UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO
FACULTAD DE MEDICINA HUMANA
LABORATORIO DE BIOLOGIA GENERAL PARA CIENCIAS
MEDICAS
“Infección por Mycobacterium tuberculosis”
DOCENTES:
1. KELLY GOMEZ CASTRO
2. OFELIA CORDOVA PAZ SOLDAN
INTEGRANTES:
ALFARO ENCARNACION, Steven Velser
AVILA CASTILLO, Margeori Geraldine
CABANILLAS RODRIGUEZ, Fabrizzio Alejandro
CONTRERAS MORE, Teddy Fabiano
2024
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Mycobacterium tuberculosis, el agente causante de la tuberculosis,
ha infectado a los humanos durante milenios. M. tuberculosis está bien
adaptada para establecer la infección, persistir frente a la respuesta
inmunitaria del huésped y transmitirse a individuos no infectados. Su
capacidad para completar este ciclo de infección depende de que
evada y aproveche las respuestas inmunitarias del huésped. El
resultado de la infección por M. tuberculosis suele ser un estado de
equilibrio caracterizado por el control inmunológico y la persistencia
bacteriana. Datos recientes han puesto de relieve las diversas
poblaciones celulares que responden a la infección por M.
tuberculosis y los cambios dinámicos en los nichos celulares e
intracelulares de M. tuberculosis durante el curso de la infección. M.
tuberculosis posee un arsenal de efectores proteicos y lipídicos que
influyen en las funciones de los macrófagos y las respuestas
inflamatorias; Sin embargo, nuestra comprensión del papel que
desempeñan los factores específicos de virulencia bacteriana en el
contexto de diversos reservorios celulares y distintas etapas de
infección es limitada. En esta revisión, discutimos la evasión inmune y
la provocación de M. tuberculosis durante su ciclo de infección y
describimos cómo una comprensión molecular más detallada es
crucial para permitir el desarrollo de nuevas terapias dirigidas al
huésped, biomarcadores de enfermedades y vacunas efectivas.
INTRODUCCIÓN
Mycobacterium tuberculosis es un patógeno respiratorio que se
estima que infecta a una cuarta parte de la población mundial, y ha
matado a más personas a lo largo de la historia de la humanidad que
cualquier otro microorganismo. Se cree que M. tuberculosis se originó
a partir de micobacterias ambientales que ingresaron a las
poblaciones humanas en el Cuerno de África hace más de 70.000
años, y los linajes globales de M. tuberculosis en la actualidad reflejan
las rutas posteriores de migración humana1. Habiendo evolucionado
con los humanos durante milenios, M. tuberculosis está
exquisitamente bien adaptada para navegar por el sistema
inmunológico humano. El ciclo de vida de M. tuberculosis (Fig. 1)
depende de su capacidad para interactuar con el sistema inmunitario
de formas aparentemente distintas: evade la respuesta inmunitaria
innata, persiste frente a una respuesta inmunitaria adaptativa sin
causar enfermedad sintomática y provoca una respuesta inflamatoria
robusta que causa una extensa patología tisular para que se
transmita. Comprender cómo M. tuberculosis orquesta su ciclo de vida
es crucial para el diseño de vacunas preventivas y terapéuticas, así
como de nuevas terapias y biomarcadores de enfermedades.
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Ciclo de vida de Mycobacterium tuberculosis.
Mycobacterium tuberculosis se transmite por aerosol de un
individuo con infección pulmonar activa. Las primeras células
infectadas son macrófagos alveolares. Después de que los
macrófagos alveolares infectados migran al intersticio pulmonar, los
bacilos infectan a una variedad de macrófagos derivados de
monocitos y residentes en tejidos, células dendríticas y neutrófilos. No
está claro si la respuesta inmunitaria innata elimina la infección en
algunos individuos. Las células dendríticas viajan al ganglio linfático
drenante, donde se preparan las células T específicas del antígeno.
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Las células T regresan al sitio de la infección y son cruciales para
establecer el control y prevenir la diseminación. Con una respuesta
inmunitaria adaptativa eficaz, la mayoría de las personas infectadas
desarrollan una infección latente, un espectro de resultados que van
desde la infección esterilizada hasta la enfermedad subclínica. Por
razones que no se comprenden bien, entre 5-10% de las personas
infectadas desarrollarán tuberculosis activa (TB), con mayor
frecuencia enfermedad cavitaria en los pulmones. La mayor parte de
la transmisión se produce en personas con enfermedad pulmonar
cavitaria.
