Capitulo 4
Capitulo 4
Las acciones
disruptivas
Esa dimensión corporal que expresaba lo que se enunciaba por escrito fue
claramente asumida por los nadaístas, puesto que muchas veces sus manifiestos
fueron acompañados de acciones disruptivas, posteriormente denominadas como
actos pánico,65 con las que sus manifiestos tenían un mayor alcance. Por esa razón,
al referirse al nadaísmo se puede hablar de una escritura performativa, pues en su
interés por hacerse a un espacio en el estrecho campo cultural colombiano
recurrieron a estas
65 A partir de una entrevista realizada a Jotamario Arbeláez, se deduce que no existe claridad sobre el
momento en que empezaron a denominar a estas acciones actos pánico. Sin embargo, se puede
afirmar que esta denominación es muy posterior al momento histórico en que empezaron a
realizarse, tal como se expondrá más adelante.
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acciones para llamar la atención de la prensa, tal como lo habían hecho los dadaístas
y los surrealistas. Sabían que no era suficiente con escribir un texto explosivo para
que las instituciones culturales colombianas prestaran atención a su propuesta
expresada desde la provincia; por ello consideraron necesario realizar acciones que,
además de darles visibilidad, evidenciaran el talante de su propuesta: un estado
permanente de rebeldía que se expresaba por medio del cuerpo y la palabra, sin
aspiraciones estéticas ni circunscritas al campo del arte, porque antes de ello era
necesario hacerse a un lugar, ganar una plataforma de enunciación.
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
Las acciones nadaístas fueron consideradas simples escándalos sin ninguna
relevancia, que buscaban llamar la atención, tal como lo refirió en su momento
Pardo Llada:
Un colombiano muy agudo, que conoció hace años a Gonzalo Arango, cuando éste
trabajaba oscuramente en una oficina de Cali, así opina: “Este muchacho tiene que
haberse planteado lo difícil que resultaba conquistar un nombre literario en nuestro
país, con todas las plazas ocupadas por los “escritores oficiales”; los Caballero
Calderón, los Germán Arciniegas, los León de Greiff, los Hernando Téllez. ¿Cómo
romper esa barrera? Pues provocando el escándalo”. [Pardo, 1961, p. 11]
66 Respecto al valor literario del nadaísmo, relacionado con la ausencia de una industria editorial
fortalecida, aún existe una gran cantidad de textos nadaístas que no han sido estudiados debido
a que la mayoría de cuentos y poemas producidos durante la década de los sesenta solo fueron
publicados en los suplementos literarios de El Tiempo y El Espectador.
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acciones y gestos, más allá de la poesía, pues consideraban que el escándalo
provocaría al público y lo haría reflexionar sobre su idea de arte.67
En este sentido, durante mucho tiempo se le ha reclamado al nadaísmo la
inexistencia de una propuesta literaria, cuando sus propósitos excedían el campo de
la literatura. Esa exigencia desde la literatura de una propuesta estilística ha
impedido considerar y valorar la importancia del nadaísmo en cuanto propuesta
contracultural que excedía el campo literario, al proponerse como una postura
corporal. Se les exigía una propuesta literaria, cuando en realidad habían planteado
la irrupción de una nueva belleza en la vida misma, sin ninguna limitación a ningún
campo artístico específico, pues ese era su lugar de enunciación: el cuerpo era el
lugar de su nueva propuesta de antibelleza.
Aquello que les criticaban, como publicidad y escándalo, en realidad fue su
propuesta más contundente, ya que, sin proponérselo dieron inicio a la
experimentación artística desde la materialidad del cuerpo a partir de su idea de un
arte que no se diferenciara de la vida. En ese postulado que reclamaba la necesidad
de un arte vinculado a la vida resuena uno de los principales postulados de las
vanguardias históricas europeas, tal como lo planteaba Marinetti: “Gracias a
nosotros, llegará un momento en que la vida ya no será una simple cuestión de pan
y trabajo, ni tampoco una vida de ociosidad, sino una obra de arte”. Las vanguardias
históricas compartían el mismo objetivo de ampliar el espacio y la experiencia de lo
artístico a la experiencia de la vida. De manera que no había un arte surrealista, sino
una forma surrealista de vivir.
67 A pesar de ese desconocimiento sobre las acciones protoperformativas realizadas por las
vanguardias históricas, no se podría exigir a los intelectuales de la época conocer la existencia de
una forma artística que solo una década después tendría nombre. Además de esto, al preguntarle
al artista Raúl Marroquín sobre la circulación de ideas respecto a esas prácticas artísticas
experimentales en el país, afirmó que solo tuvo conocimiento de estas al final de la década, gracias
al acceso a las revistas en inglés que podía consultar en las bibliotecas del Colombo Americano y
la Universidad de los Andes, lo que evidencia la completa ausencia de este tipo de ideas en el
contexto nacional a inicios de la década.
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disruptivas de las vanguardias históricas resuena en las acciones nadaístas, como se
expondrá más adelante.
Los nadaístas, al igual que las vanguardias de principios de siglo, renunciaron
a las estructuras tradicionales del arte por considerarlas muertas, acartonadas y
alejadas de la realidad. Del mismo modo que las primeras vanguardias, motivadas
por la necesidad de renovar la comprensión de la idea del arte, realizaron acciones
disruptivas que hoy se entienden como protoperformances, los nadaístas, con sus
acciones disruptivas también se constituyen en un antecedente para la historia del
performance en el país, en cuanto las suyas fueron experimentaciones que
permitieron ampliar los límites de la expresión estética y de la reflexión. En su afán
por recuperar el espacio de lo sensible, los nadaístas realizaron acciones que, si bien
eran espontáneas, en cuanto no implicaban un deliberado ejercicio teórico, surgían
de la reflexión y comprensión del contexto en el que se desarrollaban, lo que les
permitió dejar en evidencia que el espacio de lo sensible no pertenecía de forma
exclusiva a una clase social específica, como una forma más de dominación, con
reglas y estructuras particulares, sino que era un terrero de experimentación
mediante el que se podía escapar por un momento a las estructuras fijas del statu
quo.
Tal como se expuso en el capítulo anterior, los nadaístas criticaron el estatus
atribuido al arte, vinculado a una clase social específica, así como sus instituciones,
por tratarse de formas de exclusión que eran validadas y legitimadas por la
imposición de una sola idea de arte. Aunque sus acciones disruptivas no fueron
realizadas con el objetivo exclusivo de criticar las instituciones del arte, lo hacían, de
forma indirecta al burlarse de la manera en que usualmente se comprendía la
cultura. En ese sentido, todas sus acciones disruptivas pueden ser comprendidas
como acciones que, si bien fueron entendidas en su momento como meros
escándalos que buscaban llamar la atención de la prensa, en realidad constituyeron
el inicio de un proceso de experimentación en el que estaba vinculado el cuerpo a
partir de su idea de la vida como espacio para la poesía y el arte.
