Fallo
Fallo
En Buenos Aires, Capital de la República Argentina, a los días del mes de junio de 2023,
reunidos en Acuerdo los Señores Jueces y la Señora Jueza de la Excma. Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil, Sala “B”, para conocer en los recursos interpuestos en los autos
caratulados: “Mariño Rodríguez Isabel y otro c/Morales Atia Ezequiel Manuel y otro s/daños y
perjuicios (acc. tran. c/les o muerte) / ordinario” (EXP. N 76587/2017), respecto de la sentencia
dictada el día 13 de septiembre de 2022, el Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:
Practicado el sorteo resultó que la votación debía efectuarse en el siguiente orden: Dr.
ROBERTO PARRILLI- Dra. LORENA FERNANDA MAGGIO- Dr. CLAUDIO RAMOS
FEIJOO.
I.- Este proceso se originó con la demanda que interpusieran Antonio Vico e Isabel
Mariño Rodríguez contra Ezequiel Manuel Morales Atia; Fabián Alberto Zapiola y sus
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Con base en esas pruebas, concluyó que “ambos rodados y sus conductores -los Sres.
Fabián Alberto Zapiola y Ezequiel Manuel Morales Atia- presentan una evidente vinculación en
la mecánica con la que se produjo el fatídico evento, con idéntico peso causal, puesto que no
sólo resulta reprochable ingresar a una vía rápida con un vehículo en malas condiciones, con el
aditamento de no dirigirse para concluir la detención a una zona segura en la banquina, sino
también el hecho de hacerlo en forma distraída, al punto de no advertir no sólo al vehículo”.
En consecuencia, hizo lugar a la demanda atribuyendo igual grado de participación en el
hecho ilícito a los demandados Fabián Alberto Zapiola y Ezequiel Manuel Morales Atia y los
condenó a pagar a Antonio Vico la suma pesos dos millones dos mil quinientos ($ 2.002.500.), y
a Isabel Mariño Rodríguez, la suma de pesos dos millones setecientos dos mil quinientos ($
2.702.500.-) de acuerdo con los porcentajes de responsabilidad asignados y en ambos casos más
sus intereses y las costas del juicio (ver aquí).
Dicha condena se extendió en la medida del contrato de seguro a “Allianz Argentina
Compañía de Seguros Sociedad Anónima” y “Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A”.
conforme art. 118 de la ley 17.418.
III.- Contra dicho pronunciamiento, expresaron agravios la actora Isabel Mariño
Rodríguez – solamente en relación a la indemnización a ella reconocida- mediante escrito
presentado el día 14 de octubre de 2022 (ver aquí) cuyo traslado fue contestado por la citada en
garantía “Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A.” en el punto III del escrito presentado
el 21-10-22 (ver aquí); Fabián Alberto Zapiola (ver aquí) y Ezequiel Manuel Morales Atías, este
último a través del escrito presentado el 18 de octubre de 2022 (ver aquí)
Por su parte, Morales Atías expresó agravios el día 14-10-2022 (ver aquí) el cual fue
respondido por la actora (ver aquí); “Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A.” en el
punto III de del escrito que presentara el día 21-10-22 (ver aquí) y Fabián Alberto Zapiola en el
escrito de fecha 25-10-22 (ver aquí). Allí también este último expresó agravios contra la
sentencia que fueron contestados por la actora (ver aquí) y por “Allianz Argentina Compañía de
Seguros S.A” – aseguradora de Morales Atías- (ver aquí).
Finalmente, “Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A.” – aseguradora de Zapiola-
se agravió en el punto II de su escrito de fecha 21-10-2022 (ver aquí) cuyo traslado fue
contestado por la actora (ver aquí); Morales Atias (ver aquí) y “Allianz Argentina Compañía de
Seguros S.A” (ver aquí).
