Consideraciones sobre la marginación, la marginalidad, marginalidad
económica y exclusión social
¿Qué es exclusión social? A través de los años, este concepto ha sido vago e
impreciso, debido a que no suele estar inserto en una teoría.
El análisis metodológico que se aborda, se realiza a partir de la teoría de la
significación de Mario Bunge
La base del discurso racional son los conceptos, éstos deben entenderse como
unidades de significado. Se usan para formar proposiciones o enunciados. Las
proposiciones dicen algo respecto a los objetos, algo que puede ser una
aseveración o una negación. Los conceptos así definidos, en la medida que no
afirman ni niegan, no pueden ser verdaderos o falsos, sólo pueden ser exactos o
vagos, aplicables o inaplicables, fructíferos o estériles.
Una de las propiedades importantes de las proposiciones es la clase de referencia
que se define como la colección de objetos del predicado (Bunge, 1999: 82). Por
ejemplo, la marginalidad predica sobre individuos, la marginación sobre entidades
geográficas y marginalidad económica sobre relaciones sociales de producción.
Otro concepto metodológico de importancia para el desarrollo de este escrito es el
sentido; en palabras de Mario Bunge. “El sentido pleno de una proposición es el
conjunto de proposiciones que la implican o que implica —es decir, la unión de su
ascendencia y su descendencia lógicas” (Bunge, 1999: 88).
A partir de esta teoría se abordarán los conceptos de Marginación, marginalidad y
marginalidad económica.
Marginalidad económica
Marginación: fenómeno estructural que surge de la dificultad para propagar el
progreso técnico en el conjunto de los sectores productivos, y socialmente se
expresa como persistente desigualdad en la participación de los ciudadanos y
grupos sociales en el proceso de desarrollo y en el disfrute de sus beneficios
(Conapo, 1998: 17). De manera general, se entiende a la marginación como
carencias en el acceso de bienes y servicios básicos
Este concepto se objetiva en las localidades y municipios mediante las dimensiones:
educación, vivienda e ingresos monetarios, mientras que para el nivel estatal se
agrega a ellas la dispersión de población.
Dimensiones a través de porcentajes
Educación: población anafabeta.
Vivienda: sin agua entubada, sin drenaje, sin energía eléctrica, con piso de tierra y
el promedio de ocupantes por cuarto (Conapo y Progresa, 1998: 26).
Grado de marginación de las localidades del país
Se identifican cinco estratos de marginación: muy baja, baja, media, alta y muy alta
(Conapo y Progresa, 1998: 58).
En resumen, la marginación en su versión más abstracta intenta dar cuenta del
acceso diferencial de la población al disfrute de los beneficios del desarrollo. La
medición se concentra en las carencias de la población de las localidades en el
acceso a los bienes y servicios básicos, captados en tres dimensiones: educación,
vivienda e ingresos.
Debe notarse que la marginación es un fenómeno que afecta a las localidades y no
necesariamente a las personas que viven en ellas. En efecto, una localidad puede
ser de muy alta marginación, pero algunos de sus habitantes pueden ser alfabetos,
vivir en viviendas con agua entubada, energía eléctrica, piso firme, bajo índice de
hacinamiento y ganar un ingreso suficiente como para no ser considerados al
margen del desarrollo.
Marginalidad: este concepto se sitúa dentro de la teoría de la modernización, según
la cual las sociedades “subdesarrolladas” se caracterizarían por la coexistencia de
un segmento tradicional y otro moderno, siendo el primero el principal obstáculo
para alcanzar el crecimiento económico y social autosostenido. La noción de
“marginal”, en su concepción más abstracta, remite geográficamente a las zonas en
que aún no han penetrado las normas, los valores ni las formas de ser de los
hombres modernos. Se trata entonces de vestigios de sociedades pasadas que
conforman personalidades marginales a la modernidad (Germani, 1962).
De esta teoría se desprendió la idea de que si los países de América Latina
buscaban salir del subdesarrollo debían transformar a su población en moderna.
Dimensiones del concepto marginalidad (Desal, 1965). Referidas a las personas,
a los individuos, no a las localidades, municipios o estados:
1. La dimensión ecológica. Los marginales tienden a vivir en viviendas
localizadas en “círculos de miseria”, viviendas deterioradas dentro de la
ciudad y vecindarios planificados de origen estatal o privado.
