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Historia de los Servicios Sociales en España

El documento aborda la evolución de los servicios sociales en España, desde la caridad en la Edad Media hasta la implementación de seguros sociales en el siglo XIX. Se describen las distintas fases históricas, incluyendo la beneficencia pública y el desarrollo de un sistema de protección social que se formaliza con la Ley de Beneficencia de 1849. Además, se menciona la transición hacia un modelo de seguridad social que se centra en la obligación bilateral entre el Estado y los individuos.

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Historia de los Servicios Sociales en España

El documento aborda la evolución de los servicios sociales en España, desde la caridad en la Edad Media hasta la implementación de seguros sociales en el siglo XIX. Se describen las distintas fases históricas, incluyendo la beneficencia pública y el desarrollo de un sistema de protección social que se formaliza con la Ley de Beneficencia de 1849. Además, se menciona la transición hacia un modelo de seguridad social que se centra en la obligación bilateral entre el Estado y los individuos.

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Tema 1.

Los Servicios Sociales en


España. Noción constitucional de
asistencia social y servicios sociales.
Competencias institucionales de las
Comunidades Autónomas y del
Estado en materia de servicios
sociales. Régimen de derechos y
deberes de los usuarios de los
servicios sociales.
Índice

1. Historia y evolución de los sistemas de protección social en España

1.1 Introducción
1.2 Caridad
1.3 Beneficencia
1.4 Seguros Sociales
1.5 Asistencia Social Pública
1.6 Bienestar Social
2. Estratificación, clases sociales y su evolución

3. Consecuencias sociales. Pobreza y desigualdad

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1. Historia y evolución de los sistemas de protección social en España

1.1. Introducción
Para comprender la historia y evolución de los sistemas de protección social, hay que
analizar el tratamiento y las actuaciones que se han llevado a cabo a lo largo de los años
para cubrir las necesidades humanas y paliar las situaciones de pobreza.

La “acción social” fue definida por Ander-Egg (1984) como: “toda actividad consciente,
organizada y dirigida de manera individual o colectiva, que de modo expreso
tiene por finalidad actuar sobre el medio social, para mantener una situación, mejorarla
o transformarla.”

La protección a las personas en situación de riesgo o de exclusión social y la atención a


las situaciones de pobreza, ha ido modificándose tanto en su denominación como en las
formas de tratar estas situaciones; pudiéndose distinguir diferentes fases sucesivas pero
coexistentes al mismo tiempo.

Estas fases son:

• Caridad
• Beneficencia
• Seguro Social
• Asistencia Social pública
• Bienestar Social

A continuación, haremos un recorrido por las diferentes etapas históricas donde


identificaremos cada una de estas fases.

1.2. Caridad
En la Edad Media (S.V - S. XV) la atención a las personas necesitadas gira en torno al
principio de caridad. Esta primera fase tiene una fuerte raíz religiosa, basándose en el
ejercicio voluntario en favor de los demás, por amor a Dios y al prójimo.

En un primer momento, la ayuda a los demás se desarrollaba a través de la familia y de


las relaciones de buena vecindad (Casado y Guillén, 1986). Era la solidaridad vecinal o
familiar quien actuaba cuando un ciudadano tenía problemas.

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Otra forma de protección fue la conocida como previsión, donde los gremios
(corporaciones formadas por maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión
u oficio), establecían mecanismos de protección para los afiliados ante situaciones de
necesidad por medio de cuotas aportadas por los miembros.

Por otro lado, los señores feudales también daban “cierta protección graciable y
refugio” a los vasallos que formaban parte de su feudo, sin embargo, al mismo tiempo
contribuían a su explotación.

En este periodo, hay que destacar especialmente las acciones caritativas, cuyos
beneficiarios no eran los nombrados anteriormente, sino los excluidos que no estaban
sujetos a la protección de estos sistemas.

La caridad era ejercida por los ciudadanos dando limosna, los ayuntamientos mediante
albergues y casas de misericordia, o las organizaciones religiosas con sus hospitales
eclesiásticos.

La Iglesia era quien fundamentalmente se ocupaba de la atención de pobres y


marginados (ayudada por los nobles) y ejercía una notable influencia en la vida civil, en
la filosofía, en la cultura, en el derecho y en las instituciones.

Surgieron las primeras leyes respecto a la pobreza, que buscaban impedir la mendicidad
al pobre ya que la pobreza “molestaba a la colectividad”. Cabe nombrar el “Catalogo de
los pobres”, confeccionado por la Iglesia, que tendría vigencia hasta la última Ley de
Beneficencia y que se crearía como sistema de registro donde debían figurar todos los
pobres con derecho reconocido a pedir limosna.