IV.- Frente a lo dispuesto en el art. 194 del Código Procesal, debo observar que si bien
nada dice el Sr. Juez en la sentencia recurrida y este proceso se encuentra acumulado a los autos:
“Zapiola Fabián Alberto c/ Morales Atía Ezequiel Manuel s/ daños y perjuicios” (EXP. N.
54.134/2018) – ver resolución dictada en aquél proceso con fecha 11-11-2020 (ver aquí) lo cierto
es que las partes intervinientes en aquél proceso – aquí demandados- no han realizado
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Eduardo Ramón y otro s/ daños y perjuicios (acc. tran c/ les o muerte” (Expte n° 1736/2013) del
13-6-2019 y “Landin Gabriel Enrique c/ Soler José Luis y otros s/ daños y perjuicios (acc. tran c/
les o muerte) Exp. N° 36.876/2015 del 11-6-2019; in re, “Peralta Alberto Inocencio c/ Expreso
General Sarmiento S.A y otros s/ daños y perjuicios” (acc. tran c/les o muerte) Exp. N°
23.847/2014” del 24-6-19, entre otros; in re “Mármol Juan José c/Méndez Fernando Gregorio y
otros s/ daños y perjuicios (acc. tran. c/les o muerte)” (EXP N° 66.401/2015), en actual
composición de esta Sala, del 13-5-2022) cuyo incumplimiento generará un obrar culposo que
derivará en el quiebre total o parcial del nexo causal entre el riesgo creado y el daño pues
resultaría contrario al principio de razonabilidad de la ley (art. 28 CN) que quien cumple la ley
de tránsito sea condenado a indemnizar junto a quien no lo hizo.
Es que estamos en presencia de “una ley especial, por lo que prima su aplicación sobre
la ley general. Ante la responsabilidad basada en un factor objetivo de atribución (como lo
determina el art. 1113, 2° párr., 2° parte, del Cód. Civ. –hoy art. 1757 y sgtes. CCyC-), el
juzgador deberá examinar el juego de esa presunción al analizar las eximentes (hecho de la
víctima o de un tercero por quien no se debe responder). […] Por último, debemos observar que
el juez debe “priorizar” las normas de tránsito al analizar un accidente de tránsito. Se debe
reconocer que las mismas son muy poco citadas en las sentencias nacionales y en los escritos de
demanda y contestación. En muchas oportunidades sólo se cita al art. 1113, 2° párr., 2° parte,
del Cód. Civil, olvidando las normas específicas de la circulación vial.” (Ley de Tránsito, con
nota de Fernando A. Sagarna, pág. CIX; Ed. “La Ley”).
Expuesto lo anterior, debo decir que ya no se discute la legitimación de las partes –
resuelta en la sentencia recurrida- ni es materia de debate en esta instancia, ni lo ha sido en la
anterior, que en las circunstancias de tiempo y lugar narradas en la demanda sucedió el accidente
de tránsito que da origen a este proceso y que, a causa del mismo se produjo la muerte Laura
Carina Vico Mariño hija de los actores, quien viajaba en el rodado marca Peugeot 306, patente
DLK-586 conducido por Fabián Alberto Zapiola, el cual fue impactado desde atrás por el
automotor Volkswagen Vento, dominio OFI-925, conducido por Ezequiel Manuel Morales Atia,
luego de haber detenido su marcha en el carril rápido de la Autopista Panamericana.
El Sr. Juez, centró todo el debate en determinar el modo en que se produjo el accidente y,
como ya adelantara, consideró que ambos conductores demandados contribuyeron, en partes
iguales, a la producción del accidente y los condenó en esas proporciones a pagar el
resarcimiento a los actores.
La condena y el modo de satisfacerla, ha sido consentida por los actores quienes,
solamente dirigieron sus agravios a los rubros que integran la cuenta indemnizatoria,
pretendiendo su incremento.
