REFLEXIONES SOBRE EL MÉTODO TEOLÓGICO,
ANTE EL SURGIMIENTO DE LA TEOLOGÍA INDIA
+ Octavio Ruiz Arenas
Obispo de Villavicencio
Toda ciencia para poder cumplir con sus parámetros epistemológicos y científicos tiene
que recurrir a un método apropiado, o camino sistemático, que le permita llevar a cabo sus
objetivos propios. La teología, aunque no es en sí misma una ciencia como las demás, sin embargo
es “ciencia de la fe”, que está al servicio de la Iglesia para ayudar a iluminar, fundamentar y aclarar
la comprensión de la fe cristiana. Su trabajo científico está encaminado a elaborar de un modo
intelectualmente exacto, comunicable y verificable el mensaje cuya verdad creemos por la fe. Por
esta razón la teología debe llevar a una exposición metódica y crítica de la teología vivida, lo cual
corresponde a una exigencia de la misma vida del hombre creyente 1. Así, pues, el teólogo no es
un investigador cualquiera, es ante todo un hombre de fe, pues para hacer teología se requiere una
experiencia viva y práctica de la fe2. De esta manera, por lo tanto, la teología tiene que partir
objetivamente de la fe y del conocimiento de fe que la Iglesia presente tiene y ha tenido en cada
uno de los momentos de su historia.
Las anteriores consideraciones, por consiguiente, nos hacen ver que la teología no puede
estar ajena a la problemática del método científico y que tiene que tener un método propio, pues
de lo contrario no cumpliría con las exigencias necesarias para un verdadero trabajo de
investigación científica. El hecho de que la fe sea su objeto propio no la exime de un serio trabajo
intelectual, ya que la fe no es, ni puede ser, un acto que anule la razón, por el contrario, la fe exige
que el ser humano justifique ante sí mismo su decisión de creer. En otras palabras, la opción libre
de la fe requiere un acto consciente, puesto que una fe irracional y ciega, que anulara totalmente
la inteligencia del hombre, sería una fe inhumana y, por ende, no cristiana, ya que dicha fe no
respetaría la naturaleza del ser humano. 3
El método teológico, por lo tanto, se encamina a ayudar a resolver la tensión fundamental
entre la instancia de la razón y la de la fe y en consecuencia también la inevitable dialéctica entre
la recepción de la fe (auditus fidei) y su posterior elaboración (intellectus fidei)4. No podemos
olvidar, en efecto, que el núcleo de nuestra fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima
Trinidad, del cual parten y se iluminan los demás misterios, constituyendo, por ende, la enseñanza
más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe. Al respecto nos dice el Catecismo
de la Iglesia Católica que “Toda la historia de la Salvación no es otra cosa que la historia del
camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se
1
Cf. Ruiz O., Jesús, Epifanía del amor del Padre (Bogotá, 19843) 23-31; Alszeghy Z. – Flick M., Cómo se hace
teología (Madrid 1976) 15-35.
2
Cf. Comisión Teológica Internacional, “Theses de magisterii Ecclesistici et theologiae ad invicem relatione” en :
Gregorianum 57 (1976) 549-563, thesus 6 n. 2.
3
Cf. Ruiz O., Jesús, Epifanía del amor del Padre, 184.
4
Cf. Pastor F., “Método teológico y «depositum fidei»” en Colección Documentos CELAM., El método teológico
(Santafé de Bogotá, 1994) 104.
revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado y se une a ellos”5. Abordar este
misterio con la sola razón es imposible, pero sin ella la fe tampoco podría lograr hacer vislumbrar
al ser humano la grandeza que se le ofrece. La Iglesia, para lograr un acercamiento a las realidades
de la fe, ha tenido que ir elaborando paulatinamente una metodología teológica en la que se
combinan muchísimos elementos, pero que de una u otra forma ha intentado ayudar a la
comprensión del depositum fidei, el cual en sí mismo tiene una gran relevancia como instancia
teológica.
1. Planteamientos generales acerca del “método teológico”
El problema del método está determinado por las ciencias modernas, ya que el
conocimiento que nuestra época tiene de la realidad y de la verdad pasan por la mediación de la
ciencia y de la técnica. “La esencia de estas ciencias es el método, es decir, el camino planificado,
reflejo, continuo y críticamente seguro que conduce a una meta del entendimiento totalmente
determinada. El método es el arte de la selección y abstracción de acuerdo con unas condiciones
que uno mismo se ha puesto de antemano y con vistas a una problemática determinada” 6. Esta
conciencia moderna sobre el método no puede aplicarse, sin embargo, de manera simple a la
teología, ya que ella no es sólo comprobación de que Dios ha hablado en la historia, sino que exige
la fe y la contemplación de la verdad misma que pretende estudiar. En otras palabras, la teología
pertenece al ámbito de lo que la tradición llama «sapientia», es decir, es una experiencia (sapere)
y, al mismo tiempo, una interiorización de la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Cor 4,6). Por
esta razón el concepto de método tiene que ser más amplio, tiene que ir más allá del simple proceso
ordenado y planificado cuyo objetivo sea obtener conocimientos fundamentados y coherentes
acerca de un campo determinado por la realidad.
