia se haya notificado a alguna de las partes.

Esta prohibición al tribunal que ha pronunciado la sentencia de modificarla de


manera alguna es una manifestación del Principio de la Doble Instancia.

Pero la sentencia es susceptible de ser modificada ya no por el tribunal que la


pronunció sino por el tribunal a quien corresponda conocer del recurso de apelación
que se interponga en su contra, si es que procede.

Existen algunos casos de excepción al principio o efecto de que las sentencias


una vez notificadas a cualquiera de las partes, se produce el desasimiento del Tribunal.

Estas excepciones son las siguientes:

1. El Recurso de aclaración, agregación o rectificación;


2. Las sentencias interlocutorias que son susceptibles de reposición;
y
3. En caso de nulidad de todo lo obrado por falta de emplazamiento.

i. El Recurso de aclaración, agregación o rectificación.

El mismo artículo 182° que consagra el efecto del desasimiento agrega


que el tribunal “podrá, sin embargo a solicitud de parte, aclarar los
puntos obscuros o dudosos, salvar las omisiones y rectificar los

115
errores de copia, de referencia o de cálculos numéricos que
aparezcan de manifiesto en la misma sentencia”.
Se consagra aquí el recurso de aclaración, agregación o rectificación en
virtud del cual, cualquiera de las partes puede solicitar al mismo tribunal
que pronunció la sentencia:
1. Que aclare los puntos oscuros o dudosos del fallo; y
2. Que salve omisiones o rectifique errores de copia, de
referencia o de cálculos numéricos que aparezcan de
manifiesto en la misma sentencia.

ii. Sentencias interlocutorias susceptibles de reposición.

El recurso de reposición es el que se hace valer ante y para ante el


mismo tribunal que pronunció la sentencia.
Este recurso no procede contra todas las sentencias interlocutorias sino
únicamente contra aquellas respecto de las cuales la ley expresamente
contempla este recurso. La reposición por regla general procede
únicamente contra autos y decretos.
Entre otras sentencias interlocutorias, son susceptibles de reposición:
1. La resolución que recibe la causa a prueba; y
2. La resolución que cita a las partes a oír sentencia.

iii. Caso de la nulidad de todo lo obrado por falta de emplazamiento.

Este incidente también puede plantearse ante el mismo tribunal que


dictó la sentencia definitiva o interlocutoria, no obstante haberse producido
ya el desasimiento del tribunal.

En efecto el inciso 2° del artículo 182 señala que el desasimiento del


tribunal, no obsta para que el rebelde haga uso del derecho que le confiere
el artículo 80°.

Y precisamente el artículo 80° consagra el derecho a pedir la nulidad de


lo obrado por falta de emplazamiento.

Ahora bien, de acogerse el incidente de nulidad por falta de


emplazamiento, ello significará dejar sin efecto lo obrado incluidas las
distintas resoluciones que se hayan dictado en el intertanto.

Dijimos que el desasimiento lo producen únicamente las sentencias, sean


definitivas o interlocutorias.

116
En otras palabras, los autos y decretos sí pueden ser modificados o alterados
por el mismo tribunal que los dictó a pesar de haber sido notificados a las partes. En
efecto, señala el artículo 181° del CPC:

Artículo 181°.- “Los autos y decretos firmes se ejecutarán y


mantendrán desde que adquieran este carácter, sin perjuicio de la facultad
del tribunal que los haya pronunciado para modificarlos o dejarlos sin efecto,
si se hacen valer nuevos antecedentes que así lo exijan.

Aun sin estos antecedentes, podrá pedirse, ante el tribunal que dictó
el auto o decreto, su reposición, dentro de cinco días fatales después de
notificado. El tribunal se pronunciará de plano y la resolución que niegue
lugar a esta solicitud será inapelable; sin perjuicio de la apelación del fallo
reclamado, si es procedente el recurso.

De manera que los autos y decretos son siempre susceptibles de reposición por
lo que no cabe el desasimiento.

b. La Cosa Juzgada.

Es indudable que el fin que las partes persiguen en el proceso es obtener la


dictación de una sentencia que venga a zanjar definitivamente el conflicto jurídico
entre ellas, de modo que lo resuelto no pueda volver a discutirse, ni dentro del mismo
proceso ni en otro futuro; y que, si implica una condena, pueda también perseguirse
por medios compulsivos.

Estos efectos que producen las resoluciones judiciales, sin duda los más
importantes, se designan con la locución genérica de cosa juzgada, la cual tiene un
fundamento lógico que es el mantenimiento del orden o tranquilidad social; lo que el
juez estableció en la sentencia se presume que es manifestación de la verdad y de la
justicia.

