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TEMARIO B.SIGLO XIX - ALUMNOS.def

El documento detalla la historia de España en el siglo XIX, centrándose en la crisis del Antiguo Régimen y la transición hacia un estado liberal. Se abordan eventos clave como la Guerra de la Independencia, las abdicaciones de Bayona y el impacto de la Revolución Francesa en la política española. Además, se analizan las tensiones sociales y económicas que llevaron a un cambio significativo en la estructura política del país.
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El documento detalla la historia de España en el siglo XIX, centrándose en la crisis del Antiguo Régimen y la transición hacia un estado liberal. Se abordan eventos clave como la Guerra de la Independencia, las abdicaciones de Bayona y el impacto de la Revolución Francesa en la política española. Además, se analizan las tensiones sociales y económicas que llevaron a un cambio significativo en la estructura política del país.
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DEPARTAMENTO DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

HISTORIA DE ESPAÑA
2º BACHILLERATO
CURSO 2023-2024

TEMARIO B: SIGLO XIX


La crisis del Antiguo Régimen en España (1808-1833)
La construcción del estado liberal (1833-1868)
l sexenio democrático (1868-1874). Economía y
sociedad españolas en el siglo XIX
El régimen de la Restauración (1874-1902)
TEMARIO B. Siglo XIX

[Link] CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN ESPAÑA (1808-1833)

INTRODUCCIÓN
Durante la primera mitad del siglo XIX se produjo en Europa Occidental un proceso de
cambio político desde las monarquías absolutistas del Antiguo Régimen hacia las
monarquías constitucionales parlamentarias, influidas por la ideología de la Revolución
Francesa, que defendía la división de poderes.
Paralelamente, se desarrollaban otros dos hechos trascendentales: la apertura hacia un
nuevo sistema económico (la Revolución Industrial) y el paso de la sociedad estamental a la
sociedad de clases, con el triunfo de la burguesía.
La crisis del Antiguo Régimen provocó en España un estado de guerra civil
intermitente entre los partidarios del Antiguo Régimen (absolutistas) y los partidarios de la
monarquía parlamentaria (liberales). Este tránsito tuvo unos rasgos muy característicos,
porque el cambio político no estuvo acompañado de un auténtico cambio social y económico y,
a su vez, no fue un proceso continuo, sino que se pueden establecer dos grandes etapas:
a) La Guerra de la Independencia, de 1808 a 1814, durante la cual las Cortes de
Cádiz promulgaron la Constitución de 1812.
b) El reinado de Fernando VII (1814-1833), subdividido a su vez en tres períodos,
en función del sistema político imperante: sexenio absolutista (1814-1820), trienio constitucional
(1820-1823) y década ominosa (1823-1833).
I. LA CRISIS DE 1808 Y LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
I.1 El final del reinado de Carlos IV y la crisis del Antiguo Régimen
Carlos IV (1788-1808), hijo y sucesor de Carlos III, intentó continuar su política reformista
moderada y autoritaria. No obstante, este monarca carecía de la personalidad de su antecesor
y era mucho menos activo. Su reinado marcó el inicio de la crisis del Antiguo Régimen y, por
tanto, el fin de la sociedad estamental y la monarquía absoluta.
I.1.1 Características del reinado de Carlos IV
El reinado de Carlos IV se caracterizó por varios rasgos fundamentales,
a) El gobierno de un valido
Carlos IV mantuvo, al principio, el equipo político de su padre y confió en Floridablanca y
Aranda como gobernantes, No obstante, pronto se decantó por la figura de un valido, Manuel
Godoy, que entre 1792 y 1808 fue el principal ejecutor de la política de la monarquía, Sin
embargo, a finales del siglo XVIII, este sistema de gobierno se había quedado anticuado y
debilitó extraordinariamente el poder y la imagen de los gobernantes y de los propios
reyes ante sus súbditos y ante las potencias extranjeras,
b) La influencia de la Revolución francesa
Iniciada en 1789, la Revolución francesa influyó en los ilustrados y, por tanto, en la
política española. El proceso revolucionario dividió a los partidarios de la Ilustración, Algunos
moderaron sus ideas, aterrados por las noticias provenientes de Francia, Así, Floridablanca
quiso evitar que llegara a España cualquier periódico o libro procedente del país vecino e
incluso concedió nuevos poderes a la Inquisición, y muchos ilustrados fueron encarcelados o
perseguidos; otros intelectuales, por el contrario, cansados de la lentitud de las reformas, se
radicalizaron y vieron en Francia un ejemplo que debía imitarse, aunque sin los excesos del
Gobierno de la Convención. Los revolucionarios franceses, por su parte, declararon la guerra a
las monarquías europeas, entre ellas a la española (1793-1795).
El enfrentamiento con la Francia revolucionaria fue presentado en nuestro país como una
cruzada contra los enemigos de la monarquía y de la Iglesia. Pese al inicial entusiasmo popular,
el ejército español no estaba bien preparado para combatir a las tropas revolucionarias y sufrió
una estrepitosa derrota.

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c) La creciente dependencia de Francia


Tras el paréntesis de la guerra y coincidiendo con la moderación del régimen republicano
francés, la monarquía española retornó a la tradicional alianza con Francia frente al Reino
Unido. Este acercamiento fue promovido por el propio Godoy y desembocó en una serie de
tratados que aislaban a España del resto de Europa. Mientras las monarquías europeas se
enfrentaban a los gobiernos franceses, España suscribía los Tratados de San Ildefonso, en
1796 y 1800, respectivamente, y el Tratado de Fontainebleau, en 1807. Con ellos, la
monarquía española se convertía en un satélite del Estado francés y ponía a disposición de
este sus recursos económicos y su flota naval.
Los resultados fueron negativos para España, ya que los británicos la sometieron a un
bloqueo marítimo (1796) que perjudicó el comercio y las comunicaciones con América;
además, la Armada hispano-francesa fue destruida en Trafalgar (1805), Estos fracasos
aumentaron la impopularidad de Godoy, cada vez más dependiente del Gobierno francés, y
de Napoleón, quien, en 1807, decidió emplear a España como puente para someter
Portugal, un Estado aliado del Reino Unido, e introdujo tropas en la Península.
d) Los graves problemas de la Hacienda estatal
Las deudas heredadas del reinado de Carlos III y las guerras contra los británicos
(constantes entre 1796 y 1808) pusieron a la corona al borde de la bancarrota. Los recursos
extraordinarios aportados por las Indias no llegaban con regularidad a causa del bloqueo naval
impuesto por el Reino Unido. Para financiar la deuda pública, se emitió una mayor cantidad de
vales reales lo que hizo caer su valor en picado.
A fin de obtener rentas, el Estado se apropió de bienes de la Iglesia (hospitales, casas
de beneficencia...) y los vendió. El importe resultante se empleó para hacer frente al pago de
las deudas. Esta medida dio origen a la desamortización. Pese a todo, la situación de la
Hacienda estatal siguió siendo crítica.
e) Un gran malestar social
En los primeros años del reinado de Carlos IV estallaron varias epidemias (fiebre
amarilla y cólera). Los motines por la carestía y las subidas del precio del pan fueron
constantes; a ellos se sumaron los problemas económicos derivados del bloqueo británico
y una inflación generalizada que deterioró el nivel de vida de los grupos sociales más
populares. El desmantelamiento de la red de beneficencia de la Iglesia, debido a la desa-
mortización, empeoró la situación de los más necesitados.
f) Una oposición política creciente
La política de Godoy suscitó una oposición cada vez más organizada. A su izquierda
se encontraban los enemigos del absolutismo, partidarios de una constitución o ley
fundamental que limitara el poder del rey. Este grupo fue sumamente débil y organizó, sin
éxito, algunas conspiraciones. A su derecha se hallaban los defensores de una mayor
participación de la aristocracia en el poder, de la moderación de los ataques contra el clero y de
la salida de Godoy del Gobierno. Este grupo era mucho más numeroso, ya que reunía a
aristócratas, clero e ilustrados marginados por el monarca; además, fue liderado por el
heredero y príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, quien, junto con sus partidarios, difundió
todo tipo de rumores contra los reyes y su valido e incluso urdió varias conspiraciones: la de
El Escorial (1807) fracasó; sin embargo, la de Aranjuez (17-19 marzo, 1808) resultó un éxito.
I.1.2. El motín de Aranjuez (17-19 de marzo de 1808)
Esta conspiración marcó el fin del reinado de Carlos IV. Godoy, receloso de las
intenciones de Napoleón (que había introducido sus tropas en la Península para conquistar
Portugal), planeó trasladar a los reyes a Andalucía y después, probablemente, a América.
Cuando esto se difundió entre la población, estalló un motín en Aranjuez, localidad en la que
residían el monarca y el valido; éste fue encarcelado y a Carlos IV se le obligó a abdicar en
Fernando, cuyos partidarios habían financiado y organizado la revuelta.

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El motín se reprodujo en Madrid, donde las casas de los simpatizantes de Godoy fueron
asaltadas por la multitud. El nuevo rey, Fernando VII, ratificó a las tropas napoleónicas, que a la
sazón entraban en la capital de España, su alianza y amistad.
El que un monarca legítimo fuera derrocado por una revuelta popular (inducida por su
propio hijo) era un hecho sin precedentes en la historia de España y puso de manifiesto el
grado de descomposición política al que había llegado la monarquía española.
Ante esta situación, Napoleón decidió cambiar de planes: su primera intención había
sido implicar a España en su política contra Portugal y el Reino Unido; después había
planificado la anexión a Francia de parte de España y, finalmente, tras los sucesos de marzo,
decidió instaurar una monarquía satélite de Francia, poniendo al frente de ella a algún
miembro de su propia familia, su hermano José, como ya había hecho en otros lugares de
Europa.
Este plan, sin embargo, se encontró con una inesperada oposición armada en la
península y dio lugar a la Guerra de la Independencia (1808-1814).
I.2 La Guerra de la Independencia
I.2.1 El hecho crucial para el estallido de la Guerra de la
Independencia: Las abdicaciones de Bayona
a) Las abdicaciones de Bayona: protagonistas, contenido y significado
Tanto Fernando como Carlos pensaron que el mejor valedor para su lucha por el trono
español era, sin lugar a dudas, el todo poderoso Napoleón. Por ello, partieron a finales de abril
de 1808 hacia la ciudad francesa de Bayona. En esta ciudad, Napoleón obligó a Carlos IV y a
Fernando VII a renunciar a sus derechos a la Corona española. Padre e hijo, atemorizados,
abdicaron y traspasaron sus derechos reales a Napoleón, en una acción vergonzosa que
mostraba la falta de dignidad de Carlos IV y Fernando VII.
A continuación, Napoleón proclamó a su hermano José rey de España y de las
Américas, pensando, aunque de una forma equivocada, que la mayoría de las élites
españolas deseaban reformas al estilo francés y que las clases populares aceptarían el
cambio de dinastía. Pronto pudo ver que sus suposiciones eran equivocadas. El 2 de mayo de
1808 tuvieron lugar en Madrid levantamientos populares contra las tropas invasoras
francesas, que rápidamente se extendieron al resto de España.
b) Las actitudes de la sociedad española ante el significado de las abdicaciones de
Bayona y la ocupación francesa
La forma de reaccionar de la sociedad española frente a la invasión francesa y las
abdicaciones de Bayona fue diferente. Se pueden distinguir tres actitudes:
1. La mayoría de los españoles, pertenecientes a distintos grupos sociales y opciones
ideológicas (liberales, absolutistas y reformistas), no aceptaron la ocupación francesa y
participaron con más o menos protagonismo en la lucha contra las tropas francesas.
2. Otro sector de la sociedad, formado sobre todo por funcionarios de la
Administración que vivían en las ciudades ocupadas por los franceses, adoptó una actitud
tibia e indecisa. Gran parte de ellos aceptaron el juramento de fidelidad a José Bonaparte,
pero para poder conservar sus cargos.
3. Un número no muy considerable de españoles, los denominados “afrancesados”,
dieron su apoyo a José I. La mayoría de estos colaboracionistas pertenecían a los sectores
más altos de la sociedad y, con anterioridad, habían apoyado las reformas ilustradas que la
muerte de Carlos III y, especialmente, la Revolución Francesa habían detenido.
Entre los motivos que la minoría de afrancesados alegó para justificar su apoyo a
los franceses, destacan:
1. La inutilidad de cualquier tipo de resistencia militar ante un ejército invicto hasta
ese momento. Creían que oponerse a las tropas francesas significaba provocar la ruina de
España.
2. La posibilidad de emprender el programa de reformas que España necesitaba,
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sin la necesidad de las experiencias revolucionarias.
Los afrancesados -entre los que había bienintencionados, pero también muchos
oportunistas que pretendían aprovecharse de la situación- fueron considerados traidores por la
mayoría de la población española. Al finalizar la Guerra de Independencia fueron desterrados a
Francia unos 15.000 españoles.
1.2.2. El inicio de la Guerra de Independencia
Mientras esto sucedía en Bayona, en Madrid se registraban constantemente incidentes
entre la población y las tropas francesas, que desde marzo habían ocupado la ciudad y se
habían convertido en el auténtico poder político. Esta situación desembocó en un motín
popular el 2 de mayo de 1808: a la noticia de la salida de la familia real siguió el rumor de una
posible traición francesa.
En esta sublevación, las clases populares madrileñas combatieron espontáneamente
a los franceses en la Puerta del Sol. En los enfrentamientos también participaron algunas tropas
españolas, como los oficiales de artillería del cuartel de Monteleón (los capitanes Daoiz,
Velarde y el teniente Ruiz). Los soldados de Napoleón llevaron a cabo una represión muy dura
y fusilaron a muchos madrileños en las afueras de la ciudad. El eco de la revuelta, sin embargo,
llegó a todos los rincones de la Península y desembocó en un levantamiento general: había
estallado la guerra.
I.2.3. El carácter de la guerra
La Guerra de la Independencia es un suceso complejo en el que se distinguen tres
vertientes: formó parte de un conflicto internacional, adquirió carácter de guerra civil y estuvo
acompañado de una crisis política.
a) Un conflicto internacional
La guerra fue solo un episodio de un conflicto internacional más amplio, que afectó a
España y a Francia, sino también a Portugal, que fue invadido por las tropas francesas e
Inglaterra.
Los británicos desembarcaron tropas, península y utilizaron Portugal como base de
operaciones para combatir a los franceses. Su intervención fue decisiva para apoyar a los
españoles. Entre los militares británicos que actuaron en este conflicto, hay que destacar al
duque de Wellington.
b) Una guerra de liberación nacional y una guerra civil.
Al igual que ocurrió en otros países de Europa ocupados por los franceses tuvo lugar
también una guerra de liberación nacional, ya que las tropas de Napoleón no entraron en la
Península como invasores, sino como aliados. Traían además, las ideas de nación, libertad,
igualdad ante la ley, reformismo social y económico, y modernización ilustrada surgidas de la
Revolución francesa, de la que Napoleón era heredero y continuador.
Estas ideas encontraron eco en España, principalmente entre las élites intelectuales,
políticas y sociales, que colaboraron con los franceses. A los colaboracionistas más activos se
les llamó afrancesados, y hubo entre ellos un gran número de ilustrados.
Sin embargo, otros muchos españoles, los llamados patriotas, se opusieron a la
ocupación francesa, tanto entre los políticos ilustrados (Jovellanos) como entre las clases
populares, que organizaron tropas improvisadas y formaron cuadrillas armadas. Este sector
encontró el apoyo de numerosos nobles y eclesiásticos, partidarios de la legitimidad de los
Borbones y de la mantener sus privilegios. Este enfrentamiento entre españoles le otorga
carácter de guerra civil.
c) Una crisis política
La ausencia del monarca legítimo provocó un vacío de poder y, por tanto, una grave
crisis política. Como buena parte de la Administración española colaboraba con el ejército
francés, se improvisó un poder político alternativo que actuaba en nombre del rey, aunque,
en realidad, lo ejercían sus súbditos, que construían así su propio Estado. Este era un hecho
revolucionario y dio lugar a un proceso en el que surgieron las Cortes de Cádiz y se aprobó la
Constitución de 1812.
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I.2.4 Las etapas de la guerra


Desde la perspectiva militar, la guerra se desarrolló en tres etapas fundamentales:
a) Mayo-octubre de 1808. En esta fase inicial se manifestó la incapacidad del
ejército francés para dominar la península Ibérica. Numerosas ciudades, como Zaragoza y
Gerona, se rebelaron y fueron sitiadas. Las tropas francesas que invadían Andalucía fueron
derrotadas en Bailén (Jaén, julio de 1808) por un improvisado ejército español. En Portugal el
ejército inglés también consiguió derrotar a los franceses. Estas derrotas obligaron al ejército
francés a replegarse hacia el País Vasco.
b) Octubre de 1808-julio de 1812. Aunque esta etapa se caracterizó por la
hegemonía militar francesa, existieron importantes focos de insurrección que las tropas
de Napoleón no pudieron controlar. El relieve de la Península, muy diferente a las llanuras
europeas, y la resistencia local dificultaron el avance del ejército francés. Por ello, Napoleón
entró personalmente en España al mando de sus tropas más cualificadas (la Grande Armée),
formadas por más de 150.000 hombres. Estas lograron expulsar a los británicos y
restablecieron en Madrid a José Bonaparte y ocupar la Península, con la excepción de
Lisboa y Cádiz. Durante esta etapa fue cobrando fuerza el fenómeno de la guerrilla.
c) Julio de 1812-1814. En esta fase final tuvo lugar una gran ofensiva de los
aliados que culminó con la expulsión y derrota de las tropas francesas, cuyo número
había disminuido al ser destinados muchos soldados a la calamitosa campaña de Napoleón en
Rusia. Formado por británicos, portugueses y españoles al mando de Wellington, el ejército
aliado obtuvo la victoria en la batalla de Los Arapiles (Salamanca, julio de 1812).
A partir de este momento se invirtió el signo de la guerra: en 1813 las tropas francesas
fueron derrotadas en Vitoria y San Marcial (Guipúzcoa) y expulsadas de la península, aunque
quedaron algunas en Cataluña hasta 1814. Finalmente, tras la firma del Tratado de Valençay
(diciembre de 1813), Napoleón reconoció a Fernando VII como rey de España.
I.2.5 Consecuencias de la Guerra.
La Guerra de Independencia fue una guerra total; es decir, que toda la población del
país y todos los lugares tomaron parte en la misma de una u otra forma. Hubo cerca de 500
batallas y miles de pequeños enfrentamientos armados (Madrid cambió de dueño seis veces).
Los efectos de la guerra fueron desastrosos para España, aunque también el ejército
francés sufrió un gran desgaste.
Se calcula que hubo medio millón de muertos, cifra considerable para un país que
contaba, en 1808, con unos once millones de habitantes.
Ciudades como Zaragoza, Gerona o San Sebastián quedaron arrasadas; en otras se
destruyeron edificios y monumentos artísticos; una parte importante de nuestras obras
artísticas fueron descaradamente robadas por los franceses.
El comercio colonial cayó en picado. El anterior ritmo de crecimiento industrial se
perdió, con máquinas y manufacturas destruidas. El campo quedó arrasado, con pérdida de
cosechas y cabezas de ganado. Además, la Hacienda Pública quedó todavía más arruinada.
Por último, la guerra afectó al proceso de independencia de la América española. Ante
el vacío de poder, los criollos tuvieron una oportunidad de oro para sustituir a las viejas
autoridades y organizar sus propias Juntas, con ellas estaban dando inicio al proceso de
emancipación de las colonias.
II. LA REVOLUCIÓN LIBERAL, LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE
1812.
II.1 La revolución política: las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.
Durante la guerra se enfrentaron también dos modelos políticos: el reformista francés,
encarnado por José Bonaparte, y el liberal español, que se fue gestando a lo largo de la
guerra y culminó en las Cortes.
II.1.1 El modelo político de José Bonaparte
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El régimen establecido en España por el hermano de Napoleón tuvo las siguientes
características:
a) Se rodeó de ilustrados y afrancesados españoles para dar a su reinado una
legitimidad de la que carecía. Para ello, convocó una Asamblea de Notables españoles en
Bayona con el fin de aprobar una nueva ley fundamental para el reino, conocida como Estatuto
de Bayona, elaborado de acuerdo con las instrucciones de Napoleón en julio 1808 en la ciudad
de Bayona. Se trata de una carta otorgada; es decir, no fue el resultado de un acto soberano
de la nación, que en ese caso hubiera sido una constitución.
Este Estatuto se caracterizaba por ser un programa político reformista. Algunos
aspectos del mismo son : se creaba un régimen autoritario basado en un poder casi absoluto
del rey (incluido el poder legislativo), aunque se reconocían algunos derechos individuales
(libertad de imprenta, libertad individual, libertad de industria y comercio, abolición del tormento,
igualdad fiscal, admisibilidad de los españoles a todos los empleos); proclamaba la
continuidad de la religión católica como única permitida; establecía unas Cortes en las que
estaban representados los tres estamentos y el mantenimiento de parte los privilegios
estamentales (los mayorazgos fueron limitados). A pesar de su temprana publicación, el
Estatuto de Bayona nunca entró en vigor, pues el estallido de la guerra lo impedirá.
b) Intentó desligarse en cierto modo de Napoleón, creando un régimen
autónomo. No lo logró debido a la dependencia militar y económica que tenía con Francia. Sin
embargo, pudo emprender una serie de reformas: abolición de los derechos señoriales y de la
Inquisición, supresión de las órdenes religiosas masculinas y de las órdenes militares,
desaparición de la mayoría de los consejos, división del país en prefecturas o distritos y
continuación de la desamortización, especialmente de los bienes del clero y la nobleza, que se
oponían a su régimen.
II.1.2. El modelo político nacional: de las Juntas a las Cortes
En el transcurso de la Guerra de la Independencia tuvo lugar la caída del Antiguo
Régimen y el inicio de un proceso revolucionario que dio lugar a la implantación del Estado
liberal en España, aunque por poco tiempo, como veremos después.
Tras la renuncia al trono español, en las abdicaciones de Bayona, por parte de Carlos
IV y Fernando VII, tuvo lugar un vacío de autoridad o poder legítimo y, como al rey impuesto
José I se le consideraba un intruso, será el pueblo español en su conjunto el que asuma la
soberanía vacante en una acción totalmente revolucionaria, debido a que de esta forma se
pasaba del poder monárquico al poder popular.
A. Las Juntas de Defensa
De igual forma que las guerrillas son el ejemplo de la participación espontánea del
pueblo español en la guerra contra el invasor francés, las Juntas de Defensa demuestran su
participación en la revolución política. Las Juntas, formadas por representantes del pueblo –
aunque es más correcto señalar que sus componentes eran miembros de las clases
dirigentes, a los que el pueblo estaba habituado a obedecer- se convirtieron en los
organismos políticos que se hicieron cargo del poder en la España de la resistencia.
Estas Juntas, locales y provinciales, aparecieron por casi todo el país tras las abdicaciones de
Bayona. Los componentes de las mismas eran en su gran mayoría oficiales del ejército,
altos funcionarios, jueces, profesores, algunos miembros del alto clero, alta burguesía y
representantes de la alta nobleza.
En septiembre de 1808 se creó la Junta Central Suprema, formada por 36
representantes de todas las Juntas provinciales. En un primer momento fijó su residencia
en Aranjuez, pero ante los avances de las tropas napoleónicas, se trasladaría a Sevilla y más
tarde a Cádiz.
Entre las labores que realizó esta Junta Suprema Central, destacan:
a) La gobernación del país, ya que, aparte de contar con la legitimidad para gobernar,
era en ausencia del rey la máxima autoridad.
b) Dirigir la lucha militar contra el invasor; por este motivo firmó una alianza militar
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con Inglaterra.

c) La decisión de convocar a los representantes de la nación en unas Cortes


extraordinarias en Cádiz para contrarrestar la asamblea convocada por José Bonaparte y el
Estatuto de Bayona. Decisión revolucionaria, ya que en el Antiguo Régimen el derecho de
convocatoria de Cortes era una competencia de los reyes. La convocatoria debía hacerse a
través de sufragio universal masculino de tipo indirecto.
A principios del año 1810 la Junta Central Suprema se auto disolvió y entregó sus
poderes a una Regencia.
Por su parte, el acontecimiento más importante del proceso revolucionario, que sin lugar
a dudas fue la reunión de las Cortes de Cádiz y la Constitución elaborada por las mismas,
será tratado más abajo.
B. Las Cortes de Cádiz
A diferencia de las Cortes medievales, divididas en estamentos, las de Cádiz reunían a
todos los diputados o representantes llegados de distintos lugares de España en una misma
asamblea.
Incluso las provincias que estaban sometidas por el ejército invasor y no podían enviar
diputados, estuvieron representadas por ciudadanos de esos territorios que se encontraban en
Cádiz en esas fechas.
Su obra, en principio, no deja de ser paradójica. Mientras gran parte del pueblo español
lucha contra las ideas y hombres franceses, un grupo de españoles va emprender una serie de
reformas basadas en las ideas francesas. Es decir, toman como modelo de sociedad a
Francia, pero se oponen a su dominio.
La ausencia del rey favoreció el trabajo de las Cortes de Cádiz. La labor realizada por
estas Cortes supone el primer intento de llevar a cabo una revolución liberal en España.
Iniciaron sus reuniones en septiembre de 1810. El lugar en donde tuvieron lugar fue
Cádiz, una de las pocas ciudades no ocupadas por los franceses que podía contar para su
defensa con la flota inglesa. Sin embargo, el proceso de elección de diputados y su reunión en
Cádiz fueron difíciles debido a la guerra, y en muchos casos se optó por elegir sustitutos
entre personas presentes en ese momento en Cádiz simpatizantes de la ideología liberal.
C. Extracción socio-profesional de los diputados e ideología de los mismos
Las Cortes, que se auto concedieron poderes ilimitados, estaban formadas por unos
300 diputados. La extracción socio-profesional de los mismos era la siguiente: casi un
tercio de los diputados (90) eran eclesiásticos, 56 abogados, 49 funcionarios públicos, 15
catedráticos, 39 militares y únicamente 20 miembros de la burguesía industrial y comercial. Hay
por lo tanto, un claro predominio de las clases medias urbanas con formación intelectual
(clases liberales) y escasa representación de la nobleza (8) y del clero alto (3 obispos).
Los diputados reunidos en las Cortes de Cádiz pertenecían a tres grupos ideológicos:
1. En el ala izquierda, los liberales, partidarios de emprender cambios radicales y de
dotar a las Cortes, como asamblea nacional, de toda la soberanía. Fueron los auténticos
triunfadores, ya que consiguieron imponer sus criterios.
2. En el centro, los llamados «jovellanistas», es decir, los seguidores de Jovellanos,
que abogaban por establecer un compromiso entre la nación y el rey.
3. En el ala derecha, los absolutistas, enemigos de las reformas y partidarios del
sistema tradicional, en el que la soberanía del rey emanaba de Dios.
Las Cortes funcionaron hasta septiembre de 1813.
II.1.3 La labor legislativa: la Constitución de 1812
Las Cortes se fijaron dos objetivos prioritarios:
1º. Una profunda reforma de las instituciones que desmantelaran gran parte de los
fundamentos políticos, sociales y económicos del Antiguo Régimen.
Este objetivo se llevó a la práctica por medio de la legislación ordinaria (elaboración de
leyes y decretos). Los más importantes fueron:
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a) Libertad de imprenta y supresión de la censura previa (1810).

b) La supresión del régimen señorial. Se abolieron los derechos feudales (1811), es


decir, la dependencia personal que los campesinos tenían respecto de sus señores y, por tanto,
los señoríos jurisdiccionales: los señores dejarían de administrar justicia y de percibir rentas
por ejercer esta función. Se mantuvieron, en cambio, los señoríos territoriales, y sus titulares
(los antiguos señores feudales) se convirtieron en propietarios de las tierras. La propiedad
agraria apenas experimentó cambios, pues siguió en las mismas manos.
c) Tímida desamortización eclesiástica (1810). Sólo afectó a los bienes de las
Órdenes Militares y de los jesuitas. Una nueva desamortización se aplicó en 1813 a las
propiedades de los afrancesados (considerados traidores), a las de las Órdenes Militares
disueltas, a las de los conventos y monasterios destruidos por la guerra y a la mitad de las
tierras municipales.
d) Supresión de la Santa Inquisición (1813).
e) Abolición del sistema gremial (1813). Se decretó el derecho a disponer del propio
trabajo, de acuerdo con los principios del liberalismo económico. E, igualmente, se estableció la
libertad de producción, de contratación y de comercio.
f) Eliminación del mayorazgo. La tierra se declaraba libre y sólo atribuible a
particulares.
g) Creación de un moderno sistema presupuestario con el fin de controlar los gastos
e ingresos del Estado.
Las reformas adoptadas por las Cortes de Cádiz apenas llegaron a aplicarse debido a
la guerra y a los cambios políticos posteriores.
2º. La elaboración de una Constitución.
Fue promulgada del 19 de marzo de 1812. Fue la primera Constitución liberal
española. Se trata de un documento legal de gran importancia histórica, pues diseñaba un
nuevo modelo de sociedad de tipo burgués. No obstante, apenas tuvo transcendencia
alguna en la vida real, ya que apenas pudo llevarse a la práctica.
Algunos de los protagonistas más destacados fueron: Muñoz Torrero, Pérez de
Castro y Argüelles.
La Constitución de Cádiz consta de diez títulos y 384 artículos. Sus principios básicos
se inspiraban en la Constitución de la Revolución francesa de 1789 y eran los siguientes:
a) Soberanía nacional. La soberanía residía en la nación, la «reunión de todos los
españoles», incluidos los habitantes de las colonias.
b) División de poderes según el esquema de Montesquieu. El poder legislativo
residía en las Cortes unicamerales, el poder ejecutivo lo seguía ostentando el rey, pero con
importantes limitaciones (no podía disolver las Cortes, sus órdenes para ser válidas debían
llevar la firma del ministro correspondiente quien, a su vez, era el responsable de su labor de
gobierno ante las Cortes) y el judicial competía a los tribunales, por lo que el rey y los nobles
pierden la potestad de impartir justicia que habían tenido en el Antiguo Régimen.
El régimen político era, por tanto, una monarquía parlamentaria, es decir, el Gobierno
en torno al rey era responsable ante la ley y ante el Parlamento o Cortes. El poder del
monarca estaba muy limitado, pero seguía contando con importantes atribuciones: puede
proponer leyes a las Cortes (iniciativa legislativa), es en el plano teórico el jefe supremo de
las fuerzas armadas, nombra a los ministros, aunque éstos debían contar con el apoyo de las
Cortes (doble confianza), puede vetar las leyes aprobadas en las Cortes durante dos años,
aunque transcurrido ese tiempo debía aceptar la ley en cuestión. A pesar de esto, la
superioridad del poder legislativo era evidente.
c) Adopción del sufragio universal masculino e indirecto como sistema
electoral. Los diputados representaban a todos los españoles y no a los estamentos. Así, la
nación (todos los ciudadanos) participa en la vida política, pero lo hará de una forma indirecta,
mediante representantes elegidos a través de un complicado proceso electoral en tercer grado
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TEMARIO B. Siglo XIX
(parroquia, partido y provincia). Poseían derecho a voto todos los varones mayores de 25
años, quienes elegían a unos compromisarios que a su vez elegían a los diputados.
Las colonias americanas también tenían representantes en cortes.
d) La declaración de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Esta medida
supuso el fin de las diferencias estamentales con sus privilegios jurídicos, fiscales y militares.
No se hace mención alguna a los territorios con fueros, lo que puede interpretarse como un no
reconocimiento de los mismos.
e) Reconocimiento de los derechos individuales, como la libertad, la propiedad,
la igualdad jurídica y fiscal, la inviolabilidad del domicilio, las garantías penales y la libertad de
imprenta, entre otros.
f) Proclamación del catolicismo como la religión única y oficial del Estado y
prohibición del ejercicio de cualquier otra. Se afirmaba, por tanto, la intolerancia religiosa.
g) La división de la administración del Estado en provincias, que también se
convierte en división electoral (distrito). El gobierno de la misma corresponde a un jefe político
nombrado por el rey. Asimismo, se crea para el gobierno económico de la provincia la
Diputación. La administración local queda a cargo de los alcaldes elegidos por los vecinos.
h) Se establecen las bases para una educación general bajo la responsabilidad
de los Ayuntamientos; éstos tienen la obligación de crear escuelas de primeras letras.
i) La reorganización de las fuerzas armadas. Se establece la normativa para
crear un ejército que representara, sirviera y defendiera a la nación. Asimismo, se distinguía
entre un ejército profesional encargado de defender en el exterior al país y la Milicia
Nacional, un nuevo cuerpo circunstancial de ciudadanos armados creado para defender el
régimen liberal de sus posibles enemigos internos.
II.1.4 Balance social de la Constitución de Cádiz.
En síntesis, la Constitución de 1812, elaborada por las clases medias burguesas,
pretendía implantar un modelo de sociedad liberal que favoreciera sus intereses. Sin embargo,
la nobleza y la Iglesia no salieron perjudicadas, al conservar la mayoría de sus numerosas
propiedades agrícolas tanto la una como la otra. Quizá esto se debió al contexto bélico que
estuvo presente a lo largo de su elaboración y al protagonismo que tuvieron en el mismo los
grupos privilegiados.
No le ocurrió lo mismo al campesinado español, cuyos intereses apenas fueron tenidos
en cuenta, a pesar de que suponían más del 80% de la población total. Posiblemente, de
haberse puesto en práctica por las Cortes de Cádiz un programa social más avanzado, como
una desamortización de las tierras del clero y su entrega a los campesinos, así como el acceso
a la plena propiedad de esos mismos campesinos a las tierras de los señoríos jurisdiccionales,
las bases sociales del liberalismo se hubieran ampliado en el mundo rural. Lo que ocurrió fue lo
contrario, la mayoría de los campesinos se opusieron a la instalación del régimen liberal,
debido a que en parte, su situación empeoró como se verá a lo largo del siglo XIX, tras la
implantación de la agricultura capitalista en función de la nobleza y la alta burguesía.
III. EL REINADO DE FERNANDO VII: SUS ETAPAS (1814-1833)
III.1 La primera etapa del reinado: el sexenio absolutista (1814-1820)
En 1814, Fernando VII regresó a España, procedente de Francia, y fue aclamado por el
pueblo en varias localidades españolas como símbolo de la legitimidad restablecida después
de la guerra. El monarca recibió también presiones por parte de altos oficiales del ejército,
de la Iglesia y de políticos conservadores para anular la Constitución y disolver las Cortes,
entonces reunidas en Madrid. La acción más relevante de estos grupos fue el Manifiesto de
los persas, un documento firmado por varios diputados que fue entregado al rey en Valencia
en abril de 1814.
En este texto se criticaba el poder asumido por las Cortes y las juntas durante la
Guerra de la Independencia y se solicitaba el restablecimiento de las instituciones
tradicionales españolas y la colaboración del monarca con la aristocracia.
Los firmantes eran contrarios al liberalismo, pero también al Despotismo Ilustrado
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TEMARIO B. Siglo XIX
anterior.

