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Leyes Discapacidad

El documento analiza la legislación venezolana en relación a los derechos de las personas con discapacidad, destacando la importancia de la Constitución y diversas convenciones internacionales que garantizan su igualdad, acceso a la educación, y protección contra la discriminación. Se enfatiza la necesidad de un compromiso estatal para asegurar la progresividad y efectividad de estos derechos, así como la eliminación de barreras que limitan su ejercicio. Además, se subraya la importancia de la inclusión y participación activa de las personas con discapacidad en todos los aspectos de la vida social y política.
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Leyes Discapacidad

El documento analiza la legislación venezolana en relación a los derechos de las personas con discapacidad, destacando la importancia de la Constitución y diversas convenciones internacionales que garantizan su igualdad, acceso a la educación, y protección contra la discriminación. Se enfatiza la necesidad de un compromiso estatal para asegurar la progresividad y efectividad de estos derechos, así como la eliminación de barreras que limitan su ejercicio. Además, se subraya la importancia de la inclusión y participación activa de las personas con discapacidad en todos los aspectos de la vida social y política.
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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN


UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL
“RAFAEL MARÍA BARALT”
PROGRAMA: EDUCACIÓN
PROYECTO: CIENCIAS SOCIALES

ANÁLISIS CRITICO SOBRE LA LEGISLACIÓN VENEZOLANA EN


RELACIÓN A LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

Autor:
Leal B. José L.

Lagunillas, noviembre de 2023


1. Constitución Nacional

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es la norma


suprema que rige el ordenamiento jurídico y político del país. En ella se
establecen los principios, derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos
y ciudadanas, así como la organización y funcionamiento de los poderes
públicos. Entre los derechos consagrados en la Constitución, se encuentran los
derechos humanos, que son aquellos inherentes a la persona, que no pueden
ser negados ni limitados arbitrariamente por el Estado o por otros individuos, y
que tienen como finalidad garantizar el libre desarrollo de la personalidad, la
dignidad humana y la participación democrática.

El artículo 19 de la Constitución establece que el Estado garantizará a toda


persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el
goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos
humanos. Este artículo implica que el Estado tiene el deber de respetar,
proteger y promover los derechos humanos de las personas con discapacidad,
tanto en el ámbito nacional como en el internacional, y que debe adoptar
medidas legislativas, administrativas, judiciales, educativas y sociales para
asegurar su efectividad. Asimismo, significa que los derechos humanos de las
personas con discapacidad no pueden ser restringidos ni suspendidos por
razones de su condición, y que deben ser considerados como un conjunto
integral e interrelacionado, que no admite jerarquías ni exclusiones. Sin
embargo, este artículo también plantea el desafío de garantizar la progresividad
de los derechos humanos de las personas con discapacidad, es decir, el
avance continuo y sostenido en su reconocimiento, realización y protección, sin
retrocesos ni regresiones, lo que requiere de un compromiso permanente y
colectivo del Estado, la sociedad y las personas.

El artículo 21 de la Constitución consagra la igualdad ante la ley y la


prohibición de toda forma de discriminación. Este artículo determina que todas
las personas con discapacidad tienen los mismos derechos y deberes, sin
distinción de su origen, condición, preferencia u opción, y que el Estado debe
garantizar el trato igualitario y equitativo de todos los ciudadanos y ciudadanas
con discapacidad. Asimismo, significa que el Estado debe adoptar medidas
positivas a favor de las personas con discapacidad o grupos que puedan ser
discriminados, marginados o vulnerables, para asegurar su inclusión y
participación efectiva en la vida social, económica, política y cultural del país.
Además, implica que el Estado debe sancionar los abusos o maltratos que se
cometan contra las personas con discapacidad por motivos discriminatorios, y
que debe promover el respeto a la diversidad y la tolerancia en la sociedad. Sin
embargo, este artículo también plantea el desafío de eliminar toda forma de
discriminación contra las personas con discapacidad, que se manifiesta en
actitudes, prácticas, normas o políticas que les niegan o limitan el ejercicio de
sus derechos, o que les imponen cargas o deberes adicionales, por razones de
su condición, lo que requiere de una transformación cultural, social y jurídica
del Estado, la sociedad y las personas.

