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Las Nuevas Monarquías Del Renacimiento

El capítulo analiza el surgimiento de las nuevas monarquías del Renacimiento, caracterizadas por el fortalecimiento del poder soberano en Europa y la transición hacia el absolutismo. Se discute el concepto de 'nación' y su anacronismo, así como la crisis de los poderes universales, como el papado y el imperio, que permitió a los monarcas reclamar títulos honoríficos y prerrogativas anteriormente reservadas a estos poderes. Además, se destaca la importancia de la representación artística y cultural en la legitimación y exaltación del poder real durante este periodo.

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Las Nuevas Monarquías Del Renacimiento

El capítulo analiza el surgimiento de las nuevas monarquías del Renacimiento, caracterizadas por el fortalecimiento del poder soberano en Europa y la transición hacia el absolutismo. Se discute el concepto de 'nación' y su anacronismo, así como la crisis de los poderes universales, como el papado y el imperio, que permitió a los monarcas reclamar títulos honoríficos y prerrogativas anteriormente reservadas a estos poderes. Además, se destaca la importancia de la representación artística y cultural en la legitimación y exaltación del poder real durante este periodo.

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Luis RIBOT, "¿Existía el Estado?

" y "Las nuevas


monarquías del Renacimiento", en La edad moderna
(siglos xv-xvm}, Madrid: Marcial Pons, 2016, pp. 89-90
y 187-207.
CAPÍTULO 9

LAS NUEVAS MONARQUÍAS


DEL RENACIMIENTO

Al margen de la discusión -ya analizada- sobre la existencia o


no del Estado, es evidente que el periodo de tránsito de la Edad Me-
dia a la Moderna contempló el inicio de un proceso cuya caracterís-
tica esencial fue el reforzamiento de las monarquías y poderes so-
beranos en buena parte de los países europeos. Aunque exista una
continuidad con los reyes anteriores, podemos hablar así de unas
nuevas monarquías del Renacimiento, en cuanto que amplían consi-
derablemente su poder y su ámbito de actuación. No obstante, será
únicamente la primera fase de un proceso que llevaría, en los siglos
siguientes, al pleno desarrollo del absolutismo.
Con frecuencia se ha empleado el término de monarquías nacio-
nales para referirse a ellas. Con él se quiere identificar su carácter te-
rritorial -coincidente a grandes rasgos con las naciones actuales-
y su negativa a aceptar la superioridad de los poderes universales
que, de acuerdo con la cultura política heredada de la Edad Media,
se situaban teóricamente en la cúspide de la cristiandad. Pero el tér-
mino «nación» es equívoco y tiene también su propia historia, por
lo que su utilización tal como nosotros los entendemos conlleva una
dosis elevada de anacronismo, al aplicar al siglo XVI categorías ac-
tuales. Alusivo al nacimiento, en la época que nos ocupa hacía refe-
rencia al origen geográfico, más o menos amplio, de un individuo.
Se hablaba así de la nación española, pero también de la castellana,
burgalesa o de localidades menores. Su identificación con los terri-
torios políticos de las monarquías, o el conjunto de los habitantes de
los mismos, es una realidad posterior, que incluye la conciencia de
pertenecer a una comunidad y el reconocimiento de unos intereses
colectivos. Tal sentido de nación se iría creando en el curso de lamo-
dernidad, hasta desembocar en la nación de ciudadanos de la Revo-
lución francesa y el liberalismo. Un caso parecido es el de «patria»,
188 Luis Ribot [.Jls n11evas monarquías del Re11aclinie11to 189

alusivo a la tierra de los padres y antepasados, que podía entenderse Lo que nos interesa, sin embargo, es destacar tres hechos. Por
en un sentido extenso y, sobre todo, reducido, local. una parte, la ya aludida base romana, que llevará a los emperadores
Con el feudalismo medieval, los poderes de los reyes se habían gennánicos a utilizar para sí mismos el nombre de césar (k~iser). En
debili~ado, convirtiéndose en muchos casos en primus inter pares, segundo lugar, la idea de unidad: un solo emperador. 1:5 cierto qu~
los primeros de un conjunto de iguales en relación con los principa- hubo algún caso efímero, como el de Alfonso VII de León y de Casu-
les miembros de la nobleza. Ello se había reflejado en la emergencia lla, coronado en 1135 Imperator totius Hispaniae con la presencia de
de nobles con amplios dominios territoriales, teóricamente feudata- un legado pontificio, o que a partir de 1546 los monarcas rusos adop-
rios suyos pero, en realidad, prácticamente independientes y capa- taron asimismo el título imperial-por cierto, también césar (tJar)-,
ces incluso de aliarse con sus enemigos. El caso del ducado de Bor- lo que se explica en buena parte por su condición de ortodoxos,.ºº
goña es el ejemplo más acabado, tanto por su apoyo a Inglaterra en vinculados a la Iglesia de Roma. Por último, el carácter hegemómco
algunas fases de la Guerra de los Cien Años {1337-145.3) como por del Imperio, cuya superioridad sobre el resto de los reyes cristianos
sus aspiraciones evidentes a constituir un estado desligado de Fran- solo tenía sentido a partir de una supremacía efectiva. En el siglo XV,
cia. En d siglo XV, incluso, llegó a constituir el modelo cortesano esta se había desvanecido y el emperador era uno más entre los mo-
más refinado, que inspiraría a las monarguías del Renacimiento. narcas cristianos, lo que convertía su título en un mero honor.
Pero la crisis del poder real era un fenómeno generalizado, que afec- Los reyes más poderosos ansiaban distinguirse de los demás,
taba de fonnas distintas a las monarquías europeas, de acuerdo con por lo que solicitaron y obtuvieron del papa div~rs~s títul~s ?ono-
la historia peculiar de cada una. Los reyes, deseosos de exaltar supo- ríficos que les diferenciaban del resto de los prmc1pes cnsuanos.
der sobre el resto de las instancias de sus respectivos reinos, tenían A los reyes de Francia se les otorgó en el siglo XV el de Cristianí-
por delante una tarea considerable. simo, el papa Alejandro VI concedió a los monarcas españoles, Isa-
bel y Fernando, el de Reyes Catóücos (1496), Enrique VIIl de In-
glaterra en 1521, años antes de su separación de la Iglesia de Roma,
La crisis de los poderes universales logró el título de Defensor Fidei, precisamente como recomp~nsa
por sus escritos contra Lutero, y a los reyes de Portugal se les dto el
La emergencia de los poderes monárquicos asentados sobre di- de Rey Fidelísimo. Era una carrera de honores que, junto a la cri-
versos territorios europeos coincide y viene propiciada por la larga sis del Imperio, indicaba un tiempo nuevo con diferentes monarcas
crisis de los considerados poderes universales, d papa y el empera- dispuestos a competir por la preeminencia. Asimismo, los reyes se
dor, cabezas espiritual y temporal -brazo armado- de la cristian- arrogaron una serie de prerrogativas reservadas hasta entonces al
dad. El trasfondo de los mismos era una idea de unidad procedente emperador, como el tratamiento de majestad, la utilización del De-
del Imperio romano, cristianizado y vinculado a la Iglesia a parár recho romano como base jurídica para sus pretensiones de raciona-
de Constantino en los inicios del siglo rv. Durante la Edad Media, el lización y centralización del sistema judicial y administrativo, el uso
moddo imperial se mantuvo como referencia ideal en el extenso ám- de vestimentas y atributos imperiales, o la insistencia en el origen
bito cultural de matriz cristiana, que acabaría siendo mucho más di- divino y la consiguiente sacralización de su poder. Desde tiempo
latado que d sometido a la autoridad dd papa tras la división de la atrás, los legistas franceses afirmaban que el rey de Francia era «em-
Iglesia en el cisma de oriente ( 1054). La aspiración de reconstruir el perador en su reino».
Imperio sobre el modelo romano solo era posible a partir de un po- El recurso de los monarcas al papa en demanda de títulos ho-
der territorial fuerte y extenso, lo que permitió al rey de los francos, noríficos que los distinguieran entre los príncipes cristianos parece
C:a~lomagno, convertirse en emperador el año 800. Desde un prin- contradecir la decadencia del poder universal del sumo pontífice.
c1p10, como lo prueba la coronación pontificia, se planteaba la exis- Sin embargo, y aunque mantuviera esa potestad superior derivada
tencia de dos instancias distintas al frente de la cristiandad, aunque de su condición de cabeza espiritual de la cristiandad-que pronto
el hecho de que no se deslindaran claramente los límites respectivos perdería frente a los monarcas protestantes-, y que se manifestaba
de sus poderes espirituales y temporales habría de originar numero- asimismo en hechos como la capacidad para asignar espacios de
sos conflictos entre ellos. expansión o dividir el mundo, como hizo con las famosas bulas ale-
Luis Ribot 191
190 Las 1111evas 111011arquías del Re11acimiento