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De acuerdo con lo anterior, el nadaísmo se configuró como una propuesta de
contracultura, en cuanto no pensaba el espacio de lo sensible y la cultura como un
proyecto educativo hacia un deber ser otro, sino que, por el contrario, lo
desarrollaba como un espacio destinado a la experimentación múltiple y sin reglas,
en aras del descubrimiento de una cultura acorde con las particularidades y las
condiciones del hombre colombiano común. Así, mientras la idea de cultura
establecida pedía que el arte y la cultura ayudaran a la educación y la civilización de
los colombianos, el nadaísmo defendía una idea de cultura que invitaba a valorar las
manifestaciones sensibles que no habían sido consideradas por la cultura oficial y
que, por lo tanto, habían sido rechazadas. En ausencia de una pretensión de
civilización de la población, el nadaísmo definía la cultura como un espacio que se
instauraba en el espacio del cuerpo, y en el que era posible que los colombianos
reflexionaran sobre sí mismos sin aspirar a ser como otros.
A partir de su idea de una poesía para la vida, el nadaísmo ampliaba los límites
del arte, al no diferenciarlo de la experiencia inmanente, por medio de actos
poéticos que realizaban la idea de poesía y belleza en la realidad del presente. En
este sentido, el arte dejaba de pertenecer a una clase específica —la élite y la
reducida burguesía que había accedido a los espacios de educación y cultura
legitimados—, para convertirse en un espacio en el que todos los colombianos
podían participar en la construcción de una cultura: la vida cotidiana era el espacio
para el arte.
El nadaísmo veía en los espacios cotidianos y marginales la posibilidad del
encuentro de todas las otras ideas de lo sensible que habían sido rechazadas como
cultura. Así, esa marginalidad inicial supuso que su propuesta se desarrollara en la
calle, en el espacio de lo público, al que todas las personas podían acceder sin
importar su nivel educativo ni cultural, lo que se consolidó como parte de su
discurso al final de la década, tal como se evidencia en la carta de Jotamario:
196 197
respecto al atuendo. Los artistas de las vanguardias históricas también recurrieron
al atuendo para señalar su presencia y su diferencia respecto de los demás, tal como
lo refiere Fernández (2016) al resaltar que los constructivistas recorrieron las calles
utilizando vestimentas extravagantes que incluían pintarse la cara, usar pendientes,
rábanos y cucharas en los ojales. Aunque hoy en día esto parece del todo banal, el
atuendo y el aspecto de los nadaístas causaron un gran impacto en la sociedad,
tanto como para que fuera un aspecto muchas veces mencionado, del que se hacían
burlas constantemente.
Imagen 37. Fotografía realizada por Jaime Valbuena para acompañar la
columna de Jotamario Arbeláez en El Espectador, titulada "El huevo
filosofal" (1970-1973).
Siempre que en los periódicos se hacía referencia al nadaísmo se aludía a su
aspecto desaliñado o desarreglado, en completa oposición a la formalidad
acostumbrada por los intelectuales y los jóvenes.
Este Marco Fidel Chávez, poeta limpio, peluqueado y afeitado, leerá hoy sus versos
de “Oscuro meridiano” en la Biblioteca Departamental. En la sala recoleta de la
avenida Sexta no habrá tumultos noveleros, ni
198 199
consignas sectarias, ni condenaciones espectaculares. Pero, en cambio, se podrán
escuchar versos genuinos. [Pardo, 1961, p. 1145]
Primero que todo, no salíamos solos ni solas, porque era muy peligroso, había
mucha gente que nos odiaba, porque les parecíamos lo peor. En cierta manera lo
éramos también en el sentido de que éramos agresivos con la gente, porque nos
agredían mucho. Por ejemplo, una vez yo estaba con un muchacho en El Poblado.
Yo tenía el pelo muy largo, era muy flaca, era un aspecto muy agresivo para la gente,
y mis otros dos amigos, también. Entonces llegaron unos muchachos gomelos, en
unas motos, y empezaron a tirarnos monedas a la cara, mientras ponían las motos
alrededor. Era una cacería. Finalmente llegaron otros amigos y pudimos salir de allí.
Eran cosas de ese tipo de naturaleza, casi fascista.
[Patricia Ariza, comunicación personal, 20 de febrero de 2016]
Asimismo, el uso de la barba larga, adoptado por algunos nadaístas, tenía una
connotación revolucionaria, pues no solo transgredía la pulcritud del rostro limpio y
claro de los jóvenes de bien y trabajadores, sino que también era asociada a la
reciente Revolución cubana. A pesar de que los nadaístas nunca asumieron una
ideología política clara, por lo general fueron acusados de revoltosos izquierdistas,
pues asumían una actitud y un aspecto transgresor que era asociado de forma
inmediata con la Revolución, aunque no tuvieran una relación profunda, más allá de
un aspecto y una postura disidente.68 Aunque no existe evidencia documental al
respecto, dado que se trataba de algo que hacía más parte del imaginario colectivo
que se asumía como cierto, la siguiente imagen publicitaria de mediados de la
década de los sesenta da cuenta de esta idea, en un momento en que ya había
perdido su capacidad transgresora y simplemente había sido adoptada para un uso
publicitario.
Con el tiempo, los nadaístas exploraron aún más las posibilidades de impacto
con su aspecto, lo que evidenciaba aún más la homogeneidad con la que se
desarrollaba la vida cotidiana en el país, donde cualquier detalle que modificara en
algo el aspecto resultaba del todo sorprendente para el contexto local, tal como
sucedió cuando un día Jotamario decidió ponerse un parche en el ojo en referencia
a la moda que se impuso tratando de imitar a Dayán,69 lo que causó tal impacto que
lo llevó a parecer en la primera página del Diario Occidente de Cali.70
En la tesis Obra activa: (una) historia del performance en Colombia, 1959-1989,
León (2012) incluye al nadaísmo como uno de los antecedentes de la
experimentación y una de las primeras aproximaciones realizadas en el país al
cuerpo como material artístico, precisamente refiriéndose a su aspecto como acto
disruptivo: “Las apariciones públicas
69 El uso del parche hacía alusión a Moshé Dayán, político y militar símbolo del ejército israelí, parte
de la historia iconográfica contemporánea, quien perdió su ojo izquierdo en 1941, cuando
combatía contra Francia.
70 La capacidad transgresora del atuendo se perdió a finales de la década de los sesenta con la
aparición del hipismo, ya que convirtió en una moda lo que el nadaísmo había realizado como
transgresión.
200 201
del nadaísmo siempre estaban cargadas de gran conmoción, las mujeres nadaístas
solían vestirse de negro, era su forma de transgredir la moral imperante, una
postura ante el mundo” (p. 25). Además de ello, León se refiere a algunos de los
actos pánico realizados por los nadaístas para evidenciar su capacidad disruptiva en
el contexto nacional.
Jotamario Arbeláez con el parche a lo Moshé Dayán.
