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Tercer Viaje de Pablo: Evangelización y Bautismo

La lección 12 se centra en el tercer viaje evangelizador de Pablo, donde fortalece a las iglesias en Galacia y Frigia, y se encuentra con Apolos, quien es instruido por Priscila y Aquila. Pablo también realiza milagros en Efeso, donde enfrenta la oposición de los exorcistas y provoca un alboroto debido a la amenaza que su predicación representa para la industria de ídolos. A través de estos eventos, se destaca la importancia del verdadero bautismo y la relación auténtica con Dios en la vida cristiana.

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Tercer Viaje de Pablo: Evangelización y Bautismo

La lección 12 se centra en el tercer viaje evangelizador de Pablo, donde fortalece a las iglesias en Galacia y Frigia, y se encuentra con Apolos, quien es instruido por Priscila y Aquila. Pablo también realiza milagros en Efeso, donde enfrenta la oposición de los exorcistas y provoca un alboroto debido a la amenaza que su predicación representa para la industria de ídolos. A través de estos eventos, se destaca la importancia del verdadero bautismo y la relación auténtica con Dios en la vida cristiana.

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Lección 12

"TERCER VIAJE EVANGELIZADOR DE PABLO"

Antes de comenzar esta lección, lea con cuidado Hechos 18:23-21:40.

Al final de esta lección hemos incluido un mapa que muestra la ruta de los
misioneros. Sugerimos que el estudiante lo consulte a medida que se mencionan
las distintas ciudades y lugares por donde pasaron en este viaje.

COMIENZO DEL VIAJE

(Lea Hechos 18:23). Después de los dos primeros viajes evangelizadores,


Pablo volvió a Antioquía de Pisidia, la ciudad que le había servido como "base
de operaciones". Allí compartió con los cristianos las buenas noticias de
la obra que había realizado Dios por medio de sus siervos. Parece que
pasó algún tiempo en aquella ciudad animando y fortaleciendo a todos los
miembros de la iglesia.

Con pocas palabras, Lucas describe el viaje de Pablo, en el que parte de


Antioquía y recorre las regiones de Galacia y Frigia. Esta visita de Pablo
fue para algunas de las congregaciones, la tercera, y para otras, la segunda.
Aunque aparentemente estuvo poco tiempo en cada localidad, Pablo iba
"confirmando a todos los discípulos". Entendemos con la palabra "confirmando",
que Pablo los animó y les enseñó, haciéndolos así más fuertes y firmes en
su fe en el Señor. No tiene nada que ver con la práctica moderna de la
"confirmación". A lo mejor, tranquilo con respecto a la estabilidad de la fe de
los hermanos de la región, Pablo se sintió más libre para aceptar la
invitación que los judíos de Efeso le habían extendido (18:20) para que se
quedara un tiempo con ellos enseñándoles el camino del Señor.
APOLOS
(Lea Hechos 18:24-28). Apolos era un hombre elocuente y de estudios, "natural

1
de Alejandría" de Egipto. Siendo de familia judía había estudiado mucho las
"Escrituras", o sea, el Antiguo Testamento. Aparentemente Apolos había oído
las enseñanzas acerca de Jesucristo en su ciudad nativa. Ignoramos de quién
aprendió. Lo cierto es que "solamente conocía el bautismo de Juan"
(versículo 25). Como muchos hoy en día, Apolos era un hombre sincero,
honrado y conocedor de las Escrituras, pero en cuanto al bautismo, estaba
equivocado.
Sin saber cuál fue la fuente de los conocimientos de Apolos acerca del
Señor, podemos afirmar lo siguiente: Priscila y Aquila le escucharon en la
sinagoga y se dieron cuenta del error de ese hombre que "enseñaba
diligentemente lo concerniente al Señor."
Por eso, "le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de
Dios". Evidentemente Apolos, al enterarse de la venida del Mesías, aceptó con
alegría esas aclaraciones de los colegas que Pablo había dejado allí
(versículo 19). Después de llegar a Grecia Apolos utilizó su sabiduría y elocuencia
para refutar "públicamente a los judíos demostrando por las Escrituras que Jesús
era el Cristo".
PRISCILA Y AQUILA
Esta última referencia que aparece en Hechos con respecto a Priscila y
Aquila podría ser una síntesis de su actitud firme en cuanto a la fe. Ellos
deben servir como excelente ejemplo para toda familia cristiana. Así como
hoy día muchos vivimos en constante circulación, ellos también se mudaban
frecuentemente según el trabajo y otras circunstancias les dictaban. A
través de Hechos y de las cartas de Pablo podemos trazar sus
movimientos de ciudad en ciudad: Roma a Corinto, a Efeso, de vuelta a Roma
y luego nuevamente a Efeso.
Es posible que ellos hayan conocido el evangelio en Roma por medio de
algunos de los mencionados en Hechos 2:10. Vimos en la lección 10 que
fueron arrojados de Roma y, por ende, se establecieron en Corinto (Hechos
18:12). De allí acompañaron a Pablo hasta Efeso donde se quedaron (Hechos
18:19). En Hechos 20:1-3 encontramos a Pablo en Grecia desde donde escribió
su carta a los Romanos. En dicha carta Pablo manda saludos a Priscila y a
Aquila, nuevamente establecidos en Roma, reconociéndolos como sus
"colaboradores en Cristo Jesús" (vea Romanos 16:1-5). Además, Pablo
menciona su valentía, agradece su ayuda y saluda a la iglesia que se reúne
en su casa. Años más tarde, mientras estaba encarcelado en Roma, Pablo
escribe a Timoteo que estaba en la ciudad de Efeso (II Timoteo 4:19). Aquí
notamos que los colaboradores de Pablo habían vuelto a Efeso. De todo esto
podemos sacar dos conclusiones:
Primeramente, Priscila y Aquila se mudaron varias veces igual que muchas
familias de nuestro siglo XX, un hecho muy llamativo. Lo que nos llama más
aún la atención es que siempre, siempre, llevaban el mensaje de Cristo por
dondequiera que iban. No eran "religiosos profesionales". Los dos trabajaban
para ganarse la vida, pero también trabajaban juntos en la obra del Señor,
como, por ejemplo, en el caso de Apolos. Querían compartir su fe y confianza
en Dios con los demás.

