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Así Nos Sana Jesús

El artículo de Hugo N. Santos presenta a Jesús como un promotor de la salud integral a través de un relato del Evangelio de Juan, destacando su mensaje, estrategia y estilo de vida. Se analiza cómo Jesús reestructura falsos planteamientos y muestra compasión, ofreciendo lecciones prácticas para la pastoral contemporánea. Además, se discute la controversia en torno a la inclusión del relato en los manuscritos, sugiriendo que su mensaje desafía las normas y expectativas de la iglesia primitiva.

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Así Nos Sana Jesús

El artículo de Hugo N. Santos presenta a Jesús como un promotor de la salud integral a través de un relato del Evangelio de Juan, destacando su mensaje, estrategia y estilo de vida. Se analiza cómo Jesús reestructura falsos planteamientos y muestra compasión, ofreciendo lecciones prácticas para la pastoral contemporánea. Además, se discute la controversia en torno a la inclusión del relato en los manuscritos, sugiriendo que su mensaje desafía las normas y expectativas de la iglesia primitiva.

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Así nos sana Jesús [So it heals Jesus]

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Authors Santos, Hugo N.

Publisher Instituto Universitario ISEDET

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Download date 05/03/2025 [Link]

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Cuadernos de Teología 275
Vol. XXIII. 2 0 0 4 . p 2 7 5 - 2 8 8

Así n o s s a n a Jesús
Una lectura pastoral de Juan 7:53, 8:11

Hugo N. Santos

Resumen: El artículo muestra a Jesús como promotor de la salud integral de las personas y sus vínculos
a partir de un relato que encontramos en el Evangelio de San Juan. La línea de Jesús para su acción
pastoral cuenta con tres elementos fundamentales: un mensaje, una estrategia y un estilo de vida que
él mismo encarna. El pasaje analizado enfoca a Jesús reestructurando falsos planteos, destacando el
valor de cada ser humano y mostrando creatividad y aperturas insospechadas para orientar hacia nuevas
realidades. Visto de ese modo, el relato ofrece lecciones prácticas muy concretas para los asesores
pastorales de hoy.

Palabras clave: Teología pastoral. Evangelio de Juan. Sanidad. Psicología pastoral.

Abstract: Through a story found in the Gospel according to St John, this article shows Jesus as the
promoter of holistic well-being for people and their relationships. Jesus's guidelines for his pastoral
action consist of three key elements: his message, his strategy and the lifestyle he himself represents.
This passage focuses on Jesus restructuring false arguments, highlighting how valuable each human
being is and showing unsuspected creativity and open-mindedness to lead us towards new realities.
Seen this way, this story offers a practical and concrete lesson for pastoral counselors today.

Key words: Pastoral Theology. Gospel of John. Pastoral Psychology. Healing.

Jesús como terapeuta, o Jesús como agente de cambio, o Jesús como pro-
motor de la salud integral de la persona: los relatos de los evangelios presentan
retratos que nos permiten ver a Jesús desde esta dimensión. Para algunos, puede
resultar extraño pensar a Jesús de este modo, sobre todo para aquellos que están
habituados a concebirlo sólo en términos religiosos, pero si hay algo que Jesús
vino a hacer, es justamente a cambiar nuestra manera de ser, de relacionarnos.
Él vino a enseñarnos a vivir. No hay nada más evangélico respecto de la misión
de Jesús que esta afirmación. Podemos entender todos los hechos de su vida en
función de este propósito.
No se trata de introducir simplemente algunas nuevas ideas o de modificar
algo superficial para que todo quede como está. Se trata de un cambio profun-
do hacia un nuevo modelo, un nuevo mundo, un nuevo Reino. Esto supone una
276 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

orientación hacia una nueva manera de pensar, de sentir, de actuar, una renovada
motivación para la acción.
Para llevar a cabo esta tarea, Jesús cuenta con tres elementos fundamenta-
les: un mensaje, una estrategia y un estilo de vida que él mismo encarna. Sí Jesús
enseña los valores y el sentido del reino de Dios, es porque él mismo es el reino
de Dios encarnado. Por eso, todos sus encuentros apuntan a lo nuevo y sorpren-
dente.
Así, los retratos que nos muestran este aspecto de la vida y el ministerio de
Jesús nos dejan lecciones para todos aquellos que estamos comprometidos en un
ministerio que apunta a la salud integral, pero al mismo tiempo, siendo el evange-
lio algo siempre actual, nos muestra los propósitos y gustos de Dios y cómo quiere
actuar El en nuestras vidas. El texto que consideramos es sólo un ejemplo de esta
intención.

