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La Confesión

La confesión es un reconocimiento sincero de los pecados ante Dios, donde se destaca que solo Cristo actúa como mediador para el perdón. Existen dos tipos de confesiones: la de salvación, que permite la entrada en la familia de Dios, y la de comunión, que busca restaurar la relación con Dios y los demás. La Biblia enseña que la confesión debe hacerse primero a quienes hemos ofendido y luego a Dios, promoviendo la reconciliación y la santidad en la vida del creyente.

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La Confesión

La confesión es un reconocimiento sincero de los pecados ante Dios, donde se destaca que solo Cristo actúa como mediador para el perdón. Existen dos tipos de confesiones: la de salvación, que permite la entrada en la familia de Dios, y la de comunión, que busca restaurar la relación con Dios y los demás. La Biblia enseña que la confesión debe hacerse primero a quienes hemos ofendido y luego a Dios, promoviendo la reconciliación y la santidad en la vida del creyente.

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LA CONFESIÓN

Parte importante en nuestras oraciones es la confesión, que es el reconocimiento y declaración de


la culpa de nuestros pecados. Es la sincera comunicación a Dios de nuestros pensamientos o
actitudes que sabemos no le han agradado.
Desde otra perspectiva, en el Cristianismo es el acto de confesar los pecados de una persona, el
cual se lleva a cabo sin la intervención de hombres terrenales: Solo con Cristo como Mediador entre
el pecador y Dios:
 “Si confesamos nuestros pecados, él [Cristo] es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad.” (1ª Juan 1:9).
 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” (1ª
Timoteo 2:5).
A diferencia del cristiano, el Católico Romano necesitará de un sacerdote tan pecador como él/ella
para que, a través de él, y generalmente en un confesionario, sus pecados, le sean, supuestamente
perdonados. Pero Bíblicamente, existe un solo Mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo
hombre.

¿En qué consiste realmente la Confesión?

Para poder entender la enseñanza sobre la Confesión es necesario entender por qué y para qué lo
hacemos. Primero debo explicar que existen dos tipos de Confesiones.

Confesión para Salvación:

Esta confesión es producto de una fe genuina en Cristo reconociéndole como Único y suficiente
Salvador capaz de perdonar nuestros pecados y es la confesión que toda persona debe hacer para
ser salvada eternamente y justificada ante Dios; para ser recibido a la familia de Dios como hijo.
Cuando la persona se arrepiente de su pecado y recibe a Cristo como su Señor y Salvador la
persona se convierte en hijo/a de Dios. El Espíritu Santo hace su morada dentro de él o ella le ayuda
en su vida de cristiano.

Juan 1: 12 “Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de
Dios, á los que creen en su nombre:”

La condición de hijo/a del creyente le asegura un lugar especial en su relación con Dios y en cuanto
a su herencia futura…

Romanos 8: 16 Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos


hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de
Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos
glorificados. 18 Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de
comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

El ser hijo de Dios es estar en la familia de Dios, en este estado el creyente está "en Cristo Jesús" a
lo que la Biblia dice que no tiene condenación….

Romanos 8: Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús
La Salvación es por Gracia de Dios a sus *escogidos* pero estos deben de recibirla por medio de la
fe en Cristo. Cuando una persona reconoce que es un pecador sin Dios y sin esperanza en el
mundo, debe de confesar sus pecados a Dios para recibir la salvación que El le ofrece.

Romanos 10: 8 Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón.
Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: 9 Que si confesares con tu boca al Señor
Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10
Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para
salvación.

