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Capitulo 10

Malena y Berto deciden ir a cenar pizza a 'PIZZAMORE' después de una conversación amena. A medida que pasan la noche, se sienten atraídos el uno por el otro y terminan compartiendo un momento íntimo en casa de Malena. La conexión entre ellos se intensifica, dejando atrás sus pasados y disfrutando de la nueva relación que están formando.

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Capitulo 10

Malena y Berto deciden ir a cenar pizza a 'PIZZAMORE' después de una conversación amena. A medida que pasan la noche, se sienten atraídos el uno por el otro y terminan compartiendo un momento íntimo en casa de Malena. La conexión entre ellos se intensifica, dejando atrás sus pasados y disfrutando de la nueva relación que están formando.

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PIZZAMORE Y OTRAS COSAS QUE COMER.

Capítulo 10.

Berto me esperaba en la barra hablando con Javi. No les comenté nada de


lo sucedido ahí abajo. Tampoco le quisé darle más importancia.
- ¿Nos vamos, guapita?
- Sí claro.
- ¿Dónde nos vemos?. Aunque no me importaría ir en mí coche, y después
te traígo a por él tuyo aquí.
- Bueno veo menos coñazo ir cada uno en el suyo. Es viernes, ¿te apetece
pizza?
- Sí claro, ¿porqué no? ¿dónde nos vemos?
- En "PIZZAMORE". Ahora te mandó ubicación.

Javi estaba atendiendo a una pareja y no se enteró de nada, pero quisé


despedirme de él.
- Javi nos vamos, ha sido un placer.
- Lo mísmo te digo Malena. Espero verte pronto, aunque no sea tú zona de
salir. Es broma, un placer el mío también.
- Ya nos veremos.
- Nos vemos mañana tío, dí mi nombre en puerta y entrarás sin esperar.
- De acuerdo, gracias Javi.
- Adíos. - le dijimos los dos-. Se quedó mirando hasta que traspasamos la
puerta.

Al salir me cogío la mano y me la besó. Me entraron ganas de besarle, os lo


juro. Era tan tierno... En cambio le sonreí.
-Nos vemos ahora. -me dijo-. Mándame la ubicación.

Cuando llegué al coche, me noté ilusionada. También me acordé de Mauro y de


las niñas. Les mandé un audio de unos cuantos minutos al grupo poniéndolos al
día. Y Berto me habló recordámdome que le mandará la ubicación.

Puse el manos libre para llamar a mamá en el camino y hablar un rato con ella. Mí
madre. A veces la echaba de menos. Al principio cuando se mudaron se me hizo
muy cuesta arriba porque estaba muy apegada a ella. Luego, simplemente me
acostumbré.

Nos pusimos al día sin entrar en detalles, y por supuesto de Berto no le dije ni pío.

Al llegar nos encontramos aparcando porque por suerte ó casualidad, había


aparcamiento a su lado. Tenía un Volkswagen Golf gris metalizado.

Se bajó y me esperó en la acera. Cuando me acerqué se empezó a reir.

- ¿Qué? ¿ De qué te ríes?

- Conduces muy loca.

- ¿Eso quiere decir qué conduzco mal? Porque no eres el primero que me lo dice.

- Mal no, pero vas muy loca. -Me hice la enfadada en plan broma.

Le hice gracia y empezamos a reírnos y a bromear sobre mi conducción "loca" de


camino a la pizzería.

Llegamos a la puerta sin darnos cuenta. Nos fijamos en que ya tenían los adornos
de halloween en los escapartes y en el interior.

Entramos, había bastante gente ya cenando pero merecía la pena porque las
pizzas de allí estaban buenísimas. Nos pusimos en la cola para pedir y me hizo
gracia verle allí esperando a mí lado mirando muy concentrado el panel de menús.
Parecía que lo estaba estudiando. Me miró.

- ¿De qué te ries?

- De nada. Me hace gracia como te estudías el panel.

- Es que no suelo pedir aquí. No sé como se pide.

- ¿Estás de coña, no?


- No es en serio. Yo suelo comer pizzas pero las pido y me la llevan a casa.

- Eres un pijo de mierda, tío. -Se lo dije en tono irónico-. Pero se lo tomó bien.

Llegó nuestro turno y un chico pelirrojo bastante fuerte y ancho de gimnasio,


supongo, porque parecía que iba a estallar el polo rojo por los biceps en cualquier
momento, nos atendió. Pedimos un combo de nuggets, fingers y aros de cebolla.
Pizza mediana carbonara y dos bebidas. Fuímos a coger sitio pero estaba casi todo
lleno, y para rematar había un cumpleaños. Me miró agobiado, y se me ocurrió
algo.

- ¿Quieres qué vayamos a mí casa?- no se esperaba esa proposición.

- ¿Lo dices en serío?

- Sí claro, allí estaremos más cómodos, te noto algo agobiado aquí.

- Un poco, pero ... - Ahora fuí yo la que lo interrumpí.

- No pasa nada, de verdad. Estoy sola. Él ya no está. Ni siquiera tiene las llaves
nuevas, cambié la cerradura.

- Vale pues vayamos. Le voy a decir al aramario empotrado que lo ponga para
llevar.