jandrinas, su prestigio y su preeminencia sobre los príncipes cristia- der territorial, mediante dos vías principales: ~ matri~onio o la
nos habían quedado seriamente dañados por hechos como el largo uista por las armas. En Francia será necesario recurrir a ambos
traslado de la sede pontificia a Avígnon (1309-1377) y el cisma poste-
caºq di,.
medios para incorporar los estados feu a es prac~1camer;i~e m ~-
'd
rior (1378-1417). Una crisis de más de un siglo de duración, coinci- pendientes. En España se realizará~~ proceso de vmc.ulac1on terrt·
dente con los tiempos más duros de la Baja Edad Media, la cual dejó torial (matrimonio de los Reyes Catolic?~) y ~e co~qutsta, tende~c.e
huellas profundas que no logró superar el Concilio de Constanza reconstruir el ámbito espacial de la Vle¡a H1spama romana o v1s1-
(1417). Es cierto que la Iglesia recuperaba su unidad y que, en ade- a da El rey de Inglaterra reforzará la unión con Gales 0536). El
lante, solo habría un papa, pero el desgaste no solo afectaba al pres- go ·
mperador -que es también un soberano terntoua · · l- extendera'
tigio, sino también a su poder sobre los soberanos cristianos, cada ~l poder de los Habsburgo sobre Bohemia_ y Hungría tr~s l~ muerte
vez menos dispuestos a reconocerle una superioridad en terrenos de su cuñado Luis II en la Batalla de Mohacs {152~) . As~1Smo, to-
que no afectaran estrictamente a cuestiones dogmáticas. Los intere- dos los príncipes italianos, incluido el papa, lucharan por incremen-
ses personales y excesivamente terrenales de los papas en las luchas tar sus posesiones. . ,
entre los diversos estados italianos, la mundanización de muchos de Para el incremento de su propio prestigio y el de la dmasua, los
los del Renacimiento, o la vida poco ejemplar de algunos, también reyes se apoyarán tanto en dementas míticos, tomados muchos de
contribuyeron a su pérdida de prestigio. ellos de la cultura clásica que ahora se recupera, como sobre todo,
Resulta curioso, sin embargo, que el siglo XVI, coincidiendo con religiosos. La importancia de estos últimos era tal que .1ª. gran ma-
el afianzamiento de las monarquías y la terrible crisis de la Reforma, yoría de los contemporáneos co?sideraba la unidad religiosa como
contemplara un nuevo proyecto imperial y una depuración del pa- un sólido respaldo al orden social. Todos los reyes _bas~ban su auc-
pado. El primero tuvo lugar con Carlos V, el último de los grandes Joritas en la unción divina, lo que exigía que sus subd1t~ ~o~p~r­
emperadores de Occidente, quien, sobre la base de sus extensos do- tieran su misma fe. Como indicara Henri Lapeyre, la v1e¡a divisa
minios, de los que el Imperio no formaba sino una parte y no preci- francesa, Une foi, une lo1: un rot~ era en esencia la de todas las mo-
samente la más potente, aspiró a reconstruir la u1tiversitas christiana. narquías de la época.
Era un proyecto un tanto anacrónico y excéntrico, en el sentido de Tanto las artes como las letras, en un periodo tan brillante como
que el nuevo centro de su poder era Castilla y, cada vez más,, Amé- el Renacimiento, se pondrán al servicio del rey y de la dina~tía. No es
rica. Sin embargo, buena parte del fracaso de tales pretensiones se de extrañar, por ello, que en la época en que surge~ los pruneros re-
debe al surgimiento en las tierras alemanas de su Imperio de la Re- tratos pictóricos individuales, los reyes sean los pruneros en perpe-
forma protestante, que - nueva paradoja- habría de propiciar la tuar su imagen. Se trata de pinturas basadas en el aspecto real de l~s
renovación del papado y la recuperación de su prestigio moral, aun- monarcas aWlque con el grado de idealización exigido por un ge-
que su influencia quedara limitada ahora a los estados católicos. nero que ~urge ahora: el retrato de corte, cu~a finalid.ad ~sencial es la
plasmación y difusión de una imagen de ma¡estad (d1gn1da~, elegan-
cia, belleza, serenidad ... ). El retratado asume toda una serte de ras-
Objetivos de las nuevas monarquías gos y virtudes, que la trata~ística relatará con de~~e, y que co~~n­
dian cuanto se puede pedtr y esperar de un pnnctpe. La habilidad
El objetivo esencial de los monarcas del Renacimiento era incre- del pintor estará en plasmarlo adecuad?mente. Junt~ ~ m_onarca, la
mentar su poder, o potestas, entendido como su capacidad de actua- dinastía, los antepasados y los descendientes, la familia, s1mbolo de
ción, tanto dentro de sus propios estados, que conciben en un sen- La continuidad del linaje, que aparece ahora en retratos como e~ fa-
tido patrimonial, como frente a los territorios vecinos, en un sistema moso de la familia del emperador Maximiliano, de Bemhard _Smgel.
internacional cuyo elemento esencial es la noción de competencia. Llevados por el afán de autoexaltación, los monarcas crearan gale-
Un segundo objetivo básico era el de reforzar su prestigio o auctori- rías de retratos y encargarán frescos y pinturas en los que aparezcan
tas y el de su dinastía. sus acciones gloriosas o las de sus antepasad?~· .
En muchos casos, el fortalecimiento del poder real exigirá un La escultura contribuirá también al prest1gto, lo m1smo que la ar-
proceso previo o simultáneo de recuperación y expansión del po- quitectura de Jos grandes palados y residencias reales, adornados
192 Luis Ribot Las 1111evar monarquías del Renacimiento 193

