0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas10 páginas

Fraude Procesal

El fraude procesal se define como maquinaciones que buscan engañar a uno de los sujetos procesales para impedir la administración efectiva de justicia, ya sea de forma unilateral o mediante colusión. La Sala de Casación Civil establece que el juicio ordinario es el procedimiento adecuado para abordar denuncias de fraude procesal, ya que permite un debate probatorio amplio. Además, el fraude procesal atenta contra el orden público y los principios de buena fe y moralidad en el proceso judicial.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
36 vistas10 páginas

Fraude Procesal

El fraude procesal se define como maquinaciones que buscan engañar a uno de los sujetos procesales para impedir la administración efectiva de justicia, ya sea de forma unilateral o mediante colusión. La Sala de Casación Civil establece que el juicio ordinario es el procedimiento adecuado para abordar denuncias de fraude procesal, ya que permite un debate probatorio amplio. Además, el fraude procesal atenta contra el orden público y los principios de buena fe y moralidad en el proceso judicial.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

FRAUDE PROCESAL

Sala de Casación Civil N° 920 /12/1/2007

“Respecto al fraude procesal la Sala Constitucional, mediante sentencia N° 2212, de fecha 9 de


noviembre de 2001, caso: Agustín Rafael Hernández Fuentes, señaló lo siguiente:

“…En tal sentido, es pertinente señalar que en sentencia Nº 910 del 4 de agosto del 2000, la Sala
estableció que los artículos 17 y 170, ordinal 1º del Código de Procedimiento Civil, contienen un
rechazo general del dolo procesal y ordenan la prevención de la colusión y el fraude procesal, por lo que
tales conductas deben ser interpretadas como reprimibles en forma general, ya que el legislador
estableció una declaración prohibitiva que se conecta con la tuición del orden público y las buenas
costumbres y con los derechos a la tutela judicial efectiva y a obtener de los órganos jurisdiccionales una
justicia idónea, transparente y eficaz.

Según la doctrina establecida por esta Sala, el fraude procesal puede ser definido como las
maquinaciones y artificios realizados en el curso del proceso o, por medio de éste, destinados, mediante
el engaño o la sorpresa en la buena fe de uno de los sujetos procesales, a impedir la eficaz
administración de justicia, en beneficio propio o de un tercero y en perjuicio de parte o de tercero.

Estas maquinaciones y artificios pueden ser realizados unilateralmente por un litigante, lo que constituye
el dolo procesal stricto sensu, o por el concierto de dos o más sujetos procesales, caso en que surge la
colusión; y pueden perseguir la utilización del proceso como instrumento ajeno a sus fines de dirimir
controversias o de crear determinadas situaciones jurídicas (como ocurre en el proceso no contencioso),
y mediante la apariencia procesal lograr un efecto determinado; o perjudicar concretamente a una de las
partes dentro del proceso, impidiendo se administre justicia correctamente.

En estos casos, se está ante una actividad procesal desviada, cuyos fines no son la resolución leal de una
litis, sino el perjuicio a uno de los litigantes o a los terceros (incluso ajenos a cualquier proceso)…”
(Negrillas y subrayado de la Sala de Casación Civil).

Asimismo, la Sala Constitucional en fallo N° 2749, de fecha 27 de diciembre de 2001, caso:


Urbanizadora Colinas de Cerro Verde C.A., indicó:

“…No obstante lo anterior, existen otros hechos en la causa que esta Sala no puede dejar de advertir y
que, como se dijo anteriormente, llevan a la convicción de que, propiamente, no existía cosa juzgada en
el referido juicio de tercería, pues éste se llevó a cabo como materialización de un fraude procesal
enderezado a la obtención de un título de propiedad, sobre el inmueble objeto de la pretensión deducida
en dicho juicio, en perjuicio de terceros.

