SANTA LUCÍA, virgen y mártir.
(MEMORIA)
Probablemente sufrió martirio en Siracusa, bajo
la persecución de Diocleciano. Su culto se
difundió ya desde antiguo por casi toda la
Iglesia, y su nombre fue introducido en el Canon
romano.
VÍSPERAS
(Oración de la tarde)
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos. Amén. Aleluya.
Himno: OH DIOS, QUE ERES EL
PREMIO
Oh Dios, que eres el premio, la
corona
y la suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este mártir a quien hoy
cantamos.
El conoció la hiel que está
escondida
en la miel de los goces de este
suelo,
y, por no haber cedido a sus
encantos,
está gozando los del cielo eterno.
Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su noble
sangre.
Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con humilde ruego
que, en el día del triunfo de este
mártir,
perdones los pecados de tus
siervos.
Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació de una Virgen
impecable,
y gloria eterna al Santo
Paracleto,
y gloria eterna al sempiterno
Padre. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Arranca, Señor, mi vida de
la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 114 - ACCIÓN DE GRACIAS
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
Ant. Arranca, Señor, mi vida de la
muerte, mis pies de la caída.
Ant 2. El auxilio me viene del
Señor, que hizo el cielo y la
tierra.
Salmo 120 - EL GUARDIÁN DEL
PUEBLO.
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y
salidas,
ahora y por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
Ant. El auxilio me viene del
Señor, que hizo el cielo y la
tierra.
Ant 3. Justos y verdaderos son
tus caminos, ¡oh Rey de los
siglos!
Cántico: CANTO DE LOS
VENCEDORES Ap 15, 3-4
Grandes y maravillosas son tus
obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las
naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron
manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
Ant. Justos y verdaderos son tus
caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE 1Pe 4, 13-14
Queridos hermanos: Estad
alegres cuando compartís los
padecimientos de Cristo, para
que, cuando se manifieste su
gloria, reboséis de gozo. Si os
ultrajan por el nombre de Cristo,
dichosos vosotros: porque el
Espíritu de la gloria, el Espíritu de
Dios, reposa sobre vosotros.
RESPONSORIO BREVE
V. Oh Dios, nos pusiste a prueba,
pero nos has dado respiro.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba,
pero nos has dado respiro.
V. Nos refinaste como refinan la
plata.
R. Pero nos has dado respiro.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Oh Dios, nos pusiste a prueba,
pero nos has dado respiro.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Con tu constancia, Lucía,
esposa de Cristo, has salvado tu
vida; despreciaste las cosas del
mundo, y ahora brillas entre los
ángeles; con tu propia sangre has
vencido al enemigo.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL
ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55
Proclama mi alma la grandeza del
Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi
salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas
las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus
fieles
de generación en generación.
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de
bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a
nuestros padres-
en favor de Abraham y su
descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
Ant. Con tu constancia, Lucía,
esposa de Cristo, has salvado tu
vida; despreciaste las cosas del
mundo, y ahora brillas entre los
ángeles; con tu propia sangre has
vencido al enemigo.
PRECES
En esta hora en la que el Señor,
cenando con sus discípulos,
presentó al Padre su propia vida
que luego entregó en la cruz,
aclamemos al Rey de los
mártires, diciendo:
Te glorificamos, Señor.
Te damos gracias, Señor,
principio, ejemplo y rey de los
mártires,
porque nos amaste hasta el
extremo.
Te damos gracias, Señor, porque
no cesas de llamar a los
pecadores arrepentidos
y les das parte en los premios de
tu reino.
Te damos gracias, Señor, porque
hoy hemos ofrecido, como
sacrificio para el perdón de los
pecados,
la sangre de la alianza nueva y
eterna.
Te damos gracias, Señor,
porque con tu gracia nos has
dado perseverar en la fe durante
el día que ahora termina.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres
Te damos gracias, Señor,
porque has asociado a nuestros
hermanos difuntos a tu muerte.
Dirijamos ahora nuestra oración
al Padre que está en los cielos,
diciendo:
Padre nuestro...
ORACION
Te pedimos, Señor, por
intercesión de santa Lucía, virgen
y mártir, que llenes de luz y de
gozo nuestros corazones, y que
quienes hoy celebramos su
martirio en la tierra lleguemos a
contemplar con nuestros propios
ojos tu gloria en el cielo. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a
la vida eterna.
R. Amén.