Universidad Nacional de Chilecito
Ingeniería en Sistemas
Cátedra de Física
Prof. Ing. Pablo Oscar Chade Vergara
UNIDAD V: MAGNETISMO
V.1 EL MAGNETISMO EN LA MATERIA.
La ciencia del Magnetismo tuvo su origen en la antigüedad. Muchos historiadores de
la ciencia creen que la brújula, que usa una aguja magnética, se utilizó por primera vez en
China, en el siglo XIII a.C. y que su invención tiene origen árabe o hindú. Lo cierto es que los
griegos tenían conocimiento del Magnetismo desde el año 800 a.C. Observaron que ciertas
piedras en estado natural se atraían entre sí y también atraían a pequeños trozos de un me-
tal, el hierro, pero no de otros metales, como el oro o la plata. Estas piedras recibieron el
nombre de magnetita (Fe3O4) La leyenda atribuye este nombre al pastor Magnes, a quien se
le clavaban los clavos de sus zapatos y los clavos de su bastón en un campo magnético
mientras pastaba su rebaño.
Hoy día se le ha dado a este descubrimiento un gran uso práctico, desde los peque-
ños imanes de refrigerador hasta la cinta magnética para grabar y los discos de computado-
ra. El magnetismo de los núcleos atómicos individuales lo emplean los físicos para formar
imágenes de los órganos que se encuentran dentro del cuerpo humano (resonancia magné-
tica). Las naves espaciales han medido el magnetismo de la Tierra y de los otros planetas
para saber acerca de su estructura interna.
Para tratar de comenzar a investigar el origen del magnetismo en la materia, pode-
mos comenzar nuestro análisis con un modelo clásico del átomo en el cual los electrones se
mueven en órbitas circulares alrededor de un núcleo mucho más masivo. En este modelo,
podemos considerar que el electrón orbital constituye una delgada espira de corriente, ya
que es una carga en movimiento y el momento magnético atómico se asocia a su movimien-
to orbital. Este modelo tendrá, seguramente muchas falencias, pero esté usted seguro que, a
pesar de éstas, sus predicciones concuerdan bastante bien con las de la Teoría Cuántica.
Se puede pensar que existe una contradicción en el hecho de que todas las sustan-
cias contienen electrones, pero no todas las sustancias son magnéticas. Sin embargo, se
debe considerar que, en la mayor parte de las sustancias, el momento magnético de un
electrón en un átomo se cancela con el momento magnético de otro electrón orbitando en la
dirección opuesta en el mismo átomo. El resultado neto es que, en la mayor parte de los ma-
teriales, el efecto magnético producido por el movimiento orbital de los electrones es cero o
tiene un valor muy pequeño.
Sin embargo, el electrón tiene otra propiedad intrínseca, llamada espín, que también
contribuye al momento magnético. A este efecto, se puede considerar al electrón como una
esferita cargada que gira en torno a su eje cuando orbita alrededor del núcleo, aunque esta
imagen clásica no debe ni puede tomarse literalmente. Este momento magnético intrínseco
asociado al espín de un electrón se denomina magnetón de Bohr.
La magnitud del momento magnético del espín es del mismo orden de magnitud que
el momento magnético debido al primer efecto explicado, es decir, al efecto de espira de co-
rriente en el movimiento orbital.
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En átomos o iones que contienen muchos electrones, éstos suelen aparearse con sus
espines opuestos entre sí, una situación que produce una cancelación de los momentos
magnéticos de espín. Sin embargo y como resulta obvio, los átomos con un número impar
de electrones deben tener, al menos, un electrón no apareado y un momento de espín co-
rrespondiente.
En definitiva, el momento magnético total de un átomo es la suma vectorial de los
momentos magnéticos orbital y de espín.
Conviene aclarar que los núcleos de los átomos también tienen un momento magnéti-
co asociado a los protones y neutrones constituyentes. Sin embargo y debido a que las ma-
sas del protón y el neutrón son mucho más grandes que la del electrón, el momento magné-
tico de un protón o un neutrón es unas 103 veces más pequeño y, por lo tanto, despreciable
comparado con el producido por un electrón.
V.2 CAMPO MAGNÉTICO.
