EJERCICIO 1: comentar la siguiente lámina.
En esta lámina podemos ver un rodete óseo de un diámetro de 31 mm con perforación central y
decorado por ambas caras con motivos zoomorfos, hallado por M. Hardy en 1872 en el yacimiento
francés de Laugerie-Basse, en Dordoña, fechado en 15.000 años de antigüedad y perteneciente al
Magdalaniense Medio. Por lo tanto, podemos situar esta pieza en el Paleolítico Superior Final
(sistema/periodo Cuaternario, serie/época Pleistoceno, a finales de la subserie/subépoca Pleistoceno
Superior).
Los rodetes se solían construir con porciones de hueso plano obtenidas de las escápulas de cérvidos,
casi siempre reno, aunque tengamos muy pocos ejemplares de otros animales (équidos, por ejemplo)
y otros materiales (unos pocos rodetes realizados en marfil, molares
de mamut o discos vertebrales, y también existen muy pocas piezas
realizadas en material inorgánico1) (Barandiarán, 1968: 5). Gracias
al hallazgo de muchos desechos de fabricación2, ha sido posible
averiguar la técnica de extracción del soporte, pero no todos los
textos coinciden con el orden de las operaciones llevadas a cabo para su realización. Según Brandarián
(1968: 6) el primer paso prevé el recorte del contorno circular de la pieza ósea, una vez obtenido el
soporte se procedería al alisado del borde y de los contornos y su regularización, luego se afinaría la
franja circular periférica por pulido o abrasión y finalmente se realizarían la perforación y los
grabados con buril fino. Algunas piezas, antes del grabado, han sido pulida por una cara, o por las
1
Se trata de unas piezas en arenisca halladas en algunos yacimientos y asimiladas a este tipo.
2
Foto de Don Hitchcock, disponible en [Link] de una escápula de la que se han recortado
tres rodetes.
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dos, habiéndose observado que se suele apreciar un mejor pulido en aquellos con grabados más
elaborados (o sea, los con motivos zoomorfos frente a los con motivos geométricos). Sin embargo,
según Sanchidrián (2001: 82), la perforación serviría para poder atacar la pieza ósea con un buril
atado a un cordel como un compás y obtener así una pieza redonda; por lo tanto, la perforación sería
el primer o segundo paso de la cadena operativa. Cabe decir que existen algunos rodetes –pocos– que
no presentan el agujero central y también algunos muy irregulares, que no parecen haberse obtenido
con un ‘compás’.
Los rodetes pertenecen al arte mueble paleolítico. Según la clasificación de Leroi-Gourhan –que
divide el arte mueble en objetos religiosos (elementos escultóricos como las estatuillas), objetos de
uso frecuente (como los útiles y las armas) y objectos colgantes (diferentes objectos de uso personal)–,
estos estarían en la última categoría, aunque su funcionalidad, como veremos más adelante, no está
totalmente definida. Los rodetes conservados suelen ser grabados y perforados en el centro, pero
también los hay que no presentan estas características. Algunos han cuestionado la atribución de los
rodetes de tipo no perforado a este tipo de soporte, además la falta de perforación les restaría la calidad
de objetos colgantes.
Los grabados de los rodetes presentan una diversidad que va de los motivos lineares geométricos,
muchas veces radiales, pero también concéntricos, a las decoraciones figuradas, siendo casi siempre
con motivos zoomorfos –donde el reno es el más habitual, aunque podemos encontrar también
caballos, toros, cabras, entre otros– y un solo ejemplar decorado con un elemento antropomorfo (un
rodete hallado en Mas d’Azil, Francia).
E. Passemard había dividido los rodetes en tres categorías, teniendo en cuenta solo los perforados
y considerando los sin agujero central como piezas no acabadas: los de tipo I serían los no decorados,
el tipo II estaría representado por las piezas con decoración linear o geométrica y finalmente el tipo
III abarcaría aquellos decorados con motivos zoomorfos.
También Barandiarán ha sistematizado los rodetes partiendo de su decoración, identificando dos
tipos básicos, o Grupos elementales, según si estuvieran perforados (tipo II) o no (tipo I), y dentro de
estos grupos ha individuado unos subniveles, tres para el tipo I y 9 para el tipo II. Sin entrar en el
detalle de todos los tipos descriptos por él, podemos decir que el rodete que nos ocupa en este trabajo
pertenece al tipo II H, o sea el de los rodetes perforados con ‘trazos pareados angulares cortos en la
zona periférica’3 asociada a motivo figurados.
3
Barandiarán (1968: 16).