Breve historia del pasaje


La historia de este relato del Evangelio es sugerente. Aparece en unos po-
cos manuscritos del Nuevo Testamento —y ni siquiera en los mejores. Seis de
ellos lo omiten sin hacer mención alguna. Dos dejan el espacio en blanco, donde
debería estar, pero no lo incluyen. En los manuscritos griegos posteriores y en los
medievales encontramos el pasaje, pero, aun en algunos de ellos, tienen una señal
que llama la atención sobre su carácter dudoso.
En cuanto a las traducciones a otros idiomas que no sea el griego, este rela-
to no aparece en la versión siríaca primitiva, ni en la copta, ni la egipcia, tampoco
en alguna de las más antiguas versiones latinas.
Tampoco los primeros Padres lo mencionan: Orígenes, Crisóstomo, Teodo-
ro de Mopsuestia y Cirilo de Alejandría parecen no saber nada sobre él. El primer
comentarista griego que lo menciona, en 1118, es Eutimio Zigabeno, afirmando
que no está en los mejores manuscritos.
Sabemos que Agustín, Ambrosio y Jerónimo lo conocían. Este último lo
incluyó en la Vulgata. Lo encontramos en manuscritos posteriores, pero su ubi-
cación varía. En algunos está al final del Evangelio de Juan; en otros, aparece
después de Lucas 21:38 o después de Lucas 24:53. Es probable que no esté ahora
en el lugar original. Más aún, se cree que este pasaje no es parte del manuscrito
original de Juan. Esto no significa que el incidente no sea auténtico, pero se puede
observar que el incidente tiene poco o ninguna conexión con lo que viene antes o
dice después. Parecería que el pasaje rompe el tipo de discurso narrativo de Juan.
Es posible que se lo colocara ahí para ilustrar la frase de Jesús en Juan [Link] "Yo
no juzgo a nadie".
Los datos que anteceden pueden ser tomados simplemente como informa-
ción sobre la historia del texto o como un analizador acerca del destino de este
relato en manos de los primeros "editores" del Nuevo Testamento. Si intentamos
CuadernosXXIII.
Vol. de Teología2004. p 277-313

esto último, valen las preguntas: ¿Qué sucedió con este relato? ¿Por qué tanta
resistencia a incluirlo?
San Agustín nos da un intento de explicación cuando dice que se quitó este
pasaje del Evangelio porque "algunos tenían poca fe" y para "evitar el escándalo".
Aunque sólo sea como una hipótesis, podemos sospechar que algunos sacaron el
relato del Evangelio creyendo que el mismo podía justificar una posición ligera
respecto del adulterio o la sexualidad.
Sin duda, este relato era embarazoso para la iglesia primitiva. El nuevo
estilo de vida de los recién convertidos debía ser muy diferente al anterior. El
nuevo creyente no debía volver a sus viejas costumbres. Era tal el énfasis en la
rectitud de vida que algunos demoraban el bautismo hasta algunos años después
de convertidos, de modo que las pasiones juveniles en algunos casos, o una falta
de experiencia o conocimiento de la fe en otros, no los alejara de la nueva vida con
Dios. Parecería que la historia de Jesús y la mujer "tomada" en adulterio era muy
dificultosa de explicar.
Tal vez esta explicación deje conforme a algunos o parezca demasiado
"pastoral" a otros. Pero es sólo el contenido manifiesto el que requiere de una
profundidad mayor. El mensaje y las actitudes de Jesús a veces han sido y siguen
siendo escandalosas y censurables aun para la misma iglesia y la pastoral que
ella trata de trasmitir. Por supuesto, tal rechazo no suele ser explicitado en la co-
munidad. Sin embargo, aparece a menudo detrás de actitudes pseudopiadosas o
pseudopastorales.
En el pasaje, Jesús no se extralimita ni el escritor intenta pintarnos una ver-
sión liberal de su mensaje. Por el contrario, aquí nos encontramos con lo esencial
del accionar y la prédica de Jesús, de lo cual se derivan lecciones muy positivas
para la pastoral de hoy.
Contrariamente a lo que la iglesia primitiva podría considerar, esta historia
es un relato de amor y compasión que muestra el rostro amoroso de Dios, que
comprende nuestros errores y nuestras faltas y nos lleva más allá de ellos. Enten-
der de qué manera Jesús conduce este proceso es fundamental no sólo para saber
lo que Dios puede hacer, sino también para recibir inspiración en el trato con no-
sotros mismos y con los demás.

La trampa de los "buenos"


Todo este relato del Evangelio es, por cierto, de alto voltaje. El incidente
ocurre en un período del ministerio de Jesús en que su popularidad entre la gente
había intensificado el odio de los escribas y fariseos contra él. Se ponen en juego
las escenas más conmocionantes que podrían darse en cualquier sociedad: I) se
ha violado un tabú; 2) una escena sexual ha sido vista por extraños a la misma; 3)
hay en juego una decisión de pena de muerte; 4) hay una posible concreción de la
278 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

misma; 5) se hace un desafío a un cambio total de la vida que se habrá de concretar