El Manifiesto de los persas justificaba ideológicamente un verdadero golpe de Estado,


que el propio rey dio el 4 de mayo de 1814 al firmar en Valencia un decreto que anulaba
todas las reformas aprobadas en las Cortes, incluida la Constitución de 1812.
Al decreto siguió la detención de los políticos liberales más importantes y la disolución
por la fuerza de las Cortes,
El rey procedió a restablecer las del Antiguo Régimen: se restauraron los Consejos y
la Inquisición, así como la jurisdicción señorial y sus privilegios, y se suspendió la
desamortización emprendida en 1813.
En el exterior, la derrota de Napoleón en Waterloo y la reunión del Congreso de Viena
para diseñar la restauración del Antiguo Régimen van a favorecer esta actuación de Fernando.
Sin embargo, la restauración del Antiguo Régimen pronto se enfrentó a una serie de
problemas insalvables:
a) Una gran inestabilidad en el Gobierno. Los ministros eran relevados
continuamente, debido, en parte, a la influencia de la camarilla, aunque también a la
incapacidad de gobernar con un sistema político obsoleto.
b) Una crisis en la Hacienda estatal. La deuda del Estado español era un problema
antiguo, pero se agravó con la Guerra de la Independencia, que había generado graves
trastornos económicos. A estos se unió el proceso de emancipación de los territorios
americanos, que privaba a la corona de unos ingresos fundamentales.
Además, resultaba imposible imponer un sistema tributario que garantizara al Estado los
ingresos necesarios sin alterar los privilegios económicos y sociales de los diferentes grupos.
c) La acción de la oposición política liberal. Al no poder expresarse
públicamente, los liberales recurrieron a la conspiración y a la rebelión militar. La
conspiración se canalizó a través de sociedades secretas, mientras que la rebelión militar se
expresó en los pronunciamientos, que fueron frecuentes a lo largo del siglo XIX.
Tras varias sublevaciones fracasadas, la protagonizada por el oficial Rafael del Riego en
enero de 1820 desencadenó un cambio político que inició una nueva etapa en España.
III.2 El Trienio Liberal (1820-1823)
Tras el pronunciamiento de Riego, Fernando VII firmó un decreto en el que prometía
jurar la Constitución de 1812 (marzo de 1820).
Se inició así el período conocido con el nombre de Trienio liberal, una etapa de
gobierno en la que se intentaron aplicar las reformas aprobadas por las Cortes de Cádiz.
III.2.1 El programa de gobierno
A diferencia de lo que había sucedido durante las Cortes de Cádiz, cuando las medidas
aprobadas difícilmente podían aplicarse en un país en guerra, el liberalismo debía
enfrentarse ahora a la realidad social y económica de España.
Era preciso poner en práctica las reformas e implicar en ellas a los poderes del Estado,
incluido el monarca, que se mostraba reticente a aceptar la Constitución.
Se restablecieron, así, las leyes aprobadas en Cádiz, como la supresión definitiva del
tribunal de la Inquisición (1820) y la abolición del régimen señorial; se reemprendió la
desamortización, aplicándola a los mayorazgos, que fueron suprimidos; y se abordó una
reforma eclesiástica para reducir el número de monasterios y órdenes religiosas. Los bienes
de las órdenes eliminadas se nacionalizaron y se vendieron. También se redujo a la mitad el
importe del diezmo para la Iglesia. En este período se aprobó, además, la primera legislación
sobre la enseñanza, el Reglamento general de Instrucción Pública, así como el primer Código
Penal y una nueva división del territorio español en 52 provincias. También restableció la
Milicia Nacional, creada por las Cortes de Cádiz
III.2.2 La división del liberalismo
Los liberales se dividieron en dos facciones cada vez más definidas: los doceañistas o
moderados, es decir, los líderes históricos del liberalismo español, quienes creían que bastaba
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TEMARIO B. Siglo XIX
con aplicar las medidas aprobadas entre 1810 y 1813; y los liberales organizadores de la
Revolución de 1820 (veinteañistas) o exaltados, partidarios de reformas más radicales.
Los primeros gobiernos del Trienio liberal, hasta agosto de 1822, estuvieron en manos
de moderados (Argüelles y Martínez de la Rosa).
Por su parte, los exaltados (Riego, Mendizábal y Alcalá Galiano), lideraron diversas
protestas urbanas a finales de 1821, que inauguraron los movimientos populares urbanos
de signo liberal, habituales a lo largo del siglo XIX. El grupo exaltado se hizo cargo del
Gobierno en 1822.
III.2.3 La oposición al régimen liberal
En este período la oposición no sólo estuvo protagonizada por las Sociedades
Patrióticas de los radicales (manifestaciones, algaradas callejeras, enfrentamientos de las
clases populares con los soldados,….), sino que surgió también una oposición de corte
conservador al régimen liberal.
El rey, cuyos poderes estaban muy limitados por la Constitución de 1812, se enfrentó en
varias ocasiones a sus ministros y a las Cortes. Un sector de la oficialidad del ejército y de
las élites del Antiguo Régimen lo apoyaban, ya que consideraban que estaba «cautivo» y
«secuestrado» por los liberales. La mayor parte del clero se oponía también a las medidas
reformadoras y a la desamortización, y atrajo a su causa a las clases populares, sobre todo en
las áreas rurales. El campesinado, por último, no simpatizaba demasiado con el liberalismo,
que percibía como un movimiento de clases medias urbanas que favorecía la propiedad privada
de los terratenientes y convertía a los labradores en simples asalariados y contribuyentes.
Los componentes de la oposición conservadora o contrarrevolucionaria, conocidos
también como absolutistas, realistas o apostólicos y, más despectivamente, como serviles,
acuñaron el lema Dios, patria y rey, símbolo de sus valores. La contrarrevolución realista se
manifestó en distintas rebeliones militares urbanas, como la protagonizada por la Guardia Real,
que intentó dar un golpe de Estado absolutista con la complicidad del monarca.
Los realistas también organizaron una guerra de guerrillas rural en las zonas
montañosas de Cataluña, el País Vasco, Navarra y el norte de Castilla. En el Pirineo catalán se
llegó a formar un Gobierno absolutista, paralelo al liberal, la Regencia de Urgel (1822), que
decía gobernar en nombre de Fernando VII, al que consideraban prisionero del gobierno. La
Regencia tuvo poco éxito y tuvo que refugiarse en Francia.
III.2.4 Los Cien Mil Hijos de San Luis
Fracasados los intentos de restaurar el absolutismo en España mediante la rebelión
armada interior, las potencias de la Santa Alianza, reunidas en Italia en el Congreso de Verona
(1822), encargaron a Francia (donde se había restaurado la monarquía) que interviniera en
España con un ejército, conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis.
Este ejército al mando del duque de Angulema penetró en España en abril de 1823. El
Gobierno, falto de apoyo popular, se trasladó a Sevilla y después a Cádiz, llevándose al rey
consigo. Finalmente, se vio obligado a capitular y a liberar al monarca (octubre de 1823).
III.3 La década ominosa (1823-1833)
La década absolutista de 1823-1833, que los liberales llamaron ominosa, no fue un
simple retorno a las posiciones de Fernando VII antes de 1820. Aunque se restablecieron
las instituciones del Antiguo Régimen (excepto el tribunal de la Inquisición), durante este
período el Gobierno evolucionó gradualmente hacia un reformismo moderado.
Durante la década tuvo lugar la represión de los liberales y se adoptaron medidas de
carácter técnico para mejorar la Administración del Estado; surgió también una facción
extremista entre los realistas, de la cual nació un nuevo grupo político, el de los carlistas.
III.3.1 La represión contra los liberales
Los liberales que habían destacado durante el Trienio liberal sufrieron una dura
represión política. Comenzaron a funcionar juntas de depuración para investigar y anular, en
su caso, los nombramientos realizados en la Administración por los gobiernos anteriores
(Comisiones Militares para los oficiales del ejército y Juntas de Purificación para los
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 12
TEMARIO B. Siglo XIX
funcionarios de la administración civil).

Se crearon las Comisiones de Fe como organismos encargados de sustituir a la


Inquisición, con el encargo de vigilar y censurar todo tipo de publicaciones y opiniones con la
finalidad de impedir cualquier tipo de propaganda liberal.
Como alternativa a la Milicia Nacional, se creó el Cuerpo de los Voluntarios Realistas,
a fin de salvaguardar el orden, la seguridad pública y la religión.
La mayoría de los liberales significativos se exiliaron al extranjero. En esta década se
produjeron varios intentos de insurrección; numerosos líderes liberales, como Riego, el
Empecinado, quienes, fueron ejecutados.
III.3.2 Las reformas de carácter técnico
La imposibilidad de seguir gobernando con instituciones del Antiguo Régimen obligó a
crear otras más eficaces. Entre ellas, destaca el Consejo de ministros (1823), con la función
de coordinar las actuaciones del Gobierno.
En el Ministerio de Hacienda destacó la labor de Luis López Ballesteros (1823-1832),
quien elaboró por primera vez en la historia de España los Presupuestos generales del
Estado. También llevó a cabo una política de moderada liberalización económica; promovió
la realización del Código de Comercio (1829), y creó el Banco Real de San Fernando (1829) y
la Bolsa de Madrid (1831).
III.3.3 Agravamiento de la crisis económica
La crisis económica se agudizó en todos los apartados. En la agricultura fue debido a la
caída de los precios, a la restauración de la Mesta, a la presión fiscal y a la escasa demanda.
En la industria, a excepción de la textil catalana, los demás sectores permanecen hundidos por
la escasez de capitales, la nula inversión y la falta de estabilidad política. En el comercio hay
que señalar la desaparición del mercado colonial, un duro golpe del que se tardó muchos
años en recuperarse.
Se agudiza la deuda del Estado y López Ballesteros lo intentó solucionar proponiendo
reformas como la tributación fiscal de los estamentos privilegiados, la disminución de los gastos
de la Administración y el establecimiento de los presupuestos del Estado. La primera medida
fue rechazada y, como resultado, en 1830 la deuda exterior se había multiplicado por siete y la
deuda interna también había sufrido un importante crecimiento, a pesar de no reconocer la
deuda contraída durante el Trienio. La situación de la Hacienda era de bancarrota técnica.
[Link] radicalización de los realistas
En el seno del grupo político realista surgió una facción ultra que promovió
movimientos y conspiraciones contra los ministros más moderados de Fernando VII, al
que seguían considerando cautivo de los malos gobernantes, como ocurrió durante el Trienio
liberal.
El más importante de estos movimientos fue la revuelta de los malcontents o
agraviados que tuvo lugar en Cataluña (1827), promovida por el campesinado descontento
con los impuestos y la Administración. Para sofocar la rebelión, fue preciso enviar al ejército y al
propio monarca.
III.3.5. La aparición de las conspiraciones liberales a partir de 1830.
El triunfo de la revolución francesa de 1830 animó a los liberales españoles a intentar de
nuevo la conquista del poder por medio de la fuerza. En 1830 lo intentaron Espoz y Mina en el
Norte y el general Torrijos, que llevó a cabo un desembarco en las costas de Málaga. Una vez
más, la respuesta de Fernando VII a las peticiones de un cambio político fue la represión. El
caso más emblemático de esa represión en los últimos años de su reinado fue el fusilamiento
de Mariana Pineda en 1831 por el delito de bordar una bandera liberal.
III.3.6. La aparición de los carlistas
Los realistas exaltados se convirtieron en carlistas a causa del pleito desencadenado
por la sucesión de Fernando VII.
La crisis sucesoria se plantea con el nacimiento de la princesa Isabel, hija de
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 13
TEMARIO B. Siglo XIX
Fernando VII y de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón.

En 1713 Felipe V había introducido en España la ley Sálica francesa, según las cual las
mujeres no podían gobernar. En 1789, con Carlos IV, las Cortes aprobaron una Pragmática
Sanción que eliminaba la ley Sálica y restablecía la línea sucesoria de las Partidas, favorable
a la sucesión femenina; pero no fue publicada. En marzo de 1830, en previsión del nacimiento
de una niña -en octubre nacería Isabel-, se hizo pública la Pragmática Sanción. Esta medida fue
protestada por los carlistas, pues era un atentado a los derechos del príncipe don Carlos.
En 1832 van a tener lugar los llamados Sucesos de la Granja, cuando los partidarios del
príncipe Carlos consiguen por medio de intrigas palaciegas que el Rey casi moribundo firme la
anulación de la Pragmática. Sin embargo, sorprendentemente, Fernando VII se recupera y
pone de nuevo en vigor la mencionada Pragmática. Asimismo, autoriza a la reina María
Cristina a presidir el Consejo de Ministros y pone en marcha una política reformista que se
caracteriza por el cese de los principales ministros carlistas, nombramiento de ministros
reformistas, la reapertura de las Universidades, concesión de una amnistía, etc. El Rey,
consciente de que su vida se acababa -murió en septiembre de 1833- y de que los carlistas
difícilmente aceptarían la legalidad de la Pragmática, quiso poner en práctica todas las
medidas a su alcance para hacer posibles que sus deseos se cumplieran después de su
muerte. Para ello, no sólo se preocupó de la legitimidad de la heredera (Pragmática Sanción),
sino que entregó el control de los resortes del poder a personas que defenderían la
candidatura de la princesa Isabel (reina María Cristina y ministros reformistas) e intentó que
contara con una amplia base social que la formarían absolutistas moderados, aristócratas
y burgueses partidarios de reformas políticas y económicas.
A la muerte del Rey en 1833, el país se vio envuelto en una guerra civil en la que se
enfrentarían los partidarios del príncipe Carlos, los carlistas, y los partidarios de la princesa
Isabel, los isabelinos, y dos modelos de sociedad antagónicos.
APUNTES COMPLEMENTARIOS
EMANCIPACIÓN DE LAS COLONIAS AMERICANAS
I. CAUSAS
Algunas de las causas que provocaron la independencia de las colonias fueron:
a) Los criollos eran en su gran mayoría ricos (burguesía colonial) y cultos (algunos se
habían educado en universidades europeas); controlaban la administración local y las colonias,
pero se les negaba el acceso a los altos cargos (ocupados exclusivamente por españoles
nacidos en la Península). Esta marginación provocaba un gran descontento entre los criollos.
b) La explotación económica de las colonias por la vía de los impuestos. En
América, España siempre dio prioridad a los ingresos fiscales que al desarrollo de la economía.
Es decir, siempre le interesó más cobrar impuestos que desarrollar económicamente las
colonias. Con el fin de recaudar mejor los impuestos, el comercio interindiano fue prohibido;
todo tenía que a España y todo tenía que venir de España, después de haber pagado su
correspondiente tasa. Estas restricciones dignificaban, aparte de una falta de libertad de
comercio, un perjuicio para los poseedores y creadores de riqueza (la burguesía criolla).
c) La independencia de los EEUU y las ideas ilustradas. La independencia de los E.
Unidos en 1783, al igual que las ideas ilustradas de libertad e igualdad tuvieron una importante
influencia entre los criollos a al ahora de decidirse por la independencia.
d) La pérdida de poder de España. Los criollos vieron como entre 1790 y 1808 el poder
español decaía en el plano internacional. España fue obligada a entregar diversos territorios
coloniales (Santo Domingo a Francia, parte del Missisipi a E. Unidos, …); Venezuela y Buenos
Aires fueron objeto de un intento de ocupación por Inglaterra y Francia respectivamente; la flota
naval española fue totalmente destruida en Trafalgar, … Pensaban que en el caso de que se
produjese un levantamiento social de la explotada población indígena y mestiza (cerca del 90%
del total) contra la dominación criolla, la única ayuda que podía llegar de España sería de tipo

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TEMARIO B. Siglo XIX
simbólico. Otro tanto ocurriría, si Inglaterra o Francia decidiesen ocupar algunos territorios
coloniales.
e) La crisis política española tras la invasión napoleónica. La invasión napoleónica
de España creó en América un vacío de poder, semejante al de la metrópoli, que sería
aprovechado por los criollos para llevar a la práctica sus planes independentistas.
II. ETAPAS
II.1. PRIMERA ETAPA (1808-1814)
La invasión napoleónica y la ocupación del trono por José I provocaron en América, al
igual que en la Península, la formación de Juntas que, controladas por los criollos, no
reconocieron la autoridad del nuevo rey José I, pero que proclamaron su adhesión a Fernando
VII aún sin reconocer la autoridad de la Junta Central Suprema. Los focos más declaradamente
secesionistas fueron: el virreinato del Rio de la Plata, donde José de San Martín proclamó en
1810 la independencia de la República Argentina en la ciudad de buenos Aires; el virreinato
de Nueva Ganada y Venezuela, a cuyo frente se situó Simón Bolívar, y México, cuyo
levantamiento dirigieron Miguel Hidalgo y José María Morelos.
Las Cortes de Cádiz consideraron las colonias como territorio español y reconocieron
los derechos de los criollos, pero fueron incapaces de intervenir frente al movimiento
independentista, dado que apenas podían controlar el territorio hispano. En 1814, finalizada la
Guerra de la Independencia, el gobierno de Fernando VII, en vez de buscar el acuerdo con los
americanos, respondió con el envío de un ejército de 10.000 hombres que pacificó Nueva
Granada y México, aunque se mostró impotente en el virreinato de Rio de la Plata: Paraguay
(1811) y Argentina (1816) se consolidaron ya como naciones independientes.
II.2. SEGUNDA ETAPA (1814-1824)
II.2.1. Causas
El segundo y último periodo independentista comienza en 1816. Algunas de las causas
que potenciaron la reaparición de las ansias independentistas en este momento fueron: la
restauración del absolutismo en España, la ayuda económica y militar de Inglaterra y E.
Unidos, quienes pretendían tener acceso libre al mercado una vez que estos territorios
alcanzasen su independencia, y la inestabilidad de la política española durante este tiempo
(luchas entre liberales y absolutistas).
II.2.2. Campañas militares
Por su parte, la lucha por la emancipación se organizó militarmente a través de un plan
en toda regla. Simón Bolívar y San Martín protagonizarán una serie de campañas militares.
San Martín, partiendo de Buenos Aires, atravesó la cordillera de los Andes y derrotó a
los ejércitos realistas en Chacabuco (1817) y Maipú (1818). Estas dos victorias hicieron
posible la independencia de Chile (1818). En 1820 llegó a Perú con su ejército y dos años más
tarde, tras derrotar a los realistas, consiguió la independencia de este territorio.
Simón Bolívar encontró más problemas para llevar a cabo sus campañas militares.
Tuvo que hacer frente a un cuerpo expedicionario español y a otros problemas de diversa
índole (sublevación de los llanero, etc.) No obstante, tras las batallas de Boyacá (1819),
Carabobo (1821) y Pichincha (1822), Bolívar puso las bases para la formación de la Gran
Colombia, que dio origen posteriormente a las repúblicas de Venezuela, Colombia y Ecuador
y Panamá.
En la Conferencia de Guayaquil (1822), se reunieron los dos dirigentes independentistas
llegando a un acuerdo en relación con sus respectivas áreas de influencia.
En Méjico, tras el fusilamiento de Morelos, el poder español fue restaurado, pero el
movimiento independentista logró atraerse a la Iglesia y a las clases poderosas y el 27 de
septiembre de 1821, con Itúrbide al frente, la burguesía criolla proclama su independencia
(Plan de Iguala).
Tras la derrota de Ayacucho (1824) y las independencias de Perú y Bolivia (en honor
de Bolívar) se acabó la presencia española en la América continental.

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TEMARIO B. Siglo XIX

III. CONSECUENCIAS
En 1824 España había perdido todas sus colonias en América, con la excepción de
Cuba y Puerto Rico, y con ellas el amplio mercado que había sido la locomotora del
crecimiento económico español durante el siglo XVIII.
La emancipación de las colonias y la creación de repúblicas independientes n
solucionaron todos los problemas existentes en la América hispana:
a) El sueño de los libertadores de conseguir una América unida, poderosa y solidaria se
mostró imposible, y el fraccionamiento del territorio en múltiples repúblicas vino a demostrar el
poder de los caudillos militares que va a dejarse ver en el peso del ejército en la vida política de
las futuras repúblicas y el constante recurso a las armas.
b) Los criollos, que habían dirigido el movimiento de independencia abandonaron a su
suerte a la gran mayoría de la población india, negra o pobre, lo cual daría lugar a profundas
convulsiones sociales en los años venideros.
c) Por último, la independencia política no supuso la independencia económica y el
dominio español fue sustituido por la constante intromisión de Gran Bretaña y Estados
Unidos, que fueron los primero en reconocer a las nuevas naciones
Constitución de Bayona.
Promulgada en 1808 por José I, pretendía modernizar las estructuras políticas españolas
tomando como modelo el sistema político francés No se la puede considerar una Constitución en sentido
estricto, sino lo que se denomina una Carta Otorgada, ya que no fue elaborada ni aprobada por los
representantes de la nación, sino impuesta u otorgada por el monarca. Las reformas que en ella se
establecían representaban una solución de compromiso entre el Antiguo Régimen y un liberalismo de
signo moderado Pero el estado de guerra impidió de hecho su aplicación.
Pronunciamiento.
Forma de sedición característica de la España del siglo XIX, en la que generalmente la iniciativa
correspondía a un jefe militar que, erigiéndose en portavoz de la voluntad de la mayoría nacional,
intentaba derrotar la autoridad constituida El jefe militar se pronunciaba, proclamando por medio de un
manifiesto sus opiniones y propuestas políticas El levantamiento armado se acompañaba con una
llamada o grito a la opinión pública Normalmente, estos pronunciamientos tenían un carácter local, que
en muy raras ocasiones se propagaban de forma lenta a otras zonas En la mayoría de los casos,
fracasaban por la falta de apoyo de una población poco identificada con este tipo de sediciones
minoritarias o del resto de los militares.
La milicia armada
El Gobierno liberal creó una Milicia Nacional, tal como habían acordado las Cortes de Cádiz,
concebida como un cuerpo de carácter civil formado por ciudadanos armados dispuestos a defender la
Constitución y el régimen liberal, al margen del ejército. Se pretendía que fuera una milicia reservada
a aquellos ciudadanos que dispusieran de propiedades, pues los miembros debían costearse su
uniforme y equipo. Fue organizada en cada localidad, y los ayuntamientos empezaron a sufragar el
armamento de los milicianos, por lo que pudieron incorporarse a ella las clases populares urbanas. La
Milicia Nacional se convirtió en un importante aliado del ala izquierda del liberalismo y en un instrumento
para acercar el programa liberal a los trabajadores urbanos.

