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VIOLENCIA

El documento aborda la violencia contra la mujer como una violación de derechos humanos, destacando la importancia de la Declaración de las Naciones Unidas de 1993 y el papel de las organizaciones en la lucha por la igualdad. Se exploran las raíces históricas de esta violencia, su manifestación en la familia y las parejas, así como la necesidad de estrategias legislativas y sociales para erradicarla. A pesar de los avances, la violencia persiste en altas tasas, especialmente en contextos patriarcales y culturales que perpetúan la subordinación de la mujer.

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VIOLENCIA

El documento aborda la violencia contra la mujer como una violación de derechos humanos, destacando la importancia de la Declaración de las Naciones Unidas de 1993 y el papel de las organizaciones en la lucha por la igualdad. Se exploran las raíces históricas de esta violencia, su manifestación en la familia y las parejas, así como la necesidad de estrategias legislativas y sociales para erradicarla. A pesar de los avances, la violencia persiste en altas tasas, especialmente en contextos patriarcales y culturales que perpetúan la subordinación de la mujer.

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La violencia contra la mujer tratada en los organismos oficiales

Desde 1975 se celebra la Conferencia Mundial sobre la Mujer como una forma
de incorporar el tema a la política pública, y en 1993 las Naciones
Unidas ratifican la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la
mujer en la que se afirma que esta violencia es un grave atentado contra
los derechos humanos de la mujer y de la niña, reconociendo «la urgente
necesidad de una aplicación universal a la mujer de los derechos y principios
relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los
seres humanos»; también reconociendo el papel desempeñado por las
organizaciones en pro de los derechos de la mujer, organizaciones que
facilitaron dar visibilidad al problema.
Siendo la violencia contra la mujer un problema que afecta a los derechos
humanos, que «constituye una manifestación de relaciones de poder
históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la
dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre
e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es
uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la
mujer a una situación de subordinación respecto del hombre», ve la necesidad
de definirla con claridad como primer paso para que, principalmente los
Estados, asuman sus responsabilidades y exista «un compromiso de la
comunidad internacional para eliminar la violencia contra la mujer».
La declaración incluye seis artículos en los que se define la violencia contra la
mujer y las formas y ámbitos de esta violencia, al tiempo que enumera los
derechos de las mujeres para alcanzar la igualdad y su pleno desarrollo e insta
a los Estados y organizaciones internacionales a desarrollar estrategias y poner
los medios para erradicarla.

 Enlace externo con la Declaración de Naciones


Unidas.
 Enlace externo con la «Convención de Belém do
Pará»
En 1999, a propuesta de la República Dominicana con el apoyo de 60 países
más, se declaró el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la
Violencia contra la Mujer. La fecha del 25 de noviembre se eligió para
conmemorar a las hermanas Mirabal, tres activistas políticas que fueron
brutalmente asesinadas en 1960 por orden del gobernante dominicano Rafael
Trujillo.
En Canadá se celebra el Día nacional del recuerdo por las víctimas de la
violencia contra la mujer el 6 de diciembre, en conmemoración de la masacre
dela.

Terminología
«Violencia contra la mujer» es el término que utiliza la ONU para referirse a la
violencia ejercida contra las mujeres por razón de su sexo, la define como:
“todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o
pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico
para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación
arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida
privada”. Es un término ampliamente utilizado.
Otro término de gran difusión es «violencia de género» si bien este otro término
sería menos específico, ya que englobaría toda la violencia determinada por el
sexo o género, «se refiere a aquella dirigida contra una persona en razón del
género que él o ella tiene, así como de las expectativas sobre el rol que él o
ella deba cumplir en una sociedad o cultura.» Uno y otros términos suelen
emplearse indistintamente.
El término «violencia de género» surge a mediados del siglo XX desde ámbitos
del feminismo para dar visibilidad a la violencia ejercida contra las mujeres por
su condición de mujer como consecuencia del hecho histórico del patriarcado.
Este término tendría el inconveniente de su posible abstracción si no se
contextualiza en las relaciones de poder entre sexos que penaliza a la mujer y
es causa de que, aunque se pueda ser víctima de la violencia de género
independientemente del sexo, son las mujeres y niñas las mayoritariamente
afectadas.
También es de uso «violencia machista», término más explícito que no
designaría la violencia cometida necesariamente por hombres, sino la ejercida
por motivaciones machistas.
Términos más específicos, según los tipos de violencia, son: violencia
doméstica, violencia en la pareja, violencia en la familia, feminicidio, etc.

