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Introducción al Derecho Procesal II

El documento aborda el derecho procesal, definiéndolo como la rama del derecho que regula el proceso judicial y las actividades de los órganos del Estado en la creación y aplicación de normas. Se discuten las normas procesales, su clasificación, y la relación entre normas procesales y sustanciales, así como la vigencia y límites de las leyes procesales. Se concluye que el derecho procesal es autónomo y esencial en la estructura del sistema jurídico, destacando su importancia en la administración de justicia.

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Introducción al Derecho Procesal II

El documento aborda el derecho procesal, definiéndolo como la rama del derecho que regula el proceso judicial y las actividades de los órganos del Estado en la creación y aplicación de normas. Se discuten las normas procesales, su clasificación, y la relación entre normas procesales y sustanciales, así como la vigencia y límites de las leyes procesales. Se concluye que el derecho procesal es autónomo y esencial en la estructura del sistema jurídico, destacando su importancia en la administración de justicia.

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MATERIA: Derecho Procesal II y Prácticas.

TITULAR: Dr. Julio Quinteros.

APUNTE SEGÚN PROGRAMA DE ESTUDIO O ENSEÑANZA.

UNIDAD TEMÁTICA I

1. EL DERECHO PROCESAL. Concepto. Contenido. Las ramas del derecho procesal.


Formación del proceso civil contemporáneo. Evolución de la legislación procesal
argentina.

Concepto.

Un primer acercamiento al concepto del derecho procesal podría efectuarse, por antonomasia,
a través de la herramienta fundamental del derecho positivo, esto es, la Teoría Pura del
Derecho elaborada por Kelsen, conforme la cual que toda norma jurídica, desde el punto de
vista formal, reconoce su fundamento de validez en la circunstancia de haber sido creada por
el órgano y de conformidad con el método específico prescripto por una norma
jerárquicamente superior.

Tal conclusión es válida respecto de toda clase de normas, sean ellas generales, como las leyes,
o individuales, como las sentencias judiciales y los actos administrativos. En ese orden de ideas
la Constitución, que se halla ubicada en el grado superior del ordenamiento jurídico, designa
cuáles son los órganos habilitados para crear normas generales y determina,
asimismo, el procedimiento o procedimientos que esos órganos deben observar a tal fin: es así
como instituye un Poder Legislativo facultado para emitir ese tipo de normas y prescribe cómo
ellas deben sancionarse (iniciativa, votación, mayorías necesarias, etc.).

Las leyes, a su turno, cumplen frente a las sentencias y actos administrativos un papel
sustancialmente semejante al de la Constitución con respecto a éstas, con la sola diferencia de
que gravitan en mayor medida sobre el contenido (elemento material) de las normas
individuales. "La relación entre la legislación y la jurisdicción o la administración —sostiene
KELSEN— es así, de manera general, semejante a la que existe entre la constitución y la
legislación. La única diferencia reside en la manera en que la norma superior determina a la
norma inferior. En un caso el elemento formal prepondera sobre el elemento material, en el
otro los dos elementos se equilibran".

En definitiva, si la creación de toda norma jurídica es el resultado de uno o de varios


procedimientos cumplidos por un órgano del Estado provisto de competencia para ello, se
comprende que desde el punto de vista de la teoría general del derecho, el derecho procesal
puede ser definido como aquella rama de la ciencia jurídica que se refiere al proceso en
sentido amplio, entendiendo por tal a la actividad desplegada por los órganos del Estado en la
creación y aplicación de normas jurídicas generales o individuales. Ese derecho procesal en
sentido amplio sería susceptible de dividirse en: derecho procesal constitucional, derecho
procesal legislativo, derecho procesal administrativo y derecho procesal judicial. Sin embargo,
éste último es el que reviste suficiente autonomía como para ser objeto de una disciplina
independiente con relación a los diversos sectores en que se divide el llamado derecho
material.

