SANTA TERESA DE ÁVILA
(1515-1582)*
Muero porque no muero
Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
Después que muero de amor,
Porque vivo en el Señor,
Que me quiso para Sí.
Cuando el corazón le di
Puso en él este letrero:
Que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
Del amor con que yo vivo
Ha hecho a Dios mi cautivo
Y libre mi corazón;
Y causa en mí tal pasión
Ver a Dios mi prisionero,
Que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida,
Qué duros estos destierros,
Esta cárcel, estos yerros
En que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
Me causa dolor tan fiero,
Que muero porque no muero.
*Santa Teresa de Jesús, Obras completas, transcripción, introducciones y notas de Efrén de la Madre
de Dios O. C. D. y Otger Steggink O. Carm., Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1962.
¡Ay, qué vida tan amarga
Do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
No lo es la esperanza larga;
Quíteme Dios esta carga
Más pesada que el acero,
Que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
Vivo de que he de morir,
Porque muriendo, el vivir
Me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
No te tardes, que te espero,
Que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte;
Vida, no me seas molesta,
Mira que sólo te resta,
Para ganarte, perderte;
Venga ya la dulce muerte,
Venga el morir muy ligero,
Que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
Que es la vida verdadera,
Hasta que esta vida muera
No se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
Viva muriendo primero,
Que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo yo darle
A mi Dios que vive en mí,
Si no es el perderte a ti
Para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
Pues a Él solo es al que quiero,
Que muero porque no muero.
*
Mi amado para mí
Ya toda me entregué y di,
Y de tal suerte he trocado
Que mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado.
Cuando el dulce Cazador
Me tiró y dejó herida
En los brazos del amor
Mi alma quedó rendida,
Y cobrando nueva vida,
De tal manera he trocado,
Que mi Amado para mí
y yo soy para mi Amado.
Hirióme con una flecha
Enherbolada de amor
Y mi alma quedó hecha
Una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
Pues a mi Dios me he entregado,
Y mi Amado para mí
Y yo soy para mi Amado.
Corazón feliz
Dichoso el corazón enamorado
Que en sólo Dios ha puesto el pensamiento,
Por Él renuncia todo lo criado,
Y en Él halla su gloria y su contento;
Aun de sí mismo vive descuidado,
Porque en su Dios está todo su intento,
Y así alegre pasa y muy gozoso
Las ondas de este mar tempestuoso.
*
Aspiraciones
Sea mi gozo en el llanto,
Sobresalto mi reposo,
Mi sosiego doloroso
Y mi bonanza el quebranto.
Entre borrascas mi amor,
Y mi regalo en la herida,
Esté en la muerte mi vida,
Y en desprecios mi favor;
Mis tesoros en pobreza,
Y mi triunfo en pelear,
Mi descanso en trabajar
Y mi contento en tristeza.
En la escuridad mi luz,
Mi grandeza en puesto bajo,
De mi camino el atajo
Y mi gloria sea la cruz;
Mi honra el abatimiento
Y mi palma padecer,
En las menguas mi crecer
Y en menoscabo mi aumento;
En el hambre mi hartura,
Mi esperanza en el temor,
Mis regalos en pavor,
Mis gustos en amargura;
En olvido mi memoria,
Mi alteza en humillación,
En bajeza mi opinión,
En afrenta mi victoria;
Mi lauro esté en el desprecio,
En las penas mi afición,
Mi dignidad sea el rincón,
Y la soledad mi aprecio;
En Cristo mi confianza,
Y de El sólo mi asimiento,
En sus cansancios mi aliento
Y en su imitación mi holganza.
Aquí estriba mi firmeza,
Aquí mi seguridad,
La prueba de mi verdad,
La muestra de mi fineza.
Coloquio de amor
Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme, ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?
―Alma, ¿qué quieres de mí?
―Dios mío, no más que verte.
―Y ¿qué temes más de ti?
―Lo que más temo es perderte.
Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
Para hacer un dulce nido
Adonde más la convenga.
