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La deshumanización del arte en el 14

El novecentismo y la generación del 14 surgieron en España tras el desastre del 98, caracterizándose por un enfoque intelectual y una búsqueda de un arte puro, alejándose del modernismo. Autores como José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez destacaron en el ensayo y la poesía, respectivamente, explorando temas como la belleza, la existencia y la crítica social. La novela novecentista, representada por escritores como Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró, se impregnó de esta intelectualidad, abordando la crisis de la conciencia hispánica y la búsqueda de nuevas perspectivas en la literatura.

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La deshumanización del arte en el 14

El novecentismo y la generación del 14 surgieron en España tras el desastre del 98, caracterizándose por un enfoque intelectual y una búsqueda de un arte puro, alejándose del modernismo. Autores como José Ortega y Gasset y Juan Ramón Jiménez destacaron en el ensayo y la poesía, respectivamente, explorando temas como la belleza, la existencia y la crítica social. La novela novecentista, representada por escritores como Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró, se impregnó de esta intelectualidad, abordando la crisis de la conciencia hispánica y la búsqueda de nuevas perspectivas en la literatura.

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EL NOVECENTISMO Y LA GENERACIÓN DEL 14.

EL ENSAYO, LA
NOVELA NOVECENTISTA. JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

El siglo XIX termina con el desastre del 98, en el que España pierde sus últimas colonias. El
país está inmerso en una grave crisis económica. La segunda República y la guerra civil
(1936-1939) también serán un desencadenante que repercutirá en la manera de hacer
literatura. La segunda década del siglo XX fue una etapa de experimentación en el
continente europeo. La llegada de las vanguardias o ismos coincidirá con el surgimiento de
una nueva generación de autores que defienden una nueva forma de hacer arte, más
intelectual, un arte puro, y que recibió el nombre de novecentismo o generación
del 14.

En su empeño por la innovación, los autores de la generación del 14 intentan


alejarse de los excesos estéticos del modernismo y del interés por el paisaje y Castilla de
los autores noventayochistas. Los autores de la generación del 14 –en su empeño por la
innovación- intentan alejarse de los excesos estéticos del modernismo y del interés por el
paisaje y Castilla de los autores noventayochistas. Se caracterizan por su
intelectualismo –son autores con una sólida preparación universitaria;
racionalismo (defienden que la ciencia y el análisis de la sociedad contribuyen al
progreso); preocupación por la europeización del país; búsqueda de un arte
puro: su ideal de belleza está en la serenidad de los modelos griegos (clasicismo); la
preocupación por el lenguaje (recurrencia a la “función poética”, llegando a aparecer
poemas en prosa como Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez).

El ENSAYO español anterior a la guerra civil alcanzó un gran desarrollo, tanto en


calidad como en variedad temática e ideológica. A la meditación en torno al ser de España
propia de los noventayochistas y regeneracionistas, sucedió una perspectiva más
cosmopolita, impulsada por Ortega y Gasset y la generación del 14.
 José Ortega y Gasset (1883-1956) fue un gran intelectual que puso al día la
filosofía española al difundir aquí la obra de los más importantes pensadores
alemanes. Escribió, además, numerosos artículos en la Revista de Occidente y
del diario El sol. Destaca por su estilo claro y elegante. Entre su abundante
producción ensayística cabe destacar La deshumanización del arte
(1925). Esta obra pretende realizar una descripción fenomenológica de la
vanguardia en España. El arte moderno, nos dice, “no solo es impopular sino
que es también antipopular, siempre tendrá a las masas en contra”.
Además, el arte moderno divide a los receptores en minoría-élite capaz de
entenderlo y disfrutar de él.
 Otro importante ensayista de la época fue Eugenio D’Ors, que cultivó una
forma personal de ensayo, la glosa, breves artículos ingeniosos donde aborda
temas filosóficos, sociales y culturales adoptando una actitud crítica. Defendió
ideas como la vuelta al clasicismo y el afán de modernidad: La filosofía del
hombre que trabaja y que juega, Tres horas en el Museo del Prado,
Glosari…
 Gregorio Marañón analizó las claves del comportamiento de diversos
personajes históricos en biografías, como Ensayo biológico sobre Enrique
IV de Castilla y su tiempo, El conde-duque de Olivares: la pasión de
mandar.
 De Manuel Azaña, brillante orador, destacan sus escritos El jardín de los
frailes, novela autobiográfica y anticlerical, y La velada en Benicarló, novela
dialogada sobre las tensiones vividas en la guerra civil.
 Salvador de Madariaga, liberal y comprometido con la idea de Europa,
reflexionó sobre la historia de España y los caracteres nacionales en obres como
Ingleses, franceses y españoles y España: ensayo de historia
contemporánea.