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En segundo lugar, ellos siempre ponían su casa a disposición de los hermanos
para las reuniones (vea Romanos 16:3-5 y I Corintios 16:19). Cuando Priscila y
Aquila se encontraban en una ciudad carente de una iglesia, ellos
seguramente, no permanecían solos por mucho tiempo. Al contrario, nos
imaginamos que al poco tiempo muchos convertidos al Señor les acompañaban
en las reuniones y el culto a Dios. Cuando cada familia cristiana muestre la
misma actitud y fe que ellos, la iglesia crecerá como en el primer siglo.
PABLO EN EFESO
(Lea Hechos 19:1-7). Pablo pasó por las regiones de Galacia y Frigia y llegó a
Efeso después de que Apolos había partido para Corinto. En aquel entonces,
Efeso era la capital de la provincia de Asia, y la más importante ciudad comercial
de la misma. Su puerto estaba situado en la ruta principal entre Roma y el
Oriente. Además, era importante por razones políticas y gozaba de muchos
privilegios, entre otros, tener su propio senado y asamblea cívica como otras
ciudades griegas libres. Había en aquel centro comercial una colonia grande de
judíos con su sinagoga.
Los efesios estaban muy orgullosos de su ciudad por el enorme templo que
habían construido dedicado al culto de la diosa Diana. Dicho templo que
medía 130 metros por 65 era una de las siete maravillas del mundo antiguo.
Cuando Pablo volvió a Efeso, se encontró con doce hombres que, al parecer,
habían conocido el evangelio por medio de Apolos (18:24-25), ya que, al igual
que éste, no conocían más que el bautismo predicado por Juan el Bautista.
Es evidente que dicho bautismo dejó de tener vigencia cuando entró en
vigor el bautismo "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo", instituido por Jesucristo después de su resurrección, pues Pablo afirma
que hay “…un (solo) bautismo..." (Efesios 4:5). Los doce discípulos habrían
recibido el bautismo de Juan cuando ya no tenía vigencia y, por eso, Pablo
los bautizó de nuevo, "en el nombre del Señor Jesús", o sea, con el bautismo
ordenado por Cristo.
Este ejemplo nos enseña que es posible confiar en un "bautismo" que
delante de Dios no tiene ninguna validez, porque no coincide con el bautismo
ordenado por Cristo y predicado por los apóstoles a partir del día de
Pentecostés. Para cumplir con el mandato de Cristo, hay que ser sumergido en
agua (pues el verbo griego baptizein, que se traduce por "bautizar", significa
"sumergir") y esto tiene que ser una expresión de fe y arrepentimiento del
que en ese acto se entrega personalmente al Señor (Colosenses 2:12; Gálatas
3:26-27; Hechos 2:38). De lo contrario, el acto carece de valor y, al igual que
aquellos doce discípulos, hay que recibir el verdadero bautismo cristiano.
En este pasaje nos damos cuenta nuevamente del importante papel del
Espíritu Santo dentro de la iglesia de Cristo. Como ya hemos visto, la iglesia
comenzó entre los judíos cuando los apóstoles fueron "bautizados" con el
Espíritu en el día de Pentecostés, y después se extendió a los gentiles cuando
el mismo fenómeno se registró entre la familia de Cornelio (Hechos 2:1-4;
10:44-48; 11:15-18). También hemos visto que el Espíritu viene a habitar en el
corazón de todo creyente en el momento de ser bautizado en agua (Lección 5,
comentario sobre Hechos 8:14-17). Pero con la pregunta: "¿Recibisteis el