202
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Una de las acciones que tienen mayor recordación es la lectura que Gonzalo
Arango hizo de su manifiesto, escrito en papel higiénico. La lectura de discursos
escritos sobre papel higiénico se convirtió en un gesto recurrente de Gonzalo
Arango, con el que ponía entredicho las convenciones de la discursividad cultural,
incluyendo la propia, con gran ironía. En lugar de papel fino y cuidado, Gonzalo
Arango decide escribir su discurso en el más desprestigiado de los papeles, para
cuestionar simbólicamente el carácter trascendente y solemne de la cultura. Así,
aunque esta acción no causaba un gran impacto en la ciudad, es importante en la
medida en que evidenciaba una crítica que se volvía plástica y proponía una forma
nueva de performatividad de la cultura.
En el registro que existe en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano
aparece un Gonzalo Arango que es escuchado y aplaudido por el público de El
Automático. Pero esto no le interesaba al nadaísmo, pues suponía simplemente
hacer parte de una estructura en la que no creían y que se habían propuesto destruir
mediante acciones agresivas y salvajes, tal como habían amenazado en el Manifiesto
nadaísta (1958).
Como ejemplo de su intención, en agosto de 1959 realizaron su primer gran
acción disruptiva, el ataque al Primer Congreso de Pensamiento Católico
Colombiano, organizado por la Arquidiócesis de Medellín. Esta acción fue realizada
un año después de que Estanislao Zuleta se hubiera burlado irónicamente de la
capacidad transgresora del nadaísmo:
204 205
régimen capaz de imponerse como dictadura, a pesar de que aparentemente ya no
existía luego de 1957. Dicha acción tuvo un gran impacto debido a que Antioquia
era el principal bastión de la fe católica, pues allí aún resonaban los sermones de
monseñor Builes. Entre las decenas de escritores católicos que se reunían estaban
Otto Morales Benítez, Eduardo Carranza71 y Antonio Panesso Robledo (Panglós,
columnista de El Espectador).
De acuerdo con el artículo de periódico citado por Daniel Llano, la acción
nadaísta era considerada grave debido a que había sido realizada por “sujetos de
aparente cultura intelectual y que lo cometieron con el solo fin de atentar contra el
sentimiento cristiano” (Llano, 2015, p. 148). Con este acto, los nadaístas no se
comportaban como se suponía que debían hacerlo los intelectuales, con respeto y
deferencia por las instituciones, tal como lo haría Eduardo Carranza al pronunciar el
discurso de inauguración del Congreso.
A pesar del gran revuelo que causó la acción disruptiva nadaísta, el periódico
El Colombiano la ignoró completamente. Por el contrario, El Espectador reprodujo
fragmentos del Manifiesto nadaísta, lo que, como ya se dijo, significaba una forma
de respaldo, o por lo menos reconocimiento a la propuesta nadaísta, pues en lugar
de publicarlos como un atentado contra la sociedad, el marco en el que fueron
difundidos los manifiestos —la carta de aprobación y respaldo de Fernando
González, el análisis de Héctor Rojas Erazo y los artículos referidos al estado de
rebeldía en que se encontraba la juventud en el mundo— atenuaba el poder de su
acción. Esto fue leído como un gesto de aprobación por los sectores más
retardatarios del país, lo que accionó el mecanismo invisible de control del orden
que obligó al periódico a retractarse de su publicación y casi pedir disculpas por ello.
71 Eduardo Carranza regresó al país en 1958 para presidir la Academia Colombiana de la Lengua, por
lo que su poesía era considerada el canon en ese momento. Aunque es expresiva y no tan
discursiva, continuaba siendo académica, pues se desarrollaba como emulación de la producción
española de principios del siglo XX. El mote de Camisa Negra le fue endilgado casi de forma
inmediata por los nadaístas, quienes veían en él la representación de la literatura colombiana a la
que pretendieron enfrentarse: académica, concentrada en la exaltación de los sentimientos y
convenientemente cercana a la política y la religión.
206 207
seguridad que le otorgaba hacerlo desde la revista Semana —fundada en 1947 por
Alberto Lleras Camargo, quien en el momento de la encarcelación de Gonzalo
Arango era el primer presidente del Frente Nacional—, publicación que había
empezado a dirigir por designación de su fundador, con el objetivo de que
fortaleciera el nuevo proyecto de nación, que Lleras había asegurado desde 1956, 72
cuando se reunió por primera vez con Laureano Gómez para crear el Frente
Nacional. De acuerdo con lo anterior, Zalamea fue el único intelectual que se atrevió
a contravenir la censura que se había cernido sobre el caso de Arango, gracias a que
se sentía respaldado por el presidente del país.73
Luego de la apertura a la discusión que supuso la carta de Alberto Zalamea,
otros intelectuales consideraron necesario y posible manifestarse. En ese momento,
la revista Semana generó un espacio de discusión abierto, en el que, además de las
voces de los intelectuales, se escuchó a la Iglesia:
72 En el prólogo al libro La Nueva Prensa 25 años después, Alberto Zalamea (1986) pone en evidencia
la íntima relación entre la consolidación del poder y la producción discursiva, al señalar que,
durante los primeros años del Frente Nacional, la revista fungió como un órgano de esa nueva
organización del Estado: “En 1958 se había convertido en una revista rosa que publicaba graciosos
gatos en su portada […] Aquel mismo año, un grupo de admiradores y amigos del presidente Lleras,
asociados con la revista Visión, de circulación hemisférica, resolvieron rescatar a Semana del
naufragio como un homenaje al periodista y al estadista que ocuparía la jefatura del Estado a partir
del 7 de agosto de ese año [1958]” (p. 13).
73 Es muy importante mencionar que el apoyo y respaldo que Zalamea había recibido por el fundador
de la revista fue del todo negado cuando en 1960 se atrevió a poner a Fidel Castro en una portada
de la revista, lo que condujo al cierre de esta.
208 209
Ese mismo año, tan solo unas semanas después, el 16 de septiembre de 1959,
un grupo de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes, entre los que se encontraban
Carlos Granada y Alfonso Quijano, irrumpió en el Museo Nacional el día de la
inauguración del XII Salón de Artistas Nacionales, y con silbatos impidieron que se
realizara la premiación, del todo cuestionada debido a que el premio había sido
otorgado a Eduardo Ramírez Villamizar, quien también fungía como jurado del
Salón. De acuerdo con León (2012), esto hizo que el director de la Escuela, Eugenio
Barney, amonestara a los estudiantes por los actos realizados, quienes respondieron
descubriendo los murales nacionalistas —realizados durante la República Liberal
por Ignacio Gómez Jaramillo—, que habían sido censurados y cubiertos cuando el
Partido Conservador regresó al poder. Ese fulgor contra las instituciones del arte se
encendió aún más cuando ese mismo año fueron retiradas varias de las obras de
Carlos Granada que hacían parte de la exposición organizada en la Biblioteca Luis
Ángel Arango, “Ocho artistas jóvenes”, lo que hizo que estudiantes de la Escuela de
Bellas Artes volvieran a manifestarse, descolgando las obras que habían dejado en
la Biblioteca para llevárselas y formar una barrera frente a El Tiempo.74 En este
sentido, la supuesta libertad que había significado el derrocamiento de Rojas Pinilla,
en realidad había significado el establecimiento de un único orden que censuraba
cualquier idea disidente, tanto en el campo de la política como en el del arte.75
74 Es importante
mencionar que a la
Escuela de Bellas
Artes de la
Universidad Nacional
estaban vinculados
como profesores,
artistas como Ignacio
Gómez Jaramillo,
quien había
desarrollado su obra
muralista durante la
década de los treinta,
en consonancia con
las propuestas de la
República Liberal.