Raíces de la violencia contra la mujer

Actualmente la familia patriarcal puede aparecer borrada; en sus orígenes,


convirtió a la mujer en objeto propiedad del hombre, el patriarca. Al patriarca
pertenecían los bienes materiales de la familia y sus miembros. Así, la mujer
pasaba de las manos del padre a las manos del esposo, teniendo ambos plena
autoridad sobre ella, pudiendo decidir, incluso, sobre su vida. La mujer estaba
excluida de la sociedad, formaba parte del patrimonio de la familia, relegada a
la función reproductora y a las labores domésticas.
En la Roma clásica, en sus primeros tiempos, es manifiesta la dependencia de
la mujer, debiendo obediencia y sumisión al padre y al marido.
Este modelo de familia patriarcal ancestral sufrió durante la República y el
Imperio numerosas modificaciones. El derecho sobre la vida de la mujer fue
abolido. A ésta se le seguía reservando la pena de muerte en determinados
supuestos, pero ya no era el marido el que decidía sobre ello, siendo la
comunidad la encargada de juzgarla. En determinados momentos la mujer llegó
a conseguir una cierta emancipación: podía divorciarse en igualdad de
condiciones con el hombre, dejó de mostrarse como la mujer abnegada,
sacrificada y sumisa y en la relación entre esposos se vio matizada la autoridad
del marido. Esto ocurría principalmente en las clases altas y no evitó que la
violencia siguiese dándose en el seno del matrimonio «dirigida a controlar y
someter a las mujeres mediante la agresión física o el asesinato».
Los avances que pudieron darse durante la República y el Imperio romanos
desaparecieron en el periodo oscuro del medievo. Una sociedad que rendía
culto a la violencia, la ejerció también contra las mujeres y éstas se convirtieron
frecuentemente en moneda de cambio para fraguar alianzas entre familias. «En
las clases más bajas, además de cumplir con la función reproductora,
constituían mano de obra para trabajar en el hogar y en el campo».
En esta historia han jugado un papel importante las religiones, suponiendo una
justificación moral del modelo patriarcal: «Las casadas estén sujetas a sus
maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo
es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo».

Estudios sobre hombres que ejercen violencia intrafamiliar


Una hipótesis es que el funcionamiento biológico del hombre es distinto al de la
mujer, especialmente a la testosterona, y por lo tanto está mayormente
predispuesto a la violencia.
Características de un hombre violento.
-Estos hombres suelen representar caricaturas según los mitos culturales de la
masculinidad patriarcal, que le indican lo que “debe” ser un hombre. Por
ejemplo, aun cuando no lo acepten, se manifiestan en formas que tienden a
controlar y dominar a cada integrante de la familia a quienes consideran
inferiores, especialmente las mujeres y los niños.
-Tienen dificultades para expresar sus sentimientos y lo que les afecta de cada
situación; esto es para ellos signo de “debilidad”, pues su ideología es que el
hombre debe ser fuerte.
-El aislamiento emocional, sus relaciones no tienen ningún grado de intimidad
que permita hablar o expresar físicamente sus sentimientos, especialmente el
cariño, en los conflictos afectivos.
Para la mayoría de los hombres que ejercen la violencia contra la mujer, en el
proceso de su crianza hubo un ambiente de madre sumisa, abnegada y un
padre autoritario, manipulador. Esto crea el ciclo de la violencia intrafamiliar.
Actualmente la violencia contra la mujer es definida así: Todo acto basado en la
pertenencia al sexo femenino que pueda tener como resultado un daño o
sufrimiento físico, sexual y psicológico para la mujer, así como amenazas de
tales actos, la coacción o la privatización arbitraria a la libertad, tanto si se
produce en la vida privada o pública.