Al igual que en la antigüedad, todavía se emplean pequeños trozos de hierro para re-
velar la presencia de los efectos magnéticos. La figura 1 muestra la distribución de limaduras
de hierro en el espacio cercano a un pequeño imán permanente, en este caso una barra cor-
ta de hierro.
Fig. 1
Describimos al espacio alrededor de un imán permanente o de un conductor que con-
duce corriente como el lugar ocupado por un Campo Magnético, precisamente como hemos
descrito al espacio alrededor de un objeto cargado como el lugar ocupado por un campo
eléctrico. La magnitud y dirección del campo magnético se indica por medio del vector B.
En Electrostática, representamos simbólicamente la relación entre el campo eléctrico
y la carga eléctrica por:
carga eléctrica ⇔ campo eléctrico ⇔ carga eléctrica
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Esto es, las cargas eléctricas establecen un campo eléctrico, el que a su vez puede
ejercer una fuerza de origen eléctrico sobre otras cargas. Resulta tentador tratar de explotar
la simetría entre los campos eléctrico y magnético escribiendo:
carga magnética ⇔ campo magnético ⇔ carga magnética
Sin embargo, las cargas magnética individuales, llamadas monopolos magnéticos, o
bien no existen o son tan sumamente raras que tal relación no tiene valor práctico. La rela-
ción más útil es:
carga eléctrica en movimiento ⇔ campo magnético ⇔ carga eléctrica en movimiento
la cual puede escribirse también como:
corriente eléctrica ⇔ campo magnético ⇔ corriente eléctrica
Una carga eléctrica en movimiento o una corriente eléctrica generan un campo
magnético, el cual puede entonces ejercer una fuerza magnética sobre otras cargas o co-
rrientes en movimiento.
En semejanza con las líneas de campo eléctrico, las líneas de campo magnético se
trazan de modo que la tangente a cualquier línea da la dirección del campo magnético en
ese punto. También, como en el caso eléctrico, la proximidad de las líneas de campo indican
un campo magnético grande, cuando están separadas, el campo magnético es pequeño.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre E y B. las líneas de E siempre
comienzan y terminan en cargas, mientras que las líneas de B siempre forman anillos cerra-
dos.
En efecto, la figura 2 muestra las líneas del campo magnético B de un imán en barra:
Fig. 2
Se puede apreciar que las líneas de B pasan por el imán formando anillos cerrados.
Partiendo de la agrupación de las líneas del campo fuera del imán cerca de sus extremos,
inferimos que el campo magnético tiene su mayor magnitud allí. Estos extremos se llaman
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polos del imán, con las designaciones norte y sur dadas a los polos en donde las líneas
emergen y entran, respectivamente.
Los polos magnéticos opuestos se atraen entre sí (así el polo norte de un imán de
barra atrae al polo sur de otro) y los polos magnéticos iguales se repelen entre sí.
En consecuencia, consideraremos que el espacio en la vecindad de un imán o cerca
de un conductor que lleva corriente es el asiento de un campo magnético.
El vector de campo magnético fundamental B se llama inducción magnética y se pue-
de representar mediante las líneas de inducción. En realidad, el vector B debería llamarse
densidad de campo magnético pero, por razones históricas se dio este nombre a otro vector
relacionado con el campo magnético.
En la misma forma que el campo eléctrico, el vector de campo magnético está rela-
cionado con sus líneas de inducción de la siguiente manera:
1) La tangente a una línea de inducción en un punto cualquiera da la dirección de B
en ese punto.
2) Las líneas de inducción se dibujan de tal manera que el número de líneas por uni-
dad de área de sección transversal es proporcional a la magnitud del vector de
campo magnético B. Si están muy cercanas, B es grande y, obviamente, donde
están muy separadas, B es pequeño. Las líneas de inducción indican gráficamen-
te, entonces, cómo varía B en una cierta región del espacio.
Una brújula magnética ordinaria no es sino un imán suspendido, cuyo extremo norte
apunta en la dirección general del Norte Geográfico. Así pues, el polo magnético de la Tierra
en la región del Ártico debe ser un Polo Magnético Sur y el polo magnético en la Antártida
debe ser un Polo Magnético Norte. Cerca del Ecuador las líneas del campo magnético son
casi paralelas a la superficie y se dirigen desde el sur geográfico hacia el norte, como puede
observarse girando 180º la figura 2.