En decisiones anteriores, esta Sala ha establecido que el procedimiento del amparo constitucional no es
la vía idónea para hacer declarar judicialmente la existencia del fraude procesal, sino el juicio ordinario.
Sin embargo, también ha señalado que, aun cuando resulte inadmisible el amparo constitucional con ese
propósito, si, a juicio de la Sala, del expediente surgen elementos que demuestren inequívocamente la
utilización del proceso con fines diversos a los que constituyen su naturaleza, podrá ser declarado el
fraude procesal y, por ende, la inexistencia del juicio, no obstante tal inadmisibilidad, cumpliendo así la
función tuitiva del orden público que compete a este Alto Tribunal.

En este sentido, en sentencia n° 1085, del 22 de junio de 2001, caso Estacionamiento Ochuna C.A.,
expediente n° 00-2927, esta Sala estableció:

‘Efectuada esta precisión, debe destacarse que la figura del fraude procesal fue objeto de análisis por
parte de esta Sala en su sentencia del 4 de agosto de 2000 (caso Hans Gotterried Ebert Drieger), citada
en el fallo apelado, en la que se dejó establecido que, en principio, no es la acción de amparo
constitucional sino la vía del juicio ordinario, en la que existe un término probatorio amplio, la apropiada
para ventilar la acción de fraude procesal, puesto que debido a las formalidades cumplidas y a la
apariencia que crea la colusión no se pone de manifiesto la violación directa de la Constitución y resulta
necesario, la mayoría de las veces, desmontar el armazón para que emerja la infracción constitucional, de
manera que no es posible restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida.’

Esta Sala reitera, una vez más, que la pretensión de amparo constitucional, con su correspondiente
procedimiento, no es el procedimiento idóneo para aspirar la declaración judicial acerca de la existencia
del fraude procesal y subsiguiente inexistencia del juicio en que se fraguó, sino el juicio ordinario. En los
supuestos en que se denuncie el acaecimiento de un fraude procesal como causa petendi para reclamar la
declaración de inexistencia de un juicio por ese motivo, quien impetra la tutela jurisdiccional debe acudir
a la vía del juicio ordinario, conforme a los artículos 338 y siguientes del Código de Procedimiento
Civil, para que se resuelva la concreta controversia entre las partes que emerge del fraude delatado. En
consecuencia, la pretensión de amparo constitucional incoada con el propósito de obtener el
establecimiento del fraude procesal y la inexistencia del juicio en que se materializó, resulta
manifiestamente inadmisible.

Sin embargo, en la citada sentencia, del 22 de junio de 2001, se acogió el criterio expuesto por esta Sala
Constitucional en su decisión del 9 de marzo de 2000 (caso José Alberto Zamora Quevedo), en la que al
resolver un amparo, se declaró inexistente un proceso con sentencia firme, por considerarlo fraudulento
y, por lo tanto, contrario al orden público, debido a que a juicio de esta Sala, del expediente surgían
elementos que demostraban inequívocamente la utilización del proceso con fines diversos a los que
constituyen su naturaleza.

En relación con este punto, es oportuno precisar que, para la declaración del fraude procesal en sede
constitucional, es necesario que, de los medios de prueba que consten en el expediente, aparezca patente
o manifiesto el empleo del proceso con fines distintos de los que le corresponden, lo cual presupone que
la complejidad del asunto no sea de tal magnitud que haga necesario el amplio debate contradictorio –en
especial el probatorio- propio del juicio ordinario, para establecer hechos relevantes en cuanto al fraude
denunciado.

(…Omissis…)

En consecuencia, esta Sala, cumpliendo su función tuitiva del orden público constitucional, con
fundamento en los artículos 11 y 17 del Código de Procedimiento Civil, declara inexistente el proceso
relativo al referido juicio de tercería incoado por Héctor Lugo Feliche, ante el Juzgado Tercero de
Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y Tránsito de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana
de Caracas, contra Giuseppe Russo Ferrante y Genaro Lobo Silva, mediante el cual pretendió se le
reconociera como propietario del inmueble ubicado en el lugar denominado El Ingenio, Municipio
Baruta del Estado Miranda, con una superficie aproximada de un millón cuatrocientos treinta y dos mil
setecientos veinte metros cuadrados (1.432.720 m2), antes señalado. Así se decide…” (Negrillas y
subrayado de la Sala).