Algunas normas que se desarrollaron al respecto fueron:

- El Fuero extenso de Jaca (S.XII).


- El Fuero Juzgo (S.XIII).
- El Fuero de Salamanca (S.XIII).
- El Fuero Real de España (S.XIII).
- El Código de las Siete Partidas (S.XIII).

Se crean establecimientos como hospicios, casas de expósitos, de misericordia, de


orfandad… y hospitales, considerándose éstos como el sistema central de atención a los
pobres y permaneciendo en España hasta el Siglo XVIII en el que comienzan a
diferenciarse las instituciones.

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1.3. Beneficencia
Edad Moderna

En la Edad Moderna (S.XV – principios del S.XIX) el Renacimiento supuso el progresivo


abandono del “geocentrismo medieval” encaminándose a una concepción
antropocéntrica y más humanista del mundo.

Con el pensamiento social renacentista, comienza el debate sobre el significado de


pobreza y de las formas de respuesta ante las situaciones sociales.

Aparece un nuevo grupo social “los vagabundos”, que viven de las limosnas y se
trasladan a las ciudades atraídos por el auge económico. El asentamiento de estos
grupos y la creencia de su rechazo al trabajo supuso un choque con el ideal que
comenzaba a surgir, poniendo el acento en el trabajo como medio para luchar contra el
hambre.

Progresivamente se va reduciendo la protección feudal y eclesiástica, comenzando a


tomar cuerpo la beneficencia pública, pudiéndose enmarcar en el siglo XVI, aunque en
España se asentaría más tarde.

A diferencia de la caridad, la beneficencia no es ejercida por la Iglesia o por los


ciudadanos de clase alta, sino que el protagonismo principal pasa a ser de los
ayuntamientos.

La beneficencia se concibe como la aportación de prestaciones graciables, de


subsistencia, para los necesitados, financiada con fondos públicos y privados. Aparece
ya la intervención pública, aunque es todavía escasa, con el objeto de reprimir la pobreza
y la mendicidad. Un rasgo fundamental de ésta es que no genera derechos, es decir, no
existe derecho a obtener la prestación.

En esta época surge la polémica sobre la pobreza con aportaciones de tratadistas


como Juan Luis Vives, Domingo de Soto o Juan de Robles, entre otros, cuya influencia
fue decisiva en los siglos sucesivos.

Juan Luis Vives, en el “El Socorro de los Pobres” (1526), teorizó un nuevo constructo de
la pobreza y planteó el problema de un modo diferente. Percibió la pobreza como un
fenómeno social derivado de las desigualdades sociales e impulsó la responsabilidad
política de los poderes públicos para erradicar la pobreza. Su doctrina se aplicó en Brujas
(Bélgica) mediante un Edicto que prohibiría la libre mendicidad callejera.

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Domingo de Soto, cuestionó el pensamiento de Vives sobre la pobreza, en su obra
“Deliberación de la causa de los pobres” (1545). En ella sostuvo, que la mendicidad debía
ser entendida como una máxima religiosa, tal y como se contemplaba en la Edad Media.
Desde este pensamiento, Soto impugnó la pragmática de Carlos I, “la Real Carta y la Real
Instrucción de 1540”, en la que se prohibió la mendicidad.

Juan de Robles, escribió “De la orden que en algunos pueblos de España se ha puesto
en la limosna, para remedio de los verdaderos pobres” (1545). Fue el precursor en
España del establecimiento de un sistema organizativo para remediar la pobreza, su
obra es una respuesta a la obra de Domingo Soto. No rechazó la caridad ni la limosna,
pero comprendió que la Administración debía garantizar la limosna al que realmente la
necesitase.

A nivel legislativo, cabe destacar:

- Las Cortes de Valladolid (1523).


- La Real Carta y la Real Instrucción de Carlos I (1540).

A nivel administrativo, cabe destacar Cédula de Pedir que exigía la licencia para
mendigar, la ayuda domiciliaria a los pobres vergonzantes y la acción supervisora y
sancionadora del poder público.

El siglo XVII parece una continuidad del anterior, pero se observan cambios. La pobreza
se vincula con los problemas globales de la sociedad española, considerándose como
consecuencia del Gobierno y por ello, de responsabilidad pública.

Reinado de Carlos III


Durante el reinado de Carlos III (1759 – 1788) se produce en España una transición hacia
un sistema público de beneficencia. Apoyado por el pensamiento humanista ilustrado,
Carlos III se propuso abordar el fenómeno social de la pobreza desde la Administración
Pública, mediante el desarrollo de una red de “Servicios Socio-Asistenciales”.