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Espíritu Santo cuando creísteis?" parece que Pablo no se refiere a esta
última manifestación del Espíritu (que en todo caso se habría dado por
sentada), sino a esa manifestación sensible, que serían los "dones espirituales" (I
Corintios 12:1-11). Estos dones se comunicaban por medio de la imposición
de las manos apostólicas, y Pablo, al parecer, quería averiguar si los
discípulos habían recibido tales dones, que eran de tanta importancia para la
iglesia en su infancia. Cuando Pablo supo que la ignorancia de los discípulos
era más grande aún de lo que él había sospechado, los bautizó y luego les
impuso las manos. Los discípulos recibieron así el don de lenguas y el don de
profecía. Pablo habla detalladamente de la utilidad y del ejercicio de ambos
dones en I Corintios 14, dándole especial importancia al don de profecía, pues
por este medio la iglesia local tenía acceso infalible al mensaje inspirado de
Cristo. Los profetas de la iglesia primitiva ayudaron a los apóstoles en la
transmisión de la revelación cristiana, formando así parte del "fundamento" de
la iglesia (Efesios 2:19-3:7; 4:7-13).
PABLO ABANDONA LA SINAGOGA
(Lea Hechos 19:8-10). "Por espacio de tres meses" Pablo discutió en la
sinagoga con los judios, según su costumbre ya tratada en otras ocasiones.
Como solía ocurrir, algunos de los judíos provocaron tanto escándalo - hasta
maldijeron "el Camino delante de la multitud" - que Pablo abandonó la
sinagoga. Llevó a los discípulos y se estableció en la escuela de Tiranno.
Lo más probable es que ésta fuera una de las muchas escuelas de filosofía de
aquella época y que Pablo haya aprovechado el lugar fuera del horario normal
de actividad para hablar de Cristo. Allí siguió predicando y enseñando a todos
los que concurrían para aprender la Palabra de Dios, “…por un espacio de
dos años..." Los eruditos están de acuerdo en que Pablo escribió I Corintios
durante su estadía en Efeso.
EXORCISTAS FRUSTRADOS
(Lea Hechos 19:11-22). Dios utilizó a Pablo para realizar grandes milagros
entre los efesios: curaciones de los enfermos y exorcismos de los poseídos
por espíritus malos. En algunos casos, se realizaban mediante los paños y
delantales utilizados por Pablo. Esto nos hace pensar en la mujer que se
sanó por sólo tocar el manto de Jesús (Marcos 5:25-34; vea también 6:56) y
en los enfermos que se sanaron cuando la sombra de Pedro pasó sobre
ellos (Hechos 5:15). Debemos recordar que Pablo era apóstol y había
recibido un poder especial de Dios. Sin embargo, esto no tiene nada que ver
con los supuestos milagros realizados hoy en día por medio de reliquias y
otros objetos "sagrados".
En aquel entonces, Efeso era un centro de magos y exorcistas. Muchos
papiros antiguos que contienen fórmulas mágicas y otras supersticiones
parecidas existen hoy día, en museos de Londres y París. Nos imaginamos que
los "Judíos, exorcistas ambulantes" (versículo 13) observaron a Pablo efectuar
curaciones y exorcismos en el nombre del Señor Jesús y, por ende, concluyeron
que el nombre "Jesús" sería como una fórmula mágica. Pensaron que con
sólo pronunciar la palabra mágica "Jesús" ellos podrían realizar un exorcismo,

4
tal como habían visto a Pablo hacerlo. Parece que esa creencia inclusive
había penetrado en los círculos paganos ya que en uno de los papiros
mágicos de París, el número 574, encontramos lo siguiente: 'Te conjuro por
Jesús, el Dios de los hebreos" (línea 3019).
¡Qué sorpresa para los exorcistas ambulantes! En vez de obedecerles, el
hombre poseído por el demonio se echó sobre ellos y los dominó. Por fin
lograron huir "desnudos y heridos". A lo mejor, lo sucedido fue tan impresionante
que no dejaron de contarlo hasta que toda la ciudad se enteró y "tuvieron temor
todos ellos". Entonces, el Señor Jesús fue más respetado que nunca y
muchos se convirtieron a Cristo, dejando atrás sus prácticas negras.
Como resultado y demostración concreta de su verdadero arrepentimiento,
muchos juntaron sus libros de magia y "los quemaron delante de todos". El
valor de todos esos libros equivalía a todas las ganancias obtenidas durante la
vida de tres obreros. Los cristianos de Efeso eran bien conscientes de su
compromiso con Cristo y su responsabilidad como siervos de Dios. Así que, la
iglesia gozaba de un crecimiento rápido.
De este relato podemos sacar una lección muy útil. En nuestro mundo
muchas prácticas que se llaman "cristianas" son más bien prácticas mágicas y
supersticiosas. La simple invocación del nombre de Cristo no convierte a algo en
verdaderamente cristiano. El uso del nombre de Jesús como una fórmula
mecánica para implorar la intervención de Dios, no es una práctica cristiana. Es
muy posible rezar el "Padre Nuestro" sin pensar en el sentido que debería
tener. Jesús mismo dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el
reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos" (Mateo 7:21). La oración no es una manera de manejar a Dios para que
El haga nuestra voluntad cuando cumplamos con una "promesa". (La vida
verdaderamente cristiana consiste en una relación íntima y dinámica con Dios).
Después del mencionado episodio con los exorcistas, Pablo tomó la decisión
de llevar el evangelio hasta Roma. Hizo planes para "recorrer Macedonia y
Acaya" y, después de visitar Jerusalén, ir a Roma, la capital del Imperio
Romano.
ALBOROTO EN EFESO
(Lea Hechos 19:23-41). Antes de que Pablo partiera de Efeso, estalló un
alboroto de gran magnitud, "acerca del Camino", a instigación de los
plateros. Estos se ocupaban de la fabricación de templecillos dedicados a
la gran diosa madre del Asia Menor que la gente supersticiosa había
confundido con la diosa latina, Diana, que correspondía a la Artemisa de los
griegos. En realidad, Diana de Efeso no tenía nada que ver con
Diana/Artemisa que según se creía, era gran cazadora exquisita. Diana, la de
Efeso, era una imagen monstruosa toscamente labrada (algunos piensan que era
un meteoro) semejante a una mujer con muchos pechos. Esto representaba la
fertilidad y es así que se creía que era madre de los dioses y los hombres.
Como suele ocurrir donde hay un gran templo como el de Diana y mucha
superstición, la adoración a la "diosa" llegó a ser también un comercio, una
atracción turística. Los numerosos peregrinos que acudían a Efeso, compraban
templecillos y otros recuerdos de los artífices y cuando se iban, los sacerdotes