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mecánico (lo contrario sería pensar en un suicidio) no resulta en lo absoluto menor que mi parte
sostuvo taxativamente que la existencia del desperfecto mecánico invocado no le impedía al
conductor desplazar el rodado hacia la banquina (por más angosta que fuera) de manera de
facilitar o posibilitar (en mayor grado) su esquive” y, en la misma dirección, afirmó que “no se
ha producido prueba alguna en autos que acredite cual fue la razón por la que el conductor
Zapiola no desplazó su rodado hacia lugares menos riesgosos, sino que optó por detener su
vehículo en medio del carril más veloz”. Sostuvo que “las presunciones (juris tantum) a las que
alude el sentenciante (embistente y chocar de atrás) caen en la circunstancia imprevisible e
inimaginable de encontrarse con un rodado detenido en el carril más rápido (de 130 km/h) de
una autopista” y agregó que “el hecho (veraz) que otros vehículos hubieran podido esquivar al
rodado detenido depende de cada circunstancia vivida ciertamente aleatoria”. En esa dirección,
destacó que “tal como resulta del propio relato incorporado en la sentencia dictada, el vehículo
que precedía a Morales Atia estaba a 40 mts de distancia. Recién cuando quien lo precedía
esquivó al auto detenido, este apareció visualmente de manera repentina y, para esquivarlo,
previamente debía verificarse que a su derecha no hubiera otro vehículo ya que, cualquier
maniobra de elusión, podría implicar un choque en cadena de diez autos circulando a 120 kms
por hora”. Se preguntó que hubiera resuelto el Señor Juez de grado “si al intentar esquivar al
codemandado Zapiola se hubiera producido un choque en cadena con participación de diez
automotores”. Señaló que entre el momento en que se detuvo el Peugeot de Zapiola y se produjo
el impacto transcurrió un “tiempo suficiente” para que la víctima “se bajara del vehículo y
caminara hacia adelante alejándose de todo riesgo”. Concluyó que el accidente sucedió por el
obrar de Zapiola y la víctima, y que se le está atribuyendo un hecho imprevisible e inevitable
(arts. 1729, 1730 y 1731 del CCyC).
Considero que las críticas de los recurrentes no permiten modificar la distribución de
responsabilidad que se ha decidido en la anterior instancia y que comparto.
En lo que respecta a Zapiola, el agravio de que se le atribuye que el automóvil estaba en
malas condiciones es insustancial.
Digo lo anterior porque lo decisivo es que aquél se detuvo en el carril rápido de la
Autopista Panamericana, sentido a Provincia obstruyendo la circulación y no hay una sola prueba
en la causa penal, ni en este proceso, que permita aseverar que esa detención se debió a una falla
mecánica, ni que ese supuesto desperfecto le hubiera impedido desplazar el vehículo los carriles
lentos.
De modo que la afirmación del recurrente, en punto a que su detención no fue
“antirreglamentaria” porque “no le quedó otra opción” no tiene correlato probatorio.
Claro que no paso por alto el fluido tránsito de la Panamericana del cual informa el
experto, el poco tiempo transcurrido desde la detención repentina al choque; la imposibilidad de
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descender para colocar las balizas – (algo que contradice la culpa que pretende atribuirla a la
víctima)- ni el hecho de que anunciaba su detención con las “balizas traseras del automóvil
Peugeot”.
Sin embargo, mal puede alegarse una fuerza mayor, con base en esos argumentos,
cuando, reitero, ni siquiera se probó el desperfecto mecánico.
Dicho de otra manera, la alternativa es de hierro: si no se probó el desperfecto mecánico
no se justifica la detención y la violación del art. 48 inciso “i” de la ley 24.449 – detención
irregular del vehículo sobre el carril rápido de la Panamericana mano a Provincia- aparece
nítidamente configurada y, si esa falla mecánica existió, queda en evidencia un vicio en el
vehículo que compromete la responsabilidad de Zapiola en los términos del art. 1757 del CC y
que, en modo alguno, puede considerarse un supuesto de fuerza mayor, tal como lo explica el Sr.
Juez y el codemandado no se ocupa de rebatir, menos cuando ni siquiera sabemos el alcance de
aquél desperfecto.