2. La dimensión sociopsicológica. Los marginales no tienen capacidad para
actuar: simplemente pueblan el lugar, sólo son y nada más. Marginalidad
significa falta de participación en los beneficios y recursos sociales, en la red
de decisiones sociales, sus grupos carecen de integración interna, el hombre
marginal no puede superar su condición por sí mismo. La marginalidad es un
problema que corroe la médula del potencial del hombre para el
automejoramiento voluntario y racional.
3. La dimensión sociocultural. Los marginales presentan bajos niveles de vida,
de salud y de vivienda, y bajos niveles educacionales y culturales.
4. Dimensión económica. Los marginales se pueden considerar subproletarios
porque tienen ingresos de subsistencia y empleos inestables.
5. Dimensión política. Los marginales no participan, no cuentan con
organizaciones políticas que los representen, ni toman parte en las tareas y
responsabilidades que deben emprenderse para la solución de los problemas
sociales, incluidos los propios (Giusti, 1973).
En otros términos, el concepto marxista se desprende que un sujeto es marginal por
estar en una actividad económica marginal a la acumulación de capital, y en
consecuencia podría dejar de serlo al insertarse en una relación social de
producción central.
Exclusión social
El significado de la exclusión social es vago porque su referente no está precisado,
además de que su sentido no está bien especificado en la medida que es un
concepto que no está inserto en una malla de relaciones teóricas.
En la década de 1960, en Francia, se acuñó el término marginalización o
marginalidad para referirse a los individuos que no están integrados en las redes
productoras de riqueza y de reconocimiento social (Massé, 1965; Lenoir, 1974). La
extensión de este concepto aplica a la “corte de los milagros”, es decir, al conjunto
de personas formado por mendigos, vagabundos, prostitutas, criminales, truhanes,
pillos, malabaristas, comediantes, etc. (Geremek, 1991). Pero la marginalización no
es la exclusión
En los hechos, el concepto exclusión intenta describir el proceso a través del cual
una serie de actores sociales que habían sido incluidos en los frutos del desarrollo y
del bienestar en los años de bonanza económica, emergencia y consolidación del
Estado benefactor son excluidos —especialmente del mercado laboral—, debido a
los cambios inducidos directa o indirectamente por la globalización.
Con el propósito de pensar la situación de los países de América Latina desde el
punto de vista de la exclusión social, se le enriquece agregándole el ingrediente de
los derechos sociales. Minujin sostiene que “la inclusión social está referida
explícitamente a tener la posibilidad real de acceder a los derechos sociales”
(Minujin, 1998: 171).
Son las personas, los procesos o las relaciones de trabajo, la clase de referencia de
la exclusión social, pero la extensión se reduce a aquéllos individuos que han sido
excluidos. Un problema que tiene este tipo de concepto —que comparte la noción
de marginalidad— es que los criterios de clasificación son ambiguos; por ejemplo,
cabe preguntarse ¿en cuántas de las dimensiones prioritarias se debe estar
excluido para ser considerado excluido social? ¿Bastaría con una, con dos o hay
que serlo en todas, política, económica y social?
En conclusión, la marginación refiere a agregados sociales espacialmente
localizados, ya sea en estados, municipios o localidades, mientras que la
marginalidad predica sobre individuos.
Las transformaciones económicas, sociales y el avance de la globalización
produjeron en la década de 1990 precarización (realización de trabajos temporales
seguidos de periodos de desempleo y la reaparición de un perfil de población
supernumeraria) e individuación (multiplicación de contratos colectivos de trabajo,
parcelación de la negociación colectiva, tendencia a la individuación de la relación
salarial), desigualdades (en los riesgos del desempleo, el estatus y la remuneración)
frente a la transformación de las relaciones de trabajo (flexibilidad laboral tanto
interna como externa) (Castell, 1998: 149-158). La población que queda a la vera
del desarrollo es excluida porque alguna vez estuvo incluida. En Europa, la
exclusión se sigue de la inclusión.6
Por el contrario, en América Latina aún hoy hay sectores de la población que nunca
han estado incluidos o excluidos; están insertos en relaciones sociales de
producción precapitalistas —marginales económicos—, relaciones que según la
teoría de la dependencia serían destruidas por el avance del capitalismo. Sin
embargo, han sobrevivido debido al escaso dinamismo de la economía capitalista,
que no ha destruido las antiguas relaciones sociales de producción.