75 Aunque se
desconoce cuáles
fueron las obras
censuradas en la
exposición, es
probable que hayan
sido retiradas por su
contenido de
denuncia, dado el
interés que tuvo
Granda por este tipo
de temas a lo largo
de su carrera. Es
necesario realizar
una revisión de este
episodio en
particular, debido a
la contradicción
existente en él, puesto que en ese momento el artista ya había sido galardonado con una beca de
estudio en el marco del polémico XII Salón de Artistas Colombianos de 1959, por su obra
Marionetas, así como también había hecho parte del grupo de artistas que fueron seleccionados
para representar al país en la Bienal de Venecia en 1958, lo que evidencia que su obra ya había
sido considerada como parte del canon que se estaba estableciendo en ese momento.
Imagen 39.
El Espectador (27 de noviembre de 1959). Discurso de inauguración de la Bienal de las Cruces.
Ante la censura y la resistencia de las instituciones de arte para dar lugar a las
expresiones artísticas que se preguntaban por la posibilidad de un arte capaz de
expresar las inquietudes del país, los estudiantes de la Escuela de Bellas Artes
decidieron realizar la Primera Bienal de Las Cruces como una forma de responder al
populismo de la exposición de pintura colombiana para los barrios del sur
organizada por el gobierno con el objetivo de llevar el arte producido en las altas
esferas de la cultura a los sectores históricamente excluidos:
Para que la aristocracia bogotana no tenga oportunidad de venir a lucir sus joyas,
sus Christian Dior y sus pieles de Bisonte… porque aquí no se va a dar champaña a
los invitados, ni nadie se hizo lavar la caja de dientes para sonreírle cómplicemente
a los artistas […] Aquí dejamos esta exposición para que el pueblo excluido
secularmente de los privilegios
76 Por el momento no existe evidencia u otro relato que respalde esta versión sobre el soporte del
discurso.
212
213
Pero yo me sublevo y grito que si la democracia no ha traído hoy al ejército a esta
exposición es porque se está burlando de nosotros los artistas y los intelectuales,
porque hace ocho días en este mismo sitio, veinte muchachos de nuestra
generación fueron estrujados y encarcelados y coartada su libertad de expresión
política y confiscados sus emblemas revolucionarios por el delito de expresar su
solidaridad con las causas libres y populares de Cuba y Panamá, presionados por el
imperialismo capitalista. [Arango, 1962, p. 262]
214 215
alcalde de la ciudad de Cali solicitando el reemplazo de la estatua de Jorge Isaacs
por una de Brigitte Bardot:
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
En la petición se aseguró: “[…] que en las vecindades del Paseo Bolívar […] se
encuentra estacionado desde hace muchos años un monumento torpe a un pecado
mortal sin cometer —agresividad contra la civilización que hemos alcanzado—, fiel
representación de un mito literario mandado a recoger, por simbolizar las
lucubraciones mentales de un enfermizo producto de las mediocridades revividas
del siglo pasado que llamaron inútilmente Jorge Isaacs, fabricante de un libro barato
de romanticismo bobalicón y sensiblero al que vulgarmente —y con razón—
denominan ‘María’”. [Llano, 2015, p. 33]
Aunque Daniel Llano considera que esta declaración era una más entre las
acciones mediáticas realizadas por los nadaístas, el gesto implicaba una crítica al
canon literario del país por medio de una acción que, aunque no involucró la
realización de una acción en la que el cuerpo participara como una presencia física,
ni se desenvolvió en un tiempo y espacio precisos, condiciones de las acciones
protoperformativas, creaba un espacio narrativo de ficción que, a pesar de que fue
tomado como una ridiculez por la prensa, era un gesto plástico lleno de ironía, en
cuanto daba lugar a la posibilidad de pensar en otro tipo de discursividad, la de las
ideas de la imaginación, capaces de hacer una crítica incisiva al canon.77 Así, aunque
no hubo presencia corporal, esta acción puede ser considerada performativa, ya que
se valió de las estructuras tradicionales con las que funciona la realidad —envío de
una carta para hacer una solicitud formal ante una institución— para insertar una
textualidad que circuló en esa realidad, pero con un alto contenido de ironía y
ficción. En este sentido, se volvió performance, en la medida en que en medio de las
estructuras de la cotidianidad se abren espacios a otras posibilidades de lo sensible,
desde la ficción.
77 Aún en 1967, la María de Jorge Isaacs, además de ser un ícono en el canon de la literatura nacional,
era erigida por la Iglesia como un modelo para las mujeres colombianas, debido a sus valores
morales, tal como se evidencia en un artículo publicado en el Diario Occidente de Cali del 15 de
junio de 1967.
En junio de 1961 llegó a Medellín la Gran Misión, una avanzada de curas españoles
encabezados por el jesuita Enrique Huelin. Enarbolaban como ordena su empeño
una imagen de la Virgen de Fátima. Se proponía extender su culto […] La semana
terminaría con la Eucaristía, el sábado a las diez de la noche, especialmente, para
jóvenes. En la catedral Metropolitana, que encabezaba el Parque de Bolívar. La
inmensa nave estaba abarrotada de jóvenes católicos. Se estaba dando la
comunión. En el Metropol, cantina a media cuadra del parque, que operaba como
cueva de los nadaístas, donde fumaban y bebían noche a noche, estaba un grupo
de ellos ―No estaba Gonzalo Arango―. De repente, quizás sin premeditación,
alguno dijo: “Vamos a comulgar en la gran Misión”.
Al fin, el nadaísmo vivía del escándalo y hacía días que no practicaba ninguno. Se
pararon cinco o seis, y con los ojos vidriosos y el caminar incierto, se dirigieron hacia
la Metropolitana. Fueron entrando por la nave del medio. Había unos dos mil
jóvenes comulgantes. Su espanto, ante esa tropilla de sujetos de ropas astrosas y
gestos alucinados, debió ser mayúsculo: les fueron abriendo camino, tensos, en
silencio, como un ejército hendido por un cuerpo cerrado de infantería enemiga.
Los nadaístas no dijeron nada, no lanzaron voz alguna, ni hicieron gestos de ninguna
especie. Caminaban en silencio, agachados, igualmente temerosos en medio de la
multitud que sentían hostil. Llegaron hasta el presbiterio que distribuía la comunión.
Se acercaron, en igual silencio y comulgaron uno a uno. Al instante estalló algo así
como una conflagración. Un griterío histérico […] y el grito unánime repetido,
monocorde: “Mancillaron la Sagrada Eucaristía”. Y fue un grito unánime la
acusación, sin respaldo en testimonio directo, brotado sólo del fanatismo: que, al
recibir la hos-
216 217
tia, los nadaístas se la habían sacado de la boca, arrojándola al suelo y pisoteándola.