Consideración actual
Fueron las organizaciones feministas en la segunda mitad del siglo XX las que
dieron visibilidad plena al problema de la violencia contra la mujer. Es curioso
que en muchos países se confeccionasen estadísticas sobre accidentes de
tráfico al tiempo que se ignoraba la incidencia de feminicidios y violaciones, de
la misma manera que es curioso que ahora sean noticia los casos de violencia
dentro de la pareja con resultado de muerte pero no lo sean otro tipo de
muertes no accidentales como son los suicidios ni se analicen las causas que
los provocan. En Francia, un artículo de Joanna Banner, aparecido en la
revista Cuestiones Feministas, dirigido por Simone de Boudoir, se preguntaba
por qué no se elaboraban estadísticas sobre la incidencia de la violencia contra
la mujer en el seno de la familia; «encontraba la respuesta, precisamente, en
que el fenómeno era considerado como un problema particular y no un hecho
social». Iberoamérica y el Caribe han sido «una de las regiones del mundo que
mayor atención ha prestado a la lucha contra la violencia hacia la mujer»,
mostrándose especialmente activa en la consolidación de redes sociales,
sensibilizando a los medios de comunicación, adquiriendo compromisos
institucionales y legislando para erradicar un problema que afecta al 50 % de la
población mundial limitando y conculcando sus más elementales derechos
humanos. En aquellos tiempos costó hacer ver que las agresiones hacia las
mujeres no eran producto de momentos de frustración, tensión o arrebatos,
contingencias de la vida en común; sino que eran consecuencia de los intentos
de mantener la subordinación de la mujer, de la consideración ancestral de la
mujer como un objeto propiedad del hombre; y, por lo tanto, deberían dársele
una consideración especial.
1975-1985 se declaró Decenio de la Mujer. Especial importancia tuvo la
celebración del Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres en
Bruselas en 1976, siendo la primera vez que se tipificaron como crímenes
diferentes tipos de violencia cometidos contra las mujeres, creándose la Red
Feminista Internacional con programas de apoyo y solidaridad. Consecuencia
de su resonancia, en 1979, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la
Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación
Contra la Mujer y en 1980 se celebró en México la I Conferencia Mundial de la
ONU sobre la Mujer, activándose al año siguiente la Convención para Erradicar
la Discriminación contra la Mujer (CEDAW). Estos acontecimientos impulsaron
toda una serie de medidas legislativas y modificaciones de códigos penales
que en los diferentes países se han venido produciendo desde entonces. En
1993 las Naciones Unidas ratificaba la Declaración sobre la Eliminación de la
Violencia Contra la Mujer y en 1995, en Belem do Para (Brasil), se adoptó la
Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
Contra la Mujer.
Hoy en día numerosos países cuentan con estrategias específicas para
combatir la violencia contra la mujer. Estos países han modificado su
legislación incluyendo en ella leyes contra la violencia hacia la mujer, diseñan
planes generales y sectoriales para combatirla y promueven campañas para
interesar a los diferentes ámbitos de la sociedad en este problema. Estas
estrategias han servido a su vez para sensibilizar a Estados y Sociedad ante
otras formas de violencia: contra la infancia, ancianos, minusválidos, colectivos
minoritarios, etc. No obstante, la violencia contra la mujer sigue produciéndose
en altas tasas. También, habiendo sido las sociedades occidentales las
pioneras en esta lucha, siendo en estas sociedades donde los movimientos por
los derechos de la mujer antes y más se han desarrollado, en otras muchas
sociedades, esta lucha se encuentra sensiblemente retrasada.