Podemos definir un campo magnético B en algún punto del espacio en términos de la
fuerza magnética ejercida sobre una partícula cargada que se mueve con velocidad v. Su-
pongamos que no existen campos eléctricos ni gravitacionales en la región donde actúa la
carga. Bajo estas circunstancias, los experimentos realizados acerca el movimiento de di-
versas partículas cargadas en un campo magnético, dan los siguientes resultados:
La magnitud de la fuerza magnética es proporcional a la carga q y a la velocidad v de
la partícula.
La magnitud y dirección de la fuerza magnética depende de la velocidad de la partícu-
la y de la magnitud y dirección del campo magnético.
Cuando la partícula cargada se mueve paralela al vector de campo magnético, la
fuerza magnética sobre la carga es cero.
Cuando el vector velocidad forma un ángulo θ con el campo magnético, la fuerza
magnética actúa en una dirección perpendicular tanto a v como a B, es decir, F es
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perpendicular al plano formado por v perpendicular tanto a v como a B, es decir, F es
perpendicular al plano formado por v y B (Figura 3).
+q θ
v
Fig. 3
Si el vector velocidad forma un ángulo θ con el campo magnético, la magnitud e la
fuerza magnética es proporcional al sen θ.
La fuerza magnética sobre una carga positiva está en la dirección opuesta a la direc-
ción de la fuerza sobre una carga negativa que se mueve en la misma dirección.
Estas observaciones se cumplen si escribimos una ecuación para la fuerza magnética
tal como:
F = q.v x B
donde la dirección de la fuerza magnética es la dirección de v x B, la cual por definición de
producto mixto, es perpendicular tanto a v como a B. El sentido de la fuerza magnética es-
tará dado por la regla de mano derecha para el producto mixto v x B.
Podemos considerar esta ecuación como una definición operacional del campo
magnético en algún punto del espacio.
La magnitud de la fuerza magnética tiene el valor:
F = [Link] θ
donde θ es el ángulo más pequeño entre v y B. A partir de esta expresión, vemos que F es
cero cuando v es paralela a B (θ = 0º ó θ = 180º) y máxima cuando v es perpendicular a B (θ
= 90º).
Existen algunas diferencias importantes entre las fuerzas eléctrica y magnética:
1) La fuerza eléctrica está siempre en la dirección del campo eléctrico, mientras que la
fuerza magnética es siempre perpendicular al campo magnético.
2) La fuerza eléctrica actúa sobre una partícula cargada independientemente de la velo-
cidad de la partícula, mientras que la fuerza magnética actúa sobre la partícula carga-
da sólo cuando ésta está en movimiento.
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3) La fuerza eléctrica efectúa trabajo al desplazar una partícula cargada, en tanto que la
fuerza magnética asociada a un campo magnético estable, no trabaja cunado se des-
plaza una partícula.
Este último enunciado es una consecuencia del hecho de que cuando una carga se
mueve en un campo magnético estable, la fuerza magnética es siempre perpendicular al
desplazamiento (W = [Link] = [Link] = 0). A partir de esta propiedad y del Teorema el Trabajo
y la Energía, podemos concluir que la energía cinética de una partícula cargada no puede
ser alterada por un campo magnético aislado. En otras palabras, cuando una carga se mue-
ve con una velocidad v, un campo magnético puede alterar la dirección del vector velocidad
pero no puede cambiar su módulo. Esto significa que un campo magnético estático cambia
la dirección de la velocidad pero no afecta su módulo, es decir, no cambia la energía cinética
de la partícula cargada.
La unidad de campo magnético B es el Tesla (abreviatura T):
[Tesla] = [Newton] =
[Newton] = [T ] =
[N] =
[N]
[Coulomb . Metro/Segundo] [Ampere Metro] [C . m/s] [A . m]
La unidad más antigua de campo magnético, que no pertenece al SI, todavía en uso,
es el Gauss (abreviatura G), relacionada con el Tesla según:
1 Tesla = 104 Gauss 1 T = 104 G
V.3 FLUJO DEL CAMPO MAGNÉTICO.