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TEMARIO B. Siglo XIX
2. LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL (1833-1868)

INTRODUCCIÓN
Hacia 1830, Europa vivía los ideales de libertad del Romanticismo. Enclaustrada todavía
en un régimen absoluto, España parecía mantenerse de espaldas a las corrientes del siglo.
Pero en 1833 moría Fernando VII y se iniciaba una época diferente con la introducción del
régimen liberal. ¿Qué quiere decir liberalismo o régimen liberal?
El liberalismo es una doctrina política elaborada para garantizar la libertad de los
ciudadanos. Con este objetivo se introdujeron novedades fundamentales en los regímenes
políticos. En un país liberal se redactan constituciones (ley suprema reguladora), existen
partidos políticos, se convocan periódicamente elecciones, están separados los poderes
(gobierno, parlamento elegido, jueces independientes).
En 1833, todos estos principios políticos se implantaron en España, pero de forma
limitada. Las constituciones duraban poco tiempo porque cada partido que gobernaba intenta-
ba elaborarlas a su medida. Los partidos políticos eran débiles y frecuentemente estaban
dirigidos por un militar. Sólo disfrutaba del derecho de voto una minoría y se adulteraban los
resultados de las elecciones. Con estos fallos fue frecuente el recurso al militar victorioso, el
espadón, para la formación de los gobiernos, y al pronunciamiento militar, un golpe de fuerza de
un grupo de generales.
I. EL PROBLEMA CARLISTA Y LAS REGENCIAS (1833-1843)
I.1 El problema carlista
I.1.1 Las causas del conflicto.
Las causas de este prolongado conflicto fueron las siguientes:
a) La cuestión sucesoria
Se cuestionaba la legitimidad de Isabel (y de las mujeres) para ocupar el trono y la de su
madre, la reina María Cristina, para ejercer la regencia durante la minoría de edad de su hija. A
los partidarios de ambas soberanas se les conoció como isabelinos o cristinos. El otro bando
enfrentado, los carlistas, reivindicaban que Carlos, el hermano de Fernando VII, debía ser rey
de España (Carlos V) según la ley Sálica, que no consideraban derogada. Tras la muerte de
Carlos, sus descendientes -su hijo (Carlos VI para los carlistas), conde de Montemolín, y su
nieto (Carlos VII)- siguieron encabezando esta facción. El pleito dinástico carlista pervivió hasta
avanzado el siglo XX.
b) El enfrentamiento ideológico
Los carlistas se oponían al liberalismo y a las medidas que implicaba la implantación
del mismo: libertades económicas, políticas y sociales, así como a la creación de un estado
laico y centralista.
Como rezaba su divisa «Dios, patria y rey», defendían el tradicionalismo, el Antiguo
Régimen y la monarquía de origen divino. Reivindicaban, además, el mantenimiento de los
fueros y privilegios tradicionales frente a la política centralizadora del régimen liberal, es
decir, el foralismo, según el cual las regiones debían mantener sus instituciones de gobierno
autónomas, su sistema de justicia propio y la exención fiscal y de quintas para el servicio
militar. La cuestión foral fue un tema recurrente a lo largo del siglo y tuvo especial importancia
en la Tercera Guerra Carlista.
I.1.2 Los apoyos del carlismo y sus motivos
El apoyo procedía de diversos sectores de la sociedad española, de algunas regiones e
incluso de potencias extranjeras.
El bando carlista obtuvo un gran apoyo rural; por el contrario, las grandes ciudades (ni
siquiera en el País Vasco) apenas apoyaron al carlismo. Tampoco lo hicieron la burguesía
comercial, industrial o financiera, los trabajadores de las ciudades, las altas jerarquías
eclesiásticas (fueron pocos los obispos que se pronunciaron abiertamente en su favor), la alta
nobleza (satisfecha tras la disolución del régimen señorial que le permitía comprar y vender sus
propiedades) y la mayor parte del Ejército.
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TEMARIO B. Siglo XIX
a) Los campesinos, especialmente pequeños propietarios. Temían convertirse en
jornaleros o arrendatarios de los grandes terratenientes.
b) La baja nobleza del norte de España. Se sentía amenazada por la desaparición de los
mayorazgos y de la exención de impuestos.
c) Los sectores conservadores de la Iglesia. Clero rural y regular (órdenes religiosas).
Eran contrarios a las medidas desamortizadoras y a la supresión de órdenes religiosas.
d) Los grupos de artesanos de ciudades de la Meseta norte. Temían la desaparición de
los gremios.
e) Algunos oficiales del Ejército. Estaban descontentos a causa de la evolución del
país o debido a su situación profesional, que no les resultaba satisfactoria.
f) Los residentes en regiones como el País Vasco, Navarra, norte de Cataluña y áreas
del este peninsular (comarca del Maestrazgo) y Castilla querían salvaguardar sus costumbres
y tradiciones, así como mantener sus fueros en el caso del País Vasco y Navarra o recuperarlos
(Cataluña y región valenciana).
En el ámbito internacional, Austria, Prusia, Rusia, Nápoles y los Estados Pontificios (es
decir, el papado, que rompió relaciones diplomáticas con el régimen liberal español en 1836),
apoyaron a Carlos María Isidro. Por su parte, Francia, Portugal y el Reino Unido, países
liberales, apoyaron a la causa isabelina.
I.1.3. Los enfrentamientos bélicos
En el apartado militar se pueden diferenciar tres fases en esta I Guerra Civil Carlista:
a) De 1833 a 1835. Si bien es la fase de mayores triunfos carlistas, lo que les permitió el
control de la mayor parte de las zonas rurales de Navarra y el País Vasco y otros territorios en
algunas comarcas interiores de Cataluña, Aragón y Castellón, carecieron de coordinación en el
plano militar y fueron incapaces de conquistar una ciudad importante. Es en esta fase cuando
tiene lugar el fracaso del intento carlista de ocupar Bilbao, donde muere el general
Zumalacárregui, uno de sus jefes más importantes.
b) Entre 1835 y 1837. En estos años pequeños contingentes militares carlistas
recorrieron gran parte de España con el fin de extender el conflicto más allá del territorio
vasco-navarro: la expedición del general Gómez llegó hasta Cádiz y la expedición dirigida por
el mismo D. Carlos, hasta Arganda (Madrid). Pero estas expediciones tuvieron escaso éxito.
Otro fracaso carlista de esta segunda fase fue la derrota sufrida en el segundo sitio de Bilbao a
manos del general liberal Espartero en la batalla de Luchana.
c) De 1837 a 1840. Las tropas carlistas, debilitadas a causa de los enfrentamientos
internos entre los transaccionistas, partidarios de llegar a un acuerdo con los liberales (el
general Maroto), y los intransigentes, partidarios de seguir la guerra (general Cabrera)
sufrirían continuas derrotas.
Si bien continuaron existiendo focos de resistencia en Aragón y Cataluña hasta julio de
1840, la guerra puede considerarse finalizada con el triunfo del bando liberal-isabelino en 1839,
año en el que se firma el Convenio de Vergara -también conocido por el Abrazo de Vergara-
entre el general carlista Maroto y el general vencedor Espartero. Don Carlos, tras la firma de
ese convenio, se marchó a Francia.
I.1.4. El Convenio de Vergara
En el Convenio de Vergara, los liberales reconocían los grados militares de todos
aquellos que habían servido en el ejército carlista, así como también se recogía una ambigua
promesa de mantenimiento de los fueros vascos-navarros. Sin embargo, en 1841 las Cortes
y el gobierno promulgaron diversas leyes por medio de las cuales Navarra perdía sus aduanas
y sus instituciones políticas propias, como la Cortes, pero seguía manteniendo todavía
ciertos privilegios fiscales y militares. Por su parte, las provincias vascas mantuvieron
algunos de sus viejos derechos forales y perdieron otros de gran importancia como el “pase
foral” (derecho a “obedecer pero no cumplir”, “retrasar pero no suspender”), que fue suprimido.
Este privilegio podía servir para vetar aquellas disposiciones de gobierno que perjudicaran los
intereses vascos.
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I.1.5. Balance y consecuencias.
La primera consecuencia fue su alto coste en vidas humanas y un enorme gasto de
guerra que puso al Estado al borde de la bancarrota y le llevó a tomar medidas como las
desamortizaciones.
La definitiva inclinación de la monarquía española hacia el liberalismo, dado que los
absolutistas se decantaron por el carlismo.
El reforzamiento del protagonismo de los militares en la política (espadones) al
considerarse protagonistas del triunfo liberal, lo que les va llevar a intervenir en política y utilizar
el recurso del Pronunciamiento cuando lo consideren oportuno.
El problema carlista no desapareció tras el Convenio de Vergara. Como es fácil de
suponer, lo que movía a los seguidores del carlismo, aparte de la simpatía hacia el príncipe
Carlos, eran una serie de privilegios que el liberalismo quería eliminar: ciertas exenciones
fiscales, una mayor autonomía en el plano administrativo, privilegios en el plano militar
(redención de las quintas), fueros,… Privilegios que habían disfrutado hasta principios de 1830
los habitantes de Navarra y el País Vasco. Por ello, no es de extrañar que el carlismo en esos
territorios se mantuviera militarmente activo, especialmente a lo largo del siglo XIX,
revindicando sus privilegios y provocando al menos otros dos conflictos más: la 2ª Guerra
Carlista (1846-1849) y la 3ª Guerra Carlista (1872-1876). Fue a partir de los inicios del siglo
XX cuando el carlismo perdería fuerza en zonas tradicionales (Navarra y País Vasco), y ello fue
debido a la aparición del nacionalismo vasco, que recogía en su programa la mayor parte de
las reivindicaciones carlistas para esos territorios ya citados.
I.2. La minoría de edad de Isabel II: las regencias (1833-1843)
Durante el reinado de Isabel Il (1833-1868) se adoptaron medidas legislativas y
políticas destinadas a asentar definitivamente en España el Estado liberal. Este período se
divide en dos grandes etapas:
a) La primera (1833-1843) coincidió con la minoría de edad de la reina, ya que
llegó al trono con tres años. Fue necesario, por tanto, establecer una regencia, ejercida
primero por su madre, la reina María Cristina (1833-1840), y después por el general Espartero
(1840-1843).
b) La segunda (1843-1868) correspondió a la mayoría de edad de la reina y terminó
con una revolución que implantó por primera vez la democracia en España mientras los
Borbones marchaban al exilio.
I.2.1 La regencia de María Cristina (1833-1840)
En la primera etapa los gobiernos liberales llevaron a cabo el desmantelamiento total
del Antiguo Régimen de manera gradual: primero se desarrolló una fase de transición entre
el absolutismo y el liberalismo; a continuación se produjo la ruptura, y, finalmente, se implantó
un Gobierno liberal autoritario.
En 1833, año de la muerte de Fernando VII, las probabilidades de que pudiera continuar
existiendo el modelo de sociedad del Antiguo Régimen en España eran escasas. Debido, entre
otros factores, al triunfo del liberalismo tras las revoluciones burguesas de 1830 en Francia y
Portugal, países, que junto a Inglaterra no dudarían en dar su apoyo a los liberales españoles; y
al levantamiento carlista, que no dejaba otra alternativa a la reina madre María Cristina –
poco partidaria a nivel personal de las ideas liberales- que la introducción de reformas políticas,
con el fin de conseguir el apoyo de los liberales a los derechos al trono español de su hija Isabel
frente al pretendiente carlista. A lo largo de la guerra civil, se reforzó el vínculo entre el
movimiento liberal y la defensa de la causa de la princesa Isabel.
I.2.1.1. La etapa de transición (1833-1835): El gobierno de Cea
Bermúdez, la apertura política de Martínez de la Rosa y el Estatuto Real
a) El gobierno de Cea Bermúdez
En 1833, muerto Fernando VII, Mª Cristina en nombre de su hija Isabel, menor de
edad, asumió la Jefatura del Estado como Regente. Una de las primeras medidas que tomó fue
nombrar como jefe de gobierno al absolutista moderado Francisco Cea Bermúdez.
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El gobierno de Cea Bermúdez se caracterizó por el intento de llegar a un acuerdo con los
carlistas y por la puesta en práctica de reformas administrativas de escasa relevancia desde el
punto de vista político, pues apenas cambiaban las bases del Estado absoluto.
La única reforma emprendida por este gobierno fue la división provincial de España,
promovida por Javier de Burgos, que intentaba poner fin a la administración local del Antiguo
Régimen, caracterizada por su falta de uniformidad y solapamiento de poderes, y avanzar hacia
la unidad administrativa. De este forma, en 1833, España quedó dividida en 49 provincias.
Pero ante la extensión del levantamiento carlista, el trono isabelino empezó a
tambalearse por falta de apoyos sociales. La actitud inmovilista del gobierno de Cea no
satisfacía a parte de las élites burguesas y de las clases medias que querían una reforma del
Estado absoluto. Fue entonces, cuando algunos militares y asesores reales convencieron a la
regente de la necesidad de nombrar un nuevo gobierno capaz de conseguir el apoyo de los
liberales.
Francisco Martínez de la Rosa, liberal moderado, fue elegido como jefe de gobierno
para llevar a cabo la reforma política del Estado que debía conseguir el apoyo de los liberales a
la causa isabelina.
b) El gobierno de Martínez de la Rosa
Martínez de la Rosa puso en práctica una política reformista moderada, de la que
destacaremos el Estatuto Real y diversas medidas de corte liberal.
1. El Estatuto Real
El texto jurídico fundamental de esta etapa fue el Estatuto Real (abril de 1834), una
tercera vía entre el absolutismo y el liberalismo. En realidad se trataba de un reglamento
de reforma de las Cortes consideradas durante el A. Régimen como un simple consejo asesor
de la Corona; de esta forma se organizó un sistema bicameral que va a tener continuidad en
las sucesivas constituciones. Regula la convocatoria de unas Cortes muy conservadoras y
elitistas tanto por su composición (nobleza, Iglesia, funcionarios y militares de alto nivel, alta
burguesía) como por lo limitado del voto, indirecto y muy restringido.
La adaptación más importante fue el establecimiento de una Cortes bicamerales: la
Cámara Alta o de Próceres, formada por los Grandes de España y por personas elegidas por la
Corona entre miembros del alto clero y de la alta burguesía; y la Cámara Baja o de
Procuradores, elegida por sufragio indirecto y censitario, en el que podían participar 16000
españoles. Estas Cortes carecían de iniciativa legislativa. Por su parte, la Corona seguía
manteniendo importantes prerrogativas: potestad para convocar y clausurar las reuniones de
Cortes, aprobación de las leyes elaboradas por las Cortes,…
2. Otras medidas puestas en práctica por el gobierno de Martínez de la Rosa fueron:
2.1 Ampliación de la amnistía para los liberales que se encontraban en el exilio.
Implantación de una libertad de prensa limitada, que permitió la aparición de periódicos
liberales.
2.2 Restablecimiento la Milicia Nacional para conseguir voluntarios para la
guerra.
2.3 Reconocimiento de la igualdad jurídica de todos los españoles.
3. Balance y caída de los moderados tras la revolución de 1835
Pronto se vio que estas reformas no podían satisfacer una parte importante del
liberalismo. La división entre los liberales doceañistas (moderados) y los exaltados
(progresistas), que ya se había iniciado en el Trienio Liberal, formó las dos grandes tendencias
que dominarían la vida política española en los siguientes decenios.
La Corona y los antiguos privilegiados apoyaron a los moderados e intentaron
mantenerles en el poder a pesar de los diversos cambios de gobierno. Pero la necesidad de
conseguir apoyos sociales firmes y recursos financieros contra el carlismo forzó a la monarquía
a vencer sus reticencias y aceptar un gobierno progresista que iniciase un profundo proceso
de reformas liberales.

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TEMARIO B. Siglo XIX
I.2.1.2 La etapa de ruptura. La revolución liberal.
A. Los progresistas en el poder
Los progresistas, que tenían su fuerza en el movimiento popular urbano, en su gran
ascendiente sobre la Milicia Nacional y en las Juntas revolucionarias, protagonizaron
durante el verano de 1835, y de nuevo en 1836 una oleada de revueltas urbanas por todo el
país. Los motines se iniciaron con asaltos y quemas de conventos en diversas ciudades y la
mayoría de las Juntas redactaron proclamas expresando sus principales demandas: reunión de
Cortes, libertad de prensa, nueva ley electoral, extinción del clero regular, reorganización de la
Milicia Nacional y leva de 200000 hombres para hacer frente a la guerra carlista.
Esta situación no dejó otra alternativa a María Cristina que nombrar como jefe de
gobierno, en septiembre de 1835, a un liberal progresista, Mendizábal, que rápidamente inició
la reforma del Estatuto Real y tomó medidas con el fin de conseguir los recursos financieros
necesarios para organizar y armar un ejército contra el carlismo. Pero cuando decretó la
desamortización de bienes del clero, la nobleza y alto clero presionaron a María Cristina para
que lo destituyese en el verano de 1836.
De nuevo en el verano de 1836, volvieron a producirse revueltas urbanas a favor del
restablecimiento de la Constitución de 1812 y se produjeron quemas de conventos. También
tuvo lugar el pronunciamiento de los sargentos de la guarnición de La Granja, residencia
real de verano donde se encontraba la regente. Ante tantas presiones, en agosto de 1836, Mª
Cristina accedió a restablecer la Constitución de Cádiz y entregó el poder al progresista
Calatrava.
B. La demolición del Antiguo Régimen
En el breve espacio de tiempo que va de agosto 1836 a finales de 1837, los progresistas
llevaron a cabo las reformas pertinentes para la demolición de las instituciones del Antiguo
Régimen e implantación de un sistema liberal, constitucional y de monarquía parlamentaria.
Entre las reformas puestas en práctica hay que destacar:
1. La reforma agraria de tipo liberal
Una de sus primeras medidas fue la llamada reforma agraria liberal, que consagraba los
principios de la propiedad privada y de libre disponibilidad de la tierra. Con el fin de conseguir
estos objetivos, se decretaron las siguientes medidas:
a. La disolución del régimen señorial, ya comenzada en las Cortes de Cádiz, que si
bien supuso la pérdida de las atribuciones jurisdiccionales de los señores, éstos continuaron, no
obstante, manteniendo la propiedad de aquellas tierras –que no fueron pocas- que los
campesinos no pudieron acreditar como propias. De esta forma, el antiguo señor se convirtió en
el nuevo propietario y muchos campesinos pasaron a la condición de arrendatarios o jornaleros.
b. La desvinculación (supresión de mayorazgos,...) significó el fin de los patrimonios
unidos obligatoriamente y a perpetuidad a una familia o institución, y sus propietarios fueron
libres para poder venderlos sin trabas en el mercado.
c. La desamortización había sido un medio ya utilizado primero por Godoy y más
tarde por los liberales de Cádiz y del Trienio para conseguir recursos para el Estado con la
venta de tierras propiedad de la Iglesia y de los ayuntamientos.
En el año 1836, el presidente Mendizábal decretó la disolución de las órdenes
religiosas (excepto las dedicadas a la enseñanza y a la asistencia hospitalaria) y nacionalizó el
patrimonio de las órdenes disueltas.
Los bienes desamortizados fueron puestos a la venta mediante subasta pública a la que
podía acceder cualquiera que estuviese interesado en su compra. Se podían pagar en metálico
o a cambio de títulos de la deuda pública.
Los objetivos perseguidos por Mendizábal eran diversos. En el plano financiero,
conseguir recursos monetarios para sufragar los gastos de la guerra carlista, recuperar parte
de la deuda pública en manos de particulares y reducir el elevado déficit público. En el plano
social, unos sólidos apoyos sociales, ya que los compradores quedaban comprometidos con el
triunfo del liberalismo.
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TEMARIO B. Siglo XIX
En el plano económico, el desarrollo de la agricultura más productiva, al pasar la tierra
a unos propietarios más emprendedores y dispuestos a introducir mejoras en las formas de
cultivo.
2. Otras medidas de tipo capitalista:
Junto a las reformas anteriormente citadas, se pusieron en práctica otras medidas a
través de las cuales se implantaba una economía libre de mercado, tales como: abolición de
los privilegios de la Mesta, supresión de los gremios, eliminación de cualquier tipo de restricción
para ejercer libremente cualquier actividad comercial o industrial (libertad de comercio e
industria), libertad de arrendamientos agrarios, libertad de precios y salarios, eliminación de las
aduanas internas, abolición de los diezmos del clero,…
En síntesis, se estableció de una forma definitiva un marco jurídico de tipo
capitalista de acuerdo con los principios del liberalismo económico.
C. La Constitución de 1837
Pero la construcción de un Estado Liberal necesitaba la elaboración de una nueva
Constitución.
Los progresistas convocaron unas Cortes Constituyentes para redactar un texto
constitucional que adaptase el de 1812 a los nuevos tiempos. De acuerdo con lo establecido
en la Constitución de 1812, se celebraron en los meses de septiembre y octubre de 1836 las
elecciones para diputados a las Cortes Constituyentes, que se convocan exclusivamente
para proporcionar una Constitución al país.
El clima fue de general indiferencia entre los pocos que habían sido llamados a votar
de acuerdo con el sufragio censitario. Las razones de esta indiferencia fueron muy diversas,
aunque influyeron de forma decisiva la preocupación por la guerra civil y la misma
desorientación política. Así, durante cerca de nueve meses, las Cortes fueron elaborando la
nueva Constitución, que al fin juró María Cristina el 18 de junio de 1837.
Se produjo, pues, su promulgación en un momento especialmente comprometido para
los liberales isabelinos, porque en mayo, la llamada Expedición Real del ejército carlista, con
Carlos María Isidro al frente, se había puesto en marcha desde Navarra para alcanzar Madrid, a
cuyos alrededores (Arganda) llegaría en septiembre.
La Constitución de 1837, mucho más breve y, en algunos aspectos, más moderada
que la Constitución de 1812, aunque fue calificada de progresista por haber en ese momento
un gobierno de dicha tendencia- resultó ser mucho más un elemento de unión de los grupos
liberales ante el peligro común que la plasmación exclusiva del ideario progresista. Recogía, a
la vez, principios básicos del progresismo: la soberanía nacional, una amplia declaración de
derechos ciudadanos (libertad de prensa, de opinión,..), la división de poderes y la
aconfesionalidad del Estado; y algunos de los moderados: establecía unas Cortes
bicamerales formadas por el Congreso y el Senado -esta última no electiva y designada direc-
tamente por el rey de una terna elegida por los electores-, y concedía amplios poderes a la
Corona (veto de leyes, disolución del Parlamento, facultad para nombrar y destituir a los
ministros de acuerdo con el principio de la “doble confianza”, ...). Con el fin de atraer a los
moderados hacia la misma, no recogía temas polémicos (libertad de imprenta, formación de
ayuntamientos o sistema electoral), que se regularían, según la Constitución, más tarde a
través de leyes orgánicas.
1. Soberanía. Así, mientras en el preámbulo del texto se sobreentiende que la soberanía
nacional reside únicamente en la nación, sin embargo, no hay ningún artículo que lo proclame
explícitamente.
2. Reparto de poderes. El poder legislativo reside en las Cortes bicamerales:
Congreso de Diputados y Senado. Todas las leyes deben ser aprobadas por las dos Cámaras.
Los senadores deben ser nombrados por el rey de una lista triple, a propuesta de los
electores que en cada provincia elegían a los diputados. También había senadores a título
propio, que eran los hijos del Rey y del heredero inmediato a la Corona desde que cumplían los
veinticinco años.
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TEMARIO B. Siglo XIX
Los miembros del Congreso serían elegidos directamente a través de un sufragio
censitario (la ley electoral que acompañó a la Constitución era sumamente restrictiva y en las
elecciones de 1837 solamente fueron llamados a votar unos 250.000 individuos (2% de la
población), es decir, los principales propietarios. Y a pesar de ello, el fraude electoral fue una
lacra presente en el periodo.
La corona ejerce el poder ejecutivo; es decir, tenía la potestad de hacer ejecutar las
leyes. Asimismo, otras atribuciones reconocidas a la Corona eran; el derecho a veto ilimitado
sobre leyes aprobadas por las Cortes, el derecho a convocar, suspender o disolverlas, el
nombramiento de ministros de acuerdo con el principio de la doble confianza, y éstos podrían
ser objeto de censura por las Cortes (lo que no dejaba otra opción a la Corona que aceptar la
mayoría parlamentaria). La persona del rey no estaba sujeta a responsabilidad alguna, pues
esta recaía sobre los ministros.
3. Reconocimiento de los derechos individuales. Los aspectos más progresistas de
esta Constitución de 1837 fueron los referentes a la libertad de prensa y al poder otorgado a
los ayuntamientos. En el primer caso se sometía la calificación de los delitos de prensa a un
jurado especial, lo cual significaba la práctica impunidad de aquella, de forma que iba a ser una
de las razones que incitaría a los moderados a reformar la Constitución. En el segundo, las
corporaciones municipales -alcalde y concejales serían elegidas por sufragio universal
masculino por los vecinos sin intervención del poder central.
Si a esto se le añade que también el texto señalaba que la Milicia Nacional, que estaba
compuesta por ciudadanos voluntarios para mantener el orden, dependería directamente de los
ayuntamientos, es fácil entrever que estos se convertían en verdaderos centros de poder local
al margen de Madrid, que podían llegar a ser cabezas de motines o de pronunciamientos.
4. Aspecto religioso. Se toleraban otras religiones y el Estado se comprometía a
mantener económicamente al clero católico, que se había quedado sin la mayor parte de sus
ingresos como resultado de la desamortización eclesiástica.
5. Otras leyes que vinieron a completar el andamiaje jurídico constitucional fueron: la Ley
de Imprenta (1836) que hizo desaparecer la censura previa y la Ley Electoral (1837) que fijó
un sistema de sufragio censitario y extraordinariamente restringido, pero que amplió el censo
electoral del 0,15 % del Estatuto Real al 2,4 %.
Las dos diferencias más importantes con respecto a la Constitución de 1812 fueron el
reforzamiento del poder de la Corona y el Parlamento bicameral.
I.2.1.3. La alternancia en el poder (1837-1843)
A partir de la promulgación de la Constitución de 1837, quedó configurado un primer
sistema de partidos, sobre la base de los partidos moderado y progresista, que se alternaron
en el poder durante el reinado de Isabel II. Pero el modelo político se vio constantemente
alterado por la intromisión constante de los militares, que habían aumentado su poder gracias a
las guerras carlistas y a la escasa entidad de la burguesía española. Por ello, los generales
Espartero, Narváez y O'Donnell desempeñaron un papel determinante en el funcionamiento
de todos los gobiernos que hubo en España entre los años 1837 y 1843, bien de una forma
pacífica, a través de la acción política legal, o bien, a través de una forma violenta, por medio
del pronunciamiento.
a) Los moderados en el gobierno (1837-1840)
En las elecciones de octubre de 1837, tras la aprobación de la Constitución, triunfaron los
moderados y se mantuvieron en el poder hasta 1840. Uno de sus objetivos prioritarios en estos
años fue, sin salirse del marco constitucional, vaciar de contenido algunos de los principios
básicos de los progresistas: la libertad de imprenta, sistema electoral y la elección por
sufragio de los ayuntamientos. Con tal fin, en 1840 limitaron la libertad de imprenta,
reformaron la ley electoral reduciendo el número de electores y elaboraron una Ley de
Ayuntamientos, que permitía a la Corona nombrar a los alcaldes de las capitales de provincia,
al tiempo que se tomaban medidas para devolver a la Iglesia parte de sus antiguos
privilegios (devolución de bienes desamortizados no vendidos, restauración del diezmo,…).
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La Ley de Ayuntamientos enfrentó a progresistas y moderados, ya que los primeros
defendían la elección directa de los alcaldes.
El apoyo de Mª Cristina a los moderados provocó la oposición de los progresistas,
quienes, con el apoyo de un sector de los oficiales del ejército, liderado por Espartero,
impulsaron un amplio movimiento insurreccional con la formación de Juntas
revolucionarias en muchas ciudades. La regente, en 1840, antes de dar su apoyo a un nuevo
gobierno progresista, dimitió de su cargo. Entonces, los progresistas dieron su apoyo al
general Espartero, vencedor de la guerra carlista y con un gran apoyo popular, que asumió el
poder y se convirtió en regente en 1840.
I.2.2 La regencia de Espartero (1840-1843)
Desaparecida María Cristina de la vida política quedaba por nombrar una regencia.
Dentro de los progresistas, ahora en el poder, el consenso casi unánime era formar una
regencia integrada por tres personas, Espartero impuso su deseo y quedó proclamado como
único regente, e iniciará una etapa caracterizada por un creciente autoritarismo y un
gobierno muy personal que se apoyará en un grupo reducido de incondicionales y no en
todas las tendencias del progresismo, lo que le granjeará el alejamiento de amplios sectores de
esa tendencia. En las Cortes no tiene la mayoría, pero busca apoyos entre los moderados
cuando sus compañeros progresistas se lo niegan.
Desde el punto de vista social practica una política populista y contará con amplias
simpatías entre las clases medias y amplios sectores del ejército.
Una de sus primeras medidas legislativas fue la lógica derogación de la Ley de
Ayuntamientos, que entregaba nuevamente a los vecinos la potestad de elegir al alcalde por
sufragio universal masculino. Como progresista impulsaría la continuación de la
desamortización iniciada por Mendizábal e interrumpida por los moderados, eso se plasma en
la Ley Espartero de septiembre de 1841, el ritmo de ventas de tierras eclesiásticas se aceleró,
en un contexto de oposición frontal de Roma a su gobierno y en una aproximación de la Santa
Sede a los sectores carlistas. En lo económico apuesta por el librecambismo según el
modelo británico, opción que levantó una gran oposición entre los industriales textiles
catalanes que veían como los productos ingleses más baratos y de mejor calidad entrarían
libremente y hundirían la producción nacional. Ese hecho y la continua injerencia del embajador
británico en Madrid en la vida política nacional, suscitaron un levantamiento progresista
contra Espartero, dirigido por O´Donnell y algunos moderados, el intento fracasa en
septiembre de 1841.
El régimen de Espartero cada vez se basaba más en los apoyos populares y militares
que en una mayoría parlamentaria. Pero en el otoño de 1842 van a reducirse todavía más las
simpatías populares de las que gozaba, sobre todo debido a los sucesos de Barcelona. Tal y
como hemos adelantado antes, el regente impuso una política librecambista que suscitó una
dura oposición por parte de amplios sectores de la burguesía catalana, la situación se caldeó
todavía más cuando, además, firmó un tratado comercial con Gran Bretaña que era claramente
perjudicial para los intereses catalanes. La situación se complicó todavía más al reclutar por la
fuerza a un gran número de milicianos de Barcelona, esta era la gota que colmaba el vaso, y
se produjo una rebelión abierta contra el regente. En vez de optar por la vía de la negociación,
dirigió la represión militar, hecho que tuvo lugar entre el 3 y el 4 de diciembre de 1842.
Barcelona fue bombardeada; más de 800 bombas cayeron en la ciudad condal, más de 400
edificios fueron destruidos y hubo centenares de muertos.
Como consecuencia de lo anterior, se redujeron los apoyos a Espartero. Esta falta de
apoyos se materializó en el fracaso electoral de abril de 1843, y en el llamamiento de Salustiano
Olózaga, figura progresista, para disolver las Cortes.
Progresistas y moderados se pusieron de acuerdo para acabar con el poder
personal del regente. Narváez, general moderado que intriga de acuerdo con la exiliada María
Cristina, se enfrenta a las tropas de Espartero en Torrejón de Ardoz (22- 23 de julio de 1843);
Derrotado, Espartero abandonó la regencia y se exilió a Londres el día 30.
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TEMARIO B. Siglo XIX
Ante esta situación se adelanta la mayoría de edad de Isabel II que contaba con 13
años y se abre una larga etapa de gobierno moderado.
II. LA DÉCADA MODERADA (1844-1854)
II.1. Breve apunte biográfico de Isabel II
El reinado de Isabel II se inicia en 1843 tras la declaración de la mayoría de edad de la
reina (ésta tenía sólo 13 años).
En 1846 fue obligada por razones políticas a casarse con su primo carnal Francisco de
Asís de Borbón, hombre que sentía poca atracción por el sexo femenino. El matrimonio fue
un fracaso, la pareja se rechazaba mutuamente y la reina pronto le fue infiel.
La reina Isabel, que era una mujer simpática y veleidosa, carecía de preparación
política y cultural (cometía faltas de ortografía). Su labor de gobierno dejaría bastante que
desear, pues pocas veces respetó sus deberes constitucionales.
II.1.1. Principales características políticas
En el otoño de 1843, las Cortes, para evitar una nueva regencia, votaron la mayoría de
edad de Isabel II, que iniciaba así con trece años su reinado efectivo. Un reinado que duraría
veinticinco años y que, aunque en apariencia fue inestable y agitado, ofrece características
comunes que se mantuvieron invariables a lo largo de todo el reinado. Estas características
fueron:
a) El conservadurismo, que queda reflejado por la Constitución de 1845. Ésta
solamente reconocía la participación política de una forma exclusiva a las élites: una oligarquía
de propietarios, viejos aristócratas, ricos burgueses, generales, prelados y altos funcionarios. La
presencia de un sufragio restringido excluía al resto del país. Fue además un régimen de
gobiernos autoritarios, defensores del- «orden» y de una monarquía fuerte, que limitó las
reformas sociales y restringió las libertades individuales y colectivas.
b) La intervención continua de la reina en la política, apoyando siempre a los
sectores más conservadores y evitando el acceso al poder de los progresistas.
c) La participación permanente de los militares en la vida política. Los
conservadores pensaban que la presencia de un militar al frente del ejecutivo garantizaba el
mantenimiento del orden liberal frente al carlismo y frente a la revolución social.
d) La exclusión de los progresistas y los demócratas, más tarde, del poder, bien a
través de elecciones fraudulentas o por otros medios más violentos por parte de la Corona y de
los moderados.
e) La exclusión de la mayor parte de la sociedad española de la vida política.
Campesinos, obreros industriales, clases populares urbanas quedaron al margen de la vida
política, al tiempo que su ya precaria situación socio-económica fue degradándose de una
forma continua. Ese deterioro del nivel de vida provocó protestas, manifestaciones y huelgas
que fueron replicadas con la represión, la prohibición de las asociaciones y la persecución y
encarcelamiento de sus líderes, en nombre del “orden”.
II.2. La Constitución de 1845.
La realización más importante de la década moderada fue la elaboración de un nuevo
código constitucional con la finalidad de sustituir a la Constitución de 1837.
La nueva Constitución fue sancionada por la Corona el 23 de mayo de 1845. Aunque
fue presentada como una reforma para mejorar la de 1837, en realidad se trataba de un texto
nuevo, claramente moderado, que excluía toda pretensión de pacto con los progresistas.
Su preámbulo contenía dos principios trascendentales: se negaba que la soberanía
nacional residía en el pueblo y se afirmaba que dicha soberanía era dual, compartida entre el
rey y las Cortes, éstas en cuanto representantes del pueblo.
Así, ahora eran el rey y las Cortes quienes decretaban la Constitución, y no
solamente las Cortes, como había sucedido en 1812 o en 1837. De ahí que las reformas
políticas más importantes fueran la supresión de las limitaciones de los poderes del rey -de
la reina, en este caso- y el aumento de sus prerrogativas, con la consiguiente pérdida de
autonomía de las Cortes.
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TEMARIO B. Siglo XIX
En la práctica, esto supuso el control del poder político por camarillas palatinas y
poderes fácticos, quienes casi siempre manipularon a la reina, mujer de escasas dotes
políticas e intelectuales, imponiendo aquellas decisiones que favorecían a sus intereses.
Recortaba los derechos individuales, sobre todo el de libertad de expresión.
Suprimía la Milicia Nacional, de la que los moderados siempre recelaron, pues la
consideraban un instrumento de poder afín al partido progresista.
Establecía la confesionalidad del Estado Español: la religión de la nación española era
la católica, apostólica y romana.
En conjunto, la Constitución de 1845 despertó pocos entusiasmos, porque, si bien los
progresistas se opusieron a ella de inmediato, el sector "duro" de los moderados consideró que
era insuficiente y que había que restringir aún más el poder de las Cortes.
II.3. Las reformas de los moderados
Ya en los últimos meses de 1843, los moderados comenzaron a desplazar
definitivamente a los progresistas del poder. Al tiempo que esto sucedía, creció la opinión de
que era hora de asentar el Estado sobre unas bases firmes, reformando, entre otras medidas,
la Constitución de 1837, entonces en vigor. Cuando Narváez llegó a la presidencia del
Gobierno, en mayo de 1844, inició una serie de reformas que limitaban las libertades
propuestas por los progresistas, robusteciendo el poder de la Corona y organizando una
administración centralista.
a) La creación de la Guardia Civil. La preocupación de los moderados era hacer
compatibles dos conceptos: orden y libertad. Y se empezó por poner los medios para
establecer un orden público estricto. A fines de 1843, el gobierno presidido por González Bravo
ya había preparado el terreno suprimiendo la Milicia Nacional; con ello se acababa con la
fuerza de choque del partido progresista.
A la vez se empezó a preparar otro instrumento, la Guardia Civil, para salvaguardar el
orden público y la propiedad de las personas. Su reglamento, aprobado el 6 de octubre de
1844, enumeraba las obligaciones y facultades del nuevo cuerpo.
Su primera obligación era auxiliar al jefe político provincial -más tarde, gobernador civil-
del que dependía, para acabar con cualquier desorden, o bien tomar por sí misma la decisión
de desarrollar esta función en el caso de que dicha autoridad no estuviera presente.
Su segunda obligación consistía en disolver cualquier reunión sediciosa y armada. Las
restantes obligaciones mezclaban esta política de orden público con la vigilancia de la
propiedad, que en la España de mitad del XIX era fundamentalmente rural.
b) La ley de imprenta. La existencia de un jurado para los delitos de imprenta no
había servido de nada, por lo que estos delitos, como los demás, deberían ser materia de las
leyes comunes; de este modo, quedó extinguida la fórmula progresista en julio de 1845 y se dio
paso a un control preciso de la imprenta y de la prensa por parte del Gobierno.
c) La ley orgánica Municipal o de Ayuntamientos (enero de 1845) delimitaba la
función de los alcaldes, haciéndolos depender del poder central; serían nombrados por el
Gobierno o por las autoridades provinciales representantes de este -los jefes políticos-, y se les
encomendaba la custodia del orden público en las respectivas poblaciones a su cargo, teniendo
como colaboradora en esta misión a la Guardia Civil. De esta forma se liquidaban los intentos
progresistas de descentralización.
d) Las reformas en la Administración. La centralización y organización
administrativa, sustentada por la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833, quedó
consolidada y uniformada, desde enero de 1845, mediante leyes concretas que regulaban la
ordenación provincial y la administración local, concentrando en los gobernadores civiles
la autoridad en cada provincia y haciendo depender de ellos a los alcaldes de las poblaciones.
Se producía así una conexión poder central-poder local que eliminaba las posibles
ambiciones autonomistas de este último.