o no más allá de la historia.
La historia podría ser leída como el relato de una trampa. La verdadera in-
tención de ellos la encontramos en el versículo 6: "Mas esto decían tentándole para
poder acusarle". No fue la única vez que los escribas y fariseos intentaron tenderle
una trampa a Jesús para confundirlo, ni en las que sus intenciones más importantes
no son las que aparecen a primera vista. Detectarlas adecuadamente es importante
para dar una respuesta y trazar una estrategia apropiada. Además, la dificultad del
planteo venía por una doble vía: comprometer a Jesús no sólo legalmente, sino tam-
bién poniendo a prueba su coherencia, su prestigio y su compasión por la gente.
El adulterio era, para los judíos, un asunto muy grave. Los rabinos solían
decir que "todo judío debe morir antes que cometer idolatría, asesinato o adulte-
rio". Lv 20:10 dice que "si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su pró-
jimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos". Aquí no se aclara
la forma en que debían morir. En Dt 22:23-24, sin embargo, se establece la pena
en el caso que la mujer esté ya desposada. La ley era muy clara: "...los apedrearéis
y morirán". La Mishná (la Ley judía primero oral y luego puesta por escrito) es-
tablece que el castigo por adulterio, para el hombre, es el estrangulamiento; pero
reitera el apedreamiento para la mujer desposada que comete esta falta.
Tanto escribas como fariseos estaban en lo cierto en cuanto a la interpreta-
ción de la ley: ella merecía la pena de muerte. Lo que en el relato no está claro es
por qué, si fue "sorprendida en el acto mismo de adulterio", no llevaron también
al hombre (¿se trataría de un caso de doble moral? ¿Formaría parte de la trampa?).
Cualquier pronunciamiento de Jesús, en los términos en que ellos lo planteaban,
lo colocaba en una postura complicada. Si decía que debía morir, chocaba contra
la ley romana porque, según ésta, los judíos no tenían derecho a imponer la pena
capital. Así se hubiera convertido en un criminal para el gobierno romano. Ellos
hubieran podido ir ante Pilatos y decir algo así como que "el nuevo Rey (o este
maestro de religión) está pretendiendo juzgar casos que involucran la vida y la
muerte". Si decía que se lo debía perdonar, se podía decir de él que enseñaba a
desobedecer la ley de Moisés, por lo tanto su enseñanza era herética y así alentaba
a la gente a cometer adulterio.
Pero, además, había otro aspecto del dilema que afectaba su acción tera-
péutica. Si decía que había que apedrearla no sólo contradecía su posición de amor
y misericordia ante la gente, sino que le daba la razón a los escribas y fariseos en
el sentido de que había que cumplir la ley más allá de la vida de las personas. En
otras palabras, consolidaba el síntoma de ellos. Si decía que había que perdonarla,
no sólo se apartaba de la tradición judía, transformándose en un blanco de ataques,
sino que, de alguna manera, apoyaba el pecado de la mujer.
Si usted, lector, lectora, se hubiese encontrado ante esta situación o una pareci-
da, ¿qué habría hecho? ¿Qué hubiera privilegiado en la consideración de su actitud?
CuadernosXXIII.
Vol. de Teología2004. p 279-313

Es interesante preguntarse cuáles fueron los sentimientos de Jesús frente a


lo que se planteaba. El debió evaluar la situación antes de ensayar una respuesta.
Jesús sale del lugar del que es probado (lugar donde los fariseos lo quieren
poner) y asume el lugar del pastor. No cede al miedo, ni a la bronca, ni a otros sen-
timientos que el contexto podría hacer sentir y procura entender qué es lo que está
sucediendo. Aquí hay cuestiones que tienen que ver no sólo con una puja religiosa
o un asunto referido a su persona, sino que Jesús puede ir más allá. Para decirlo en
términos psicoanalíticos, no queda atrapado en lo contratransferencial 1 . Es decir,
asume lo que está pasando respecto del vínculo con los escribas, los fariseos y la
mujer, pero a la vez no queda absorbido por sus propias vivencias, sino que las
trasciende y responde de acuerdo con cómo se debe responder.
La mente no creadora puede detectar malas respuestas, pero es necesaria
una mente creadora para descubrir malas preguntas o planteos mal intencionados.
Esta habilidad le permite a Jesús salir de la trampa que le habían tendido y penetrar
en una dimensión inesperada.

Acerca de los escribas y los fariseos


Aquellos que venían a "testear" a Jesús eran, en realidad, un problema para sí
mismos. Había en ellos una máscara exterior que los rodeaba. La necesidad de des-
pojarse de la máscara era el punto primario de la enseñanza de Jesús a los fariseos.
Aunque el tema de la relación entre lo que aparece y lo que es sea un tema
central de la vida humana, los fariseos no son sólo una casta social y religiosa del
pueblo judío, sino la expresión extrema de una postura falsa que está contra el
Reino que enseña, en las palabras de Jesús, que "la verdad os hará libres".
En más de una oportunidad, Jesús usa el término "hipócritas" para califi-
carlos (Mt 6:2, Le 13:15-16). La palabra hipócrita significa actor y los actores, en
los tiempos de Jesús, usaban las máscaras que simbolizaban los roles que ellos es-
taban jugando. Hipócrita era alguien que usaba máscaras, alguien que no mostraba
una imagen real sino que sólo interpretaba un rol.
Más que a nadie, esta visión de Jesús enojaba a los fariseos y lo convertía
en su enemigo. Ellos estaban más preocupados por los pecados de la carne que por
los pecados del espíritu. Estos son mucho más peligrosos que los primeros porque
golpean lo más vital del ser humano. Jesús pone al descubierto sus intenciones y
deseos como un cirujano que penetra con el bisturí en lo más profundo de la per-
sona (Mt 23:25-27, Le 11:39-40).
Debemos recordar que los fariseos se presentaban como el ejemplo de lo
que Dios quería de la gente. Ellos eran los respetables, personas virtuosas para la