Un alma en Dios ascondida,
¿Qué tiene que desear,
Sino amar y más amar,
Y en amor toda encendida
Tornarte de nuevo a amar?
Nada te turbe
Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Solo Dios basta.
Eleva el pensamiento,
Al cielo sube,
Por nada te acongojes,
Nada te turbe.
A Jesucristo sigue
Con pecho grande,
Y, venga lo que venga,
Nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Aspira a lo celeste,
Que siempre dura;
Fiel y rico en promesas;
Dios no se muda.
Ámale cual merece
Bondad inmensa;
Pero no hay amor fino
Sin la paciencia.
Confianza y fe viva
Mantenga el alma,
Que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado
Aunque se viere,
Burlará sus furores
Quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,
Cruces, desgracias;
Siendo Dios su tesoro,
Nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo,
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.
*
Versos que compuso nuestra Madre Santa Teresa de Jesús,
con motivo de la transverberación de su corazón
En las internas entrañas
Sentí un golpe repentino:
El blasón era divino,
Porque obró grandes hazañas.
Con el golpe fuí herida,
Y aunque la herida es mortal,
Y es un dolor sin igual,
Es muerte que causa vida.
Si mata, ¿cómo da vida?
Y si vida, ¿cómo muere?
¿Cómo sana, cuando hiere,
Y se ve con él unida?
Tiene tan divinas mañas,
Que en un tan acerbo trance
Sale triunfando del lance,
Obrando grandes hazañas.
Ofrecimiento de sí hacia á Dios
Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandais hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna Sabiduría,
Bondad buena á el alma mía;
Dios, un sér, bondad y alteza,
Mirad la suma vileza
Que hoy os canta amor así.
¿Qué quereis, Señor, de mí?
Vuestra soy, pues me criastis,
Vuestra, pues me redimistis,
Vuestra, pues que me sufristis,
Vuestra, pues que me llamasteis.
Vuestra, pues me conservasteis,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué quereis hacer de mí?
¿Qué mandais, pues, buen Señor,
Que haga un tan vil criado?
¿Cuál oficio le habeis dado
A este esclavo pecador?
Veisme aquí, mi dulce Amor,
amor dulce, veis aquí,
Qué mandais hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma,
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención
Pues por vuestra me ofrecí.
Qué mandais hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud ó enfermedad,
Honra ó deshonra me dad,
Dadme guerra ó paz cumplida,
Flaqueza ó fuerza á mi vida,
Que á todo diré que sí.
Qué quereis hacer de mí?
Dadme riqueza ó pobreza,
Dad consuelo ó desconsuelo,
Dadme alegría ó tristeza,
Dadme infierno, ó dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
Qué mandais hacer de mí?
Si quereis, dadme oración,
Si no, dadme sequedad,
Si abundancia y devoción,
Y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
Solo hallo paz aquí,
Qué mandais hacer de mí?
Dadme, pues, sabiduría,
O por amor, ignorancia,
Dadme años de abundancia,
O de hambre ó carestía;
Dad tiniebla ó claro día,
Revolvedme aquí ó allí
Qué quereis hacer de mí?
Si quereis que esté holgando,
Por amor quiero holgar,
Si me mandais trabajar,
Morir quiero trabajando.
Decid, ¿dónde, cómo ó cuándo?
Decid, dulce Amor, decid.
Qué mandais hacer de mí?
Dadme Calvario ó Tabor,
Desierto ó tierra abundosa,
Sea Job en el dolor,
O Juan que al pecho reposa,
Sea yo viña fructuosa
O estéril, si cumple así.
Qué mandais hacer de mí?
Sea Josef puesto en cadenas,
O de Egipto Adelantado,
Sea David sufriendo penas,
O David ya encumbrado,
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí,
Qué mandais, Señor, de mí?
Esté callando ó hablando,
Haga fruto ó no le haga,
Muéstreme la Ley mi llaga,
Goce de Evangelio blando;
Esté penando ó gozando,
Solo Vos en mí vivid,
Qué mandais hacer de mí?
Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandais hacer de mí?