A Dani le duele un dedo
A Dani le gusta nadar con su padre subidos en su delfín verde. Se divierte dando
saltos dentro del mar con sus amigos Damián y David. Su madre, de deberes le hace
dictados difíciles todos los días y al terminar hace dibujos. Él demuestra toda su
sabiduría en los dictados y su destreza en los dibujos.
Un día, dando un salto se dobló un dedo y le dolía tanto que su madre lo llevó a la
doctora Dora. La doctora Dora le vendó el dedo y le mandó medicamentos.
Dani estaba aburrido y sus amigos Damian y David le dieron un dominó, que
compraron con su dinero, para que se distrajera. Dani estaba tan agradecido que ese
día los invitó a merendar donut de chocolate y le dejó prestado su delfín verde, ya que
durante algunos días no iba a poder usarlo.
La ballena Bibí
La ballena Bibí cada viernes va con su bicicleta a la biblioteca a buscar si libro
semanal. Por las noches, después de darle un buen biberón a sus pequeños
ballenatos Bartolín y Benito, le quita sus baberos y les leía en voz alta su libro.
Benito y Bartolín le propusieron un día a su madre que les enseñara a leer para
poder ir con ella cada viernes a la biblioteca a buscar su libro semanal y cada noche,
después del biberón leer juntos cada uno su libro.
A Bibí le pareció una muy buena idea. A la mañana siguiente despertó a Bartolín y
a Benito con un beso, desayunaron un buen bocadillo y en una bolsa les dio a cada
ballenato un bloc para escribir cada letra que iban aprendiendo. Como eran muy
buenos alumnos pronto aprendieron a leer. El búho, el caballo y la abeja que jugaban
cerca de baloncesto con un globo, le pidieron a la ballena Bibi que les enseñaran. Ella
las invitó a ocupar una de las butacas y los cinco amigos no paraban de reír y jugar
aprendiendo las letras.
Luca lee su libro
Luca se levantó contento, cogió su libro y leyó el cuento “La leona alimenta a sus
leoncitos”.
“La leona Luisita alimenta a sus peludos leoncitos Lolo y Luna con la leche de sus
tetitas. Luego, su papá le lame su lanudo cuerpo para limpiarlo antes de irse a jugar
cerca de la laguna con el leopardo Leandro y la elefanta Laura.
Al llegar a la laguna la gacela Marcela, que saltaba libre se asustó, y salió corriendo
al ver a los leones y sus amigos, el leopardo y la elefanta. El alegre Loro voló rápido por
la selva hasta encontrar a la gacela y le contó que los pequeños leones no se alimentan
de gacelas, porque la leona Luisita los alimenta con la leche de sus tetitas, por lo que
no deben tenerle. La gacela feliz, volvió a la laguna dando grandes saltos de alegría y
los cuatro animales jugaron libres y felices hasta que la luna salió al cielo y veloces,
cada animal volvió al lado de su madre y su padre”.
Cuando Luca terminó de leer el cuento todos sus amiguitos del cole le felicitaron y le
ovacionaron con un largo aplauso. Ese día Luca volvió a casa feliz.
La tigresa maquinista
La tigresa Teresa es maquinista del tranvía. Cuando llega a la estación, el toro
Timoteo revisa los tíquet del tren. En el primer vagón del tren viajan el pato Toni y el
tucán Mateo.
El tucán Mateo come palomitas de chocolate mientras ve la televisión y el pato Toni
habla por teléfono con su amiga la tortuga Tamara que esta de compras en una tienda.
Al llegar a la estación de Toledo se abre la puerta del tranvía y el pato Toni, que
anda despistado, tiene un accidente. Tropieza con una traviesa de las vías del tranvía y
se tuerce el tobillo.
La doctora Tisa le da unas muletas, para poder andar y le receta tarta de tomate y
tortilla de patatas tres veces al día. Todos sus amigos los visitan y le regalan una rica
tarta de nata.
A los cuatro días apenas le duele el tobillo y la doctora Tisa le dice que ya puede
salir a trotar por el parque. Muy contento llama a todos sus amigos para hacer una
gran fiesta.
Paula y su patín
Paula su fue de vacaciones con sus padres y su hermano Pepe a la playa. Paula le
encanta patinar con el patín que le regaló su primo Pedro por su cumpleaños.