- Vale, ¿te hace un cigarro a medias?

- Sí, ahora salgo.

Mientras lo esperaba fuera miré el móvil y a todo lo que habían contestado no le


heché demasiada cuenta. Corriendo les dije el cambio de última hora. Me
sorprendió la cantidad de mensajes que empezarron a escribir en ¿cuánto?
¿medio segundo?. Leí por encima...<< Anda la tonta. Que bien se lo monta.>>
<<Esa es mi Malena. Tíratelo>> <<Venga a rey [Link] puesto>> <<Eso se lava
y se estrena>> << Alegría para el cuerpo. Sin miedo>> ... No leí más porque ya lo ví
salir a buscarme y guardé el móvil en el bolso de nuevo.

- Vaya empieza a hacer frío. - Se frotó los brazos con las manos-. Dicen que diez
minutos, que ahora nos llaman.
- Saqué un cigarro y se lo dí junto con el mechero. -Se empezó a reir.

- ¿Qué pasa, de qué te ríes ahora? - Me contagió a mí con la risa timida qué salía
de sus labios.

- Ahora lo sabrás... -Lo miré sin saber por donde iban los tiros.

Diez minutos después lo entendí.

Empezaron a llamar por el micrófono "Barbosa su pedido" "Barbosa". Yo no tenía


ni idea de que se refería a mí.

- Es el nuestro, entra. Ya está pagado. Sólo queda recoger.

- Pero... ¡Qué cojones! ... ¿Por qué ese nombre? ¿Y por qué has pagado?
¡Quedamos en que pagaba yo!. - Me hizo señas pegándole una onda calada al
cigarro para que fuera. Se estaba descojonando de mí -.

Recogí la comida y cogí los vasos para la bebida haciéndole señas por el cristal
para que me dijera que quería. Al ser autoservicio podías echarte y rellenarte las
veces que quisiéras.

Era pijo hasta para eso. Agua, quería agua. Yo en cambio me serví un vaso con
Coca-Cola Zero. Y probé la de cereza, y también la de vainilla por curiosidad...

Él se reía de mí divertido desde fuera. Cogí todo y salí.

- ¡Eres un pijo asqueroso! ¿Agua? Hasta para beber eres de morro fino. - Se acercó
a ayudarme.

- Dame lo llevó yo todo en mi coche. Temo en el camino por todo.

- Idiota... ¿Se puede saber qué es eso de "Barbosa"?

- Marina Ruy Barbosa. Te me pareces mucho a ella. Ví que la gente estaba


poniendo motes y nombres en plan broma... espero que no te haya molestado...
gruñona. - lo miraba, pero no le dije nada.

- Sigue a la gruñona.-me monté en mi coche, y lo miré por mi ventana. Ahí estaba


divertido con toda la situación mirándome desde su suya.

No pude con la intriga de saber quien era esa tal "Marina" y me metí en
Instagram. Se la enseñé acercando el móvil al cristal, él hizo señas como de que sí
que era ella. La verdad es que era muy guapa, tenía mi color de pelo y largo como
yo. Pero esa tía era modelo, y tenía un cuerpazo; además era alta de cojones.

Me llegó un Whatsapp de Berto. << ¿Nos vamos ya? Deja de compararte. He dicho
que te pareces. Pero los ojos que tienes tú más quisiera tenerlos la Barbosa.>>

¡Joder qué telepatía! Le sonreí, le saqué el dedo y arranqué. Se esperó a que


saliéra para ir detrás. Me alegré de que ya hubiera refrescado porque bastante
había visto ya en semana y media mi vecina; como para ver también a Berto
entrando en casa. Ya sabeís como son las viejas cotillas... Aunque está no era tan
vieja...

Yo vivía en una urbanización de casas iguales, en La Rinconada. A quince minutos


de sevilla capital. Desde que la ví en Tecnocasa me enamoré de ella. La casa
número 53 fué para mí, nunca mejor dicho. Además el trabajo de Óscar y mío aquí
también ayudo a la decisión de que sí, era nuestra oportunidad de tener una casa
de dos plantas cerca se la capital y con nuestros trabajos cerca.

Al entrar en casa me sentía extraña, porque jamás me hubiéra imaginado cenar en


casa con un tío que no fuera Óscar. Me lo llegan a decir un mes atrás... y no me lo
creó en absoluto.

- Vale, ponte cómodo... voy a por un mantel y a por servilletas. Ahora vuelvo.

- Vale... Es muy bonita Malena, me gusta mucho.- le escuché decir desde la cocina.

- Gracias. Que me lo digas tú me halaga.- le dije de vuelta al salón.

- ¿Por qué? - y se reía mientras se sentaba en el cheslong.

- Pues porque tú casa será la de las revistas de HOLA... Supongo.

- No es mí casa, es de mis padres. No tengo la suerte de tener una propia.

- Bueno suerte... según se miré. Tener que pagar mil euros de casa sola... No sé yo
sí eso es suerte.

- Malena, tú eres una chica que se desenvuelve bien, seguro que encuentras algo
rápido.

Emepezó a sonarle el móvil, se levantó del cheslong y se disculpó para coger la


llamada. Se alejó hasta la cocina.