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también se habían enriquecido. Con razón, entonces, se enojaron los plateros
con Pablo y con lo que era para ellos una nueva religión monoteísta.
A medida que el cristianismo crecía en los centros paganos, menos entradas
percibían los artífices. Era lógico, entonces, que Demetrio sintiera temor ante la
predicación poderosa y convincente de Pablo acerca del único Dios verdadero
que NO habita en templos hechos por manos humanas (Hechos 17:24). Parece
que Demetrio y sus colegas se preocupaban más por las ganancias perdidas
(versículos 24-25) que por la devoción a su "diosa". Para convencer al pueblo
de que se levantara en contra de Pablo, fue necesario que el platero dijera que
peligraba su religión y el majestuoso templo dedicado al culto. Los artífices se
lanzaron a la calle gritando: "¡Grande es Diana de los efesios!" (Versículo 28).
El resto del pueblo se contagió y, en pleno alboroto, agarró a dos
compañeros de Pablo, Gayo y Aristarco (ya que no pudieron encontrarlo a
él), y todos se dirigieron al teatro donde solían concurrir para las asambleas
cívicas y municipales.
En medio de toda esa confusión, Pablo todavía quería presentarse
delante de la gente para defender su fe en Cristo, y a lo mejor, para
aprovechar la oportunidad de predicar al pueblo entero. “…los discípulos no le
dejaron. También algunas de las autoridades de Asia..." (Versículos 30-31) le
aconsejaron que no fuera al teatro. Aquellas "autoridades" representaban la
alta sociedad educada y culta que no compartía los sentimientos de la clase
supersticiosa que había concurrido. Lucas dice que “…la concurrencia estaba
confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido" (versículo 32).
Al parecer, el pueblo de Efeso no distinguía entre los cristianos y los judíos
ya que los dos grupos rechazaban la idolatría. Probablemente fue por eso
que los judíos quisieron que Alejandro hablara en defensa de la colonia judía
para desvincularla de Pablo. Pero para aquellos adeptos a Diana, un
monoteísta es un monoteísta, y no le permitieron siquiera hablar con sus
gritos; "¡Grande es Diana de los efesios!".
Después de gritar por dos horas, la multitud se calmó lo suficiente como
para que el escribano hablara. Muy diplomáticamente, aconsejó a todos que se
acordaran de que Diana, la gran diosa, tenía su templo en Efeso donde se
guardaba su imagen "venida de Júpiter" (versículo 35), hecho que no se podía
contradecir. Por ende, había que proceder cuidadosa y prudentemente.
Entonces, les dijo que los acusados NO habían blasfemado contra Diana.
Además, si los artífices tenían algo de que acusarlo, deberían presentarse
delante de las autoridades como correspondía. El escribano terminó,
astutamente, diciendo que si Roma se enterara, ellos mismos estarían en
apuros. Y así, muy tranquilamente, nos imaginamos, todos volvieron a sus
propias ocupaciones.
CONTINÚA EL VIAJE
(Lea Hechos 20:1-6). El estudiante se acordará de que anteriormente Pablo
había propuesto "ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya"
(19:21). Pablo se fue porque así lo había pensado de antemano.
Algunos han conjeturado que Pablo tardó más de un año en "recorrer
aquellas regiones" (versículos 1 y 2). Dicen que en aquella visita a Macedonia