Ahora bien, dejando a un lado la definición amplia, y con base en la autonomía observada en
el párrafo precedente, el derecho procesal en sentido estricto alude a aquella rama del
derecho que estudia por un lado el conjunto de actividades que tienen lugar cuando se
somete a la decisión de un órgano judicial o arbitral la solución de cierta categoría de
conflictos jurídicos suscitados entre dos o más personas (partes), o cuando se requiere la
intervención de un órgano judicial para que constituya, integre o acuerde eficacia a
determinada relación o situación jurídica. También forma parte del derecho procesal, aunque
a título secundario, el estudio de numerosas actividades vinculadas con la organización y
funcionamiento interno de los órganos judiciales, cuyo objeto consiste en facilitar el desarrollo
de las actividades precedentemente mencionadas. Dentro de este sector se encuentran
comprendidas las diversas funciones de orden administrativo y reglamentario conferidas a los
tribunales de justicia (designación, remoción, etc., de funcionarios y empleados;
expedición de reglamentos, etc.).

Contenido.

Respecto al contenido, existe acuerdo doctrinario en asignar al derecho procesal el estudio de


las siguientes materias:

1º) Jurisdicción y competencia de los órganos judiciales, y régimen jurídico a que se hallan
sometidos los integrantes de estos últimos (facultades, deberes, etc., de los jueces y de sus
auxiliares). Desde el mismo punto de vista orgánico, también forma parte del derecho
procesal lo concerniente a la capacidad, designación y recusación de los árbitros y amigables
componedores.

2º) Régimen jurídico de las partes y peticionarios y de sus representantes y asistentes. A este
punto se halla vinculado el estudio de la pretensión procesal y de la petición procesal
extracontenciosa, que constituyen, respectivamente, el objeto de los procesos contencioso y
voluntario.

3º) Requisitos, contenido y efectos de los actos procesales y trámite del proceso a través de
los distintos procedimientos que lo integran.

Las ramas del derecho procesal.

En el derecho positivo argentino sólo cabe reconocer a dos tipos de procesos judiciales —el
civil y el penal— suficiente autonomía como para justificar la existencia de sendas ramas
del derecho procesal.

El derecho procesal civil se ocupa del estudio de todos aquellos procesos cuyo objeto consiste
en una pretensión o petición fundada en el derecho privado (civil y comercial). En nuestro
país, sin embargo, es aún habitual incluir en el marco de aquella disciplina al proceso laboral,
pues no obstante la índole específica de los conflictos que en él se ventilan, la mayor parte de
los principios del proceso civil mantiene vigencia a su respecto. La misma reflexión cabe en
relación con los procesos judiciales originados en pretensiones fundadas en normas
constitucionales, administrativas y tributarias.

Es así que la doctrina acepta, corrientemente, la idea de que el derecho procesal se halla
emplazado en un ámbito secundario con relación al denominado derecho sustancial o
material. Se arguye, en apoyo de esa tesis, que las normas que regulan el proceso carecen de
un fin en sí mismas y constituyen sólo un medio para lograr la realización de los intereses
tutelados por las normas sustanciales. Estas últimas serían, así, normas primarias, mientras
que las normas procesales serían normas-medio, instrumentales o secundarias. Empero,
existen respecto a la mentada subordinación numerosos cuestionamientos, por ejemplo, Las
normas jurídicas carecen, en rigor, de finalidad, pues no son más que conceptos a través de
los cuales es posible interpretar una determinada realidad de conducta; aunque se aceptase
la idea de que las normas procesales carecen de un fin en sí mismas, cabría observar que lo
mismo ocurre con las numerosísimas normas mediante las cuales el llamado derecho
sustancial o material establece, por ejemplo, requisitos formales de los actos jurídicos. O bien,
que el esquema normativo completo de que el juez se vale para dictar sentencia, se halla
irremisiblemente integrado por disposiciones contenidas tanto en las leyes procesales cuanto
en las leyes sustanciales, pues unas y otras concurren, coordinadas en un pie de igualdad, a
acordar el sentido jurídico de la norma individual en que aquélla consiste. A ello cabe añadir
que, de la conducta observada por las partes durante la sustanciación del proceso, y, por
consiguiente, de las normas procesales que sirven para interpretarla, depende, en definitiva,
la aplicabilidad o inaplicabilidad de las correspondientes normas materiales.