Yo mientras aproveché para colocar el mantel a rayas amarillo vainilla de Zara


Home en la mesa baja donde estaba el cheslong. Saqué la comida de las bolsas y
la coloqué.

Encendí la tele que a esa hora no había nada más que películas ya repetidas ó el
programa de salseo de siempre y decidí quitarla y poner una playlist en el altavoz.
Emepezó a sonar: No Drama de Becky G & Ozuna.

Era viernes, y la música me entonó, se me ocurrió abrir una botella de vino.


Cuando llegué a la cocina, ya se estaba despidiendo. << Vale mamá. Adiós >>.

Mé miró muy serio, algo le preocupaba, se lo noté en sus ojos. No le quisé


preguntar y directamente abrí el frigorífico y saqué la botella Yllera bien fría.

- ¿Te apetece vino? - cogí dos copas sin esperar su respuesta.

- Vale, sí. Aunque veo que íbamos a beber de todas formas... ¿No decías que yo
era de morro fino?

- Ya, pero es que esa Coca Cola parece que está abierta desde hace un mes. Creó
que toda la gracia la tenía el cachas pelirrojo, porque la bebida no tenía ní chicha
ní limoná. La de cereza también estaba asquerosa.

- Sí es que por eso mismo pedí agua... Pero tú te dedicas a meterte con el pijo,
¿eh?.-Se acercó más de lo que yo hubiera imaginado, aprovechando que tenía las
manos ocupadas con las copas.

- Malena no quiero andarme con más rodeos... me gustas. Lo poco que visto de tí,
me gusta. Eres diferente a todas las chicas que he conocido. Eres peculiar. - Me
tocó la mejilla y el tacto de su mano suave y fina me gustó más de lo que me
hubiera imaginado.

- Berto... tú también me gustas... ¡Joder me da corte todo esto! - Se echó a reir-.


No te rías... seguro que estoy colorá como un pimiento morrón.

- Estas guapa, sonrojada pero guapa. Eres guapa Malena y debes creértelo más. Yo
haré que te lo creas. - me besó.

Fué un beso tímido, lento y con nerviosísmo. Me probaba con cuidado, con
mucho tacto y yo me descubrí después de nueve años con otro tío que no era
Óscar en mí cocina con las famosas mariposas en el estómago. Sí sentía ese
cosquilleo... esa sensación de una persona distinta a lo que veía todos los días
pendiente de mí. Queriendo saber de mí, diciéndome cosas bonitas que hacía
mucho que no escuchaba. Palabras sinceras de una persona que ví esa noche que
buscaba tabaco para calmar la ansiedad de mis problemas y que sin darme
cuenta... Él estaba calmando ya.

Solté las copas en la encimera, porque estaba viendo que acabarían en el suelo...

Seguimos besándonos y el beso tímido fué el desencadenante de otro beso más


húmedo y caliente con nuestras lenguas buscándose. Su perfume con olor a
menta y canela, a hierbabuena y madera me envolvió.

No sabía que perfume era en ese momento, pero era intenso y fresco. Con el
tiempo descubrí que era de LOEWE.

- Malena, soy un hombre que busca el placer que ofrece lo único e irrepetible. Y
eso eres tú. Única e irrepetible. No dramas... como dice la canción. ¿Vale?

- Berto, yo...

- No, escuchamé. Estoy cansado de lo mismo de siempre, lo de siempre ya no me


llena...

Me volvío a besar y ya no pudimos contener más las ganas. El perfume me estaba


volviendo loca, sí lo reconozco, soy la típica que se pone cachonda con el aroma
de un buen perfume masculino. Olía tan bien, besaba tan bien...
Me cogío del jersey y tiró de el, se lo hice más fácil sacándomelo por la cabeza, y
lo dejó caer al suelo. Le empecé a besar el cuello y mis dedos se fueron solos a sus
botones de la camisa. Desaproché, besé, mordí. Cuando quisé darme cuenta
estábamos los dos con las partes de arriba quitadas y tiradas en el suelo.

Me vío el tatuaje con la crema y se hechó a reir. Yo no podía dejar de mirarlo a él...
¿Hay algo más sexy que un pecho marcado? como yo ya intuía, con esa línea de
bello que bajaba desde su ombligo hasta su miembro... ¡Díos estaba buenísimo!.

Creó que lo notó. Notó que lo miraba con deseo... porque soy muy expresiva, y
como dice Mauro... La cara es el espejo del alma.

Empezó a sonar en mi playlist Lana del Rey con: Lust For Life.

- ¿Tienes alguna preferencia para lo qué va a pasar? - Tiró de mí y me envolvió en


sus brazos.

- ¿Preferencía? -Me reí y lo besé agarrandóme de su cuello.

- Sí, me refiero a sofá, cama, encimera... - Lo último me hizo cambiar la cara.

- ¿Descartamos la encimera? Has puesto cara rara...

- Descartamos la encimera... - Me volví a reir, divertida y cachonda.

Estaba tan pegada a él que se me clavaba toda su erección en mi parte baja de la


barriga.

-Vale, tú dirás... -Emepezó a desabrocharme el sujetador.

- Al sofá. ¡ya!.