Es decir, por una u otra razón, la responsabilidad que le cabe a Zapiola es incuestionable.
En forma coincidente con lo expuesto, la Sala ha recordado- con cita de la Suprema Corte
de la Provincia de Buenos Aires (Ac. 10/6/69 en DJBA 87-325) y CCiv.y Com, San Isidro, Sala
II, c.45.332 de fecha 17/11/87, 43.877 del 29/8/88) – que un automóvil detenido sobre la ruta,
implica la creación de un riesgo y más cuando la detención se produce en una autopista ya que en
ella los conductores depositan mayor confianza y más compleja resulta cualquier maniobra
elusiva, por la cantidad de rodados que circulan paralelamente, la detención en tal circunstancia
crea una presunción de responsabilidad directa del riesgo que significa (cfr. voto del Dr. Ramos
Feijóo in re “Fernández, José Luis c. Fiorentín, Víctor Alejandro del 30/09/2005, TR LALEY
AR/JUR/9510/2005).
Pero si, por lo dicho, debe confirmarse la condena a Zapiola, igual solución cabe respecto
de Morales Atia pues, a mi entender, hay pruebas que este último, con su obrar, contribuyó a la
producción del accidente en igual medida.
Es que el hecho por él reconocido en punto que otros vehículos esquivaron al Peugeot de
Zapiola (“el hecho (veraz) que otros vehículos hubieran podido esquivar al rodado detenido”)
no depende como afirma “de cada circunstancia vivida ciertamente aleatoria” sino de conducir
con cuidado y prevención (art. 39 inciso “b” ley 24.449), a una velocidad que le permita al
conductor tener el control sobre el vehículo (art. 50 ley citada) y a una distancia con el vehículo
que lo precede que posibilite contar con tiempo de reacción ante situaciones imprevistas (art. 48
“g” y art. 77 inciso “n” de la ley citada, texto según ley 26.363). Claro que la aleatoriedad
también estará, como está en toda circunstancia futura, pero si se cumplen las normas de tránsito
los siniestros viales pueden evitarse y eso es aquí lo decisivo.
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Además, parece lógico pensar que, si el vehículo queda detenido en la banquina o a solo
uno o dos carrilles de aquélla puede uno bajar e irse, pero si, como en el caso, se está más lejos
hay que evaluar quedarse dentro del automóvil 1. Bajar es siempre peligroso incluso para poner
las balizas portátiles. En especial si es un carril de gran velocidad y hay baja visibilidad. El
mayor peligro al salir es terminar atropellado2
En suma, la conducta de la víctima no puede juzgarse con el hecho consumado, sino por
las circunstancias de tiempo y lugar donde se encontraba en el momento que sucediera y,
ponderando las mismas, no podemos considerar, por lo ya explicado, que el hecho de
permanecer en el vehículo haya tenido relevancia jurídica para eximir de responsabilidad,
siquiera parcialmente, a los aquí demandados.
Con base en todo lo expuesto propongo al Acuerdo rechazar los agravios de todas las
partes respecto a lo resuelto en punto a la responsabilidad confirmando este segmento de la
sentencia.
VI.- Cabe ahora considerar los agravios vinculados con la cuantía de los rubros que
componen la cuenta indemnizatoria
Isabel Mariño Rodríguez circunscribió sus agravios respecto a las sumas que a ella le
fueran reconocidas por su propio derecho y los herederos de Antonio Vico no se agraviaron del
resarcimiento reconocido al antes nombrado. La co-actora cuestiona genéricamente el “quantum
indemnizatorio” correspondiente a los rubros “indemnización por fallecimiento”, “daño moral” y
“daño psicológico” que a ella le fuera reconocido, propiciando se incremente. Sin embargo,
todos los agravios que expone refieren, sustancialmente, a la cuantía de la suma que se le
reconociera por daño moral y solo hace mención al daño psicológico.