Esta red se apoyó en:

- El carácter público.
- La función educativa y rehabilitadora.
- El trabajo como medida más eficaz de actuación contra la pobreza.
- La coordinación de los Servicios públicos y privados.

Durante su reinado, Carlos III desarrolló este modelo social en el municipio de Madrid,
distinguiendo ocho “Cuarteles Administrativos”, que se encargaron de la atención a las
necesidades derivadas de la pobreza.

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En este contexto, cabe destacar la creación de las siguientes instituciones:

> La Junta General de Caridad. Fue creada mediante “Real Orden de 12 de julio de
1778”, en respuesta al modelo del Consejo de Caridad establecido en los países
europeos en el siglo XVII.

> Las Diputaciones de Barrio. Creadas mediante “Auto del Consejo de 30 de marzo
de 1778”, con el objeto de aliviar y socorrer a jornaleros, pobres, desocupados y
enfermos convalecientes, cuyo cuidado y vigilancia no es posible que recaiga
solamente en el Alcalde de Barrio.

> El Fondo Pío Beneficial. El papa Pío VI autorizó al Rey percibir una parte de los
beneficios eclesiásticos para su destino a la fundación de casas de misericordia
en las diócesis, así como para establecimientos de enseñanza y corrección.

> Los Servicios especializados. Las instituciones asistenciales más comunes fueron
los hospicios, las casas de misericordia, los albergues y los hospitales.

Tras la Revolución Francesa, con la nueva sociedad que surge desde los principios de
“igualdad, fraternidad y libertad” comienza a considerarse al marginado como un
ciudadano más con derechos y deberes. Se comienza a observar una acción benéfico-
asistencial, pero España no se incorporará a esta forma de protección hasta el S. XX.

Edad Contemporánea

El comienzo de la edad contemporánea en España podríamos enmarcarlo en la Guerra


de la Independencia Española entre 1808-1814.

En estos momentos la Constitución de Cádiz (1812) supuso un cambio radical en la


configuración del sistema público de atención al necesitado y planteó una serie de
obligaciones en el terreno de la asistencia social para los ayuntamientos y diputaciones
provinciales.

El Liberalismo surge como rebelión de la sociedad contra el Estado Absolutista,


basándose en “la igualdad de todos los seres humanos”.

En España, el Liberalismo propició un hecho importante para la transición a la


beneficencia: la desvinculación de mayorazgos y patronazgos y la desamortización de
bienes eclesiásticos.

La economía se vio afectada al producirse un fuerte incremento en el desarrollo de la


industria y al aceptar el Estado el principio de libertad como móvil más poderoso de la
industria privada.

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En este contexto, Gonzalo Anes clasificó cuatro grupos en los que se fueron formando
como grupos sociales no integrados: el campesinado (labradores, pastores y jornaleros),
los oficios de mecánicos viles, los extranjeros en minorías no integradas (judíos, gitanos,
esclavos y cautivos) y los vagos y maleantes.

La pobreza continuó teniendo un gran peso en la estructura social y económica del país,
considerándose el trabajo como medida más idónea para actuar sobre ella.

Durante el liberalismo, tiene lugar un hecho trascendental para la historia de la


beneficencia en España, se trata de la promulgación de la primera Ley de Beneficencia
(6 de febrero de 1822), que regularía todo lo referente a esta materia, sirviendo como
base para la futura legislación. Su importancia fundamental se debe a que representó el
paso definitivo de la beneficencia en manos de la Administración, sin embargo, no tuvo
tiempo de llevarse a la práctica y un año después fue abolida.

Años después, concretamente el 20 de junio de 1849, se aprobó la Ley de Beneficencia


de 1849, cuyo reglamento de ejecución sería aprobado el 14 de mayo de 1852 y que
definiría la beneficencia con un carácter público, correspondiendo su dirección al
Gobierno y emergiendo así el principio de centralización de la acción benéfica.

Se constituyó un sistema de protección social, interrelacionado y coordinado entre los


órganos administrativos que se fueron creando (Junta General, Juntas Provinciales y
Municipales), con la participación de personal civil, eclesiástico, facultativo y vocales
nombrados por el alcalde.

> De la Junta General dependieron los “Establecimientos Generales” destinados


a satisfacer las necesidades permanentes (locos, sordomudos, ciegos,
impedidos…).
> De las Juntas Provinciales, los “Establecimientos Provinciales”, que atendían a
personas con enfermedades comunes y pobres incapaces para el trabajo, las
casas de misericordia, las de maternidad y expósitos y las de huérfanos y
desamparados.
> De las Juntas Municipales, los “Establecimientos Municipales”, destinados a
socorrer las enfermedades accidentales, a transportar a los pobres a
Establecimientos Provinciales o Generales, a la atención domiciliaria, etc.