Es por ello que cabe afirmar, irremediablemente, que el derecho procesal constituye una rama
autónoma de la ciencia jurídica. Y ello no es así por razones contingentes y variables, según
ocurre con otros sectores del ordenamiento jurídico, sino porque opera dentro de un ámbito
de conductas fundamentalmente distinto del que conceptualizan las normas de derecho
material. Aun sin recurrir a la tesis que explica la naturaleza jurídica del proceso
caracterizándolo como una relación jurídica independiente con respecto a la relación de
derecho material, la finalidad específica de las actividades que en él se cumplen explica que
los vínculos jurídicos que surgen entre el juez y las partes, así como los requisitos y efectos de
los actos procesales, se encuentren regidos por principios propios, ajenos a los del derecho
material.

El derecho procesal pertenece al derecho público. No obsta a ello la circunstancia de que los
preceptos aplicables a las relaciones jurídicas que se controvierten en el proceso civil
correspondan, como regla, al derecho privado, por cuanto la inclusión del derecho procesal
dentro de aquel cuadro de las disciplinas jurídicas está dada por la posición preeminente que
en el proceso asume el Estado a través de sus órganos judiciales. Éstos, en efecto, no se hallan
al nivel de las partes o de los terceros, sino por encima de ellos, a quienes pueden imponer,
unilateralmente, la observancia de determinadas conductas. Consecuencia de este carácter del
derecho procesal es que las partes no se encuentren habilitadas para regular el
desenvolvimiento del proceso de acuerdo con su voluntad. Es inadmisible, en suma, el
proceso convencional; lo que no es óbice, sin embargo, para que ciertas normas específicas
(normas dispositivas), acuerden a las partes la facultad de regular aspectos particulares del
proceso.

2. LAS NORMAS PROCESALES. Unificación de las normas procesales en nuestro derecho.


Concepto. Clasificación de las normas procesales. Normas procesales y normas
sustanciales. Los Códigos de Procedimiento. Vigencia y límite temporal y espacial de
las leyes procesales.

Concepto.

Es sabido que las normas procesales no se encuentran ubicadas exclusivamente en los Códigos
de Procedimientos y en las leyes sobre organización y competencia de los órganos judiciales.
También las hay —y en número considerable— en la Constitución Nacional, en los Códigos
de fondo a que se refiere el art. 75, inc. 12 de dicha Constitución, y en los ordenamientos
jurídicos nacionales y provinciales de la más diversa índole. De allí que resulte inapropiado
determinar la naturaleza procesal de una norma sobre la base de su contingente ubicación
legal, y que sea necesario, para ello, atender a otros criterios. Es por ello que la doctrina ha
enunciado varios, por ejemplo, dividiendo a las normas, desde el punto de vista de la finalidad
a que sirven, en materiales e instrumentales, y sostiene que mientras las primeras componen
inmediatamente un conflicto de intereses, imponiendo una obligación y atribuyendo
eventualmente un derecho (subjetivo).

Igualmente merece destacarse el intento de diferenciación emprendido por James


Goldschmidt, y posteriormente completado por Roberto Goldschmidt. Parte de la existencia de
un derecho justicial, al que se concibe como la disciplina que tiene por objeto una relación
jurídica constituida entre la justicia estatal y los súbditos y se divide en derecho justicial formal
y material según que, respectivamente, regule el proceder del juez o el cómo de la decisión
judicial. Las normas procesales se hallarían incluidas dentro de la primera categoría, que sólo
contempla el aspecto "formal" de aquella relación.

En la experiencia jurídica, sin embargo, resultan difícilmente escindibles tales aspectos formal
y material, por cuanto la mayor parte del "proceder" judicial se exterioriza a través de
decisiones. Es, en cambio, perfectamente posible discernir entre el cómo y el qué de la
decisión, y advertir, en consecuencia, que el primero corresponde íntegramente al derecho
procesal. Por otra parte las normas procesales concurren, con las llamadas materiales, a la
determinación del contenido de la decisión, bastando pensar, para demostrarlo, en el caso
frecuente del litigante que resulta vencido por no haber ofrecido su prueba dentro del plazo, o
por haber sido declarado negligente en su producción.