[Arango, 2006, p. 40]
De acuerdo con Daniel Llano, al otro día los sacerdotes Enrique Huelin y Arturo
Tobón de la Calle denunciaron ante la inspección de policía el hecho manifestando
que se había irrespetado su sentimiento religioso, mientras la Sociedad de Mejoras
Públicas de Medellín protestó por la profanación:
Las citas referidas por Llano evidencian el modo en que la actitud nadaísta era
completamente cuestionada, ya que implicaba un comportamiento que no coincidía
con la idea de intelectual que se tenía hasta el momento. En lugar del intelectual
cercano a los principios de la Iglesia, de comportamiento ejemplar y virtuoso,
estaban estos jóvenes que además de que no tenían la formación necesaria para
hacerse llamar intelectuales, tampoco se comportaban como tales, sino que, por el
contrario, representaban la completa antítesis de lo que la Iglesia consideraba que
era un intelectual.
Aunque, al parecer, los nadaístas simplemente guardaron las hostias dentro
de un libro, este gesto desató la furia de la facción más reaccionaria que se
encontraba en la Iglesia, que creyó que los nadaístas habían profanado el cuerpo de
Cristo escupiendo las hostias y pisándolas.78 Una vez más, los nadaístas provocaban
a la Iglesia, lo que generó una persecución que terminó con la captura y
encarcelamiento de Eduardo Escobar, Alberto Escobar y Jaime Espinel, y el inicio de
un proceso penal al que fueron convocados los sacerdotes para que dieran su
versión de los hechos. Ningún testigo compareció a declarar que había visto a los
nadaístas escupir las hostias, de manera que solo hubo testigos que declaraban que
habían recibido la comunión, tal como narra Aguirre, quien en ese momento fungió
como su abogado defensor. Debido a que no hubo testimonios que incriminaran a
los nadaístas, y como el inspector estaba de acuerdo con que no existía ninguna
prueba, soltó a los detenidos por una fianza mínima, a pesar de las llamadas diarias
que le hacía el padre Huelin para que mantuviera a los sacrílegos en la cárcel.
Imagen 41. Sin
autor (s. f.).
Gonzalo Arango
es recibido en el
aeropuerto de
Cali por
Jotamario
Arbeláez,
Raquel
Jodorowsky, Elmo Valencia y Pedro
Alcántara. Archivo de Jotamario
Arbeláez.
218 219
El poder disruptivo de
esta acción se evidencia por el
proceso legal que
desencadenó. A pesar de que
no realizaron ningún sacrilegio,
su presencia en la iglesia era
tomada como una afrenta, así
que tan solo su presencia puso en tensión el espacio y las ideas que se tejían en él
respecto al modo en que se definía a los nadaístas. Con esta acción se evidenciaba
una vez más el carácter refractario de la comunidad paisa, ya que ni siquiera resistía
la presencia de los nadaístas, pues significaba una rebeldía. De manera que, con un
movimiento mínimo, poniendo en juego los prejuicios de la comunidad católica, los
nadaístas desataron e hicieron evidente la fuerza de sus convicciones, capaces de
acusar de sacrilegio a quienes se mofaban de ello, aunque en realidad no lo hicieron.
Aparte de lo referido, resulta interesante que los nadaístas, con anterioridad al
supuesto sacrilegio de las hostias, realizaban pequeños gestos plásticos al recibir las
hostias y guardarlas disimuladamente para escribir en ellas breves poemas que
regalaban a las nadaístas.79
Patricia Ariza fue una de las jovencitas que encontró en el nadaísmo una
posibilidad para manifestar su disidencia durante su estancia en Medellín —había
sido expulsada del colegio de monjas al que pertenecía y no quería volver—.
Durante los años en que fue cercana al nadaísmo, decidió viajar a la costa atlántica
para conocer a los nadaístas de Barranquilla. Allí conoció a Álvaro Medina, quien la
llevó a La Cueva, donde conoció a Alejandro Obregón y a Álvaro Cepeda Samudio.
Luego de su estancia en la ciudad, decidió viajar junto con otras nadaístas a
Cartagena, donde perdieron todo el dinero que llevaban. Para intentar resolver la
situación decidió visitar a Judith Porto de González, en ese momento directora de la
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
Extensión Cultural de Cartagena y admiradora de Gonzalo Arango, quien le propuso
que diera una conferencia sobre el nadaísmo como contraprestación al dinero que
le daría para que pudieran volver a Bogotá.
Durante los cuarenta y cinco minutos que debía durar la conferencia, Patricia
Ariza permaneció en silencio frente al auditorio. A pesar del calor, el sudor, las
lágrimas, los papelitos, las monedas y las increpaciones de los asistentes,
permaneció completamente muda ante un auditorio que había asistido para saber
qué era el nadaísmo. Ariza narra que después
de los primeros momentos en que fue gritada y agredida, los asistentes se fueron
quedando callados observándola, mientras ella hacía lo mismo, completamente
inmóvil. Sin proponérselo, ni siquiera saberlo, Patricia Ariza realizó el primero de sus
performances.
El bloqueo que le produjeron los nervios de tener que dar una conferencia
sobre algo que entendía más como una forma de vida que como una estética
precisa, la condujeron a crear una situación completamente nueva, tanto para ella
como para los espectadores. Carente de las pretensiones de una gran oradora
miembro del nadaísmo, simplemente aceptó la complejidad y la vivió, al tiempo que
su presencia invitaba a los espectadores a que permanecieran en la experiencia de
ese silencio. Patricia dice que mientras el tiempo pasaba, pensó que el nadaísmo era
precisamente eso: nada. Pero la conferencia había sido todo, menos nada. Se había
creado una situación que dislocaba las reglas del funcionamiento de la conferencia:
no hubo tal; por el contrario, hubo un acontecimiento: la observación de un cuerpo
en completa tensión, capaz de sostener la tensión de un auditorio ansioso. El
silencio y la permanencia de los asistentes evidenciaban que la gente sabía que allí
estaba pasando algo. El cuerpo de la nadaísta evidenciaba y ponía en tensión el
tiempo y el espacio contenido en el auditorio. Era un performance, sin habérselo
propuesto. Los espectadores, obligados a abandonar la seguridad de la pasividad y
la escucha, vivieron el momento con la nadaísta: “Los aplausos para los futuristas
solo indicaban algo mediocre, soso o demasiado bien dirigido. El abucheo aseguraba
que el público estuviera vivo” (Manifiesto El placer de ser abucheado, de Marinetti).
La contundencia de este acto contrasta con la quema simbólica que los
nadaístas de Cali hicieron de Gonzalo Arango, debido a la carta que envió a Gonzalo
González el 30 de diciembre de 1962, en la que mencionaba la necesidad de pasar
de la postura y la actitud corporal nadaísta a la creación literaria, en los términos
con los que usualmente se desarrollaba y con los que había escrito su manifiesto: la
corrección corporal y la soledad.