El artículo 31 de la Constitución reconoce el derecho de acceso a la


información y a los datos personales. Este artículo pone de manifiesto que toda
persona con discapacidad tiene el derecho de conocer, solicitar, consultar y
recibir la información y los datos que sobre sí misma o sobre sus bienes
consten en registros oficiales o privados, con las excepciones que establezca la
ley, así como de conocer el uso que se haga de los mismos y su finalidad, y de
solicitar ante el tribunal competente la actualización, la rectificación o la
destrucción de aquellos, si fuesen erróneos o afectasen ilegítimamente sus
derechos. Asimismo, significa que el Estado debe garantizar el acceso a la
información pública, de interés general o social, que se genere, obtenga,
transforme o controle en el ejercicio de sus funciones, salvo las limitaciones
que establezca la ley por razones de seguridad, defensa, salud, privacidad u
otras que sean necesarias para el bien común. Además, implica que el Estado
debe proteger la confidencialidad y el secreto de los datos personales de las
personas con discapacidad, y que debe regular el tratamiento y la circulación
de los mismos, de acuerdo con los principios de legalidad, consentimiento,
finalidad, proporcionalidad, calidad y seguridad. Sin embargo, este artículo
también plantea el desafío de garantizar el acceso a la información y a los
datos personales de las personas con discapacidad, que se ve dificultado por
barreras físicas, comunicacionales, tecnológicas o institucionales, que impiden
o limitan su acceso a los medios, formatos, lenguajes o procedimientos
adecuados para obtener, consultar o recibir la información o los datos que
requieren o les conciernen, lo que requiere de una adaptación y una
accesibilidad universal del Estado, la sociedad y las personas.

El artículo 78 de la Constitución protege el derecho de la familia y de los


niños, niñas y adolescentes. Este artículo establece que el Estado reconoce y
garantiza el derecho de las personas con discapacidad a constituir una familia,
en cualquiera de sus formas, como la base fundamental de la sociedad, y que
debe brindarle protección integral, mediante políticas y leyes que aseguren su
bienestar, armonía y estabilidad. Asimismo, significa que el Estado reconoce y
garantiza el derecho de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad a
vivir, crecer y desarrollarse en el seno de su familia de origen, y que debe
protegerlos contra toda forma de abandono, violencia, abuso, explotación o
vulneración de sus derechos, mediante la aplicación del principio del interés
superior del niño, niña y adolescente, y la corresponsabilidad de la familia, la
sociedad y el Estado. Además, implica que el Estado debe garantizar el
derecho de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad a la participación,
la consulta, el respeto y la dignidad, y que debe promover su desarrollo
integral, mediante la educación, la salud, la recreación, la cultura, la seguridad
social y el trabajo digno, de acuerdo con su edad, capacidad y madurez. Sin
embargo, este artículo también plantea el desafío de proteger el derecho de la
familia y de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad, que se ve
amenazado por situaciones de pobreza, exclusión, violencia, desintegración o
desatención, que afectan su calidad de vida, su convivencia y su desarrollo, lo
que requiere de una atención y una asistencia especializada del Estado, la
sociedad y las personas.

El artículo 81 de la Constitución garantiza el derecho de las personas con


discapacidad a una vida plena e integrada a la comunidad. Este artículo señala
que el Estado reconoce y garantiza el derecho de las personas con
discapacidad a disfrutar de los mismos derechos y oportunidades que el resto
de la población, sin discriminación ni exclusión, y que debe brindarles atención
integral, mediante políticas y leyes que aseguren su desarrollo humano, social
y laboral. Asimismo, significa que el Estado debe garantizar el derecho de las
personas con discapacidad a la accesibilidad, la adaptación, la asistencia, la
rehabilitación, la educación, la salud, la cultura, el deporte, el trabajo, la
recreación y la seguridad social, y que debe promover su participación activa y
protagónica en la vida pública y privada. Además, implica que el Estado debe
garantizar el derecho de las personas con discapacidad a la igualdad de
condiciones y trato, y que debe respetar su autonomía, su capacidad jurídica y
su dignidad.

El artículo 103 de la Constitución asegura el derecho a la educación como


un servicio público de calidad y obligatorio. Este artículo instituye que el Estado
reconoce y garantiza el derecho de todas las personas a recibir una educación
integral, permanente, gratuita y de calidad, que contribuya al desarrollo de sus
potencialidades, al ejercicio pleno de su ciudadanía y a la transformación
social, económica y cultural del país. Asimismo, significa que el Estado debe
garantizar el derecho a la educación en todos los niveles y modalidades, desde
la educación inicial hasta la educación universitaria, y que debe promover la
diversidad, la innovación, la investigación, la creatividad, la participación y la
democracia en el sistema educativo. Además, implica que el Estado debe
garantizar el derecho a la educación en condiciones de igualdad, equidad e
inclusión, y que debe respetar la libertad de enseñanza, de aprendizaje, de
cátedra y de pensamiento, así como la pluralidad de enfoques, métodos y
tendencias pedagógicas.