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TEMARIO B. Siglo XIX
Como complemento a esta articulación de las administraciones locales con la central, se
racionalizó la burocracia y se estructuró el funcionariado mediante un nivel de exigencias
técnicas, jurídicas y administrativas (oposiciones).
e) La reforma en Hacienda fue llevada a cabo en 1845 por Alejandro Mon. Mediante
esta reforma se creó un sistema fiscal eficaz, moderno, de carácter racional y de tipo liberal
(daba prioridad a los impuestos directos), que sustituyó a la ya desfasada y farragosa fiscalidad
del Antiguo Régimen. Tras la reforma los impuestos quedaron clasificados en:
-Directos: la contribución territorial sobre las propiedades inmobiliarias urbanas y
rendimientos de las fincas rústicas cultivadas (este impuesto era el más importante,
aportando más del 25% de los ingresos fiscales) y la contribución por el ejercicio de
actividades industriales y comerciales.
-Indirectos: Impuestos sobre la transmisión de bienes (herencias, ventas,…), tasas
aduaneras, y sobre los consumos, que ocupaba el segundo lugar por ingresos fiscales;
gravaba el consumo de los artículos de primera necesidad (jabón, carne, aceite, harina, vino…)
y fue muy impopular por recalar en mayor porcentaje sobre la población más humilde.
Los ingresos obtenidos se dedicaban, además de para cumplir los compromisos de la
deuda pública, que absorbía más del 30 % de los gastos, a gastos militares y de fuerzas de
orden público (30% de los presupuestos), obras públicas (20 %), educación (2 %), Casa del
Rey (1,5 %), pago a funcionarios y personal de la administración (6 %). Como se puede
observar, no existían gastos para la protección social (sanidad pública, pensiones o seguro de
desempleo,…)
f) El establecimiento de una enseñanza pública y de carácter uniforme, que sería
controlada por el Estado. Éste se encargó de establecer los programas de las enseñanzas
universitaria y secundaria, así como de la regulación del ejercicio de la enseñanza privada.
Por su parte, la enseñanza primaria se dejó en manos de los municipios, quienes, además,
debían sufragar los gastos de la misma. La labor educativa de los municipios dejó bastante que
desear.
g) La firma del Concordato con la Santa Sede. Los moderados intentaban
restablecer completamente las relaciones con el Papa, después de la ruptura provocada por la
desamortización de Mendizábal, y negociaron un concordato que se firmaría en 1851.
El concordato interpretaba que la única religión del Estado era la católica, lo cual
entrañaba obligaciones del poder civil para la defensa de la religión. Las principales
consecuencias de esta afirmación eran la intervención que se concedía a los obispos en la
enseñanza y el apoyo que los gobiernos se obligarían a prestarles en la represión de las
llamadas doctrinas heréticas.
Pero hay que observar que, en el orden político, los gobiernos moderados iban a
conseguir dos importantes logros: de una parte, la aceptación por Roma de que los bienes
desamortizados quedaran en manos de sus propietarios, lo cual implicaba acabar con la
persecución de los compradores, que formaban el núcleo del partido moderado, y, de otra, la
renovación del derecho de presentación de obispos, que se había establecido en el anterior
concordato de 1753. Cuando quedaba vacante alguna diócesis, el Gobierno gozaba del
derecho de proponer tres nombres para que Roma eligiera entre ellos al nuevo obispo, lo cual
significaba que, en adelante, los gobiernos propondrían a adictos a sus programas y
pretensiones.
h) La unificación de leyes para todo el Estado español. El deseo de componer un
corpus de leyes unitario que sirviera para todos, y que implicaba la eliminación de todos los
fueros, leyes y costumbres excepcionales, ya estaba presente desde los primeros momentos
del partido moderado. Con tal fin se promulga en 1851 el Código Penal. Asimismo, se
comienza a elaborar el Código Civil.
i) Implantación de un único sistema de pesas y medidas, tras la adopción del
sistema métrico decimal.

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TEMARIO B. Siglo XIX
II. 4. Crisis y fin de la Década moderada
La crisis de la Década moderada comenzó a generarse entre 1851 y 1852, debido a la
oposición del sector izquierdista de los moderados (los llamados puritanos, más respetuoso
con las leyes) ante el proyecto ultraconservador de reforma constitucional propuesto por Bravo
Murillo, que de haberse puesto en marcha hubiera supuesto el fin de la vida parlamentaria y
casi un retorno al absolutismo.
Para Bravo Murillo la cuestión de gobernar era una cuestión técnica que debía ser
realizada por expertos y no por políticos.
Habría que añadir la oposición de los carlistas (guerra dels matiners, 1846-1849). La
causa del resurgimiento del conflicto fue el fracaso de la planeada boda entre Carlos VI e
Isabel II, lo que hubiera resuelto el conflicto dinástico.
Aunque se desarrolló sobre todo en el campo catalán, hubo también episodios aislados
en otras zonas. Hasta 1860 se repitieron levantamientos armados carlistas de poca
trascendencia.
En estos años surgió también el Partido Demócrata (1849), desgajado del ala izquierda
del progresismo; sus miembros reivindicaban el sufragio universal, las Cortes unicamerales, la
libertad religiosa y de asociación sindical, la reforma de los «consumos», la instrucción primaria
gratuita y la intervención del Estado en las relaciones laborales. Este programa de liberalismo
democrático constituía un avance respecto a la revolución liberal tal y como había sido
desarrollada hasta entonces. Demócratas y progresistas protagonizaron insurrecciones en
Madrid y Sevilla en 1848, el año en el que se inició una nueva oleada revolucionaria en toda
Europa.
Otra causa importante de la crisis moderada fue la salida a la luz pública de una serie de
casos de corrupción y escándalos financieros relacionados con las concesiones ferroviarias,
en los que estaban involucrados políticos moderados. El Senado pidió una investigación, pero
el Gobierno respondió con la clausura de las Cortes y el destierro de algunos políticos y
militares. Pero su caída no llegaría hasta 1854, y fue a causa, no de un resultado adverso en
las elecciones, sino de un nuevo pronunciamiento militar encabezado por el general moderado
O`Donnell, acompañado de un levantamiento revolucionario promovido por los
progresistas.
III. EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856) Y LA VUELTA AL MODERANTISMO
(1856-1868). EL TERRITORIO DE CASTILLA-LA MANCHA CON ISABEL II
III.1. La Revolución de 1854
El escandaloso favoritismo en todos los campos de la vida social y la generalizada
corrupción existente en la política económica y financiera de los gobiernos moderados
provocaron reacciones y movimientos subversivos en amplios sectores liberales, incluidos los
moderados, que finalmente llevaron a la calle a las clases populares. La revolución de 1854
trajo consigo un cambio de rumbo en la orientación política del país. El procedimiento utilizado
fue el pronunciamiento.
La Revolución se desarrollaría en dos fases:
a) La primera, de origen moderado se inició con el pronunciamiento de Alcalá de
Henares en junio de 1854, protagonizado por los generales moderados Dulce y O´Donell. En
Vicálvaro, localidad cercana a Madrid, tuvo lugar una indecisa batalla entre las tropas
sublevadas y las gubernamentales. O´Donell, tras esta batalla creyó conveniente para que su
pronunciamiento triunfase conseguir el apoyo de los progresistas. Con este objetivo publicó
en julio de 1854 los manifiestos de Aranjuez y de Manzanares; este último fue redactado por
Cánovas del Castillo, político que tendría un gran protagonismo en la España de la
Restauración.
El Manifiesto de Manzanares recoge una serie de reivindicaciones, algunas de ellas,
típicamente progresistas como la reforma constitucional, rebaja de los impuestos,
restauración de la Milicia Nacional,… Asimismo, hacía un llamamiento a la formación de
Juntas de gobierno como paso previo hacia la convocatoria de Cortes.
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TEMARIO B. Siglo XIX
b) Una segunda fase caracterizada por las movilizaciones populares en las
grandes ciudades del país (Madrid, Barcelona, Valencia…) pidiendo, además de cambios
políticos, cambios sociales.
c) Los progresistas y demócratas trataron de encauzar estas revueltas por medio
de la formación de Juntas Revolucionarias cuyos programas superaban al de los militares
sublevados: reunión de Cortes constituyentes, ampliación de las libertados, sufragio
universal, abolición de las quintas, enseñanza gratuita y obligatoria,… de modo que el
alzamiento militar moderado quedó desbordado y convertido en un movimiento popular y
progresista, que, además, en algunos lugares -principalmente en Barcelona- tuvo
dimensiones obreristas. A la vista de los acontecimientos, la reina Isabel II decidió entregar el
poder a la principal figura del progresismo, el general Espartero.
III.2 Las reformas progresistas del Bienio.
III.2.1 La constitución de 1856.
Finalizaba así la década moderada y comenzaba lo que se llamó el bienio progresista,
que duraría hasta septiembre de 1856, un tiempo en el que los gobiernos se esforzaron por
poner en práctica varias medidas. El punto principal fue la elaboración de una nueva
Constitución que, al final, no fue promulgada (non-nata) debido a las largas discusiones y a
los diversos sucesos políticos acontecidos.
El deseo de reformar la Constitución de 1845 ya había surgido cuando apenas habían
transcurrido dos años desde su promulgación. Ese deseo se concretó ahora en el nuevo
Proyecto de Constitución. El texto refleja más genuinamente que ningún otro documento el
ideario del partido progresista. Reúne todos sus dogmas: la soberanía nacional, el
establecimiento de limitaciones al poder de la Corona, una prensa sometida al juicio de un
jurado, la vuelta de la Milicia Nacional eliminada por los moderados, los alcaldes elegidos
por los vecinos y no designados por el poder central.
También reconocía ampliamente los derechos políticos e instalaba, por primera vez
en España, un cierto régimen de tolerancia religiosa. Se continuó manteniendo el sufragio
directo censitario, extendiéndose también al Senado, que deja de estar formado por
designación de la Corona.
III.2.2. La política económica tuvo como eje principal la desamortización
y una serie de leyes económicas para atraer capitales extranjeros, relanzar la actividad
crediticia de los bancos y fomentar el ferrocarril, símbolo de la industrialización y el progreso:
Ley de Ferrocarriles de 1855, Ley Bancaria de 1856 y creación del Banco de España en ese
mismo año.
III.2.2.1 La desamortización de Madoz de 1855.
El 1 de mayo de 1855, el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista y
amigo de Mendizábal, sacó a la luz su Ley de Desamortización General. Se llamaba "general"
porque se ponían en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los de los eclesiásticos que
no habían sido vendidos en la etapa anterior y los de los pueblos -se llamaban bienes de
propios aquellos que proporcionaban, por estar arrendados, una renta al Concejo, en tanto que
los comunes no proporcionaban renta y eran utilizados por los vecinos del lugar-. La
desamortización de bienes de propios y comunes se prolongó hasta 1924. El procedimiento
utilizado para las ventas fue una copia del de Mendizábal; sin embargo, había dos diferencias
claras. Una se refería al destino del dinero obtenido: sin las anteriores angustias de Hacienda,
fue dedicado a la industrialización del país o, mejor y de modo más concreto, a la expansión del
ferrocarril. La otra diferencia estaba en la propiedad de dicho dinero: el Estado no era el
propietario, sino los ayuntamientos. Aquel percibiría el importe de las ventas en nombre de
éstos y lo transformaría en lo que hoy podrían ser bonos del Estado, lo cual significaba que éste
se convertía en "custodio" de los fondos de los ayuntamientos, utilizándolos para el bien de
todos. En este proceso, la burguesía con dinero fue de nuevo la gran beneficiaria, aunque la
participación de los pequeños propietarios de los pueblos fue mucho más elevada que en el
anterior de Mendizábal.
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TEMARIO B. Siglo XIX
Un hecho importante es que la enajenación de propiedades municipales trajo consigo el
empeoramiento de las condiciones de vida del pequeño campesinado, privado del uso y
disfrute de los antiguos bienes del Concejo.
III.2.2.2 Ley de Ferrocarriles (1855)
Mediante esta ley, el Estado daba importantes incentivos económicos a los inversores
privados nacionales y extranjeros: garantía por parte del Estado de un rendimiento mínimo del
capital invertido de un 6 %, concesiones por 99 años, libertad total para importar –sin arancel-
todo tipo de material necesario para la construcción y funcionamiento del tendido ferroviario.
Además, esta ley se complementaba con otras disposiciones legales financieras (Ley Bancaria
de 1856…) que hicieron posible la creación de un sistema bancario para poder financiar la
construcción de la red viaria española.
III.2.2.3 Leyes financieras.
La expansión del capitalismo en España estaba encontrando problemas a mediados del
siglo XIX, debido en parte a la escasez de capital y a la presencia de un marco jurídico que no
era el más adecuado. Para corregir estas deficiencias, las Cortes aprobaron dos leyes:
a) Ley Bancaria para establecer un sistema plural de emisión de billetes. Por esta
ley, los bancos particulares, bajo el control del Banco de España y de los comisarios regios,
podrían dedicarse, aparte de las operaciones comerciales, a la creación de dinero.
b) Ley sobre Sociedades de Crédito, que regulaba las instituciones dedicadas al
préstamo y promoción de empresas industriales, reservándose el Gobierno el derecho de
inspección sobre el balance de cada sociedad.
Con las leyes de Banca y Sociedades de Crédito se pusieron las bases para el
desarrollo del sector financiero en España, ordenando el caótico panorama monetario y
favoreciendo el desarrollo de las sociedades financieras.
Estas leyes permitieron desarrollar un sistema financiero formado sobre todo por
Sociedades Anónimas.
III.2.3 Las nuevas corrientes políticas.
En este sentido, la preocupación por liberalizar los derechos individuales y el
mecanismo electoral, ensanchando así la base de los votantes, facilitó que salieran a la luz
corrientes políticas que habían sido reprimidas durante el régimen anterior. A la izquierda del
progresismo se consolidaron las opciones demócrata y republicana; ésta recogía, a su vez,
corrientes como el socialismo y el federalismo.
Es en estas fechas cuando se crea la Unión Liberal, el partido de O´Donnell, de
ideología centrista, acogía a la facción más progresista de los moderados y a la más
moderada de los progresistas, aunque gobernará con los progresistas, el gran momento de este
partido le vendrá en la siguiente etapa.
Los orígenes del llamado Partido Demócrata se remontan a la regencia de Espartero.
Hacia 1840, la opinión democrática y republicana se extendía en círculos reducidos del
progresismo. De entre los progresistas surgieron muy pronto tendencias avanzadas
preocupadas por "la cuestión social", que se difundía por medio de periódicos como La
Fraternidad, La Reforma Económica o El Republicano.
En cuanto al movimiento obrero en España, sus orígenes se sitúan en 1840, cuando
surgen las primeras organizaciones de trabajadores en Cataluña. El tejedor Juan Muns lideraba
la Asociación Mutua de Obreros de la Industria Algodonera, que promovió las primeras huelgas
por mejoras salariales. Durante la década moderada, el movimiento obrero se debatió entre la
prohibición y algún momento de tolerancia. Con el bienio progresista crecieron las esperanzas
de reconocimiento y libertad de asociación y el incipiente movimiento obrero ensayó sus
primeras fórmulas de acción, incluida la huelga general.
A la vez, el carlismo volvió a dar señales de vida, promoviendo partidas armadas en el
campo.

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TEMARIO B. Siglo XIX
En definitiva, durante estos dos años, los gobiernos progresistas se vieron
continuamente hostigados en las Cortes y en los medios de comunicación por la derecha,
decidida a poner todo tipo de impedimentos al régimen, y por la izquierda radical, que luchaba
denodadamente para que no se perdiera la oportunidad de realizar reformas democráticas. Las
acciones reivindicativas de obreros y campesinos y los intentos políticos de signo
revolucionario para acabar con los gobiernos fueron constantes. La inseguridad en la calle y la
conflictividad aumentaron. Con estos ingredientes, una nueva crisis estaba servida.
III.3. El retorno al moderantismo (1856-1868).
La crisis se produjo en julio de 1856: ante la inestabilidad existente, O'Donnell dio un
auténtico golpe de Estado contra la mayoría parlamentaria y desplazó del poder al general
Espartero y al partido progresista.
Así, el bienio progresista acabó como había comenzado, a tiros y con derramamiento
de sangre en las calles de Madrid durante los días 15 y 16 de ese mes de julio. O'Donnell se
hizo con los resortes del poder, al vencer a la Milicia Nacional y al conseguir el control de las
Cortes. En septiembre de 1856 publicaba un nuevo decreto por el que se ponía fin al bienio y
establecía la vigencia de la Constitución de 1845. O´Donnell asumió la presidencia del
Gobierno con el respaldo de su partido, la Unión Liberal, y presentó los objetivos principales
de su política: consolidación de la monarquía constitucional; respeto a "los legítimos
derechos y legítimas libertades"; restablecimiento del orden público, y conciliación de las
dos grandes tendencias, la moderada y la progresista.
III.3.1. Características generales de la etapa:
A lo largo de este período, las fuerzas políticas que controlaron el poder fueron los
moderados y la Unión Liberal, partidos que se turnaron el ejercicio del mismo. El partido
progresista, a pesar de aceptar la legalidad vigente y de participar en las elecciones al menos
hasta 1863, quedó excluido, por diversas vías, del gobierno. Los partidos antisistema
siguieron siendo el carlista y el demócrata.
En líneas generales, esta etapa se caracteriza por una relativa estabilidad política y
social, así como por un cierto desarrollo económico (auge de la construcción de la red
ferroviaria, expansión agraria, crecimiento de la industria algodonera, de la minería y de la
banca).
III.3.2. Problemas más importantes
Los problemas más destacados de esta etapa tuvieron su raíz en la conflictividad
interna protagonizada por los carlistas y campesinos.
a) Los carlistas llevaron a cabo un desembarco en las costas de la provincia de
Tarragona en 1860, con el objetivo de provocar un levantamiento general. Este desembarco fue
un fracaso.
b) Por su parte, la protesta campesina de 1861 fue debida a las desamortizaciones de
Madoz, así como al sistema de quintas y al impuesto de consumos. Esta protesta adquirió
una gran violencia en las provincias de Sevilla (sucesos de Utrera y el Arahal) y Granada
(sublevación de Loja). La sublevación de Loja, que fue la más importante, fue dirigida, al igual
que las movilizaciones de la provincia de Sevilla, por republicanos radicales, y en ella
participaron más de 100.000 personas, entre artesanos, pequeños comerciantes y campesinos
(jornaleros). Los revolucionarios pretendían el reparto de la tierra y la implantación de una
república democrática. Al no contar con el apoyo ni de progresistas ni de la mayoría de los
demócratas, el movimiento revolucionario perdió fuerza y terminó siendo dominado por el
ejército, Sin embargo, estas revueltas campesinas dieron a conocer, además del descontento
y la situación precaria de los jornaleros andaluces, la disposición de éstos a utilizar la
violencia para solucionar el problema del reparto de !a propiedad.
III.3.3. La política de la Unión Liberal.
O´Donnell intentaba en 1856 establecer un liberalismo “centrista”. Disolvió las Cortes
antes de que pudieran aprobar la Constitución de 1856, y eliminó toda la obra legislativa del
bienio progresista.
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TEMARIO B. Siglo XIX
Repuso la Constitución de 1845 con un Acta Adicional que reconocía algunos
principios progresistas, suprimió la Milicia Nacional y reorganizó los ayuntamientos. Este
gobierno de la Unión Liberal fue breve. Retornó Narváez al gobierno con la supresión del Acta
Adicional, la interrupción de la desamortización y rodeándose de los elementos más
conservadores del moderantismo, los llamados "neocatólicos".
Una nueva oportunidad para la Unión Liberal fue el periodo conocido como el Gobierno
Largo entre junio de 1858 y marzo de 1863. Fueron años de expansión económica en los
que España se incorporó al lado de Francia a la carrera por reconstruir un imperio colonial.
III.3.3.1. La política exterior
De cara al exterior, en estos años se llevarían a cabo varias intervenciones militares, cuyo
objetivo principal era desviar la atención de los españoles de los problemas internos y exaltar el
patriotismo en un momento que la ideología nacionalista se encuentra en pleno auge en el
continente europeo. Se llevarían a cabo cinco intervenciones en total:
a) La intervención franco-española en Indochina (1858-1863), justificada por el asesinato de
algunos misioneros en ese territorio y llevada a cabo con éxito, beneficiaría únicamente a Francia,
que comenzó a controlar parte de este territorio.
b) La guerra contra Marruecos (1859-1860) pretendía una expansión colonial española en
el Norte de este país, si bien la intervención tuvo como pretexto un ataque de nativos a Melilla
(posesión española). Un ejército de 40.000 hombres participó en la operación militar, obteniendo
las victorias de Castillejos y Wad-Ras. Pero la amenaza de una intervención de Inglaterra, que no
vela con buenos ojos una expansión española tan cerca del Estrecho, obligó a España a firmar un
tratado de paz, en el consiguió el territorio de Sidi-Ifni, situado en el suroeste marroquí, y otras
compensaciones territoriales en torno a Ceuta y Melilla.
c) La expedición a Méjico en 1862, llevada a cabo por tropas francesas, inglesas y
españolas, con el fin de castigar al gobierno mejicano por no pagar la deuda. El cuerpo español,
dirigido por el general Prim, se retiró muy pronto cuando quedaron claros los intereses imperialistas
de Francia, quien pretendía derrocar a Juárez y establecer una monarquía satélite de Francia,
coronando rey de ese país a un archiduque austríaco.
d) Otras intervenciones fueron: el intento frustrado de recuperar la antigua colonia de Santo
Domingo en 1861 (impedido por las presiones internacionales) y la guerra contra Perú y Chile; en
realidad, esta guerra consistió en un bombardeo de algunos puertos de estos países por la flota
española. Terminó en 1866 sin ningún resultado que destacar.
El general Prim, que ante el ejército había demostrado ya suficientemente sus dotes
militares: había sido héroe en Castillejos (Marruecos), en 1859, y antes, observador de guerra
en Crimea, gobernador en Puerto Rico y enviado a México para ayudar a los franceses en su
intento de derrocar a Juárez, lideró a los progresistas. Nacido en Cataluña, fue un liberal puro
que defendió siempre los ideales de la libertad, de una monarquía constitucional, de las
carreras abiertas al talento y de la economía del librecambio, y odió cualquier idea que oliera a
desorden y socialismo. Si a partir de 1863 empezó a conspirar para derribar a Isabel II y su
camarilla de la corte, fue porque aquélla supeditó siempre sus deberes de reina constitucional a
sus escrúpulos de católica conservadora.
En 1864 volvió Narváez al Gobierno y, con él, una política conservadora y de represión
de las libertades públicas.
III.3.2 La crisis de 1866 y el agotamiento del régimen isabelino.
Desde 1863 a 1868, años en los que siguieron turnándose en el ejercicio del poder
moderados y unionistas (hubo siete gobiernos a lo largo de este siete años, presididos parte de
los mismos por Narváez y O'Donnell, respectivamente), se caracterizan por la ruptura del
consenso, con la actuación subversiva de progresistas y demócratas, y por la aparición de
varias crisis que dejaron al descubierto la incapacidad de los diversos gobiernos para hacerles
frente. Estas crisis van a ser debidas a problemas políticos, sociales y económicos:

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TEMARIO B. Siglo XIX
a) Políticos. En 1865 el general Prim, líder de los progresistas intenta sin éxito un
pronunciamiento militar en Villarejo de Salvanés (Madrid). Un año más tarde, en 1866, y
apoyado por progresistas y demócratas, de nuevo tiene lugar otro pronunciamiento en el
cuartel de San Gil: el llamado levantamiento de los sargentos, que también fracasó y fue
reprimido violentamente (fueron fusilados 68 de los participantes y conmovió enormemente a la
opinión pública). Sin embargo, estas acciones contra el gobierno dejaban constancia del
malestar existente entre diversos sectores de la población y de la incapacidad de aquel para
reincorporar a la vida política legal a los demócratas y progresistas.
b) Económicos y sociales. A mediados de la década de 1860, los gobiernos isabelinos se
encontraron con una crisis económica triple (industrial, financiera y ferroviaria), a causa de la
falta de algodón, debido, a su vez, al estallido de la Guerra de Secesión americana, y a la
especulación en las inversiones ferroviarias (las líneas ferroviarias construidas no daban el
beneficio esperado).
Por su parte, dentro de ciertos sectores sociales (clases medias, pequeña burguesía,
jornaleros andaluces y clases populares urbanas) había cierta insatisfacción debida a la
imposibilidad del moderantismo de responder a las demandas sociales y de participación
política de los ciudadanos, el descrédito de Isabel II, y, por último, el malestar social
generado por la seria crisis financiera y de subsistencias en 1866. A ello se unieron dos
acontecimientos desencadenantes: la expulsión de sus cátedras de Julián Sanz del Río y de
Emilio Castelar, con la consiguiente manifestación estudiantil ahogada en sangre el l0 de abril
de 1865 -La noche de San Daniel-, y el arriba mencionado complot militar liderado por Prim y
la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil.
Pero los problemas para los moderados, quienes ejercieron el poder de una forma
autoritaria entre 1866 y 1868, así como también para Isabel II, muy desprestigiada en estos años,
se agudizan tras la firma del Pacto de Ostende (Bélgica) en el año 1866 por parte demócratas y
progresistas. En dicho pacto estos partidos se comprometen a derrocar a Isabel II y a la elección
por sufragio universal de una asamblea constituyente, que decidirá sobre la forma de gobierno,
monárquica o republicana. Después de la muerte de los soportes más importantes de la reina,
O’Donnell (1867) y Narváez (1868), hasta los unionistas, liderados por el general Serrano, se
adhirieron a este pacto.
En septiembre de 1868 se produjo, por fin, una sublevación triunfante que provocó la
caída de la dinastía borbónica y la esperanza de un régimen democrático para España.
III.4 El territorio de Castilla-La Mancha con Isabel II
Habría que comenzar señalando que Castilla-La Mancha no existía en esta época, dado
que surge como comunidad autónoma durante la transición democrática, tras el fallecimiento de
Franco y de acuerdo con la Constitución de 1978.
Algunos de los hechos más significativos que hay que destacar de esta etapa histórica
en el territorio de Castilla-La Mancha son:
a) La incidencia de la I guerra carlista. Uno de los problemas de la minoría de
edad de Isabel II fue la Primera Guerra Carlista, iniciada en Talavera de la Reina (1833).
Las amenazas carlistas más serias provinieron de las tropas de los generales Gómez y
Cabrera que amenazaron Guadalajara, Cuenca y Albacete. En el plano bélico, habría que
señalar la actuación de algunas partidas, más de bandoleros que carlistas, en los Montes de
Toledo y La Mancha.
La causa carlista contó con el apoyo de gran mayoría del clero y de parte del
campesinado (el de las zonas de Órdenes Militares), porque eran los más perjudicados por
las reformas que estaban llevando a cabo los liberales a favor de la burguesía.
b) Las reformas liberales. Con las regencias de María Cristina y Espartero, nacido
en Granátula de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, se abre el camino hacia el definitivo
triunfo de las reformas liberales. En 1833 el ministro Francisco Javier de Burgos llevó a cabo
una nueva división provincial de España.

HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 33


TEMARIO B. Siglo XIX
En nuestra comunidad: la mayor parte de la provincia de La Mancha fue sustituida por la
de Ciudad Real aunque parte de su territorio pasó a las provincias de Cuenca, Toledo y a la
recién creada provincia de Albacete. La nueva provincia de Albacete se formó con parte de
los territorios de las antiguas provincias de Cuenca, La Mancha y Murcia. Las provincias que
forman hoy Castilla-La Mancha, se organizaron entonces en dos regiones. Una, Castilla La
Nueva, que incluía a Madrid con Toledo, Cuenca, Guadalajara y Ciudad Real; la otra, Murcia,
formada por Albacete y Murcia.
También se creó, para la administración de justicia, la Audiencia Territorial (1834), con
sede en Albacete, con jurisdicción sobre las provincias de Murcia, Ciudad Real, Cuenca y
Albacete. Para la administración y desarrollo de los pueblos en cada provincia se crearon las
Diputaciones Provinciales (1835).
c) Los cambios económicos en estos años fueron muy importantes, aunque no
conseguimos industrializarnos, como en otras partes de España.
La desamortización eclesiástica de Mendizábal afectó mucho a todas las provincias de
nuestra región, al igual que la civil de Madoz de 1855. En general, contribuyeron a consolidar la
gran propiedad y a acentuar los procesos de proletarización del campesinado manchego.
Las tierras desamortizadas fueron adquiridas por labradores acomodados,
comerciantes e industriales, y sobre todo por grandes propietarios, que residían en el
territorio castellano-manchego. También adquirieron fincas miembros de la alta burguesía
madrileña (Marqués de Salamanca…). Como resultado de estas medidas, el latifundismo se
reforzó y miles de campesinos acabaron convirtiéndose en jornaleros.
d) La revolución de los transportes: el ferrocarril. La red de ferrocarriles de la región
fue obra casi en su totalidad de la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante
(M.Z.A.). El trazado ferroviario del territorio castellano-manchego se hizo de acuerdo con los
intereses de las grandes compañías ferroviarias, por lo que apenas benefició a la región.
Con la excepción de Albacete, Aranjuez y Alcázar, que se convirtieron en núcleos neurálgicos
ferroviarios, un número importantes de ciudades, entre ellas Cuenca, apenas se beneficiaron.
e) Una economía dual. La economía de este tiempo será de tipo dual, a la vez
capitalista y de subsistencia. Entre 1830 y 1860 tuvo lugar un incremento de la producción
agraria de cierta entidad en gran parte debida a la puesta en cultivo de las tierras
desamortizadas.
Siguieron las industrias tradicionales (alimentarias, navajas y cuchillos, calzado…); en
cambio, la industria textil de nuestra región no pudo soportar la competencia de la industria textil
catalana, mecanizada y con costes de producción más bajos, dispuesta a cubrir al mercado
nacional.
f) En cuanto a la evolución política, las provincias castellano-manchegas, plenamente
liberales, siguieron el curso político desarrollado a nivel nacional. Dominio por los liberales
moderados (Década Moderada), luego por los progresistas (Bienio Progresista) y vuelta a los
moderados y unionistas de O’Donnell. Los demócratas y republicanos tuvieron que esperar
a la fase siguiente: el Sexenio Democrático.
APUNTES COMPLEMENTARIOS
El Convenio de Vergara
En el Convenio de Vergara, los liberales reconocían los grados militares de todos aquellos que
habían servido en el ejército carlista, así como también se recogía una ambigua promesa de
mantenimiento de los fueros vascos-navarros. Sin embargo, en 1841 las Cortes y el gobierno
promulgaron diversas leyes por medio de las cuales Navarra perdía sus aduanas y sus instituciones
políticas propias, como la Cortes, pero seguía manteniendo todavía ciertos privilegios fiscales y
militares. Por su parte, las provincias vascas mantuvieron algunos de sus viejos derechos forales y
perdieron otros de gran importancia como el “pase foral” (derecho a “obedecer pero no cumplir”,
“retrasar pero no suspender”), que fue suprimido. Este privilegio podía servir para vetar aquellas
disposiciones de gobierno que perjudicaran los intereses vascos.
3. EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874). ECONOMÍA Y SOCIEDAD ESPAÑOLAS
EN EL SIGLO XIX
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 34
TEMARIO B. Siglo XIX

INTRODUCCIÓN
Esta etapa se denomina Sexenio democrático porque supuso el primer intento de
establecer en España una democracia en los términos en los que ésta era entendida en el siglo
XIX, es decir, basada en el sufragio universal masculino. Se abordaron nuevas fórmulas
políticas y sociales más allá del liberalismo (la democracia, la república y el federalismo)
para integrar a las masas populares en el nuevo Estado nacional.
La experiencia, no obstante, fracasó. Como consecuencia, varias generaciones de
políticos e intelectuales españoles debatieron durante las décadas siguientes el propio ser de
España y la manera de incorporar a la política a todas las clases sociales, es decir, a las
masas.
En otro orden de cosas trataremos en este tema las transformaciones económicas y
sociales, no del Sexenio, sino de todo el siglo XIX. Para ello analizaremos las transformaciones
que la burguesía impuso en el campo para que el modelo de propiedad pasara a ser
plenamente liberal y capitalista, dejando atrás el Antiguo Régimen; cómo, con todo, el atraso
de la agricultura fue la característica principal, y cómo, la industrialización sólo se afianzó en
algunas zonas del país. Capítulo especial merece el desarrollo del ferrocarril. Desde el punto
de vista social veremos cómo la burguesía liberal crea una sociedad de clases que sustituye a
la sociedad estamental del Antiguo Régimen.
I. LA EVOLUCIÓN POLÍTICA DEL SEXENIO DEMOCRÁTICO.
I.1 La Revolución y la búsqueda del rey (1868-1870)
I.1.1 Causas de la Revolución
Las causas más importantes que provocaron la Revolución fueron:
a) La crisis del sistema político debido en gran medida a las extralimitaciones
políticas de la Corona, así como al autoritarismo de los moderados, quienes gobernaron el
país entre 1863-1868. A lo largo de este tiempo, las únicas medidas que adoptaron, con el
apoyo de Isabel II, fueron la represión de la población y la marginación de los progresistas y
demócratas de las instituciones políticas del país. Estos grupos terminaron firmando en 1866 el
Pacto de Ostende, al que un año más tarde se adhirieron los unionistas.
b) La impopularidad de la reina Isabel a causa de su escaso respeto a la
legalidad constitucional, así como por su apoyo incondicional a los moderados y por
variopintos consejeros que tuvo a su alrededor en los últimos años (entre otros, sor Patrocinio,
la milagrera monja de las llagas).
c) La grave situación de la economía del país entre 1866 y 1868 debido a:
1. La aparición de una grave crisis de subsistencias, que, provocada por las malas
cosechas de 1866 y 1867, originó una subida desorbitada de los precios del trigo (en 1868, el
precio del trigo se había doblado con respecto a 1865) y otros productos básicos, así como la
aparición del hambre, el paro en las ciudades y la caída de la demanda de productos textiles.
2. El estallido de una crisis financiera, que, iniciada en Europa en 1866, tuvo efectos
demoledores sobre la economía española. Algunos de esos efectos fueron: la quiebra de un
gran número de bancos (de 21 bancos existentes quebraron más de media docena) y
empresas. Esa crisis estuvo provocada por la caída del valor de las acciones en la Bolsa a
causa de la baja rentabilidad de las líneas de ferrocarril puestas en funcionamiento.
3. La crisis de la industria textil catalana, originada por la Guerra de Secesión
norteamericana, que provocó falta del algodón en el mercado internacional y una elevación
desorbita del precio de esa materia prima.
4. El incremento desorbitado del endeudamiento estatal, que, ante la imposibilidad de
obtener créditos en el exterior, obligó al gobierno a aumentar la presión fiscal sobre las clases
populares. Medida que, unida a los efectos de la crisis de subsistencias y de la crisis financiera
e industrial, provocó un gran descontento entre amplios sectores de la población.
a) La muerte del general O’Donnell, en 1867, facilitó, como ya hemos apuntado en
el tema anterior, la adhesión del general Serrano, nuevo líder de los unionistas, al Pacto de
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TEMARIO B. Siglo XIX
Ostende. La participación de los generales unionistas daba más posibilidades al triunfo del
levantamiento revolucionario, a la vez que incrementaba las bases sociales para el cambio, al
incorporar gran parte de la oligarquía, y, lógicamente, imprimía un giro menos radical a la
revolución.
d) El apoyo de gran parte de la población a la revolución:
1. Las clases populares, descontentas por el paro, la carestía y la miseria, al igual que
por la corrupción gubernamental, y atraídas por el programa de los revolucionarios (sufragio
universal, abolición de quintas y del impuesto de consumos) apoyaron masivamente el
pronunciamiento.
2. La burguesía industrial y financiera, viendo que la labor del gobierno isabelino para
solventar la crisis económica se reducía a una feroz represión de los disturbios sociales, se
convenció de que era preferible el triunfo de la revolución.
3. Parte de la oligarquía terrateniente apostó también por un cambio de régimen para
hacer posible un retorno del orden social.
I.1.2. Desarrollo de la Revolución del 68
La conspiración para acabar con la monarquía de Isabel II estaba siendo preparada por
el general Prim. El 19 de septiembre un grupo de generales en Cádiz, a los que se une el
almirante Juan Bautista Topete, jefe de la escuadra, se pronunciaba contra el régimen de
Isabel II.
Lanzaron al país un manifiesto con la esperanza de contar con el apoyo de la sociedad
española, que concluía con el grito de “¡Viva España con honra!” y proponía un Gobierno
provisional y el sufragio universal, al tiempo que criticaba a la reina y a los Borbones.
El pronunciamiento fue apoyado por las clases populares de varias ciudades españolas,
en donde, una vez más, se formaron Juntas revolucionarias de carácter civil. Estas Juntas,
que tuvieron un papel fundamental para que la revolución se consolidase, relevaron del poder
a las autoridades gubernamentales y elaboraron una serie de manifiestos en los que pedían
la puesta en práctica de diversas medidas democráticas (sufragio universal, libertad de
expresión, de reunión, de asociación y de culto, implantación de la república) de reformas
sociales (desamortización, abolición de las quintas y consumos e, incluso, el reparto de la
propiedad en algunas zonas andaluzas,..).
Mientras Prim, a bordo de una fragata, emprendía viaje por la costa mediterránea para
extender la sublevación, su otro compañero, el general Serrano, el 28 de septiembre, triunfaba
sobre las fuerzas gubernamentales, dirigidas por el general Novaliches, en la batalla de
Alcolea (Córdoba). La reina que se encontraba en San Sebastián, donde veraneaba,
abandonaba con su corte el país, el día 30, en dirección a Francia.
I.1.3 Las fuerzas políticas revolucionarias
La revolución de 1868 tuvo un carácter, exclusivamente político para la mayoría de los
firmantes del Pacto de Ostende, careciendo de objetivos de contenidos social o económicos.
Así pues, los objetivos de los revolucionarios eran derrocar a Isabel II e implantar Estado
democrático que defendiera la propiedad y mantuviera el orden. Ese era el proyecto de los
dirigentes progresistas, unionistas y parte de los demócratas.
Las fuerzas participantes en la coalición revolucionaria fueron:
1. El partido liberal progresista, a cuyo frente se encontraba el general Juan Prim,
cerebro de la revolución, un militar liberal, catalán y masón, que había ganado su prestigio en
la guerra de Marruecos.
2. El partido demócrata. En este partido se caracterizaba por la heterogeneidad
ideológica de sus miembros, lo que provocaba enfrentamientos constantes entre los mismos.
Esos enfrentamientos terminaron provocando, tras el triunfo de la Revolución del 68,
escisiones: demócratas monárquicos, republicanos unitarios y republicanos federales.
Los demócratas monárquicos tuvieron escaso protagonismo. Por su parte, no se puede
decir lo mismo de los otros dos grupos republicanos, sobre todo, de los republicanos federales.
3. La Unión Liberal, dirigida por el general Francisco Serrano.
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 36
TEMARIO B. Siglo XIX
I.1.4 La construcción de un régimen democrático
I.1.4.1. El Gobierno Provisional. Primeras medidas.
En octubre de 1868 se formó un Gobierno Provisional en el que participaron solamente
unionistas y progresistas. Los demócratas quedaron fuera del sistema y Serrano y Prim se
convirtieron en los hombres fuertes del gobierno, ocupando la presidencia del Gobierno y el
ministerio de la Guerra, respectivamente.
Las primeras medidas del Gobierno Provisional fueron:
a) La disolución de las Juntas Revolucionarias, tras asumir parte del ideario
democrático de las mismas (reconocimiento de la libertad de imprenta, derecho de reunión y
asociación, sufragio universal masculino, democratización de los Ayuntamientos y Diputaciones,
libertad a los hijos de los esclavos en las colonias,…).
b) El desarme de la Milicia Nacional, el control del orden público, la defensa de la
propiedad…
c) La convocatoria de elecciones a Cortes constituyentes por sufragio universal
masculino, que podría ser ejercido por todos los varones mayores de 25 años (un 24% de la
población total).
I.1.4.2. Las Cortes Constituyentes
Se organizaron, al menos en las ciudades, campañas y mítines electorales,
especialmente por parte de los demócratas y los republicanos. Los diferentes grupos políticos
aprovecharon también la prensa libre para hacer propaganda de sus programas.
Las elecciones fueron relativamente limpias; participó el 70% del electorado y fueron
ganadas por la coalición de partidos antiborbónicos (progresistas, unionistas y demócratas),
partidarios de una monarquía democrática. Los demócratas estaban indecisos y terminaron
escindiéndose. Unos, denominados “cimbrios”, apostaron por una monarquía democrática,
mientras otros defendían la república y formaron el Partido Republicano Federal.
Los resultados electorales aseguraban la opción monárquica. La mayoría, en efecto,
correspondió a los progresistas (156 escaños) y unionistas (con 80), aunque los
republicanos obtuvieron una excelente representación, con 85 diputados, casi todos federales.
Los demócratas sumaban 20 y por su condición de “cimbrios” venían a sumarse a la
monarquía.
Carlistas y moderados, por último, contrarios a la revolución, alcanzaron 20 escaños.
I.1.4.3. La Constitución de 1869
La tarea fundamental de las Cortes fue elaborar la Constitución de 1869, la más liberal
de las aprobadas hasta entonces. Su contenido era el siguiente:
a) Se proclamaba la soberanía nacional como principio básico al cual debía someterse
el régimen monárquico.
b) Se establecía una nítida división de poderes. El legislativo residía en las Cortes
bicamerales (Congreso y Senado); el ejecutivo lo ostentaba el monarca (aunque, en realidad,
lo ejercía el Gobierno, porque el rey reinaba pero no gobernaba); y el judicial correspondía a los
tribunales de justicia, a los que se incorporó el jurado, un tribunal no profesional que democrati-
zaba en parte el poder judicial.
c) Se establecía un sistema parlamentario. Para llevar a cabo sus propuestas, el
Gobierno debía contar con el apoyo de las Cortes, cuyos miembros eran elegidos por sufragio
universal masculino: los del Congreso eran votados directamente por los ciudadanos (un
diputado por cada 40.000 habitantes), y los del Senado, por sufragio indirecto; es decir, a través
de compromisarios o representantes. Para ser senador, no obstante, había que cumplir ciertos
requisitos, como tener más de cuarenta años, haber desempeñado cargos públicos, disponer
de título universitario, etcétera. Estas condiciones aseguraban la presencia de las élites
tradicionales (oligarquía) en el Parlamento y un cierto control sobe el mismo.
d) Las atribuciones del rey quedaban muy limitadas y limitado su papel en el proceso
legislativo (el rey reina pero no gobierna).
e) El poder ejecutivo queda en manos del Consejo de Ministros, que responde de su
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 37
TEMARIO B. Siglo XIX
gestión ante las Cortes.
g) El poder judicial se hace independiente y se democratiza. Se crea la institución del
jurado y se establece el acceso a la carrera judicial por oposición.
h) Se incluía una declaración de derechos individuales, naturales e inalienables. Era
la primera vez que un texto legal español los recogía con tanto detalle y amplitud; entre ellos se
encontraban algunos que no figuraban en las constituciones anteriores, como el derecho de
habeas corpus, libertad de enseñanza, expresión, libertad de cultos religiosos, derecho
de reunión y asociación o la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia.
i) La regulación de Ayuntamientos y Diputaciones por medio de la elección de los
concejales por sufragio y de los alcaldes entre los concejales, la publicidad de sus
deliberaciones y la votación pública de los presupuestos.
I.1.5 La regencia del general Serrano
Una vez aprobada la Constitución de 1869 el general Serrano fue nombrado regente, y
Prim encargó de presidir el Gobierno; ésta era una solución transitoria hasta que se
encontrara un nuevo monarca que ocupara el trono español. Aún así, se fijó como programa de
gobierno tres objetivos:
a) La continuidad de la coalición de partidos revolucionarios. Prim fracasó en este
objetivo. La oposición republicana molesta por la decisión pro-monárquica de las Cortes,
terminó oponiéndose al general.
b) El desarrollo legislativo. Entre 1869 y 1870 se promulgaron numerosas leyes
con la finalidad de desarrollar la Constitución: Ley de Orden Público, Ley Municipal y Provincial,
Ley sobre matrimonio civil, Ley Orgánica del Poder Judicial,…
c) La búsqueda de un nuevo rey. Había varios candidatos al trono: el príncipe
portugués Fernando de Coburgo, el Duque de Montpensier (casado con la hermana de
Isabel II e hijo del que fuera rey de Francia, Luis Felipe de Orleans), el príncipe alemán
Leopoldo de Hohenzollern y el príncipe italiano Amadeo de Saboya. Al final la candidatura
que se impuso fue la de este último, al contar con el visto bueno de Prim y de las grandes
potencias.
d) Otras medidas fueron el reinicio de la desamortización, la abolición del impuesto
de consumos, la implantación del Arancel Figuerola (inicio de la política librecambista), la Ley
de Bases sobre Minas (supuso la desamortización del subsuelo), la implantación de la
peseta como unidad monetaria, …
I.1.5.1 Los problemas del nuevo régimen
El nuevo régimen tuvo que afrontar una serie de graves problemas, entre los que
destacaron las insurrecciones populares y republicanas, las dificultades de la Hacienda estatal,
la Guerra de Cuba y la búsqueda de un rey.
a) Las insurrecciones populares y republicanas
En el último tercio del siglo XIX, muchos trabajadores identificaban el término república
con cambios profundos, distribución de bienes (reparto de bienes en el caso del campo
andaluz) y justicia social.
A las reivindicaciones de los trabajadores se unieron las de los intransigentes del
Partido Republicano Federal. Así, no tardaron en estallar sublevaciones republicanas en
ciudades de Cataluña, Valencia y Andalucía. A estos conflictos se añadieron los motines de
subsistencia, los promovidos contra las quintas y las huelgas industriales organizadas,
primeros pasos de un movimiento obrero que comenzaba a alejarse de los partidos políticos
dirigidos por la burguesía.
b) La insurrección de Cuba. En octubre de 1868 había estallado la llamada Guerra de
los diez años (1868–1878) a favor de la independencia de Cuba (Grito de Yara, 10 de octubre),
acaudillada por el abogado Carlos Manuel Céspedes.
El conflicto cubano afectó muy negativamente al gobierno, al generar mayores gastos
y al tener que aplazar las promesas de reducción de impuestos y de supresión de las quintas,
lo que agudizó todavía más el descontento existente entre las clases populares españolas.
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TEMARIO B. Siglo XIX
I.2 La monarquía de Amadeo I (1871-1873)
Elegido rey por el empeño del general Prim, Amadeo de Saboya desembarcaba en
Cartagena el día 30 de diciembre de 1870. En ese mismo día fallecía Prim, víctima de un
atentado sufrido en Madrid por unos desconocidos, tres días antes, cuando se dirigía del
Congreso a su domicilio.
El reinado supuso el fracaso de la primera monarquía democrática en España.
1.2.1 Causas del fracaso:
Entre las causas que lo propiciaron cabría destacar:
a) El propio carácter del rey, quien, aparte de tímido tenía poco don de gentes y
hablaba con dificultad el castellano.
b) El asesinato de Prim, quien además de ser el principal defensor de su
candidatura, era quien hacía posible la unidad dentro del partido progresista (sus herederos
políticos, Sagasta y Ruiz Zorrilla, mantenían importantes diferencias que acabaron dividiendo al
progresismo) y la de la coalición gobernante.
c) La escasa confianza de la mayoría del país en la Casa de Saboya como
solución para la encrucijada política en la que se encontraba el país. Entre los grupos contrarios
al rey se encontraban:
1. Las élites tradicionales o clases oligárquicas:
1.1 La aristocracia y los terratenientes pronto se opusieron a la monarquía
democrática, ya que ésta había puesto fin a su dominio oligárquico y, además, era una
amenaza al orden social y a la propiedad. Para defender sus intereses, apoyaron la creación
del partido alfonsino, que surge de la mano de Cánovas tras la abdicación de Isabel II en su
hijo, el príncipe Alfonso, con el objetivo de restaurar a los Borbones en España.
1.2 Los sectores industriales, financieros y comerciales (la gran burguesía),
estaban convencidos de que tanto las medidas librecambistas (reducción de aranceles de
Figuerola), como las democratizadoras (abolición de la esclavitud en Cuba, derecho de
asociación, sufragio universal,…) realizadas por el nuevo régimen iban en contra de sus
intereses. Otro tanto pensaban en relación con la inestabilidad política y el desorden social
que estaba presente por casi todo el país. Así, pues, también apostaron por el partido alfonsino.
1.3 La Iglesia católica se opuso en su conjunto. El alto clero no aceptaba la
presencia de un Saboya en el trono español (el padre de Amadeo, Víctor Manuel, había hecho
desaparecer los Estados Pontificios al anexionarlos al reino de Italia); e igualmente rechazaba
la libertad de cultos implantada por el régimen. El bajo clero apoyaría a los carlistas.
2. Otros grupos opositores fueron:
2.1 El carlismo, que consiguió incrementar sus seguidores, primero, tras la caída de
Isabel II y, más tarde, tras la coronación de Amadeo. Si bien en un primer momento aceptó
participar en las elecciones, en 1872 volvió de nuevo a las armas para apoyar la candidatura del
pretendiente Carlos VII, dando lugar a la tercera guerra carlista.
2.2 Los republicanos, que desde un principio se opusieron a la forma de estado
monárquico, defendiendo en su lugar una República Federal. Tenían un respaldo electoral de
cierta importancia y, sobre todo, una gran fuerza en la calle. Dentro del partido republicano
federal había dos tendencias: una, liderada por Pi i Margall, que defendía la implantación de
sus ideas a través de la legalidad vigente; y otra, la de los clubes republicanos, partidarios de
llevar a cabo su ideario por la vía insurreccional.
d) La continua inestabilidad gubernamental. Tras la muerte de Prim la coalición
gubernamental comenzó a disgregarse, provocando una gran inestabilidad política: en
apenas dos años de reinado se convocaron en tres ocasiones elecciones generales a Cortes y
se sucedieron seis gobiernos diferentes. La rivalidad dentro del Partido Progresista se
encarnó en los dos herederos políticos de Prim:
1.- Práxedes Mateo Sagasta, más cercano a los unionistas, que formaría el Partido
Constitucionalista.
2.- Manuel Ruiz Zorrilla, próximo a los demócratas, que acabaría fundando el Partido
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TEMARIO B. Siglo XIX
Radical.
Esta división, sin embargo, era debida más a diferencias personales que ideológicas.
Los distintos dirigentes políticos, cuando obtenían la confianza del rey, procedían a
disolver las Cortes, convocar elecciones y ganarlas, casi siempre en las áreas rurales, donde la
manipulación del voto y el fraude era fácil.
e) Otros problemas:
1. El reinado de Amadeo I no logró establecer un turno entre los partidos que
proporcionara estabilidad al sistema. A la fluctuación política se unió el temor a la
revolución social. Muestra de ello fue el debate en las Cortes sobre la ilegalización de la
Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), recién implantada en España.
El resultado de la votación fue favorable a su ilegalización; aunque esta nunca se
produjo, la persecución gubernamental contra sus partidarios fue muy encarnizada.
Durante este período se desarrolló otro debate de contenido social, centrado en la
abolición de la esclavitud en Cuba y Puerto Rico. Con esta medida se pretendía negociar la
paz en la isla, pero fue abortada por los anti abolicionistas, encabezados por los hacendados
españoles y respaldados por la nobleza y por Cánovas y los alfonsinos, que se atraían, así, a
todos los que temían por sus propiedades.
2. A todo esto se añadía la necesidad de hacer frente a la guerra de Cuba, que seguía,
y a la nueva insurrección carlista con la que se iniciaba la tercera guerra carlista (1872–
1876). Iniciada en abril de 1872, el nuevo pretendiente, Carlos VII, nieto de Carlos María Isidro,
entraba en España por Navarra. La sublevación tuvo su mayor desarrollo en el País Vasco y
Navarra y en parte de Cataluña.
3. En febrero de 1873 un conflicto entre el Gobierno de Ruiz Zorrilla y el arma de
artillería vino a crear una situación límite para el monarca. La oficialidad de este cuerpo se
negó a aceptar el nombramiento de capitán general de las Provincias Vascongadas en el
general Baltasar Hidalgo, a quien se le atribuía responsabilidad en la insurrección de los
artilleros del cuartel de San Gil en 1866. El gobierno respondió con un decreto de
reorganización del arma de artillería, que no contaba con el apoyo del monarca.
Aprobado por el Congreso, el 7 de febrero, Amadeo firmó el decreto. Se publicó el día 9
y el día 10 decidía renunciar a la corona.
A las tres de la tarde del 11 de febrero de 1873, el Congreso y el Senado, en sesión
conjunta, constituida en Asamblea nacional (algo prohibido por la Constitución de 1869),
asumía todos los poderes y los diputados, con mayoría de radicales, para quienes lo importante
era la continuidad de la democracia política, votaron por la implantación de la República (258
votos contra 32). El establecimiento de la República se convirtió en una solución de
urgencia pactada entre los radicales de Ruiz Zorrilla y los diputados republicanos.
I.3 La I República (1873-1874)
I.3.1 La República democrática (febrero de 1873-enero de 1874)
La Republica nacía en un momento lleno de dificultades: una Hacienda sin fondos y
llena de deudas, dos guerras abiertas (la carlista y en Cuba), movilizaciones de obreros (en
Cataluña) y campesinos (en Andalucía), dispuestos a defender una revolución social, mientras
que, para las clases propietarias, lo prioritario seguía siendo el “orden” y la “protección” de la
propiedad.
La Asamblea nacional designó al republicano moderado Estanislao Figueras como
primer presidente. Aunque la mayoría en las Cortes correspondía a los radicales, formó un
gobierno donde figuraban también ministros republicanos (Pi i Margall ocupó el ministerio clave
de Gobernación). La duración de la coalición no llegó al mes.