aquí y allá por los súnbolos de la familia: el escudo real, los emble- roemos propios del ideal caballeresco de la Edad Media -que llega
mas, divisas y súnbolos que desarrolla la heráldica, los antepasados a su máxima expresión en la coree borgoñona de Felipe el Bueno o
ilustres, los personajes legendarios o míticos con los que se quiere Carlos el Temerario-- con otros procedentes de la admiración por el
entroncar. Los viajes del monarca, las celebraciones, los nacimientos mundo antiguo propia del Renacimiento y cuya primera plasmación
y los lutos, se convertirán en sendas ocasiones para la glorificación se produjo en las cortes italianas. La representación de los reyes como
de la dinastía, con la contribución de arquitecturas y otras obras ar- dioses paganos o emperadores de la antigüedad será, por ejemplo, un
tísticas efímeras, que a menudo conocemos solo por las descripcio- tema recurrente. A todo ello hay que unir el poderoso e imprescin-
nes que nos han llegado de ellas. dible influjo de la religión. En cierta forma , la corte se convertirá así
Y junto a las artes, las letras. La historia tendrá un papel esencial en una especie de nueva Iglesia, cuyo objetivo esencial es el culto al
en la creación de amplias genealogías, reales hasta donde sea posible rey, su familia y la dinastía, para lo que se desarrollará una liturgia va-
y, a partir de ahí, ficticias, como la de los Habsburgo, que se hacen riada y sofisticada. Estamos en el inicio de un camino que llegará a su
descender de Hércules, o Matfas Corvino, a quien los genealogistas máxima expresión en el Barroco, coincidiendo con el auge del abso-
húngaros harán descender nada menos que de Zeus. La falsificación lutismo. En cualquier caso ¡qué lejos ya de los monarcas guerreros y
genealógica -e histórica- sirve al objetivo de prestigiar el linaje, y rústicos de la Edad Media!
será por ello ampliamente imitada por nobles y grandes familias. Los
reyes se rodearán de cronistas, cuya función es la de exaltar sus accio-
nes, pues, al igual que d retrato en lo pictórico, la biografía magnifi- Los instrumentos del poder real
cará los hechos individuales en el ámbito de las letras. La tracadistica
política, sobre la base medieval de los espejos de príncipes que ahora Para el logro de sus objetivos, los reyes se sirvieron de cuatro ins-
se desarrollan, insistirá en las virtudes del monarca. trumentos o medios: el poder militar, el incremento de sus recursos
Todo - también la literatura- contribuye a crear una especie financieros, el desarrollo de la administración real y la identificación
de hombre perfecto o superhombre, representante actual de un li- del monarca con la justicia. La mención ordenada de cada uno de
naje que sobrepasa a todos los demás en antigüedad, prestigio, va- ellos no implica una jerarquización. Los cuatro son igualmente im-
lor o prudencia. Porque, al igual que los diversos príncipes compi- portantes y necesarios, por lo que los avances o retrocesos en uno u
ten en la poütica, cada uno de ellos pretende pertenecer a la mejor otro repercutían inevitablemente en los demás.
de las dinastías. Los dos elementos fundamentales serán la antigüe- El poder militar radica en el ejército, o mejor dicho, el ejército
dad (y su entronque con ella: la tradición) y el carácter sagrado del y la marina, aunque el desarrollo de esta vaya por detrás, hasta el
poder. Los reyes españoles reivindicarán tanto su pasado godo como punto de que no hay grandes batallas navales hasta avanzado d si-
la unción divina. Los ingleses tratarán de entroncar con el legenda- glo XVI, cuando se produce el choque frontal con los turcos o cuando
rio rey Arturo. Por su parte, los franceses no solo insistirán en sus la- entran en la pugna internacional estados marítimos como las Pro-
zos con los merovingios y los jefes anteriores, si.no que reforzarán la vincias Unidas e Inglaterra. El punto de partida -y la gran victoria
vieja idea medieval sobre sus poderes taumatúrgicos. Y, después de de los reyes- es la imposición a los nobles de su competencia mili-
Ja caída de Constantinopla, los grandes príncipes de Moscovia -fu. tar exclusiva. La guerra se convierte en un monopolio del monarca
turos zares- se proclaman defensores de la religión ortodoxa y di- y ningún noble podrá tener ejércitos propios, ni armar o mantener
funden la idea de Moscú como la tercera Roma. tropas, a no ser al servicio del rey. Pero no será fácil cambiar a una
Un último elemento será la apariencia. El brillo y Ja majestad que nobleza belicosa y acostumbrada a crear sus propios ejércitos. El
rodean al monarca, con la doble núsíón de resaltar su autoridad e éxito más temprano lo tienen los Reyes Católicos, que acabaron con
impresionar a los visitantes. El lugar propicio para ello será la corte la resistencia de la potente nobleza castellana, gracias a una serie de
espacio vital en torno al rey, que se desarrolla a partir de los prece~ expediciones de castigo y al elemento aglutinador que supusieron la
dentes medievales de las casas y séquitos reales, muy reducidos en re- Guerra de Granada o la conquista de Nápoles, aunque los proble-
lación con las que ahora surgen. Las cortes son espacios creados para mas resurgieron temporalmente en la crisis que siguió a la muerte de
la exhibición del poder real, y el ceremonial cortesano combina de- Isabel en 1504. En otros casos, como el de Francia, el proceso fue
194 Luis Ribot LAs nuevas monarquías del Renacimiento 195