1
Contratransfcrencia: Originalmente, se refiere al conjunto de las reacciones del psicoanalista frente a la persona
analizada, y especialmente, ante la transferencia de ésta. Esta última, alude al conjunto de los fenómenos y procesos
psicológicos del paciente dirigidos al analista y derivados de otras relaciones anteriores. Si bien este concepto aludía, en
principio, a la técnica psicoanalítica, en el vínculo terapeuta-paciente, la transferencia existe en todo vínculo humano.
280 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

sociedad, pero Jesús los consideró sepulcros blanqueados, vasos y platos sucios
por dentro, gente corrompida interiormente. Jesús, con sus palabras, producía un
fuerte impacto en la multitud y con esa actitud desenmascaraba y sacaba a la luz
lo que querían ocultar.
Uno de los requerimientos fundamentales del mensaje y la pastoral de Jesús
es la necesidad de quitar la máscara farisea que nos rodea. La máscara suele ser la
imagen de la persona que nosotros pretendemos ser. La falsa personalidad exterior
que nosotros mostramos al mundo y que en más de un sentido se contradice con
nuestro interior. La máscara disimula nuestros reales pensamientos y sentimientos
y nos sirve para escondernos de los otros y de nosotros mismos, a tal punto que
llegamos a desconocer las mismas máscaras que hemos asumido.
Hay un aspecto funcional de la máscara: representa un modo de ser que nos
permite funcionar en ese mundo. Pero hay un aspecto destructivo y alienante: la ten-
dencia a identificarnos con ella. La máscara nos hace creer, aunque más no sea por
momentos, que somos la persona que pretendemos ser. Por lo tanto, permanecemos
inconscientes de lo que somos realmente. Al identificarnos con nuestro caparazón
exterior, pasamos por alto los pensamientos y los sentimientos que están dentro de
nosotros. La mentira hace su obra produciendo una confusión entre la apariencia y la
realidad. Detiene el desarrollo porque a menudo necesita ser defendida.
La marcada diferencia que los fariseos de la historia querían imponer entre
ellos y los demás sólo se podía sostener desde la apariencia y no desde lo profun-
do. Éste era justamente el problema que padecían estos fariseos y escribas, ya que
cuando se identificaban con la persona que parecían ser, la falsedad se apoderaba
de ellos. Cuando esto ocurre, se paga un precio. Si a la mentira hay que sostenerla
y a los sentimientos y pensamientos ocultos hay que tenerlos controlados, se debe
invertir energía psíquica en el intento, con su consiguiente disminución, lo que
limita las posibilidades creativas. ¿No sería esto una posible explicación de la
dificultad que mostraban para descubrir lo nuevo de Jesús?
Como ocurre con una nación cuya energía principal está absorbida en cui-
darse de un enemigo, también ocurre algo similar en lo personal cuando hay mu-
cha energía empleada en contener las fuerzas en nosotros mismos que podrían
contradecir y arrollar a la máscara. Ante esta situación, el resultado es el estanca-
miento espiritual y psicológico.
Sin embargo, esa actitud recurrente de Jesús hacia ellos, que partía de su
percepción profunda hacia la gente, le hacía ver más allá de las apariencias. Los
"hipócritas" nunca se lo perdonaron. Uno de los odios más amargos es el odio a
alguien que, sin permiso, desnuda la apariencia detrás de la cual estamos metidos.
Tal vez por eso, a veces nuestras pastorales se hacen cómplices de actitudes farisai-
cas que no sólo disimulamos sino que hasta estimulamos. Lo religioso y el clima
eclesial pueden actuar como refuerzo. Hace falta mucho coraje y sabiduría para
discernir y operar no sólo sobre los hechos sino también sobre las intenciones.
CuadernosXXIII.
Vol. de Teología2004. p 281-313

La postura de Jesús era claramente pastoral, pero también partía de su propia


ética. No por nada se define a Satanás como el padre de la mentira. La mentira enfer-
ma, la verdad cura, aunque duela. Sólo una personalidad genuina, no importa cuán
sospechosa o pecadora sea, puede entrar en la atmósfera del reino de los cielos.
El reino de Dios reclama una ética profunda, no superficial, que penetre en
la persona y llegue hasta el corazón. La evolución ética del ser humano requiere
una actitud que vaya más allá de lo que se ve. En esa línea podemos leer las pala-
bras de Jesús en Mt [Link] "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor
que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos". También
vuelve a hablar sobre el tema en Le 16:15. Habla del corazón que es un sinónimo
de lo más profundo del ser. Para la mentalidad hebrea, el corazón era el centro de
la personalidad y el lugar de las decisiones. El mundo interior donde hay pensa-
mientos, sentimientos, deseos e imágenes que afectan lo más íntimo de la persona
y construyen su verdadero ser.
El gran error es creer que nosotros podemos solucionar los problemas mo-
rales de la vida creando una corrección exterior o una ética de obediencia exterior
a la ley. Pero la enseñanza es que Dios ve el corazón humano, sus ojos penetran
hasta lo más profundo del espíritu. Justamente: el Salmo 139 habla claramente
acerca de la omnipresencia y la omnisciencia de Dios. Lo que habrá de revelarse
llega hasta las zonas más oscuras (Le 12:1-3), por eso Dios ve lo que se hace en
secreto (Mt 6:4). La ética del reino está basada en la persona interior y toma en
cuenta lo que está en el corazón. Para Jesús es más importante lo que uno es que lo
uno hace. Por eso la pastoral de Jesús va a lo profundo para apuntar a un verdadero
cambio. A Jesús no le impresionaban las jerarquías religiosas ni los status eclesia-
les. En ese sentido, todas las personas estaban en igual condición.
Porque entendió las intenciones de los escribas y fariseos, pudo operar ade-
cuadamente y responder. Ellos querían probar a Jesús, tenderle una trampa. Ellos
no estaban centralmente interesados ni en el hombre que no trajeron, ni en la
vida de la mujer que estaba en exposición, ni en la misma ley que querían hacer
aparecer como el centro de su preocupación. Ninguno de estos motivos los movió
centralmente. Deseaban prender a Jesús. Politizaban las leyes y mandamientos de
Dios. Su propósito los colocaba en un lugar desde el cual se desbarataba la posi-
bilidad de comprender plenamente. En realidad, ellos eran los más adúlteros de la
historia. Ellos eran seres que escondían su odio bajo la apariencia de apego a la ley.
Se movían no por el cuidado y la ayuda que podían ofrecer a la persona que habían
traído, sino por la violencia de "ajusticiar" a Jesús.

