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Reflexiones sobre el Viaje de María

El documento presenta una serie de oraciones y reflexiones dedicadas a la Virgen María, en el contexto de su viaje a Belén para dar a luz a Jesús. A través de varias jornadas, se expresa admiración por su humildad y sufrimiento, así como peticiones de intercesión y enseñanzas sobre la resignación y el amor divino. Cada jornada culmina en una oración que busca la bendición de la Virgen y la conformidad con la voluntad de Dios.

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Reflexiones sobre el Viaje de María

El documento presenta una serie de oraciones y reflexiones dedicadas a la Virgen María, en el contexto de su viaje a Belén para dar a luz a Jesús. A través de varias jornadas, se expresa admiración por su humildad y sufrimiento, así como peticiones de intercesión y enseñanzas sobre la resignación y el amor divino. Cada jornada culmina en una oración que busca la bendición de la Virgen y la conformidad con la voluntad de Dios.

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PRIMERA JORNADA. SEGUNDA JORNADA.

¡Inmaculada Virgen María! elegida por el Omnipotente Madre Divina del Ser Eterno y Consuelo único de los
para ser la Madre de su Divino Hijo, mi alma te contempla pecadores, ¿cómo es que tú, la criatura más santa y más
con asombro al verte partir de Nazareth á Belem, por pura, te veas expuesta en este penoso viaje a la
cumplir con la ley de un poderoso de la tierra. Yo te intemperie del tiempo y la inhumanidad de los hombres?
suplico me concedas cumpla con la voluntad y ley de Dios Señora y Madre nuestra, si en esta noche deseas una
para merecer contemplarte en el cielo, y que, así como tú posada en que descansar de las fatigas del camino, aquí
en esta primera jornada descansaste en una humilde tienes mi corazón, descansa en él y haz que arda siempre
choza, yo pueda, por medio de las virtudes, descansar en el amor divino, para que ame a mi Dios eternamente.
eternamente en la Jerusalén celestial. Amén. Amén.
Aquí se rezarán nueve Ave Marías, Todo como el primer día.
cantando una de las estrofas siguientes:

Humildes peregrinos, TERCERA JORNADA.


Jesús, María y José,
Delicadísima azucena, en la cual se re- crea el mismo Dios;
Mi alma os doy, con ella,
María, María Santísima, ya veo con qué humildad y
Mi corazón también.
resignación caminas en esta Jornada, acompañada de tu
¡Oh, peregrina agraciada!
castísimo esposo, que sufre por no poder aliviar tus
¡Oh, dulcísima María!
padecimientos. Pero tú, tierna Niña, le consuelas, y al
Os ofrezco el alma mía
reposar en una tris- te cueva, te manifiestas gustosa para
Para que tengáis posada.
enseñarnos que debemos recibir con humildad y
resignación las penalidades de la vida, si queremos
DESPEDIDA DE LOS PEREGRINOS DE LA POSADA.
hacernos dignos de las misericordias de tu Santísimo Hijo
Pedimos al cielo en el cielo. Amén.
Mil gracias os damos, Que esta caridad
Que, en esta ocasión, Os premie
Posada nos disteis colmándoos
Con leal corazón. De felicidad.
CUARTA JORNADA. SÉPTIMA JORNADA.
Espiritual e inocente Santa Madre del Divino Verbo, que ¡Soberana Emperatriz de los cielos! ¿Quién podrá conocer
estando tan cerca a dar a luz al Redentor del mundo, tu grandeza, tu hermosura y tus brillantes virtudes?
sufres con tanta humildad las fatigas de ese penoso viaje, ¿Quién podrá amarte como dignamente lo mereces? Si los
y llena de resignación, te vuelves a descansar esta noche hombres te aman, ¿cómo no tienes donde reclinarte esta
en el rincón de un corral de ovejas, las cuales te rinden noche, sino un despreciable lugar? Danos tu bendición,
más veneración que los mismos hombres por quienes Se- ñora, y enséñanos a amar a Dios y a ti con un
tanto sufres. Enséñanos, Señora, a sufrir las adversidades verdadero y sano amor. Amén.
con paciencia, para obtener el reino celestial de todos los
OCTAVA JORNADA.
justos. Amén.
Amantísima Madre de Dios ¡cuánto dolor debe causaros el
QUINTA JORNADA.
veros en esta Jornada, resistiendo el aire, el frío y las
Cándida paloma, refugio seguro de los desgraciados hijos crudas nevadas del invierno, siendo tú tan tierna y
de Adán. Tú eres el único consuelo de nuestros trabajos, delicada como la más pura entre todos los seres! Y así, i
porque nos amas como á verdaderos hijos, pues por sólo encontráis albergue entre los brutos, ¿porque los
nosotros tienes que pasar esta noche a campo raso, para hombres os lo niegan? No, Madre nuestra, recibe nuestro
continuar después tu largo viaje. Te rogamos nos miserable corazón, toda nuestra alma y esta pobre choza,
concedas una santa conformidad en nuestra muerte, para para que descanses con tu Santísimo Hijo y tu casto
gozar de Dios en la gloria. Amén. esposo José. Amén.

SEXTA JORNADA.
¡Oh, Virgen de las Vírgenes! ¡Con qué resignación aceptas
tus terribles trabajos, caminando a pie y durmiendo esta
noche en un triste rincón, tan despreciable aun para las
mismas bestias! Infunde en mi alma tan santo ejemplo,
para agradar a Dios y a ti, Santísima Madre mía. Amén.
NOVENA JORNADA.
Llegado es el momento tan deseado en que el astro
fulgente de la redención inunda mundo con la luz
purísima de su Divinidad. Y para hacer mayor el contraste
y más patente la humildad de que nos da ejemplo el
dueño y soberano de cuantos bienes encierra el mundo,
elige por cuna un despreciable pesebre abandonado bajo
un portal sin techo. Y allí la Reina Soberana del Empíreo,
da a luz al Unigénito del Eterno Padre, al excelso Jesús,
que venía al mundo a redimir al género humano del
pecado original. Pobrísimas y humildes mantillas
recibieron al Rey del cielo, que tuvo por corte que
saludara su nacimiento, unos cuantos pastores de la más
pobre clase, si bien, por una revelación divina, quiso
demostrar que los más grandes soberanos de la tierra
tendrían que rendirle culto, haciendo que una estrella
guiara a tres reyes de Oriente para que, rendidos y
humillados, le ofrezcan el tributo del vasallaje, que más
tarde debía darle el mundo entero.
Recibe ¡oh sagrada Reina de los Angeles! en esta noche,
nuestro beneplácito por tu santo alumbramiento, y haz,
Señora, que en el cielo adoremos, como doramos en la
tierra, al Bendito Fruto de tus purísimas entrañas. Amén.

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