Ahora bien, el punto de partida para hablar del método que se utiliza en la elaboración
teológica lo constituye la individualización del objeto y la formulación exacta de la pregunta a la
que se quiere responder con medios adecuados. La respuesta a ese interrogante es lo que da
consistencia al quehacer teológico, cuyo punto de partida es la fe y su punto de llegada el entender.
Entre esos dos puntos se sitúa la “quaestio”, el preguntar acerca de qué, por qué, para qué y cómo
se cree. De ese modo podemos decir que la fe conlleva en sí misma un impulso para buscar la
comprensión de su objeto y que se vale ampliamente de otras ciencias para lograrlo. En efecto,
además de la filosofía, recurre a la hermenéutica y a la filosofía del lenguaje, a la antropología y a
la filosofía de la cultura, a la ética y a la filosofía de la historia.
El trabajo del teólogo, por lo tanto, responde al dinamismo presente en la fe misma, ya que
la Verdad quiere comunicarse. Por esto la teología indaga la "razón de la fe" y la ofrece como
respuesta a quienes la buscan. De esa manera la teología contribuye a que la fe sea comunicable y
a que la inteligencia de los que no conocen a Cristo la pueda buscar y encontrar 7.
1.1. La teología y su objeto
5
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 234.
6
Kasper W., Unidad y pluralidad en teología. Los métodos dogmáticos (Salamanca 1969) 15-16.
7
Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo (1990) 8.
Lo anterior es lo que quiere sintetizar San Anselmo cuando nos da una precisa y breve
definición de teología: fides querens intellectum. Se trata de una contemplación de la fe, con un
elemento dinámico de búsqueda de sentido: el trabajo científico y racional puesto a su servicio.
Por consiguiente la teología parte de la fe -que es y será siempre un don gratuito de Dios y no la
conclusión de un estudio profundo o de una investigación científica para demostrar una verdad-
con miras a buscar su desarrollo y crecimiento, para hacer hasta cierta medida comprensible al ser
humano la revelación de la salvación, la cual es el origen constitutivo de la teología y fuente de
sus contenidos teológicos, como también fundamento de sus certezas.
El objeto de la teología en general es la vida y la doctrina de fe de la Iglesia en su referencia
a la revelación de Dios uno y trino; y la pregunta que se plantea es la siguiente: ¿qué significa,
cómo puede interpretarse y hacerse comprensible la doctrina de la revelación de Dios en Cristo
atestiguada por la fe y la predicación de la Iglesia?8 Desde este punto de vista, sin embargo, es
necesario tener siempre presente que Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, constituye la
automanifestación de Dios y la revelación plena e insuperable de la verdad última del hombre y
de la historia y, por lo tanto, viene a ser la clave de interpretación para comprender el sentido
último del hombre y de la realidad 9. Sintetizando todos estos elementos podemos afirmar que el
objeto de la teología es: Dios, nuestra salvación, tal como se ha manifestado en y por Jesucristo,
proclamado y vivido en la fe de la Iglesia 10.
La teología pretende en fin de cuentas humanizar el acto de fe, mostrando cómo la vida del
creyente no es ajena a los problemas que agobian al mundo, sino que, por el contrario, trata de
responder a los anhelos y angustias del hombre. Por esta misma razón su elaboración exige una
gran seriedad y estar permanentemente abierta a una pluralidad de formas de expresión 11, para que
se adapte y responda a cada época y a cada cultura, pero manteniendo la unidad de la fe que, como
hemos dicho, constituye el núcleo central que pretende explicitar y hacer comprensible.
1.2. Sujeto de la teología
Ahora bien, quien pregunta es la misma comunidad eclesial, de tal manera que ella
constituye el sujeto propio de la teología. En efecto, es en la Iglesia donde se escucha y se recibe
la Palabra de Dios y el teólogo, por consiguiente, es un creyente, miembro de esa comunidad, que
pone al servicio de ella su reflexión y su trabajo de investigación. La teología tiene entonces un
profundo sentido eclesial, en cuanto que busca el crecimiento de la fe y el desarrollo del testimonio
de la caridad.
8
Cf. Pozzo G., “Método. Teología sistemática” en: aa.vv., Diccionario de Teología Fundamental, 913.
9
Nos dice el Vaticano II: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.
[...] todas las verdades encuentran en Cristo su fuente y su corona. [...] Este es el gran misterio del hombre que la
Revelación cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte,
que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y
nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: ¡Abba!, ¡Padre!” Constitución Pastoral
gaudium et spes, 22.
10
Ruiz O., Jesús, Epifanía del amor del Padre, 29.
11
Cf. Documento de Puebla 376.