- Umm. ¡Qué exigente! me gusta... Pero antes espera, quiero que llegues al sofá
desnuda. Y para eso primero hay que quitar varias prendas... y me gustaría que
fuera lento. No tengo prisa...

Yo no dije nada, sólo me deje llevar.

Lo besé y me buscó con su lengua de nuevo mientras el sujetador bajaba hasta


terminar en el suelo, con las demás prendas.

Me acarició mis pechos suavemente con sus manos y me empezó a lamer el cuello
hasta llegar con su lengua a mis pezones y lamerlos y succionarlos excitándome
cada vez más.

Me parecía tan erótica la situación de que una persona digamos que desconocida
estuviera empalmada conmigo, queriéndome dejar desnuda en mí cocina para
después terminar estallando de placer en otra parte de mí casa, que me sorpredió
a mí misma lo mojada que ya estaba.

Bajó con su lengua por mí ombligo hasta llegar al botón del vaquero; lo
desabrochó con soltura, imagino que lo habría hecho ya más veces... tiró de el y lo
ayudé a bajarlo hasta que se quedaron enrredados en mis tobillos, en cuclillas me
miraba con mirada lasciva, esa misma mirada que me puso Óscar.

Bajó mis bragas al mismo tiempo que me seguía mirando y yo gemí agarrandoló
del pelo y le hundí la cabeza en mí coño, sin pensarlo demasiado. ¿Para qué
esperar más? Me sentía poderosa ahí arriba, lo tenía a mi merced para mí. Todo
para mí.

Era extraño que otra lengua me tocara, me lamiera y me comiera... ¡¡y cómo
comía!! Jamás había sentido tanto placer, estar tan humeda y tan excitada... Que
me perdone Óscar por lo que voy a decir, pero esto sí que era "comer un coño en
condiciones" con deseo y ganas... Con él parecía que el oral sólo existía en
masculino, la mujer una vez tal cual, pero yo sí bajaba al pilón cada vez que se
follaba.

- Berto me voy a correr como sigas... - Levantó la cabeza, me miró y volvío a


comer-. ¡Me cago en la puta!

- Abre las piernas, no me las cierres...

- ¿Ó qué? - Me miró divertido.

- Vale, tú lo has querido... -Se incorporó y me levantó hasta ponerme encima de la


encimera.
- Te dije que aquí no.

- No me dijiste que no, simplemente pusiste mala cara. Pero ahora no veo esa
cara... - me abrío las piernas con sus dos manos y esos dedos elegantes y finos.

- ¿Y cuál ves? - Lo desafíe con la mirada.

- Veo que te gusta jugar... ¿Me estás provocando? - y me metió un dedo en el coño
sin más, lo empezó a mover dentro sin sacarló lo más mínimo, arriba y abajo-. Me
gusta la cara que pones y más aún cuando gimes... Malena eres tan natural...

- Berto quiero tocarte. Quiero darte placer... -Intenté bajarme de la ecimera pero
me paró.

- Espera... ¿Por qué tanta prisa?- Me besó y las lenguas se buscaron de nuevo-.
Primero yo, luego tú me haces lo que quieras. - Volvío a mover los dedos y yo
gemí-. Eso es, dámelo... Dejaté llevar...

Y sí que me dejé... llegué a tal punto de placer cuando empezó a darme más
fuerte con el dedo en mi interior, moviendoló arriba y abajo... que me corrí. Y no
me corrí así sin más. ME CORRÍ. Así en mayúsculas. Me corrí a chorros.

Recuerdo que todo pasó muy rápido, cuando me fuí a dar cuenta un ligero chorro
líquido estaba saliendo de mi interior, mojando mis piernas, los pantalones de
Berto... Me quedé helada, nunca mejor dicho.

Él sabía lo que había pasado porque su risa lo delataba, un rato después supe que
era un Squirtin.

Me sequé los muslos como pude con una servilleta y al terminar me fui pitando al
aseo que teníamos abajo, muerta de vergüenza.

Allí me quedé encerrada por lo menos media hora. Me lavé como pude en el
lavabo y me volví a vestir.

Al salir vi que estaba sentado en el cheslong con la botellita de agua, pero no


había comido nada. Me dio ternura verlo ahí esperando a que decidiera salir a dar
la cara y me acerqué.

- Hola, ¿pensabas qué me iba a ir?

- Sí y no... -Me eché a reir-. ¡Dios!. ¿Qué era eso?. Jamás me había pasado. ¿Me he
meado del gusto? - Me senté a su lado.

- Pues se puede decir así en plan bruto o decírlo por su nombre.- Me tocó la
rodilla a modo de [Link] no pasa nada, lo que te ha pasado se
llama Squirtin. Y es una cosa normal, que no suele pasarme a menudo pero que
me ha encantado. No tienes de que avergonzarte.

- Es que me movías los dedos dentro de una manera...

- Se hace así para estimular el punto G. Me gusta leer sexología, cosas de chicas de
hombres, de todo un poco. También me encanta saber posturas, placeres y cosas
que nadie se atreve a decir por vergüenza a ser juzgado.

- Entonces, ¿lo hiciste intencionadamente?