Violencia contra la mujer en la familia

La violencia contra la mujer comienza en la infancia y es en la familia donde


principalmente se ejerce esa violencia. La infancia es especialmente vulnerable
a la violencia y la niña sufre un plus añadido por su condición femenina. A
la ablación, generalizada en determinadas comunidades e ineludiblemente
ligada al sexo femenino, el comercio sexual que puede arrancar ya en el seno
de la familia con la venta de la niña, o el infanticidio y los abusos sexuales, más
frecuentemente ligados al sexo femenino, se une una más estricta autoridad
paterna, ejercida también por hermanos, y una educación discriminatoria que
limita sus expectativas vitales.
El infanticidio femenino es habitual en determinadas culturas. «En la India la
proporción entre hombres y mujeres es la más desigual del mundo».
En Pakistán y Bangladés existen parecidos desequilibrios y en regiones
de China el infanticidio femenino está generalizado. Una percepción de la mujer
devaluada, costumbres discriminatorias, considerar la educación de las niñas
como una carga y los deseos del padre de perpetuar el apellido mediante un
varón serían las causas de estos infanticidios. «En algunas zonas de Pakistán
y también en el vecino Afganistán- el nacimiento de una niña va acompañado
de ritos de duelo». En China, la imposición del «hijo único» en 1978, en un país
con una marcada y ancestral preferencia por la descendencia masculina,
multiplicó este tipo de infanticidios. En la actualidad, la posibilidad de detectar
el sexo durante el embarazo ha venido a agravar el problema con abortos
selectivos.
Más del 80 % de las violaciones las perpetran miembros de la familia de la
víctima, y mayoritariamente a edades muy tempranas, cuando esta no pasa de
ser una niña. Padres, abuelos, tíos, adultos en los que ella confía pasan a ser
sus agresores. Este es un problema mundial que en muchas ocasiones no
trasciende más allá de los límites de la propia familia, la niña sufre la violencia
en silencio, avergonzada y con sentimientos de culpa.
La venta de niñas sería otra violencia sufrida por la mujer en la infancia y en la
familia. Estas ventas pueden tener diversas finalidades, pero el lucrativo
negocio de la prostitución, las enfermizas inclinaciones sexuales de clientes,
unido a la miseria en la que se ven sumidas muchas familias han extendido el
comercio de niñas, menores de diez años en muchos casos, destinadas a la
explotación sexual. Podríamos decir que es un problema limitado a
determinados países no occidentales, pero es Occidente desde donde parten
los clientes en un «turismo sexual» que está adquiriendo auge. «El llamado
"turismo sexual" es una de las formas contemporáneas del saqueo al que viven
sometidos los países pobres. […] Según la UNICEF existen en torno a
doscientos mil adeptos del turismo sexual» (cuatro de cada diez turistas que
visitan Tailandia lo hacen solos).
A estas violencias, aún habría que sumar otras muchas de menor carácter que
irían desde un mayor autoritarismo paterno y familiar, a los matrimonios
forzosos. La violencia ejercida contra la mujer, sea cual sea su naturaleza,
tiene como marco preferente la familia.

Violencia contra la mujer en las parejas


La violencia contra la mujer por parte de su pareja o ex-pareja está
generalizada en el mundo dándose en todos los grupos sociales
independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra
consideración. A un siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los
casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado
número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios
realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al
20 %, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados
Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3 %.
«Es un hecho que en una relación de pareja la interacción entre sus miembros
adopta formas agresivas». En todas las relaciones humanas surgen conflictos y
en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones
acaloradas, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de
pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre
ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y
perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las
parejas. El maltrato nada tiene que ver con esto; en el maltrato el agresor
siempre es el mismo: «Por definición, el conflicto es una modalidad relacional
que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el
contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas agresiones verbales y
físicas, es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes
Las cifras de mujeres víctimas de violencia familiar llevada a cabo por quien
sea o haya sido su pareja señalan que anualmente decenas o cientos de
mujeres son asesinadas a manos de sus parejas en diferentes países del
mundo.
En la pareja el maltrato es mayoritariamente ejercido por él contra ella. Tiene
unas causas específicas: los intentos del hombre por dominar a la mujer, la
baja estima que determinados hombres tienen de las mujeres; causas que
conducen a procurar instaurar una relación de dominio mediante desprecios,
amenazas y golpes.
Este tipo de violencia contra la mujer también se da en parejas del mismo sexo
(lesbianas), en las que la víctima es obviamente una mujer. Sin embargo, este
tipo de casos violentos no suelen tener trascendencia en los medios de
comunicación.
Los rasgos más visibles del maltrato son las palizas y los asesinatos, son los
que trascienden del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de «baja
intensidad», los maltratos psíquicos que mantenidos en el tiempo socavan la
autoestima de la mujer, son los que mayoritariamente se dan. Cuando
trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años sufriéndolos. Y si
los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja,
es en el momento de la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a
exacerbarse. Las causas pueden ser varias, desde trastornos psicológicos a
predisposición socio-cultural, pasando por infidelidades de la pareja o ex-
pareja.
Es frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales: los
maltratadores sufrirían una suerte de trastornos que les conducirían a maltratar
a la mujer. Esta sería una visión del problema que evitaría tratarlo como un
problema social.