El fraude procesal al ser un conjunto de maquinaciones o engaños dirigidos a crear situaciones jurídicas
mediante la apariencia procesal para obtener un efecto determinado, resulta absolutamente contrario al
orden público, pues impide la correcta administración de justicia, por ello puede el sentenciador de
oficio pronunciarse sobre su existencia y tiene el deber de hacerlo ante todo alegato que le sea formulado
en el proceso que se esta ventilando ante él o en un juicio autónomo de fraude, ello de conformidad con
lo establecido en los artículos 11, 17 y 170 ordinal 1° del Código de Procedimiento Civil.

De conformidad con los criterios jurisprudenciales precedentemente transcritos, los cuales demarcan los
extremos dentro de los cuales se define el denominado fraude, y en base a tal conceptualización, una vez
alegada la situación que suponga llenos dichos extremos -bien sea en juicio autónomo o por vía
incidental- de conformidad con lo dispuesto en el artículo 17 del Código de Procedimiento Civil, es
obligación del juzgador respectivo, hacer uso de todas las medidas legalmente establecidas para
garantizar a los litigantes el efectivo ejercicio de su derecho a un debido proceso que le permita ejercer
su derecho a la defensa, implicando con ello que ha obtenido la tutela judicial efectiva que le
corresponde. (Sentencia N° 566, de fecha 1 de agosto de 2006. Expediente N° 06-069).”
Condiciones de fraude procesal

La institución del Fraude Procesal, en el campo jurídico es un término


que durante los últimos años ha cobrado bastante auge y relevancia en
la práctica procesal, ya que surge para tratar de brincar soluciones a los
justiciables ante conductas procesales que eran contrarias al debido
proceso, al derecho a la defensa y a la tutela judicial efectiva, dificultado
el cumplimiento efectivo de la principal garantía del poder judicial que
no es otro que la administración de justicia.

Ahora bien, en la práctica jurídica vemos como cada día la institución del
fraude procesal, esta siendo utilizada como una segunda instancia de
defensa donde y ha perdido entre los justíciales el verdadero sentido de
dicha institución. De allí que se hace necesario que se consideren los
principales criterios doctrinales y jurisprudenciales de la teoría del
Fraude Procesal que actualmente se manejan en los órganos
jurisdiccionales.

En relación a los anteriores planteamientos, es preciso traer a colación


la doctrina establecida por la Sala de Casación Civil del Tribunal
Supremo de Justicia, condensada en la decisión N° 429 de fecha 30 de
julio de 2009, en la cual expresó:

‘…El fraude procesal puede ser definido como las maquinaciones y


artificios realizados en el curso del proceso, o por medio éste,
destinados, mediante el engaño o la sorpresa en la buena fe de uno de
los sujetos procesales, a impedir la eficaz administración de justicia, en
beneficio propio o de un tercero y en perjuicio de parte o de tercero.
Estas maquinaciones y artificios pueden ser realizados unilateralmente
por un litigante, lo que constituye el dolo procesal stricto sensu, o por el
concierto de dos o más sujetos procesales, caso en que surge la
colusión; y pueden perseguir la utilización del proceso como instrumento
ajeno a sus fines de dirimir controversias o de crear determinadas
situaciones jurídicas (como ocurre en el proceso no contencioso), y
mediante la apariencia procedimental lograr un efecto determinado; o
perjudicar concretamente a una de las partes dentro del proceso,
impidiendo se administre justicia correctamente. El fraude puede
consistir en el forjamiento de una inexistente litis entre partes, con el fin
de crear un proceso dirigido a obtener fallos o medidas cautelares en
detrimento de una de las partes, o de terceros ajenos al mismo, lo que
constituye la simulación procesal; o puede nacer de la colusión de una
persona, que actuando como demandante, se combine con otra u otras
a quienes demanda como litisconsortes de la víctima del fraude,
también demandada, y que procurarán al concurrir con ella en la causa,
crear al verdadero codemandado situaciones de incertidumbre en
relación con la fecha real de citación de todos los demandados; o asistir
con él en el nombramiento de expertos, con el fin de privarlo de tal
derecho; o sobreactuar en el juicio, en los actos probatorios, etc. hasta
convertirlos en un caos. También -sin que con ello se agoten todas las
posibilidades- puede nacer de la intervención de terceros (tercerías),
que de acuerdo con una de las partes, buscan entorpecer a la otra en su
posición procesal…”