lento y con numerosos retrocesos, como lo prueban las guerras de dd XVI (los reinados de los Reyes Católicos y Carlos V), y que man-
religión de la segunda mitad de siglo XVI. Con codo, era un requisito tuvo su eficacia hasta avanzado el siglo XVII.
previo e ineludible para la emergencia de las nuevas monarquías. El segundo de los instrumentos es d incremento de sus ingresos,
La coincidencia con las grandes transformaciones militares que lo que no resultaba fácil. Los reyes necesitaban cada vez más recur-
se están produciendo a finales de la Edad Media y en la primera sos para hacer frente a sus nuevas competencias, entre las que las mi-
Edad Moderna convierte a los reyes en pieza fundamental en el de- litares ocupaban un destacado papel. En principio, la Hacienda real
sarroUo de lo que algunos autores han considerado una revoludón estaba compuesta por las rentas procedentes del patrimonio de la
militar. El principal elemento motor de tales cambios es Ja guerra Corona y por una serie de tributos y derechos que d monarca per-
o competición entre príncipes, aunque no pueda desecharse el re- cibía por su propia condición, que recibían el nombre genérico de
fuerzo interior que pudiera proporcionarles el tener un ejército po- regalías (monopolios sobre la explotación de minas y salinas, dere-
tente. La competición bélica fue estimulada por una serie de avances chos aduaneros, impuestos sobre el comercio, etc.). Sí quería au-
técnicos, como el uso cada vez más eficaz de la pólvora, el desarrollo mentar sus fuentes de ingreso tenía que recurrir a las asambleas que
de la artillería y las armas de fuego individuales, o los cambios en las representaban a los estamentos dd reino (Parlamento, Cortes, Esta-
fortificacion es ante la necesidad de defenderse de cañonazos o dis- dos Generales, Dieta ...) y negociar con ellas donativos o concesiones
paros y acometer a los atacantes. -en Castilla servicios- por un periodo de tiempo y generalmente
La capacidad para herir desde lejos -no solo con armas de a cambio de contrapartidas. Otra posibilidad era obtener del papa
fuego y antes con arcos, también con largas picas- cambió las for- Ja participación en tributos percibidos por la Iglesia (como Jos diez-
mas de hacer la guerra y privilegió a la infantería sobre la antaño po- mos), la cesión de las rentas de las sedes episcopales vacantes (expo-
ten~e caballería pesada, lo que habría de tener importantes y muy lias), u otro tipo de ingresos por vía eclesiástica (subsidios pagados
vanados efectos. Uno de los principales fue el notable incremento por el clero, bula de cruzada, etc.). Los Reyes Católicos y sus suceso-
numérico de los ejércitos, compuestos mayoritariamente por infan- res se mostraron especialmente hábiles en este terreno. En los países
tes plebeyos, a lo que contribuiría también la duración cada vez ma- que adoptaron la Reforma (Dinamarca, Suecia, Inglaterra... ) los bie-
yor de las guerras como consecuencia de los avances en la fortifica- nes confiscados a la Iglesia supusieron un importantísimo refuerzo
ción y la consiguiente prolongación de los sirios. No solo había que para la Hacienda real.
reclutar a los soldados, era necesario también armarles, pagarles, En la mayor parte de los casos, el incremento de la presión tri-
alojarles, mantenerles e imponerles una disciplina, para todo lo cual butaria se hizo por medio de impuestos indirectos, que gravaban
se requería una notable capacidad organizativa y financiera que solo la producción, d comercio y el consumo, en alza durante aquel pe-
estaba al alcance de poderes importantes. Se produjo así un efecto ríodo expansivo de la economía. Pero no se trataba solo de incre-
recíproco. Las nuevas monarquías desempeñaron un papel esencial mentar las fuentes de ingresos. Era necesario también aumentar la
en las transformaciones militares, al tiempo que el ejército les ofre- eficacia en la recaudación de los mismos, tarea esta compleja ante
cía la principal oportunidad para consolidarse. otro de los grandes problemas con que se enfrentaban las nuevas
Unos ejércitos tan crecidos no podían limitarse a servir durante monarquías: la carencia de un personal suficiente a su servicio, los
la campaña, por lo que se convirtieron en permanentes. Fue necesa- llamados ministros y oficiales -los actuales funcionarios--, que se
~io así organizar una administración militar cada vez más compleja, requerían en número creciente para hacerse cargo de unas compe-
mcrementar considerablemente las finanzas reales para subvenir al tencias cada vez mayores. La solución será buscar la colaboración de
coste creciente de las tropas, o disciplinar a los soldados por me- hombres de negocios que, en virtud de los de arientos o contratos
dio de normas, códigos y mandos militares e instancias judiciales ca- establecidos con la Corona, se ocuparán de la recaudación de deter-
paces de imponerlos. Ningún otro demento contribuyó más que el minadas rentas, a cambio naturalmente de importantes compensa-
ejército al éxito de Jos nuevos poderes monárquicos, por lo que no ciones, cuando no del beneficio extra que fuesen capaces de obte-
es de extrañar que el primero de los ejércitos modernos, el más pre- ner por encima de las cantidades fijadas en sus contratos. Surge así
coz, potente y organizado fuera el del rey de España, un modelo mi- un doble sistema de recaudación, por administración (a cargo de mi-
litar que se constituye entre finales dd siglo xv y la primera mitad nistros y oficiales regios) y por asiento. La colaboración de Jos hom-
1% Luis Ribot Las 1111evas mo11arq11ías del Renacimiento 197

bres de negocios no acabará, sin embargo, con la gestión de rentas. españoles, togati italianos o robins franceses-, que encontrarán en
Las precisiones dinerarias de los monarcas difícilmente se saciaban la administración una vía de poder y ennoblecimiento. Ellos ocupa-
con los ingresos de la Hacienda real, por lo que tendrán que recurrir rán buena parte de los consejos y altos organismos del gobierno de
a ellos en busca de préstamos (nuevamente asientos). corte, junto al rey, desplazando en muchos casos a la vieja nobleza y
En este aspecto destacaron también los soberanos españoles miembros del alto clero que habían monopolizado en la Edad Me-
de la Casa de Austria, cuya creciente dependencia de los grandes dia el consejo y la colaboración con el monarca en el gobierno. En
banqueros internacionales llegó a suponer un peso tan grande so- muchos casos se establecerá el principio de que todo ejercicio juris-
bre sus finanzas que obligó a recurrir a diversas bancarrotas o sus- diccional requiere de la presencia de un técnico -es decir, un ju-
pensiones de pagos en el reinado de Felipe U. Dichas operaciones rista- por lo que las autoridades dotadas de jurisdicción que no
eran renegociaciones de la deuda para recortar sus costes financie- Lo fueran tenían que ser asistidas en dicha función. Es lo que ocu-
ros. Se trataba de convertir la deuda flotante o a corco plazo (el di- rre, por ejemplo, en Castilla, con los tenientes de corregidor, juris-
nero recibido de los asentistas) en deuda consolidada, mediante la tas que auxiliaban en tales competencias a los corregidores no toga-
emisión de los títulos conocidos como juros -con tipos de interés dos, llamados de capa y espada. En otro orden de cosas, el aumento
bastante menores- que los hombres de negocios transferían poste- de la burocracia sirvió eficazmente a las monarquías con la crea-
riormente entre innumerables particulares, conventos e institucio- ción de una amplia clientela social, de la que formaban parte miem-
nes locales. Los asentistas quedaban satisfechos al conseguir cam- bros de la alta nobleza (generalmente segundones), gentes proce-
biar los juros (pape)) por dinero, al tiempo que drenaban el ahorro dentes de la nobleza inferior, clérigos, burgueses y habitantes de las
privado para la financiación de la Monarquía. Con dicho proceso ciudades o hijos de campesinos acomodados.
de conversión de la deuda se liberaba una parte importante de los Entre Las nuevas figuras tienen especial interés los representan-
ingresos inmediatos, pero la repetición de tales operaciones hizo tes de los distintos reyes en las cortes de otros monarcas. Nace ahora
que la deuda consolidada se convirtiera en un lastre cada vez más la diplomacia permanente sobre las bases anteriores de los nobles o
pesado sobre la Hacienda real, que llegaría a ser excesivo. Otros personajes que se enviaban a otras cortes ocasionalmente y de forma
recursos de los monarcas para incrementar sus ingresos fueron la temporal. La relación entre príncipes se convierte en un elemento
venta de cargos, títulos, rentas, oficios o territorios, así como las ma- fundamental en un periodo en el que menudean las alianzas y los en-
nipulaciones monetarias. frentamientos. Los pioneros fueron los italianos, obligados en buena
El tercer instrumento, al que acabamos de hacer referencia in- parte por el complejo equilibrio de estados sancionado por la Paz
directamente, es la creación de una amplia burocracia y el con- de Lodi (1454). De entre ellos destacaron los venecianos, a los que
siguiente desarrollo de la administración dependiente del rey. El seguirían pronto Los reyes de Francia o España. También los papas
incremento de las competencias y los ámbitos de actuación del mo- desarrollaron la figura de los nuncios, encargados de velar por los
narca requiere un paralelo aumento de sus dependientes, por lo que intereses de la Iglesia en los distintos reinos. En un principio las em-
todos los reinos en los que se avanza hacia el reforzamiento del po- bajadas permanentes de un monarca eran pocas, limitadas a las cor-
der real verán un crecimiento notable de la administración. Hacen tes con las que mantenía una relación más intensa. Por otra parte,
falta agentes de muy diverso tipo, tanto en la corte como el territo· el desarrollo de la diplomacia permanente no acabó con las embaja-
rio, que ayuden al rey en el gobierno y hagan efectivas sus dispo- das extraordinarias de carácter temporal, para ocasiones o aconte-
siciones, administren y lleven hasta el último rincón la legislación cimientos de especial importancia, tanto política como representa-
y la justicia del rey, recauden y gestionen los ingresos y pagos de ......_ __ _..___ tiva o ritual (negociación de casamientos, nacimientos principescos,
Corona, recluten, organicen y mantengan las tropas, etc. De entre lutos, etc.). Dentro de la tratadística política surgirán diversas obras
todos ellos, destacan los juristas, licenciados en Derecho, que son sobre el correcto desempeño del cargo de embajador, como la del
propiamente los técnicos o expertos al servicio de la administración veneciano Ermolao Barbaro, De officio legati (1490). Por debajo de
real, y que proporcionarán el soporte jurídico necesario. La necesi- la diplomacia oficial, sometida formalmente a reglas y ceremonias,
dad de juristas propiciará el auge de las universidades y dará lugar comenzarán también a desarrollarse las actividades de infonnado-
a la creación de un grupo social nuevo y emergente -los Letrados res, confidentes y espías, cada vez más necesarias.
Luis Ribot I..aJ nuevas monarquíaJ del Renacimiento 199
198