La complejidad de la experiencia jurídica descarta la posibilidad de formular una distinción


categórica desde el punto de vista del funcionamiento de las normas. Pero atendiendo al
contenido de ellas, pueden denominarse normas materiales (en sentido estricto) a las que en
razón de mentar el modo o los modos de ser de la conducta pre procesal de las partes, son
invocadas por éstas como fundamento de sus pretensiones, peticiones o defensas. Constituyen
normas procesales, en cambio, aquellas que conceptualizan: 1º) La clase de órganos
habilitados para intervenir en los procesos, su competencia y los derechos, deberes, etcétera,
de las personas físicas que los integran; 2º) La actuación de dichos órganos, de las partes de los
auxiliares de aquéllos y de éstas y de los terceros durante el desarrollo del proceso, así como
los requisitos y efectos de los actos procesales y el orden en que éstos deben cumplirse; 3º)
Cómo debe comportarse el órgano judicial (o arbitral), en oportunidad de dictar la sentencia
definitiva, para determinar el modo o los modos de ser de la relación o situación jurídica que
motivó el proceso.

En consecuencia, mientras las normas materiales regulan normalmente el qué de la decisión, o


sea, el contenido de la sentencia, las normas procesales determinan el quién y el cómo de
dicho acto, comprendiendo, desde luego, a la actividad que lo precede. Pero tales
consideraciones no excluyen la necesaria incidencia que también tienen las normas procesales
en el contenido de la decisión.

Clasificación de las normas procesales.

Las normas procesales han sido clasificadas desde distintos puntos de vista. Se distingue,
por ejemplo, entre normas orgánicas y normas procesales propiamente dichas, según que,
respectivamente, regulen la organización y competencia de los órganos judiciales o los actos
del proceso y el desarrollo del procedimiento. También entre normas procesales formales y
materiales: mientras las primeras regulan las condiciones de forma, tiempo y lugar de los actos
procesales, las segundas determinan los requisitos de capacidad y legitimación, el contenido y
los efectos de esos actos.

Mayor importancia práctica reviste la clasificación de las normas procesales en absolutas (o


necesarias) y dispositivas (u optativas o voluntarias).

Son normas absolutas aquellas que deben aplicarse siempre que concurra el supuesto para el
que han sido dictadas, de modo tal que el juez no puede prescindir de ellas aunque las partes
lo pidan de modo concordante. Participan de este carácter, por ejemplo, las normas que
determinan la competencia por razón de la materia, del valor y del grado; las que establecen
los requisitos de la demanda; las que prohíben la admisión de una prueba; etcétera.

Son normas dispositivas aquellas de cuya aplicación cabe prescindir, sea por mediar acuerdo
expreso de las partes en tal sentido, sea por la omisión consistente en no poner de relieve su
inobservancia.

Vigencia y límite temporal y espacial de las leyes procesales.

En ausencia de normas reguladoras del régimen intertemporal de las leyes procesales,


corresponde formular las siguientes distinciones:

1º) Una ley procesal nueva no puede válidamente, por lo pronto, aplicarse a aquellos procesos
que, a la fecha de su entrada en vigencia, se encuentren concluidos por sentencia firme. Lo
contrario implicaría una manifiesta violación de la garantía constitucional de la propiedad (CN,
art. 17), la cual es comprensiva de los derechos reconocidos mediante sentencia pasada en
autoridad de cosa juzgada.
2º) Por el contrario, la nueva ley debe aplicarse a los procesos que se inicien con posterioridad
a su entrada en vigencia, prescindiendo del tiempo en que se constituyeron las relaciones
jurídicas sobre que ellos versen.

3º) Los procesos en trámite pueden ser alcanzados por la ley nueva siempre que ello no
importe afectar a los actos procesales cumplidos, y que han quedado firmes bajo la vigencia de
la ley anterior.

