CAPÍTULO 3.
IDENTIDAD Y ESTATUTO DEL EMBRIÓN HUMANO
A. VALOR ABSOLUTO DE LA VIDA DE LA PERSONA HUMANA.
A. El estatuto ontológico y ético del embrión humano se funda en el valor sagrado e inviolable de la
vida humana. Primero por su origen divino. Segundo por su destino eterno. El respeto de la vida tiene
un fundamento teológico: en ella está la imagen de Dios.
B. El derecho a la vida constituye el primer derecho fundamental de todo hombre independientemente
de su edad. “A partir de ese mismo momento [concepción] se le deben reconocer los derechos de la
persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida” (Dignitatis
Personae, n. 4).
B. INVIOLABILIDAD A LA LUZ DE LA RAZON.
La inviolabilidad del embrión tiene un fundamento racional ¿Cuándo comienza con exactitud la vida
humana? Para afrontar la cuestión acudimos a la metodología de la Bioética que une datos científicos,
antropología y valoración ética.
1. Estatuto biológico del embrión humano.
¿Cuándo comienza a existir un embrión humano?
En el instante en que empieza a existir su cuerpo: cuando el gameto masculino (espermatozoide)
penetra el femenino (óvulo) y se forma un nuevo embrión. Desde la fecundación.
Tres características afirman su identidad: distinto a sus padres (1º); con todas sus características
genéticas que determinan su identidad biológica irrepetible (2º); y que dirigirá por sí mismo todo el
proceso de crecimiento homogéneo de su organismo, sin salto cualitativo alguno (3º).
El llamado pre-embrión es una falsificación ideológica de la ciencia. El nuevo organismo se ira
construyendo paso a paso autónomamente, sin discontinuidad alguna y según un proyecto que ya posee
en su propio material genético.
a) Aportaciones desde la ciencia.
El punto de partida de la bioética es la biología y la medicina.
Excursos de conocimientos biológicos básicos.
1º. Ciclo menstrual. Duración: 28 días (1º:menstruación) Tres fases de cambios hormonales y
morfológicos: folicular, ovulatoria y lútea. En definitiva preparan el cuerpo de la mujer para la
fecundación y anidación del embrión.
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2º. Proceso de la fecundación. Protagonistas: gametos: espermatozoides y ovocito. El espermatozoide
ayudado por la trompa llega hasta el óvulo y lo fecunda. Óvulo y espermatozoide se funden para dar
origen a un nuevo individuo con una dotación genética completa (46 cromosomas), derivada de ambos
progenitores (varón y mujer).
El desarrollo de aquí en adelante está marcado por 3 características coordinación (interacción
coordinada de moléculas y células, bajo la guía del nuevo genoma), continuidad (sin cambios
sustanciales) y gradualidad (paso de fases menos diferenciadas a más diferenciadas).
3º. Desarrollo embrionario. La construcción del organismo es un proceso dinámico-complejo. Se
pasa de la única célula totipotente a pluripotentes, luego a las células madre multipotentes y
progenitoras y finalmente a células diferenciadas (tejidos concretos).
4º. Diálogo materno-embrionario y preparación para la implantación.
Diálogo que se inicia en las trompas, antes de la concepción.
Existe un diálogo molecular que convierte el sistema inmunológico materno en tolerante hacia
el embrión
El diálogo hormonal: coloquio bioquímico que se establece con la madre para preparar al
embrión para la implantación
Por ser la gestación una simbiosis de dos vidas, algunas células madre de la sangre del feto y
su placenta, que son pluripotenciales, pasan a la circulación materna.
b) Objeciones.
Por las que parece que el embrión no pertenece a la especie humana.
1. El embrión es un ser indefinido sin las características propias de un hombre. Respondemos que
evidentemente no es un adulto completamente desarrollado (como tampoco un niño lo es) no
obstante el proceso que se origina en el embrión es continuo y autónomo, sin solución de
continuidad y con una identidad nueva (distinta la de la madre y el padre)
2. Objeción por la divisibilidad. El embrión desde el inicio es individual, aun cuando puedan
existir fenómenos de división gemelar –por su totipotencia- (gemelos monocigóticos o
univitelinos) o incluso de fusión. Argumento de gran importancia en orden a esto es el
reconocimiento de los ejes embrionarios en la primera división asimétrica.
3. Objeción “del cerebro”. Algunos pretenden que solo podemos hablar de individuo humano
cuando existe un cerebro activo, argumentando por el paralelo con la muerte (que se certifica
por el cese de la función cerebral). Objeción falaz por cuanto hablamos de dos momentos del
todo diferentes: inicio de la vida en un organismo autónomo y ascendente; fin de la vida en un
organismo autónomo pero bajo un proceso descendente.