2. Convención de los Derechos del Niño (1989)

La Convención sobre los Derechos del Niño es el primer tratado


internacional de derechos humanos que reconoce a los niños y niñas como
sujetos de derechos, y que establece los principios, las normas y las
obligaciones para garantizar el respeto, la protección y la promoción de sus
derechos.

El artículo 2 de la Convención establece que los Estados Partes respetarán


los derechos enunciados en la Convención y asegurarán su aplicación a cada
niño sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna, independientemente de la
raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole,
el origen nacional, étnico o social, la posición económica, el nacimiento, la
discapacidad o cualquier otra condición. Este artículo implica que los Estados
Partes tienen el deber de garantizar el trato igualitario y equitativo de todos los
niños y niñas, sin excluir ni marginar a ninguno por razón de su condición, y de
adoptar medidas positivas para prevenir, eliminar y sancionar toda forma de
discriminación contra los niños y niñas con discapacidad, que les niegue o
limite el ejercicio de sus derechos. Asimismo, significa que los Estados Partes
deben respetar la diversidad y la singularidad de cada niño y niña, y promover
el respeto mutuo y la tolerancia entre todos los miembros de la sociedad. Sin
embargo, este artículo también plantea el desafío de superar las actitudes, las
prácticas, las normas y las políticas que generan o perpetúan la discriminación
contra los niños y niñas con discapacidad, que se basan en prejuicios,
estereotipos, estigmas o ignorancia, y que afectan su dignidad, su autoestima,
su inclusión y su participación, lo que requiere de una transformación cultural,
social y jurídica del Estado, la sociedad y las personas.

El artículo 23 de la Convención reconoce que los niños y niñas con


discapacidad tienen derecho a recibir cuidados especiales y a disfrutar de una
vida plena y decente, en condiciones que aseguren su dignidad, su autonomía,
su integración social y su desarrollo personal. Este artículo implica que los
Estados Partes tienen el deber de proporcionar a los niños y niñas con
discapacidad la asistencia apropiada que requieran, en función de sus
necesidades y capacidades, y de facilitar el acceso a los servicios de salud,
educación, rehabilitación, ocio y recreación, que contribuyan a su bienestar, su
calidad de vida y su potencial. Asimismo, significa que los Estados Partes
deben respetar el derecho de los niños y niñas con discapacidad a permanecer
en su entorno familiar, siempre que sea posible y conforme a su interés
superior, y de brindar a sus padres o representantes legales la asistencia y el
apoyo necesarios para el desempeño de sus funciones. Además, implica que
los Estados Partes deben respetar el derecho de los niños y niñas con
discapacidad a expresar su opinión y a participar en las decisiones que les
afecten, de acuerdo con su edad y madurez. Sin embargo, este artículo
también plantea el desafío de asegurar la disponibilidad, la accesibilidad, la
calidad y la continuidad de los cuidados especiales y de los servicios para los
niños y niñas con discapacidad, que se ven limitados por la falta de recursos,
de personal, de infraestructura o de coordinación, y que afectan su atención, su
protección y su desarrollo, lo que requiere de una inversión y una gestión
eficiente y efectiva del Estado, la sociedad y las personas.