Respecto a la eficacia de las normas procesales en el espacio, se hallan sujetas al llamado


principio de la territorialidad de la ley. Sólo tienen vigencia, por lo tanto, dentro del ámbito
territorial del Estado que las dictó, y se aplican tanto a los procesos íntegramente tramitados
ante los órganos judiciales de ese Estado cuanto a las diligencias procesales particulares
cumplidas por aquéllos a requerimiento de órganos judiciales extranjeros.

En lo que respecta a la operatividad de las leyes extranjeras, el Cód. Civ. y Com. establece que
cuando un derecho extranjero resulta aplicable: a) el juez establece su contenido, y está
obligado a interpretarlo como lo harían los jueces del Estado al que ese derecho pertenece, sin
perjuicio de que las partes puedan alegar y probar la existencia de la ley invocada. Si el
contenido del derecho extranjero no puede ser establecido se aplica el derecho argentino; b)
si existen varios sistemas jurídicos covigentes con competencia territorial o personal, o se
suceden diferentes ordenamientos legales, el derecho aplicable se determina por las reglas en
vigor dentro del Estado al que ese derecho pertenece y, en defecto de tales reglas, por el
sistema jurídico en disputa que presente los vínculos más estrechos con la relación jurídica de
que se trate; c) si diversos derechos son aplicables a diferentes aspectos de una misma
situación jurídica o a diversas relaciones jurídicas comprendidas en un mismo caso, esos
derechos deben ser armonizados, procurando realizar las adaptaciones necesarias para
respetar las finalidades perseguidas por cada uno de ellos (art. 2595).

En materia de oficios entre jueces de la República, se hallan en principio regidos por la lex fori
los requisitos de tiempo, lugar y forma de los actos procesales cuyo cumplimiento se delega a
través de aquel medio de comunicación. No así los requisitos atinentes a la admisibilidad
intrínseca y eventual valoración de dichos actos, que están sujetos a la ley procesal del lugar
donde tramita el juicio, salvo que contraríen manifiestamente el orden público local. Tales
conclusiones han sido expresamente recogidas por el convenio celebrado entre la Nación y la
provincia de Santa Fe con fecha 19 de octubre de 1979 (aprobado por ley 22.172), y al cual se
han adherido las restantes provincias, cuyo art. 2º dice: "La ley del lugar del tribunal al que se
remite el oficio rige su tramitación, salvo que en éste se determine expresamente la forma de
practicar la diligencia, con transcripción de la disposición legal en que se funda. En caso de
colisión de normas el tribunal al que se dirige el oficio resolverá la legislación a aplicar y la
diligenciará". El art. 4º de dicho convenio establece, asimismo, que "el tribunal al que se dirige
el oficio examinará sus formas y sin juzgar sobre la procedencia de las medidas solicitadas, se
limitará a darle cumplimiento, dictando las resoluciones necesarias para su total ejecución.
El tribunal que interviene en el diligenciamiento del oficio no dará curso a aquellas medidas
que de un modo manifiesto violen el orden público local. No podrá discutirse ante el tribunal al
que se dirige el oficio la procedencia de las medidas solicitadas, ni plantearse cuestión de
ninguna naturaleza ([Link]. negligencia en la producción de la prueba). Las de competencia, sólo
podrán deducirse ante el tribunal oficiante".

3. LAS FUENTES DEL DERECHO PROCESAL CIVIL. Concepto y clases. La Constitución. Las
leyes procesales. Los reglamentos y las acordadas judiciales. La costumbre. La
jurisprudencia. La doctrina.

Concepto y clases.

Son fuentes del derecho procesal todos aquellos criterios de objetividad que, en razón de
expresar la valoración de la comunidad, o de sus órganos, acerca de una determinada realidad
de conducta, pueden ser invocados por los jueces para esclarecer el sentido jurídico de las
conductas que deben juzgar durante el desarrollo del proceso.