- Que va. Yo no tenía ni idea de que te llevaría a un squirtin, no creas que eso es
habitual. Ya te digo que no suele pasarme a menudo. Y cuando quedamos para un
café esta mañana no planeé hacerte un squirtin a conciencia.

-Vale pero...

- Pero estuvo genial, no te voy a engañar... y he de reconocerte que me encantó.


Ven aquí. - Me abrazó y me besó.

- ¿Has comido alguna vez pizza recalentada?

- Alguna que otra vez, después de una buena resaca en la playa. ¿Qué? ¿Tienes
hambre?

- Un poco... Pero creó que esta ni recalentada, está tiesa... -Cogí una porción y la
volví a dejar.

- Veamos que tienes en la cocina. -Se levantó-. He guardado en el congelador el


vino cuando te has ido corriendo a encerrarte en el baño. ¿Te apetece otra copa?
- Sí claro. Vayamos pues, a ver que cenamos. - Fui tras él.

Miró el frigorífico para ver que tenía y cogió la botella del congelador. Cogí las
copas de la encimera, abrió la botella y las sirvió. Yo mientras lo miraba
embobada.

- ¿Qué miras Barbosa?- Me dio la copa con una sonrisilla que le salía por la
comisura de sus labios, muy tímida.

- A tí. - Le devolví la sonrisa sin dejar de mirarlo-. Te veo muy perfecto, me


pregunto cual será tú fallo. - Di un sorbo al vino.

- ¿Mí fallo? Nose, eso tendrás que descubrirló tú. Yo en cambio no te veo ninguno,
por ahora... - Me imitó.

- ¿No me digas? Ya los verás... Tengo, tengo... aunque quizas quiera ir poco a poco
Berto.Tú me entiendes...

- No tengo prisa, y mí paciencia es infinita. A veces no sé si es una virtud ó un


defecto... Pero para llevarme medianamente bien con mí madre hay que tener
mucha paciencia. Creó que ahí saqué el máster de la paciencia, eso y que soy muy
cabezota. Lo que quiero no paro hasta conseguirlo, y hasta ahora no me ha ido
mal. - Lo miré como si no llegará a entender todo lo que me decía.

- ¿Te refieres a tías? - Saqué un cigarro del paquete que tenía siempre en la cocina,
y le ofrecí uno.

- Me refiero a todo en general, percibo que eres muy desconfiada... - Sacó su


zippo del bolsillo de atrás de su pantalón.

- Percibes bien.- me encedío el mío, y después el suyo-. Aunque sí a tí te hubieran


entrado en casa, te hubieran cogido un cuchillo del cajón de esta cocina y te
hubieran tenido como un rehen hasta que tú novio de toda la vida llega y se
encuentra que la tía con la que te ha estado engañando durante dos años y que
espera un hijo de él, es la que ha asaltado nuestra casa en un ataque de celos
enfermizos; dime, ¿serías un pelín desconfiado? - Se quedó asombrado.

- ¡Joder! ¿Eso es enserio? - le dije que sí con la cabeza-. ¡Me cago en la puta
Malena! No dejas de sorprenderme.

- He llegado a pensar que mí vida se ha vuelto una película en estas semanas... Y


después del chorro que te he echado encima antes, lo creó más aún. Por cierto,
¿Sigues mojado? Al pantalón, me refiero. - Le di el ultimó sorbo a la copa-.
¿Quieres qué te lo lavé? Creó que aún tiene que haber algo de ropa de Óscar en el
canapé ó en el altillo. Un pantalón de pijama seguro que tengo. Deja que lo lave,
me siento mal. Además no vas a ir oliendo a pipí a tú casa. - Me eché a reir nada
más de pensar la cara que pondría la madre.

- No. No hace falta. Hagamos una cosa. Dejame algo de ropa, cambiaté tú, ponté
cómoda, estas en tú casa. Mientras voy a hacerte una tortilla de patata para
chuparse los dedos. Cenamos tranquilos y me cuentas todo, tengo curiosidad.- Se
acercó me acarició la mejilla, tiró de mí y me dio un abrazo, que me tranquilizó
bastante.

- Gracias. - Le dije mientras me abrazaba.

- No hay de que. - Me besó el pelo y la frente, después me besó la nariz y la


[Link] ponte cómoda.

- Vale, ahora bajo. Te dejó a tu aire... ¿ No habrá que llamar a los bomberos no? -
Le dije desde el marco de la puerta.

- No tranquila, que sé cocinar. Aunque... a lo mejor tienes que llamarlos después


para que me den un manguerazo a mí, de agua me refiero.- Eso último ya se lo
escuché subiendo las escaleras y me reí bastante alto para que me escuchará.

- ¿Estás que ardes? pobrecito... - Lo que me contestará ya no lo escuché porque


me metí en el baño.

Me di una ducha de agua caliente, y me puse unos leggings azul marino con una
sudadera bastante ancha en rosa palo de Bambi y mis zapatillas de peluche de
andar por casa. Le busqué un pantalón de chandal de algodón gris con sudadera a
juego que tenía en el canapé y bajé.
Olía de maravilla, miré el reloj y eran ya las once de la noche. Me lo encontré
dándole la vuelta a la tortilla con un plato como mí madre hacía y me hizo gracia,
tenía maña.