La beneficencia fue financiada en este momento por un fondo patrimonial común,


compuesto por bienes de naturaleza pública (presupuestos) y privada (fundaciones,
rentas y limosnas).

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Las prestaciones asistenciales que se otorgaron en este periodo tenían por finalidad
satisfacer las necesidades más inmediatas de la vida: asistencia sanitaria, habitación,
sustento y vestido.

Algunos de los establecimientos que reguló el Reglamento de 1952 fueron: los


hospitales de enfermos, de convalecientes, de impedidos y decrépitos; las casas de
dementes; los hospicios y las casas de misericordia; las casas de huérfanos, las de
maternidad, las de expósitos, etc.

1.4. Seguros Sociales


En la Revolución Industrial del S.XIX podemos enmarcar el inicio de los Seguros Sociales.

La industrialización modificó la composición de las familias y la sociedad, cambiando las


formas de protección social, que hasta el momento habían sido cubiertas por la caridad
y la beneficencia.

Los seguros sociales nacen con el objeto de eliminar las causas del descontento de la
clase trabajadora y propiciar la estabilidad del Estado (Bismarck, Alemania).

En España su origen podríamos enmarcarlo en la creación de la Comisión de Reformas


para la mejora de la clase obrera (1883), el Instituto de Reformas Sociales (1903) y el
Instituto Nacional de Previsión (1908).

El seguro social se fundamentó en el ahorro colectivo que realizaban las mismas


personas que podían llegar a ser pobres a causa de riesgos imprevisibles, como
enfermedad, incapacidad laboral o desempleo; o previsibles, como la vejez y la
jubilación.
Este nuevo sistema se fue sustentando en torno al concepto de “obligación bilateral del
Estado y del individuo”, al que solo se le concedía la prestación si previamente había
cotizado. Es decir, el derecho subjetivo a percibir la prestación lo obtenía el trabajador,
independientemente del requisito de necesidad; distinguiéndose así de la beneficencia
y la caridad.

A lo largo del siglo XX, los seguros sociales pasan de un sistema de “Previsión Individual”
a un sistema de “Seguridad Social”.

En su comienzo sólo se aseguraba a determinados beneficiarios, como trabajadores de


la industria y los servicios, extendiéndose posteriormente a trabajadores del campo y
trabajadores independientes.

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El carácter contributivo estricto de estas prestaciones se extendió más tarde a las
prestaciones asistenciales, de concesión graciable, hasta llegar a la situación actual.

Los Seguros Sociales tuvieron una aparición paulatina en el tiempo, destacándose: el


Retiro Obrero (1919), el Seguro de Maternidad (1929), el Seguro de Accidentes de
Trabajo (1932), el Seguro de Enfermedades Profesionales (1936), los Subsidios
Familiares (1938) y el SOVI (1939).

Las prestaciones de la modalidad contributiva, exigibles solo para los asegurados,


fueron:

- Asistencia sanitaria.
- Recuperación funcional.
- Prestaciones económicas en periodos de incapacidad temporal.
- Subsidios de larga enfermedad.
- Pensiones de invalidez, vejez, viudedad, orfandad…

En 1954, junto a las anteriores, se introducen las prestaciones relacionadas con el


Mutualismo Laboral: prórrogas de larga enfermedad, créditos laborales…

En el año 1959 se aprobó el “Decreto 931/1959, de 4 de junio, por el que se refunden


normas y extendiendo la participación de las Empresas en la Administración Delegada
de los Seguros Sociales de Enfermedad, Vejez e Invalidez y Subsidios Familiares”.

Posteriormente se avanzó hacia un intento de organización más sistemática mediante


la creación de la estructura aprobada en la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963,
cuyo Texto Articulado se publicó en 1966; que incluiría las prestaciones de asistencia
social, así como las prestaciones específicas de Servicios Sociales en relación con la
tercera edad y los minusválidos.

1.5. Asistencia social pública

El concepto de Asistencia Social pública aparece en España en el primer tercio del siglo
XX. En la Constitución de 1931 se distingue entre seguro social y asistencia social,

diferenciándose la asistencia social pública de la beneficencia particular. Se observa,


además, una clara tendencia a la secularización y a la descentralización.

Para paliar las consecuencias de la contienda, se aprobaron normas que reorganizarían


los establecimientos benéficos.

