Universidad Nacional de Colombia
Literatura y cultura clásica
El esbozo de la fuerza
María José Urvina Anchala
Weil,S.(1940).[Link]
Weil_Simone -_La_Iliada_O_El_Poema_De_La_Fuerza.[Link]
¿Puede la Ilíada, un texto escrito hace más de dos mil años, decirnos algo útil o
aplicable a nuestro siglo XXI? Simone Weil, filósofa francesa y activista política
inmersa en la búsqueda de equidad social para las clases obreras a través de su
ensayo La Ilíada o el poema de la fuerza escrito en 1940 expone sus reflexiones que
giran en torno al papel de la fuerza en la guerra sirviéndose de la obra griega para
formular sus argumentos. Para la filósofa, la guerra no se encuentra disfrazada en la
Ilíada, esta especial cualidad de la obra es señalada por su tendencia equilibrada, no
del todo, de mostrar sin velos la miseria, padecimientos, desgracias y triunfos de
ambos grupos contrincantes. «Todo lo que está ausente de la guerra, todo lo que la
guerra destruye o amenaza está envuelto de poesía en la Ilíada» (p.18).
A la luz de la obra homérica Simone Weil afirma que la fuerza cosifica a quien la
recibe. Cuando el opresor posee la facultad para en cualquier momento y de acuerdo
a su voluntad eliminar a una persona, la ha trasmutado a un objeto. En el canto XXII,
cuando Aquiles tiene en su mano la vida de Héctor, antes de matarlo ya lo poseía
como a una cosa a merced de su voluntad. «Cercana tengo la perniciosa muerte, que
ni tardará, ni puedo evitarla»(p. 497, Ilíada). También se lo puede ver como un chivo
expiatorio del sentimiento de culpa de Aquiles por haber permitido en cierta manera
la muerte de su amigo Patroclo. Héctor se convierte en el juguete de Aquiles que
cuando se le place toma y destruye.
La fuerza también cosifica al victimario, le oculta los límites y le obnubila la
capacidad de reflexión, totalmente propia del ser humano. Quien se impone a través
de la fuerza actúa como si aparentemente no hay quien le imponga consecuencias.
Por ello, pierde esa pausa reflexiva en la cual se considera al otro. En la Ilíada se
observa a través de los símiles homéricos la comparación del ejercicio de la fuerza a
los desastres naturales como un voraz incendio o un león furioso que evocan la
irracionalidad del comportamiento humano y con ello, la pérdida de la vida interior
por lo que se podría pensar en la cosificación del opresor. «El que posee la fuerza
avanza en un medio no resistente, sin que nada, en la materia humana que lo rodea,
pueda suscitar entre el impulso y el acto ese breve intervalo en que se aloja el
pensamiento.» (p.8).
Por otra parte Simone vincula una característica de la tradición griega a su
construcción de la fuerza, la idea de némesis, poder vengador que no deja sin
retribución el mal cometido. Entonces, la fuerza no es sufrida únicamente por las
víctimas sino también por sus victimarios. En la Ilíada, el divino y eximio rey
Agamenón padece el sufrimiento y el verse sometido como cualquier soldado a la
voluntad de uno más fuerte cuando le ruega inútilmente a Aquiles que ayude a su
pueblo que muere. Otro ejemplo de grandes sometidos a la fuerza es Príamo que tuvo
que besar las manos del asesino de su hijo, su inmensurable poder no le valió de
nada ante el imponente asesino. Incluso el aparentemente invencible Aquiles tiembla
de miedo ante un río que lo amenaza y padece las consecuencias de la violencia en la
muerte de su amigo Patroclo.
El sufrimiento se extiende por la guerra. Sin embargo, aparece por su enraizamiento
en el hombre su capacidad de amar que en la Ilíada da esa sensación humanizante a
pesar de toda la violencia. El amor se presenta como una realidad que no se puede
ocultar. Príamo para rescatar el cuerpo de Héctor, no le importa arriesgar su vida
ante su enemigo con tal de dar sepultura a su amado hijo. Los últimos cantos de la
Ilíada cumplen especialmente esa misión de mostrar como el amor vence al odio y
que la guerra por una ambición desmedida no lleva a ningún lado sino a la ruina de
ambas partes.
En suma, todas las características expuestas sobre la fuerza pensadas en el contexto
de Simone Weil cobran un sentido muy significativo y al ser leídas se logra un
paralelismo con la situación que la envolvía, la resistencia francesa ante el nazismo
de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, La Ilíada o el poema de la fuerza se
convierte en una denuncia y protesta política.
La cosificación de las personas a través de la brutalidad fuerza fue el emblema de
Hitler, quien al ver al enemigo como un objeto lo privó totalmente de su dignidad. De
igual forma, la desensibilización al punto de cosificación de sus soldados los hizo
capaces de cometer los más atroces crímenes. La cosificación del victimario se
manifiesta principalmente en su amoralidad pero no deja de lado su capacidad
intelectual que en cierta medida también se ve afectada, como le sucedió a Hitler que
maquinó grandes estrategias para sus fines ideológicos pero la pasión de su ambición
lo condujo al irracional de enfrentarse contra fuerzas que no podía resistir (URSS,
E.E.U.U) por su realidad armamentista y militar. Finalmente, el opresor es oprimido
y en este caso Hitler sucumbe ante la fuerza como sus enemigos a los que hizo
padecer.
Simone Weil sirviéndose de la obra homérica proporciona una perspectiva diferente
del entramado de la guerra. Evidencia en sus argumentos detalles muchas veces
insospechados por la corta mirada de cualquier lector del clásico. En La Ilíada o el
poema de la fuerza se esboza los efectos más profundos del hombre ante la fuerza, su
aliada y su enemiga.