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2. Estatuto ontológico o antropológico del embrión humano (filosofía).
Aclaración: la cuestión ontológica, sobre la que se funda la dignidad del embrión, no pertenece a la
ciencia médica ni biológica, sino filosófica (metafísica y antropología). La ciencia simplemente nos ha
dicho que en el embrión encontramos una materia suficientemente dispuesta para recibir el alma
espiritual.
a) Todo individuo de la especie humana es persona.
Lo que individúa al embrión como miembro de la especie humana es el alma racional-espiritual, creada
de la nada inmediatamente por Dios y unida sustancialmente a un cuerpo (por muy diminuto que sea).
El estatuto de persona del embrión se toma de dos argumentos:
1) Unidad dinámica del crecimiento del embrión. No hay salto cualitativo – nos dice la
ciencia- a no ser la misma fecundación (Por eso, aunque la Iglesia no haya dado juicio,
la teoría de la animación inmediata es la más racional y coherente).
2) Destinación metafísica o antropológica del cuerpo a unirse con el alma en toda persona
humana. Por tanto si en el embrión encontramos ya un cuerpo apto es coherente y lógico
que se hable de un cuerpo animado.
Contra esto:
Error sensista: define la persona por los sentidos (solo hay persona una vez formado el sistema
nervioso central). El hombre: mero animal.
Error relacional: la persona se define por la capacidad de relación (por tanto su origen es la
anidación).
b) Concepto filosófico de persona humana a la luz de la teología del cuerpo.
El concepto de persona iluminado por la fe cristiana. La dignidad personal proviene de su
incomunicabilidad. La persona, como subsistente de una naturaleza intelectual-espiritual no puede
reemplazarse por nada: creada a imagen y semejanza de Dios es fin en sí misma y nunca puede ser
reemplazada por nada. La persona no se restringe ni se limita a su naturaleza. No obstante, aunque es
ser singular e irrepetible, tiene una naturaleza, un modo de ser que debe interpretar y actuar conforme a
sus principios y normas.
c) Unidad sustancial y cuerpo humano.
Cuerpo y alma: dos verdaderos co-principios que se reclaman metafísicamente, y no sólo
temporalmente. La identidad de la persona viene determinada por su cuerpo sexuado, que es elemento
constitutivo de la “imago Dei”, y por su capacidad comunional de amor interpersonal con alguien
diferente.
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3. Estatuto ético del embrión humano.
La ética respecto al embrión se sirve de la palabra de la ciencia y de la antropología. Su principio
básico será pues el respeto sagrado a la dignidad de un ser personal: un hombre. Así lo exige la
interdisciplinariedad de la bioética.
No es que se pueda “demostrar” propiamente (ni desde la biología ni desde la antropología) la
existencia del alma en el embrión. No obstante sí se puede demostrar en orden a una norma ética:
• Que el cigoto tiene un destino intrínseco con el ser personal en formación.
• Por tanto, que la mera probabilidad de que estemos ante un ser personal impide cualquier
atentado contra el mismo. Jamás se debe obrar con conciencia dudosa tratándose de algo tan
serio.
• Por lo demás, aún en la teoría de la animación retardada si no fuera un hombre y estuviera en
camino de serlo, sería pecado grave interrumpir un proceso tan delicado y sagrado.
Conclusión: éticamente es absolutamente condenable cualquier abuso del embrión, más todavía su
eliminación. Es pecado directamente contrario al 7 mandamiento y una violación grave de la dignidad
humana. Supone pasar a llevar el derecho social más fundamental: el derecho a la vida.
4. Estatuto jurídico del embrión humano.
El estatuto ético funda derechos y deberes inalienables con respecto al embrión. Derechos y deberes
que deben expresarse y normarse en leyes.
C. INVIOLABILIDAD DE LA VIDA HUMANA A LA LUZ SUPERIOR DE LA FE.
La Revelación bíblica refuerza la visión antropológica de la bioética personalista. La misma
encarnación nos revela la dignidad de la carne y del alma, la dignidad de todo el hombre.
Realmente, solo a la luz de la fe se comprende la grandeza de la vida física humana como un ser
llamado a la visión eterna de Dios en el cielo.
Por consiguiente se ha de excluir todo criterio de discriminación (discernimiento) sobre la dignidad de
la persona humana en base a su calidad. Por eso dice el salmo: “mi embrión, Señor, tus ojos lo veían”