Paraldamence al aumento de la burocracia, se incrementarán los por Dios para el oficio de rey, como reconocerán la mayoría de
organismos de la administración real. El Consejo Real, que desde )os tratadistas.
tiempos medievales asistía a los diversos monarcas, tiende a desdo- Para convertirse de manera eficaz en la base y la cúspide de la jus-
blarse en un proceso de diferenciación de funciones, con la creación ticia, los reyes hubieron de avanzar en dos sentidos. De una parte, tra-
de otros consejos especializados en distintas materias. El caso más taron de superponerse a las numerosas jurisdicciones particulares y
peculiar es el de España, la Monarquía más amplia y compleja de Eu- exentas que habían venido desarrollándose, estructurando una ad-
ropa por los muchos reinos y territorios que la componían, que de- ministración de justicia con varias instancias y capaz de llegar a todo
sarrollará un sistema formado por numerosos consejos, llamado por el territorio del reino. De otra, intentaron clarificar la legislación, me-
ello polisinodial, con competencias y ámbitos de actuación diversos. diante ambiciosas operaciones codificadoras que pusieran orden en
La característica común de todos ellos, y que comparten los de otros )a maraña de disposiciones, leyes, usos y costumbres que habían ido
países, es que se trata de órganos asesores dd monarca, como su pro- acumulándose a través del úempo. En Francia, desde mediados del
pio nombre índica, por lo que la decisión corresponde -al menos siglo xv se crearon una serie de parlamentos provinciales, que eran
formalmente- al rey. Como es obvio, eran organismos dd gobierno cámaras de apelación inspiradas en el Parlamento de París, d cual
de corte, que residían necesaríamenre junco al monarca, por lo que constituía, no obstante, unn instancia judicial superior. En Castilla se
carecían de dicha condición, aunque tuvieran el mismo nombre, or- instituyeron dos chancillerías (Valladolid y Granada), a las que en el
ganismos como el Consejo de Navarra, residente en P amplona, o los siglo XVI se sumaron varias audiencias. Tanto unas como otras eran
consejos y altos tribunales que se desarrollaron en algunas capitales tribunales reales de apelación, que se repartían el territorio de la Co-
virreinales de la Monarquía de España. rona y se situaban, como los parlamentos franceses, por encima de las
Junto al crecimiento de la corte, las nuevas monarquías necesita- primeras instancias judiciales. De todas ellas se podía apdor al rey. En
ban oficiales y agentes que llevaron d poder real al territorio, obje- Francia, los monarcas se valían del Conseil du Roi, en Inglaterra de la
tivo complejo que topaba no solo con la dificultad y lentitud de las Star Chamber y en España de diversos consejos, especialmente los lla-
comunicaciones, sino también con la existencia de poderes locales mados territoriales, como d Consejo de Castilla, que ayudaban al mo-
(señoriales, eclesiásticos, urbanos... ) poco dispuestos a someterse narca en el gobierno de un d eterminado reino, corona o conjunto de
efectivamente a una instancia superior. Los monarcas recurrieron a territorios. En cuanto a la codificación, los parlamentos franceses rea-
autoridades temporales, como jueces y visitadores, pero los más efi- lizaron una importante labor de recopilación y ordenación de la legis-
caces fueron los delegados permanentes que se repartían el territo- lación tradicional, subordinándola en todo caso a la supremacía re-
rio en grandes circunscripciones. aia. En Castilla, los Reyes Católicos impulsoron el Ordenamiento de
La base de todo, el cuarto instrumento o medio para incremen- Montalvo (1484) y Felipe II sancionó en 1567 la Nueva Recopilación.
tar el poder real, es la iurisdictio o capacidad del rey para dictar el
Derecho, basada en la idea de origen medieval de la plenitud ju-
risdiccional del monarca. El rey se convertirá en la fuente y la per- El rey y los otros poderes del reino
sonificación del Derecho, cuya imposición constituye una de sus
principales funciones. Como decía Felipe Il en las instrucciones a El reforzamiento del poder real se hizo a costa de otros pode-
sus virreyes de Nápoles: «Los reyes y príncipes son principalmente res existentes en su reino: la nobleza, las ciudades, las asambleas re-
instituydos para que goviernen y administren iustizia a sus subdi- presentativas y la Iglesia. Todos ellos se resistieron, como es lógico,
tos, y los defiendan de sus enemigos...», reuniendo en tales objeti~-.....,..~...,......­ a la supremacía del monarco. El proceso por el que se viero~ obli-
vos tres de los instrumentos a los que hemos hecho referencia. La gados a ceder fue lento y complejo, con importantes diferencias en-
administración de la justicia por parte del monarca consiste en la tre unos reinos y otros, y no siempre se saldó con éxito, dando lu-
aplicación de la legislación positiva (la que él crea y sanciona), ba- gar a territorios en los que la fórmula de las nuevas monarquías no
sada en los dos órdenes legales superiores e innatos; la ley natural logró imponerse.
y la ley divina. Tal basamento confiere un carácter sagrado al au- La nobleza, especialmente la más poderosa, fue el grupo más di-
tor de la legislación positiva, que es alguien querido y designado rectamente perjudicado por la desaparición del feudalismo político.
200 Luis Ribot Las nuevas 111011arq11ías del Renacimiento 201

