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Emociones y pánico escénico en oratoria

El documento aborda la importancia de las emociones en la oratoria, destacando cómo estas influyen en el comportamiento del orador y en la conexión con el público. Se explora el pánico escénico como una respuesta emocional que puede ser superada a través de la preparación y el cambio de creencias. Finalmente, se sugieren estrategias para manejar el miedo y mejorar la efectividad en la comunicación.

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Emociones y pánico escénico en oratoria

El documento aborda la importancia de las emociones en la oratoria, destacando cómo estas influyen en el comportamiento del orador y en la conexión con el público. Se explora el pánico escénico como una respuesta emocional que puede ser superada a través de la preparación y el cambio de creencias. Finalmente, se sugieren estrategias para manejar el miedo y mejorar la efectividad en la comunicación.

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Neuro Oratoria

Clase 5: Las emociones del


orador. El pánico oratorio.

LIC. ESP. ROSANA FERNANDEZ

1
LAS EMOCIONES DEL ORADOR

En palabras de Ariel Goldvarg una “emoción representa una determinada disposición


para la acción.” Por esa razon cada cosa que hacemos está determinada o infuenciada
por la emoción que nos esté atravesando en ese preciso momento. Las emociones, por
lo tanto, nos acompañan durante toda la vida. De allí que sea tan importante aprender a
evaluarlas considerando su constribución a nuestro comportamiento.
Para comprender mejor este punto, Goldvarg nos habla del valor de la tristeza que nos
trae el beneficio de la reflexión y nos insta a aprender para que una determinada
situación no se repita. La tristeza también actúa como alerta y nos brinda información
sobre expectativas, limitaciones o habilidades.
Pero, a pesar de ese gran aporte, es importante no “instalarnos” en esta emoción porque
corremos el riesgo de victimizarnos en lugar de responsabilizarnos por nuestros actos.
Así, la tristeza, como cualquier emoción, necesita de nosotros tres actitudes centrales:
apertura, revisión y aprendizaje. Y su materialización será siempre en determinadas
acciones. Pero, cuidado, dice el autor, porque a veces el proceso puede darse a la inversa,
y que sean las acciones que desarrollamos las que finalmente nos conduzcan a una
determinada emoción.
Una emoción es también, una respuesta biológica de nuestro organismo (cuerpo-
cerebro-mente). Ahora bien, cuando tomamos registro de nuesto estado, essa emoción
se transforma en un Sentimiento (emoción consciente). Los sentimientos implican un
procesamiento emocional, es decir, al activarse las emociones , las funciones cognitivas
superiores que se hallan en la corteza cerebral, específicamente en este caso vamos a
mencionar la corteza prefrontal, corteza temporal superior, occipital angular bilateral,
procesan esas emociones, generando estados afectivos más duraderos, como el amor, la
compasión, la lástima, el enojo. La característica de los sentimientos es que tienden a ser
más duraderos que las emociones, ya que dependen de otros sistemas cerebrales, y son
reforzados sistemáticamente en el caso del amor por ejemplo.

2
Las respuestas emocionales se relacionan con distintos sistemas cerebrales como se
menciono anteriormente, entre ellos el sistema límbico, también llamado “segundo
cerebro”. Este sistema, cuenta con más de quinientos millones de años de evolución, el
cual nos ha permitido sobrevivir en diferentes ambientes, adaptarnos, y seguir
evolucionando como especie. Este sistema se encuentra presente en los mamíferos,
como primates, ballenas, delfines, etc.
La activación emocional tiene varias manifestaciones, conductuales, fisiológicas, y
cognitivas (atención, pensamientos), ya que nuestra corteza cerebral tiene conexiones
neurales al sistema límbico, pero no tantas como desde el sistema límbico a corteza.
Una vez activadas las emociones, estas tienen un tiempo de duración si no son
reforzadas, por ejemplo, el sistema de alarma (miedo), amigdalino, una vez activado por
un estresor, y luego de retirar el estresor, las manifestaciones fisiológicas, conductuales
y cognitivas duran aproximadamente 40 minutos hasta “apagarse” y disminuir actividad,
volver al umbral normal de alarma normal.