El flujo asociado a un campo magnético se puede definir de manera análoga a la utili-
zada para definir el flujo del campo eléctrico. Consideremos un elemento de área dA sobre
una superficie cualquiera de forma arbitraria. Si el campo magnético en ese elemento es B,
entonces el flujo magnético a través del elemento es [Link], por consiguiente, el flujo magné-
tico que atraviesa la superficie, es:
ΦB = ∫ [Link]
en donde la integral debe tomarse en toda la superficie (cerrada o abierta) para la cual se
define Φ B.
→ →
Para el caso de un campo magnético B uniforme en una superficie plana A (ver figura
4), Φ B del campo magnético a través de esa superficie, viene dado por el producto escalar:
→ →
Φ B = B . A = [Link] φ ⇒ Φ B = ([Link] φ).A
→ →
donde ϕ es el ángulo comprendido entre los vectores B y A .
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→
B
A
ϕ
→
A
Fig. 4
Al igual que en el caso del flujo del campo eléctrico, la última expresión de la ecuación
anterior nos muestra claramente que el flujo se relaciona con la componente del campo que,
efectivamente, atraviesa la superficie considerada ([Link] ϕ). La otra componente ([Link] ϕ),
no atraviesa la superficie y, por lo tanto, su flujo es cero.
La unidad de flujo magnético, Φ B, en el sistema Internacional, es el Weber (Wb):
La unidad de inducción magnética, B, en el sistema Internacional, como ya hemos
visto es el Tesla (T), que es igual, también, a Weber por metro cuadrado:
[Tesla] = [Weber ] = [T ] =
[Wb ] = [N] = [N]
[metro cuadrado ] [m2 ] [A.m] [C.m/s]
V.4 LEY DE GAUSS PARA EL MAGNETISMO.
La figura 5.a muestra el campo eléctrico asociado a una barra aislante que tiene can-
tidades iguales de carga positiva y negativa situadas en los extremos opuestos. Esto consti-
tuye un ejemplo de dipolo eléctrico. La figura 5.b muestra el caso análogo de un dipolo
magnético, tal como la familiar barra imantada, con un polo norte en un extremo y un polo
sur en otro extremo. En este nivel, los casos eléctrico y magnético son muy similares.
Fig. 5
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De hecho, podríamos ser llevados a postular la existencia de polos magnéticos indivi-
duales análogos a las cargas eléctricas; tales polos, si existiesen, producirían campos
magnéticos (semejantes a los campos eléctricos producidos por las cargas) proporcionales a
la intensidad de los polos e inversamente proporcionales al cuadrado de la distancia desde
el polo. Como veremos tal hipótesis no concuerda con el experimento.
Cortemos a la mitad los objetos de la figura 5 y separémoslos en dos piezas, como
indica la figura 6.
Fig. 6
La figura 6 muestra que los casos eléctrico y magnético ya no son semejantes. En el
caso eléctrico, tenemos dos objetos que, si se les separa por una distancia suficientemente
grande, se pueden considerar como cargas puntuales de polaridades opuestas, cada una de
las cuales produciría un campo característico de una carga puntual. Sin embargo, en el caso
magnético no obtenemos polos norte y sur aislados, sino un par de imanes, cada uno de
ellos con sus propios polos norte y sur.
Esto es una diferencia importante entre los dipolos eléctricos y magnéticos: el dipolo
eléctrico puede separarse en cada una de sus cargas o polos constituyentes, pero el dipolo
magnético no. Cada vez que tratamos de dividir a un dipolo magnético en polos norte y sur
por separado, creamos un nuevo par de polos.
Este efecto ocurre microscópicamente hasta el nivel de cada átomo. Cada átomo se
comporta como un dipolo magnético que tiene un polo norte y un polo sur y, hasta donde
todavía sabemos, el dipolo y no el sólo polo magnético aislado, parece ser la unidad funda-
mental más pequeña de la estructura magnética.
Esta diferencia entre los campos eléctrico y magnético tiene una expresión matemáti-
ca en la forma de la Ley de Gauss. Si construimos superficies gaussianas para el campo
magnético vemos que cualquiera de ellas, aún aquellas que cortan a la barra imantada, no
encierran una carga magnética neta, porque cada corte a través del imán produce una pieza
que tiene tanto un polo norte como un polo sur. Entonces, si la superficie gaussiana no con-
tiene ninguna carga magnética neta, el flujo ΦB del campo magnético que atraviesa la super-
ficie es cero.