El artículo 28 de la Convención garantiza el derecho de los niños y niñas con


discapacidad a la educación, y establece que los Estados Partes harán
accesible la enseñanza primaria obligatoria y gratuita a todos los niños, y
fomentarán el desarrollo de distintas formas de enseñanza secundaria, tanto
general como profesional, y harán que sean asequibles y accesibles a todo
niño, y adoptarán medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y
reducir las tasas de deserción escolar. Este artículo implica que los Estados
Partes tienen el deber de garantizar el acceso, la permanencia, el progreso y el
egreso de los niños y niñas con discapacidad en el sistema educativo, sin
discriminación ni exclusión, y de adoptar medidas para eliminar las barreras
físicas, comunicacionales, curriculares, pedagógicas o actitudinales que
impidan o dificulten su aprendizaje. Asimismo, significa que los Estados Partes
deben garantizar la calidad, la pertinencia y la equidad de la educación para los
niños y niñas con discapacidad, y de adaptar los contenidos, los métodos, los
materiales y los recursos a sus necesidades y capacidades, y de proporcionar
el apoyo y la orientación necesarios para su desarrollo. Además, implica que
los Estados Partes deben garantizar la participación, la inclusión y la
integración de los niños y niñas con discapacidad en el sistema educativo, y de
promover el respeto, la convivencia y la cooperación entre todos los actores de
la comunidad educativa. Sin embargo, este artículo también plantea el desafío
de asegurar el cumplimiento efectivo del derecho a la educación de los niños y
niñas con discapacidad, que se ve amenazado por situaciones de pobreza,
marginación, violencia, desigualdad o ineficiencia, que afectan su matrícula, su
asistencia, su rendimiento y su permanencia en el sistema educativo, lo que
requiere de una política y una práctica educativa inclusiva, integral y
transformadora del Estado, la sociedad y las personas.
El artículo 29 de la Convención establece que los Estados Partes tienen el
deber de garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los niños
y niñas, incluidos los que tienen alguna discapacidad, y de orientar la
educación hacia el desarrollo integral de la persona, el respeto de los derechos
humanos, la convivencia pacífica y la participación ciudadana. Asimismo,
significa que los Estados Partes deben respetar la diversidad cultural,
lingüística y religiosa de los niños y niñas, y de promover el conocimiento, la
valoración y el diálogo entre las diferentes culturas, idiomas y religiones.
Además, implica que los Estados Partes deben respetar el derecho de los
niños y niñas a expresar su opinión y a ser escuchados en los asuntos que les
conciernen, especialmente en el ámbito educativo, y de fomentar su
creatividad, su curiosidad, su pensamiento crítico y su espíritu de investigación.
También plantea el desafío de adaptar los objetivos de la educación a las
necesidades, capacidades e intereses de los niños y niñas con discapacidad,
que requieren de una atención individualizada, un apoyo especializado, una
metodología flexible, un currículo diversificado y una evaluación adecuada, que
les permitan desarrollar su máximo potencial y lograr los aprendizajes
esperados. Así mismo, supone el desafío de garantizar la inclusión de los niños
y niñas con discapacidad en el sistema educativo, que implica eliminar las
barreras que dificultan su acceso, permanencia, progreso y egreso, y crear las
condiciones que favorezcan su integración, su interacción y su cooperación con
los demás actores de la comunidad educativa. Además, implica el desafío de
garantizar la participación de los niños y niñas con discapacidad en la
definición, implementación y evaluación de los objetivos de la educación, que
supone reconocerlos como agentes activos y protagonistas de su propio
proceso educativo, y como sujetos de derechos y deberes.

3. Declaración Universal de los Derechos Humanos

El artículo 2 establece el principio de no discriminación, y señala que toda


persona tiene los derechos y libertades proclamados en la Declaración, sin
distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de
cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento
o cualquier otra condición. Este artículo implica que las personas con
discapacidad tienen los mismos derechos que el resto de la población, y que el
Estado debe garantizar su respeto y su protección, sin excluirlos ni marginarlos
por razón de su condición. Sin embargo, este artículo también plantea el
desafío de eliminar las actitudes, las prácticas, las normas y las políticas que
generan o perpetúan la discriminación contra las personas con discapacidad,
que se basan en prejuicios, estereotipos, estigmas o ignorancia, y que afectan
su dignidad, su autoestima, su inclusión y su participación, lo que requiere de
una transformación cultural, social y jurídica del Estado, la sociedad y las
personas.

El artículo 7 establece el principio de igualdad ante la ley y el derecho a la


protección de la ley, y señala que todos son iguales ante la ley y tienen
derecho, sin distinción, a igual protección de la ley, y que todos tienen derecho
a igual protección contra toda discriminación que infrinja la Declaración y contra
toda provocación a tal discriminación. Este artículo implica que las personas
con discapacidad tienen derecho a acceder a la justicia, a recibir un trato justo
y equitativo, y a contar con las garantías procesales y los recursos legales
necesarios para defender sus derechos e intereses. Sin embargo, este artículo
también plantea el desafío de asegurar la accesibilidad, la adaptabilidad, la
calidad y la eficacia de los servicios y los mecanismos de justicia para las
personas con discapacidad, que se ven limitados por las barreras físicas,
comunicacionales, tecnológicas o institucionales, que impiden o dificultan su
acceso, su comprensión, su representación y su participación, lo que requiere
de una capacitación y una sensibilización del personal judicial, de una
adecuación y una innovación de los procedimientos y los medios, y de una
coordinación y una colaboración de los actores jurídicos.

El artículo 26 reconoce el derecho a la seguridad social, y señala que toda


persona tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo
nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los
recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales
y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su
personalidad. Este artículo implica que las personas con discapacidad tienen
derecho a acceder a los beneficios, las prestaciones y los servicios sociales
que les permitan cubrir sus necesidades básicas, mejorar su calidad de vida y
promover su autonomía e integración social. Sin embargo, este artículo
también plantea el desafío de garantizar la disponibilidad, la suficiencia, la
sostenibilidad y la universalidad de los sistemas y las políticas de seguridad
social para las personas con discapacidad, que se ven afectados por la falta de
recursos, de cobertura, de transparencia o de coordinación, y que generan
situaciones de pobreza, exclusión, dependencia o vulnerabilidad, lo que
requiere de una inversión y una gestión eficiente y efectiva del Estado, la
sociedad y las personas.