En marzo se disolvió la Asamblea, tras haber aprobado la abolición de la esclavitud en


Puerto Rico y haber suprimido las quintas, cuestión compleja si se tiene en cuenta que se
mantenía la guerra contra los carlistas y contra el levantamiento cubano. También quedaron
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TEMARIO B. Siglo XIX
convocadas las elecciones a Cortes constituyentes que debían decidir si la República sería
unitaria o federal. Celebradas en el mes de mayo se caracterizaron por el alto porcentaje de
abstenciones (un 60%, ya que los partidos no republicanos no participaron) y por el triunfo
absoluto de los republicanos federales.
Las Cortes se inauguraron el 1 de junio y en su primera votación se acordó proclamar la
Republica Democrática Federal, aprobada casi por unanimidad pues solo hubo dos votos en
contra.
Ahora bien, entre los republicanos no sólo había diferencias entre federales y unitarios
sino también entre los mismos federales. No todos tenían, en efecto, la misma idea sobre lo que
significaba la federación. Además, la organización de España como un Estado federal debía
esperar a que la nueva Constitución marcara las pautas a seguir. Y ello llevaba su tiempo; sin
embargo, para los más impacientes la espera se estaba agotando. Por un lado, los federales
“intransigentes”, deseaban implantar un Estado federal de abajo arriba, es decir, a partir de
los cantones, sin esperar a los mecanismos que vinieran a regular la nueva Constitución. Por
otro, estaban los que defendían la legalidad, la vía constitucional, como camino hacia el Estado
federal (benévolos).
En los primeros días de junio Figueras presenta su dimisión, y Pi i Margall,
republicano federal y partidario de respetar la legalidad, así como de la creación de un Estado
Federal como la suma de pactos libres entre regiones y desde la base, pasó a ser el nuevo
presidente (11 de junio). El momento era complicado, con una acentuación de los conflictos
sociales y con ataques carlistas a los que había que hacer frente con un ejército donde reinaba
la indisciplina de los soldados, mientras sus oficiales y jefes eran contrarios a la República.
En julio se presentó en las Cortes el proyecto de la nueva Constitución. En la
elaboración del proyecto –pues nunca entro en vigor- tuvo un gran protagonismo Emilio
Castelar, partidario de un Estado fuerte y de un federalismo de tipo descentralizador.
Apenas fue debatido y, por tanto, tampoco fue aprobado. En él se recogían reformas de
gran calado que nunca se llevarían a la práctica. Algunos de los aspectos más destacados de
ese proyecto son:
a) La creación de un Estado Federal compuesto por 17 Estados y varios territorios de
ultramar, cada uno de los cuales podía tener su propia Constitución. Asimismo, los municipios
podían dotarse también de Constituciones locales. Pero todas las constituciones deberían estar
siempre dentro de los límites establecidos por la Constitución Federal.
b) Un poder legislativo dividido bicameral: el Congreso con plenos poderes
legislativos y el Senado, como órgano de representación de los Estados.
c) Las amplias competencias del Presidente de la República.
d) El reconocimiento de amplios derechos y libertades, muy semejante a los
recogidos por la Constitución de 1869.
e) La Implantación por primera vez en España de un Estado laico.
f) El reformismo social: abolición de la esclavitud en las colonias, la supresión de las
quintas, la reforma de los impuestos y apoyo a una legislación favorable para las clases
trabajadoras.
En julio la situación política se agravó todavía más, el país entró en un proceso
revolucionario que terminaría provocando el hundimiento de la República. Hubo una huelga
general en Alcoy que derivó había una insurrección obrera en la que tomaron partes los
internacionalistas.
Y, sobre todo, tuvo lugar la revolución cantonalista: republicanos intransigentes o de
izquierda promovieron un movimiento federalista espontáneo a partir del verano de 1873,
que consistió en el establecimiento inmediato y de forma directa de la estructura federal
del Estado, combinada con algunas medidas de carácter social.
Este movimiento fue conocido como cantonalismo porque se formaron cantones
(municipios autónomos) en Levante, Murcia y Andalucía. Entre ellos, destacaron el de
Málaga, que pervivió hasta septiembre, y, sobre todo, el de Cartagena. Este cantón resistió
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 41
TEMARIO B. Siglo XIX
hasta enero de 1874 gracias al apoyo de los marinos sublevados. El cantonalismo, con alguna
excepción, fue una revolución protagonizada por una clase media radicalizada con participación
de trabajadores de las ciudades (artesanos, tenderos,…).
Pi i Margall se vio desbordado y decidió dimitir (el 18 de julio) para facilitar la formación
de un gobierno más moderado. Le sucedió Nicolás Salmerón dispuesto a restablecer el
orden y a reprimir los movimientos obreros internacionalistas, como ocurrió en Alcoy. Enviados
por el gobierno, los generales Pavía (en Andalucía) y Martínez Campos (para la zona de
Valencia) lograron acabar con la insurrección cantonal, menos en Cartagena, donde los
cantonales, al contar con la escuadra y el arsenal, se hicieron fuertes.
Salmerón dimitió a comienzos de septiembre por problemas de conciencia (no quiso
firmar unas penas de muerte contra un soldado y un cabo que se habían pasado a los
carlistas); el 6 de septiembre era elegido como nuevo presidente del gobierno Emilio Castelar,
dispuesto a profundizar en la vía del restablecimiento del orden. Reforzó al ejército con un
alistamiento de 80.000 hombres, se enfrentó a los cantonalistas de Cartagena y a los
carlistas del norte. El giro a la derecha de Castelar y su llamada al ejército para que
mantuviera el orden llevaron a los diputados de izquierda –los federales intransigentes– a
procurar su dimisión para que la República virara de nuevo hacia la izquierda. En efecto, en las
Cortes, en la noche del 2 al 3 de enero de 1874, cuando Castelar acababa de dimitir, al ser
derrotado en una moción de confianza, y se procedía a votar al nuevo gobierno, las tropas del
general Pavía, con fuerzas de la Guardia Civil, irrumpían en el Congreso dispersando a los
diputados. Con el golpe de Estado del general Pavía quedaban disueltas las Cortes
constituyentes, finalizaba así la I República. El golpe de Pavía estuvo financiado por grandes
propietarios y esclavistas con intereses en Cuba, contrarios a la abolición de la esclavitud y a
otras medidas de tipo social que les perjudicaban.
I.3.2 La República autoritaria (enero-diciembre de 1874)
El año 1874 fue un período de transición entre la I República y la Restauración de
los Borbones en el trono durante el cual el poder pasó a manos del general Serrano,
presidente del Gobierno, quien gobernó de una forma autoritaria. Obsesionado por el “orden”
(se le denomina “dictadura de Serrano”), logró acabar con el cantón de Cartagena, disolvió la
I Internacional y se enfrentó con éxito a los carlistas.
Formalmente continuaba existiendo un régimen republicano, pero sin Constitución en
vigor: la de 1873 no se aprobó y la de1869 estaba en suspenso, lo mismo que las Cortes, que
se clausuraron indefinidamente. Serrano se apoyó en los liberales veteranos del Sexenio
que no habían colaborado con la República federal, como Topete, Sagasta,….
No obstante, la República de Serrano tenía los días contados. La Guerra de Cuba y la
Tercera Guerra Carlista proseguían sin que el régimen les pusiera fin. Por su parte, Cánovas,
que se negó a participar en los gobiernos del final de la I República, intentaba promover el
regreso de los Borbones y ganaban cada vez más adeptos.
El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos se pronunciaba en Sagunto a
favor del príncipe Alfonso, hijo de Isabel II, en quien ésta había abdicado Su golpe era
aplaudido por todo el país, Serrano optó por marchar a Francia mientras en Madrid, el 31 de
diciembre de 1874, se constituía el “ministerio-regencia” bajo la presidencia de Cánovas del
Castillo. El 9 de enero de 1875 Alfonso XII, procedente de Marsella, desembarcaba en
Barcelona. El 14 de enero entraba en Madrid bajo un apoteósico recibimiento. Una nueva etapa
histórica, la Restauración, daba comienzo en nuestro país.
II. LA ECONOMÍA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX: AGRICULTURA, INDUSTRIA Y
TRANSPORTES.
INTRODUCCIÓN
La evolución de la economía en la España de esta época se enmarcó en el contexto de
la Revolución industrial iniciada en el Reino Unido, que ejerció su influencia sobre todos los
procesos de industrialización desarrollados en el continente europeo.
En el ámbito económico, el siglo XIX español fue un período de lento crecimiento y
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 42
TEMARIO B. Siglo XIX
atraso en comparación con los logros obtenidos por el poderoso núcleo de países
industrializados de Europa occidental y central, [Link]. y Japón. España formó parte del
conjunto de países y regiones periféricas de deficiente industrialización, situados sobre
todo en Europa oriental y meridional.
La evolución económica de España, en esta etapa, se puede dividir en dos etapas: una
de mayor estancamiento (1800-1860), caracterizada por la deflación (caída de los precios)
que frenaba el crecimiento económico, guerras e independencia de las colonias, y otra de un
ritmo de crecimiento más rápido (1860-1901).
II.1. La agricultura y las transformaciones agrarias.
La actividad económica más importante en la España del Antiguo Régimen era la
agricultura y, por tanto, la única que podía contribuir a la industrialización. Para ello era
imprescindible la transformación de la actividad agraria a través de la reforma del régimen de
propiedad (reforma agraria) y la introducción de innovaciones técnicas, de cultivos y de
gestión empresarial.
II.1.1 La reforma de la propiedad
La herramienta fundamental para la reforma del régimen de propiedad agraria en
España fue la desamortización, iniciada por Godoy y proseguida por Mendizábal (1836-1837)
y Madoz (1855). Este proceso consolidó la estructura latifundista de la propiedad agraria y
no creó ninguna clase media en el ámbito rural. Sin embargo, influyó en el aumento de la
superficie cultivada y en la mejora de la productividad.
Para que se produjera un crecimiento económico, era necesario que los capitales
generados por la venta de propiedades desamortizadas se destinasen hacia la industria, lo
cual no se produjo. Por el contrario, el capital obtenido se reinvirtió en la agricultura o se invirtió
en deuda pública del Estado. El efecto social de la desamortización fue devastador para los
campesinos pobres y los trabajadores agrícolas, ya que, hasta entonces, se habían benefi-
ciado del cultivo de las tierras de propiedad eclesiástica y comunal.
II.1.2 Las innovaciones técnicas, de gestión y de cultivos
El modesto, pero sostenido, crecimiento de la producción agraria española hasta
finales de siglo se basó en el aumento de la superficie cultivada (4.000.000 de hectáreas
entre 1837 y 1860).
La mejora en la articulación del mercado nacional permite una cierta especialización
de los cultivos: cereales en el centro y en el sur; patata y maíz en el norte; vid en Galicia,
litoral mediterráneo, Andalucía y en las nuevas zonas de La Mancha y La Rioja. La
agricultura del interior se caracteriza por una baja productividad.
El aceite, el vino y los cítricos eran los productos más exportados.
A partir de 1868, y como consecuencia de la aparición en Francia de la plaga de la
filoxera, el vino español casi monopoliza el mercado mundial, acumulándose grandes
fortunas con su producción y comercio. A partir de 1875, recuperada Francia, la producción
vinícola española entra en crisis.
Al final del siglo (1875-1890) y gracias a la revolución de los transportes, tuvo lugar
una crisis provocada por la llegada al país de productos agrícolas más baratos que los
nacionales, procedentes de Estados Unidos, Canadá, etc. Las consecuencias de esta crisis
para la economía española fueron las siguientes:
a) Aumento del proteccionismo aduanero sobre los productos españoles.
b) Incremento de la emigración a las ciudades y a ultramar.
c) Comienzo de una progresiva reconversión del sector que duró hasta 1910 y
aceleró la especialización, la reducción de costes, el incremento de la productividad y el
fomento de plantas, como las frutales y hortícolas, y de árboles para la obtención de
corcho. Estos productos se destinaron en gran parte a la exportación.

II.2. Recursos mineros y fuentes de energía


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TEMARIO B. Siglo XIX
Los recursos mineros españoles (hierro en Málaga, Vizcaya y Santander, cobre y pirita
en Huelva, plomo en Cartagena, cinc en Asturias) apenas se exportaban antes de la Ley de
Minas de 1868, debido a la ausencia de demanda interna de productos mineros y a la falta de
capital y mano de obra. La citada ley facilitó la llegada de capital extranjero para el
aprovechamiento de las minas y la exportación de sus productos.
Los minerales (el hierro) constituían un 1/3 de las exportaciones españolas en esta
etapa. Parte del beneficio se reinvertía en España, sobre todo en el País Vasco: el puerto de
Bilbao exportaba el 90% del mineral.
Alrededor de las minas surgieron numerosas industrias y se construyeron redes de
ferrocarriles. Algunos enclaves (como Río Tinto), por el contrario, quedaron desligados del
resto de la economía nacional. El carbón, la fuente de energía fundamental en la Revolución
industrial, se concentraba en Asturias y León, pero era escaso, caro y de baja calidad. Su
extracción estaba muy protegida por los aranceles, lo que encareció los costes de la
industria nacional. Las fuentes de energía alternativas apenas tenían importancia.
II.3. La industria y el proceso industrializador.
El siglo XIX es el de la Revolución industrial, que dio su primer paso en Inglaterra. Hay
quien opina que la industrialización en España fue un “fracaso”, para otros fue un proceso
lento y tardío. Se argumenta, como causas que explicarían esos procesos, el bajo nivel de
vida de la población, la ausencia de una agricultura próspera, la escasez de inversiones y el
reducido nivel técnico y la política proteccionista, al reservar el mercado a los fabricantes
contribuyó a la larga a desincentivar la inversión y a frenar la incorporación de mejoras técnicas.
Los sectores clave de la Revolución industrial británica, el textil algodonero (bienes
de consumo) y el siderúrgico (bienes de producción necesarios para cualquier industria),
también se desarrollaron en España aunque solo en algunas regiones. No obstante, otras
industrias de consumo, como la harinera, aceitera, vitivinícola o la del calzado, crecieron a
lo largo del período.
II.3.1 El sector textil algodonero
Tuvo su área de expansión en Cataluña, donde existía, antes del siglo XIX, una
importante actividad comercial y una cultura manufacturera y artesanal basada en la lana
(hasta 1770). El sector del algodón se desarrolló en esta región gracias a la protección
arancelaria.
La producción se mecanizó gradualmente y se destinó al escaso mercado nacional, a
Cuba y a Puerto Rico. Sin embargo, sus posibilidades de crecimiento fueron limitadas por su
incapacidad de atraer al sector bancario, ya que predominaba la autofinanciación familiar, y
a la industria de bienes de equipo para las fábricas textiles.
Entre 1842 y 1851, la inversión se multiplica por ocho; son los tiempos de instalación
de las grandes empresas industriales en Barcelona por las familias de los Güell y los
hermanos Serra. Cataluña se coloca en el cuarto lugar del mundo en producción textil, a
pesar de los problemas de demanda debido los bajos salarios de una población
esencialmente rural y la articulación de un mercado nacional. La guerra de Secesión
norteamericana provocó una fuerte crisis en esta industria, a causa de la falta de algodón en
el mercado internacional, crisis que se ve agravada desde finales del siglo XIX, por la
pérdida de las últimas colonias españolas.
II.3.2. La siderurgia.
La siderurgia se alimenta de hierro y carbón. España contaba con yacimientos de
ambos, pero en zonas geográficas separadas.
Por tanto, su localización en un lugar obligaba al transporte del otro componente
necesario para la industria. En general se admite que la siderurgia española iba atrasada y que
ello perjudicó el proceso industrializador global.
Durante el siglo XIX vivió tres etapas: la andaluza, la asturiana y la vizcaína.
Entre 1830 y 1860 la producción de hierro se concentró en Andalucía, en Marbella y
Málaga, aprovechando sus minas de hierro. Sin embargo, al utilizar carbón vegetal sus costes
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TEMARIO B. Siglo XIX
eran muy elevados, con lo que no podían competir con Asturias, que toma el relevo entre
1860 y 1880 gracias a sus minas de carbón.
A partir de 1880 se impone sobre las demás la siderurgia vasca. Su nacimiento se
explica por la calidad de su mineral de hierro, libre de fósforo, del que hacía uso el nuevo
convertidor Bessemer para la fabricación de acero. Otra razón fue el capital acumulado por
empresarios vascos con la exportación de mineral de hierro (entre un 80 y un 90% de la
producción salía del puerto de Bilbao rumbo a Gran Bretaña) que sirvió de base para la
instalación de empresas. En 1902 se fundieron tres de ellas constituyendo una nueva empresa:
Altos Hornos de Vizcaya.
El desarrollo de la siderurgia vasca propició el de otras ramas, como las navieras y las
construcciones metálicas (fabricación de maquinaria textil, herramientas, material de
transporte…), que también se extienden por Cataluña y Asturias.
II.3.3 Otras industrias.
Durante la Restauración destacaron también las industrias alimentarias (la harinera), la
industria química, la corchotaponera (localizada en Gerona) y la industria eléctrica, que está
en sus inicios pues esta industria es un fenómeno del siglo XX. Se aplicó en el alumbrado
público utilizándose en Madrid (1881), Barcelona (1882), Albacete (1888)…
II.4. Transportes y comunicaciones
La existencia de una red de transportes y de comunicaciones era vital para la integración
de las actividades económicas nacionales.
II.4.1. El ferrocarril. Evolución y desarrollo del ferrocarril.
La modernización económica de España, su crecimiento, pasaba por la constitución de
un mercado de ámbito nacional. Era necesario, para ello, eliminar barreras al comercio interior y
facilitar el transporte. El ferrocarril fue decisivo para la formación de ese mercado y para la
consolidación, en definitiva, de una industrialización moderna. La construcción de la red se
aceleró a partir de la Ley de ferrocarriles de 1855. Ello permite establecer unas etapas bien
diferenciadas:
a) Periodo 1844–1855. Se apoya en la real orden de diciembre de 1844. Facilitó la
especulación y el negocio sucio. Estableció un ancho de vía (1,67 m) superior al ancho
europeo, que nos aisló, al creerse que en un país montañoso se requerían locomotoras más
potentes, más grandes y que necesitaban más base de sustentación. Esta legislación no tuvo el
éxito esperado.
Se construían las líneas con capital español y con subvenciones del Estado, pero la falta
de iniciativa, tanto estatal como privada, y de capitales hacia muy lenta la construcción de la red
ferroviaria.
En total se construyeron 476,9 Km (47 Km por año). De este total a la línea Madrid–
Albacete correspondía 278 Km. Destacaban la de Barcelona–Mataró (la primera línea férrea
española inaugurada en 1848); el tramo Madrid–Aranjuez, siendo su promotor el marqués de
Salamanca, que obtuvo también la concesión de la línea Aranjuez-Almansa–Alicante
(terminada en 1855 hasta Albacete). Posteriormente la vendió al grupo financiero Rothschild,
que creará, en 1856, la compañía MZA. Y, por último, la línea de Sama de Langreo-Gijón,
construida para dar salida al carbón por el puerto de Gijón.
b) Periodo 1855-1865.
Se apoya en la Ley de ferrocarriles de 1855, aprobada durante el Bienio Progresistas,
al dar un empuje decisivo a la construcción de la red: entre 1855 y 1865 se construyen 4300 Km
(430 Km por año).
La ley facilitaba la formación de sociedades anónimas ferroviarias, preveía el pago de
subvenciones estatales (que garantizaban a los inversores un mínimo de beneficios) y facilitaba
la importación de material ferroviario. Esta legislación provocó una gran inversión de capitales,
tanto españoles -sobre todo catalanes, vascos y valencianos- como extranjeros (franceses).
Entre las compañías ferroviarias, constituidas para la construcción y explotación de la
red, destacan la MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante), el Ferrocarril del Norte y Ferrocarriles
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TEMARIO B. Siglo XIX
Andaluces.
c) La crisis de 1866, el posterior crecimiento de la red y la incidencia del ferrocarril
en la economía.
La crisis de 1866 frenó el ritmo de construcción. Se unieron las repercusiones de una
crisis internacional (frena la afluencia de capital extranjero) con las de una depresión interna
(escasos rendimientos de las líneas en servicio por escasez de tráfico, caída de las
cotizaciones bursátiles y malas cosechas de 1867-68).
Tras la crisis de 1866 vino un nuevo auge: la red nacional duplica su longitud durante la
Restauración. Además, se incrementó la presencia de capital español en las compañías
ferroviarias (casi al 50% en relación a los extranjeros).
La construcción del ferrocarril fue importante, pero se renunció a muchos objetivos en
aras a su rápida construcción. Entre las consecuencias derivadas de la Ley de ferrocarriles y
de la forma en la que se aplicó se pueden señalar las siguientes:
- Las principales concesiones se otorgaron a compañías extranjeras que importaban
material de fuera, por lo que el ferrocarril no estimuló la industria siderúrgica nacional.
- El escaso capital español se invirtió en el ferrocarril y no en las industrias.
- Aunque se creó una red no había apenas mercancías que transportar y muchas
compañías, al no recuperar lo invertido quebraron y arrastraron a bancos y sociedades de
crédito en la crisis financiera de 1866.
Con todo, el ferrocarril tuvo efectos positivos para la economía española. Facilitó el
intercambio de personas y mercancías entre las distintas regiones de España, contribuyendo
a la articulación de un mercado interior, especialmente en cereales y tejidos.
También comenzó el ferrocarril a ejercer de arrastre de la industria siderúrgica y
metalúrgica nacional (fabricación propia de material ferroviario, vías, vagones, locomotoras…).
II.5. Comercio, financiación y empresariado
II.5.1 El comercio interior
Los condicionamientos geográficos -ya vistos en relación con el transporte- fueron
muy importantes.
El estado liberal tuvo que abolir las trabas legales del Antiguo Régimen en relación
con la producción industrial y el comercio: sistema gremial, portazgos, barcazgos, peajes,…
Las inversiones en transporte, especialmente con el ferrocarril, permitieron mejorar el
comercio interior pero, aun así, todavía a finales del siglo se estaba lejos de haber
alcanzado un mercado único y articulado.
II.5.2 El comercio exterior
En relación con el comercio exterior podemos ver dos grandes etapas, definidas por el
antes y el después del fin del imperio colonial americano.
Tras la independencia, España dejó de tener un papel en la relación entre Europa y
América.
Poco a poco, aumentó el volumen del comercio exterior en el siglo, pero con una
balanza comercial deficitaria.
Se exportaban a Europa materias primas y productos semielaborados y se
importaban productos industriales.
Durante todo el siglo XIX se dio una pugna entre el proteccionismo y el
librecambismo en Europa. En España los proteccionistas eran:
- Fabricantes de algodón catalanes tras perder el mercado colonial americano.
Contaban con el apoyo de los obreros.
- Grandes productores de cereal del interior peninsular.
- Industriales siderúrgicos vascos.

Los librecambistas, por tu parte, eran:


- Los comerciantes.
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TEMARIO B. Siglo XIX
- Las compañías ferroviarias.
La política arancelaria española fue muy proteccionista a lo largo de todo el siglo XIX,
con la excepción del Arancel Figuerola de 1869, algo menos proteccionista.
II.5.3. La financiación y el sistema bancario.
II.5.3.1 La Hacienda pública y los presupuestos.
En relación con la Hacienda en el siglo XIX hay que resaltar la creación del
presupuesto, documento en el que el Estado recoge las previsiones de ingresos y de gastos.
La reforma hacendística más importante del siglo XIX fue la de Mon-Santillán en 1845,
que acabó con el desorden de la Hacienda del Antiguo Régimen y sentó las bases de una
hacienda moderna: simplificación y racionalización del sistema fiscal, y éstos se extendieron a
toda la población, lo que suponía la aplicación del principio liberal de igualdad ante la ley.
Aun así, la reforma no alcanzó la equidad en la contribución al primar los impuestos
indirectos (consumos), ni la suficiencia en los ingresos.
El principal problema de la Hacienda española del siglo XIX fue la insuficiencia de
ingresos, que no alcanzaba para cubrir los gastos del Estado.
El presupuesto siempre fue deficitario.
Y como las necesidades del Estado se incrementaron durante el siglo (especialmente
por las guerras), no quedó otra alternativa que emitir deuda pública. Esta deuda pública se
vinculó en el reinado de Isabel II a las desamortizaciones, especialmente a la de Mendizábal.
La deuda pública tuvo una influencia muy negativa en la economía española ya que
absorbió capital que podía haberse canalizado hacia la economía productiva.
II.5.3.2 Sistema monetario
La modernización del sistema monetario consistió en la implantación de una sola
unidad monetaria, dada la diversidad de monedas de distintas épocas y regiones que
circulaban en España como herencia del Antiguo Régimen.
Tras varios intentos, en el año 1868 se instaura como unidad monetaria oficial la peseta,
pieza de origen catalán.
II.5.3.3 Sistema bancario
Al mismo tiempo que se reformaba el sistema monetario se produjo un largo proceso de
implantación de un nuevo sistema bancario.
El primer banco había sido el Nacional de San Carlos de 1782.
Pero tras su quiebra y para solucionar en parte los problemas económicos de la deuda,
se creó en 1829 el Banco Español de San Fernando, cuya función básica era la de prestar
dinero al Estado.
En 1844 surgió el Banco de Isabel II, por iniciativa privada, con la finalidad de potenciar
la vida mercantil. Tenía la facultad de emitir billetes al portador, lo que provocó la oposición
del Banco Español de San Fernando.
En 1847 el Banco de Isabel II estaba al borde de la suspensión de pagos, debido entre
otros al bajo nivel de actividad económica de la nación y la crisis financiera que padeció, lo que
motivó su fusión con el Banco Español de San Fernando.
En 1856 el nuevo banco pasó a denominarse Banco de España. En 1874, cuando
obtuvo el monopolio de emisión de billetes, proporcionó al Estado un cuantioso préstamo
para hacer frente a sus deudas.
La legislación del Bienio permitió la creación en 1856 de bancos de emisión,
autorizados a emitir billetes y especializados en créditos comerciales a corto plazo, y de
sociedades de crédito, que podían realizar préstamos a largo plazo, aunque muchos de ellos
se hundieron en la crisis de 1866.
Otra época de creación de bancos fue tras el desastre colonial del 98, cuando se
repatriaron muchos de los capitales de las colonias perdidas.

II.5.3.4 Inversiones de capital extranjero


Con una balanza comercial deficitaria durante todo el siglo, la única forma de
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TEMARIO B. Siglo XIX
equilibrar la balanza de pagos consistía en compensar el flujo de salida de capital al exterior
con el flujo de signo contrario, mediante la entrada de capitales extranjeros.
Los principales inversores fueron Francia y Gran Bretaña.
El capital extranjero fue muy importante porque financió los gastos del Estado, a través
de la deuda pública, compensó el volumen de las importaciones y contribuyó a la
industrialización, el desarrollo de la minería y, especialmente, a la construcción de la red
ferroviaria.
III. LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX: DEL ESTAMENTALISMO A LA
SOCIEDAD DE CLASES.
III.1. La evolución demográfica
La población española se caracterizó, a lo largo del siglo XIX, por tres rasgos
fundamentales:
a) El lento crecimiento de la población. En comparación con la de otros países
europeos, la población española creció a un ritmo reducido, sin llegar a duplicarse en cien años,
ya que pasó de tener poco más de 11 millones de habitantes (1800) a algo más de 18 millones
(1900).
b) La causa de este escaso crecimiento fue la elevada tasa de mortalidad, que
contrarrestaba los elevados índices de natalidad.
c) La pervivencia del modelo demográfico antiguo. En España no desapareció este
modelo (hecho que suele acompañar a la industrialización), sino que se mantuvieron sus
rasgos vegetativos: una alta tasa de mortalidad, sobre todo infantil, de un 29 %0 en 1900, casi
la más alta de Europa, solo superada por Rusia.
d) La existencia de movimientos migratorios, agudizados por la crisis agraria de fin
de siglo. La emigración a ultramar creció, sobre todo, a partir de 1880 (1,4 millones de
españoles dejaron España entre 1830 y 1900).
El censo que se elabora para la ley electoral de 1837 recoge para España una población
de 12.200.000 habitantes. El censo de 1877 asigna una población de casi 16.000.000 de
españoles. Este crecimiento es debido a las desamortizaciones -que permitieron roturaciones de
nuevas tierras-, la mejora en la alimentación y la desaparición de las enfermedades tradicionales,
que permitieron una recuperación económica y demográfica a partir de 1840. No obstante, el
crecimiento de la población no es más notable como consecuencia de las altas tasas de
mortalidad, el rebrote del cólera morbo en 1863 y 1865, y el alto porcentaje de población célibe
(religiosos).
Se produjo, además, un modesto crecimiento urbano gracias al movimiento migratorio
procedente del campo y con destino a la ciudad, causado por las dificultades de la vida rural
más que por la atracción de la débil industria de las ciudades. Aunque fueron configurándose
centros urbanos importantes, como Barcelona, Madrid y, después, en el País Vasco y toda la
costa peninsular, la población española continuaba siendo, en 1914, mayoritariamente rural:
el 51 % vivía en poblaciones de menos de 5000 habitantes. Una excepción era Cataluña, con
una tasa de urbanización mayor que la del resto de España y a la par de la de los países más
desarrollados.
Los movimientos migratorios exteriores se producen desde las provincias del norte y
Canarias hacia América (Venezuela, Argentina…) y desde las del litoral levantino hacia África.
III.2 La nueva sociedad: la sociedad clasista
La sociedad del Antiguo Régimen, denominada estamental fue sustituida por la
sociedad de clases. Formada por diversos grupos nuevos o clases: empresarios, obreros,
profesiones liberales, etc., que se caracterizaba por la igualdad jurídica -al menos teórica- y
por la movilidad.