Confesión para comunión:

Una vez que el hombre o la mujer ha comenzado una relación con Dios, como hijo y ha sido
insertado como parte de la familia espiritual, puede llegar a estar en ocasiones en necesidad de re-
establecer la comunión con Dios o con los miembros de esta familia, aunque la *relación no se
pierde, la comunión si se pierde. A veces nuestro comportamiento no es el más adecuado y esto nos
lleva a ser disciplinados o corregidos por Dios. Una de las formas en que Dios nos disciplina es no
contestando nuestras oraciones. Para que Dios nos oiga y reciba nuestra adoración o conteste
nuestra oración debemos de estar comunión con Él y con nuestros hermanos. El deseo de cada
creyente debe ser el de ser igual a su Padre Dios…

Efesios 5: 1 “SED, pues, imitadores de Dios como hijos amados:”

La falta de perdón, las ofensas, las mentiras, los malos pensamientos, o el simple hecho de no hacer
lo correcto, es no ser como nuestro Padre, y por eso debemos de confesar nuestros pecados. Como
somos humanos todos tenemos pecados, unos mas y otros menos, pero a la verdad todos somos
pecadores y para recibir perdón debemos reconocer que hemos pecado.

1 Juan 1: 8 “Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos á nosotros


mismos, y no hay verdad en nosotros”

En este contexto, podemos clasificar dos tipos de pecados, el que se hace contra Dios y el que se
hace contra el prójimo. El pecado contra Dios incluye el pecado contra nuestro prójimo porque él o
ella está hecho a la imagen de Dios, por lo tanto debemos de confesar "todas" nuestras faltas.

¿Ahora, a quien le confesamos, al Sacerdote o al Prójimo?

La Biblia enseña que la confesión se debe hacer primeramente a aquella persona a quien ofendimos
con nuestra conducta, no al cura o sacerdote; y luego a Dios en oración. ¡Eso es lo que la Biblia nos
enseña! Antes de llegar a Dios a pedir perdón debemos de arreglar las cuentas con nuestros
semejantes siempre y cuando sea posible. Además, hay dos factores que debemos considerar,
primero, existen pecados que solo la persona conoce y no tiene porque comentarlos con otros; y
segundo, hay pecados que cometemos aun sin darnos cuenta. El Salmista David le pedía perdón a
Dios aun por aquellos pecados los cuales eran ocultos para él.

Santiago 5: 16 “Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros,
para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.

Mateo 5: 22 Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su


hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será
culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.
23 Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene
algo contra ti, 24 Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en
amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.

Eso es lo que Dios quiere que hagamos, que confesemos nuestros pecados los unos a los otros. El
confesar el pecado a la persona contra la cual hemos fallado, nos abre puertas en nuestra comunión
con Dios y destruye la obra del diablo que solo quiere causar división y contienda entre hermanos
creando raíces de amargura en los corazones de las personas.

1 Juan 1: 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone
nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad. 10 Si dijéremos que no hemos
pecado, lo hacemos á él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Solamente después de haber arreglado nuestras cuentas con nuestro prójimo, lo que incluye no solo
las faltas cometidas hacia ellos sino también el perdonar las faltas de ellos hacia nosotros, y después
de haber confesado a Dios nuestros pecados, entonces podemos orar el Padre nuestro…

Mateo 6: 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á


nuestros deudores.

Debemos de procurar cada día ser más parecidos al nuestro Dios y Padre. Debemos ser santos
porque Él es Santo. Dios quiere un pueblo celoso de buenas obras que no cesa de hacer el bien a
otros perdonando y no ofendiendo a su prójimo.

Romanos 6: 9 Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no


muere: la muerte no se enseñoreará más de él. 10 Porque el haber muerto, al pecado
murió una vez; mas el vivir, á Dios vive. 11 Así también vosotros, pensad que de cierto
estáis muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.

Mientras crecemos, nuestro celo por la pureza espiritual será mayor. Debemos vivir en santidad ante
Dios y aunque quizás nunca lleguemos a estar completamente sin pecado, este debe estar tan
"muerto" en nuestra vida que no se note, sino que la santidad de Dios resplandezca en nuestras
vidas.

En proporción a la consideración de la santidad de Dios es cuán arrepentido estaremos de nuestras


faltas, cuán humillados llegaremos a Su presencia, y cuántos serán nuestros deseos de serle cada
vez más gratos, cada vez más fieles, cada vez más santos.

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