- Hola cocinero... Huele muy bien. ¿Te vale esto? - Le enseñé el chandal que
llevaba en la mano.

- Sí claro. Dime que la tortilla te gusta con cebolla.

- Sí si, no te preocupes. - Me miró aliviado.

- ¡Menos mal! Se me olvidó preguntarte, y me daba cosa subir... Y bueno me dije


la voy a poner, todo lo que puede pasar es que no valga y sí haya que comer pizza
recalentada, al final. - Estaba nervioso.

- Berto tranquilo, relax. Relájate. Tengo buena boca, me lo como todo. - Y sí sonó
mal, ó es que estabamos con los pensamientos un poco calientes.

- Umm, que bien suena... - Dejó que la tortilla se terminará de hacer-. Voy a
cambiarme.

- ¿Quieres más vino? - Saqué la botella del frigo de nuevo.

- Sí por favor. Tengo que traer uno, otro día que segueo que te gustará. -Dijo antes
de meterse en el aseo.

Llené las dos copas de nuevo, me bebí la mía casi de un trago y me la volví a
rellenar. Miré mí móvil y puse en el grupo: << Por ahora todo bien. Me ha pasado
una cosa rarísima. Squirtin se llama. >>

La lluvía de menasajes fué inminente. Cuando iba a contestar, su móvil empezó a


sonar en la mesa de la cocina. Ponía "Mamá". Evidentemente no lo cogí. Pero le
llegó un Whatsapp nada más dejó de sonar y los ojos se me fueron a la pantalla.
Era ella de nuevo y ponía:<< Tú padre está peor>>.

Ahí entendí su cara de preocupación cuando entré horas antes en la cocina y


estaba habando con ella. El padre estaba enfermo ó algo le pasaba.

Miré la tortilla que ya estaba hecha, y apagué la vitrocerámica.


Me encendí un cigarro con su zippo, y salió ya cambiado. He de decir que le
sentaba muy bien el chandal. Así con sus gafas dando un aspecto serio pero sexy y
con ese pelo revuelto cayéndole a un lado, me encantó. Tenía estilo. Berto era el
típico tío que lucia todo con gracia, sabía llevar la ropa.

- Tú móvil a sonado, era tú madre.- Lo del Whatsapp me lo callé.

Cogió el móvil sin decir una palabra, leyó el Whatsapp y pusó cara de
preocupación y tristeza a partes iguales.

- ¿Pasa algo? - Me atreví a preguntar.

Cogió un cigarro, se lo encendió, le dió una honda calada y se frotó la frente.

- Mí padre tiene cáncer Malena. - No me miraba, tenía la mirada fija en el


fregadero, donde se apoyo segundos después, cogió aire y se volvió hacia mí-.
Siento fastidiarte la noche, no quería contarte nada. Quería desconectar,
pasármelo bien contigo, pero mí madre parece que se huele cuando quedo con
una chica, y no para de darme el coñazo.

- Pero Berto, estará preocupada... y querrá tú apoyo. Que estés con ella... - Se
volvió hacía mí-.

- La putada de ser hijo único y de padres que se casaron maduros y me tuvieron


más bien tarde, es está. - No lo entendía.

- ¿Cuál? - Me acerqué a él-. No te entiendo.

- Pues que me como todos los marrones, no van compartidos,¿sabes?. Al ser el


único tienes todo lo que quieres, pero también te vigilan y controlan demasiado,
sobre todo mí madre. No tiene que compartir la atención, es todo el día el ojo
puesto en mí.

- Bueno yo no lo veo tan malo... - cogí un plato del mueble y con un simple giro de
sarten ,volqué la tortilla.

- Mí madre me exige mucho, desde pequeño ha sido muy exigente conmigo. Y


muy controladora. Mí padre tiene a los mejores médicos de Sevilla, y una mujer a
parte de la que lleva la casa, sólo para cuidar de él. ¿Crees qué sí me voy ahora, yo
voy a solucionar el dolor, malestar ó cansancio de mí padre?

- Querrá tú compañía, que estes allí con ella.

- No Malena. Tengo 30 años, siempre hace lo mísmo. Siempre. Y desde que vió
nuestro "feeling" este mediodía en el restaurante, no deja de darme el coñazo. -
Hizo comillas con los dedos-. No me voy a ir sí es lo que estas pensando. Vamos a
cenar y a charlar de todo un poco, me apetece muchísimo esta noche contigo, y
no porque yo vaya a casa ahora voy a solucionar nada.

- ¿Desde cuándo lo tiene? - cogí la botella de vino y apuré lo que quedaba de la


botella en las dos copas.

- Se lo diagnosticaron el verano pasado, cuando estábamos en Marbella. Se puso


malo y en el hospital después de una resonancia y varias pruebas nos dijeron que
tenía cancer de páncreas.

- Joder. Debe de ser durísimo escuchar eso. Pero bueno, puede salir ¿no?. Quiero
decir... - me interrumpió.

- No, no tiene cura. Nos dijeron hace dos semanas, que irá a más. Seis meses le
dan. De vida, me refiero, de vida.

- Joder Berto, lo siento mucho. -Me acerqué y le cogí la mano-. No nos conocemos
demasiado, o mejor dicho no nos conocemos. Pero quiero que sepas que estoy
aquí para lo que necesites.