Im estrategia de Jesús
El pasaje que consideramos en este artículo pone énfasis en los gestos de Jesús:
él "se presentó... se sentó... se inclinó... comenzó a escribir en la tierra con el dedo...
se incorporó... se inclinó de nuevo... siguió escribiendo... se incorporó... miró". Quie-
282 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

nes estaban con Jesús y los que llegaron produjeron actos no menos significativos:
"se acercaron a Jesús... llevaron a una mujer... la pusieron en medio del grupo... le
preguntaron... lo acosaron con preguntas... se fueron retirando uno a uno comenzando
por los más viejos...". Esto es el lenguaje corporal, es decir todo lo visual, que incluye
también las miradas, junto con lo que se suele llamar serie auditiva paralingüística de
la comunicación (tono de voz, volumen, timbre, ritmo, pausas, etc.), son trasmisores
de mensajes no menos importantes que aquellos sonidos que, gracias a un código de
significados, constituyen el sistema de la lengua. Para ponerlo en palabras técnicas,
las series auditivas paralingüísticas y no auditivas paralingüísticas de la comunicación
son canales menos conscientes en términos de emisión y recepción de mensajes —o
sea, registros de los que nos podemos dar menos cuenta— pero sin duda son impor-
tantísimos a la hora de comunicarnos. Más aún, son las maneras primarias que el bebé
ensaya en su comunicación con el entorno y que siguen funcionando, aunque en forma
menos consciente, en la comunicación del adulto.
Como Jesús era alguien que mostraba un amoroso interés por la vida de la
gente con quien se encontraba, que no se inhibía para encarar diálogos íntimos y
significativos, podemos sospechar que usaba estos canales como una vía de acceso
a la relación profunda con el otro o la otra. Por eso debemos considerar que los
canales paralingüísticos de la comunicación son fundamentales en la eficacia (o el
fracaso) del diálogo pastoral.
Jesús no contesta en primera instancia. Toda pregunta propone un modelo
de respuesta y aquélla venía muy delineada. Cualquier respuesta que siguiera ese
modo era mala. La manera de responder preguntas es todo un tema en la entrevista
pastoral. Es parte del arte y la técnica de la entrevista.
A veces, es conveniente que el entrevistador no conteste las preguntas del
entrevistado, al menos tal como se plantean. De esto tenemos ejemplos en el mi-
nisterio de Jesús. En las preguntas que se formulan hay ya respuestas encubiertas
o aun otras preguntas que no pueden explicitarse. Siempre la pregunta supone
una intencionalidad a ser develada. Por eso, frente a las preguntas suele haber
más de una posibilidad: devolverla, con la intención de que la persona esboce una
respuesta o aclare el sentido de su inquietud. También, responder más de acuerdo
con lo latente que a la pregunta misma. Aquí va más allá todavía. Intenta crear
un momento de silencio que suele ser valioso, si es bien utilizado, pero al que le
temen aquellos que asesoran pastoralmente y tienen poca experiencia. Vivimos
el silencio como un bache que causa ansiedad, cuando, en realidad, puede ser un
momento de encuentro y creatividad para ambos (entrevistado y entrevistador).
Aunque Jesús no contestó inmediatamente, acompañó el silencio con ges-
tos. Hay personas que escriben mientras conversan con alguien o están en alguna
reunión; esto les permite expresar estados afectivos, conscientes o no, que es-
tán viviendo y que tienen que ver con ese momento o con otras situaciones de
ellas mismas. Sin descartar de plano este aspecto, lo que Jesús escribió va mucho
CuadernosXXIII.
Vol. de Teología2004. p 283-313

más allá de la mera descarga gráfica. En algunos manuscritos originales se agrega