6
pasó por la Vía Ignacia "hasta Ilírico" (Romanos 15:19). A lo mejor,
debemos entender que Pablo pasó la mayor parte de los tres meses "en
Grecia" en la ciudad de Corinto. Al parecer, fue en esta ciudad donde Pablo
escribió su carta dirigida a los Romanos. De todos modos, mientras estaba
allí, tomó la decisión de ir a Jerusalén en barco, pero los judíos lo estaban
acechando. Por eso, viajó por tierra pasando otra vez por Macedonia. Es
probable que haya escrito II Corintios mientras estaba en Filipos.
Debemos notar la lista de acompañantes de Pablo en el viaje a Jerusalén.
El no quería viajar solo ya que llevaba las ofrendas de varias iglesias
gentiles para los pobres cristianos judíos de Jerusalén (II Corintios 8:18-21).
Lucas se une al grupo en Filipos. Fíjese en el cambio a la primera
persona plural "nosotros" en el versículo 6. Los otros se adelantaron y
fueron hasta Troas donde esperaron la llegada de Pablo y Lucas antes de
comenzar juntos el largo camino a Jerusalén.
EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA
(Lea Hechos 20:7-12). En este pasaje Lucas nos habla de una reunión de los
cristianos de Troas, celebrada el "primer día de la semana", o sea, el
domingo. Algunos sostienen que se trata de una reunión extraordinaria con
motivo de la partida de los misioneros, pero en ese caso no tendría sentido
el hecho de que Pablo se quedara siete días (versículo 6). Es evidente
que querían quedarse para esa reunión que se hacía cada domingo, para
poder así disfrutar de la comunión cristiana con todos los hermanos.
Desde el comienzo de la iglesia, el "primer día de la semana", por ser el día
de la victoria de Cristo sobre la muerte, se ha dedicado a una reunión en
homenaje al Señor resucitado. Por eso se llama también "día del Señor"
(Apocalipsis 1:10). Esta relación entre la resurrección y la reunión dominical
ya está anticipada en Juan 20:1, 19, 26, donde el evangelista, con un énfasis
notable, ubica en el "primer día de la semana" tanto la resurrección como los
dos primeros encuentros del Cristo resucitado con los apóstoles. Después,
vemos a los discípulos de Jerusalén reunidos en el día de Pentecostés, que
siempre caía en domingo, según Levítico 23:15-16 (Hechos 2:1). Al igual que
en Troas, una reunión celebrada "cada primer día de la semana" por las
iglesias de Galacia y de Corinto está implícita en las instrucciones de Pablo
con respecto a la ofrenda (I Corintios 16:1-2).
El propósito de la reunión en Troas era el de "partir el pan", expresión judía
que equivale a "comer", pero aquí, como en Hechos 2:42, se refiere sin duda a
la Cena del Señor, aquella comida fraternal en la que todos los bautizados
comían el pan sin levadura y tomaban el "fruto de la vid" (vino, diluido con
agua) a fin de conmemorar la muerte de Cristo (Mateo 26:17-29; I Corintios
5:7-8; 10:16-21; 11:17-34).
De acuerdo a la práctica apostólica, la Cena del Señor (relacionada con la
muerte de Cristo) y el día del Señor (relacionada con su resurrección) quedan
inseparablemente vinculados, celebrándose siempre en conjunto los dos
grandes acontecimientos de nuestra redención.
Prueba de que ésta fue la práctica apostólica se encuentra en algunos
escritos cristianos que provienen de la primera mitad del siglo II, sólo unos

7
50 años después de la muerte del último apóstol. En la Didakhé (14:1),
documento que pretende ser un resumen de las doctrinas de Cristo,
encontramos las siguientes recomendaciones: "Reunidos cada día del Señor,
romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados,
a fin de que vuestro sacrificio sea puro" (Padres Apostólicos, trad. Daniel Ruiz,
Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, pág. 91). En la Primera apología de
Justino Mártir, escrita cerca del año 150 para los paganos en defensa del
cristianismo, tenemos una descripción de la reunión dominical (Apología
[Link]-7):
"El día que se llama del sol se celebra una reunión de todos los que
moran en las ciudades o en los campos, y allí se leen, en cuanto el
tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los
profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra
hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos.
Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces,
y éstas terminadas, como ya dijimos, se ofrece pan y vino y agua, y
el presidente según sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus preces
y acciones de gracias y todo el pueblo exclama diciendo "amén". Ahora
viene la distribución y participación, que se hace a cada uno, de los
alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío por
medio de los diáconos a los ausentes. Los que tienen y quieren, cada
uno según su libre determinación, da lo que bien le parece, y lo recogido
se entrega al presidente… Y celebramos esta reunión general el día del
sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y
la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro
Salvador, resucitó de entre los muertos pues es de saber que le
crucificaron el día antes del día de Saturno, que es el día del sol,
aparecido a sus apóstoles y discípulos, nos enseñó estas mismas
doctrinas que nosotros os exponemos para vuestra consideración"
(Padres Apologistas Griegos, trad. Daniel Ruiz Bueno, Biblioteca de
Autores Cristianos, Madrid, págs. 258-259).
Hoy en día, los cristianos que quieran agradar al Señor se empeñarán en
reunirse todos los domingos para celebrar la Cena del Señor y para
animarse mutuamente (Hebreos 10:24-25).
En Troas, Pablo aprovechó al máximo la oportunidad de enseñar a los
hermanos, hasta tal punto que un joven llamado Eutico se durmió durante
la reunión nocturna y murió al caer de una ventana del tercer piso. Pablo,
por el poder de Dios, resucitó al joven y por fin celebró con los hermanos la
Cena del Señor. Luego parece que compartió con ellos una comida de
amor fraternal, un "ágape" ("Después de haber… partido el pan y
comido…" ) , siguió predicando hasta la madrugada y salió junto con sus
colegas.
DESDE TROAS HASTA MILETO
(Lea Hechos 20:13-16). De estos versículos, uno podría concluir que Lucas
había llevado un diario que está citando al confeccionar Hechos. Día tras día