Aunado a lo anterior, en fecha: 01/08/2012 la Sala de Casación Civil en


el Expediente Nro. AA20-C-2012-000249 con Ponencia de la Magistrada
ISBELIA PÉREZ VELÁSQUEZ, estableció un llamado para la atención de
los jueces de ser cuidadosos al examinar los argumentos ofrecidos por el
interesado en una eventual declaratoria de fraude procesal.

En la mencionada sentencia la Sala advirtió que la sola mención de que


en tal proceso existe un fraude, y más de tipo procesal, implica una
revisión minuciosa de las razones que se invocan, de los soportes que se
consignan y los actos que lo demuestran, pues la simple instauración de
un juicio tal como lo plantea la parte, no evidencia per se la
configuración del fraude delatado; además el juez debe estar en
capacidad de distinguir cuando los argumentos explanados por la parte
van dirigidos a desvirtuar las pretensiones principales del actor o si
éstas representan individualmente consideradas, soporte válido y
adecuado de una denuncia de fraude procesal que requiera su
conocimiento preliminar, debido a su trascendencia en la suerte del
proceso -a través de la incidencia a la que se contrae el artículo 607 del
Código de Procedimiento Civil-, y que no pueda ser dilucidado en la
sentencia de fondo.

En todo caso, resulta imperioso ante fraude procesal, analizar la


finalidad del proceso, en otras palabras, para considerar si hubo fraude,
se debe indagar si el proceso se usó para un fin distinto, al estipulado
por la ley, teniendo siempre como norte la conduta procesal de los
involucrados en el proceso judicial de que se trate.

En Venezuela, Santana Longa postula: La buena fe en el proceso supone


el acoplamiento a un recto proceder y desechar la inconducta procesal,
pero sin olvidar que la primera es una aspiración o confianza que
acompaña a todos los sujetos en el proceso, de manera que, como ha
sido indicado, el proceso pone de relieve la sanción a la ausencia de
buena fe; por lo tanto, corresponde apreciar en su justa medida, lo que
se delate como ausente de buena fe; a saber, el dolo, el fraude o la
simulación. (Santana Longa, Nilyan: “La buena fe en el proceso. Algunas
consideraciones referidas al artículo 170 del Código de Procedimiento
Civil». En: Revista Venezolana de Legislación y Jurisprudencia. N.º 10.
Caracas, 2018, p. 695).
También en la doctrina venezolana, señala González Carvajal lo
siguiente: “La premisa de la buena fe procesal o moralidad radica en
que todo proceso debe conducirse dentro de límites racionales y
razonables de respeto y consideración, atendiendo a la circunstancia
procesal de cada sujeto y a la finalidad del método de
debate” (González Carvajal, Jorge I.: «Consideraciones generales sobre
la buena fe procesal y el abuso procesal». Revista Latinoamericana de
Derecho Procesal N.º 3. Buenos Aires, 2015, p. 2).