- Gracias, me gusta escuchar eso y la verdad no esperaba menos de tí. Se te ve tan


buena persona... Creo, sin conocerte que eres la típica que esta siempre para
todos, y después le pasan las cosas porque de lo buena que es, es tonta. Sin
ánimo de ofender. ¿Ó me equivocó? - Me cogió la otra mano, y se puso frente a
mí-.

- No, no te equivocas. Me definiste bien. Bueno... ¿Entonces te quedas? - Tiró de


mí.

- Me quedo. - me besó e intuí por la forma de besarme de que tenía ganas de


terminar lo que se había empezado en la cocina.

- Vale, vamos a probar esa tortilla. ¿Quieres mayonesa?

- Por favor, eso ni se pregunta. Mayonesa siempre.

La mesa estaba puesta de antes, retiramos la pizza y el combo. Le dije que no


tiraría nada, que me lo comería al siguiente día, porque dígamos que no me gusta
tirar comida. Me entristece tanto que haya gente que pasa hambre diariamente y
nosotros consumimos y tiramos más de la cuenta... Pero bueno eso es otro tema,
vamos a lo que estaba contando y es que me sentí tan cómoda con él...

Sentí que conectábamos de verdad a un nivel en el que sentía que nos


conocíamos de toda la vida. Era muy fácil ó así lo sentí yo, el tratar con él.

Le conté como conocí a Óscar mientras cenabamos. La ruptura, la noche anterior.


Y lo entendió. No me juzgó.

La tortilla estaba espectacular. Bromeé con que a él le salía más buena que a mí,
pero que ya probaría mis macarrones a la carbonara y simplemente nos dejamos
llevar. Me desahogué con él, no se si por tener copas de más encima, que
también; o porque era un desconocido.

A veces nos resulta más fácil abrirnos con una persona que nos nos conoce,
porque no puede juzgarnos como lo haría Mauro, Aurora ó Jimena.

Entendió mi relación con Óscar y lo que nos había pasado sin darnos cuenta... No
entendió que me fuera infiel , pero sí que yo lo perdonará de manera tan sana y
abierta. Pero me dijo que era digna de admirar.

Cuando le conté lo del asalto y el cuchillo, se lo tomó como una película de


Netxflix, ni parpadeaba sólo asentía.

Después le tocó a él hablar y yo escuchar.

Me contó como yo ya bien sabía que se estaba preparando las opos pero que en
principio eran para la guardia civil porque su padre era guardia civil retirdo. Esto
último ya no lo sabía. Pero que cambió de pensamientos y empezó a prepararse lo
que realmente le gustaba. Trabajar en los juzgados.

No sabía que Jimena era amiga mía, me dijo que Berto le caía genial y que a
Aurora no la conocía pero sí la había visto en Woman´Secrets alguna que otra vez ;
por haber ido a comprar alguna que otra cosa.

Me confesó que le gustaba la lencería fina, que solía regalar a sus chicas
especiales ese tipo de detalles que después pudieran disfrutar juntos.

No le dije nada al respecto, pero intuí que era una persona totalmente diferente
en la intimidad. Y tengo que reconocer que eso me daba bastante curiosidad.

Al terminar de cenar, retiramos la mesa baja hacia un lado y nos sentamos en la


alfombra arrecostados al sofá. Sonaba "Clocks go Forward" de James Bay.

- Malena, me siento muy cómodo contigo. No ha sido la típica cita de restaurante,


postureo, fotos, ella se retoca, va al baño para llamar a las amigas, pagas, porque
sí paga el tío y ellas se dejan; Os montaís en el coche, vais a un pub a tomar algo y
acabas en la parte de atrás del coche ó en un hotel porque ella no quiere llevarte
a su casa y tú no quieres que tú madre te vea con ella. Aunque no sería la primera
vez que me pilla ó me ve.

- Parece que has descrito una cena de First Dates. - Nos miramos y nos
contagiamos la risa el uno al otro.

- Tú como no has vivido nada de eso porque te has llevado con un mismo tío
media vida. - Me pasó el cigarro que se estaba fumando.

- ¡¡Oye!! No te rías de mí. - Le di una calada-.

- Dime que no es el único... Ya sabes... - Le devolví el cigarro.

- Sí es el único. Bueno ya no, bueno sí... - Me tapé la cara entre vergüenza y risa.

- Eh, no tienes porque avergonzarte. Es raro, pero bueno supongo que cada uno
vive la vida de una manera diferente.

- ¿Tú cuantas novias has tenido?


- Serias dos, lo demás no se puede llamar serio.

- Tú eres un golfillo... Y perdona que te diga, pero en la gasolinera esa noche no lo


parecías.

- ¿Ah no? ¿Y qué te parecí? Si es que se puede saber... - Se acercó más a mí.

- Pues parecías, no se...

- Venga mójate. ¿Qué te parecí?

- Un chico clásico. Sí clasicón.

- De misionero y nada más. ¿No?

- Bueno no se, clásico en general.- Se acercó más aún, tocando con sus labios mí
oreja.

- ¿Sabes qué es lo que más me gusta de tí?