La fortuna o la preparación intelectual decidían el nivel social del individuo (sociedad


de clases) y no la familia en la que se había nacido. Nobleza y clero perdieron sus privilegios,
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TEMARIO B. Siglo XIX
mientras una nueva clase, formada por hombres de negocios y profesiones liberales, escalaba
posiciones y asumía cotas crecientes de poder.
III.2.1 El bloque de poder.
III.2.1.1 La Nobleza
A lo largo del siglo XIX, la nobleza se reduce pese a la concesión de títulos a hombres
que proceden del mundo de los negocios (García Carrasco), de la política o de la milicia (Lacy,
Narváez, O'Donnell) y pierde influencia. Habituados a la indolencia de un mundo agrario, los
nobles se sentían poco inclinados a arriesgar su fortuna en empresas industriales. Por otra
parte, las leyes los trataban como al resto de los ciudadanos. Sostener con rentas agrarias un
estilo de vida dispendioso llevó a algunas casas nobiliarias a la ruina.
Los beneficios obtenidos de las tierras se invierten en bienes suntuosos o en negocios
especulativos, lo que agudiza cada vez más los desequilibrios entre los territorios de donde
proceden estas rentas (Andalucía, Extremadura, parte de Castilla) y las regiones en las que se
invierten (País Vasco, Madrid, Cataluña).
Sin embargo, puede comprobarse que la nobleza se mantuvo presente en la sociedad
decimonónica en tres aspectos: político, económico y social.
a) En el terreno político los nobles, siempre próximos al trono, monopolizaron los
cargos en el Palacio Real. Muchos de ellos tenían escaño reservado en el Senado, cámara
destinada a las clases altas en la mayor parte de las constituciones, como hemos visto. Se
reforzó este poder con la concesión del título nobiliario a hombres de empresa afortunados,
(marqués de Salamanca) y a militares destacados: Narváez (duque de la Torre), O'Donnell
(duque de Tetuán), Prim (marqués de Castillejos), Espartero (duque de la Victoria y príncipe de
Vergara), etc.
b) En el terreno económico los nobles entraban en consejos de administración de
empresas de seguros y construcción más por su apellido que por el capital aportado. Así pues,
puede hablarse de alianza financiera entre la aristocracia y la alta burguesía.
c) En el terreno social la burguesía imitó los hábitos aristocráticos. Esa burguesía
soñaba con poseer un palacio al tiempo que practicaba sus mismas aficiones: ópera, baile,…
III.2.1.2 El retroceso del clero
El clero recibió la más fuerte embestida del régimen liberal. El desmontaje de sus
privilegios se produjo en primer lugar en el campo de la economía. La desamortización, que
no afectó a la propiedad nobiliaria, privó a la Iglesia de sus propiedades agrarias y gran parte de
las urbanas. La extinción del diezmo cerró otra fuente de financiación.
A partir de 1840, el culto y el clero dependieron de una partida de los presupuestos del
Estado. Estas dificultades influyeron en la reducción de los religiosos; especialmente el clero
regular (frailes y monjas).
Las reticencias del clero para aceptar el régimen liberal no dependían sólo de
cuestiones económicas; se debían sobre todo a una mentalidad hostil a las innovaciones: ya
antes de la desamortización muchos sectores del clero habían apoyado el carlismo y los
obispos se mostraron hostiles a cualquier avance hacia la tolerancia religiosa.
III.2.1.3 Alta burguesía
En sentido amplio el término burguesía englobaba desde empresarios a abogados,
periodistas etc., todos los estratos medios de la sociedad, pero aquí lo emplearemos en el
sentido más estricto de hombres de negocios (alta burguesía comercial, financiera e
industrial).
A diferencia de los nobles, vinculados por tradición a la gran propiedad agraria, el origen
de la riqueza de la alta burguesía es variado: posesión de tierras, comercio mayorista,
acumulación de capital efectuada en las Indias, producto de la especulación en bolsa o de los
planes de ensanche de las ciudades.
Su actividad más clara son los negocios, lo cual le otorga una conciencia social
diferenciada. La burguesía comercial se instala en los tradicionales puertos de Barcelona, Sevilla,

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TEMARIO B. Siglo XIX
Valencia, Cádiz o Santander, o en los nuevos puertos francos de Santa Cruz de Tenerife y Las
Palmas de Gran Canaria.
En Barcelona se sigue desarrollando una burguesía industrial, de tendencia
proteccionista en lo económico y políticamente moderada, como los productores de trigo
castellanos y andaluces.
III.2.2 Las clases medias
Se puede definir las clases medias como los grupos sociales que tienen medios de
trabajo manual propios, en su taller o su tienda, y aquellos que cuentan con formación
intelectual y desarrollan su actividad en la prestación de servicios de carácter
burocrático (empleados, funcionarios), en la enseñanza (profesores, maestros) o en las
profesiones liberales (abogados; ingenieros, boticarios, médicos).
Son grupos en pleno desarrollo y dependientes del crecimiento de los sectores
laborales en los que prestan sus servicios. En el censo de 1860 figuran 30.000 empleados
civiles del Gobierno, 23.000 maestros y 4.000 profesores de instituto y universidad.
Las clases medias rurales están representadas por pequeños propietarios que
trabajan ellos mismos sus campos, lo que les permite mantener a la familia y disponer de un
pequeño ahorro con vistas a la compra de más tierras.
Este sector de las clases medias es el más firme apoyo de fa ideología liberal-
progresista.
III.2.3 Las capas populares
En una sociedad agraria como la española del siglo XIX, el núcleo más amplio de la
población estaba formado por campesinos y que crece, por efecto de las desamortizaciones,
hasta las 2.400.000 personas. Los jornaleros llevaban una existencia miserable (en 1860, la
tasa de analfabetismo de los jornaleros andaluces era cerca del 80 %), dependiente de los
cultivos temporales, y en Andalucía protagonizaron una gran conflictividad social a lo largo
del siglo XIX, al tiempo que se adhirieron al anarquismo. Claramente mejores eran los niveles
de los pequeños propietarios de otras regiones.
Las clases bajas urbanas se identifican con los servicios domésticos (sirvientes
fijos o discontinuos, labores de crianza, lavanderas). Son unas 800.000 personas,
generalmente mujeres, sin horario ni descanso reglamentado y pagadas normalmente en
especie.
En este grupo social se incluye también el artesanado, que va camino de la
proletarización. Se trata de unas 600.000 personas, a las que hay que añadir los aprendices,
en una cifra que alcanza los 500.000.
La clase obrera moderna o fabril, que suma unos 150.000 obreros que trabajan en la
industria moderna, se concentra en pocas ciudades: Barcelona aglutina a un tercio del total;
Alcoy, Valencia, Málaga, Santander y Bilbao son otras poblaciones donde se asienta el
proletariado urbano.
Otros dos grupos perfectamente definidos estaban representados por criados y
dependientes. Los primeros suponían en Madrid alrededor del séptimo de la población según
el censo de 1887. Por otra parte, los dependientes del pequeño comercio tenían una categoría
similar a la de los criados; sin apenas paga, se les retribuía con la comida y el alojamiento.
III.3. El movimiento obrero
En este contexto surge el movimiento obrero español.
Durante el siglo XIX y gracias a la libertad de asociación surgirán en Gran Bretaña y
Francia sindicatos (Trade Unions británicas) y diferentes movimientos socialistas (cartismo,
socialismos utópicos, socialismos marxistas y anarquistas). Todos ellos pedían una
transformación del sistema capitalista y una mejora en la situación de la clase obrera.
Entre esos movimientos, los que más trascendencia han tenido son el marxismo y el
anarquismo, que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XIX.
• El marxismo (Karl Marx) era un socialismo revolucionario. Su ideología partía de
que la clase burguesa estaba explotando a la clase obrera (proletariado) mediante la
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TEMARIO B. Siglo XIX
apropiación de la plusvalía del trabajo. Los obreros deberían tomar conciencia de dicha
explotación, organizarse en partidos y sindicatos de clase y, cuando el sistema capitalista
entrara en crisis, conquistar el poder y establecer una dictadura del proletariado como paso
previo a un Estado que controlara los medios de producción y regulara las condiciones
laborales.
• El anarquismo partía de la base de que el Estado era el sostén de la clase
burguesa y de que había que destruirlo para alcanzar la libertad. Deberían desaparecer el
Estado, la Iglesia, la “familia burguesa” y la propiedad privada. El individuo libre y
responsable se organizaría en comunas autosuficientes y auto gestionadas. Dentro del
anarquismo surgieron dos corrientes distintas: una pacifista que se basaba en los sindicatos
asamblearios y en la expansión de sus ideas, y otra partidaria del terrorismo. La península
estuvo al margen de estos movimientos.
En 1864 todas las corrientes socialistas crearon la Asociación Internacional de
Trabajadores o I Internacional que reunida en Londres en 1864, donde se enfrentaron los
presupuestos marxistas y anarquistas. En la fundación de la Internacional participaron algunos
españoles a título individual. Cuando en España se produce la revolución de 1868 comienzan a
llegar periódicos y propagandistas de la Internacional.
Giuseppe Fannelli llega a España en 1868 y extendió los planteamientos anarquistas
por Cataluña, Levante y entre los jornaleros agrarios del centro y del sur; no quieren un
Estado que controle todo, ya que entienden que es una atadura para la libertad total, esa
corriente no es un partido político ya que están en contra de ellos, pero sí un sindicato.
Surgirán multitud de pequeños sindicatos y revistas sin conexión entre ellas. Tras la Semana
Trágica formarán el sindicato de la C.N.T. en 1910.
Paul Lafargue, yerno de Marx, llega en 1871 y extendió los planteamientos marxistas
que calaron en Madrid, País Vasco y Asturias. La figura más importante del marxismo español
fue Pablo Iglesias que fundará el P.S.O.E. en 1879 y la U.G.T. en 1888. Pedían la intervención
del Estado y la nacionalización de los sectores económicos más importantes.
La mayor parte de la población, por su falta de formación y por la dispersión
geográfica, no participó en la lucha política. La existencia del voto censitario (sólo podían
votar los que tuvieran un determinado nivel de renta) les alejó de la participación política
durante el reinado de Isabel II. Durante el Sexenio Revolucionario comienza la participación
en política. La falta de instrucción y de preparación hizo que la mayor parte de la población
estuviese más cercana al "mesianismo anarquista" que a la formación de partidos y
sindicatos. Las duras condiciones de vida, la perdida de las tierras comunales y las hambrunas
hicieron que las clases más pobres fuesen partidarias y promoviesen levantamientos y
algaradas. La participación de las masas en el movimiento cantonal fue el germen de la
posterior movilización popular a finales del siglo XIX.

APUNTES COMPLEMENTARIOS
PRESIDENTES DE LA I REPÚBLICA la Primera República.
1. Estanislao Figueras (11-II al 11-VI de 73).
2. Francesc Pi i Margall (11-VI al 18-VII de 73).
3. Nicolás Salmerón (18-VII al 7-IX de 73)
4. Emilio Castelar (7-IX-73 al 3-I-74).
Dictadura de Serrano (de Enero a Diciembre de 74).

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TEMARIO B. Siglo XIX

4. LA RESTAURACIÓN (1874-1902)
INTRODUCCIÓN
El tema que vamos a tratar abarca desde la caída de la I República hasta la
proclamación de Alfonso XIII como rey en 1902. La restauración de la monarquía en la persona
de Alfonso XII supone una etapa de estabilidad que durará hasta finales del siglo XIX. Esa
estabilidad estará propiciada por la Constitución de 1876, el sistema bipartidista creado por
Cánovas, y una cierta prosperidad económica. Pero estos logros no ocultan grandes defectos
del sistema: fraude electoral y caciquismo que deja a las masas fuera del sistema, marginación
de los partidos que están fuera del sistema (republicanos, movimientos obreros,
nacionalismos…). A la vez, afloran en las regiones periféricas los primeros movimientos
regionalistas y nacionalistas que aspiran a conseguir un cierto grado de autonomía en un
estado fuertemente centralizado.
Pero el gran mazazo para el sistema será la crisis del 98, año en el que se pierden las
últimas colonias, a partir de ahí España se replantea la razón de su ser y las medidas a llevar a
cabo para su modernización. El sistema político de la Restauración, que más o menos ha
funcionado en el XIX, se continúa en el XX, pero ya está obsoleto y acabará saltando por los
aires en los años treinta con la caída de Alfonso XIII y la proclamación de la II República en
1931.
I. EL ESTABLECIMIENTO DE ALFONSO XII COMO REY Y EL FUNCIONAMIENTO
DEL SISTEMA CANOVISTA; LA RESTAURACIÓN EN CASTILLA-LA MANCHA.
I.1 El retorno a la monarquía
¿Cómo se produjo el regreso de la dinastía expulsada por la Revolución de 1868?
Cánovas, piloto del proceso, consideraba los años anteriores, correspondientes a la
monarquía de Amadeo de Saboya y a la Primera República, como un período de caos. Veía
como única salida la reposición de la dinastía histórica, pero no en la figura de Isabel II,
desacreditada por sus errores, sino en la del heredero, el príncipe Alfonso. En junio de 1870,
Cánovas consiguió la renuncia de la ex reina a sus derechos.
Una vez elegido el candidato al trono, dos vías distintas se abrían para el retorno de los
Borbones: un golpe militar o un movimiento civil de opinión. Estas opciones estaban
encabezadas, respectivamente, por el general Martínez Campos y por Cánovas.
I.1.1 El golpe militar
Un cambio de gobierno o de régimen mediante un pronunciamiento era una fórmula
usual en la Historia española del siglo XIX. Lo apoyaba, sobre todo, el grupo cubano, formado
por personalidades que habían hecho carrera o fortuna en la isla de Cuba y gran parte de la
oligarquía.
En este grupo militaban varios generales, Martínez Campos entre ellos, y también
hombres de negocios. Todos ellos apostaron por la Restauración de los Borbones a través de
un golpe militar.
I.1.2 El movimiento civil de opinión
No obstante, Cánovas se proponía poner fin a los golpes militares y pretendía que el
príncipe Alfonso se convirtiera en rey por petición popular, tras una intensa actividad de
propaganda. Para crear tal estado de opinión redactó, y el príncipe Alfonso firmó, el Manifiesto
de Sandhurst, nombre de la academia militar inglesa donde el heredero realizaba estudios. En
este documento, el príncipe se dirigía al pueblo español haciendo hincapié en sus ideales
religiosos de buen católico y en sus propósitos de conciliación, y asegurando que, como hijo del
siglo, era además un buen liberal y, como tal, se mostraba partidario de una monarquía
constitucional.
No se cumplió el sueño de Cánovas. El regreso de los Borbones se debería a un golpe
militar, al pronunciarse el general Martínez Campos en Sagunto el 29 de diciembre de 1874. A
este pronunciamiento se sumaron inmediatamente otras guarniciones.

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TEMARIO B. Siglo XIX
I.2 Cánovas del Castillo, personaje clave de la Restauración
Antonio Cánovas del Castillo, personaje clave de la Restauración, fue un hombre
polifacético; jurista, historiador, periodista, escritor, conferenciante, orientó su principal
actividad hacia la política. Su oficio de historiador contribuyó decisivamente a la gestación de
sus ideas políticas.
Cánovas sostenía que la nación no es nunca el producto de un plebiscito porque
constituye algo más profundo, anterior a la existencia de los actuales ciudadanos. Dicho de otra
forma, la nación es un producto de la Historia.
A partir de esta afirmación construyó su doctrina de los cuatro pilares del sistema
político que consideraba idóneo para España: Rey, Cortes, Constitución, turno de dos partidos y
en la que el ejército –a cambio de autonomía en sus asuntos internos- dejara de tener el
protagonismo político que había tenido hasta entonces.
a) Rey. Contemplando la Historia de España, Cánovas constató que a lo largo de
los siglos la monarquía era una institución permanente; por tanto, decía, no se puede discutir.
La clave de la Restauración consistió en el regreso de la dinastía legítima.
b) Cortes. Junto con el monarca las Cortes son la otra institución permanente.
Aunque desapareciera la Constitución escrita, que en otros tiempos no existió, pervivirían el rey
y las Cortes como columna vertebral de la nación.
c) Turno de partidos. Siguiendo las lecciones del parlamentarismo inglés, el ideal
es la existencia de dos partidos, uno en el poder y otro en la oposición, que se turnarán de
forma pacífica en el ejecutivo.
d) Constitución. Este cuarto pilar será objeto, líneas más abajo, de un estudio más
detallado.
En estas cuatro ideas se resume el modelo político que Cánovas instauró en España:
monarquía histórica, Cortes que representan la soberanía de la nación, una Constitución
duradera (1876-1923) y dos partidos en turno pactado.
I.3 Primeras medidas del nuevo régimen y búsqueda de apoyos. La vuelta al
centralismo administrativo.
Durante 1875 las primeras medidas del nuevo régimen consistieron en: lograr el
apoyo de la Iglesia, que se hallaba distante por los ataques recibidos durante el periodo
revolucionario; suspender los periódicos de la oposición que habían florecido en los años
anteriores; establecer tribunales especiales para los delitos de imprenta; conseguir el apoyo del
Ejército reincorporando a los mandos que habían perdido sus empleos en el Sexenio; renovar
los cargos de las Diputaciones provinciales y Ayuntamientos por hombres afines al nuevo
régimen. Y, para evitar futuros pronunciamientos militares, que podían romper la convivencia
que defendía Cánovas, el rey no sería en adelante solamente la clave del mecanismo político-
constitucional, sino también un efectivo jefe supremo del Ejército, en contraste con los
tiempos de su madre Isabel II, con lo que quedaba asegurada la sumisión de los altos mandos
militares.
A finales de 1875 se convocan elecciones a Cortes, celebradas en enero de 1876 por
sufragio universal, encargadas de redactar la Constitución por la que se regiría el país. Hubo
una gran abstención, pero el gobierno se aseguró el triunfo con un 85% de los diputados.
El centralismo, con eje en Madrid, se hizo patente en la reorganización de las
Diputaciones provinciales y Ayuntamientos (ley de 16 de diciembre de 1876). Se volvía al
sistema electoral restringido; se determinó que en las poblaciones de más de 30.000 habitantes
(casi todas las capitales de provincias y algunas otras ciudades) los alcaldes serían nombrados
por el rey, lo que equivalía a ser designados por el Gobierno, y que los presupuestos
provinciales y municipales deberían ser aprobados por el gobernador civil.
En línea con ese centralismo encontramos la abolición de los Fueros de las Provincias
Vascas por una ley de 21 de julio de 1876, aprovechando el final de la tercera guerra carlista.

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TEMARIO B. Siglo XIX
I.4 La Constitución de 1876
Instalado el rey Alfonso XII en el trono, tras la celebración de elecciones las Cortes
Constituyentes estudiaron la redacción de una nueva Constitución.
Para conseguir su permanencia en el tiempo, como soñaba Cánovas, se redactó con una
clara ambigüedad, "un cheque en blanco que los partidos pueden llenar a su antojo", así
se la calificó. Veamos algunos de sus rasgos:
a) Es una Constitución breve, ochenta y nueve artículos, y recoge la mayoría de
derechos individuales reconocidos por la Constitución de 1869, y con ello se muestra más
liberal que la de 1845, aunque su desarrollo posterior en leyes orgánicas permitía una visión
más restrictiva o más avanzada.
Fue promulgada el 30 de junio de 1876 y va a permanecer en vigor hasta 1923. Aunque
es de carácter moderado, es lo suficientemente elástica como para ser aceptada por los
progresistas. Con ello se trataba de evitar, para lo sucesivo, que cada partido pretendiese
implantar “su” propia Constitución tan pronto llegase al poder
b) Cuestión básica: la soberanía. ¿Dónde reside? ¿Quién otorga o elabora la
Constitución, el rey o las Cortes? Siguiendo la línea ideológica del partido moderado, se dice
que la soberanía reside conjuntamente en el rey y la nación, representada por los
diputados. A este principio político se le denomina soberanía compartida.
En consecuencia, al monarca se le reconocían atribuciones superiores a las de
otras monarquías europeas, como el nombramiento del jefe de Gobierno (sin tener en cuenta si
contaba con suficiente respaldo entre los diputados) y el nombramiento de casi la mitad de los
senadores.
c) En cuanto a las cámaras, establece un Parlamento bicameral. El Senado, como de
costumbre, es el órgano más conflictivo en cuanto a su composición. Los senadores podrán ser:
por derecho propio (descendientes del rey, Grandes de España, por cargos civiles o militares),
vitalicios (de nombramiento regio) y electivos por vía censitaria, elegidos por los mayores
contribuyentes y miembros de la Corporaciones. El Congreso tiene cinco años de mandato. No
se llegaban a cumplir por las constantes disoluciones de las Cortes. Los diputados son elegidos
por sufragio directo.
d) El poder ejecutivo lo ejerce la Corona a través del gobierno. El rey elige al jefe de
gobierno que, a su vez, recibe el decreto de disolución de la Cámara y la convocatoria de
elecciones, para contar en la nueva Cámara con la mayoría necesaria para el desarrollo de su
política.
e) Otra cuestión fundamental: el derecho de voto. Las Constituciones del Sexenio
Democrático (1869-1873) habían implantado el sufragio universal masculino, pero Cánovas se
oponía al voto de todos los ciudadanos. Finalmente se optó por una solución intermedia. El
artículo 28 dejaba abierta la posibilidad del voto universal restringido a los hombres, que sólo
fue introducido cuando gobernó el partido liberal con la Ley de sufragio universal en 1890.
f) Con ser básica la cuestión del derecho de voto, no obstante fue más discutido el
artículo 11, que declaraba la confesionalidad católica del Estado. Los liberales pedían la
proclamación de la libertad religiosa; los conservadores preferían la postura más tradicional de
identificación del Estado con la Iglesia Católica, con financiación de culto y clero, y los obispos
se movilizaron para apoyar esta tesis. El debate fue apasionado aunque al final se optó también
por una posición intermedia confesionalidad del Estado y apoyo a la religión católica, pero
libertad del ciudadano para elegir su credo y la no discriminación de los no católicos.
g) Las libertades de los ciudadanos (de palabra, imprenta, etc.), tan categóricamente
afirmadas en los textos más progresistas del siglo, se enunciaban ahora de forma matizada; los
derechos de los españoles se mantenían" sin menoscabo de los atributos esenciales del
Poder público", lo que equivalía a otorgar a las autoridades la posibilidad de suspender
cualquier libertad.

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TEMARIO B. Siglo XIX
h) Unidad de códigos. La actitud centralista de Cánovas queda patente en la unidad de
leyes para todo el territorio nacional. Se suprimen los fueros vascos y, con ello, la exención
de las quintas y de los impuestos. La relación fiscal con los Territorios Vascos se regulará,
posteriormente, a través de los conciertos económicos. Estos conciertos permitían a esos
territorios una cierta autonomía fiscal, ya que las Diputaciones provinciales recaudarían
directamente los tributos y un porcentaje de los mismos –que era previamente negociado por
esas Diputaciones con el gobierno de Madrid- se entregaba al Estado como pago de los
servicios que éste prestaba en Navarra y provincias vascas (orden público, defensa...).
i) Los ayuntamientos y diputaciones quedan bajo el control gubernamental. Se
remite su funcionamiento a leyes orgánicas; leyes que cuando se desarrollen más tarde tendrán
un talante conservador y centralista.
En síntesis, esta Constitución, que hizo posible llevar a la práctica el proyecto político de
Cánovas del Castillo y que ha sido la de mayor duración temporal de la historia española, era
un código que recogía las grandes líneas del pensamiento político conservador; así lo de-
mostraban las atribuciones reconocidas al monarca, los privilegios de la Iglesia Católica y de
la oligarquía –quien monopolizará la mayoría de los escaños del Senado-. Pero, por otra parte,
satisfacía gran parte de los intereses de las clases medias españolas del momento, como
la no existencia previa de censura de prensa e imprenta.
I.5 El fin de conflictos iniciados durante el Sexenio: la guerra carlista y la de
Cuba.
En esta etapa inicial se concluyen estos dos conflictos, heredados del Sexenio. Los
triunfos contribuyeron a hacer del rey un monarca “pacificador”, ganando en apoyo popular.
Sobre la guerra carlista, en febrero de 1876 Carlos VII cruzaba la frontera dando con ello fin al
enfrentamiento. La ley de 21 de julio de 1876, como se ha dicho, abolía los fueros de las
Provincias Vascas. Desaparecían en ellas sus privilegios militares y sus ventajas fiscales. No
obstante, se estableció un sistema de conciertos que les permitían mantener una autonomía
fiscal, similar a la que ya venía disfrutando Navarra desde 1841.
Sobre la guerra de Cuba quedó resuelta con la paz del Zanjón (1878). Daba una
amnistía general, la libertad a los esclavos que lucharon con los insurrectos (la esclavitud es
abolida en la isla en 1886), y medidas como la de elegir diputados para estar representada la
isla en las Cortes españolas; otras reformas fueron más lentas en su aplicación y al final no
pudo evitarse el siguiente levantamiento.
I.6 El funcionamiento real del sistema
I.6.1. Los partidos dinásticos: origen, ideología, bases sociales y
labor política
Cánovas, tras el regreso de Alfonso XII, transformó el Partido Alfonsino en el Partido
Liberal-Conservador, que aglutinaba a los grupos políticos más conservadores (a excepción
de los carlistas y los integristas católicos) y que acabó llamándose simplemente Partido
Conservador. El proyecto bipartidista de Cánovas requería otro partido de carácter más
progresista, la llamada izquierda dinástica, y él mismo propuso a Sagasta su formación. De un
acuerdo entre progresistas, unionistas y algunos republicanos moderados nació el Partido
Liberal-Fusionista, más tarde conocido como Partido Liberal. A ambos partidos les
correspondía la tarea de aunar a los diferentes grupos y facciones, con la única condición de
aceptar la monarquía alfonsina y la alternancia en el poder. Por este motivo, se les conocía
como partidos dinásticos.
Conservadores y liberales coincidían en el plano ideológico en lo fundamental, pero
diferían en algunos aspectos y asumían de manera consensuada dos papeles
complementarios. Ambos defendían la monarquía, la Constitución, el sistema capitalista y la
consolidación del Estado liberal, unitario y centralista.
Sus bases sociales eran bastante homogéneas y se nutrían principalmente de las
élites económicas y de la clase media acomodada. Eran partidos de minorías, de notables,
que contaban con periódicos, centros y comités distribuidos por el territorio español.
HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 55
TEMARIO B. Siglo XIX
En cuanto a su labor política en el ejercicio del poder, las diferencias eran escasas. Los
conservadores se mostraban más proclives al inmovilismo político, defendían el sufragio
censitario, el exclusivismo de la Iglesia católica y del orden social. Los liberales defendían
el sufragio universal masculino y eran partidarios de un reformismo social de carácter más
progresista y laico (derecho de asociación y reunión, libertad de cultos, libertad de cátedra y
de prensa, etc.,). Pero, en la práctica, la actuación de ambos partidos en el poder no difería en
lo esencial, al existir un acuerdo tácito de no promulgar nunca una ley que forzase al otro
partido a derogarla cuando regresase al gobierno.
I.6.2. El turno de partidos
La alternancia regular en el poder entre estas dos grandes opciones dinásticas (turno
pacífico) tenía como objetivo asegurar la estabilidad institucional. El turno en el poder
quedaba garantizado porque el sistema electoral invertía los términos propios del sistema
parlamentario. De este modo, cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste
político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del partido de la
oposición a formar gobierno.
Una vez acordada la alternancia en el turno y a qué partido correspondía formar un
nuevo gobierno, se ponía en marcha todo un mecanismo para asegurar el triunfo electoral. Se
seguían los siguientes pasos:
1º. El Rey nombraba un nuevo Jefe de Gobierno y le otorgaba el decreto de disolución
de Cortes.
2º. El nuevo gobierno convocaba unas elecciones completamente adulteradas. El
Ministerio de Gobernación "fabricaba" los resultados electorales mediante la asignación
previa de escaños en cada circunscripción electoral (encasillado) y enviaba esa lista a los
gobernadores civiles o directamente a los propios caciques. Los candidatos que no eran de la
circunscripción misma se llamaban "cuneros".
3º. Los gobernadores civiles de cada provincia eran informados por el ministro de
Gobernación de los resultados que "debían" salir en sus provincias, siguiendo el encasillado.
Éstos, a su vez, transmitían la lista de los candidatos "ministeriales" a los alcaldes y caciques y
todo el aparato administrativo se ponía a su servicio para garantizar su elección.
4º. Los caciques, siguiendo las instrucciones del gobernador civil, amañaban las
elecciones, consiguiendo los resultados esperados.
I.6.3. Falseamiento electoral y caciquismo
El sistema del turno pacífico funcionó en realidad hasta 1917 gracias a la corrupción
electoral y al caciquismo.
El falseamiento del voto constituyó una práctica habitual en todas las elecciones, que se
logró mediante un trato más favorable a los distritos rurales frente a los urbanos y, sobre todo,
por la manipulación y las trampas electorales. El triunfo siempre correspondía al partido que
convocaba las elecciones, que había sido previamente llamado a gobernar por la Corona. Ese
triunfo electoral le permitía la creación de una amplia mayoría parlamentaria.
Por su parte, los caciques eran personas notables, sobre todo del medio rural, a menudo
ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida
local. También podían ser profesionales de prestigio (médicos, abogados,…), funcionarios
de la Administración, que controlaban los ayuntamientos, hacían informes y certificados
personales, dirigían el sorteo de las quintas, proponían el reparto de las contribuciones y podían
resolver o complicar los trámites burocráticos y administrativos. Los caciques orientaban la
dirección del voto, correspondiendo con sus "favores" a aquellos que le habían seguido sus
instrucciones en las elecciones y discriminando a los que no lo habían hecho.
Los caciques a la hora de manipular las elecciones contaron con el apoyo de las
autoridades (gobernador civil, jueces, Guardia civil, etc.). El conjunto de trampas electorales
que ayudaba a conseguir la sistemática adulteración de los resultados electorales se conoce
como pucherazo.