Es evidente que el fraude procesal es producto de la lesión de los


principios de lealtad y probidad procesal contenidos en el artículo 17 y
170 del Código de Procedimiento Civil los cuales se encuentran ubicados
en el principio de moralidad que haya su basamento en el artículo 2 de
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que consagra
como valores superiores del ordenamiento jurídico venezolano la justicia
y la ética, así como también atenta contra los postulados
constitucionales contenidos en los artículo 26, 49, 257 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, situaciones que deben ser
consideradas y evaluadas por el administrador de justicia al momento
que le toque decidir sobre un fraude procesal, como director del
proceso, de acuerdo con la potestad y los mecanismos que posee para
defender la integridad y la validez de cada uno de los actos dentro del
mismo.
Obligación de notificar a la
Procuraduría General de la
República en procedimientos
que guarden relación con
empresas privadas que hayan
pasado a nombre del Estado
10 de marzo de 2011

Comparte esta entrada:

Compartir en WhatsApp Compartir en X (Twitter) Compartir

en Telegram Compartir en LinkedIn Compartir en Email

tsj.gov.ve

Igualmente se aplica el criterio en juicios relacionados con empresas en


las cuales el estado tenga participación decisiva

«…Ahora bien, es preciso en esta oportunidad señalar lo dispuesto en


los artículos 95, 96, 97, 98 del Decreto con Rango y Fuerza de Ley
Orgánica de la Procuraduría General de la República, que señalan lo
siguiente:

Artículo 95. El Procurador o Procuradora General de la República puede


intervenir en aquellos juicios en los que, si bien la República no es parte,
son afectados directa o indirectamente los derechos, bienes e intereses
patrimoniales de la República

Artículo 96. Los funcionarios judiciales están obligados a notificar al


Procurador o Procuradora General de la República de la admisión de
toda demanda que obre directa o indirectamente contra los intereses
patrimoniales de la República. Las notificaciones deben ser hechas por
oficio y estar acompañadas de copias certificadas de todo lo que sea
conducente para formar criterio acerca del asunto. El proceso se
suspenderá por un lapso de noventa (90) días continuos, el cual
comienza a transcurrir a partir de la fecha de la consignación de la
notificación, practicada en el respectivo expediente. Vencido este lapso,
el Procurador o Procuradora se tendrá por notificado. Esta suspensión es
aplicable únicamente a las demandas cuya cuantía es superior a un mil
Unidades Tributarias (1.000 U.T).
El Procurador o Procuradora General de la República o quien actúe en su
nombre, debe contestar dichas notificaciones durante este lapso,
manifestando la ratificación de la suspensión, o su renuncia a lo que
quede del referido lapso, en cuyo caso se tendrá igualmente por
notificado.

Artículo 97. Los funcionarios judiciales están igualmente obligados a


notificar al Procurador o Procuradora General de la República de toda
oposición, excepción, providencia, sentencia o solicitud de cualquier
naturaleza que directa o indirectamente obre contra los intereses
patrimoniales de la República. Estas notificaciones deben ser hechas por
oficio y estar acompañados de copias certificadas de todo lo que sea
conducente para formar criterio acerca del asunto. En tales casos, el
proceso se suspenderá por un lapso de treinta (30) días continuos,
contados a partir de la fecha de la consignación de la notificación
practicada en el respectivo expediente. El Procurador o Procuradora
General de la República, o quien actúe en su nombre, debe contestar
dichas notificaciones durante este lapso, manifestando la ratificación de
la suspensión o su renuncia a lo que quede del lapso, en cuyo caso se
tendrá igualmente por notificado.

Artículo 98. La falta de notificación al Procurador o Procuradora General


de la República, así como las notificaciones defectuosas, son causal de
reposición en cualquier estado y grado de la causa, la cual podrá ser
declarada de oficio por el tribunal o a instancia del Procurador o
Procuradora General de la República.