- ¿Qué?- Me volví hacía él y estabamos a un milímetro de que nuestras labios se


rozaran.

- Que pareces una tía con mucho carácter, y no digo que no lo tengas. Pero luego
eres todo inocencia. Tú inocencia me gusta tanto que me pone muy cachondo. -
Se miró el paquete y yo lo seguí con la mirada.

- ¿Estás empalmado? ¡Dios! - Me eché a reir tapándome la cara de nuevo.

- ¿Qué? ¿Te hace gracía?

- Pues sí, la verdad. Porque ni te he tocado.

- Es que eso es lo bueno que tú tienes Malena. Que no te hace falta tocarme para
que yo me ponga con tantas ganas...

- ¿De qué? - Le mordí el lóbulo de la oreja.

- Oh, eso ya me vuelve tremendamente loco ¡Joder!. Te gusta provocarme...

- ¿De qué? - Le volví a morder.


- De cogerte, echarte un polvo, follarte... Como quieras que lo llame . - Me mordió
el labio.

- Follarme suena bien. - Le puse mí mano en su erección, donde se marcaba todo


el chándal.

- Vale, pues sí hago que vuelvas a echar el chorro no quiero que pares. - Me volvió
a morder el labio, cogiéndome fuerte del cuello por detrás y tirando hacia él,
pegandome a él.

- No Berto, por favor. La alfombra no. - Me volvió a morder y a besar.

- Ah, ¿Quieres aquí? ¿En la alfombra? -Asentí-. Vale, pues para que esperar...

Me besó con ganas, lo besé con ganas, violento diría yo. Nos quitamos la ropa con
ganas. Nos tocamos con ganas, y sin más preámbulos me la metió con ganas.

Tumbada bocabajo en la alfombra, con él encima de mí. Metiéndomela a un ritmo


que me hacía querer estallar pero me contenía. Me parecía tan porno, como me
tiraba del pelo hacía atrás, me cogía del cuello con la fuerza exacta y me cogía mis
caderas para empujar hasta más adentro de mí del interior de mí coño; Que no
pudé más y me corrí, pero normal sin Squirtin.

- Coge aire que aún no he terminado. - Me dijo al oído.

Me volví hacía él tumbada bocarriba y verlo de rodilla entre mis piernas, con ese
pelo revuelto, ese pecho marcado, esos brazos delgados pero tambíen marcados y
esos oblicuos, junto con ese bello que baja hacía su erección... Que por supuesto
que quería más. Tenía mucha hambre que llevaba dormida mucho tiempo, y que
había despertado con él.

- Voy a probar una cosa ¿vale? si no te gusta paro. Que no te dé corte decírmelo.
Quiero que haya confianza, que no te dé vergüenza decirme nada. Si logramos esa
confianza, lo pasaremos muy bien, juntos. -Me cogió un pie.

A mí aún me costaba respirar a un ritmo normal.


- ¿Qué haces? ¡¡Me haces cosquillas!!

- ¡Shhh! Relájate...

Se lo pusó en su hombro con mi pierna totalmente estirada, dejando a la vista


todo mi coño, y empezó a tocarse mientras me miraba, y miraba hacía el coño que
estaba bastante mojado. Me besaba el tobillo con suavidad, después el empeine y
terminó chupándome los dedos.

Jamás me habían hecho eso. Yo creía que los pies eran imposibles de tocar porque
siempre con sólo un roce me hacía cosquillas. Sin embargo eso me estaba
gustando bastante y verle mastubarse delante de mí y para mí hizo que yo bajará
mi mano inconscientemente y también empezará a tocarme.

- Eso es... Así joder, desinhíbete. -Gemí-. Eso es... gímeme Malena. Me gusta
escucharte.

- Y a mí que te toques así, para mí. - Me volvió a chupar los dedos de los pies y se
los dejo dentro de la boca-.

- Voy a metértela de nuevo, no puedo más.

Se tumbó encima y con las piernas abiertas y flexionadas lo acogí de nuevo. Gemí,
lo mordí, le tiré del pelo, nos besamos salvajemente hasta el punto de hacernos
sangre con las mordidas, teníamos los labios hinchados de besarnos. Le arañé la
espalda, y él me tenía las caderas señaladas de agarrarme, pero no paramos hasta
que el látigazo nos dio a los dos juntos en la espina dorsal y nos recorrió por
dentro y por fuera.

- Me corro Malena, a fuera ¿vale?.

- No, si tomó la pildora.

- No es por eso, intuí que la tomabas al no decirme nada.

- ¿Entonces?

- Me gustaría mancharte. ¡Joder no puedo más!


- Vale, hazlo.

Se dejó ir fuera por mis ingles, muslos. Y a mí me puso como una moto, la
situación. Me toqué rápido y él me introdujo un dedo en el coño y con otro lo
intentó por detrás, me lo dio a chupar y con saliva y mí humedad acabó entrando.
Cuando noté los dos dedos uno en cada orificio haciendo fricción, con dos
movimientos más me corrí.

Lo miraba y me gustaba su mirada, porque sí algo conocí de él esa noche fué que
le gustaba hacer disfrutar a la mujer. Y eso amigos y amigas es muy importante
para una mujer.

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