La Iglesia en realidad ha sido consciente de que ella es el sujeto propio de la fe, y por esta
razón la comunidad eclesial es el “yo” del credo 12 , de tal manera que el cristiano no cree
aisladamente en Jesucristo, sino que cree junto con toda la Iglesia. Sólo la Iglesia nos conduce, por
la fuerza del Espíritu Santo, al único Cristo de ayer, hoy y siempre y nos introduce en la comunidad
de todos los que han creído en él.
1.3. El método teológico y su objeto
Por su parte el “método” teológico no considera los contenidos de la revelación, sino que
se refiere más bien al aspecto formal y estructural de la teología. En realidad el método busca
exponer los fundamentos y los presupuestos del conocimiento teológico, ya que su objeto lo
constituye el estudio de las normas, criterios y operaciones que utiliza el teólogo para desarrollar
correctamente su actividad13. Así, pues, el estudio del método teológico exige mirar múltiples
variables y la evolución misma de la teología que ha tenido diversas presentaciones de acuerdo
con los métodos utilizados para su elaboración y con el influjo y las exigencias del bagaje cultural
que ha ido acumulando a lo largo de los siglos.
Al respecto, en un encuentro que propiciaron en Bogotá tanto la Congregación para la
Doctrina de la Fe como el CELAM, uno de los expositores hacía ver cómo a lo largo de la historia
de la Iglesia para poder articular toda la problemática que envuelve la metodología teológica se
han utilizado principalmente cinco paradigmas fundamentales: en la tradición patrística se recurre
al paradigma espiritualista del platonismo cristiano, regido por el principio de INTEGRACIÓN entre
la razón y la fe, tanto el entendimiento busca la fe, como éste la comprensión intelectual; en la
teología escolástica, se utiliza el paradigma del aristotelismo cristiano, regido por el principio de
la SUBORDINACIÓN de la filosofía a la teología y de la razón a la fe y por ello se hablaba de la
filosofía como sierva de la teología; el período del pensamiento nominalista se orienta por el
paradigma de la vía moderna, regido por una YUXTAPOSICIÓN entre las esferas de la razón y de la
fe; en el período moderno se hace uso del paradigma racionalista, en el que se pretende
SUBORDINAR la fe al juicio de la razón crítica; en contraposición a lo anterior surge un paradigma
fideísta, también regido por un principio de SUMISIÓN, pero en este caso de la razón, considerada
incapaz y sometida al pecado, a la luz de la fe 14.
Lo anterior nos hace ver que a lo largo de la historia de la teología han sido numerosos los
métodos que se han sucedido en la búsqueda y en la hermenéutica de la verdad revelada. En efecto,
la tarea de la teología es tratar de interpretar el dato revelado, pero una interpretación concreta e
histórica que responda a la realidad específica de la vida de la Iglesia y de la humanidad de cada
época. No se trata de una simple traducción del dato revelado en un lenguaje moderno, sino de un
proceso de adecuación de la Buena Nueva a las exigencias, reclamos y valores de cada cultura y
de cada tiempo. De hecho la historia de la teología atestigua que son posibles puntos de vista
diferentes y diversas claves de lectura, por ejemplo los teólogos de la antigüedad y los del
12
Cf. Ratzinger J., “Las dimensiones del problema” en Comisión Teológica Internacional El pluralismo teológico
35-36.
13
Cf. Pozzo G., “Método. Teología sistemática”, 909.
14
Cf. Pastor F., “Método teológico y «depositum fidei», 105; Id., La lógica de lo inefable, 170ss.
medioevo preferían el punto de vista cosmológico, los teólogos contemporáneos han preferido el
punto de vista antropológico y han adoptado características personalísticas e históricas 15.
El método en teología, sin embargo, no se queda reducido a una técnica externa que se
aplica a la comprensión de la verdad, puesto que involucra a la realidad misma que pretende
estudiar. En otras palabras, el método es camino que conduce a la verdad, pero a su vez ese camino
forma parte de la verdad misma, en cuanto que la verdad no la encuentra en forma pura y aislada,
sino dentro de un contexto existencial –el llamado Sitz im Lebem- determinado por realidades
antropológicas, sociológicas, culturales, religiosas y políticas. De esta manera la teología no es una
ciencia “neutra”, sino que se compromete con la realidad presente para iluminar desde la fe la
existencia humana. Pero precisamente por esto, nos damos cuenta, entonces, que estamos frente a
una tarea en la que está presente la fe de una comunidad y, sobre todo, la acción del Espíritu Santo,
que se vale del quehacer teológico para hacer crecer la comprensión de la revelación.
15
El concilio Vaticano II ha reconfirmado la justa libertad de pensamiento y de búsqueda de la teología en estos
términos: “Conservando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, según la función encomendada a cada uno,
guarden la debida libertad, tanto en las varias formas de vida espiritual y de disciplina, con la diversidad de ritos
litúrgicos e incluso en la elaboración teológica de la verdad revelada; pero practiquen todos la caridad. Porque,
con este modo de proceder, todos manifestarán cada vez más plenamente la auténtica catolicidad, al mismo tiempo
que la apostolicidad de la Iglesia” Decreto Unitatis redintegratio 4.