Atendiendo a dicha normativa, que prevé el deber de notificar a la


Procuraduría General de la República de toda oposición, excepción,
providencia, sentencia o solicitud de cualquier naturaleza que directa o
indirectamente obre contra los intereses patrimoniales de la República,
y visto que en la actualidad, en función de la utilidad pública y social, se
lleva a cabo un proceso de estatización de empresas relacionadas con la
productividad nacional y actividades de interés social, esta Sala estima
preciso señalar, con carácter vinculante, la obligación a todos los
Tribunales de la República de paralizar aquellas causas en las cuales se
encuentre como sujeto procesal una empresa privada relacionada con la
productividad nacional y actividades de interés social, que haya pasado
a ser del Estado o en el cual éste tenga una participación decisiva, y en
los cuales no se haya efectuado la notificación de la Procuraduría
General de la República, para la continuación de los juicios respectivos.
En virtud de lo anterior, y en el entendido de la relevancia de lo antes
destacado, esta Sala, en ejercicio de la facultad conferida por el artículo
335 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,
establece lo anteriormente expresado como un criterio vinculante para
todos los Tribunales de la República, a partir de la publicación del
presente fallo. Igualmente, esta Sala ordena la publicación de la
presente decisión en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de
Venezuela y en la Gaceta Judicial.

Enlace: http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Febrero/114-25211-2011-
10-1425.html

REANUDACIÓN DE LA CAUSA-ESTADÍA A DERECHO DE PARTES


Sala Constitucional Nº 431 / 19-5-2000

“(…) Entre las excepciones al principio, en materia de notificaciones, se encuentran al menos dos: una
es de creación jurisprudencial y es producto del respeto al derecho de defensa de las partes; y la otra,
responde a la ruptura a la estadía a derecho, y consiste en hacer saber a las partes la reanudación del
juicio.

La primera tiene lugar cuando un nuevo juez se aboca al conocimiento de la causa. La jurisprudencia
emanada de la Casación Civil, consideró que para evitar sorpresas a las partes, el nuevo juez debía
notificarlos que iba a conocer, independientemente que el proceso se encontrara o no paralizado. Esta
notificación garantizaba a las partes, el poder recusar al juez, o el solicitar que se constituyera el tribunal
con asociados, preservándosele así ambos derechos a los litigantes.

La falta de tal notificación, ha sido considerada como una transgresión al debido proceso, y por lo tanto
ha originado acciones de amparo; y la jurisprudencia, incluyendo la de esta Sala (en el caso: Petra
Lorenzo), ha sido, que el que incoa el amparo por esta causa, debe fundarlo en que efectivamente iba a
recusar al juez (señalando la causal), o que iba a pedir la constitución de asociados, evitándose así
reposiciones inútiles como efecto del amparo declarado con lugar.

En el escrito de amparo presentado por Proyectos Inverdoco, C.A., no existe declaración alguna que
guarde relación con la existencia de una causal de recusación, que la omisión del trámite procesal del
abocamiento haya impedido plantear, afectando la garantía de ser juzgado por un juez imparcial, que es,
por cierto, a donde va dirigida la protección de los valores constitucionales en esta hipótesis. Por tanto,
no es admisible el argumento invocado por la empresa accionante del amparo como fundamento de las
violaciones constitucionales por ese motivo, y así se declara.
La segunda notificación obligatoria, tiene lugar cuando la causa se encuentra paralizada, y por lo tanto la
estadía a derecho de las partes quedó rota por la inactividad de todos los sujetos procesales. La
paralización ocurre cuando el ritmo automático del proceso se detiene al no cumplirse en las
oportunidades procesales las actividades que debían realizarse bien por las partes o por el tribunal,
quedando la causa en un marasmo, ya que la siguiente actuación se hace indefinida en el tiempo.
Entonces, hay que reconstituir a derecho a las partes, para que el proceso continúe a partir de lo que fue
la última actuación cumplida por las partes o por el tribunal, y tal reconstitución a derecho se logra
mediante la notificación prevenida en el artículo 14 del Código de Procedimiento Civil si la causa aun no
ha sido sentenciada en la instancia, o por el artículo 251 eiusdem, si es que se sentenció fuera del lapso.
Tal notificación se hará siguiendo lo pautado en el artículo 233 del Código de Procedimiento Civil (...)”
(Subrayado añadido).

También podría gustarte