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TEMARIO B. Siglo XIX
Los medios utilizados para que triunfara el candidato del gobierno eran múltiples:
falsificación del censo mediante la inclusión de personas muertas o la eliminación en el
censo de votantes vivos, manipulación de las actas electorales, compra de votos, amenaza al
electorado con coacciones de todo tipo, incluida la violencia para atemorizar a los contrarios.
I.6.4. El desarrollo del turno de partidos
A lo largo del período que transcurrió entre 1876 y 1898, el turno funcionó con
regularidad. La primera crisis del sistema sobrevino como consecuencia de la crisis del 1898,
que erosionó a los políticos y a los partidos dinásticos.
Tras la muerte del rey Alfonso XII (1885) y ante el temor de que el sistema se viniera
abajo, Cánovas y Sagasta llegaron a un acuerdo en relación con el ejercicio del poder, el Pacto
del Pardo, en el que los dos partidos dinásticos se comprometían a dar su apoyo a la
regencia de María Cristina, al relevo en el Gobierno cuando éste perdiera prestigio y apoyos en
la opinión pública, y a no echar abajo la legislación que cada uno de los partidos aprobara en el
ejercicio del poder.
I.6.5. Balance del sistema canovista: estabilidad política y un saldo
favorable a los intereses oligárquicos
El sistema creado por Cánovas dio lugar a un régimen muy conservador tanto en
materia política, como en el plano social y económico, que respondía a los intereses de los
grupos oligárquicos, altas jerarquías de la Iglesia y el ejército.
El programa político de estos grupos y que luego llevaría a la práctica el régimen era el
siguiente:
a) La defensa del orden social y la propiedad.
b) La defensa de la monarquía como garantía de estabilidad.
c) La identificación de la República con la anarquía y la subversión.
d) La defensa de la unidad de la patria con el mantenimiento de las colonias.
I.7. La Restauración en Castilla-La Mancha.
Algunos de los hechos más significativos que hay que destacar de esta etapa histórica
en el territorio de Castilla-La Mancha son:
a) El turno de partidos. En las diferentes elecciones generales celebradas en el
territorio castellano-manchego entre 1874 y 1902 siempre se respetó rigurosamente el turno de
partidos. Los liberales y conservadores se repartían los votos y escasas veces permitieron la
elección de algún diputado de otra opción política. Así, por ejemplo, los republicanos solían
conseguir entre uno y dos diputados, casi siempre en Guadalajara.
Las elecciones eran una farsa controlada por la oligarquía caciquil. La diferencia
sociológica entre los componentes de uno y otro partido era nula. Esa oligarquía la formaban
los grandes propietarios, beneficiados por la desamortización y poseedores de una gran
influencia política en extensas zonas rurales, como el conde de Romanones en Guadalajara,
los Ochando en Albacete, los Gasset en Ciudad Real, Mariano Catalina, los duques de
Riánsares o los condes de San Luis en Cuenca,…
b) Inicio del movimiento obrero. Si bien el movimiento obrero en la región no
alcanzaría cierta importancia hasta principios del siglo XX, en este primer período de la
Restauración hay que señalar la presencia de reducidos núcleos obreros de ideología
bakuninista y socialista en Manzanares, Alcázar de San Juan, Ciudad Real, Albacete, Toledo y
Guadalajara.
c) La economía. La llegada de trigo extranjero más barato a partir de la década de
1880 provocó una grave crisis a agricultura cerealística de la región, de la que se saldría con
la puesta en práctica de una política proteccionista de Cánovas del Castillo. El cultivo del
viñedo, beneficiado por la ruina del francés a causa de la filoxera, conoció una etapa de auge
hasta finales del siglo XIX, cuando también se vio afectado por el mal.
Las minas de Almadén, en manos de capital extranjero (los Rothschild) conocieron
entre 1870 y 1900 una fase de expansión. También durante estos años tuvo lugar el
descubrimiento de las minas de carbón de Puertollano.
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II. OPOSICIÓN POLÍTICA AL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN
Durante la Restauración, los republicanos, carlistas, socialistas y nacionalistas
quedaron relegados a la oposición y nunca consiguieron obtener un número suficiente de
diputados para formar gobierno o constituir una minoría parlamentaria influyente.
Únicamente, los grupos menos hostiles al sistema de la Restauración conseguirán que el
partido dinástico gobernante le asigne alguna representación en las Cortes o en las grandes
ciudades. Los partidos más críticos con el régimen serán marginados de la vida política oficial.
II.1 Los republicanos
En el último cuarto del siglo XIX, la principal oposición a la monarquía estaba
representada por los grupos republicanos. Tras la experiencia frustrada de la Primera
República, éstos continuaban defendiendo su ideario por medio de periódicos de cierta difusión.
El proyecto republicano podría resumirse en cuatro puntos:
a) Superioridad de la república sobre la monarquía. Consideraban el régimen
republicano más acorde con la democracia.
b) Separación de la Iglesia y el Estado. Opuestos al modelo confesional,
postulaban un Estado laico, y en su rechazo de la influencia social del clero llegaron a elaborar
programas de claro tono anticlerical.
c) Sufragio universal. Aún no había llegado la hora del sufragio femenino, pero el
primer paso era el voto de todos los varones que fue aprobado en 1890.
d) Preocupación por los problemas de las clases populares. Dos temas
destacaban: abolición del impuesto de consumos, sobre los artículos alimenticios básicos, y
modificación de las quintas, el sistema de reclutamiento del ejército. Con el pago de una
cantidad las clases altas se libraban del cuartel y sólo las capas humildes se incorporaban a
filas, razón por la que los republicanos preferían el servicio militar obligatorio para todos.
Si algo caracteriza al republicanismo español tras la experiencia del Sexenio es la
desunión, divididos en tendencias y personalismos. Hubo varias corrientes republicanas:
1. El Partido Posibilista o republicano histórico. Es el más moderado, consideraba
posible que la monarquía asumiese principios democráticos, su líder era Emilio Castelar. Su
base social era la burguesía y las clases medias urbanas, acabará integrándose en el Partido
Liberal de Sagasta.
2. El Partido Republicano Progresista de Ruiz Zorrilla, mantuvo su
republicanismo más radical, apoyando, incluso, pronunciamientos (general Villacampa, 1886),
motines y levantamientos a favor de la República, lo que le obligó a abandonar España.
3. El Partido Republicano Centralista, dirigido por Nicolás Salmerón. Contrarios al
pronunciamiento como medio para conseguir la República, prefería la lucha electoral.
4. El Partido Federal de Pi y Margall, el más coherente con las ideas del Sexenio.
De origen urbano y con implantación rural, defendían la descentralización y el
anticlericalismo.
Aunque eran corrientes minoritarias, su papel social era más importante que sus
resultados electorales, esto se explica, en parte, por el degradado sistema electoral de la
Restauración.
La implantación del sufragio universal masculino por Sagasta en 1890 supuso una cierta
revitalización del republicanismo y estimuló la formación de alianzas electorales (Unión
Republicana) en 1893 y 1901, que agrupaban las distintas familias republicanas a excepción
de los posibilistas. A pesar de que las alianzas permitieron aumentar los escaños
parlamentarios, el republicanismo perdió parte de sus antiguas bases sociales y tuvo que
luchar por los votos populares en competencia con el nuevo obrerismo representado por el
Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado en 1879.
II.2 El carlismo
Tras finalizar la 3ª guerra carlista en 1876, se prohibió la estancia en España del
pretendiente don Carlos y el carlismo entró en una grave crisis después de que destacados
miembros de sus filas, como el general Cabrera, reconocieran a Alfonso XII.
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Los dirigentes carlistas tardaron tiempo en readaptar su actividad a los nuevos tiempos
para convertirse en un nuevo partido político con el fin de participar en las elecciones.
Sus seguidores seguían localizándose en Navarra, el País Vasco y Cataluña, mientras
que en el resto de España apenas tenían importancia. La renovación del partido fue llevada a
cabo por Vázquez de Mella, quien en 1886 propuso un programa adaptado a la nueva situación
política. El programa se conoce como el Acta de Loredan, en el que se propone:
a) La vigencia de antiguos principios como: defensa de la religión católica, el
fuerismo, la autoridad del pretendiente carlista y la oposición a la democracia.
b) Una nueva propuesta: la aceptación del nuevo orden liberal-capitalista.
En 1888 se produjo la escisión de los integristas, que, liderados por Ramón Nocedal,
se oponían a la participación política y defensa de un catolicismo intransigente. Los integristas,
cuyos seguidores se encontraban sobre todo en Navarra y País Vasco, terminaron fundando su
propio partido, el Partido Católico Nacional. Este partido dejó de reconocer como rey a don
Carlos y se convirtió simplemente en un partido católico integrista.
Si bien la mayoría de los principales líderes del carlismo apostaron por la vía política,
otros, por el contrario, intentaron levantamientos insurreccionales en 1899 y 1900 con
escaso éxito.
II.3. El movimiento obrero
Mientras el republicanismo ejerció una oposición exclusivamente política al régimen
de la Restauración, el movimiento obrero -entendido como la actividad política y social de
los obreros y campesinos para mejorar su situación y defender sus derechos- se opuso
frontalmente a todo el sistema.
Como resultado del régimen de libertades establecido por el gobierno provisional del
Sexenio, en 1869 vino a España el anarquista Giuseppe Fanelli, enviado por Bakunin, que
creó en Madrid y Barcelona la sección española de la AIT (Federación Regional Española)
(1870). Un año más tarde (1871), llegaría a Madrid Paul Lafargue, yerno de Carlos Marx, para
formar la sección de tendencia marxista.
II.3.1 Los anarquistas
En un Congreso de la Federación Regional Española de la I Internacional, celebrado
en Zaragoza en 1872, la mayor parte de los congresistas habían optado por la línea
anarquista. En esta opción, que significaba la separación del mundo obrero de la política
oficial, influyó la deslealtad de los políticos para cumplir las promesas de mejora social hechas
en la revolución de 1868, y en especial la abolición de las quintas, lo que contribuyó a empujar
al obrerismo a un odio contra el Estado, de cualquier signo, y a la desconfianza en todo tipo
de acción política reformista.
El área geográfica del anarquismo coincidía en general con la del movimiento cantonal
de 1873, el litoral mediterráneo. Así, los anarquistas contaron con la adhesión de los
jornaleros de Andalucía y con el proletariado textil de Cataluña.
Después del golpe de Estado del general Pavía en 1874, el gobierno declaró ilegales las
asociaciones obreras vinculadas a la I AIT, llevando a cabo una dura represión contra sus
líderes más destacados. Los anarquistas, obligados a permanecer en la clandestinidad,
terminaron dividiéndose en dos tendencias: una que proponía replegarse a la espera de
tiempos mejores y otra que era partidaria de la “acción directa”, esto es, el terrorismo. La
organización Mano Negra (1874-83) sería un ejemplo de la actuación de la segunda tendencia.
En 1881, la legislación del gobierno de Sagasta hizo que el anarquismo retornara a la
legalidad. Las nuevas circunstancias trajeron una
recomposición de las geográficamente dispersas
organizaciones para afrontar la nueva realidad, y el
resultado fue la fundación en Barcelona de la
Federación de Trabajadores de la Región Española y
la incorporación de nuevos afiliados que ya podían
inscribirse en una organización legal.
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Sin embargo, la nueva organización se verá afectada por la fuerte represión que siguió al
asunto de la Mano Negra (1882-1883) en el campo andaluz. Una especie de organización
secreta que, acusada de asesinatos, llevó a la detención de cientos de personas en Jerez,
Cádiz y Sevilla. La Guardia Civil dijo contar con documentos de esta sociedad que demostraban
que estaba interesada en derribar el Gobierno, destruir el Estado y exterminar a las clases
acomodadas, y la imaginación popular se encargó de añadir todo lo demás, o sea, de
convertirla en prototipo de "organización terrorista secreta".
Esta campaña general orquestada desde el Gobierno permitió atribuir al anarquismo
andaluz toda clase de crímenes y ampliar la culpa a los componentes de la FTRE, puesto que,
se decía, la Mano Negra dependía de ella. La represión gubernamental consiguiente y, sobre
todo, las luchas internas debilitaron la organización, de forma que a finales de siglo XIX el
movimiento obrero anarquista español, como el del resto de Europa, se encontraba sin salida y
limitado a grupos terroristas incontrolados que llevaban a efecto "la propaganda por el
hecho". Una minoría radical, en efecto, optó por la acción directa (huelga general o atentado).
Ello condujo a atentar contra los pilares del Estado (Martínez Campos, Cánovas,…), contra
los capitalistas (Liceo de Barcelona) y la Iglesia (Corpus de 1896). Los atentados daban lugar
a una nueva represión que provocaba nuevos atentados.
En 1901 diversos grupos anarquistas iniciaron la publicación en Cataluña de un
periódico, Solidaridad Obrera, que en 1907 haría posible una asociación obrera con la misma
denominación. Esta asociación tendría un importante protagonismo en la Semana Trágica de
Barcelona (1909). En un congreso celebrado en Barcelona en 1910, tuvo lugar la constitución
legal de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT). Este sindicato, que tuvo un papel
destacado en la huelga general de 1917, se caracterizó por la práctica del sabotaje, los
disturbios callejeros y la huelga general como fórmula para lograr su objetivo final: el triunfo
del “comunismo libertario”.
II.3.2 Los marxistas o socialistas
La corriente marxista del movimiento obrero español, sin casi importancia a principios
de la Restauración, comenzó a organizarse en 1879 bajo la dirección de un pequeño grupo de
trabajadores de imprenta madrileños (Pablo Iglesias, Jaime Vera), partidarios de las doctrinas
de Carlos Marx y Engels. En ese año (1879) es cuando este grupo, liderado por Pablo Iglesias,
creó el Partido Democrático Socialista Obrero Español, denominado más tarde Partido
Socialista Obrero Español (PSOE). Asimismo, desde 1886 los socialistas contarían con un
periódico: El Socialista.
En su ideario destacan los objetivos marxistas: la conquista del poder político por la
clase trabajadora, ya bien sea por la vía electoral (cosa improbable) o bien a través de la
revolución obrera, tal y como había hecho la burguesía.
En el siguiente paso, con los obreros en el poder, se establecería una dictadura del
proletariado con el objetivo de desmontar el sistema capitalista y como paso previo hacia una
sociedad sin clases sociales, sin explotadores y explotados, objetivo final del marxismo.
A partir de 1881 pudo ser legalizado aprovechando la ley de Asociación aprobado por el
gobierno liberal de Sagasta. La salida de la clandestinidad de las asociaciones obreras en 1881
fue aprovechada para difundir ampliamente el programa. El PSOE se definía como un partido
marxista, de orientación obrerista y partidario de la revolución social.
En 1888 se crea el sindicato socialista,
la UGT (Unión General de Trabajadores)
en un Congreso celebrado en Barcelona. El
fin de la U.G.T. era puramente económico:
la mejora de las condiciones de vida y de
trabajo de los obreros, y los medios para
obtener las reivindicaciones precisas serían
la negociación, las demandas al poder
político y la huelga.
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TEMARIO B. Siglo XIX
A partir de 1891 el PSOE concentró sus esfuerzos en la política electoral, presentando
candidaturas en las sucesivas convocatorias. En ese año lograban representación en el
Ayuntamiento de Bilbao, en cambio para lograr un escaño en el Congreso de los Diputados
hubo que esperar a 1910.
En cuanto a zonas de influencia, el movimiento obrero español ofreció un fuerte
contraste. El PSOE y la UGT tuvieron en Madrid, Vizcaya y Asturias sus zonas de mayor
influencia, en cambio, en Cataluña, Levante y Andalucía predominará el anarquismo.
II.4 Las fuerzas nacionalistas
En las regiones de la periferia con una lengua diferente de la castellana y con una
historia propia surgieron durante la Restauración movimientos político-culturales que entonces
se llamaron regionalistas y, más tarde nacionalistas.
Los tres focos principales surgieron en Cataluña, País Vasco y Galicia. Nacieron como
un fenómeno cultural, a partir de la reivindicación de las lenguas autóctonas (Renaixença en
Cataluña, Rexurdimento en Galicia).
Encontraron un apoyo social en burguesías regionales que consideraban más
conveniente para sus intereses la no dependencia de Madrid. Tuvieron, al menos en el caso
Cataluña, un componente económico, y encontraron finalmente una proyección política, al
promover partidos políticos, como el Partido Nacionalista Vasco a finales del siglo XIX y la
Lliga Regionalista de Cataluña en 1901.
II.4.1 El nacionalismo catalán
A lo largo de la Edad Media y hasta finales del siglo XV, Cataluña fue una entidad
independiente y soberana con lengua, leyes y gobierno propios. En 1715, tras la Guerra de
Sucesión y la publicación de los decretos de Nueva Planta, los catalanes perdieron todos sus
fueros, privilegios y derechos históricos. En el siglo XIX se reavivaron los sentimientos de
diferenciación política y cultural con respecto a otras regiones de España; a ello contribuyeron
determinados factores económicos como el desarrollo del proceso de industrialización y el
avance de la urbanización en Cataluña, en contraste con el resto del país, más agrario, rural y
atrasado económicamente.
Los momentos que configuraron la formación del regionalismo y del nacionalismo
catalán fueron los siguientes:
a) La aparición de la "Renaixença", un movimiento intelectual, literario, apolítico y de
carácter burgués surgido a partir de los años treinta del siglo XIX. Su propósito consistía en
difundir el pasado de Cataluña y recuperar sus señas culturales tradicionales de identidad
nacional, especialmente la lengua. Por esto se impulsó la publicación en catalán de numerosas
obras historiográficas y literarias (Jacinto Verdaguer, Joan Maragall …)
b) La creación del Centre Catalá por Valentí Almirall en 1882. Era una entidad cívica
defensora de los intereses culturales y económicos de Cataluña (Memorial de Greugues,
1885), de carácter progresista, base popular y de principios federalistas. Reclamó la
autonomía para Cataluña dentro del Estado español. Almirall denunció la ineficacia y la
corrupción del sistema oligárquico y caciquil de la Restauración.
c) La labor de Prat de la Riba, que fue uno de los fundadores la organización
autonomista llamada Unió Catalaniste (1891), de ideología conservadora y católica. Prat de
la Riba elaboró su programa, conocido como "Las Bases de Manresa", donde se pedía un
régimen de autogobierno para Cataluña y se proponía un reparto de funciones entre el poder
estatal central y el poder regional autónomo. No se defendía el separatismo.
d) El impacto de la crisis del 98 fue decisivo para la maduración y expansión social del
catalanismo. Las pérdidas económicas tras el desastre del 98 empujó a sectores de la
burguesía hacia el nuevo movimiento; esto cuajó en la creación en 1901 de un nuevo partido,
la Lliga Regionalista de Catalunya, nacida de un acuerdo de entre varios grupos catalanistas
moderados, entre los cuales se encontraba la Unió de Prat de la Riba. Encabezado por
Francesc Cambó, como líder principal, y por Prat de la Riba como ideólogo. Era un partido
burgués, posibilista, moderado, conservador y alejado de posiciones independentistas.
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TEMARIO B. Siglo XIX
Los dos objetivos prioritarios de la Lliga eran la autonomía política de Cataluña dentro
del Estado español y defender los intereses económicos de Cataluña, especialmente, los
intereses de la burguesía textil mediante un proteccionismo arancelario.
Sus éxitos electorales en Barcelona a partir de 1901, cuando también triunfan los
republicanos, venían a establecer un nuevo periodo en la historia política de Cataluña.
Sencillamente, el turno de conservadores y liberales empezaba a ser sustituido en Cataluña por
la competencia de regionalistas y republicanos.
II.4.2 El nacionalismo vasco
Los signos de referencia que identifican de una forma objetiva a la nación vasca son su
lengua, el euskera, y los derechos privilegiados forales históricos eliminados
definitivamente en 1876.
El teorizador del nacionalismo vasco fue Sabino Arana, nacido en el seno de una
familia carlista. En 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) con una voluntad de
restaurar en el territorio el orden jurídico tradicional. Su ideología se caracteriza por:
a) Defensa de la recuperación de la independencia vasca, secesión de España y la
fundación de una Euskadi independiente formado por los seis territorios vascos localizados en
Francia y España: Álava, Guipuzcoa, Navarra, Vizcaya, Laburdi y Zuberoa.
b) Radicalismo antiespañol, Arana consideraba que España tenía sojuzgada a la
nación vasca.
c) Idealización de la etnia vasca, rechazo a los matrimonios de vascos y foráneos,
así como a los inmigrantes, en su mayor parte obreros industriales procedentes de fuera del
País Vasco (maketos).
d) Integrismo religioso católico y la más absoluta negación de cualquier otra
religión no católica. Arana llegaba a proponer un Estado casi teocrático: Euskadi se
establecerá sobre una completa e incondicional subordinación de lo político a lo religioso, del
Estado a la Iglesia. Esto demuestra la importancia del carlismo en el nacimiento del
nacionalismo vasco.
e) Potenciación del idioma y recuperación de las tradiciones culturales vascas.
Arana, que veía como el euskera se utilizaba cada vez menos como resultado de la afluencia
de inmigrantes y del desarrollo de la urbanización, era partidario de tomar todo tipo medidas
con el fin de evitar cualquier tipo de influencia cultural española.
f) Exaltación del mundo rural vasco, que se encontraba amenazado por el
desarrollo económico. En este mundo, según Arana, se encontraba el modelo cultural de
Euskadi. Todavía no estaba castellanizado y no había sido “contaminado” por las ideas
modernas del liberalismo y socialismo.
g) Fuerte conservadurismo ideológico, tanto en el modelo social, como en la
estructura política propuesta.
En un primer momento, el PNV encontró sus principales apoyos sociales entre la
pequeña y mediana burguesía vasca y en el mundo rural. En el plano geográfico, el
nacionalismo tuvo más aceptación en Vizcaya y Guipúzcoa que Álava y Navarra. Pero el
partido no fue capaz de conseguir nada mientras se mantuvo en la órbita de los primeros
seguidores, por lo que se vio obligado a ampliar sus bases hacia una burguesía más
moderna e industrial. Fue entonces cuando apareció la tensión interna entre los defensores
de la independencia y los que buscaban, como objetivo más viable y práctico, la autonomía
dentro del Estado español.
Estos últimos, urbanos, industriales y con dinero, se impusieron en el control del
PNV y entraron en una línea autonomista catalana, copiando la idea de rehacer España
desde, en este caso, el País Vasco.
De este modo, y con la mezcla de ambas posturas -las ideas de los de la primera hora y
las de los de después- el partido encontró un relativo equilibrio entre una dirección que
presionaba a los gobiernos centrales, con el argumento de la radicalidad de las bases que lo
sustentaban, y unas bases independentistas que aceptaban la política moderada de su
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dirección ante Madrid como una vía gradual que podía acabar en la independencia.
II.4.3 El nacionalismo gallego
El galleguismo ofreció principalmente una vertiente cultural en una etapa en la que,
impulsados por el Romanticismo, se sucedieron los grandes escritores: Rosalía de Castro,….
Sin embargo, en la figura de Alfredo Brañas y en su obra El Regionalismo, aparecía ya la
ambición política, al reclamar la descentralización y el reconocimiento de competencias.
Las reivindicaciones de los gallegos se redujeron siempre al ámbito de los cenáculos
académicos de profesores y eruditos, de escasa influencia en la política general española.
III. CRISIS DEL 98 Y LIQUIDACIÓN DEL IMPERIO COLONIAL
III.1 El 98: la pérdida de las colonias
III.1.1 El problema de Cuba
España se sentía ligada a Cuba por vínculos sentimentales muy fuertes; eran los
últimos restos de un gran imperio y muchos cubanos descendían de españoles. Pero no
menos fuertes eran los intereses económicos. En tres productos se basaba la economía: caña
de azúcar, café y tabaco. De los tres, el azúcar era el cultivo de mayor importancia comercial.
Entre los dueños de las plantaciones predominaban las viejas familias, verdadera aristocracia
social de la isla.
Algunos líderes cubanos, entre los cuales destacaron José Martí y Antonio Maceo,
ganados por los ideales de independencia del liberalismo, reclamaban la separación le la
metrópoli. En 1868, con el grito de Yara se había iniciado la primera guerra cubana, que
duraría diez años, hasta la Paz de Zanjón.
Entre las fuerzas políticas españolas se podían distinguir tres posiciones:
a) Unionista, defendida por los dos partidos del régimen, consideraba que Cuba era
un trozo de tierra española.
b) Autonomista, inclinada a conceder a los cubanos algunas cotas de autogobierno,
era postulada por un sector del partido liberal, por los intelectuales más progresistas, los
nacionalistas catalanes y vascos y por los diputados cubanos.
c) Independentista, aceptada por los republicanos.
El período más idóneo para hacer concesiones a las reivindicaciones cubanas fue el
“Gobierno Largo” de los liberales (1885-1890), cuando el Partido Autonomista Cubano se
mostraba decidido a apoyar un programa reformista propiciado por Madrid, que restase fuerza y
apoyos sociales a los independentistas. Pero la única medida que se acabó aprobando fue la
abolición definitiva de la esclavitud (1886) y que los cubanos tuvieran representación propia
en las Cortes españolas, ya que las propuestas de dotar a Cuba de autonomía y de un
proyecto de reforma del estatuto colonial de Cuba, planteado por el nuevo gabinete liberal
(1892-1895) en 1893 fueron rechazadas por las Cortes.
Dos leyes de autonomía, la más minuciosa presentada por Antonio Maura, fueron
votadas por el Parlamento español. A finales de 1897 nacía el primer gobierno cubano en La
Habana. Pero era demasiado tarde, había entrado en juego otro factor: Estados Unidos.
Un historiador norteamericano ha resumido las motivaciones de la política cubana de
Washington en humanitarias, económicas y psicológicas. Las humanitarias, de apoyo al
pueblo cubano, fueron acogidas con ironía en círculos europeos. Las económicas parecen
indudables, porque Estados Unidos realizó diversas gestiones de compra de la isla. Un
periódico de Nueva York decía que a la guerra se llegó por la presión de intereses comerciales
e industriales, pero también influyeron decisivamente las razones de tipo psicológico.
Al fundamentado temor existente en España a que se produjese una nueva insurrección
independentista, se sumaba ahora el temor a que ésta pudiese contar con el apoyo de los
Estados Unidos.
III.1.2. La guerra de Cuba y Filipinas
En el año 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, protagonista de
la revuelta independentista iniciada el 24 de febrero de 1895 (El grito de Baire).

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TEMARIO B. Siglo XIX

Ante la gravedad de la situación Cánovas es llamado a formar gobierno. La insurrección


comenzó en la parte oriental de la isla y entre sus dirigentes contó con Antonio Maceo y
Máximo Gómez, que consiguieron extender la guerra a la parte occidental de la isla,
tradicionalmente menos rebelde. El gobierno de Cánovas respondió enviando un ejército a
Cuba, al frente del cual se hallaba el general Martínez Campos, el militar considerado como el
más adecuado para combinar la represión militar con la flexibilidad necesaria para llegar a
acuerdos que pusiesen fin al levantamiento.
La falta de éxitos militares decidió el relevo de Martínez Campos por el general
Valeriano Weyler, que llegó a la isla con la voluntad de emplear métodos más contundentes
que acabasen con la insurrección por la fuerza. La ofensiva de Weyler fue acompañada de la
"concentración" de los campesinos en unas aldeas cerradas para aislarlos de las tropas
insurrectas (trochas). Pero la dificultad de proveer de alimentos y de facilitar asistencia médica,
tanto al ejército como a los campesinos, trajo consigo una elevada mortalidad entre la
población civil y los soldados. Además, la guerra provocó la destrucción de ingenios, de
plantaciones y de numerosas vías férreas y la economía cubana se resintió notablemente.
Tras el asesinato de Cánovas (agosto 1897), el nuevo gobierno de Sagasta decidió, a la
desesperada, probar la estrategia de la conciliación. Sustituyó a Weyler por Ramón Blanco y
concedió a Cuba y Puerto Rico gobiernos autonómicos (noviembre de 1897). Pero las
reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, que contaban con el apoyo
estadounidense, se negaron a aceptar el fin de las hostilidades (10 de abril de 1898), que fue
unilateralmente declarado por el gobierno español.
Coincidiendo con la insurrección cubana, se produjo también la de Filipinas (1896-97).
En este archipiélago, la presencia española era más débil que en las Antillas y se limitaba en
buena medida a las órdenes religiosas, la explotación de algunos recursos naturales y su
utilización como punto comercial con China. El levantamiento filipino fue también duramente
reprimido y su principal dirigente, José Rizal, acabó siendo ejecutado (30 de diciembre de
1896) mientras los insurrectos, que habían fundado un movimiento independentista llamado
Katipunan, terminaron negociando el fin de la insurrección con el gobierno de Sagasta
(diciembre de 1897).
III.1.3 La intervención de Estados Unidos.
Disturbios en la capital cubana, promovidos por oficiales españoles unionistas opuestos a
la autonomía, llevó al Gobierno de [Link]. a enviar un acorazado, el Maine, al puerto de La
Habana, en enero de 1898. El 15 de febrero, el Maine sufrió una explosión y se hundió en las
aguas del puerto.
¿Quién había sido el responsable? ¿Se trataba de un accidente o de un sabotaje?
Aunque actualmente se ha impuesto la tesis del accidente, el hundimiento del acorazado fue el
motivo de guerra.
En marzo, los [Link]. amenazan con intervenir si España no les vende por 300 millones
de dólares la isla de Cuba. La oferta es rechazada, pero el 20 de abril llegaba el ultimátum
estadounidense por el que se exigía a España la renuncia a la soberanía sobre Cuba en un
plazo de tres días. El 25 de abril, los americanos declaran la guerra a España.
El enfrentamiento bélico tuvo dos escenarios: el archipiélago filipino y el Caribe. En
Cavite, una escuadra norteamericana la flota española del Pacífico (mayo de 1898); y en
Santiago de Cuba otra escuadra de [Link]. hizo otro tanto con la flota del Atlántico.
Perdidas las dos flotas hispanas, los norteamericanos desembarcaron en las islas,
sucesivamente en Filipinas, Cuba y Puerto Rico. Sin barcos, España se encontraba impotente.
Con la mediación de algunas potencias (Francia), se firmó un armisticio, en el que España
aceptaba la evacuación de Cuba y Puerto Rico.
En diciembre de ese mismo año se firmó la paz de París, por la que España cedió
Filipinas y Puerto Rico a los [Link]. y reconoció la independencia de Cuba.

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TEMARIO B. Siglo XIX

El Tratado de París, que España se vio obligada a firmar, plasmó la ley del más fuerte.
[Link]. consiguió imponer todas sus condiciones. A cambio de 20 millones de dólares, España
tuvo que cederle Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. Estos dos últimos territorios
eran codiciados por los norteamericanos para utilizarlos como enclaves en la penetración en el
mercado asiático y supuso el principio de Ia expansión oceánica de E. Unidos.
III.1.4 Consecuencias de la crisis del 98 en España
La derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase política española en un estado de
desencanto y frustración. Para quienes la vivieron, significó la destrucción del mito del imperio
español, en un momento en que las potencias europeas estaban construyendo vastos imperios
coloniales en Asia y África, y la relegación de España a un papel secundario en el contexto
internacional. Además, la prensa extranjera presentó a España como una nación moribunda,
con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos
incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública española.
a) Repercusiones económicas, políticas y sociales.
A pesar de la envergadura del desastre y de su significado simbólico, sus repercusiones
inmediatas fueron menores de lo que se esperaba. No hubo una gran crisis política, como se
había vaticinado, ni la quiebra del Estado, y el sistema de la Restauración sobrevivió al
“desastre” consiguiendo la supremacía del turno dinástico.
Los viejos políticos conservadores y liberales se adaptaron a los nuevos tiempos y a la
retórica de la regeneración y el régimen mostró una gran capacidad de recuperación.
Tampoco hubo crisis económica a pesar de la pérdida de los mercados coloniales
protegidos y de la deuda causada por la guerra.
Las estadísticas de la época nos muestran que en los primeros años del nuevo siglo los
precios se mantuvieron estables, se redujo la Deuda Pública y hubo una considerable
inversión proveniente de capitales repatriados. Así, la estabilidad política y económica que
siguió al desastre deja entrever que la crisis del 98, más que política o económica, fue
fundamentalmente una crisis moral e ideológica, que causó un importante impacto
psicológico entre la población.
En el plano social, el 98 provocó un fuerte descontento entre las clases populares,
debido a que casi la totalidad de las bajas de la última guerra cubana (más de 60.000 muertos)
y de los heridos eran de extracción social baja. Ese descontento se tradujo en un incremento
del rechazo hacia el sistema de reclutamiento de quintas, que eximía del servicio militar a
cualquier joven llamado a filas capaz de abonar de 2.000 Ptas. a las arcas del Estado, y a la
aparición de un cierto antimilitarismo y antiamericanismo.
En el plano ideológico y moral, las élites políticas, económicas, militares e
intelectuales del país vivieron la derrota como un trauma nacional. La derrota sumió a la
sociedad y a la clase política española en un estado de desencanto y frustración porque signifi-
có la destrucción del mito del Imperio español -en un momento en que las potencias europeas
estaban construyendo vastos imperios coloniales en Asia y África- y la relegación de España a
un papel de potencia secundaria en el contexto internacional.
b) El Regeneracionismo.
La crisis colonial favoreció la aparición de movimientos que, desde una óptica cultural o
política, criticaron el sistema de la Restauración y propugnaron la necesidad de una
regeneración y modernización de la política española.
Tras el 98 surgieron una serie de movimientos regeneracionistas que contaron con
cierto respaldo de las clases medias y cuyos ideales quedaron ejemplificados en el
pensamiento de Joaquín Costa, que propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos de un
pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población
("escuela y despensa y siete llaves al sepulcro del Cid").
También denunciaba que España se había convertido en un régimen oligárquico
donde una minoría, a través del caciquismo, se había hecho dueña del poder en beneficio
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propio.
Finalmente, la derrota militar supuso también un importante cambio en la mentalidad de
los militares, que se inclinaron en buena parte hacia posturas más autoritarias e intransigentes
frente a la ola de antimilitarismo que siguió al desastre. Esto comportó el retorno de la
injerencia del ejército en la vida política española, convencido de que la derrota había sido
culpa de la ineficacia y corrupción de los políticos y del parlamentarismo.
c) Agudización de los nacionalismos
Por otro lado, los movimientos regionalistas/nacionalistas conocieron una notable
expansión, sobre todo en el País Vasco y en Cataluña, donde parte de la burguesía industrial
comenzó a tomar conciencia de la incapacidad de los partidos dinásticos para desarrollar una
política renovadora y orientó su apoyo hacia las formaciones regionalistas/nacionalistas, que
reivindicaban la autonomía y prometían una política nueva y modernizadora de la estructura
del Estado.
En el País Vasco, Sabino Arana, después de haber escrito que el separatismo cubano
era una aberración, dio las gracias a los cubanos por debilitar España. En el ámbito del
catalanismo el grito de Prat de la Riba: ¡Salvemos a Cataluña!, reflejó la amargura de la
derrota, pero se planteaba en términos menos radicales, porque se sugería la posibilidad de
regenerar a España desde Cataluña.
d) La aparición de la Generación del 98
En la actualidad se discute el concepto de Generación del 98, pero es indudable que
muchos escritores, varios de los cuales firmaron un manifiesto en Toledo en 1900 enumerando
los problemas de España, se sintieron unidos el intento de sacudir la conciencia de un país
dormido, expresión de Unamuno. Aparte de Unamuno, habría que incluir en este grupo a
Azorín, Baroja, Antonio Machado, Valle Inclán y Ramiro de Maeztu como las figuras más
relevantes.
Todos, escritores y pensadores, coincidieron en la crítica de la política. No hay cosa
más abyecta que un político, apuntó Azorín en un artículo que podría haber lado cualquiera
de los escritores de su generación.
En definitiva, el año 1898 fue una fecha crítica, por la pérdida de las colonias, por la
derrota militar, pero aún más por la honda repercusión colectiva y el examen de conciencia que
el desastre despertó en la sociedad española.

HISTORIA DE ESPAÑA.2º BACHILLERATO Página 66

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