4. Ley Orgánica de Educación

El artículo 3 establece que la educación tiene como finalidad fundamental el


pleno desarrollo de la personalidad y el logro de un hombre sano, culto, crítico
y apto para convivir en una sociedad democrática, justa y libre, basada en la
familia como célula fundamental y en la valorización del trabajo; capaz de
participar activa, consciente y solidariamente en los procesos de
transformación social; consustanciado con los valores de la identidad nacional
y con la comprensión, la tolerancia, la convivencia y las actitudes que
favorezcan el fortalecimiento de la paz entre las naciones y los vínculos de
integración y solidaridad latinoamericana y caribeña. La educación fomentará el
desarrollo de una conciencia ciudadana para la conservación, defensa y
mejoramiento del ambiente, calidad de vida y el uso racional de los recursos
naturales; y contribuirá a la formación y capacitación de los equipos humanos
necesarios para el desarrollo del país y la promoción de los esfuerzos
creadores del pueblo venezolano hacia el logro de su desarrollo integral,
autónomo e independiente1. Este artículo implica que la educación debe ser
integral, permanente, pertinente, de calidad y con equidad, y que debe atender
a la diversidad de las necesidades, capacidades e intereses de las personas
con discapacidad, para garantizar su desarrollo humano, social y laboral, así
como su inclusión y participación efectiva en la sociedad. Sin embargo, este
artículo también plantea el desafío de adecuar el sistema educativo a los
principios y fines de la educación, y de superar las limitaciones y deficiencias
que afectan su eficiencia y eficacia, lo que requiere de una política y una
práctica educativa coherente, innovadora y transformadora.

El artículo 6 establece que todos tienen derecho a recibir una educación


conforme con sus aptitudes y aspiraciones, adecuada a su vocación y dentro
de las exigencias del interés nacional o local, sin ningún tipo de discriminación
por razón de la raza, del sexo, del credo, la posición económica y social o de
cualquier otra naturaleza. El estado creará y sostendrá instituciones y servicios
suficientemente dotados para asegurar el cumplimiento de la obligación que en
tal sentido le corresponde, así como los servicios de orientación, asistencia y
protección integral al alumno, con el fin de garantizar el máximo rendimiento
social del sistema educativo y de proporcionar una efectiva igualdad de
oportunidades educacionales1. Este artículo implica que las personas con
discapacidad tienen derecho a acceder, permanecer, progresar y egresar del
sistema educativo, sin exclusión ni marginación, y que el Estado debe
garantizar el trato igualitario y equitativo de todos los ciudadanos y ciudadanas,
y adoptar medidas positivas para prevenir, eliminar y sancionar toda forma de
discriminación contra las personas con discapacidad, que les niegue o limite el
ejercicio de sus derechos. Sin embargo, este artículo también plantea el
desafío de eliminar las barreras físicas, comunicacionales, curriculares,
pedagógicas o actitudinales que impiden o dificultan el acceso, la permanencia,
el progreso y el egreso de las personas con discapacidad en el sistema
educativo, y de crear las condiciones que favorezcan su integración, su
interacción y su cooperación con los demás actores de la comunidad educativa,
lo que requiere de una adaptación y una accesibilidad universal.

El artículo 26 establece que la educación especial estará orientada hacia el


logro del máximo desarrollo del individuo con necesidades especiales,
apoyándose más en sus posibilidades que en sus limitaciones y proporcionará
la adquisición de habilidades y destrezas que le capaciten para alcanzar la
realización de sí mismo y la independencia personal, facilitando su
incorporación a la vida de la comunidad y su contribución al progreso general
del país1. Este artículo implica que las personas con discapacidad tienen
derecho a recibir una atención educativa especializada, que responda a sus
necesidades y capacidades, y que les permita desarrollar su potencial y su
autonomía, así como su integración social y laboral. Sin embargo, este artículo
también plantea el desafío de asegurar la disponibilidad, la calidad y la
continuidad de la educación especial, que se ve limitada por la falta de
recursos, de personal, de infraestructura o de coordinación, y que afecta la
atención, la protección y el desarrollo de las personas con discapacidad, lo que
requiere de una inversión y una gestión eficiente y efectiva.

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