Zapiola sostuvo que el Sr. Juez se apartó de las sumas pretendidas dictando una sentencia
“ultra petita” y, sin perjuicio de ello realiza un ligero cuestionamiento respecto de la suma
reconocida a los progenitores de la víctima por “valor vida” y las correspondientes a los restantes
rubros que califica de excesivos.
La apoderada de “Compañía de Seguros La Mercantil Andina S.A.” señaló, en
representación de su mandante, que se agraviaba porque “se otorgan montos, en todos y cada
uno de los rubros, muy superiores a los peticionados en la demanda” por causas “razones que la
sentencia no explica”
Morales Atia refirió que los montos reconocidos por “pérdida de chance a ser asistidos
en la vejez” que se reconocieron a los actores resultaban excesivos, considerando la edad de la
víctima (38 años) y la de sus progenitores (70 años) y sus ingresos ($ 13.000) y, además, como
1
ver diario Clarin que hacer si el auto se queda en una autopista.
2
ver en hipervínculo noticia del diario Clarín “Tragedia en Panamericana se bajó de su 4 x 4 por un desperfecto y
terminó atropellado”, hecho ocurrido en el km.17
Fecha de firma: 06/06/2023
Firmado por: ROBERTO PARRILLI, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: LORENA FERNANDA MAGGIO, JUEZA DE CAMARA
Firmado por: CLAUDIO RAMOS FEIJOO, JUEZ DE CAMARA
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los otros obligados por la sentencia, añadió que se violentó la congruencia al reconocerse en
todos los rubros sumas superiores a las reclamadas en la demanda.
La respuesta de los recurrentes respecto a porque el Sr. Juez reconoció sumas mayores a
las pretendidas la encuentran en el art. 772 del CCyC según el cual “si la deuda consiste en un
cierto valor, el monto resultante debe referirse al valor real al momento que corresponda tomar
en cuenta la evaluación de la deuda” y en la doctrina de la reparación integral desarrollada por
nuestra Corte Federal a partir de los precedentes “Santa Coloma”, “Gunther” y “Luján” —
dictados todos el mismo día, el 5 de agosto de 1986—, la Corte Suprema de Justicia de la
Nación, donde estableció que el principio alterum non laedere tiene raíz constitucional.
En cuanto a la supuesta violación de la congruencia debo decir que, al referirse al reclamo
por el daño psicológico y el daño moral, los actores expresamente aclararon que realizaban la
estimación “dejándose abierta la posibilidad de que V.S. aumente dicho importe, conforme las
probanzas a ofrecerse” (ver f.22 y f.23 vta) y al realizar la liquidación respecto de todos los
rubros aclararon que “los importes reclamados quedan sujetos a lo que en mas o en menos
resulte de las probanzas de autos” (ver f. 24 vta), lo cual deja en claro que de manera alguna el
Sr. Juez violentó la congruencia, al reconocer sumas mayores.
En ese sentido, ha dicho la Sala que la suma reclamada en el escrito de inicio no
constituye una regla a la cual el juez deba sujetarse rígidamente, ni una limitación a obtener
indemnizaciones que la superen como sostiene el aquí demandado. Esto es así, pues no se puede
pretender que en dicha oportunidad el actor se encuentre en condiciones de valorar con exactitud
el menoscabo sufrido. (ver mis votos in re “Argota, Raúl E. c. Rossetto, Aldo G. s/ daños y
perjuicios (acc. tran. c. les. o muerte)” (Expte. N° 72.405/2013) del 19/09/2019 e in re “Roldán,
Haydee E. c. Línea 71 SA y otros/ daños y perjuicios (acc. tran. c. les o muerte), Exp. N°
74.426/2016 del 06/04/2021).
Por otra parte, y sólo a mayor abundamiento, debo decir que cuando se interpuso la
demanda, que da origen a este proceso (25-10-2017, ver f.27 vta), con las sumas estimadas por
los actores ($ 2.377.800) – ver f. 24 vta- se podían adquirir valores por aproximadamente u$s
133.734,53 ya que cada unidad de dólar estadounidense cotizaba a $ 17,78.