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En el bando nacional, en 1936, se creó el Auxilio de Invierno, como institución de ayuda
a los necesitados en las llamadas “zonas liberadas”.

En 1940 fue sustituida por el Auxilio Social, que nació en un contexto de “política
nacional-sindicalista”, con la pretensión de centralizar la acción social en España. Sus
fines se centraron en la prestación de asistencia (alimentación, vestido, albergue) a los
indigentes y a quienes se encontraban en situación temporal de pobreza.

En la década de los 60, tomó fuerza en un contexto de desarrollo económico donde


emergía la solidaridad y la necesidad de obtener un bien común; definiéndose como una
actividad de carácter público, financiada con cargo a ingresos públicos y con base en el
principio de solidaridad, como sistema complementario a los seguros sociales, a favor de
los colectivos económicamente más débiles.

El paso de la beneficencia pública al de asistencia social, se reflejaría en la creación o


modificación de los diferentes órganos administrativos:

- Se estableció el Fondo Nacional de Asistencia Social en 1960, con el objeto de


favorecer el mantenimiento de las condiciones de vida de la población española
mediante diversas dotaciones (residencias de menores y ancianos, guarderías…).
- Se suprimió la Dirección General de Beneficencia y Obras Sociales y se creó la
Dirección General de Política Interior y de Asistencia Social en 1967.

- Se creó la Dirección General de Auxilio Social, dentro de una reorganización del


Ministerio de Gobernación en 1974, y el Instituto Nacional de Asistencia Social,
autónomo del Ministerio de la Gobernación.

Las prestaciones que otorgaría el Auxilio Social iban dirigidas a la protección de la


infancia a través de instituciones de externado e internado y la protección a ancianos e
indigentes adultos.

1.6. Bienestar social


El inicio del Estado del Bienestar podríamos enmarcarlo en el S.XX a raíz de la Segunda
Guerra Mundial, donde se otorgaría un papel creciente a los Servicios Sociales,
orientados hacia la prevención y la calidad de vida.

En España, el franquismo supondría un retraso en la implantación de los Servicios


Sociales respecto de otros países, predominando una actitud paternalista y coexistiendo
diferentes sistemas de protección.

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El bienestar social se iría fraguando con el cambio de mentalidad pasando del concepto
de caridad al de solidaridad, de la beneficencia a los servicios sociales, como
reconocimiento de la obligación natural que los individuos y los grupos humanos tienen
de contribuir al bienestar, especialmente de los que tienen mayor necesidad.

El tránsito de una Seguridad Social para los trabajadores a una Seguridad Social para
todos los ciudadanos se configura con la consolidación del Estado de Bienestar.

El derecho a “las pensiones, la sanidad, el desempleo, la educación, la cultura y otros


servicios públicos” aplicado al conjunto de los ciudadanos y no sólo a los trabajadores,
definirían la política de bienestar social como sello de identidad de las democracias
europeas más avanzadas.

Desde este precepto, se comenzó a considerar que todos los ciudadanos tendrían los
mismos derechos a lograr unas determinadas cotas de bienestar, por ello, cuando
existen colectivos que no pueden acceder a esas cotas, se ponen en marcha mecanismos
correctores que tratan de solucionar esta situación.

Se comenzó a intervenir desde una mirada macrosocial, asumiendo que los problemas
son sociales y afectan por ello a grupos y comunidades, para mejorar el medio social y
las condiciones de vida negativas para determinadas personas, actuando sobre aquellos
aspectos que generan las necesidades.

Con esta nueva concepción, las políticas se encaminaron a desarrollar los principios de
“prevención, promoción de la autonomía personal e integración social”, con medidas de
acción positiva para la igualdad de oportunidades.

Se inicia un proceso de superación de políticas sociales marginales, cuyos antecesores


gremiales generaron en unos casos una sobreprotección paternalista y en otros una
marginación institucionalizada.

Cabe destacar como punto de inflexión en España la aprobación de la Constitución


Española de 1978, que contendría un mandato expreso para que los poderes públicos
realizasen una función promocional del bienestar social; estableciendo en su art. 1 que:
“España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna
como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y
el pluralismo político”.

En su art. 148, recoge las competencias que las Comunidades Autónomas deberían
asumir, entre ellas la “Asistencia Social”, de tal modo que posteriormente se irían
aprobando los Estatutos de Autonomía y las leyes de servicios sociales autonómicas para
configurarse y asentarse en las diferentes CCAA el Sistema Público de Servicios Sociales.