8
y paso tras paso nos relata el viaje de Troas a Mileto. Notamos el apuro
que tenían ya que Pablo quería llegar a Jerusalén para el día de
Pentecostés.
UNA DESPEDIDA EMOTIVA
(Lea Hechos 20:17-38). Por más que Pablo hubiera deseado ir a Efeso, sabía
que no le quedaba tiempo. Mientras el barco estaba en el puerto, Pablo
mandó llamar desde Mileto a los ancianos de la iglesia de Efeso. Si
consideramos los medios de comunicación existentes entonces, es posible
suponer que los ancianos hayan tardado aproximadamente tres días en
enterarse y acudir a donde Pablo los aguardaba. Volvemos a notar que estos
"ancianos" (o "presbíteros" en algunas traducciones) son los mismos que se
dicen "obispos" y "pastores" (versículo 28). El estudiante se acordará de que
ya tratamos este tema en la lección 9.
Este discurso de Pablo es el único registrado en Hechos que fue dirigido a
cristianos. Así como el sermón pronunciado en la sinagoga de Antioquía
de Pisidia es un ejemplo de la estrategia de Pablo para convertir a los
judíos y la conferencia dictada en Atenas ejemplifica su manera de enfocar el
evangelio para los paganos, aquí encontramos la esencia de su mensaje para
los cristianos. Inclusive, se pueden identificar conceptos paralelos a los de las
epístolas de Pablo, hecho que señala la armonía entre los autores del Nuevo
Testamento.
En este discurso de Pablo, parece que él sabe que hay una inminente
campaña difamatoria contra su persona y ve la necesidad de advertir y
preparar a los pastores del rebaño para defender a las ovejas de los
"lobos rapaces" (versículo 29). La responsabilidad de los ancianos era y sigue
siendo muy grande. Ellos tienen a su cargo la congregación de Dios, la
cual El ha rescatado para sí mismo - y el precio fue la sangre misma de
su amado Hijo. También sabe que "prisiones y tribulaciones" lo esperan en
Jerusalén y que no volverá a ver a los ancianos y a la iglesia de Efeso.
Tal vez lo que le dolía más era saber que dentro de la iglesia efesiana
misma iban a levantarse hombres para hablar "cosas perversas para arrastrar
tras sí a los discípulos" (versículo 30). No tenemos más que leer I Timoteo
1:3, 19-20 para ver que Pablo no se equivocó. Allí nombra a dos que
apostataron. Cuando llegó el momento de partir, Pablo "se puso de rodillas, y
oró con todos ellos" (versículo 36). ¡Qué hora más triste y difícil para los
ancianos! Ellos habían recibido muchas bendiciones de Dios por medio de Pablo
y después de haberlo conocido también habían llegado a amarlo como
verdadero hermano. No les fue fácil quedarse allí, sabiendo que aquel barco
que se alejaba de la orilla llevaba a u n querido amigo a las manos de
hombres malévolos y sin escrúpulos.
ADVERTENCIAS EN CONTRA DEL VIAJE
(Lea Hechos 21:1-16). Nuevamente notamos que el registro de Lucas se
asemeja a un diario que puede haber llevado durante sus viajes con Pablo.
Saliendo de Mileto y haciendo escala en Cos y Rodas los misioneros fueron
a Pátara. Allí trasbordaron a un barco grande que pronto zarpó con rumbo a

9
la ciudad de Tiro en Fenicia.
Es notable ver que después de sólo siete días con Pablo y los demás, los
creyentes de Tiro oraron con los misioneros y les acompañaron hasta el
barco abrazándolos antes de que subieran, como habían hecho los ancianos
de Efeso, quienes lo habían conocido durante años. Como cristianos y hermanos
en la familia de Dios, se preocupaban mucho por Pablo ya que, otra vez, el
Espíritu les reveló que algún peligro le deparaba el futuro.
Partiendo de Tiro, el grupo navegó hasta Tolemaida. De allí viajaron por tierra
a Cesárea donde se alojaron algunos días en la casa de Felipe, uno de "los
siete" nombrados en Jerusalén (Hechos 6:1-7) ya hacía más de veinte años.
Mientras estaban en la casa de Felipe, Agabo, el mismo profeta de Hechos
11:28 que profetizó acerca del hambre, llegó para ver a los misioneros. De
una manera gráfica, que recuerda a los profetas del Antiguo Testamento, dijo,
por iluminación del Espíritu, que Pablo sería arrestado y entregado a los
gentiles. De nuevo los hermanos le rogaron desistir su proyectado viaje a
Jerusalén.
No está claro por qué Pablo estaba dispuesto a morir en Jerusalén si fuese
necesario. ¿No hubiera podido predicar tanto en Corinto o Roma como en
Jerusalén? Claro que podía, pero debemos recordar que él iba acompañado por
varios cristianos gentiles, representantes de las iglesias gentiles que habían
reunido fondos para ayudar a los cristianos judíos necesitados de Jerusalén.
Para Pablo, era una misión de solidaridad tan importante que estaba
dispuesto a llevarlo a cabo, sin importarle las consecuencias. Esto nos
recuerda las palabras de Lucas 9:51 acerca de Jesús: "…afirmó su rostro para
ir a Jerusalén".
Por fin los discípulos entendieron que era inútil tratar de persuadir a
Pablo. Unos días más tarde, "subieron" a Jerusalén en compañía de algunos
hermanos de Cesárea. Entre ellos figuraba Mnasón, uno de Chipre que fue
convertido al Señor cuando comenzó la iglesia de Jerusalén.