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Entrando más en el detalle, podemos decir que la decoración del rodete que nos interesa presenta
un herbívoro, probablemente una hembra de ciervo o corzo (en francés lo definan ‘rondelle aux
chamois’, o sea rodete de los rebecos, no se pueden apreciar los cuernos presentes en ambos sexos de
este animal, pero se pueden apreciar unas líneas en la cara que podrían indicar la banda de pelaje
negro que en estos animales va desde la boca a los ojos), en la parte central de la pieza, con decoración
en forma de ángulos abiertos en la parte superior e inferior del borde. En una cara el animal aparece
estático, mientras en la otra se le puede ver en una posición que para algunos ha sido descrita de
galope, mientras para otros, asociada a las marcas angulares sobre el cuerpo del animal, podría estar
asociada a la muerte de este después de haber sido cazado. Podemos apreciar un gran naturalismo en
la realización del grabado, gracias al detalle del pelaje en el dorso del animal y las crines en el cuello,
realizados con trazos cortos y oblicuos. Las patas y las orejas aparecen en perspectiva normal, aunque
muy esquematizadas. Como frecuentemente ocurría en el arte paleolítico, las patas están sin terminar,
al faltarle las pezuñas. El vientre del animal aparece abultado, indicando –tal vez– su estado de preñez,
otro motivo recurrente en el arte de entonces.
Como sabemos, en el arte paleolítico el tema más representado es el de los animales. Entre estos,
los que aparecen con más frecuencia son los relacionados a la economía de los grupos humanos
presentes en la zona, debido a su importancia para la caza y el aprovisionamiento de materiales
necesarios a su vida cotidiana: carne, pieles, tendones, huesos, astas y dientes servían para alimentarse,
vestirse, crear herramientas y objetos de decoración personal. La representación de animales en
momentos previos al acoplamiento (como en muchas pinturas rupestres) así como de hembras
preñadas (como podría ser en nuestro caso) han sido asociadas, según las interpretaciones mágico-
chamánicas, a la importancia de la fertilidad y la reproducción de estos animales tan importantes para
el sustentamiento los hombres de entonces.
Por lo que se refiere a la cronología y a la localización de este tipo de piezas, han sido descubiertos
rodetes con dataciones que van desde el Auriñaciense hasta el Magdalaniense Superior, perteneciendo
el 90% de ellas al Magdalaniense, pero son sin duda características del Magdalaniense Medio de la
vertiente francesa de los Pirineos (de aquí proceden más de la mitad de los rodetes de los que tenemos
conocimiento), lugar que podemos considerar su centro de dispersión. Es allí donde se han encontrado
casi todos los rodetes con motivos figurativos, incluido el único con motivo antropomorfo y el del
hombre atacado por un oso, mientras los rodetes con decoraciones radiales tienen una distribución
más amplia, desde la península ibérica hasta Europa central y del este, donde se encuentran rodetes
realizados con materiales distintos a la escapula de herbívoros.
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Como ya he mencionado arriba, no conocemos con certeza la funcionalidad de estas piezas4 y hay
muchas teorías acerca de lo que realmente serían estos rodetes. Muchas veces han sido identificados
como botones o colgantes. La teoría de que fueran botones no encaja con el decorado por ambas caras
que presentan estos objetos, además mucho consideraron que la presencia de un solo
agujero, a diferencia de los del Neolítico que presentaban dos (foto), resultaría
incómoda a la tarea de sujeción a las prendas5. Por último, cabe señalar que muy pocas
de estas piezas se han encontrado junto a enterramientos, como podríamos esperarnos
si fuesen objetos de decorado personal. Otra teoría que se ha propuesto es la que formasen parte de
un instrumento musical tipo sistro o sonajero, constituido por varias piezas que serían ensartadas en
un palo o astil y que producirían sonido al ser sacudidas. D. Hitchcock y A. Dayton, incluyendo en
su estudio sobre rodetes también los de pizarra hallados en Alemania, proponen su uso como torteras
o fusayolas de husos, lo que según ellos explicaría la falta de decorados en muchos ejemplares y la
presencia de un solo agujero.
Marc Azéma centró sus estudios en la animación en el arte paleolítico,
proponiendo que el rodete hallado en Mas d’Azil, que representa un hombre
atacado por un oso, podía ser usado para crear una ilusión de movimiento. Florent
Rivère retoma esta teoría para el rodete que nos interesa y recrea el experimento
del taumatropo paleolítico en un documental dirigido por el mismo Azéma en 2009
(foto). Si esta teoría fuera cierta, estaríamos delante de un invento caído en el
olvido hasta su redescubrimiento, en 1825, por parte de John Hershel.6
Todas estas hipótesis, como ya dije arriba, excluirían de esta categoría todas las
piezas que no presentan agujeros, a no ser que las consideremos, como E.
Passemard, piezas inacabadas.
4
Barandiarán (1968: 4), al respecto, señala el hecho de que los términos utilizados para designar el de esta pieza en los
varios idiomas (todos traducibles a rodete, disco o rodaja en castellano) siempre hacen referencia a la forma y nunca a
su funcionalidad.
5
Foto de Hendrik Zwietasch disponible en [Link]
6
Azéma y Rivère (2010: 320-322). En este artículos también se pueden encontrar las imágenes del experimento aquí
utilizadas, extraídas del documental arriba mencionado.
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