Interacción célula-bacteria. Mecanismos de entrada y salida
La interacción inicial entre Mycobacterium tuberculosis (MTB) y las
células del hospedador comienza con su reconocimiento por los
macrófagos alveolares, que son las primeras células inmunitarias en
responder a la invasión bacteriana en los pulmones. MTB utiliza
diversas moléculas de su pared celular, como el lipoarabinomanano
(LAM) y los glicolípidos, para unirse a receptores específicos en la
superficie del macrófago. Entre estos receptores se encuentran los
receptores Toll-like (TLR), los receptores de manosa y los receptores
de complemento (CR3). Estas interacciones no solo facilitan la
fagocitosis de la bacteria, sino que también modulan la respuesta
inmunitaria inicial del hospedador.
Mecanismos de entrada
Una vez internalizada, MTB reside en el fagosoma, una vesícula
formada durante la fagocitosis. Sin embargo, en lugar de ser
degradada, la bacteria manipula activamente el entorno intracelular
para evitar su eliminación. MTB secreta moléculas efectivas como la
proteína ESAT-6, que altera las membranas del fagosoma, y el factor
cordón (trehalosa 6,6-dimicolato), que inhibe la fusión del fagosoma
con los lisosomas. Este mecanismo evita la formación de un ambiente
ácido y lleno de enzimas líticas, necesario para la destrucción
bacteriana. Además, MTB puede resistir la generación de especies
reactivas de oxígeno (ROS) y nitrógeno (RNS), que son herramientas
clave del sistema inmunológico para combatir infecciones. La bacteria
también manipula las vías metabólicas del macrófago para obtener
nutrientes esenciales. Por ejemplo, MTB induce la acumulación de
lípidos en los macrófagos, creando cuerpos lipídicos que utiliza como
fuente de energía. Asimismo, secreta sideróforos, moléculas que
capturan hierro del hospedador, un elemento crítico para su
supervivencia y replicación.
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Supervivencia intracelular
Una característica clave de MTB es su capacidad para reprogramar
las señales inmunitarias del macrófago. La bacteria modula
negativamente la producción de citoquinas proinflamatorias como el
factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la interleucina-12 (IL-12),
mientras promueve la liberación de citoquinas antiinflamatorias como
la interleucina-10 (IL-10). Esto permite a MTB evitar la activación de
los linfocitos T y prolongar su permanencia en el interior de los
macrófagos. Además, MTB puede inducir la formación de granulomas,
estructuras características de la tuberculosis que contienen
macrófagos infectados, células epitelioides, células gigantes
multinucleadas y linfocitos. Si bien los granulomas buscan aislar la
infección, también actúan como reservorios bacterianos, permitiendo
que MTB sobreviva en un estado latente durante años.
Mecanismos de salida
La salida de MTB de las células infectadas ocurre principalmente a
través de dos procesos: la necrosis y la formación de granulomas.
MTB favorece la necrosis del macrófago en lugar de la apoptosis. La
necrosis permite la liberación de las bacterias hacia el tejido
circundante y, eventualmente, hacia otras células. A diferencia de la
apoptosis, que encapsula y destruye el contenido intracelular de forma
controlada, la necrosis libera MTB al medio extracelular, facilitando su
diseminación. Por otro lado, la formación y eventual ruptura de los
granulomas también juega un papel crucial en la propagación de la
bacteria. Los granulomas actúan inicialmente como una barrera que
intenta contener la infección, pero la persistencia de MTB dentro de
estas estructuras puede desencadenar su disolución, permitiendo que
las bacterias escapen y se propaguen hacia otros tejidos o hacia el
exterior del cuerpo, a través de las vías respiratorias. Este mecanismo
es esencial para la transmisión de persona a persona.
1. Respuesta Celular: Vía de Señalización
Reconocimiento de M. tuberculosis
La respuesta celular comienza con el reconocimiento de
componentes bacterianos a través de receptores de
reconocimiento de patrones (PRRs) en la superficie de
macrófagos y células dendríticas.
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Receptores tipo Toll (TLRs): Los TLR2 y TLR4 reconocen
lipopéptidos y lipopolisacáridos de M. tuberculosis. La activación
de estos receptores desencadena la vía de señalización del
factor nuclear kappa B (NF-κB), promoviendo la producción de
citoquinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1β e IL-6.
Receptores Nod-like (NLRs): Nod2 detecta peptidoglicanos,
activando también NF-κB e induciendo respuestas inflamatorias.