"como si no los oyera". Parecería que le resta dramatismo a la situación, relativiza
su importancia, desacredita, no acepta el planteo tal como es formulado.
¿Qué habría escrito Jesús en el suelo? El Evangelio de Juan, en la versión
que conocemos, no dice nada. En uno de en los manuscritos hay una sugestiva
diferencia en el versículo 8: "Él escribió en el suelo los pecados de cada uno de
ellos"; y en el 9 agrega "y ellos cuando lo escucharon, salieron uno a uno, comen-
zando desde el más viejo hasta el último".
Dejémonos llevar por esta escena, aunque más no sea como un ejercicio
de imaginación. El más destacado fariseo está en el frente, porque, de acuerdo
con la costumbre oriental, el más viejo de la compañía debe estar allí. Este fariseo
mira al piso donde Jesús está escribiendo y allí ve que Jesús está haciendo la lista
de los pecados más importantes que él ha cometido y los cuales, pensaba, sólo él
conocía. Su conciencia se despierta como si fuera iluminada de repente. Él sale
rápidamente en medio de la multitud... Jesús borra lo escrito con su mano y vuelve
a escribir otra vez. El siguiente fariseo lee y reconoce una escena escondida de su
vida y él también se va. Así, hasta que todos los acusadores, uno por uno, han leído
sobre la tierra sus propios pecados secretos, dejando a la mujer sola con Jesús. De
todos modos, hay un dato significativo. En este pasaje no se usa la palabra gráfein
por escribir, sino katagráfein que puede significar escribir una acusación contra
alguien (uno de los significados de katá es "contra").
La versión de este memorable incidente que acabamos de exponer puede
no ser la correcta, pero es interesante en un punto: haya o no escrito Jesús los
pecados de cada uno de los acusadores, su acto de silencio y de elocuente juicio
envía una llamada de atención para la autoevaluación de cada ser humano. Ya
Jesús había advertido: "Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Mas yo os
digo que cualquiera que mira una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en
su corazón".
Pero ellos insisten con la pregunta, procurando mantener el estilo inqui-
sidor del principio. Y aquí Jesús los vuelve a sorprender: "Está bien, apedréenla,
pero el acto debe cumplirse de este modo: la primera piedra la debe arrojar el
que de ustedes esté sin pecado". Jesús, como buen terapeuta, tiene una infinita
capacidad para producir actos sorpresivos. Los coloca ante una situación imposi-
ble, reestructurando de un nuevo modo la situación. El tipo de mensaje, salvando
las distancias, es el mismo que el de los carteles de algunos negocios: "Nosotros
fiamos sólo a mayores de 90 años que vengan acompañados de sus respectivos
padres". Sin embargo, más profundamente, el mensaje apunta a que no se puede
juzgar a otro olvidando que el juez también necesita del perdón de Dios. Sobre este
tema ya había hablado en el Sermón del Monte.
A partir del "quien esté sin pecado, tire la primera piedra" cada ser humano
está compelido a sentarse en un juicio sobre sí mismo. Inmediatamente después
284 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

de la respuesta de Jesús, no sólo la acusada sino también los acusadores están


enjuiciados.
Es más fácil tomar a una persona que ha cometido una falta notoria y apun-
tar con un dedo orgulloso al pobre infortunado. Proyectar lo negativo o temido
sobre los demás es un mecanismo ancestral para liberarse de la culpa. Criticar a
los demás nos hace sentir más virtuosos, aunque más no sea mientras lo hacemos.
Una de las parodias de la justicia ha sido cuando se ha hecho sufrir a personas
que cometieron diferentes tipos de faltas mientras el resto de la comunidad, que
a veces era cómplice de tal situación, queda liberada y al margen del juicio. Cada
falta que un individuo comete señala un camino donde la comunidad está en algún
sentido involucrada. "Ayúdanos a entender nuestras culpas, oh Señor" dice una
canción del Cancionero Abierto. La iglesia está obligada hoy a revisar sus méto-
dos referidos a una pastoral de confrontación con la gente. No hay nadie cerca de
aquel o aquella que es descubierto que quede sin pecado.
Lástima que esta gente era demasiado soberbia para seguir aprendiendo de
Jesús a pesar de sentirse "acusados por su conciencia". El Hijo de Dios los había
tocado en lo más íntimo. El Evangelio se encarga de remarcar que "salían uno a
uno comenzando desde los más viejos".
Ahora, Jesús se queda solo con la acusada: se endereza y mira a su alrede-
dor. En varias escenas del Evangelio se comenta acerca de la mirada de Jesús, que
no sólo sirve para explorar sino también como un medio de expresión. "Mujer,
¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?". Las preguntas de Jesús
tienen un tinte de ironía. Él había sido partícipe y testigo de lo que había pasado.
Hasta tienen un cierto humorismo que intenta quitar el dramatismo de la escena
anterior, que seguramente había provocado terror en la mujer. Es una ironía que
transmite seguridad en el nivel de metamensaje y que prepara las palabras finales:
"Ni yo te condeno, vete, y no peques más".
La presencia de la mujer en esta historia es muy fuerte, sin embargo ella
sólo dice unas pocas palabras. Su acción de adulterio nunca es negada ni discutida.
Ella no pide perdón a Jesús, sin embargo, lo recibe, no como un decreto judicial
que anule el juicio anterior, sino en un sentido mucho más profundo.
Ella emerge de esta historia habiendo sido amada y cuidada. Es tratada
como alguien que no es un objeto sino un sujeto con su propia historia de vida.
Se la ve como una mujer que es capaz y responsable por su propia visión. Esto es
parte del ABC del asesoramiento pastoral. Ninguna situación personal por la que
atraviese la persona puede obviar esta actitud de aprecio, de interés y de poner bien
en claro el valor de cada ser humano, más allá de cualquier condición.
Jesús procura restaurar la confianza e impartir esperanza a esta mujer per-
mitiéndole saber que él cree en ella. Otros esperaban que ella fuera víctima y
condenada por su pecado. Él esperaba de ella que lo abandonara. No remarca su
pecado para que quede paralizada por la culpa, sino que ilumina un camino posible
Cuadernos
Vol. [Link] Teología
2004. p 84-313