Su importancia [la del nadaísmo] ya no radica en el pelo largo, sino en las ideas
importantes que haya bajo el pelo. No hay que ocultar una falta de
220 221
valor con un exhibicionismo excéntrico, ni confundir la pederastia con la poesía, ni
la marihuana con el genio incomprendido, ni la desesperación con la falta de
cigarrillos Kent […] Ya sé que los intelectuales de izquierda, que confunden la barba
con la revolución, dirán que el nadaísmo ha ingresado en una fase fascista […] ¡No
más el Navío ebrio, de Rimbaud, para justificar nuestro falso genio poético
naufragando en mareas de nicotina! [Arango, 1962, p. 8]
Mi único consejo a los nadaístas es: Empleen su literatura en “algo” que sea “algo”,
no desperdicien su madera quemando basura mojada. Resérvenla para los
Carrasquilla, Gutiérrez González, Calibanes, etc., etc. Conciban algo nuevo,
refrescante, que estimule, algo que suplante y supere a esos poetas de florecitas y
primaveras. [Diario Occidente, 1963]
222
223
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
desde
sus
inicios
hasta
el
final.
El Festival era organizado por un consejo directivo, en el que por lo general se
encontraban Fanny Mickey y Maritza Uribe de Urdinola, y un consejo artístico
conformado por el Consejo Académico de Bellas Artes, integrado por Néstor
Sanclemente, director de Bellas Artes y Extensión Cultural del Valle (1962-1965);
Enrique Buenaventura, director de la Escuela de Teatro; Pedro I. Martínez, director
del Teatro Experimental de Cali; Gustavo Rojas, director de Bellas Artes; Giovanni
Brinati, director de la Escuela de Ballet, y Gerardo Romero Restrepo, director de la
Biblioteca Piloto Departamental.
Desde sus inicios, el Festival de Arte fue patrocinado por entidades públicas y
privadas, como la División Cultural del Ministerio de Educación Nacional, la
Gobernación del departamento del Valle, el Municipio de Cali, Suramericana de
Seguros, Coltejer, Licores del Valle, Productora de Papeles Propal y diversos clubes,
entre otros participantes privados. Con el paso de los años, a medida que el Festival
se fue fortaleciendo, la programación incluía agrupaciones nacionales e
internacionales de diferentes áreas artísticas, como danza, teatro, música, literatura
y arte. Asimismo, se podían reconocer diferentes tipos de eventos en estas áreas,
como exposiciones, conferencias y presentaciones públicas. El Festival de Arte se
realizaba en diferentes escenarios de la ciudad, también públicos y privados: Teatro
Municipal, Gimnasio Olímpico, Teatro al Aire Libre Los Cristales, Palacio de Bellas
Artes, Biblioteca Piloto Departamental, Studio Galería de Arte, Instituto Popular de
Cultura, Sala Julio Valencia, El Taller, La Tertulia, Alianza Colombo Francesa, entre
otros. A pesar de las intenciones de promover el acceso a diferentes producciones
culturales, el Festival entrañaba el mismo carácter civilizador que desde hacía
décadas se le otorgaba al arte y la cultura, tal como se evidenciaba en el texto que
se incluyó en el folleto de programación del II Festival de Arte (1962):
Corría el mes de febrero de 1961, y en una reunión ordinaria del Consejo Académico
de Bellas Artes y Extensión Cultural del Valle surgió por primera vez la idea de
realizar en la capital del Departamento un certamen artístico de proyecciones
nacionales. La iniciativa, conocida por algunos allegados a la institución artística en
referencia, fue acogida inicialmente con explicable escepticismo. La creación de un
evento que únicamente fuera a reunir lo mejor del arte y la cultura nacional, no
parecía constituir suficiente atractivo, sobre todo cuando debía competir
abiertamente contra ferias y fiestas donde las corridas de toros, las reinas, bailes y
el alcohol constituyen principal objetivo de lógica y comprensible repercusión
popular. Por otra parte, la ciudad de Cali no parecía indicar ser el lugar más
apropiado para una manifestación que estuviera dedicada exclusivamente a la
exaltación del espíritu. Y justamente este concepto fue el que, con gran intuición,
entendió el Concejo Académico de Bellas Artes equivocado. Al entusiasmo, a la
confianza plena en el pueblo vallecaucano en su maravilloso poder de captación
hacia todo lo que representa expresiones auténticas del sentir y el pensar de
quienes ayudan a afirmar los valores de esta humanidad, al convencimiento que
todo lo que se haga en este sentido es suficiente justificación para sacrificios, se
debe la creación del Primer Festival Nacional de Arte, que sin lugar a dudas se
constituyó en el máximo acontecimiento artístico del año pasado y que con todo
optimismo y derecho pretende emular este año.
Por iniciativa del Consejo Académico de Bellas Artes, que llevó la petición al Consejo
Directivo de Bellas, artes fue aprobado el Acuerdo N 2 del 10 de abril de 1961 que
dice: “El Festival Nacional de Arte, propenderá de manera decisiva a la difusión
popular de la cultura, facilitará el conocimiento e intercambio entre las diversas
regiones de la patria y contribuirá a mejorar el clima espiritual que vivimos los
colombianos. [Folleto II Festival de Arte. Cursivas agregadas]
224 225
corriente de lo que estaba sucediendo fuera de sus fronteras, no sólo en Europa y
Estados Unidos, sino también en Latinoamérica”. En ese afán, se establecían claras
diferencias entre alta y baja cultura, siendo esta última representada por las ferias
y fiestas caleñas, a las que no se les reconocía ningún valor cultural.
Asimismo, aunque en la programación de incluían eventos nacionales e
internacionales en los mismos escenarios, se establecía una jerarquización entre
ellos. Al respecto, se puede mencionar el modo en que en el folleto del IV Festival
de Arte (1964), en el que, a propósito de la presentación del Grupo de Danzas de
Colombia del Instituto Popular de Cultura de Cali, al cual estaba vinculada Delia
Zapata Olivella, se enuncia la presentación como producción que está en proceso
de, es decir una producción cultural con menor valor, una expresión folclórica que,
si bien era incluida en la programación, era presentada de forma subordinada. En
este sentido, se establecen diferentes niveles para catalogar la producción cultural:
226 227
había sido invitado al Encuentro de Poetas que se realizaría el primer sábado del
80
80 Jotamario se presentó junto a Aurelio Arturo, Gerardo Bedoya, Eduardo Carranza, Carlos Castro
Saavedra, Eduardo Cote Lamus, Óscar Echeverri, León de Greiff, Meira del Mar, Rafael Maya y Luis
Sendoya.
228 229
Imagen 44
A su llegada a Cali, la poeta fue recibida por los nadaístas con una sombrilla de
zapatos, gesto que fue registrado en la prensa como un acto absurdo y escandaloso.