Activación de macrófagos y formación del granuloma
La señalización de PRRs en macrófagos y células dendríticas
genera citoquinas como IFN-γ, crucial para la activación de
macrófagos.
Vía JAK-STAT: La unión de IFN-γ a su receptor en los
macrófagos activa las proteínas JAK1 y JAK2, que fosforilan
STAT1. STAT1 dimerizado transloca al núcleo e induce la
expresión de genes antimicrobianos, como el óxido nítrico
sintasa inducible (iNOS).
Vía de autofagia: M. tuberculosis intenta bloquear la
maduración del fagosoma. Sin embargo, la activación de
macrófagos por IFN-γ puede reactivar la autofagia, favoreciendo
la degradación del patógeno.
Evasión inmunitaria y persistencia
M. tuberculosis modula las vías de señalización para favorecer
su supervivencia:
Inhibición de NF-κB: La bacteria puede interferir en esta vía
reduciendo la expresión de citoquinas proinflamatorias.
Modulación de PI3K/Akt: Esta vía, que regula la supervivencia
celular y la autofagia, es manipulada por M. tuberculosis para
bloquear la fusión del fagosoma con lisosomas.
Respuesta adaptativa
La presentación de antígenos por macrófagos a linfocitos T
CD4+ y CD8+ es clave para la inmunidad.
Activación de linfocitos T: La interacción con antígenos
procesados activa TCR, lo que desencadena la señalización vía
MAPK y NF-κB en linfocitos T, promoviendo su proliferación y
producción de IFN-γ.
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2. Patología Celular: Multiplicación Bacteriana
Entrada y establecimiento en el macrófago
El proceso comienza con la fagocitosis de M. tuberculosis por
macrófagos alveolares.
Reconocimiento y fagocitosis:
M. tuberculosis utiliza sus moléculas de superficie, como el
lipoarabinomanano (LAM), para unirse a receptores del
macrófago, como los receptores de manosa y complemento.
Evasión del estallido oxidativo:
La bacteria produce enzimas como el superóxido dismutasa y
catalasa-peroxidasa para neutralizar especies reactivas de
oxígeno (ROS), evitando su destrucción.
Modulación del fagosoma
Dentro del macrófago, M. tuberculosis evita la maduración del
fagosoma, creando un ambiente favorable para su replicación.
Prevención de la fusión fagosoma-lisosoma:
La bacteria secreta factores como el esfingolípido
fosfatídilinositol manosa (PIM), que bloquea las señales
necesarias para la fusión del fagosoma con los lisosomas. Esto
impide la formación del fagolisosoma y protege al bacilo de las
enzimas lisosomales.
Alteración del pH:
M. tuberculosis mantiene el fagosoma en un estado menos
ácido (pH ~6.2), que resulta subóptimo para las enzimas
degradativas, favoreciendo así su supervivencia.
Replicación bacteriana intracelular
Una vez establecido un nicho intracelular protegido, M.
tuberculosis inicia su replicación.
Uso de nutrientes del huésped:
La bacteria utiliza lípidos como fuente de energía, especialmente
los presentes en las gotas lipídicas de los macrófagos. Factores
bacterianos como la proteína ESAT-6 alteran el metabolismo
celular del huésped, promoviendo la acumulación de lípidos.
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Modulación del ciclo celular del macrófago:
M. tuberculosis puede inducir apoptosis limitada o necrosis en
macrófagos infectados, liberando bacterias viables para invadir
nuevas células.
Formación del granuloma
La replicación bacteriana conduce a una respuesta inmunitaria
que intenta contener la infección.
Granuloma como estrategia dual:
Aunque el granuloma limita la diseminación bacteriana, también
proporciona un ambiente protegido donde las bacterias pueden
persistir y replicarse lentamente.
3. Respuesta Inmune Innata en Infección Bacteriana
Reconocimiento del patógeno
El sistema inmune innato identifica a M. tuberculosis mediante
receptores de reconocimiento de patrones (PRRs), que detectan
moléculas microbianas asociadas a patógenos (PAMPs).
Receptores tipo Toll (TLRs):
Los TLR2 y TLR4 reconocen componentes bacterianos como el
lipopéptido y el lipopolisacárido, respectivamente. Su activación
induce la vía de señalización de NF-κB, lo que resulta en la
producción de citoquinas proinflamatorias como TNF-α, IL-1β y
IL-6.