El primer día se fue a patinar cerca de las
palmeras. Paula vio una mariposa color púrpura
y se olvidó de su patín. Al principio pensó que se
lo podía haber llevado un perro que paseaba cerca,
pero su padre le dijo que un perro no puede patinar.
Paula se preocupó mucho, porque era su juguete
preferido para ir al parque.
Su hermano Pepe le ayudó a buscarlo por todos sitios. Primero por la playa, después
por el paseo y al final por el campo de pinos. Cuando Paula lo daba por perdido,
apareció un niño pelirrojo muy bien peinado, llamado Pepe, que paseaba con su
patinete. Paula pronto lo reconoció y él amablemente se lo devolvió. Su padre le dio las
gracias y le invitó a comer paella con pollo y papas.
La cometa de Carmen
Cada día que Carmen salía a la calle a jugar con sus amigos Carlos y Çarolina,
soñaba con tener su propia cometa. Como Carmen era muy creativa, se le ocurrió crear
su propia cometa. Compró cartulinas de colores, cuerda y cartón. Cuando salió del
colegio, se fue corriendo llego a casa y escondió todo debajo de su cama. Cuando comió,
se fue a su cuarto y sacó todo lo que había comprado.
Con colores coloreo el cartón, con el cúter lo corto con forma de cuadrado, adornó
con las cartulinas de colores, le hizo flecos con tiras de una camisa rota y finalmente,
ató la cuerda y la enrolló en una copa en forma de caracol. Cuando salió de su cuarto,
su hermano y sus padres se quedaron con la boca abierta. Se fue a la calle y como loca,
no paró de correr hasta que su cometa, poco a poco, empezó a volar por el cielo como
un cohete.
Santi no sabe silbar
Santi estaba sentado en una silla bajo el sol de la sombrilla y no hacía más que
soplar y soplar y de su boca no salía ningún sonido. Estaba muy triste, hasta que su tía
Susana supo como ayudarle. Ella primero lo consoló y con mucho salero y sabiduría le
enseño la forma correcta de posicionar la lengua y los dedos.
Al principio a Santi solo le salía un pequeño sonido parecido al silbido de la
serpiente. Santi seguía practicando todos los días con tesón. Una mañana casi sin darse
cuenta salió un silbido tan sumamente fuerte que su tía Susana se asuntó. Santi se
puso muy contento y se pasó todo el día silbando e imitando todos los sonidos que se le
ocurrían.
Silbaba haciendo el sonido de los semáforos, de las sonajas, del saxofón, del sapo…
Aunque lo que más le gustaba era silbar la melodía de sus canciones favoritas.
Noa va a la nieve
Cuando Noa abrió la ventana todo estaba blanco de nieve. Corriendo fue a por sus
guantes naranjas, sus botas nuevas y el gorro que le regalaron por Navidad. Sin decir
nada a sus padres, Noelia y Nono salió a la calle con otros niños que ya jugaban con la
nieve.
A Noa lo que más le apetecía era hacer un muñeco de nieve en el enorme patio de su
casa..
Se puso a buscar y encontró dos nueces que le podían servir de ojos, un plátano sería
su nariz, una bufanda negra que ya nadie utilizaba en casa y para los manos dos
ramas de un pino, que con el peso de la nieve se habían quebrado.
Estaba tan emocionada con su muñeco de nieve que llamó a sus amigos, Noelia y
Antonio para que le hicieran una foto con él. Antes del anochecer y de que saliera la
luna, todos la felicitaron por su bonito muñeco de nieve, menos sus padres que se
preocuparon mucho porque cuando fueron a despertar a Noa no estaba en su cama.
La mona María toca las maracas
La mona María almuerza las moras y manzanas con un poco de miel, que hay en la
mesa antes de su concierto. Al concierto asistirán la mariposa Amanda, el moscardón
Miguel, la mofeta Mimí y murciélago Mario.
La mona María se coloca su sombrero de copa, su chaqueta amarilla y su pajarita
morada antes de salir al escenario. Sacó sus maracas de la mochila y dando pasos
firmes se subió al escenario, adornado con molinillos y amapolas.