Las consecuencias últimas de la violencia contra la mujer en la pareja son la de


decenas o cientos de mujeres muertas cada año, en los diferentes países, a
manos de sus parejas o ex-parejas.

Violencia contra la mujer en política


Se trata de una forma específica de violencia ejercida contra las mujeres por el
hecho de participar o querer participar en política. Activistas, candidatas,
legisladoras y otras mujeres activas en política sufren distintas modalidades de
este tipo de violencia, en un espectro que puede ir desde los llamados micro
machismos dentro de las organizaciones políticas, pasando por acoso sexual,
acoso institucional, violencia física y asesinato o intentos de asesinato.
Existe cierta controversia acerca de si esta es una subcategoría de violencia
política en general o una forma más de violencia contra la mujer. Los
argumentos para considerarla una forma de violencia hacia la mujer por el
hecho de ser mujer, se basan en que esta violencia busca concretamente la
retirada de las mujeres de la política y que representa una reacción contra los
avances en los de las mujeres.

La violencia psicológica contra la mujer


La violencia psicológica es un tema que con más frecuencia se está
escuchando y de acuerdo a las encuestas de la OMS va ascendiendo, a pesar
de la modernidad y rápida urbanización de la población del mundo, la violencia
en cualquier manifestación, se sigue expandiendo. Dentro de la violencia
generada hacia la mujer, se encuentra la psicológica, sin duda sutil y grave a
su vez. La violencia psicológica podemos definirla como: el conjunto de
conductas que generan agresión, denigrando y modificando la autoestima de la
mujer, así como la imagen de sí misma. Hay tres formas en que se puede
emplear este tipo de violencia.

1. Maltrato psicológico. Consiste en el trato


degradante continuo que tiene como propósito
atacar la dignidad de la persona. Es difícil de
detectar pues son muy sutiles pero con el
tiempo afectan.
2. Acoso psicológico. Es generar violencia
psicológica planificada para obtener un
propósito específico, donde el atacante está
consciente de lo quiere lograr, en este caso
denigrar la autoestima de la violentada para
someterla.
3. Manipulación mental. Es la forma de control
que se da entre dos personas, en este caso,
del hombre hacia la mujer generando
paulatinamente que ésta pierda su autonomía,
libertad y toma de decisiones haciéndola
dependiente en todas las formas: económica y
emocionalmente.
En las investigaciones cualitativas se muestra de forma sistemática que las
mujeres a menudo consideran el maltrato psíquico más devastador que la
violencia física. Los actos específicos de maltrato psíquico infligido por la pareja
que se incluyen en el Estudio de la OMS son los siguientes.