Receptores Nod-like (NLRs):
Los NLRs, especialmente Nod2, detectan fragmentos de
peptidoglicano, activando respuestas inflamatorias mediante la
producción de citoquinas.
Respuesta de los macrófagos y células dendríticas
Los macrófagos alveolares son las principales células blanco de
M. tuberculosis.
Fagocitosis:
M. tuberculosis es ingerido por los macrófagos mediante
receptores como el receptor de manosa y los receptores de
complemento (CR3).
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Producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) y
nitrógeno (RNS):
Aunque los macrófagos producen ROS y óxido nítrico (NO) para
matar al patógeno, M. tuberculosis expresa enzimas como la
superóxido dismutasa y la catalasa-peroxidasa, que neutralizan
estos compuestos.
Liberación de citoquinas:
Los macrófagos activados liberan TNF-α, IL-12 e IL-18, que son
esenciales para la activación de otras células inmunes, como los
linfocitos NK y T.
Papel de las células NK (Natural Killer)
Las células NK participan en la defensa inicial mediante:
Producción de IFN-γ:
Este interferón activa macrófagos, potenciando su capacidad
microbicida.
Citotoxicidad directa:
Las células NK pueden inducir apoptosis en macrófagos
infectados para limitar la diseminación bacteriana.
Inflamación y formación del granuloma
La respuesta innata contribuye a la formación de granulomas,
estructuras organizadas que buscan contener la infección.
Citoquinas clave:
TNF-α y IFN-γ son esenciales para el reclutamiento de células
inmunes al sitio de infección, promoviendo la formación del
granuloma.
Doble función del granuloma:
Aunque confina a las bacterias, también puede proporcionar un
nicho protegido donde M. tuberculosis persiste en estado
latente.
Mecanismos de evasión bacteriana
M. tuberculosis ha desarrollado estrategias para subvertir la
respuesta innata:
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Inhibición de la maduración del fagosoma:
La bacteria bloquea la fusión del fagosoma con lisosomas,
evitando su degradación.
Supresión de citoquinas:
M. tuberculosis reduce la expresión de citoquinas
proinflamatorias, limitando la activación inmune.
4. Respuesta Adaptativa Celular en Infección Bacteriana
Activación de linfocitos T
El reconocimiento de M. tuberculosis por la inmunidad
adaptativa se inicia con la presentación de antígenos por células
presentadoras de antígenos (APCs), como los macrófagos y las
células dendríticas.
Presentación de antígenos:
Los antígenos de M. tuberculosis se procesan y presentan en
moléculas del complejo principal de histocompatibilidad (MHC):
MHC-I: Presenta antígenos a linfocitos T CD8+, que
responden con actividad citotóxica.
MHC-II: Presenta antígenos a linfocitos T CD4+, que
orquestan la respuesta inmune celular.
Activación del receptor TCR:
La interacción del receptor TCR en los linfocitos T con el
complejo MHC-antígeno activa vías de señalización intracelular,
como las de NF-κB, MAPK y PI3K/Akt, promoviendo la
proliferación y diferenciación de estas células.
Función de los linfocitos T CD4+
Los linfocitos T CD4+ son esenciales en la respuesta celular,
principalmente a través de la producción de citoquinas.
Producción de IFN-γ:
Este interferón activa macrófagos, potenciando su capacidad
microbicida mediante la producción de óxido nítrico (NO) y la
inducción de autofagia.
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Diferenciación en subtipos:
Th1: Producen IFN-γ e IL-2, esenciales para la
activación de macrófagos y el control de M.
tuberculosis.
Th17: Producen IL-17, que recluta neutrófilos al sitio
de infección y refuerza la inflamación local.
Función de los linfocitos T CD8+
Los linfocitos T CD8+ tienen un papel importante en la
eliminación de células infectadas.
Citotoxicidad directa:
Liberan perforinas y granzimas, induciendo apoptosis en
macrófagos infectados y eliminando el nicho intracelular de la
bacteria.
Producción de IFN-γ:
Contribuyen indirectamente a la activación de macrófagos.
Formación del granuloma
La respuesta adaptativa colabora en la organización de
granulomas, estructuras que intentan contener la infección.
Citoquinas clave:
IFN-γ y TNF-α mantienen la estructura del granuloma,
promoviendo el reclutamiento y activación de macrófagos y
linfocitos.