Nuestra ley no define la cosa juzgada.

En la práctica este efecto de cosa juzgada se traduce en dos consecuencias:

1. Una positiva en cuya virtud la parte que ha obtenido en juicio


podrá exigir el cumplimiento de lo resuelto; y
2. Una negativa que consiste en que las partes del juicio no pueden
volver a discutir el mismo asunto que ya ha sido resuelto.

Por consiguiente, la cosa juzgada presenta una doble característica:

1. Es coercitiva, pues el vencido está obligado a cumplir la condena que


se le ha impuesto, y en caso de que no lo haga voluntariamente, el vencedor
podrá exigírselo por medios compulsivos; y
2. Es inmutable, en el sentido de que las partes deben respetar lo resuelto
y no pueden renovar en un nuevo juicio la misma controversia.

Entonces, la cosa juzgada se manifiesta a través de dos efectos:

117
1. La acción de cosa juzgada que permite obtener el cumplimiento
de lo resuelto; y
2. La excepción de cosa juzgada mediante la cual se evitará que el
mismo asunto vuelva a discutirse.

Sin embargo, la cosa juzgada puede clasificarse en:

1. Cosa juzgada material, es la que autoriza a cumplir lo resuelto sin


restricción alguna, y que impide renovar la cuestión resuelta ya sea en el
mismo proceso o en juicio futuro posterior; y
2. Cosa juzgada formal, es la que autoriza a cumplir lo resuelto de
manera provisional, y que impide renovar la discusión sobre la cuestión
resuelta en el mismo proceso, pero sin que obste su revisión en un juicio
posterior.

La regla general es la cosa juzgada material; pero por excepción hay


resoluciones judiciales que producen solo cosa juzgada formal, pero para que ello
ocurra se requiere ley expresa que así lo señale.

Ello ocurre, por ejemplo, con la sentencia pronunciada en el juicio ejecutivo


cuando hay reserva de derechos (Art. 473° CPC); idéntica situación se produce en los
juicios posesorios (Art. 563° y 564° CPC) y en los especiales del contrato de
arrendamiento. (Art. 615° CPC)

i. La Acción de Cosa Juzgada.


1. Concepto.

Acción de cosa juzgada es aquella que emana de una resolución


que se encuentra ejecutoriada o que causa ejecutoria, para obtener el
cumplimento de lo resuelto.

2. Titular de la Acción de Cosa Juzgada.

La acción de cosa juzgada le corresponde a todo litigante en cuyo


favor se ha declarado un derecho en juicio.
Esta idea la expresa el artículo 176° del Código de Procedimiento
Civil al señalar que corresponde la acción de cosa juzgada a aquel a
cuyo favor se ha declarado un derecho en el juicio, para el
cumplimiento de lo resuelto o para la ejecución del fallo.

3. Requisitos de Procedencia de la Acción de Cosa Juzgada.

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Para que proceda la acción de cosa juzgada se requiere:
a. La existencia de una resolución judicial firme o
ejecutoriada, o bien, que cause ejecutoria en conformidad
a la ley;
b. Petición expresa de la parte sobre el cumplimiento de
la resolución judicial; y
c. Que la prestación que impone la resolución judicial sea
actualmente exigible.
a. Resolución judicial firme o ejecutoriada, o que cause
ejecutoria.

Esta resolución será una sentencia definitiva o interlocutoria,


pues según el artículo 175° del CPC, “las sentencias definitivas o
interlocutorias firmes producen la acción o la excepción de cosa
juzgada.
Sin perjuicio de pueda tratarse de un auto o decreto firme, pues
en conformidad con el artículo 181° los autos y decretos firmes se
ejecutarán y mantendrán desde que adquieran este carácter.
Pero el cumplimiento de los autos y decretos es condicional pues
está subordinado a la posible interposición del recurso de reposición
que no tiene plazo cuando al interponerlo se hacen valer nuevos
antecedentes.

b. Petición de parte interesada.

Recordemos que un principio fundamental en materia civil es


que los tribunales no pueden obrar de oficio. En esta materia rige
plenamente el principio de pasividad de los tribunales.
De manera que se requiere solicitud de parte interesada en la
cual pida que se decrete el cumplimiento de la resolución de que se
trate.
Las resoluciones se cumplen a petición de parte y no de oficio.

c. Que la prestación que impone la resolución judicial sea


actualmente exigible.