La NOVELA NOVECENTISTA se impregnará de la intelectualidad del movimiento.


La prosa precisa, pulcra y llena de recursos expresivos se combinará con la actitud crítica,
propia de unos escritores que se sienten atraídos por la cultura europea y el análisis de los
problemas de España desde una nueva perspectiva.

 El mayor representante de la novela intelectual fue Ramón Pérez de Ayala, si


bien sus primeros escritos siguen la estética noventayochista. Podemos distinguir en
su obra tres etapas: etapa realista, con una visión amarga de la vida, que
pretende reflejar la crisis de la conciencia hispánica desde principios de siglo.
Pertenece a esta etapa la tetralogía, que incluye Tinieblas en las cumbres,
A.M.D.G., La pata de la raposa y Troteras y danzaderas; Tres novelas
poemáticas: Prometeo, Luz de domingo y La caída de los limones; sobre
la necesaria transformación de España; y una tercera etapa, donde la
acción disminuye se pretende buscar una armonía de un universo de
contrarios (Belarmino y Apolonio, Tigre Juan y El curandero de su
honra.).

 Otro gran novelista fue Gabriel Miró, cuyas novelas se caracterizan por el dominio
del lenguaje, el estilo descriptivo y la creación de atmósferas opresivas e intensas. En
una primera etapa, la etapa decadentista (1901-1911) aborda el erotismo, el
amor y la enfermedad siguiendo una estética modernista (Las cerezas del
cementerio). Le siguió una etapa novecentista (1912-1928) donde, con
espíritu crítico, trata el paso del tiempo y la angustia existencial, evitando los
excesos melodramáticos de la anterior etapa (El obispo leproso, Nuestro
padre san Daniel, novelas anticlericales).

En la LÍRICA el autor más destacado de la generación del 14 fue, sin duda, JUAN
RAMÓN JIMÉNEZ. Su obra presenta una trayectoria poética singular, con un claro
hilo conductor: la búsqueda de la belleza, de lo esencial, a través de la poesía como
medio para combatir el paso del tiempo y otorgar sentido a la existencia. En su obra de
percibe una clara evolución a través de tres etapas.

- Etapa sensitiva. A lo largo de poemarios como Ninfeas, Almas de


violeta, Arias tristes, Rimas, Melancolía…, lleva a cabo un proceso de
depuración que parte de una retórica modernista (erotismo como
respuesta a la angustia vital, simbolismo) y evoluciona a una poesía más
contenida e introspectiva, con influencia de Bécquer. Son característicos los
temas de la búsqueda del “sentido profundo y eterno de la vida”, la obsesión por
la muerte, la tristeza y la
melancolía.

- En su etapa intelectual, de poesía pura o desnuda (de 1916 a


1936), su poesía se caracteriza por su desnudez formal, la presencia del mar y
los temas trascendentales, como el paso del tiempo, la soledad y, de nuevo, el
deseo de eternidad: Diario de un poeta recién casado. Incorpora
también diversos motivos y elementos formales que influirán en los poetas de la
generación del 27: Nueva York como símbolo de la deshumanización de la
civilización occidental (se verá también en Lorca). Se incluyen también en esta
etapa son Eternidades y Piedra y cielo. Otro símbolo básico es el de “los
nombres”: el nombre de las cosas se convierte en símbolo o encarnación de su
esencia.

- Su siguiente etapa, la etapa suficiente o verdadera (1937-1958), cuyas


obras compone en el exilio, se caracteriza por su obsesión por la muerte y la
eternidad, el misticismo poético (búsqueda de la poesía pura) y la depuración
verbal: Espacio, La estación total, Animal de fondo, Dios deseado y
deseante y Ríos que se van. En sus últimos libros se aprecia el influjo del
panteísmo, el hinduismo y la poesía mística. Una de las ideas
fundamentales de esta etapa es el descubrimiento de la capacidad del
yo más íntimo –de la conciencia- de dar sentido a la existencia y oponerse al
poder destructor del tiempo.

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