Balance entre contención y daño:
Aunque el granuloma puede limitar la diseminación bacteriana,
una respuesta exacerbada puede causar necrosis tisular,
favoreciendo la liberación y propagación de las bacterias.
Mecanismos de evasión de M. tuberculosis
A pesar de la robustez de la respuesta adaptativa, M.
tuberculosis emplea estrategias para evadirla:
Alteración de la presentación antigénica:
La bacteria reduce la expresión de MHC-II en macrófagos,
limitando la activación de linfocitos T CD4+.
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Resistencia a la citotoxicidad:
M. tuberculosis puede sobrevivir en macrófagos incluso después
de la inducción de apoptosis.
Participación en la respuesta inmune humoral
La entrada de micobacterias a un huésped diana induce respuestas
tanto humorales como celulares. Se ha revisado la participación de los
linfocitos B en esto. Se han informado tres hechos principales sobre
estas células. La transferencia de Ab específicos del antígeno Mtb
ayuda a un huésped a controlar la infección, los Ab dirigidos a Mtb
(correlacionándose con una menor susceptibilidad a la infección) y el
desarrollo de TB se facilita en huéspedes que tienen una deficiencia
con respecto a la producción de Ab o linfocitos B (Casadevall 2004).
Las BL contribuyen a una respuesta humoral mediada por la
producción de Ab y presentan antígenos que pueden inducir la
producción de citocinas y quimiocinas. La importancia de estas células
se ha reflejado claramente en estudios con primates no humanos en
los que se han reducido las BL; se observó que no se podía modular
una respuesta granulomatosa durante la infección de TB aguda sin
estas células que intentan eliminar o contener las micobacterias para
prevenir un desarrollo más dañino de la TB.
Anticuerpos asociados a la tuberculosis
La adhesión bacteriana a la superficie de la célula huésped es el
primer paso en cuanto a patogenicidad; esto permite al patógeno
interactuar con células específicas, involucrando diferentes moléculas
en la superficie del patógeno. Dicha interacción implica que el
microorganismo puede colonizar e invadir el tejido del huésped; sin
embargo, causan daño a las células huésped ya que tienen varios
factores de virulencia. De manera similar, la entrada de Mtb a las
células huésped es un evento fundamental en el desarrollo de la
infección; por lo tanto, la inhibición es un paso clave en cuanto a la
protección del huésped para que Mtb no use Mφ y/o otras células
como herramienta y hábitat natural para la propagación dentro de un
huésped, causando así una patología más grave. Se ha informado que
los Abs que actúan contra Mtb tienen actividad microbicida o
neutralizante directa; también ayudan a mejorar la fagocitosis para
matar al patógeno, aumentar la fusión de fagolisosomas, restringir el
crecimiento de Mtb y promover la activación del inflamasoma en Mφ
para matar el microorganismo Mtb (Zimmermann et al. 2016). La
cantidad de micobacterias se redujo debido a la acción de Ab en
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estudios in vitro con células humanas en sangre completa de tal
manera que las inmunoglobulinas de varios donantes pudieron
controlar la infección por Mtb (Li et al. 2017).
Las inmunoglobulinas que actúan en la protección contra la infección
por MTB tienen afinidad por diferentes antígenos como
arabinomanano, lipoarabinomanano (LAM), lipoglicoproteínas y
polisacáridos ubicados en la envoltura celular; También reconocen
proteínas como la hemaglutinina transportadora de heparina (HBHA) y
la proteína Mtb 16kDA (HspX) (Sarmiento et al. 2019).
Zimmermann et al, estudiaron IgG e IgA con afinidad por antígenos
micobacterianos en individuos con TB pulmonar aguda y en sujetos
sanos expuestos al patógeno. La inmunoglobulina A anti- Mtb inhibió la
entrada de micobacterias a las células epiteliales pulmonares,
mientras que la IgG (comúnmente producida durante procesos
inflamatorios) tuvo el efecto opuesto, promoviendo la infección
(Zimmermann et al. 2016). Se ha informado que las personas con TB
latente y activa producen Abs que tienen diferentes funciones
efectoras; se perfilaron 70 características de la inmunoglobulina Fc de
ambos grupos de donantes. Se encontró que los Abs de individuos
con TB latente tenían mejor actividad a través de los receptores
FcγRIII (CD16); están involucrados en la citotoxicidad celular
dependiente de Ab. Estas inmunoglobulinas tienen diferentes patrones
de glicosilación que conducen a la muerte intracelular de
micobacterias en macrófagos humanos, promoviendo así una mayor
maduración fagolisosomal, activación del inflamasoma y disminución
de la carga micobacteriana, en comparación con la acción de los Abs
de personas con TBA (Lu et al. 2016). El mismo grupo estableció
posteriormente que las personas con TB latente y las que tenían
tuberculosis TB activa tenían patrones diferenciales con respecto a la
glicosilación de Fc de sus Abs, lo que influye directamente en la
capacidad de los Abs para formar parte de una respuesta inmunitaria
protectora contra las micobacterias (Lu et al. 2020). La transferencia
pasiva de sueros que reconocen antígenos patógenos es otra
herramienta de investigación con respecto al papel de la respuesta
inmune humoral; se sugiere que los Abs contenidos en ellos se
vuelven protectores contra la TB (Hamasur et al. 2004; Buccheri et al.