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2. Estratificación, clases sociales y su evolución
A lo largo de la historia, en las diferentes sociedades, han coexistido diferentes clases
sociales observándose una desigualdad entre los individuos por motivos de riqueza,
poder o estatus social.

En las sociedades preindustriales se creía que esta desigualdad era consecuencia innata,
natural; durante la Edad Media se asociaba a causas divinas, la riqueza se entendía como
una virtud cristiana; mientras que, a partir del Siglo XVII se comienza a extender el
concepto de igualdad como condición natural de las personas, de este modo, se
comienzan a buscar razones de tipo político, económico o social para entender la
desigualdad.

La estratificación social según la Sociología se entiende como las desigualdades


estructurales que existen entre diferentes tipos de individuos según la categoría a la que
pertenecen, los roles que desempeñan o la posición que ocupan.

Generalmente desde la Sociología se ha usado el concepto de estratificación social para


referirse al sistema en que una sociedad clasifica a los grupos de personas de una
manera jerárquica, basándose en cinco principios básicos:

- Es una característica de la sociedad, no simplemente un reflejo de las diferencias


individuales.
- Persiste a través de las generaciones.
- Es universal pero variable.
- Hace referencia a las desigualdades y a las creencias.
- Genera identidades compartidas que ubican a las personas en categorías
sociales diferentes.

Históricamente, la jerarquía social que ocupaban las personas se medía en función de


su posición social y económica. Recientemente, los sociólogos han constatado que
además de esta posición, existen diferencias entre las personas por razón de género,
etnia o edad, que sitúan a las personas en jerarquías diferentes por sus posibilidades
para llevar a cabo sus aspiraciones y deseos.

Los sistemas clásicos de estratificación social son:

> La esclavitud, es una forma extrema de desigualdad social donde unos


individuos son propiedad de otros, transformándolos en mercancías que
pueden comprar y venderse. Aunque ya no existe en sus formas clásicas, aún
existen casos de esclavitud en algunas partes del mundo. Algunos autores,
como Kevin Bales (científico social inglés) sostiene que la esclavitud moderna

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difiere de la tradicional en que los esclavos ya no son propiedad, pero se ejerce
una violencia directa sobre ellos condenándoles a la explotación económica.
Entre ellos, incluye casos como: trabajos forzados, esclavitud por deudas,
prostitución o matrimonio servil.

> Los estamentos o sistema feudal, también denominados estados o estratos,


componían la organización social de la época medieval (nobles, cleros y
campesinos), basándose principalmente en la sangre y la condición social
heredada. Del primero al último los privilegios y el estatus iba disminuyendo y
la movilidad de un estamento a otro era escasa.

> Las castas, se constituyen como un sistema de estratificación social basado en


el estatus heredado o adscriptivo de las personas. Es un sistema rígido y
cerrado, ya que el nacimiento determina el destino, independientemente de
los méritos. Las castas tradicionalmente estaban ligadas a la ocupación, de tal
modo que las generaciones en una familia desarrollaban el mismo trabajo; no
permitían matrimonio entre personas de distinta casta, en ese caso la
jerarquía social no podría persistir; guiaban la vida diaria de los integrantes de
la casta, de tal modo que siempre se rodeaban de “los suyos”; y estaba
fuertemente arraigadas en la cultura tradicional de la sociedad.

> Las clases sociales. Con la industrialización, se sustituyó el sistema de castas


por el sistema de clases sociales. Este sistema de estratificación social se
vinculada con la desigual distribución de la riqueza, el poder y el prestigio. Es
relativamente más abierto, puesto que los cambios de posición social de las
personas son más frecuentes, influyendo en este sentido la educación, los
títulos o los certificados profesionales. En las sociedades industriales se cree
que todas las personas tienen los mismos derechos a ocupar una posición o
lugar privilegiado en la sociedad, sin embargo, siguen existiendo desigualdades
sociales.

En las sociedades occidentales, se distinguen tres tipos de clases sociales: la clase alta,
la clase media y la clase obrera.

La clase alta se constituye por un número relativamente pequeño de personas con


propiedades como tierras, inmuebles, capital financiero o grandes industrias. Sin
embargo, hoy en día las tierras han perdido prestigio y, por tanto, no se consideran
como riqueza.

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La clase media se compone de las personas que trabajan en diferentes ocupaciones
distinguiendo entre: la vieja clase media (pequeños negocios, propietarios de comercios
locales o del campo), la clase media alta (quienes ocupan posiciones de gestión en las
empresas y profesiones liberales) y la clase media baja (siendo heterogénea, entre ellos,
maestros, oficinistas, enfermeros, etc.).