Cabe poner de relieve que el nuevo Código Civil y Comercial contempla


expresamente la cuestión de las fuentes del derecho —y, con íntima vinculación, la de las
reglas de interpretación de la ley— en los arts. 1º y 2º en los siguientes términos: "Art. 1º. —
Fuentes y aplicación. Los casos que este Código rige deben ser resueltos según las leyes que
resulten aplicables, conforme con la Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos
en los que la República sea parte. A tal efecto, se tendrá en cuenta la finalidad de la norma. Los
usos, prácticas y costumbres son vinculantes cuando las leyes o los interesados se refieren a
ellos o en situaciones no regladas legalmente, siempre que no sean contrarios a derecho".
"Art. 2º. — Interpretación. La ley debe ser interpretada teniendo en cuenta sus palabras, sus
finalidades, las leyes análogas, las disposiciones que surgen de los tratados sobre derechos
humanos, los principios y los valores jurídicos, de modo coherente con todo el ordenamiento".
Si bien estas previsiones rigen en forma inmediata para el derecho privado, su alcance
impacta de modo indirecto al derecho procesal destinado a regular los trámites donde se
ventilen pretensiones de esta naturaleza.

En escala decreciente de obligatoriedad constituyen fuentes del derecho procesal: 1º) la ley, la
costumbre y la jurisprudencia obligatoria; 2º) la jurisprudencia no obligatoria; 3º) la doctrina.
Conviene aclarar que si bien la palabra "ley" se utilizó en sentido amplio, es decir, entendida
como toda norma general formulada en forma expresa y reflexiva por un órgano competente,
al estudiarse las fuentes del derecho procesal civil en particular, se deben considerar
separadamente las normas contenidas en la Constitución Nacional, en las leyes procesales
propiamente dichas y en los reglamentos y acordadas judiciales.

Los reglamentos y acordadas judiciales.

A fin de facilitar el mejor funcionamiento de la administración de justicia, y frente a la


imposibilidad de prever los múltiples problemas de orden práctico que la actividad procesal
puede suscitar, las leyes suelen conferir a los tribunales superiores la facultad de dictar normas
generales, destinadas a complementar los textos legales referentes a ciertos aspectos de la
organización judicial y a la regulación de los procedimientos.

Según versen sobre diversas materias o sobre un punto determinado, tales ordenamientos de
tipo general se denominanrespectivamente, reglamentos judiciales y acordadas
reglamentarias, aunque corresponde señalar que todos los reglamentos judiciales se dictan
mediante "acordadas". Éstas constituyen resoluciones judiciales, y se las llama así para
diferenciarlas de las sentencias, con las que, en ocasiones, tienen en común la circunstancia de
configurar normas "individuales", si bien exclusivamente referidas a las materias
comprendidas dentro de las facultades de superintendencia que competen a los tribunales
superiores. Tal lo que ocurre, por ejemplo, cuando éstos disponen designar, remover o
conceder licencia a un empleado o funcionario.

La costumbre.

La costumbre —entendida como toda norma general creada espontáneamente a través de la


repetición de determinadas conductas, y a cuyo respecto media el convencimiento
comunitario de su obligatoriedad— se exterioriza, en el proceso civil, mediante las siguientes
modalidades:

1º) Por la remisión que a ella hacen las normas legales (costumbre secundum legem).

2º) En la vigencia de ciertas "prácticas judiciales" desarrolladas en ausencia de específicas


reglamentaciones sobre aspectos secundarios del trámite procesal (costumbres extra legem).

3º) Por la caída en desuso de numerosas normas contenidas en los Códigos y leyes procesales,
que terminan así por desaparecer de la vida jurídica (costumbres contra legem). Ocurre, en
efecto, que de hecho, y con el asentimiento tácito de las partes, los jueces y demás
funcionarios judiciales ordenan o conducen la actividad procesal, en ciertos casos, con
prescindencia de expresas prescripciones normativas.

La jurisprudencia.