Hoy, con las sumas reconocidas en la sentencia a ambos actores $ 4.705.000 se accede a
valores equivalentes a unos u$s 10.140,08 – tomando una cotización de dólar MEP de $ 464 al
28.05.2023 – y si le añadimos los intereses a la tasa fijada en la sentencia las sumas reconocidas
alcanzarían a la fecha $20.532.511,79, equivalentes a u$s 44.241 – cuarenta y cuatro mil
doscientos cuarenta y un dólares-
Como se aprecia, resulta que los valores que pueden adquirirse con la cantidad de pesos
reconocida en la sentencia recurrida son muy inferiores a los pretendidos al demandar y esto es
así, porque el peso no cumple la función de reserva de valor que le corresponde como moneda.
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De manera que mal puede hablarse de una sentencia “ultra petita” –con independencia de
que las sumas a reconocer, como ya lo dije, se dejaron libradas a lo que surgiera de la prueba-
cuando el valor reconocido es inferior al estimado (ver en este sentido mi voto, esta Sala, in re
“Cousido Juan Manuel c/ Covelia S.A. y otro s/ daños y perjuicios” (Expte N° 34.048/2014) del
7 -2-2023) ya que de lo contrario se violentaría – por apego a la estimación meramente nominal
realizada en la demanda- el principio de reparación integral al que antes hiciera referencia.
En cuanto a los agravios que apuntan a la suma reconocida a los actores en el apartado “i”
(chance de ayuda futura por parte de su hija Laura Carina Vico Mariño) debo decir que las
carencias de los progenitores en etapas últimas de la vida no son siempre, ni únicamente
dinerarias sino, más ampliamente, relacionales. Por consiguiente, la pérdida del hijo no puede
verse sólo como determinante de una futura merma de ingresos a favor de los progenitores (al
margen de casos en que esto se pruebe) y sí, de un modo más general, como una probable
insuficiencia material (diferente de la espiritual), al desaparecer quien podía contribuir a la
solución de carencias y dificultades (cfr. Zavala de González Matilde – González Zavala
Rodolfo, La Resp. Civ. en el nuevo Cód., T. III, ps. 254/255, ed. Alveroni). O sea que
corresponde desentrañar la eventual privación de los beneficios actuales o futuros que la vida de
la fallecida reportaba o podía haber llegado a reportar a los actores.
Con base en lo expuesto, considerando las edades de los reclamantes (70) y de la víctima
(38) a la fecha del accidente, la posible capacidad productiva de la hija de los actores y la ayuda
y/o contribución que ésta podía brindar, que esta tenía dos hijos pero estos serían mayores según
lo expuso la actora ante el perito psicólogo (ver asimismo f.184); la existencia de tres hijos
mayores en razón de la contribución que les pueda ser eventualmente requerida por la aquí
demandante (ver libreta de familia agregada en sobre de f. 14), considero que los montos fijados
por el juez de grado para responder a esta partida y he de proponer al Acuerdo reducirlo a
$400.000 – pesos cuatrocientos mil – para cada uno de los aquí demandantes (art. 1745 del
CCyC y 165 del CPCCN)
Respecto de la suma reconocida a Isabel Mariño Rodríguez por daño moral ($ 1.000.000)
debo aclarar que si bien en otros precedentes he expresado que la suma reclamada por daño
moral en la demanda constituye un tope que debe ser respetado, lo cierto es que esa regla debe
dejarse de lado cuando, como sucede en este caso, la estimación del daño realizada al demandar
se efectuó bajo circunstancias económicas que han variado sustancialmente (ver mi voto ya
citado en el expediente N° 34.048/2014 del 7 de febrero de este año), máxime si la estimación
inicial de esa partida, como aquí ya explique, se dejó sujeto a la prueba (ver SCBA in re
“Pacheco Carlos y otros c/ Municipalidad de Malvinas Argentinas y otro” del 27-4-2011, La Ley
AR/JUR/15820/2011; esta Cámara, Sala “A”, in re, “Zaragoza, Ángel Hernán c. Mansilla,
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Miguel Ángel y otro s/ daños y perjuicios (acc. trán. c/les. o muerte)” del 15/05/2020, publ, La
Ley online AR/JUR/16994/2020).