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La Ley de Gauss para el magnetismo, se escribe:
ΦB = ∫ [Link] =0
El flujo neto del campo magnético a través de cualquier superficie cerrada es cero
Si el Campo Magnético es uniforme (constante), la Ley de Gauss para el magnetismo
se puede escribir:
B
Φ = B.A = 0
Este enunciado nos indica que nunca han sido detectadas cargas magnéticas aisla-
das (monopolos magnéticos) y que quizás no existan.
La Ley de Gauus para el Magnetismo tiene un papel fundamental en la descripción
del comportamiento de los campos magnéticos en la Naturaleza y constituye una de las cua-
tro ecuaciones de Maxwell del Electromagnetismo.
V.4.1 MONOPOLOS MAGNÉTICOS.
La existencia de cargas magnéticas aisladas fue propuesta en 1931 por el físico teóri-
co Paul Dirac sobre la base de argumentos que emplean la Mecánica Cuántica y la simetría.
Dirac llamó a aquellas cargas monopolos magnéticos y dedujo algunas propiedades básicas
que cabría esperar de ellos, incluyendo la magnitud de la carga magnética (análoga a la car-
ga electrónica e). Siguiendo la predicción de Dirac, se hicieron investigaciones de monopo-
los magnéticos usando grandes aceleradores de partículas además de examinar muestras
de materia terrestre y extraterrestre. Ninguna de estas primeras investigaciones arrojó evi-
dencia alguna de la existencia de los monopolos magnéticos.
En efecto, los intentos recientes por unificar las leyes de la Física, agrupando a la
fuerza nuclear débil, a la fuerza nuclear fuerte y a la fuerza electromagnética en un solo
marco, han llevado a teorías que predicen la existencia de monopolos magnéticos extrema-
damente masivos, de aproximadamente 1016 veces la masa del protón. Serían demasiado
masivos para producirlos en cualquier acelerador de partículas de la Tierra. De hecho las
únicas condiciones conocidas bajo las cuales podrían obtenerse tales monopolos, serían en
la caliente y densa materia del Universo temprano.
La búsqueda de los monopolos magnéticos continúa, pero hasta ahora no se ha ob-
tenido una evidencia convincente de su existencia. Por el momento, suponemos o bien que
los monopolos magnéticos no existen, de modo que la ecuación de la Ley de Gauss para el
Magnetismo es exacta y universalmente válida, o bien que, si existen, son tan excesivamen-
te raros que la ecuación de la Ley de Gauss para el Magnetismo es una aproximación alta-
mente precisa.
V.5 TIPOS DE MATERIALES MAGNÉTICOS.
Las propiedades magnéticas de los materiales se clasifican siguiendo distintos crite-
rios. Una de las clasificaciones de los materiales magnéticos, que los divide en diamagnéti-
cos, paramagnéticos y ferromagnéticos, se basa en la reacción del material ante un campo
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magnético externo, recordando que los átomos tienen un momento magnético propio que es
la suma vectorial de los momentos magnéticos orbitales y de espín del electrón.
Las sustancias diamagnéticas son las que, al ser colocadas en un campo magnético,
los imanes elementales de sus átomos se orientan en sentido contrario al del campo aplica-
do. De este modo, establecen un campo magnético opuesto al campo aplicado, haciendo
que el campo resultante tenga un valor un poco menor que el inicial. Ejemplos típicos de
sustancias diamagnéticas son el bismuto, el cobre, el agua, la plata, el oro y el plomo.
Las sustancias paramagnéticas son las que, al ser colocadas en un campo magnéti-
co, se imantan de manera que provocan un pequeño aumento en el valor del campo magné-
tico en un punto cualquiera. En estas sustancias, los imanes elementales de sus átomos
tienden a orientarse en el mismo sentido que el del campo aplicado y, por lo tanto, el campo
magnético establecido por ellos tendrá el mismo sentido que el campo aplicado, haciendo
que el campo resultante tenga un valor un poco mayor que el inicial. El aluminio, el magne-
sio y el platino son ejemplos de sustancias paramagnéticas.