Jurisprudencia significa, en su acepción más difundida, la forma concordante en que los


órganos judiciales se pronuncian en oportunidad de resolver casos similares. El conjunto de
fallos así dictados determina la creación de normas o reglas que, como expresión de
valoraciones vigentes, son utilizadas por los jueces para justificar el carácter jurídicamente
objetivo que deben revestir sus decisiones y constituyen por consiguiente, fuentes del
derecho. La jurisprudencia es una fuente subordinada a la ley, pues su función consiste en
establecer especies que se incluyen o excluyen del marco genérico de aquélla. De lo cual se
sigue, asimismo, que hallándose asentada la autoridad de la jurisprudencia en la fuerza de
convicción que le acuerda la reiteración de los fallos y la consecuente aceptación comunitaria
de la doctrina que éstos consagran, ella carece del grado de obligatoriedad que reviste la ley.

La doctrina.

La doctrina de los autores carece de fuerza vinculatoria para el juez. El sentido general que
goza de acatamiento comunitario está directamente dado en la comunidad (costumbre), o en
sus órganos (ley y jurisprudencia) a los que respalda el apoyo comunitario. De aquí su carácter
obligatorio. En la doctrina, en cambio, no ocurre así. El juez acude voluntariamente a ella para
encontrar el sentido objetivo del caso y señala en ella la intersubjetividad necesaria, pero no se
encuentra constreñido a ella por la comunidad directa o indirectamente. La
gravitación de la doctrina no se produce por razones institucionales, sino simplemente
morales, en función de su mérito; porque únicamente se ha de seguir las enseñanzas de la
teoría, la doctrina de los teóricos, en cuanto convenza de la bondad de los caminos que
propone para alcanzar la finalidad que se persigue. El estudio de la evolución de la doctrina
procesal muestra la sucesiva preeminencia de dos orientaciones fundamentales en el modo de
encarar los problemas que el proceso plantea: la exegética y la científica o sistemática. La
primera —de inspiración francesa— se caracterizó por el hecho de exponer la disciplina a
través de comentarios formulados a los preceptos legales, generalmente de acuerdo con el
orden en que aquéllos se encuentran establecidos en los Códigos, sin afrontar, por lo tanto, el
análisis de las instituciones y de los principios procesales en su esencia y conexiones. Y la
segunda, de raigambre germana, caracterizó su preocupación por explicar las instituciones
procesales a través de un complejo de ideas básicas vinculadas, principalmente, a la naturaleza
de la acción y del proceso, figuras jurídicas éstas que comenzaron a concebirse con arreglo a
nuevas pautas, ajenas a las suministradas por el derecho privado.

4. LA JURISDICCIÓN. La función jurisdiccional. Jurisdicción judicial y voluntaria.


Facultades del órgano jurisdiccional y de los sujetos en la incoación del proceso, en la
decisión del proceso y en la ejecución del mismo.

Es la función pública, realizada por órganos competentes del Estado, con las formas requeridas
por la ley, en virtud de la cual, por acto de juicio, se determina el derecho de las partes, con el
objeto de dirimir sus conflictos y controversias de relevancia jurídica, mediante decisiones con
autoridad de cosa juzgada, eventualmente factibles de ejecución.

La jurisdicción tiene por finalidad la actividad de dirimir conflictos y decidir controversias que
se presentan frente a los órganos específicos. La función jurisdiccional es un medio de asegurar
la necesaria continuidad del derecho.

Caracteres.

 Indelegable - es decir, que sólo puede ejercerla la persona especialmente designada al


efecto, y cuyas aptitudes se han debido tener en cuenta para la designación. El titular
de la jurisdicción sólo puede comisionar a otras personas la realización de diligencias
que no puede hacer personalmente.

 Única - sólo existe jurisdicción del Estado como función, derecho y deber de este.

 De orden público - por lo que las leyes que la rigen no pueden ser alteradas ni
modificadas por la simple voluntad de las partes.

 Función pública - es inherente al Estado. Constituye un servicio público en virtud del


cual todos los habitantes tienen derecho a pedir que se ejerza la jurisdicción.

Para poder declarar el derecho, la actividad jurisdiccional cuenta con una serie de poderes:
 Decisión
Es el poder del juez para declarar el derecho aplicable al caso particular que es
sometido a su decisión.
 Imperium
Es la facultad del juez para ordenar a la fuerza pública la ejecución de las resoluciones
judiciales; o sea, poder para dar la orden de ejecución de la sentencia.