Con el desarrollo del sector terciario de la economía y los servicios, el empuje de la


administración pública y la incorporación de la mujer, a lo largo de los años en los países
occidentales ha ido creciendo el conjunto de la clase media.
La clase obrera se compone por los que trabajan en ocupaciones manuales, aunque
también hay diferencias en función de su cualificación: la clase obrera alta (trabajadores
más cualificados con rentas y condiciones laborales superiores) y la clase obrera baja
(trabajadores semicualificados o que no requieren cualificación y gozan de rentas
inferiores).

A lo largo de los años, en los países occidentales, ha ido disminuyendo la clase obrera
tras la continua introducción de maquinaria, el crecimiento de las industrias y las nuevas
tecnologías que han sustituido la mano de obra.

Algunos autores dicen que en la clase obrera ha surgido un “aburguesamiento”, de tal


modo que el estilo de vida de las personas que la integraban ha cambiado, pareciéndose
más al estilo de vida de los de clase media.

Por último, deberíamos mencionar la infraclase, se trata de aquella que se compone por
los trabajadores de minorías étnicas, que se encuentran en una pobreza persistente o
sufren desempleo de larga duración, los sintecho, los que dependen únicamente de las
ayudas del Estado, los ancianos con precariedad económica, entre otros, es decir, la
pobreza.

Los expertos distinguen entre pobreza absoluta, en la que se encuentran las personas
que carecen de los requisitos básicos para gozar de una buena salud (como alimento o
cobijo), una carencia de recursos que resulta una amenaza para la vida; y pobreza
relativa, en la que se encuentran las personas que carecen de cosas específicas como,
por ejemplo, luz o gas.

3. Consecuencias sociales. Pobreza y desigualdad


La pobreza es entendida a menudo como la ausencia de ingresos, un indicador bastante
común es el que propone la definición de las Naciones Unidas en la Cumbre del Milenio
considerando que “una persona es pobre si se encuentra por debajo del umbral del

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ingreso diario de 1 dólar”. Sin embargo, el economista Amartya Sen afirma que la
pobreza “ha de ser considerada como la privación de las capacidades básicas y no
simplemente como la falta de ingresos”.

De este modo, se entiende que un país debería avanzar y reducir la pobreza si sus
habitantes gozan de una buena salud, una buena educación, una buena vivienda y
tienen acceso a los servicios públicos sin que exista discriminación o desigualdad.

Se puede afirmar que “la pobreza en los países pobres está más extendida que los países
ricos”. Ahora bien, en los países desarrollados las cifras varían de un país a otro en
función de sus características y a lo largo de los años.

Como hemos visto a lo largo del tema, la pobreza ha sido un signo de preocupación para
la sociedad y el Estado, llevándose a cabo medidas y alternativas para erradicarla.

En España, el Estado de Bienestar ha pretendido hacer frente a los procesos de


desigualdad, pobreza y exclusión social; generando un estado de derecho y de igualdad
de oportunidades, tal y como nuestra Constitución Española recoge.

Sin embargo, la pobreza y la desigualdad sigue estando latente en nuestros días. Para
algunos sectores, la falta de oportunidades en diferentes dimensiones tiene relación con
la desigualdad del modelo distributivo español, un modelo muy vulnerable desde hace
años.

El modelo de distribución de renta genera desigualdad, viéndose aumentada en los


periodos recesivos. El análisis de la desigualdad y la pobreza confirman la debilidad de
nuestro modelo distributivo: alta desigualdad en las rentas primarias y capacidad de
redistribución decreciente. Con ello, la experiencia muestra que, sin una alta inversión
en recursos sociales, la pobreza aumenta pudiendo convertirse en algo estructural.

En este sentido, se destacan los altos niveles de desigualdad salarial, la limitada


capacidad redistributiva del sistema de impuestos y un modelo de prestaciones
pequeño, que ha sido poco protector en el tiempo. Se afirma que el núcleo central de la
sociedad española, a la que se denomina “integración plena”, es ya una estricta minoría.

El año 2008 marcó el comienzo de una crisis económica que para algunos no ha
acabado. “En otras palabras, si la crisis duró tres años para el 50% de la población con
mayores ingresos, para el 25% más pobre lleva ya nueve años” (Informe AROPE 2019).
Desde entonces, se han creado nuevas desigualdades sociales y también se han
acentuado las que ya existían. El “Informe AROPE (2019) sobre el estado de la pobreza
en España” destaca, entre otras cosas, que la reducción de la pobreza ha sido mínima
en estos últimos años y que en 2019 había un 50% más de personas viviendo en la

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pobreza extrema en España que en 2008. Con relación a la renta, los datos muestran
que la desigualdad aumentó de manera sostenida tanto en la época de crecimiento
económico como a lo largo de la posterior crisis. Con respecto al resto de países
europeos, se constata que la desigualdad en España es muy elevada y se incrementa
más rápidamente.