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
Además de este gesto, Arango y Jodorowsky llegaron a la conferencia montados en
un burro, gesto que fue criticado por Marta Traba y Pardo Llada:
Las culturas subdesarrolladas toleran la enfermedad infantil del nadaísmo con una
amplia sonrisa benévola. Los periódicos tradicionales y reaccionarios les abren sus
páginas literarias con notoria simpatía. La burguesía adinerada les consigue burros,
sombreros de papel, barbas postizas para que se disfracen. ¡Qué mejor que tener
pequeños bufones inofensivos, sin sueldo, diciendo frases chocantes sin ninguna
consecuencia! Y los atacados por la enfermedad infantil del nadaísmo se prestan a
este juego estúpido, sin reclamar siquiera una mísera paga a cambio de los servicios
que prestan al sistema. [Traba, 1964, p. 50]
Confieso que no había leído nada de Raquel Jodorowsky, la dizque poetisa (?)
peruana que invitaron al Festival de Arte. Una tarde me la presentaron en la casa
de Nelly Domínguez y desde el primer instante me pareció repelente (la Jodorowsky
es una dama de ojos claros, ciertamente bonitos, pero vestida horrorosamente,
como de carnaval, de un cursi que asusta). Luego supe que cuando pronunció su
conferencia en “La Tertulia”, compareció en esa prestigiosa casa cultural a
horcajadas sobre una burra y portando un cartelón estúpido y grosero. Con esas
referencias bastaba para no interesarme en la escandalosa dama nadaísta. [Pardo
Llada, junio de 1964]
Esto parece una burrada, pero en realidad, sí es. Porque la poesía, como el
heroísmo, como la santidad, como el amor, se montaron siempre en algo,
230 231
le anunciaron al mundo una nueva victoria, no solo en las guerras, sino en el destino espiritual
del hombre. Me permito recordarles la entrada triunfal de los santos y de los conquistadores.
Jesucristo en Jerusalén enarbolando la redención del hombre, Simón Bolívar entrando en
América enarbolando la libertad política, los astronautas rusos cabalgando por el espacio
sobre caballos de fuerza nuclear. Y ahora Raquel Jodorowsky entrando a La Tertulia de Cali
con un atado de poesía en el seno de
Abraham. [Archivo de Jotamario Arbeláez]
Imagen 45.
Sin autor (ca. 1964). Fanny Mickey y Gonzalo Arango en el Bellas Artes. Fondo
Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca.
A pesar de que los nadaístas habían participado en la programación y los
premios literarios otorgados en el IV Festival de Arte, decidieron crear su propio
festival, de acuerdo con su comprensión de vanguardia y cultura.
232
233
[…] Fue muy exitoso por los comentarios de prensa a favor y en contra, y lo que
significó para los jóvenes: poder escuchar a los poetas jóvenes, poder ver la obra de
los artistas jóvenes, oír a los conferencistas, ver teatro distinto, abrir unas puerticas
hacia el mundo. El Festival fue muy exitoso, tanto que el público no sabía si ir al
espectáculo de teatro del festival oficial [Festival de Arte], o ir a apretujarse allá, al
espectáculo de teatro nuestro. La gente corría de un lado para otro. Eso nos llevó a
que en el segundo Festival tratáramos de establecer itinerarios para que la gente
pudiera ir a una cosa y a la otra. Nosotros conversábamos con el Festival de Arte,
todos éramos amigos. [Pedro Alcántara, comunicación personal,20 de septiembre
de 2014]
236 237
A pesar de que en la programación se incluyó la realización de otras
intervenciones orales (lectura de poemas de Eduardo Escobar, conferencia de
Jotamario Arbeláez y Gonzalo Arango y la conferencia de Marta Traba), en los
relatos de los nadaístas sobre dicho festival pervive la memoria de las
intervenciones que rompían con los esquemas establecidos para la realización de
este tipo de intervenciones. Así, al igual que la conferencia pintada y la intervención
oral con música electrónica, de Elmo Valencia, Arbeláez (2018) recuerda 83 que
también se realizó el Consejo de Guerra Verbal al Arte Contemporáneo, una mesa
redonda en la que participaron Gonzalo Arango, Jotamario Arbeláez, Elmo Valencia,
Norman Mejía, Eduardo Escobar, Pedro Alcántara y Santiago García. De acuerdo con
Arbeláez, la conversación no se planteó como una discusión erudita sobre las
corrientes artísticas contemporáneas en el campo del arte y la literatura, sino como
una oportunidad para plantear ideas polémicas que rápidamente eran aplaudidas
por un público animado y entusiasta. Con la nueva gramática con la que se realizó
dicha intervención se quebraba la posición de pasividad del espectador, pues este,
en lugar de permanecer en silencio para escuchar a los expertos, intervenía
aprobando o desaprobando los postulados que hacían los conferencistas, quienes,
en lugar de asumir el papel del intelectual con el poder de la palabra para ilustrar
sobre el arte contemporáneo, emitían discursos cortos con el ánimo de que el
público aprobara o desaprobara aquello que se enunciaba. Si bien dicha
intervención del público no implicaba una reflexión específica en el campo del arte
respecto a la necesidad de otorgar un mayor protagonismo al espectador, a partir
del objetivo de crear experiencias diferentes nuevas en el espectador y llamar su
atención, en esta conferencia se evidenció la experimentación de las formas de
enunciación a partir del cuestionamiento de su funcionamiento tradicional.
Además de este tipo de intervenciones experimentales que daban continuidad
a la realización de acciones disruptivas, de acuerdo con ese interés de realizar una
programación que permitiera al espectador aproximarse a nuevas formas artísticas,
en la programación también se incluyó la proyección de las películas El gabinete del
doctor Caligari (1920), de
84 En la cara principal del folleto realizado para el Festival se prefiguraba la acción que se realizó el
día de su inauguración, pues en él aparecía un dibujo conjunto realizado por Norman Mejía y Pedro
Alcántara, cuyas fotografías aparecían a los lados del dibujo a modo de marco, que se completaba
con los nombres de las piezas que cada artista exhibió en el Festival. Respecto al folleto, es
importante mencionar que fue diseñado por Pedro Alcántara.
238 239
240 241
otorgó el primer premio de pintura a Norman Mejía por su obra La horrible mujer
castigadora, y el primer premio de dibujo a Pedro Alcántara por ¿De esta tumba, de
estas cenizas no nacerán violetas?,85 dos obras en las que estaban presentes las
mismas experimentaciones que los artistas habían presentado durante el Festival
de Vanguardia.
Imagen 49. Pedro Alcántara (1965). Sin título, de la serie ¿De esta tumba, de estas
cenizas no nacerán violetas? Tinta china y collage sobre papel. 50 cm x 70 cm,
1965. Premio de Dibujo, XVII Salón de Artistas Nacionales.
85 Aunque Pedro Alcántara ya había ganado el primer premio de dibujo en el XV Salón de Artistas
Colombianos (18 de octubre a 9 de noviembre de 1963) con su obra Naturaleza muerta 1,2,3., en
1965 cuando volvió a ganar el premio en dicha categoría, lo hizo con dibujos que conservaban el
lenguaje abstracto expresivo de sus primeros dibujos, pero ahora con una clara referencia al
acontecer político y social del país.