 ser insultada o hacerla sentirse mal sobre ella


misma;
 ser humillada delante de los demás;
 ser intimidada o asustada a propósito (por ejemplo,
por una pareja que grita y tira cosas);
 ser amenazada con daños físicos (de forma directa
o indirecta, mediante la amenaza de herirla a ella o
a alguien importante para la entrevistada).
En todos los países objeto del Estudio, entre el 20 % y el 75 % de las mujeres
había experimentado, como mínimo, uno de estos actos, en su mayoría en los
últimos 12 meses previos a la entrevista. Los que más se mencionaron fueron
los insultos, la humillación y la intimidación. Las amenazas con daños físicos
fueron menos frecuentes, aunque casi una de cada cuatro mujeres en los
entornos provinciales de Brasil y Perú declaró que había sido amenazada.
Entre las mujeres que informaron haber sido objeto de este tipo de violencia al
menos dos tercios había sufrido la experiencia en más de una ocasión. "El
maltrato psíquico es peor. Cuando te están humillando continuamente y te
dicen que eres una inútil, que no vales nada." - Mujer entrevistada en Serbia y
Montenegro
Dada la complejidad que supone definir y medir el maltrato psíquico de modo
relevante y significativo en todas las culturas, los resultados de la investigación
del Estudio de la OMS sobre la violencia psíquica y los comportamientos
dominantes deben considerarse más un punto de partida que una medida
global de cualquiera de las formas de maltrato psíquico. Sin embargo, en
futuros análisis se examinará la conexión que existe entre el maltrato psíquico y
sus consecuencias para la salud, el maltrato psíquico en sí mismo y el maltrato
psíquico unido a la violencia física o sexual infligida por la pareja.
PARTE I

Artículo 1

A los efectos de la presente Convención, la expresión "discriminación contra la


mujer" denotará toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que
tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce
o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base
de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades
fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en
cualquier otra esfera.

Artículo 2

Los Estados Partes condenan la discriminación contra la mujer en todas sus


formas, convienen en seguir, por todos los medios apropiados y sin dilaciones,
una política encaminada a eliminar la discriminación contra la mujer y, con tal
objeto, se comprometen a:
a) Consagrar, si aún no lo han hecho, en sus constituciones nacionales y en
cualquier otra legislación apropiada el principio de la igualdad del hombre y de
la mujer y asegurar por ley u otros medios apropiados la realización práctica de
ese principio;
b) Adoptar medidas adecuadas, legislativas y de otro carácter, con las
sanciones correspondientes, que prohíban toda discriminación contra la mujer;
c) Establecer la protección jurídica de los derechos de la mujer sobre una base
de igualdad con los del hombre y garantizar, por conducto de los tribunales
nacionales competentes y de otras instituciones públicas, la protección efectiva
de la mujer contra todo acto de discriminación;
d) Abstenerse de incurrir en todo acto o práctica de discriminación contra la
mujer y velar por que las autoridades e instituciones públicas actúen de
conformidad con esta obligación;
e) Tomar todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra
la mujer practicada por cualesquiera personas, organizaciones o empresas;
f) Adoptar todas las medidas adecuadas, incluso de carácter legislativo, para
modificar o derogar leyes, reglamentos, usos y prácticas que constituyan
discriminación contra la mujer;
g) Derogar todas las disposiciones penales nacionales que constituyan
discriminación contra la mujer.

Artículo 3

Los Estados Partes tomarán en todas las esferas, y en particular en las esferas
política, social, económica y cultural, todas las medidas apropiadas, incluso de
carácter legislativo, para asegurar el pleno desarrollo y adelanto de la mujer,
con el objeto de garantizarle el ejercicio y el goce de los derechos humanos y
las libertades fundamentales en igualdad de condiciones con el hombre.

Artículo 4

1. La adopción por los Estados Partes de medidas especiales de carácter


temporal encaminadas a acelerar la igualdad de facto entre el hombre y la
mujer no se considerará discriminación en la forma definida en la presente
Convención, pero de ningún modo entrañará, como consecuencia, el
mantenimiento de normas desiguales o separadas; estas medidas cesarán
cuando se hayan alcanzado los objetivos de igualdad de oportunidad y trato.
2. La adopción por los Estados Partes de medidas especiales, incluso las
contenidas en la presente Convención, encaminadas a proteger la maternidad
no se considerará discriminatoria.

Artículo 5

Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para:

a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres,


con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas
consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la
inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones
estereotipadas de hombres y mujeres;
b) Garantizar que la educación familiar incluya una comprensión adecuada de
la maternidad como función social y el reconocimiento de la responsabilidad
común de hombres y mujeres en cuanto a la educación y al desarrollo de sus
hijos, en la inteligencia de que el interés de los hijos constituirá la consideración
primordial en todos los casos.

Artículo 6
Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter
legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de
la prostitución de la mujer.