En los años posteriores (2021), y como consecuencia de la crisis sanitaria y económica


producida por la COVID-19, el 26.4% de la población española (12.5 millones de
personas) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. Este hecho, también
ha repercutido en el incremento en un 50% de la población que se encuentra en una
situación de privación material severa (según EAPN-ES1). Motivadas por esta crisis, se
desarrollaron medidas como el Ingreso Mínimo Vital o el incremento del salario
mínimo interprofesional, que han contribuido a paliar las consecuencias de la COVID-
19, pero sus efectos sobre la pobreza y exclusión social más severas todavía no se ven
reflejados.

En 2022, las estadísticas revelan que un 33.4% de la población no puede asumir gastos
imprevistos y se ha incrementado a un 27.8% la población española que se encuentra
en riesgo de pobreza o exclusión social para personas menores de 18 años2 (13.1
millones de personas). Cabe mencionar que a aumentado la cantidad de personas en
situación de pobreza pese a que tienen un empleo y estudios y que el 14.3% se
encuentran en situación de pobreza energética por no poder mantener su vivienda a
una temperatura adecuada durante los meses de invierno (consecuencia de la guerra
de Ucrania).

La crisis se ha traducido en falta de empleo, altas tasas de paro, falta de recursos para
personas en riesgo de exclusión y un aumento de la pobreza. Además de ello, hay ciertos
colectivos más vulnerables que han notado más los efectos de esta desigualdad, como
los niños, los jóvenes desempleados, los mayores, las mujeres o los inmigrantes.

Según datos del Informe “Infancia, Pobreza y Crisis Económica” de la colección de


estudios de la Caixa, uno de cada 10 niños es pobre severo, lo que significa que su familia
vive con menos de un tercio de la renta media.

Los últimos datos muestran la urgencia de adoptar medidas desde las políticas públicas.
La pobreza, la exclusión social y la desigualdad en España constituyen problemas

1
Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Españo l.
2
La tasa general de riesgo de pobreza para 2022, disminuyó en 1.3 puntos con respecto a 2021, es decir,
en 2022 el porcentaje ascendía a 20.4% y en 2021 fue de 21.7%. Para ver los distintos índice anuales
consultar: https://datosmacro.expansion.com/demografia/riesgo-pobreza/espana

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profundos y multidimensionales; tratándose de fenómenos estructurales como
resultado del sistema de organización de la sociedad y sujetos al marco de referencia
político, económico y cultural.

Del conjunto de reformas que están acometiendo los países de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), tres se relacionan directamente con los
Estados de Bienestar: la reforma de las pensiones, la reforma de los sistemas sanitarios,
y la marginación de la protección social.

En España, la EAPN-ES (Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en


el Estado Español) configurada como una red de ONG comprometidas por la inclusión
social de personas que sufren pobreza y exclusión social, ha propuesto establecer un
sistema de rentas mínimas e incidir especialmente en las personas sin hogar con el fin
de mejorar la situación ante la que se encuentra el país.

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Referencias
- Martínez, S. L. M. (2020). El perfil de la pobreza en España: una radiografía
económica y sociológica. III Congreso Virtual Internacional sobre Economía
Social y Desarrollo Local Sostenible (febrero 2020).

- Barómetro social de España. Protección Social. Disponible en:


https://barometrosocial.es/proteccion-social (18/07/2023).

- European Antipoverty Network (2020). El estado de la pobreza: seguimiento


del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008-2020. Informe.

- European Antipoverty Network (2021). El estado de la pobreza: seguimiento


del indicador de pobreza y exclusión social en España 2021. Avance de
resultados junio 2022. Informe.

- Martín-Serrano Jiménez, E. (Coord.) (2019). El Sistema de Protección Social en


España 2018. Cuadernos de Información Sindical, 58. Confederación Sindical de
Comisiones Obreras.

- Net, S. S. (2007). La última red de protección social en España: prestaciones


asistenciales y su activación. Política y Sociedad, 44(2), 115-133.

- Recuperado de: https://datosmacro.expansion.com/demografia/riesgo-


pobreza/espana (01/08/2023).

- Sáez Lara, C. 2018. Presente y futuro de la Protección Social en España.


Disponible en: https://revista.seg-social.es/-/presente-y-futuro-de-la-
protecci%C3%B3nsocial-en-espa%C3%B1a (28/07/2023).

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