TIPOS DE EMOCIÓN
Para Robert Plutchik, reconocido catedrático del campo de la psicología, existen 8
emociones básicas o primarias que pueden a su vez combinarse dando lugar a otras
emociones llamadas secundarias.
3
De su estudio surge la Rueda de las emociones, que muestra la interrelación mencionada
anteriormente:

Ahora bien, la pregunta sería como vinculamos nuestras emociones como oradores con
las se vinculan con aquello que voy a decir. Que por cierto, no siempre están en sintónia.
En este sentido, Goldvarg, advirte sobre la necesidad de tener claridad sobre ambos
campos emocionales para en un segundo momento buscar su sintonía. Mi emoción debe
ser coherente con la del mensaje.

4
Pero más importante, y complejo aún, es como oradores considerar la emoción que el
úblico necesita. En este sentido, el trabajo estará en crear un clima que envuelva a la
audiencia y al mismo tiempo esté en sintonía con el tema de la charla.
En este camino algunas recomendaciones serían:

Hablar en 1º
Generar intimidad
persona

Fijar recursos en
Definir emociones
función de la
en el diseño de la
emoción a
presentación
transmitir
EL PÁNICO ESCÉNICO

En coherencia con lo dicho anteriormente, definiremos al MIEDO como una emoción que
genera una determinada respuesta biológica. Y encuentra su máxima expresión en el
PÁNICO y frente a él, las respuestas biológicas más intensas son: ansiedad, parálisis,
desesperación.
¿Por qué un orador podría sentir pánico escenico? Porque siente que el público frente al
cual se para y debe disertar los juzgará negativamente. Porque no es capaz de tolerar la
“mirada” de ese otro que puede verlo todo acerca de nosotros (fortalezas y debilidades).
Los especialistas coinciden en que detrás de ese pánico se esconden determinadas
creencias que determinan lo que es posible para cada uno de nosotros. Esas creencias
son las que deben reconocerse primero para trabajar después si se quiere superar el
cuadro.

5
Ariel Goldvarg nos induce en este sentido a enfretar nuestros miedos como oradores
aduciendo que en definitiva se trata de una gran oportunidad para transitarlos e incluso
trascenderlos. Es también necesario comprender que ese proceso seguramente nos
sacará de esa zona confortable en las que habitualmente nos movemos como oradores
pero justamente allí estará la razón para aprender más sobre nosotros mismos y sobre
nuestras potencialidades. Solo así seremos capces de desentrañar los juicios que
fundamentan las creencias que a su vez nos paralizan influenciados por una pánico que
socaba nuestros deseos de decir.
No es una tarea sencilla sin dudas, sobre todo si consideramos que las creencias y juicios
son invicibles y en muchos casos díficiles de reconocer. Y lo esencial en este punto es no
considerar las creencias como verdades absolutas que no cambian. Por el contrario,
mientras las verdades no cambian, las creencias sí en la medida en que sea capaz de
manejar con madurez las emociones y moderar las reacciones que de ellas se
desprenden. No se trata aquí de reprimir lo que se siente pero si de reconocer, manejar
y trascender dichas creencias.
Finalmente Goldvarg sugiere dos perspectivas para abordar el pánico escénico. La
primera supone la adquisición de técnicas y estrategias que nos conduzcan a acciones
determinadas:

6
Buena preparación y entrenamiento previo. Lo que nos aportará tranquilidad y
confianza porque la práctica reduce el miedo a fallar.
Trabajar profundamente los primeros minutos de la disertación. Si comenzamos
bien nos sentiremos más seguros para avanzar.
Preparar para el inicio alguna actividad que promueva la participación del grupo.
Se sugiere que sea algo sencillo, amigable, que sirva para “romper el hielo”.
La segunda perspectiva supone un aprendizaje en segundo orden. Ya no se trata
simplemente de modificar acciones en busca de un resultado determinado sino de
modificar el observador que soy frente a esa situación determinada. Revisar mis
creencias, trabajar mis ideas sobre la perfección y la exigencia (y su confusión habitual
con exigencia), regular la vara con la que nos medimos, etc. Proponernos ser efectivos
antes que perfectos.
Cerrando este apartado, es importante entonces considerar en este análisis nuestros
prejuicios sobre otros dos aspectos de una exposición: el quién soy y el cuánto sé.
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4. [Link]
padece-75-de-las-personas/

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