En otras palabras es requisito que la prestación impuesta no se


encuentra sujeta a ninguna modalidad impidan su exigibilidad.

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Ello porque la acción de cosa juzgada es una acción ejecutiva y
el título ejecutivo invocado es la resolución judicial firme o que
causa ejecutoria.

ii. La Excepción de Cosa Juzgada.


1. Nociones Generales.

Decimos que este efecto lo producen determinadas resoluciones


judiciales porque sólo las sentencias definitivas o interlocutorias firmes
otorgan excepción de cosa juzgada.
Los autos y decretos no producen excepción de cosa juzgada puesto
que por medio del recurso de reposición pueden ser dejados sin efecto
o modificados en cualquier momento.
Por lo demás, existen sentencias que solo producen cosa juzgada
formal, que recibe esa denominación precisamente porque no obsta a
que pueda renovarse la discusión del mismo asunto en un juicio
posterior.
La excepción de cosa juzgada tampoco opera en materia no
contenciosa, salvo tratándose de las sentencias afirmativas ya
cumplidas.
De manera que podemos definir la excepción de cosa juzgada
como un efecto que la ley atribuye a las sentencias definitivas e
interlocutorias que se encuentran firmes y ejecutoriadas, en virtud del
cual no puede volver a discutirse ni fallarse entre las mismas partes la
materia que en ellas ha sido resuelta.
Ahora bien, el concepto es lo suficientemente amplio para
comprender tanto a las sentencias condenatorias como absolutorias.

La excepción de cosa juzgada tiene varios fundamentos:


a. El principal fundamento es mantener la tranquilidad
social, evitando la perpetuación de los juicios entre las
misma partes y sobre idénticas materias;
b. Al mismo tiempo persigue mantener el prestigio de la
justicia impidiendo la posibilidad de que puedan dictarse
fallos contradictorios sobre la misma cuestión; y
c. Naturalmente que ello podría llevar al mantenimiento de
los errores judiciales, pero ese efecto se ve contrarrestado
con el establecimiento de una justicia de distintos grados, y
en particular, con la posibilidad de interponer recursos
extraordinarios como el casación y revisión.

2. Características de la Excepción de Cosa Juzgada.

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La excepción de cosa juzgada presenta las siguientes
características:
a. Es renunciable;
b. Es relativa;
c. Es irrevocable;
d. Es imprescriptible.

a. Es renunciable.

Ello porque es necesario que la excepción se alegue


expresamente; de lo contrario ella se entiende renunciada.
El tribunal no puede declararla de oficio aun cuando les conste la
existencia del fallo anterior.
Lo anterior se ve confirmado por el número 6 del artículo 768 del
CPC que contempla como causal de casación en la forma el haber
sido dada la sentencia contra otra pasada en autoridad de cosa
juzgada, siempre que ésta se haya alegado oportunamente en el
juicio.

b. Es relativa.

Ello por cuanto solo afecta y aprovecha a las partes del pleito en
que se dictó la sentencia que le da origen, en virtud del efecto
relativo de las resoluciones judiciales.
De manera que un tercero que no ha sido parte en el juicio no
podría oponer la excepción de cosa juzgada.
Existen sí excepciones a este efecto relativo ya que existen
sentencias que producen efectos absolutos como ocurre en los
juicios sobre el estado civil de las personas.

c. Es irrevocable.

Ello implica que no es posible modificar lo resuelto por la


sentencia una vez que se encuentra firme o ejecutoriada. Y no solo
no es posible modificarlo por los tribunales de justicia, sino que
tampoco puede ser alterado por ninguna otra autoridad.
Lo fallado constituye una verdadera ley para las partes
litigantes.

d. Es imprescriptible.

A diferencia de la acción de cosa ejecutada, la excepción es


imprescriptible y puede ser alegada en cualquier tiempo que se
pretenda volver a discutir la cuestión ya resuelta no importa cuanto
haya transcurrido desde la dictación de la sentencia.

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3. Titular de la Excepción de Cosa Juzgada.

En conformidad con el artículo 177° del Código de Procedimiento


Civil, la excepción de cosa juzgada puede alegarse por el litigante que
haya obtenido en el juicio y por todos aquellos a quienes según la ley
aprovecha el fallo.
Ello quiere decir que la excepción de cosa juzgada la puede hacer
valer tanto el que obtuvo en juicio como el que perdió; este último,
para evitar una sentencia aún más desfavorable o para ser evitar ser
condenado de nuevo a lo mismo.