Sus amigos el moscardón, la mofeta y el murciélago la reciben con un fuerte aplauso.
La mona María, esta un poco nerviosa, pero moviendo las manos con fuerza hizo una
genial interpretación de la obra “La primavera en el mar Mediterráneo”. Al terminar el
concierto todos quedaron maravillados y la animaron.
La fiesta de Fátima
Fátima decidió celebrar la famosa fiesta de la primavera en el parque de las flores.
Hacía tiempo que puso la fecha. A su fiesta invitó a sus amigos Felipe, Fidel, Sofía y
Alfonso. En la invitación mandó una foto del lugar, para que ninguno de sus amigos se
perdiese y faltase a la fiesta. Ella se encargó de preparar una rica fuente de flan de
frutas. El que mejor le salía era el de fresa y frambuesa.
Su madre le puso su falda nueva, su camiseta de los pitufos, su pantalón fucsia y su
felpa de flores. Fátima se sentía muy feliz.
Llamó a su padre por teléfono para que la llevase, pero le dijo que debía esperar
unos minutos mientras se afeitaba, para no estar feo. Mientras esperaba a su padre, se
sentó en el sofá, cerca del fuego de la chimenea, a practicar con la flauta del cole.
Aunque la canción que le tocaba practicar este fin de semana era fácil, aún le salía un
poco fea.
El mago Gabi
El mago Gabi era un gusano que le gustaba vivir en su jugosa granada. Solo salía
para hacer sus trucos de magia a sus amigos la tortuga Gabriela, el gato glotón, el
gorila gordinflón, el gran gallo y el lagarto guitarrista. Gabi citó a todos sus amigos
cerca del lago.
Adornó el escenario con globos y preparó su gorra de la suerte, sus guantes de mago,
sus gafas de goma y por supuesto su gran bigote. Todos los animales llegaron puntuales.
Gabi, algo nervioso, salió al escenario con su típica guitarra. En el primer truco, de
su gorra apareció un gracioso gorrión. En el segundo, como gotas de lluvia, caían
regalos para todos. Y, para terminar, agradeció a sus amigos la tortuga, el gato, el
gorila, el gallo y el lagarto su gran amabilidad invitándoles a galletas cubiertas de
jugosas gotas de chocolate negro.
Julia y Alejandro
Julia y Alejandro se divierten dibujando en el jardín de su abuela. Josefa. A Julia le
gusta dibujar animales, como jirafas, ovejas, abejas, conejos o jabalíes. Alejandro
prefiere dibujar plantas, como jazmines y jacintos dentro de un jarrón. A los dos les
encantan jugar a juegos de mesa.
Un día, para jugar, decidieron coger las tijeras de la abuela y recortar las jirafas, las
ovejas, abejas, conejos y jabalíes. Les pusieron ojos negros y orejas rojas y los metieron
en una jaula llenas de hojas del jardín. Las plantas de Alejandro las colocaron en un
viejo jarrón que su primo Juan le trajo de su último viaje a Jaén.
La choza de Charo
Charo llevaba varias noches soñando con su choza del árbol. Así que, el sábado, a
las ocho de la mañana, desayunó un gran vaso de leche con churros de chocolate, se
preparó un bocata de chorizo que echó en su mochila, se puso su chaleco de bricolaje,
cogió su serrucho y su hacha para cortar madera y se fue derecha hasta el árbol que
serviría de base para su choza. Corto varios palos, que unió con unas chapas que había
encontrado para hacer el techo y la chimenea.
Estuvo trabajando duro hasta que llegó la noche. Casi tenía su choza terminada y
poco a poco fue llevándose todo lo que iba a necesitar. Se llevó su parchís para jugar
con sus amigos, una chaqueta, para cuando le diera frío, una hucha, su peluche para
que le diera compañía, un cuchillo, una cuchara y un tenedor. Cuando vio su choza
terminada estaba muy satisfecha.
El cumpleaños de Ñoño
Con la llegada del otoño, el pequeño Ñoño celebrará su cumpleaños con todos los
niños de su clase. Lleva varios días soñando con la piñata que su madre le suele
regalar.