Las sustancias ferromagnéticas, se imantan fuertemente al ser colocadas en un cam-
po magnético, de manera que el campo que establecen es muchas veces más intenso que
el campo aplicado. Puede comprobarse que, en virtud de la presencia de una sustancia fe-
rromagnética, el campo resultante puede volverse cientos, e incluso miles, de veces mayor
que el campo magnético inicial. Ejemplos de sustancias ferromagnéticas son el hierro, el
cobalto, el níquel, el gadolinio y el disprosio, así como las aleaciones de éstos elementos.
Las sustancias ferromagnéticas se mantienen magnetizadas aún cuando el campo
magnético externo se hace nulo. Un material ferromagnético acaba perdiendo sus propieda-
des magnéticas cuando se calienta. En efecto, cuando una sustancia ferromagnética alcan-
za o excede una temperatura crítica conocida como temperatura Curie, pierde su magneti-
zación residual.
V.6 MAGNETISMO DE LOS PLANETAS.
Si bien las brújulas magnéticas se habían utilizado desde hacia varios siglos como
instrumentos de navegación, la explicación de su comportamiento no se comprendió bien
sino hasta el año 1600, cuando sir William Gilbert propuso que la Tierra era un enorme imán,
con un polo magnético cerca de cada polo geográfico. Otros investigadores que le han ido
sucediendo en el curso de la historia han trazado cuidadosamente el campo magnético de la
Tierra y las naves espaciales interplanetarias han estudiado los campos magnéticos de otros
planetas.
Una brújula magnética ordinaria no es sino un imán suspendido, cuyo extremo norte
apunta en la dirección general del Norte Geográfico. Así pues, el polo magnético de la Tierra
en la región del Ártico debe ser un Polo Magnético Sur y el polo magnético en la Antártida
debe ser un Polo Magnético Norte. De esta forma el campo de la Tierra puede considerarse
como el de un dipolo magnético y en la superficie tiene una magnitud que va desde 30 µT
cerca del Ecuador hasta unos 60 µT cerca de los polos. Además. el eje del dipolo forma un
ángulo de unos 11° 30’ con el eje de rotación de la Tierra (que a su vez forma un ángulo de
23° 30’ con la normal al plano de la órbita de la Tierra con respecto al Sol (eclíptica), como
se muestra en la figura 7.
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Fig. 7
Sabemos que un campo magnético puede ser producido por un imán permanente o
por corrientes eléctricas. Alguna de estas dos causas debe ser la responsable del campo
magnético terrestre.
Puesto que encontramos rocas magnetizadas en el suelo terrestre, podríamos imagi-
nar la existencia de un núcleo de rocas magnetizadas permanentemente como la fuente del
campo magnético de la Tierra. Sin embargo, esto no puede ser así, porque la temperatura
del núcleo es de varios miles de grados, por lo tanto, el hierro y el níquel que hay en el
núcleo de la Tierra no puede ser ferromagnético.
Además, de las mediciones realizadas desde hace unos pocos siglos, sabemos que
el polo norte magnético se desplaza en relación con el polo norte geográfico y sabemos, por
los registros geológicos, que los polos se invierten en una escala de tiempo de varios cientos
de miles de años. También hay que tener en cuenta que algunos planetas del Sistema Solar
que tienen composiciones similares a la de la Tierra, no tienen campo magnético, mientras
que otros planetas que ciertamente no contienen material magnético tienen campos muy
grandes.
Tales observaciones son difíciles de explicar basándose en la hipótesis de un núcleo
permanentemente magnetizado. No puede suponerse, por lo tanto, que dentro de la Tierra
haya un imán permanente. La explicación del magnetismo terrestre tendría que estar rela-
cionada, por tanto, con las corrientes eléctricas que se generan en su núcleo.
En 1948, el geofísico inglés Edward Crisp Bullard propuso una hipótesis que se ha
llamado del dínamo autoexcitado. La parte exterior del núcleo contiene minerales en estado
líquido que conducen la electricidad fácilmente. Un pequeño campo magnético inicial provo-
ca que fluyan corrientes en este conductor en movimiento por inducción. Estas corrientes
pueden acrecentar el campo magnético y este campo acrecentado es lo que observamos
como el campo magnético de la Tierra. La fuente exacta del magnetismo de la Tierra no está
del todo comprendida, pero probablemente implica cierta clase de este efecto de dínamo
que, además, ha sido ampliamente apoyado por expertos en geomagnetismo.