PARTE II

Artículo 7

Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en la vida política y pública del país y, en
particular, garantizarán a las mujeres, en igualdad de condiciones con los
hombres, el derecho a:
a) Votar en todas las elecciones y referéndums públicos y ser elegibles para
todos los organismos cuyos miembros sean objeto de elecciones públicas;
b) Participar en la formulación de las políticas gubernamentales y en la
ejecución de éstas, y ocupar cargos públicos y ejercer todas las funciones
públicas en todos los planos gubernamentales;
c) Participar en organizaciones y asociaciones no gubernamentales que se
ocupen de la vida pública y política del país.

Artículo 8

Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar a la
mujer, en igualdad de condiciones con el hombre y sin discriminación alguna, la
oportunidad de representar a su gobierno en el plano internacional y de
participar en la labor de las organizaciones internacionales.

Artículo 9

1. Los Estados Partes otorgarán a las mujeres iguales derechos que a los
hombres para adquirir, cambiar o conservar su nacionalidad. Garantizarán, en
particular, que ni el matrimonio con un extranjero ni el cambio de nacionalidad
del marido durante el matrimonio cambien automáticamente la nacionalidad de
la esposa, la conviertan en apátrida o la obliguen a adoptar la nacionalidad del
cónyuge.
2. Los Estados Partes otorgarán a la mujer los mismos derechos que al hombre
con respecto a la nacionalidad de sus hijos.

PARTE III

Artículo 10
Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer, a fin de asegurarle la igualdad de derechos con
el hombre en la esfera de la educación y en particular para asegurar, en
condiciones de igualdad entre hombres y mujeres:
a) Las mismas condiciones de orientación en materia de carreras y
capacitación profesional, acceso a los estudios y obtención de diplomas en las
instituciones de enseñanza de todas las categorías, tanto en zonas rurales
como urbanas; esta igualdad deberá asegurarse en la enseñanza preescolar,
general, técnica y profesional, incluida la educación técnica superior, así como
en todos los tipos de capacitación profesional;
b) Acceso a los mismos programas de estudios, a los mismos exámenes,
personal docente del mismo nivel profesional y locales y equipos escolares de
la misma calidad;
c) La eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculino y
femenino en todos los niveles y en todas las formas de enseñanza, mediante el
estímulo de la educación mixta y de otros tipos de educación que contribuyan a
lograr este objetivo y, en particular, mediante la modificación de los libros y
programas escolares y la adaptación de los métodos de enseñanza;
d) Las mismas oportunidades para la obtención de becas y otras subvenciones
para cursar estudios;
e) Las mismas oportunidades de acceso a los programas de educación
permanente, incluidos los programas de alfabetización funcional y de adultos,
con miras en particular a reducir lo antes posible toda diferencia de
conocimientos que exista entre hombres y mujeres;
f) La reducción de la tasa de abandono femenino de los estudios y la
organización de programas para aquellas jóvenes y mujeres que hayan dejado
los estudios prematuramente;
g) Las mismas oportunidades para participar activamente en el deporte y la
educación física;
h) Acceso al material informativo específico que contribuya a asegurar la salud
y el bienestar de la familia, incluidos la información y el asesoramiento sobre
planificación de la familia.