Aclarado lo anterior, y frente a los agravios de las partes debo decir que la muerte de un
ser amado provoca un duelo normal –que justifica reconocer esta partida- aun cuando no llegue a
ser patológico y altere la psiquis (ver Lic. Silvia Castelao, “El daño psíquico: delimitación
conceptual y su especificidad en casos de accidentes de tránsito, mala praxis médica y duelos”,
publ., en Cuadernos de Medicina Forense Argentina • Año 3 - N° 1 p. 79-98) y ese duelo tiene
características especiales cuando se trata de la muerte de un hijo o hija, como lo expresara
Sigmund Freud en cartas dirigidas a Ludwig Binswanger y Ferenczi, refiriéndose a la muerte de
su hija Sophie: "desde entonces reina una pesada impresión sobre nosotros[...]” (ver diario La
Nación del día 29-08- 2014 “Las cartas de un padre y su hija” por Luis Gusmán).
Como expresara el vocal de esta Sala Dr. Ramos Feijóo, al votar in re “Ríos Félix Marino
y otros c/ Zarski Victor Alejandro y otros s/daños y perjuicios” (Acc. tran c. les o muerte)” del 3-
9-2020 “no podemos pasar por alto que la muerte de un hijo configura un detrimento
irreparable y una de las más graves penurias que pueden afectar a un ser humano, mayor aún si
proviene de una injusta afrenta. Esa magnitud ha sido sagazmente ponderada por María
Cristina Scarpati de Sosa, quien ha juzgado que: “el desconsuelo insuperable que habilita la
muerte de un hijo, no tiene equiparación alguna con otras menguas afectivas. Sin dudarlo –
añadió- tal vez estemos “dispuestos” a la asunción de otras alternativas luctuosas, pero
seguramente no lo estamos para enfrentar el desgarramiento emocional que significa un hijo
muerto. Así, de alguna manera, la vida nos prepara para asumir nuestra propia desaparición y
la de nuestros padres, pero no está en el orden natural del desenvolvimiento de los hechos, la
muerte de nuestra descendencia” (cfr. Iribarne, Héctor Pedro, “De los daños a la persona”,
Ediar, Buenos Aires, 1993, pág. 353). En este mismo sentido, la reconocida filósofa Diana
Cohen Agrest en un reportaje publicado en el diario Perfil del domingo 17 de julio de 2011 dijo
que: “…Incluso en mi último libro tengo un capítulo dedicado a la muerte y Spinoza ya lo
decía: “En realidad, todos nos sentimos eternos…” ¿Por qué? ¿Quizás creemos que la muerte
le sucede al otro? Siempre somos espectadores, pero en ese “ser espectadores” uno confía en el
orden de las generaciones. Lo normal y esperable (y pongo la palabra “normal” entre comillas
porque es un concepto muy cuestionado) es que los hijos entierren a sus padres. Cuando este
orden de las generaciones se altera y son los padres quienes entierran a los hijos, se produce
una especie de disrupción”.
Con base en lo anterior, ponderando las sumas que se han reconocido por esta y otras
Salas en casos análogos que pueden consultarse en la base de montos indemnizatorios de esta
Cámara (cfr. esta Sala, caso 3487 sentencia del 3-09-2020 antes citada, donde se reconoció al
padre y a la madre $ 1.500.000 a cada uno, más tasa activa del BNA desde el hecho que ocurriera
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el 7-11-2012 por la muerte de su hija de 25 años; caso 3600, voto del Dr. Ramos del 13-04-2022,
donde se reconoció $ 1.430.000 a la madre e igual suma al padre, por la muerte del hijo de 22
años más tasa activa del BNA desde el hecho sucedido el 23-09-12), las características
particulares del caso y, sin soslayar la tasa fijada para calcular los réditos, considero que la suma
reconocida en la anterior instancia para resarcir el daño moral es baja y, por consiguiente, debe
incrementarse hasta $ 2.000.000 – pesos dos millones- exclusivamente para la recurrente,
haciendo lugar con ese alcance a los agravios de Mariño Rodríguez y rechazando los
cuestionamientos de las demás partes.