De campar por sus respetos en unos territorios a los que no llegaba identifica la idea de patria con la nación, cuando en la realidad de
instancia superior alguna, a reconocer la preeminencia del monarca, la primera Edad Moderna se ajustaba esencialmente al ámbito_ lo-
había un camino que muchos se resistieron a transitar y que, cuando cal siendo habitualmente la ciudadanía -junto a la pertenencia a
lo hicieron, fue a la fuerza y a cambio frecuentemente de contrapres- un 'grupo o corporación- el principal .elemento de identida~ po_lí-
taciones. El caso de España, y especialmente la corona de Castilla, es tica. La gente se sentía orgullosa de su cmdad, sus armas, su histotJa,
el más significativo. La Guerra de Sucesión (1474-1479) al trono a la sus iglesias y elementos identificadores. Las autoridades municipa-
muerte de Enrique IV fue el primer paso para el reforzamiento de la les esgrimían y protegían como un tesoro los privilegios de su ciu-
autoridad real, que continuó posteriormente con la hábil política de dad, conseguidos a lo largo del tiempo y que les identificaban y dife-
los Reyes Católicos, apoyados en los linajes más fieles. La expansión renciaban de los demás.
política y las oportunidades que ofrecía a la alta nobleza la colabo- Las principales ciudades, por otra parte, ejercían su autoridad y
ración con los reyes (cargos, rentas, honores...), intensificadas con la percibían derechos de un extenso espacio rural circundante. Por eso
llegada al trono de la Casa de Habsburgo, hicieron el resto, y la no- no resultaba sencilla la sumisión al poder real, y en muchos casos -al
bleza se convirtió tempranamente en la más sumisa de Europa, aun- igual que ocurriera con la nobleza- se hizo a cambio de contrapr_es-
que fuera también a cambio de concesiones, como una amplía capa- taciones. La política no se basa exclusivamente en el poder, también
cidad de actuación en sus señoríos (judicial, fiscal, gubernativa ... ), en la constitución de numerosos pactos, explícitos y, sobre todo, táci-
que reconocían no obstante la superioridad de la justicia real. tos. Allí donde el poder real acabó imponiéndose, resultaron funda-
El caso de Inglaterra es parecido, pues la larga .guerra civil de las mentales los representantes del mismo en las principales ciudades o
Dos Ro~as (1455-1485) provocó cambios importantes en la nobleza, distritos, bien fueran los jueces de paz ingleses, los corregidores cas-
progresivamente sometida después por los dos primeros monarcas tellanos o los diversos cuerpos de oficiales franceses que culminarían,
Tudor. Las divisiones creadas por la Reforma salieron a la luz en los ya en el siglo XVII, con la figura del intendente. Se trataba esencial-
reinados de Eduardo VI y María, pero Isabel I consolidaría eficaz- mente de controlar la administración de justicia y las finanzas.
mente la supremacía real. Más complejo resultó dicho proceso en Es bien conocido el caso de las ciudades-estado italianas, en
Francia, donde los avances del siglo xv y la primera mitad dd XVI no lns que una localidad dominaba un determinado espacio territo-
sirvieron de mucho ante la crisis de las guerras de religión, que abar- rial sin someterse de hecho a ninguna autoridad superior. Como se-
caron toda la segunda mitad de la centuria. El caso extremo es el de ñala Mario Rosa, eran el fruto de la expansión territorial y la afir-
Polonia, en que la nobleza impidió la consolidación de una monar- mación política de unas ciudades sobre otras. Aunque su periodo
quía fuerte al estilo de las occidentales. Sin llegar a tanto, las divisio- de esplendor ya hubiera pasado, muchas de ellas se mantuvieron
nes de la nobleza de Escocia, unidas a la crisis provocada por la di- como estados soberanos, si bien, salvo en el caso de las repúblicas
fusión de la Reforma, supusieron también un fuerte obstáculo para aristocráticas como Venecia, Génova o Lucca, se vieron sometidas
el reforzamiento del poder real. en los últimos siglos de la Edad Media a procesos de control prin-
Ocro poder afectado fueron las ciudades. El mundo urbano se cipesco del poder, por parte de personajes que acabaron constitu-
había desarrollado en contraposición al poder nobiliario y, aunque yendo dinastías más o menos duraderas, si bien varias de ellas desa-
los nobles consiguieron dominar numerosos municipios, la dudad parecieron a comienzos de los tiempos modernos. Es el caso, entre
ofrecía espacios de poder a sectores distintos de Ja nobleza tradicio- otros, de los Medici en Florencia, los Visconti-Sforza en Milán, los
nal. La ciudad se configura, así, como un ámbito diferenciado, con- Gonzaga en Mantua, los Montefeltro en Urbino o los Malatesta en
trolado por grupos sociales diversos, en los que hay nobles de dis- Rimini. En el reino de Sicilia, perteneciente al rey de España, des-
tinta importancia, pero también letrados, hombres de negocios, tacaban los numerosos y antiguos privilegios de Mesina, que le per-
comerciantes, rentistas, etc. A los habitantes de una ciudad les unían mitieron un elevado grado de autogobierno, aunque no sin proble-
Jos privilegios y fueros propios de la misma, pero también la con- mas canto con los gobernantes como con Palermo, que competía
ciencia y el orgullo de pertenencia, ligados con los santos patronos o con ella por albergar la corte virreinal. ___
la historia urbana, frecuentemente vinculada a la leyenda y al mito. En Alemania existía también una notable tradición de gobierno ·\.¡:.. llE ltS/0 .,
Nuestra cultura actual, fuertemente influida por los nacionalismos, urbanos, con muchas ciudades que apenas reconocían una inst '.-. "
202 Lar nuevas monarquías del Renacimienlo 203
Luis Ribor