para que, arrepintiéndose, pueda cesar en su acción pecaminosa y pueda aprender


nuevas posibilidades de su conducta.
La autoestima —esto es la conciencia del propio valor y la perspectiva
confiada acerca de las propias posibilidades— es condición fundamental para la
sanación y el desarrollo de las personas. El tema de la autoestima aparece como
principal o asociado con otros en la mayoría de los encuentros pastorales. Nadie
puede crecer en un clima donde todo es enjuiciamiento. Jesús no minimiza la
incorrecta acción de la mujer, pero quiere salvar su autoestima y las condiciones
necesarias para su propia recuperación y sanidad.
De modo que la mujer puede salir de ese lugar con la conciencia de ser
enviada con una misión: "no pecar más", con la certeza de sentirse conectada y no
marginada, con la sensación de que se han creado las condiciones para su propia
salud. Probablemente todo esto estuvo presente en su silencio. Seguramente ella
pudo ver la profunda diferencia, frente a su pecado, entre Jesús y los escribas y
fariseos. El contraste entre la culpa condenatoria y destructiva promovida en el
comienzo de la historia por estos que la llevan como una rea, usada como un objeto
para hacer caer a un justo, y la libertad, de la cual ella es portadora al final de la
historia, cuando se le dice "vete, pero no peques más". No había condenación para
ella, sí una nueva oportunidad en su vida. Probablemente, las únicas dos palabras
que registra el Evangelio hayan expresado la situación de alivio que el encuentro
con Jesús le había provocado (pruebe el lector o la lectora decirse a sí mismo "Na-
die me condenó por...").
Jesús pone las cosas en el orden correcto, lo que define el efecto de la en-
trevista: 1) enfrenta a los acusadores, 2) se dirige a la acusada y la libera; y 3) al
final, se ocupa del pecado.
El adulterio es sólo una parte del problema en este encuentro. Si éste se
hubiese colocado en primer lugar, el resto de las enseñanzas del pasaje hubiesen
quedado desteñidas. Jesús no quiere que estemos obsesionados por el pecado, sino
por la nueva vida en Él. He aquí un problema para consejeros pastorales: en una
entrevista ¿es nuestra prioridad el crecimiento de la persona o el problema del bien
y del mal con respecto a lo que la persona hace? Este segundo aspecto no puede
desligarse del primero.
Porque Jesús tiene sus prioridades, no la sermonea. No la trata como una
nena mala, por el contrario, ofrece su perdón, intenta energizarla para que ella
misma se separe del pecado. Jesús restituye en ella el respeto hacia ella misma y la
autoestima que habían pisoteado los fariseos y los escribas. Le otorga su confianza
y la confronta con una nueva dirección. Había cometido una acción inaceptable,
pero ella no era inaceptable; había cometido una falta, pero ella no era una falta.
Jesús es en sí mismo un agente de la verdadera libertad. Mientras los escri-
bas y los fariseos la mandan a pagar las consecuencias de su pasado, Jesús la abre a
un futuro nuevo. Promueve en ella la liberación de su pasado para que no lo repita.
286 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

Nosotros no sabemos qué fue de la vida de esta mujer. El evangelio pone el final de
la historia donde debe ser puesto, para nuestro aprendizaje y no para nuestra curio-
sidad. Ella salió tan rápidamente de la narrativa que aparece en el evangelio como
había entrado. Pero podemos creer, más allá de lo que sucedió después, que esta
pastoral de Jesús abrió algún tipo de horizonte en su vida y que ella habrá hecho
memoria del suceso más de una vez. Así es la atención pastoral. No siempre sabe-
mos qué sucedió después de algunos de los encuentros que tenemos con personas,
pero hay intervenciones pastorales que dejan marcado al otro para siempre, aun en
aquellos casos en que la continuación no nos satisfaga plenamente.
Si necesitáramos escenas o pasajes bíblicos para fundamentar una moral
única para hombres y mujeres o reivindicar la igualdad de derechos de ambos
sexos tantas veces mancillada, aquí podríamos encontrar un ejemplo adecuado.
Jesús reivindica el valor de la mujer aun en la condición social más despreciable y
condenatoria, así como defendió los derechos y el valor de los niños.

Una pastoral para los fariseos


Jesús responde primero a los acusadores, pero su postura frente a ellos no
es diferente que su respuesta a la mujer. Él los trata con cuidado y sensibilidad.
Sabe que le están tendiendo una trampa, pero entiende que ellos también están en
una trampa tendida por ellos mismos, por aquellos que los formaron y por estruc-
turas religiosas e institucionales que favorecen tal situación.
Por eso, no reacciona con odio y violencia. Para defender a la mujer no ne-
cesitaba destruirlos. Los descalificó como jueces porque estaban en un rol que no
les correspondía y los esclavizaba aunque ellos no se dieran cuenta. Además, les
recuerda sus propios pecados. Lamentablemente, parecería, por el relato, que no
se quedaron para el final de la historia. También para ellos había perdón, promesa
de no condenación y apertura a un futuro nuevo.
El gesto de Jesús escribiendo en el suelo los dejó sin respuesta. ¿Por qué
habrían de salir primero los más viejos? ¿Sería porque tenían las más largas his-
torias? ¿Los que tenían más memoria? ¿Los que tenían más pecados en su haber?
¿O porque se habían puesto más afuera en la ronda acusadora mandando al frente
a los más jóvenes? Lo que está claro es que él no hace con ellos lo que ellos hicie-
ron con la mujer. No los expone al ridículo ni a la pública condenación. También
con ellos actuó con amor, sensibilidad y compasión. Él también los invitó a hablar
sobre su propia conducta y a hacer su propio autoexamen: "El que esté sin pecado
que arroje la primera piedra".
Por eso es un error creer que simplemente Jesús se puso de parte de la
mujer. A veces, el ponerse a favor de una parte, en situaciones como éstas, deja
afuera a la otra. Jesús intenta una acción pastoral para todos: para la mujer, para
los escribas y para los fariseos.
Cuadernos de Teología XXIII.2004.p
Vol. 287-313