El año pasado una niña le hizo daño en la uña de dedo meñique al querer coger
unas castañuelas que había en la piñata. Este año su madre le prometió celebrar su
cumpleaños en “La cabaña de la cigüeña”. La cabaña de la cigüeña está cerca de la
montaña y es un sitio muy divertido para celebrar los cumpleaños.
Unos días antes del cumpleaños Ñoño, pidió permiso a su señorita repartir las
invitaciones a todos los niños. Por la mañana las repasa todas para que no se olvide de
nadie. El año pasado se olvidó de una niña, y para que no se enfadara le regaló una
muñeca. Este año le entregara la tarjeta la primera.
Vera trabaja cada verano en la granja de vacas de sus abuelos. Sus abuelos viven en
una pequeña vivienda con grandes ventanas, desde donde se puede ver el verde valle,
lleno de pastos para sus vacas.
El perro de Rafa
Rafa le contó a su amigo Rubén que cada noche soñaba con tener un perro. Un día
soñó que le regalaban una preciosa perrita con una correa rosa y un lacito rojo. Se
sentía tan feliz que jugando se fue corriendo por el arroyo hasta llegar al río, donde su
perrita empezó a jugar con una verde rana que saltaba por las ramas buscando a sus
verdes renacuajos.
Un ratón que correteaba triste por la orilla del río
saludó a su perrita y le dijo que un pequeño zorro marrón
le había robado su merienda. Rafa, rápidamente, dejó de
corretear detrás de su perrita y buscó algo de comer para
su amigo el ratón. Pronto encontró un racimo de uvas
verdes, unas pocas fresas rojas y un rábano rosa. El ratón
se puso tan contento que cuando Rafa decidió regresar por
el camino del arroyo, hasta la carretera que llega a su
casa, el ratón les perseguía para despedirlos con un fuerte
abrazo.
Cuando Rafa se despertó esa mañana y bajó a
tomar su desayuno no daba credibilidad a lo que
estaba viendo. Justo al lado del radiador del
comedor había un pequeño cachorro con un letrero
que decía “Felicidades Rafa, soy tu regalo de
cumpleaños”.
El toro miedoso
Había una vez un toro miedoso que tenía miedo a los corderos y nunca se acercaba
a ellos, el toro vivía en una caravana en lo alto de la montaña muuuuy lejos de los
corderos. Un día, el toro salió a comer hierba lejos de su caravana.. y escuchó un grito
de un animal muy pequeño…¡no me pises toro! dijo una mariquita que pasaba por allí.
El toro al escuchar ese grito se fué corriendo a su caravana... ¡Qué miedo!.
La mariquita fué corriendo a contarle lo que le había pasado a su amiga la
mariposa, que estaba posada en un naranjo. La mariposa le contó que ese era el toro
miedoso y que le tenía miedo hasta a los corderos. La mariquita tuvo una idea...
¡Vamos a ver al toro! Le regalaremos una margarita para que vea que queremos ser sus
amigas. Pero no iremos solas, se lo diremos al caracol, al loro y a los pajaros que viven
cerca de la palmera.
Así que todos fueron a ver al toro que estaba parado cerca de un
semáforo y una farola, sentado en su caravana. Le regalaron la
margarita y le dijeron que los corderos también querían ser sus amigos.
Desde ese día ya no tiene miedo a los corderos y todos se fueron a
merendar bocadillos de chorizo.
Una tarde de lluvia
Era una tarde muy lluviosa y Guillermo y Lluna ya habían merendado un bocadillo
de tortilla, unas pocas galletas y unos caramelos de sus bolsillos. Como estaban muy
aburridos, y no podían salir a la calle, decidieron jugar a imitar animales con sus
padres.
Guillermo empezó imitando a un pollito que saltaba de silla en silla. Cuando le tocó
a su hermana Lluna, imitó a un caballo que trotaba por una llanura.
La mamá de Guillermo, que le encantaba jugar con ellos, imito a una pequeña
llama de cabello largo. Cuando fue el turno de su padre se le ocurrió hacer de ardilla
que comía bellotas. Siguieron imitando a una ballena que vivía en un castillo, un gallo
que llamaba a las gallinas y un camello que seguía a una estrella. Lo que parecía que
iba a ser una tarde aburrida de lluvia fue una agradable tarde de juegos y risas.