Artículo 11

1. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en la esfera del empleo a fin de asegurar, en
condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, los mismos derechos, en
particular:
a) El derecho al trabajo como derecho inalienable de todo ser humano;
b) El derecho a las mismas oportunidades de empleo, inclusive a la aplicación
de los mismos criterios de selección en cuestiones de empleo;
c) El derecho a elegir libremente profesión y empleo, el derecho al ascenso, a
la estabilidad en el empleo y a todas las prestaciones y otras condiciones de
servicio, y el derecho a la formación profesional y al readiestramiento, incluido
el aprendizaje, la formación profesional superior y el adiestramiento periódico;
d) El derecho a igual remuneración, inclusive prestaciones, y a igualdad de
trato con respecto a un trabajo de igual valor, así como a igualdad de trato con
respecto a la evaluación de la calidad del trabajo;
e) El derecho a la seguridad social, en particular en casos de jubilación,
desempleo, enfermedad, invalidez, vejez u otra incapacidad para trabajar, así
como el derecho a vacaciones pagadas;
f) El derecho a la protección de la salud y a la seguridad en las condiciones de
trabajo, incluso la salvaguardia de la función de reproducción.
2. A fin de impedir la discriminación contra la mujer por razones de matrimonio
o maternidad y asegurar la efectividad de su derecho a trabajar, los Estados
Partes tomarán medidas adecuadas para:
a) Prohibir, bajo pena de sanciones, el despido por motivo de embarazo o
licencia de maternidad y la discriminación en los despidos sobre la base del
estado civil;
b) Implantar la licencia de maternidad con sueldo pagado o con prestaciones
sociales comparables sin pérdida del empleo previo, la antigüedad o los
beneficios sociales;
c) Alentar el suministro de los servicios sociales de apoyo necesarios para
permitir que los padres combinen las obligaciones para con la familia con las
responsabilidades del trabajo y la participación en la vida pública,
especialmente mediante el fomento de la creación y desarrollo de una red de
servicios destinados al cuidado de los niños;
d) Prestar protección especial a la mujer durante el embarazo en los tipos de
trabajos que se haya probado puedan resultar perjudiciales para ella.
3. La legislación protectora relacionada con las cuestiones comprendidas en
este artículo será examinada periódicamente a la luz de los conocimientos
científicos y tecnológicos y será revisada, derogada o ampliada según
corresponda.

Artículo 12

1. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en la esfera de la atención médica a fin de
asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a
servicios de atención médica, inclusive los que se refieren a la planificación de
la familia.
2. Sin perjuicio de lo dispuesto en el párrafo 1 supra, los Estados Partes
garantizarán a la mujer servicios apropiados en relación con el embarazo, el
parto y el período posterior al parto, proporcionando servicios gratuitos cuando
fuere necesario y le asegurarán una nutrición adecuada durante el embarazo y
la lactancia.
Artículo 13

Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en otras esferas de la vida económica y social a
fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, los
mismos derechos, en particular:
a) El derecho a prestaciones familiares;
b) El derecho a obtener préstamos bancarios, hipotecas y otras formas de
crédito financiero;
c) El derecho a participar en actividades de esparcimiento, deportes y en todos
los aspectos de la vida cultural.

Artículo 14

1. Los Estados Partes tendrán en cuenta los problemas especiales a que hace
frente la mujer rural y el importante papel que desempeña en la supervivencia
económica de su familia, incluido su trabajo en los sectores no monetarios de la
economía, y tomarán todas las medidas apropiadas para asegurar la aplicación
de las disposiciones de la presente Convención a la mujer de las zonas rurales.
2. Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la
discriminación contra la mujer en las zonas rurales a fin de asegurar, en
condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, su participación en el
desarrollo rural y en sus beneficios, y en particular le asegurarán el derecho a:
a) Participar en la elaboración y ejecución de los planes de desarrollo a todos
los niveles;
b) Tener acceso a servicios adecuados de atención médica, inclusive
información, asesoramiento y servicios en materia de planificación de la familia;
c) Beneficiarse directamente de los programas de seguridad social;
d) Obtener todos los tipos de educación y de formación, académica y no
académica, incluidos los relacionados con la alfabetización funcional, así como,
entre otros, los beneficios de todos los servicios comunitarios y de divulgación
a fin de aumentar su capacidad técnica;
e) Organizar grupos de autoayuda y cooperativas a fin de obtener igualdad de
acceso a las oportunidades económicas mediante el empleo por cuenta propia
o por cuenta ajena;
f) Participar en todas las actividades comunitarias;
g) Obtener acceso a los créditos y préstamos agrícolas, a los servicios de
comercialización y a las tecnologías apropiadas, y recibir un trato igual en los
planes de reforma agraria y de reasentamiento;
h) Gozar de condiciones de vida adecuadas, particularmente en las esferas de
la vivienda, los servicios sanitarios, la electricidad y el abastecimiento de agua,
el transporte y las comunicaciones
ANEXOS

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