4. Requisitos de Procedencia de la Excepción de Cosa Juzgada.


Para que proceda la excepción de cosa juzgada 3 son los requisitos
que deben concurrir copulativamente y que se conocen como triple
identidad:
a. Identidad legal de persona;
b. Identidad de cosa pedida; y
c. Identidad de causa de pedir.

a. Primer requisito.

Este primer requisito consiste en que tanto en el primer juicio


como en el segundo intervengan jurídicamente las mismas
personas, aunque físicamente sean distintas; y en idéntica calidad.

b. Segundo requisito.

Este requisito significa que el objeto del juicio, esto es, el


beneficio jurídico que se reclama debe ser el mismo.
Para conocer cuál es la cosa pedida es necesario ir a la parte
petitoria de la demanda.

Para estos efectos hay que atenerse exclusivamente al derecho


discutido y no a la cosa física pedida; la cosa física podría ser la
misma, pero el objeto del juicio distinto.
Así también podría reclamarse cosas físicas distintas, pero existir
identidad de objeto.

c. Tercer requisito.

La causa de pedir es el fundamento inmediato del derecho que


se pretende en juicio.
Esta razón o fundamento hay que buscarlo en el origen del
derecho que se pretende, esto es, en cómo se generó el derecho
respectivo.
Tratándose de derechos reales, la causa de pedir es el hecho
jurídico que constituye el modo de adquirir ese derecho real.

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Tratándose de los derechos personales, la causa de pedir estará
en la fuente de la obligación.
Ilustremos ello por medio de un ejemplo; En el primer juicio Juan
demanda a Pedro, reclamando un cuadro del cual es dueño ya que
lo compró y se le efectúo la correspondiente tradición. La cosa
pedida es que se reconozca su calidad de dueño. La causa de pedir
es la tradición fundada en el título compraventa. En el segundo
juicio Juan demanda a Pedro el mismo cuadro del cual es dueño
porque lo heredó de su padre, por sucesión por causa de muerte en
virtud del testamento dejado por aquél. La cosa pedida es que se le
reconozca su calidad de heredero. La causa de pedir está en la
sucesión por causa de muerte que operó en virtud del testamento.
Como puede verse, hay identidad de cosa física, pero no hay
identidad de cosa pedida ni de causa de pedir. Tanto así que un
caso de ejercer la acción reivindicatoria y en el otro la acción de
petición de herencia.

5. Forma de hacer valer la Excepción de Cosa Juzgada.

La excepción de cosa juzgada se puede alegar de distintas maneras


y en distintas oportunidades:
a. Como excepción dilatoria antes de contestar la
demanda; (Art. 304° CPC)
b. Como excepción perentoria en la contestación de la
demanda; (Art. 309° y 310° CPC)
c. Como fundamento del recurso de apelación;
d. Como causal de recurso de casación; (Art. 768 n°6 CPC) y
e. Como causal de recurso de revisión. (Art. 810 n°4 CPC)

iii. Paralelo entre Acción y Excepción de Cosa Juzgada.

1. En cuanto al contenido de las sentencias que producen una y


otra.

La acción de cosa juzgada la producen las resoluciones


condenatorias, es decir, aquellas que imponen una determinada
prestación.
En cambio, la excepción de cosa juzgada, por sus características
nace tanto de las sentencias condenatorias como de las absolutorias.

2. En cuanto a su titular.

El titular de la acción de cosa juzgada es aquel litigante en cuyo


favor se ha declarado un derecho en juicio.
En cambio, tratándose de la excepción de cosa juzgada, la tienen
tanto aquél que ha obtenido en juicio como todos aquellos a quienes
según la ley aproveche el fallo.

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3. En cuanto a la forma de alegarla.

La acción de cosa juzgada debe hacerse valer a través de una


demanda de cumplimiento, normalmente ejecutiva.
En cambio, la excepción de cosa juzgada puede hacerse valer de
varias formas y en distintas oportunidades.

4. En materia de prescripción.

La acción de cosa juzgada prescribe de acuerdo con las reglas


generales; 3 años para las acciones ejecutivas, y 5 para las ordinarias.
Por su parte, la excepción de cosa juzgada es imprescriptible

5. En cuanto a la naturaleza de las resoluciones judiciales que la


producen.

La acción de cosa juzgada la producen las resoluciones firmes y las


que causan ejecutoria.
En cambio, la excepción de cosa juzgada la producen únicamente
las sentencias, definitivas o interlocutorias, que se encuentren firmes o
ejecutoriadas.

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