Título: El Local Extraño
Capítulo 1: La Tienda que No Debería Existir
Mateo caminaba por una calle que no recordaba haber visto antes. La lluvia caía
suavemente, y entre la neblina distinguió un pequeño local con un cartel gastado que
decía: "Curiosidades del Tiempo". Miró su reloj: eran las 11:59 p.m. ¿Cómo podía estar
abierto a esa hora?
Empujó la puerta, y una campana oxidada tintineó.
Capítulo 2: Objetos de Otro Mundo
El interior estaba iluminado por una luz tenue. Estanterías polvorientas exhibían objetos
extraños: relojes que giraban en sentido contrario, espejos que no reflejaban, y cajas con
nombres escritos en lenguas desconocidas.
—Bienvenido, Mateo —dijo una voz detrás del mostrador.
Un anciano de ojos brillantes lo miraba con una sonrisa enigmática.
Capítulo 3: Un Trato Peligroso
—¿Cómo sabe mi nombre? —preguntó Mateo, incómodo.
El anciano señaló un reloj de arena con su nombre grabado.
—Aquí vendemos lo que las personas buscan… aunque a veces no lo sepan.
Mateo vio un libro con su rostro en la portada. Lo abrió y leyó la historia de su vida,
hasta el preciso instante en el que estaba parado allí. Pasó la página y encontró… un
futuro que aún no había vivido.
—¿Cuánto cuesta? —preguntó, sin poder contenerse.
El anciano sonrió.
—Todo tiene un precio, joven.
Capítulo 4: La Decisión
Mateo hojeó las páginas. Había un accidente, una traición, un amor perdido. Pero al
final… un desenlace que no entendía: "Si eliges leer, olvidas cómo salir".
Levantó la vista y el anciano ya no estaba. El local se sentía más frío, más oscuro.
Intentó salir, pero la puerta estaba cerrada. Corrió hacia la ventana, pero afuera solo
había una inmensa negrura.
Capítulo 5: La Trampa del Local
Volvió al libro y vio una nueva línea escrita con tinta roja: Ya eres parte de la tienda.
Sintió que su cuerpo se volvía más ligero, como si se desvaneciera. Corrió al espejo más
cercano y vio que su reflejo comenzaba a borrarse.
Gritó, pero su voz no hizo eco en el silencio.
Capítulo 6: El Nuevo Dueño
A la mañana siguiente, un hombre caminaba por la misma calle y vio el extraño local.
Sintió curiosidad y entró.
Detrás del mostrador, un joven con ojos brillantes le sonrió.
—Bienvenido, Marcelo —dijo el nuevo dueño de la tienda.