PABLO EN JERUSALÉN
(Lea Hechos 21:17-26). En los versículos 17 al 19 Lucas nos da a entender
que los hermanos de Jerusalén recibieron a Pablo y, sin duda, a los gentiles que
le acompañaban, quienes traían las colectas de las iglesias para los pobres de
esa ciudad. Además, al día siguiente, los viajeros relataron a los ancianos
y a Jacobo “…las cosas que Dios había hecho entre los gentiles...” y ellos,
contentos, “ … glorificaron a Dios...” (Versículos 20 y 21).
Pero parece que los judaizantes todavía no estaban conformes con el
ministerio de Pablo ni tampoco con la decisión tomada en Hechos 15. Parece
que ellos estaban fomentando prejuicios contra la misión gentil en general y
específicamente contra Pablo. Posiblemente estos judaizantes habían informado
a la comunidad de Jerusalén que Pablo andaba por todas partes enseñando a
los judíos radicados fuera de Palestina que no debían guardar las tradiciones y
costumbres de sus antepasados, entre ellas la circuncisión. Por supuesto,
Pablo no permitía que los gentiles guardaran costumbres judías como parte
del cristianismo, pero no insistía en que los judíos las dejaran.
Jacobo y los ancianos estaban enterados de la verdad, pero, a la vez, se

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preocupaban por la situación general y por la paz de la iglesia que tenía que
seguir existiendo en Jerusalén, capital del judaísmo. Por eso, sugirieron que
Pablo, como judío, llevara a cuatro judíos al templo y pagara los gastos
involucrados en la ceremonia en la que iban a participar. Así, pensaban ellos,
todos comprenderían que Pablo todavía respetaba las costumbres judías y que
las acusaciones contra él eran falsas. Jacobo reitera la conformidad de la
iglesia de Jerusalén en cuanto a los gentiles: ellos no tenían que guardar la
ley de Moisés, tal como habían decidido anteriormente.
EL ARRESTO DE PABLO
(Lea Hechos 21:27-40). Obviamente Pablo estuvo de acuerdo con el consejo
de Jacobo y en el día señalado, entró en el templo junto con los cuatro. Una
vez en el Templo, algunos judíos de Asia vieron a Pablo y, suponiendo que había
permitido la entrada del gentil, Trófimo, al Templo, empezaron a gritar y así
alborotaron a la multitud. En aquel entonces estaba estrictamente prohibida la
entrada de gentiles en el Templo, y el que lo hiciera corría el riesgo de ser
muerto en el momento. Los romanos habían otorgado permiso a los judíos para
que aplicaran la pena de muerte al ofensor de esa ley sagrada, aún cuando se
tratara de un ciudadano romano.
Alborotada la multitud, llevaron a Pablo fuera del Templo y comenzaron a
golpearlo. De inmediato, las autoridades fueron alertadas y por lo menos
doscientos soldados acudieron al lugar para poner orden. Frente a la
imposibilidad de entender los gritos, llevaron a Pablo, con mucha
dificultad, hasta la fortaleza que quedaba cerca del Templo.
Hablando en griego, Pablo pidió al tribuno permiso para dirigirse a la gente.
Este había supuesto que Pablo era cierto egipcio sedicioso, que todavía
andaba en libertad, según nos dice el historiador judío, Flavio Josefo:
"En ese tiempo llegó a Jerusalén un egipcio que simulaba ser
profeta, y quiso persuadir a la multitud que ascendiera con él al monte
de los Olivos, que se encuentra a la distancia de cinco estadios de la
ciudad. Les dijo que desde allí verían caer por su orden los muros de
Jerusalén, y les prometió abrirles un camino para volver a la ciudad.
Cuando Félix oyó tales cosas, ordenó a sus soldados que tomaran las
armas. Salió de Jerusalén con muchos soldados de caballería y de
infantería, y atacó al egipcio y a los que estaban con él. Mató a
cuatrocientos de ellos, e hizo prisioneros a doscientos. En cuanto al
egipcio, eludió el encuentro y se escapó.
De nuevo los ladrones incitaron al pueblo a hacer la guerra a los
romanos, diciendo que no había que obedecerles. Incendiaban y
robaban las casas de los que no estaban de acuerdo con ellos" (Flavio
Josefo, Antigüedades judías 20:8.6).
Pablo aclaró que era judío de Tarso, o sea un ciudadano romano.
Entonces, el tribuno le dio permiso para hablar a la multitud. Así, hablando en
"lengua hebrea" (sin duda el arameo de aquel entonces), Pablo expuso al
pueblo su propia defensa, tema que estudiaremos en la próxima lección.