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De los patrones de magnetización encontrados en partículas de hierro presentes en la
alfarería antigua y en los registros geológicos de magma solidificado en grietas submarinas,
podemos deducir que los polos de la Tierra se han invertido con mucha regularidad a lo lar-
go de la historia geológica. Esta inversión ocurre cada 100.000 a 1.000.000 de años y ha
sido más frecuente en tiempos recientes. Las razones de estas inversiones y su velocidad
creciente no se conocen, pero presumiblemente implican el efecto de dínamo de alguna ma-
nera. Sin embargo, el problema de la inversión del campo sigue estando abierto, así como la
discusión de las implicaciones que este fenómeno posee.
Resulta importante tratar de establecer las consecuencias que produciría una inversión
de la dirección del campo magnético terrestre. Necesariamente, habría un periodo grande de
años en que el campo magnético sería muy pequeño o nulo y las radiaciones sobre la super-
ficie serían muy intensas. Además, durante este período serían prácticamente imposibles las
comunicaciones y los viajes ya sean espaciales, por avión o barco y sería imposible orien-
tarse mediante una brújula.
Una de las utilidades más importantes de este campo magnético terrestre es que nos
protege de este viento solar. El viento solar es un plasma, gas de hidrógeno casi perfecta-
mente ionizado, que emana del Sol, habiendo sido parte de la corona solar. Y que tiene una
velocidad del flujo de 300 a 400 km/s en condiciones normales, pudiendo llegar a 800 km/s
en una tormenta.
Si la Tierra no tuviera su campo magnético, el plasma haría impacto directo con la su-
perficie. Pero gracias a la existencia de este campo, el plasma se desvía y se forma una ca-
vidad alrededor de la Tierra. La enorme cavidad natural en torno a la Tierra es conocida ac-
tualmente como la magnetósfera y su larga cola debida al viento solar en dirección opuesta
al Sol es llamada cola geomagnética. Las partículas cargadas, principalmente electrones y
protones, quedan atrapadas en dos “'cinturones”' de energía llamados cinturones de Van
Allen (Figura 8). De esta forma, el campo magnético terrestre constituye una defensa para la
Tierra de las partículas cargadas que permanecen en órbitas que oscilan de norte a sur del
ecuador magnético en los cinturones de Van Allen.
Fig. 8
Una de las consecuencias de los cinturones de radiación son las auroras, cuando el
viento solar se ve reforzado por protones y electrones de alta energía, provenientes de las
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manchas solares, estas partículas “de más” penetran en los cinturones de Van Allen esta-
bleciendo un exceso de carga.
Esta sobrecarga se elimina en la atmósfera terrestre, chocando con las moléculas de
gas que, al excitarse, producen luz visible de una manera encantadora. Es decir que este
hermoso espectáculo se produce cuando partículas cargadas de origen solar interactúan con
la atmósfera terrestre. Este espectáculo sólo se puede apreciar en latitudes elevadas, por-
que el campo magnético terrestre atrae las partículas solares a las zonas polares. La foto-
grafía de la figura 9, muestra unas bandas aurorales captadas en Fairbanks (Alaska, EEUU).
Fig. 9
En los últimos años, las sondas del espacio interplanetario han hecho posible la medi-
ción de la dirección y magnitud de los campos magnéticos de otros planetas. Estas observa-
ciones apoyan la teoría del mecanismo de dínamo como la fuente de estos campos.
Venus, cuyo núcleo es similar al de la Tierra, no tiene un campo porque su rotación es
demasiado lenta, una cada 244 días terrestres, para sostener el efecto dínamo.
Marte, cuyo período de rotación es casi el mismo que el de la Tierra, no tiene un
campo porque su núcleo es presumiblemente demasiado pequeño, un hecho deducido de la
medición de la densidad media de Marte.
Los planetas exteriores (Júpiter y más allá) están compuestos en su mayoría de
hidrógeno y helio, los que, ordinariamente, no se cree que sean magnéticos. Sin embargo, a
las altas presiones y temperaturas cerca del centro de estos planetas, el hidrógeno y el helio
pueden comportarse como los metales, mostrando una gran conductividad eléctrica y permi-
tiendo el efecto de dínamo.
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