Dos modelos para enfrentar la culpa


A partir de este pasaje, queda abierta la cuestión del papel del superyó y
su visión desde la psicología pastoral y, en relación con ello, el tema de la cul-
pa2. Uno de los elementos que define al ser humano es su conciencia moral. El
sentimiento de culpabilidad es uno de los componentes fundamentales de la vida
afectiva. Actúa cuando nuestras acciones son sancionadas por una instancia psí-
quica llamada superyó. Cuando éste reprueba nuestro accionar, produce culpa o
des valorización.
En el pasaje aquí considerado, encontramos dos modos de resolver esta
cuestión. La primera estaría encarnada por la postura de los fariseos y los escri-
bas. Aquí el superyó tiende a ser estático, repetitivo, pegado compulsivamente a
una ley que tenía siglos. No puede actuar creativamente ante una nueva situación.
Cuando el superyó no es rígido ni repetitivo, puede ser sensitivo y discriminador
para analizar y valorar toda situación y, por lo tanto, puede ser dinámico y permitir
la innovación.
En el primer esquema, la voz del superyó es punitiva, demanda castigo
en la convicción que a mayor dureza más virtud. Por ese camino, esta instancia
psicológica puede ser autodestructiva. Si tomamos en cuenta que el superyó actúa
en el consciente y en el inconsciente, podemos concluir que muchas conductas
que perjudican de muy distinta manera al individuo deben ser pensadas desde el
autocastigo. Parecería que la culpa tiene la habilidad para mantenerse oculta y
producir, desde ese lugar, efectos. La culpa no suele tener misericordia y abusa
de su poder y, si bien la ausencia de la misma coloca al ser humano al nivel de lo
peor, su accionar no es simple ni suficientemente lógico. No siempre es coherente,
pero a menudo es feroz.
Uno de las formas típicas vinculadas a esto es el remordimiento. La etimo-
logía de esta palabra es elocuente; proviene de mordere, vocablo latino del que na-
cen mordedura, mordacidad, mordaz. Se trata de un intenso sufrimiento respecto
de la imagen ideal de sí, donde priva la idolatría a la Ley. El remordimiento une
confesión con flagelación. La falta es percibida como una carencia que amenaza
la seguridad de la personalidad. El remordimiento es un sentimiento mutilante,
regresivo, que le hace perder impulso a lo más positivo que tenemos dentro de
nosotros mismos. En este sentido, podemos decir que la obsesión por el pecado es
tan perniciosa como el olvido del pecado.
El remordimiento implica un componente de repetición. Parecería que el
sujeto intentara revivir la situación pasada que lo atormenta. Repite la situación,
motivo del reproche, buscando en vano resolverla, lo cual no es posible porque

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Superyó: Lis una de las instancias de la personalidad, de acuerdo con uno de los esquemas de la misma,
propuestos por Freud. Las funciones del superyó son, básicamente, tres: la conciencia moral, la auto-observación y
la formación de ideales.
288 Hugo N. Santos, Así nos sana Jesús.

ya sucedió, él está muerto respecto de ella. El remordimiento, como toda actitud


obsesivamente repetitiva, impide vivir con felicidad.
No siempre la culpa se vincula con una acción inadecuada, sino también
con una difusa sensación de indignidad que adquiere autonomía e ignora la fuente
que la originó. Los estados depresivos pueden ser un ejemplo.
Por eso Jesús se apresura, en el caso de la mujer, a "despegarse" de esta
instancia psíquica explicitando su no condenación.
El manejo del reconocimiento de la falta que propone Jesús busca reestruc-
turar el futuro, de modo que lo percibido como valioso sea buscado. "Vete", le dice
Jesús, "y no peques más". Tal sentido actúa dentro de nosotros como una fuente
de motivación que anima a percibir y seguir valores superiores de vida, a amar y
buscar una vida mejor.
Uno de estos dos modelos puede predominar sobre el otro dentro de nues-
tro psiquismo. Jesús no sólo libera a la mujer de los fariseos y los escribas, sino
que le da una enseñanza implícita para que le sirva en relación con ella misma. Es
necesario reconciliar al yo con el superyó para recuperar la autoestima, hace falta
que aquél sea más fuerte y éste menos sádico.
En este sentido, podemos comprender los problemas con este pasaje desde
siglos. A veces, nuestro superyó, como los fariseos, nos hace jugarretas para impe-
dirnos comprender el obrar y la misericordia de Jesús. No sólo nuestros impulsos
pueden alejarnos de los caminos de Dios, también puede hacerlo el superyó, a
quien otorgamos especiales honores. No hay que confundir al representante de
nuestros padres terrenales con nuestro Padre (y Madre) celestial.
Mientras los fariseos tienden a lo repetitivo y estático (siempre están en
lo mismo), Jesús, lleno de amor y de deseo de vida, no sólo para él sino para los
demás, resuelve con creatividad la situación. Mientras los fariseos y los escribas
se quedan siempre a mitad de camino, Jesús completa su acción liberadora. Para
un asesor pastoral no sólo es importante el qué de los valores (qué es bueno o
malo) sino el cómo. Creyendo seguir el camino de la virtud podemos estimular
patologías. Más aún, es importante ser conscientes de cómo estos dos modelos,
representados en el relato por los fariseos y por Jesús, funcionan dentro de cada
uno de nosotros.

Fecha de recepción: 21.4.03 Fecha de aceptación: 29.4.03

Hugo Santos es profesor titular de Teología Práctica y Correlación en el


1SEDET.

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