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MAPA DEL MUNDO DEL NUEVO TESTAMENTO

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PREGUNTAS

1. Pablo salió de Antioquía recorriendo muchas iglesias "confirmando a todos


los discípulos". Aquí, "confirmando" quiere decir que Pablo:
A) Les administró el sacramento de la confirmación
B) Los animó y les enseñó
C) Los anotó en el registro oficial de la Iglesia

2. Aunque Apolos conocía bien las Sagradas Escrituras:


A) No era un buen predicador
B) No las enseñaba a los demás
C) Estaba equivocado con respecto al bautismo

3. Cuando Priscila y Aquila se dieron cuenta del error de Apolos:


A) Lo comunicaron en privado a los líderes de la Iglesia
B) Lo llamaron aparte y le expusieron más claramente la verdad
C) Lo reprendieron públicamente

4. Priscila y Aquila eran un matrimonio cristiano que:


A) Siempre vivió en la misma ciudad no queriendo alejarse de la familia
B) Viajaba mucho y por eso no podía ofrecer su casa para las reuniones cristianas
C) Viajaba mucho, pero siempre llevaba su fe y buenas obras a dondequiera que
se encontraba

5. Según Hechos 19:1-7, los que no habían recibido el verdadero bautismo


cristiano:
A) Solamente pidieron que Dios los perdonara
B) Se bautizaron de nuevo de acuerdo con el mandato de Cristo
C) Pidieron que los hermanos los aceptaran de todos modos

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6. Según las enseñanzas del Nuevo Testamento:
A) No hace falta bautizarse para recibir la salvación
B) El bautismo de Juan fue ordenado por Dios y por eso permanece para siempre
C) Es necesario, entre otras cosas, ser sumergido en agua en el nombre de Cristo
D) Para recibir la salvación

7. Cuando Pablo les impuso las manos a los doce hombres:


A) Recibieron la santificación de Dios
B) Bajó sobre ellos el Espíritu Santo para que hablaran en lenguas y profetizaran
C) Dios les perdonó los pecados

8. Algunos de los judíos, exorcistas ambulantes:


A) Tuvieron el poder de expulsar espíritus malos invocando el nombre de Jesús
B) Persiguieron a Pablo por curar a los enfermos
C) Fueron heridos por un espíritu malo cuando intentaban expulsarlo en el nombre
de Jesús

9. Como expresión de arrepentimiento muchos de los que habían practicado


la magia en Efeso:
A) Vendieron sus libros por una suma altísima
B) Trajeron los libros y los quemaron delante de todos
C) Realizaron una peregrinación a Roma

10. La práctica de recitar oraciones mecánicamente para manejar a los poderes


sobrenaturales:
A) Se limita a los tiempos antiguos
B) Refleja la superstición de solamente algunas tribus primitivas
C) Refleja un concepto errado de la naturaleza de Dios y su relación con el
hombre

11. Pablo fue a Efeso porque:


A) Era una importante ciudad comercial situada en una ruta principal
B) Allí se encontraba el Templo de los judíos
C) Allí se encontraba la iglesia más antigua e importante del Asia Menor

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12. El templo de Diana servía:
A) Para la adoración del Dios verdadero
B) Como negocio lucrativo para mucha gente de aquel entonces
C) Como centro de difusión de nuevas filosofías

13. El alboroto en Efeso que continuó por dos horas fue tranquilizado por medio
de algunas Palabras de:
A) El judío Alejandro
B) Gayo y Aristarco
C) El escribano de la ciudad

14. Lucas dice que algunos amigos de Pablo, autoridades de Asia, le


aconsejaron que:
A) Apelara al César
B) No entrara en el teatro donde estaba el alboroto
C) Cumpliera con su obligación de defenderse ante la gente

15. El discurso de Pablo en Mileto fue obviamente dirigido a:


A) Los cristianos
B) Los judíos
C) Los gentiles

16. Pablo dijo a los obispos de Efeso que:


A) Entre ellos mismos se levantarían hombres que hablarían cosas perversas para
arrastar tras sí a los discípulos
B) El Espíritu Santo le había comunicado que la iglesia iba a seguir con paz y
prosperidad
C) Él lamentaba mucho no haber tenido el suficiente tiempo para enseñarles toda
la voluntad de Dios

17. Según el uso bíblico un "pastor" no es:


A) Un obispo
B) Un presbítero
C) Un soltero
D) Un anciano

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18. Nosotros, como los cristianos primitivos, debemos reunirnos con el
propósito de celebrar la Cena del Señor:
A) Una vez al año, el Jueves Santo
B) Un domingo por mes
C) Cada sábado
D) Cada domingo

19. Cuando Jacobo y los ancianos sugirieron que Pablo llevara a los cuatro
hermanos al templo para cumplir con su voto él:
A) Rechazó la propuesta
B) Aceptó la propuesta convencido de la necesidad de volver a la Ley Mosaica
Como norma de la iglesia
C) Aceptó la propuesta para mantener la paz entre los hermanos judíos y los
gentiles

20. El tribuno que prendió a Pablo de entre la multitud, pensaba que Pablo era:
A) Un ciudadano romano
B) Un judío inteligente
C) Un egipcio asesino

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