En cuanto a los agravios de todas las partes respecto de los restantes rubros, en ningún
caso alcanzan a constituir una crítica concreta y razonada (art. 265 del CPCCN) sino una mera
discrepancia y las sumas reconocidas se sustentan en las conclusiones del dictamen del perito
psicólogo que consigna el Sr. Juez en la sentencia (art.477 del CPCCN) y en la angustia y
sufrimiento que derivan de la muerte de una hija, que configuran un evidente daño moral (art.
1741 del CCyC) cuya cuantía ya he examinado más arriba. En consecuencia, propongo al
Acuerdo se rechacen dichas quejas.
VII.- Finalmente, cabe examinar los agravios de la actora relativos a la tasa de interés, en
tanto considera insuficiente la tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a
treinta días del Banco de la Nación Argentina y propicia su duplicación desde el hecho dañoso.
Sobre este punto, más allá del escaso esfuerzo argumental que realiza la dirección letrada
de la actora, ya que se limita a indicar que la tasa activa fijada es insuficiente “en el contexto
económico argentino” sin distinguir los distintos “contextos” en el lapso temporal que va desde
el accidente (3-10-2016) hasta la sentencia (13.09.22) y luego hasta el presente – lo que
alcanzaría para declarar desierto este aspecto del recurso (art. 265 del CPCCN), lo cierto es que,
como ya lo he dicho en otras oportunidades – y recientemente lo ha expresado la Corte Federal-
no cabe reconocer la aplicación de la doble tasa activa porque la previsión del art. 768 del
referido Código, no dispone esa solución y no se trata de ninguna de las tasas que se fijan según
las reglamentaciones del Banco Central (cfr. ver mi voto integrando la Sala “E” de este Tribunal,
in re “Bravi Rolando Ariel c. Blanco Pablo y otro s/ daños y perjuicios” (EXP. N° 43892/2016)
del 29-6-2021 y lo dicho por la CSJN, in re, García, Javier Omar c/ UGOFE S.A. y otros s/ daños
y perjuicios del 07 de marzo de 2023). Además, nada impide a los actores practicar liquidación,
intimar su pago y acumular intereses (ver 770 del CCyC). En consecuencia, propongo al
Acuerdo rechazar los agravios y confirmar este aspecto de la sentencia recurrida.
Por lo expuesto, propongo al Acuerdo: 1) reducir la suma reconocida en el considerando
VI, aparado “i” (indemnización por fallecimiento) a la suma de $ 400.000 – pesos cuatrocientos
mil- para cada uno de los actores; 2) incrementar exclusivamente la suma reconocida a Isabel
Mariño Rodríguez por daño moral hasta la suma de $ 2.000.000 – pesos dos millones- 3)
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Poder Judicial de la Nación
confirmar la sentencia recurrida en todo lo demás que decide y ha sido objeto de este recurso; 4)
imponer las costas de Alzada a los demandados y a las aseguradoras vencidas por resultar
sustancialmente vencidos (arts. 68 y 69 del CPCCN). Así lo voto.
La Dra. Maggio y el Dr. Ramos Feijóo, por análogas razones a las aducidas por el Dr.
Parrilli, votaron en el mismo sentido a la cuestión propuesta.
ROBERTO PARRILLI
Vocalía 5
LORENA FERNANDA MAGGIO
Vocalía 4
CLAUDIO RAMOS FEIJÓO
Vocalía 6
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