2009; Balu et al. 2011; Li et al. 2017). Se ha demostrado que los Ab
dirigidos al arabinomanano y al LAM han inducido la fagocitosis
micobacteriana por Mφ en sueros de personas vacunadas con BCG y
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han mejorado la fusión de fagolisosomas, inhibiendo así el crecimiento
intracelular del patógeno (Chen et al. 2016).
Se ha observado que los anticuerpos de personas con tuberculosis
latente y de sujetos sanos han restringido el crecimiento de
micobacterias más que los anticuerpos de personas con tuberculosis
activa (Lu et al. 2016; Pai et al. 2016; Li et al. 2017; Carabali-Isajar et
al. 2020).
En diferentes etapas de la infección por Mtb (TB latente y TB activa),
se estableció mediante ensayos de inhibición del crecimiento
intracelular en líneas celulares Mφ que la IgG anti-AM
(arabinomanano) producida naturalmente durante la infección de
individuos asintomáticos (TBL) fue protectora, pero no en donantes
enfermos (TBA) (Chen et al. 2020). Fischinger et al., evaluaron una
cohorte de personas infectadas por VIH previamente tratadas por TB
con y sin enfermedad recurrente, para establecer si existen Ac
protectores entre individuos que no tienen TB recurrente e individuos
que sí la tienen. Dado que la TB es la principal causa de muerte en
personas VIH positivas, se encontró que aquellos infectados con TB
recurrente tenían títulos más bajos de IgG3 específica de Mtb, estos
se conservaron en individuos de control que no sufrieron infección
frecuente, mientras que las cantidades de las otras subclases de IgG o
IgA fueron iguales en ambos grupos (Fischinger et al. 2021).
Los monos macacos Rhesus (Macaca mulatta) inmunizados por vía
intravenosa con BCG tuvieron títulos de anticuerpos IgM que se
correlacionaron significativamente con una disminución de la carga de
Mtb en los pulmones. Se obtuvieron anticuerpos monoclonales (mAb)
IgM específicos de Mtb que redujeron la supervivencia in vitro del
patógeno (Irvine et al. 2021). En otro informe se observó protección
contra el desafío con Mtb utilizando este mismo modelo animal; esto
se correlacionó con un aumento de IgA inducido por la vacunación con
BCG utilizando la técnica de instilación bronquial (Dijkman et al. 2019).
La vacuna MTBVAC HK se ha utilizado como refuerzo en macacos
después de BCG. Se evidenció inmunoglobulinas que indujeron la
opsonización micobacteriana in vitro, lo que se asoció con una mayor
capacidad de Mφ humana para restringir las bacterias en
compartimentos intracelulares ácidos (Aguilo et al. 2020). La
capacidad de los sueros humanos para reconocer péptidos derivados
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de la proteína de superficie de Mtb para inhibir la entrada de
patógenos a Mφ humana se determinó in vitro más tarde; se verificó
que estos Abs tenían la misma función inhibidora después de aislar
Abs IgG específicos del péptido.
Posteriormente, se inocularon primates no humanos del género Aotus
con péptidos para evaluar la actividad de los Abs así producidos; se
observó que los sueros de estos animales también redujeron el
porcentaje de entrada de patógenos a Mφ humana (Carabali-Isajar et
al. 2020).
Algunos autores han revisado el papel de los linfocitos B en el GC,
que es fundamental para el desarrollo de células plasmáticas
productoras de Ab, además de la importancia de producir células de
memoria que también contribuyen a prevenir el desarrollo de TB. Las
observaciones anteriores muestran que los Abs y los BL tienen
muchos mecanismos que permiten al huésped hacer frente a Mtb.
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