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Historia y crítica de la educación moderna

La escuela moderna es el resultado de un proceso histórico que ha transformado la educación en un espacio institucionalizado y regulado, con contribuciones significativas de pensadores como Paulo Gadotti y Silvia Grimberg. Ambos autores analizan cómo la educación, aunque se presenta como un derecho universal y un medio de liberación, también reproduce desigualdades y jerarquías sociales. A pesar de los cuestionamientos contemporáneos, las estructuras educativas actuales aún reflejan las tensiones entre la libertad individual y las exigencias del orden económico y social.

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Historia y crítica de la educación moderna

La escuela moderna es el resultado de un proceso histórico que ha transformado la educación en un espacio institucionalizado y regulado, con contribuciones significativas de pensadores como Paulo Gadotti y Silvia Grimberg. Ambos autores analizan cómo la educación, aunque se presenta como un derecho universal y un medio de liberación, también reproduce desigualdades y jerarquías sociales. A pesar de los cuestionamientos contemporáneos, las estructuras educativas actuales aún reflejan las tensiones entre la libertad individual y las exigencias del orden económico y social.

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La escuela moderna, tal como se entiende hoy, es el resultado de un largo proceso histórico

y es objeto de muchas interpretaciones y debates. Dos contribuciones notables al campo


son Paulo Gadotti y Silvia Grimberg, quienes brindan información sobre el desarrollo de la
educación desde los tiempos modernos y el desarrollo de ideas pedagógicas en respuesta a
los cambios culturales y sociales. La modernidad, entendida como el período que comienza
con la Ilustración y se extiende a lo largo de los siglos XIX y XX, trajo consigo una nueva
comprensión de la educación. Durante este tiempo, la escolarización se formalizó como un
espacio institucionalizado, obligatorio y regulado encargado de preparar a los ciudadanos
para las nuevas realidades económicas y políticas. Sylvia Grimberg en el texto "Pedagogía,
currículo y subjetividad entre pasado y futuro" analiza las escuelas modernas no como
lugares para simplemente transmitir conocimientos sino para participar activamente en la
construcción de conocimientos de los estudiantes. La educación moderna prometió
inicialmente la liberación de los sujetos mediante el acceso al conocimiento. Sin embargo,
Grimberg muestra cómo esta promesa de libertad se cruza con mecanismos de control y
normalización. En una escuela moderna, los estudiantes no sólo adquieren conocimientos
científicos y técnicos, sino que también aprenden los principios que regulan su cuerpo y su
comportamiento. En este sentido, la modernidad pedagógica es a la vez un proyecto
emancipador y un espacio para reproducir relaciones de poder y jerarquías sociales.
Paralelo al pensamiento de Grimberg, Paulo Gadotti en su obra “Historia del Pensamiento
Pedagógico” nos invita a considerar los grandes hitos del pensamiento educativo desde una
perspectiva histórica, enfatizando que los tiempos modernos son un período clave en la
consolidación de nuevas ideas sobre educación. Gadotti cita a pensadores como Rousseau,
Pestalozzi, Comenio y Herbart como pioneros en la creación de una nueva pedagogía que
enfatizaba al individuo como sujeto de derechos y la importancia de la educación en el
desarrollo de una sociedad más justa y equitativa . Los siglos XVIII y XIX trajeron consigo la
idea de que la educación no era un privilegio de la élite sino un derecho de todos los
ciudadanos. La Ley N° 1420 en Argentina, que establece la educación gratuita, laica y
obligatoria, es un ejemplo de la realización de este ideal en la creación de sistemas
educativos nacionales destinados a formar ciudadanos capaces de participar en la vida
política y económica de su país. Según Gadotti, este proceso fue una respuesta al proyecto
político más amplio de la modernidad, en el que el Estado se convirtió en el garante de la
educación como un derecho universal y las escuelas en el pilar fundamental de la formación
de la nación. Sin embargo, Gadotti también critica las formas en que las escuelas modernas
reproducen la desigualdad social. Aunque la educación se considera un derecho universal,
en realidad las escuelas modernas han perpetuado las jerarquías sociales porque el acceso
al conocimiento no siempre es igualitario. Los sistemas educativos nacionales, si bien llegan
a grandes segmentos de la población que antes no tenían acceso a la educación formal,
también reproducen un plan de estudios que privilegia a las clases dominantes y margina
otros conocimientos y estilos de vida, especialmente a los más vulnerables. El deseo de
sistematizar la educación moderna también ha creado ciertas tensiones que persisten hasta
el día de hoy. Por un lado, las escuelas modernas son vistas como espacios liberadores en
los que los individuos pueden convertirse en seres libres, autónomos y racionales. Por otro
lado, como señala Grimberg, las escuelas también son espacios en los que se reproducen
las formas de control y disciplina necesarias para construir una sociedad capitalista
industrial. En este sentido, Gadotti destaca que la modernidad pedagógica está marcada
por una paradoja: promover la idea de un sujeto libre y racional, al mismo tiempo que
construye la subjetividad de acuerdo con las exigencias del mercado y del Estado. La
escuela moderna se convierte así en un espacio donde tiene lugar la tensión entre la
libertad individual y la necesidad de crear objetos útiles al orden económico y social. Tanto
Grimberg como Gadotti coinciden en que las escuelas modernas han dejado un legado
contradictorio. La educación es considerada un derecho fundamental y un espacio
potencialmente liberador en el que los sujetos pueden acceder al conocimiento y desarrollar
sus habilidades. Por consiguiente, las escuelas modernas también se convierten en un lugar
para reproducir desigualdades y construir subjetividades que sirvan a los intereses del
poder.
Hoy en día, a pesar de que el proyecto de la modernidad ha sido cuestionado desde
múltiples perspectivas, muchas de las instituciones y prácticas educativas que surgieron en
ese periodo siguen vigentes. La escuela contemporánea aún lleva las marcas de la
modernidad, y las reflexiones de Grimberg y Gadotti nos invitan a repensar su papel en la
formación de los ciudadanos del futuro. Si bien la escuela moderna fue un paso adelante en
la universalización de la educación, es necesario seguir cuestionando y transformando sus
estructuras para que realmente pueda cumplir su promesa emancipadora.
En definitiva, la perspectiva histórica sobre la escuela de la modernidad nos ofrece una
mirada crítica sobre cómo las instituciones educativas han sido fundamentales en la
construcción de las sociedades contemporáneas, pero también nos alerta sobre las
tensiones y contradicciones que persisten en la educación actual. A través de las
reflexiones de Grimberg y Gadotti, podemos seguir pensando en una educación que, más
allá de la reproducción de subjetividades funcionales al sistema, abra nuevos horizontes
para la libertad y la transformación social.

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