Por su función jurisdiccional, el Estado administra justicia mediante los órganos judiciales.
Estos órganos públicos ejercen la clásica iurisdictio, concebida, en la actualidad, como una
potestad pública y soberana, con funcionarios especialmente seleccionados y designados
(los jueces), quienes gozan de estabilidad e inmunidad en sus cargos mientras dure su
buena conducta.
El ejercicio de la función jurisdiccional corresponde, primordialmente, al PJ, aunque el PL
puede también ejercerla, tal el caso del juicio político. Pero no puede ni debe ser ejercida
por el PE, ya que así lo dispone el art. 95 CN.

Se llama “juez” al magistrado que, investido del poder jurisdiccional del Estado, se
encuentra encargado de dirimir los conflictos de derecho que se presentan a su
conocimiento de acuerdo a las reglas de competencia y de resolver todas las
demás situaciones jurídicas que le encomiende la legislación.
Se trata de un funcionario público que integra el poder judicial, cuya misión
específica es procesar y, en su caso, resolver los litigios presentados a su
conocimiento, pudiendo también ejecutar lo resuelto cuando así lo amerite la
cuestión.

Entre las facultades de los jueces podemos enumerar:

- Notio - esto es, la facultad para conocer sobre los hechos en una
determinada cuestión litigiosa.
- Vocatio - que es la facultad para compeler a las partes a que comparezcan al
proceso.
- Coertio - que se traduce en la facultad de emplear la fuerza para el
cumplimiento de las medidas ordenadas dentro del proceso, a fin de hacer
posible su desenvolvimiento (se ejerce tanto sobre las personas como sobre
las cosas).
- Judicium - que es la facultad para resolver el litigio con efecto de cosa
juzgada.
- Executio - que es la facultad de ejecutar, mediante el uso de la fuerza pública,
la sentencia no acatada espontáneamente por las partes, a fin de que las
facultades antes mencionadas no se tornen ilusorias.
- También poseen facultades disciplinarias y ordenatorias.

Clasificación.

A. Jurisdicción Legislativa (Ej. Juicios Políticos con los funcionarios y magistrados


enumerados en los artículos 53, 59 y 60 del C.N.)
B. Jurisdicción Administrativa: Tribunales Militares, de Faltas, Fiscales, Aduaneros etc.
Actúan y se organizan en forma similar a los tribunales judiciales, pero en realidad su
tarea es una actividad administrativa del Estado. La diferencia esencial con los
Tribunales Judiciales es el carácter de tercero imparcial: el juez – en el proceso judicial
– actúa como tercero imparcial en los conflictos que le toca resolver. Por el contrario,
el Tribunal Administrativo actúa como Juez y parte. Y es de su propia esencia que las
decisiones de éstos últimos pueden siempre ser revisada en un Proceso por ante
Tribunales Judiciales (Poder Judicial del Estado).

C. Jurisdicción Judicial: Es la que ejerce el Poder Judicial, órgano al cual se le asigna


esencialmente la función de resolver cuestiones de derecho.

1. Nacional o Federal: (Delegada) Arts. 108 y 116 de la C.N.

2. Provincial o propia: art. 5 y 75 inc. 11 de la C.N.

3. Contenciosa: hay contienda, controversia, litigio, partes opuestas, es decir,


personas que no quieren lo mismo y tiene o representan intereses distintos y
contrapuestos (Ej. Solicito se me repare el daño causado por una persona en su
accionar y el mismo se opone y esgrime que la responsabilidad fue mía).

4. Voluntaria: No hay controversias, contiendas o litigios; la actividad del Juez se


limita a dar autenticidad a un acto o a reconocer la existencia de una situación de
hecho (Ej. Designación de Tutores para los incapaces, rectificación de partidas,
sucesiones etc.). Es así, que la tarea del Juez poco tiene que ver con la actividad
jurisdiccional propiamente dicha – resolver contiendas - , ya que no hay conflicto
de intereses y solo se trata de pedidos que podrían según muchos autos ser
evacuados en instancias de órganos administrativos. Esta última cuestión se
resuelve por políticas legislativas.

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