sup.erior, lo que contribuyó a impedir el reforzamiento del poder im- estado llano o común, fruto en la mayor parte ~e los casos ~e un pri-
perial. En otros lugares, como en Castilla, especialmente en eJ valle vilegio concedido por los reyes a una determ~ada com~rudad. Un
del Duero, la resistencia de los poderes urbanos dio lugar al levanta- rivilegio restringido y limitado, como ocuma en Castilla, donde
miento de las ComWlidades (1520-1521), en los inicios del reinado ~olo dieciocho ciudades tenían el derecho de enviar dos procurado-
de Carlos V, que el recién elegido emperador pudo sofocar gracias res cada vez que el rey convocaba las Cortes.
sobre todo al auxilio de la alta nobleza. La convocatoria real era otra de las características de estas asam·
El !ercero de los poderes afectados fue el de las asambleas repre- bleas, lo que ofrecía a los monarcas la oportunidad de gob:rnar sin
sentativas. Durante la Baja Edad Media habían surgido en los dife- ellas. Claro que la posibilidad efectiva de hacerlo depend1a de las
rentes reinos europeos curias y reuniones de los distintos estamen- constítuciones y normas básicas de cada territorio, pues allí donde
tos, basadas en la idea de la obligación de colaborar con el rey en las consiguieron conservar competencias legislativas, .fiscales o m~ta­
tareas de gobierno y progresivamente institucionalizadas. Eran las res, los reyes tuvieron que convocarlas y, en la medida de lo posible,
Cortes en Castilla, la corona de Aragón o Portugal; los Estados Ge- pactar con ellas. Una de las principales atribuciones de los parla-
ner~es en Francia; e~ Parlamento en Inglaterra, Nápoles y Sicilia, 0 mentos - nombre genérico que aplicamos a todas las asambleas-
l~ D1er~ en el Imperio, .~olonia o Suecia. Buena parte de su presti· era la aprobación de ciertos impuestos, por lo que la m~yor parte
g10 radicaba en la func1on que, en mayor o menor medida habían de los monarcas se veían forzados a convocarlas en un periodo en el
ido asumiendo de garantes de la tradición, manifiesta en las' conoci- que necesitaban imperiosamente aumentar sus ingresos. Esta era la
das como c':'nstituciones o libertades. Tales asambleas no eran per- fuerza de los parlamentos, que aprovechaban la convocatoria para
manentes, smo que se reunfon de forma periódica, dependiendo de elevar al rey quejas o peticiones, aunque su efectividad dependí~ en
la convocatoria real. Tampoco eran propiamente representativas, 0 buena parte del procedimiento. Si lograban que d rey respondiera
no lo ~ran al menos según nuestra idea actual de dicho cérmino, pues a sus propuestas antes de concederle el servicio, tenían much?s ~ás
sus miembros no eran elegidos por aquellos a los que en principio posibilidades que si era al contrario. Los reyes, ~eseosos de ehmmar
representaban. Las llamamos representativas por su origen y estruc- los obstáculos que se oponían a su poder, tendieron no sol~ a.con-
tura estamental, en general con tres brazos integrados por miembros vocarlos lo menos posible, sino también a imponer el proced1m~ento
de cada uno de Jos estamentos, aunque algunas de raJes asambleas que más les favorecía. La historia de los parlamentos ofrece as! una
como las Cortes del reino de Aragón o el Ríksdag de Suecia, consta~ variada casuística. En Francia, los Estados Generales se reumeron
han de cuatro, mientras que otras, como las dietas de Polonia y Hun- solo en ocasiones excepcionales, aunque sí lo hacían los provincia-
gría, tenían únicamente con dos, ocupadas respectivamente por la les existentes en diversos territorios (los llamados pays d'états), al
alta nobleza y la nobleza menor. ti~po que otras instituciones, como los parlamentos (cámaras de
Las singularidades eran frecuentes, aunque producidas en al- justicia), asumían competencias en asuntos políticos y fiscales .. En
guno~ c.asc;>s por, l~ evolución histórica. El Parlamento de Nápoles Alemania, los emperadores raramente lograron controlar la Dieta,
quedo limitado umcamente a dos brazos (nobleza feudal y ciudades aunque, una vez más, el caso extremo ~ue.e~ de Polonia, d~nd<:; la
del patrimonio regio), pues el clero no volvió a ser convocado desde Dieta, cuyos miembros tenían derecho mdívtdual de veto, hizo im-
1507; asimismo, a lo largo del siglo XVI las ciudades concentraran su posible cualquier acción coordinada de gobiern?. .
r.epresentación e~ la poderosa capital napolitana. Otro caso pecu- El incremento del poder real afectaba también a la Iglesia, om·
liar fue d de Castilla, donde desde 1538 los reyes dejaron de convo- nipresente hasta la Reforma en todo el ámbito de la cristianda~, de
car a la nobleza y el clero, por lo que las Cortes se convirtieron en una forma mucho más constante e intensa de cuanto podemos ima-
una asamblea privativa de las principales ciudades. Quienes asistían ginar. El poder de la Iglesia, enorme, se manifestaba a vari~s niveles
por los distintos brazos en los distintos reinos y territorios lo hacían y nos da idea, mejor que ninguno de los otros que hemos citado, de
e? vírtu~ de derechos diversos. Los de la nobleza y el clero percene- hasta qué punto el objetivo de las nuevas monarquías no era tanto
c1an habitualmente a las principales familias o los más altos cargos la imposición como el pacto, pues no hubieran podido afianzarse de
eclesiásticos del reino. En ambos casos se trataba por tanto de una otra forma. En d caso de la Iglesia, además, la legitimación del rey se
representación restringida, pero también lo era la dd tercer estado, basaba ampliamente en ia religión, por lo que no podía prescindir de
204 Luis Ribot Las 1111evas mo11arq11í11s del Re11acimie1110 205

su respaldo. Dado su carácter universal, el poder de la Iglesia tras- devotionis (1514) obtendría el Padroado, que implicaba concesiones
cendía al propio reino, lo que complicaba aún más las cosas. Suco- similares en sus territorios de ultramar. Para los reyes, el control de
laboración era imprescindible tanto a escala local -sermones, con- la propia Iglesia no era únicamente u_na forma_ ?e limitar ~l poder
fesonario, creación y control de la opinión- como en las diócesis pontificio e incrementar sus rentas, smo tsmb1en un medio pode-
la Iglesia del reino o país, y el papado de Roma. Este último no er~ roso de asegurarse la lealtad de los grupos sociales que aspiraban a
un simple poder espiritual -lo que ya hubiera sido importance- los nombramientos eclesiásticos, desde la alta nobleza a los sectores
sino que tenía una considerable capacidad de actuación en el ámbit~ intermedios que enviaban a sus hijos a las universidades.
de las Iglesias de cada reino o territorio y percibía rentas proceden- Pese a las concesiones, las tensiones regalistas y los roces con el
tes de los distintos países. Es evidente que el reforzamiento del po- poder del papa fueron muy frecuentes, t?mbién en el caso de los re-
der real requería limitar y controlar los poderes eclesiásticos, un ob- yes de España. Uno de los muchos conflictos fue el que,~ finales de
jetivo delicado, en la línea del regalismo, así llamado por su defensa los años sesenta, enfrentó en Milán el celo contrnrreform1sta del ar-
de las regalías o derechos inherentes a la soberanía del monarca so- zobispo Cado Borromeo y sus deseos de rígido control, con el du-
bre los de la Sanca Sede, que contaba con una tradición medieval. El que de Alburquerque, gobernador del estado. ~or razones en buena
regalismo tenía una especial importancia en Francia, donde se le co- parte históricas, el poder del papa no era el mismo en todos l~s te-
nocía como galicanismo, si bien este era más complejo, pues defen- rritorios. En Sicilia, por ejemplo, el rey era el legado papal en vmud
d_ía los derechos de la Iglesia de las Gallias frente a los poderes cre- de una serie de concesiones, la primera de las cuales se remontaba a
cientes del papa, por 1o que se conectó en algunos momentos con el finales del siglo XI con el papa Urbano ll y el conde normando Ro-
conciliarismo, que reivindicaba la autoridad de los concilios por en- ger. Como consecuencia de ello, el monarca español ejercía una am-
cima de la del poncifice. plísima jurisdicción eclesiástica a través del Tribunal de la Regí~ Mo-
Desde comienzos del siglo xv y por medio de concesiones o narchia. En cambio, en Nápoles, el poder del papa era supertor, al
acuerdos (concordatos), diversos príncipes europeos consiguieron tratarse originariamente de un feudo pontificio, cuya investidura ha-
un elevado poder sobre sus Iglesias, plasmado en derechos como la bía de ser renovada cada vez que se producía la sucesión en el trono.
sumisión fiscal, el control sobre los nombramientos de cargos ecle- En reconocimiento de la misma, el rey de España, a través de su em-
siásticos (patronato), la capacidad para impedir en sus reinos la pu- bajador en Roma, rendía pleitesía al papa y le entregaba un tributo
blicació~ de las bulas y otros documentos pontificios (exequatur o sobre la grupa de un caballo blanco, en una ceremonia, la chinea,
pase regw) o los recursos de fuerza, que eran apelaciones de los ecle- que se celebraba anualmente el día de San Pedro. Tal vez por ello, el
siásticos a los tribunales reales. Los Reyes Católicos y sus suceso- reino de Nápoles, que había rechazado con éxito los intentos de in-
res consiguieron, asimismo, la concesión de impuestos recaudados troducir la Inquisición española (1510 y 1547), no consiguió evitar
por la Iglesia (tercias, excusado y cruzada), tributos pagados por los la presencia y actuación ~n ocasiones decidida- de la Inquisición
eclesiásticos (subsidio), o cargos vinculados a la Iglesia y dotados de romana, lo que estimularía como reacción el desarrollo de una des-
amplias rencas (maestrazgos de las cuatro órdenes militares españo- tacada cultura regalista o jurisdiccionalista. En el caso de Inglaterra,
las). Tal vez, sin embargo, la concesión principal fuera la creación su separación de la Iglesia de Roma hay que interpretada más como
del Tribunal de la Inquisición, encargado de velar por la pureza de un producto extremo del regalismo, que llevó a la niptura, que
la fe, e? la ~ea de las diversas inquisiciones eclesiásticas, pero con como una consecuencia de la Reforma. De hecho, la confesión an-
la pamculandad de que dependía de fonna muy directa del poder glicana, que acabaría imponiéndose, era una especie de catolicismo,
real, lo .que, al menos en sus primeros tiempos, lo convirtió un po- aunque sin reconocer autoridad alguna por encima de la del rey.
deroso mstrumento para la reafirmación de este. Gracias a diversas El sometimiento de la iglesia del propio territorio, con sus enor-
bulas, sobre todo la Univerralís Ecclesíae de Julio II (1508), el rey de mes poderes y propiedades, y el control de las creencias y prácticas
España logró incluso una amplísima concesión, el Real Patronato so- religiosas de los súbditos afectaban muy directamente a la soberanía
bre la Iglesia en el Nuevo Mundo, que le confería de hecho buena del príncipe, lo que explica las pennanentes tensiones regalistas en-
parce de los poderes papales: la autoridad para establecer y organi- tre los soberanos católicos y el papado de Roma, que recorren la Eu-
zar en él la Iglesia. El rey de Portugal, en virtud de la bula Praecelsae ropa Moderna; unas tensiones cuya intensida~olía estar en relación

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l( Unfvcrsitat de Llcida
~-cr,~~~.~~t ~'f:Iis~ória
207
Las nuevas monaTquías del Renacimíento
206 Luú Ribo1

conjunto europeo, por muy ~po~t~te que_ pudiera ser. m.ás ade-
directa con el grado de absolutismo alcanzado por el príncipe. Solo lante. En el siglo XVI, su interes prmc1pal esta en la J?eculia~1dad de
lo resolvieron los protestantes, al romper cualquier relación de de- su ruptura con la Iglesia católica, en la que predomma el cisma so-
pendencia de sus súbditos con un poder exterior.
bre la adhesión a la Reforma. .
Aunque no sean una novedad de la primera Ed~d Moder~~· m
tampoco exclusivas de eUa, un tipo frecueote de enud~des políuc~s
Éxitos y fracasos Koenigsberger y John H. Elliott caracten-
eran las que Helmut G · . , . h. · f -
zaron como composite monarchies, termmo que la 1st?nogra ta es
Con diversos ritmos e intensidades , cuando no retrocesos, las añola ha traducido incorrectamente como monarqwas compu~s­
nuevas monarquías dd Renacimiento se impusieron en España, In- ~as, cuando habría que hacerlo más pr~piamente por monarqmas
glaterra, Francia y Rusia, pese a situarse esta en un ámbito territo- de agregación. Al confluir sobre u.na m~sma pers~na Jos der~~hos
rial completamente distinto. También en reinos menos importantes dinásticos 0 de conquista sobre va~1os remo~ o territonos, surgio un
como Portugal, Dinamarca o Suecia, e incluso en varios de los pe- , ci·pe que lo era al tiempo de diversos remos o estados. E:I hecho
queños estados italianos de dimensión regional, sobre todo la Roma d ue al menos en un principio, t ales terntorios
prm . . mantuvieran lo
pontificia, una monarquía electiva de carácter teocrático, y Floren- es~ciaÍ de su personalidad previa, vinculánd~se únicamente~ tra-
cia, un territorio de pasado republicano en el que logró imponerse vés de la persona del príncipe, dio lugar a las c1t~das monarqu~as de
la familia Medid, cuyo prestigio inicial, a finales del siglo XV, se agregación. La principal de rodas ell~s, por el n~mero y la var1ed~d
basó en buena medida en un mecenazgo artístico que, todavía hoy, de sus integrantes, sería la Monarquia de Espana, pero hubo. otra:
une dicha familia el esplendor de la ciudad. Tras nuevas experien- muchas; por ejemplo la que se construiría e~ torno a Ausma, as1
cias republicanas, los Medici, con el apoyo de España, volvieron a como también principados integrados por diversos esta~os, ~orno
la ciudad a mediados del siglo XVI. Pocos años después, se conver- el del duque de Sabaya. Una simple mirada a las l~rgas utulac1ones
tirían en grandes duques de Toscana. En otros casos, como los del de muchos de Los príncipes europeos nos da una idea de la exten-
Imperio o Polonia, el intento de crear un poder real fuerte -que sión del fenómeno. , . . d
sí progresa en los territorios patrimoniales de los Habsburgo-- se Pero el brillo de las monarquias y principados º? pu.e e escon-
saldó con un fracaso. der otra realidad que cada vez interesa más a los h1s.t~~1ado~es. Se
Tradicionalmente la historiografía ha tendido a distinguir la evo- trata de las repúblicas, algunas de ellas de gr~n tra~1c1on e .11:1-?or-
lución política de tres monarquías europeas en el siglo XVl (España, tancia económica, como las italianas de Venecia y G_enova, ~mg1das
Francia e Inglaterra} de la del resto de los territorios. Tal diferencia- por sendas elites mercantiles que, en el caso genoves, _adqu1er~n en
ción se ha justificado en el mayor avance del poder real y el protago- el siglo XVI un destacado perfil financiero de alcance ~t~rnac1<:>nal.
nismo internacional de aquellas, frente al fracaso en la consolidaci6n A ellas se unirían en la segunda mitad de sigl.o las Prov1~c1as Untdas,
de un poder superior (Imperio, Polonia). la división política endé- un nuevo estado que no alcanzaría hasta d siglo XVII su mdependen-
mica pese a la existencia de una identidad cultural (Italia) o el carác- cia del rey de España, contra cuyo po?er luchaba desde 1566. Otra
ter periférico (Portugal, el mundo báltico o Rusia). En realidad, d experiencia republicana era la de Su1z~, que no obstante mante!1-
mayor éxito en el reforzamiento del poder real es el de España, esen- dría un dependencia teórica del Imperio hasta la Paz de Westfalia.
cialmente en Castilla, hecho intrínsecamente unido a su hegemonía También, pese a su carácter mercantil más qu: político Y a que era
en la política europea. En Francia, el fortalecimiento evidente de la esencialmente una realidad del pasado, debe citarse por su. smgula-
instancia real en la segunda mitad del siglo xv y primera del XVI se --- •~=-­ ridad organizativa al estilo de una repúb~ca, la ~ansa o Liga Han-
vio seriamente comprometido por la larga crisis de las guerras de re- seática, una federación comercial y defensiva de cmdades, en su ~a­
ligión, y una de sus consecuencias fue la práctica desaparición de di- yor parte del norte de Alemania e integradas por tanto ~n el I~perio,
cho reino, durante medio siglo, del protagonismo en la política in- que desde el siglo xrv agrupaba a más de setenta localidades mtere-
ternacional En cuanto a Inglaterra, es indudable que el poder real sadas en el comercio del Báltico.
avanzó con los Tudor y que se inició un proceso de fortalecimiento
del país, si bien no dejaba de tratarse de un reino secundario en el

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