242
243
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86 Juan Gustavo Cobo Borda, en su Historia portátil de la poesía colombiana, 1880-1995 (1995), afirma
que durante la acción nadaísta, además de la novela de Isaacs, fueron colgadas La vorágine, el
catecismo del padre Astete, la Constitución Nacional, Un año de gobierno de Alberto Lleras y los
ensayos de Silvio Villegas.
244 245
Imagen 50. II Festival de Vanguardia [folleto]. Archivo de Pedro Alcántara.
246 247
En correspondencia con la propuesta contracultural del nadaísmo, a diferencia
de la solemnidad de los lanzamientos de libros de poesía, los nadaístas decidieron
hacer de su lanzamiento una fiesta. En esa acción estaba presente el germen de las
posibilidades performativas de la fiesta. De acuerdo con Vignolo (2015), la fiesta
deviene performance debido a que en ella se crea un espacio y un tiempo específico
en el que se dislocan las reglas establecidas del régimen de la cotidianidad, para dar
lugar a la creación de nuevas reglas y papeles:
La fiesta refleja las relaciones de poder y las estructuras jerárquicas dominantes; por
el otro [lado], es ahí donde surgen formas inéditas de resistencia y persistencia que
permiten un reconocimiento radical de las diferencias, y una apertura hacia otros
mundos posibles. Toda celebración pone en marcha dispositivos retóricos y
materiales que buscan articular la dimensión cotidiana con la histórica y la mítica a
través de lo que propongo llamar regímenes de alteración festiva. Con ello me
refiero a un conjunto heterogéneo de políticas, prácticas y poéticas orientadas a
generar alteraciones, ensayar alternativas y producir alteridades en un sistema
social, a través de tácticas y estrategias propias del juego y del ritual […] En esos
juegos de alteración se ensayan alternativas de comportamiento, que permiten a
los sujetos experimentarse por fuera de los propios hábitos cotidianos, roles
sociales y modelos de referencia. El espacio de la fiesta es una heterotopía. [Vignolo,
2015, p. 138]
Alegre Levy a cada rato volaba por el techo […] Edgard Bohmer, estrenó una peluca
sensacional que de pronto apareció en la testa calva del poeta Javier Arias Ramírez;
cinco barbudos no se perdieron un solo baile a go-go; Acevedo, Eagen, Guerrero, el
argentino Satz —con su señora idéntica a Audrey Hepburn— y el propio Jota, de lo
más inspirado […] El fotógrafo Nereo se lamentaba con “la Botero” de no haber
llevado a Saint Tropez su cámara “ojo de pescado” para captar aquella visión de
aquelarre. Un grupo de juveniles admiradoras de Jotamario, pequeñitas, de
minifalda y con unas chillantes medias azules, negras y blancas, iban y venían de un
lado a otro en un trajín absurdo y sin sentido. Hubo momentos en que el homenaje
parecía un ensayo de Marat-Sade.89 [Pardo Llada, columna Mirador, Diario
Occidente (recorte de prensa, ca. junio de 1966)]
88 De acuerdo con Álvaro Medina, la fiesta fue otra propuesta que la provincia le impuso a la ciudad,
pues en la capital, las fiestas, a principios de la década, transcurrían en las márgenes del
acartonamiento y las convenciones sociales.
89 La fiesta era un espacio al que los jóvenes y artistas estaban vinculados de forma íntima. Así como
existían las fiestas nadaístas, también estaban aquellas que se realizaban en la Colina de la
Deshonra, nombre dado al barrio La Macarena, en Bogotá, inspirado en la película The Hill, de
Sidney Lumet (1965), donde se encontraban los apartamentos de Enrique Grau, Hernán Díaz y
Eduardo Ramírez Villamizar, centros de la fiesta, siendo el de Grau el más famoso. Allí se dio otro
significado a la fiesta: de la formalidad y las buenas maneras se pasó a la extravagancia y el juego,
a donde todos los artistas de la ciudad llegaban a participar de la bacanal, el juego y el éxtasis.
Para entrar solo era necesario estar disfrazado. Además de las entrevistas a Carlos José Reyes,
Álvaro Medina y Umberto Giangrandi, recopilados para esta investigación, también se cuenta con
el artículo publicado por Lorenzo Morales La deshonra de la colina (2011) en la revista Arcadia.
248 249
El Primer Festival de Teatro de Cámara: Alejandro
Jodorowsky en la Casa de la Cultura
Imagen 53.
El Tiempo (4 de
septie mbre de
1966). Entrevista de
Fanny Buitrago a
Alejandro
Jodorowsky.
90 Tres años después de que el grupo de teatro El Búho empezara a funcionar en las instalaciones de
la Universidad Nacional (1962), el proyecto fue acogido de forma oficial por la Universidad, cuando
Marta Traba, en ese entonces directora de la Sección Cultural de la Universidad, organizó la
Facultad de Artes y, adscrito a ella, el Teatro Estudio.
250 251
la Cultura, mientras que Patricia Ariza y María Arango fundaron el Centro
Universitario de la Cultura dentro de la Universidad, con el apoyo de Marta Traba.
Durante 1966, los dos grupos trabajaron de forma conjunta con el objetivo de
adelantar un proyecto de largo aliento que lograra consolidar un teatro nacional que
fuera popular entre las personas que por lo general no tenían acceso a los espacios
culturales.
Imagen 54. El Espacio (9 de
septiembre de 1969). Convención
nadaísta en la Casa de la Cultura.
Jotamario y Eduardo Escobar.
Archivo de Jotamario Arbeláez.
Pero uno de los trabajos que debe proponerse la Casa de la Cultura es la educación
del público. Por ejemplo, cerca de tres mil personas fueron atraídas por el desfile
de modas de beneficio a las obras de la Casa de la Cultura, desfile de modas que
consistió en esencia en mostrar inventos extravagantes, de buen humor y tomadura
de pelo por parte de varios artistas colombianos. El resultado económico fue
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
indudablemente benéfico a la cultura, pero vale la pena preguntarse cuántos de los
asistentes de ese desfile de modas, que consistió en esencia en mostrar inventos
extravagantes, de buen humor y tomadura de pelo por parte de varios artistas
colombianos, van a teatro, a conciertos o a exposiciones. La respuesta, sin duda,
será un índice aterrador de lo que son los problemas de la cultura en Colombia.
[Recorte de prensa sin datos (ca. julio de 1966), registrado con el número 6333 en
el Archivo del Teatro La Candelaria]
91 La participación de Marta Traba como modelo tenía connotaciones importantes, pues abandonaba
la imagen de la papisa del arte para desfilar un traje lleno de humor con el que, en cierto modo,
se presentaba una imagen más jovial de su presencia.
252
253
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Por eso, en la nota se enfatizaba en la existencia y conservación de una élite
educada y culta, que se diferenciaba de la gran masa que, de acuerdo con la
comprensión que de la cultura tenía el autor, no había desarrollado la sensibilidad
necesaria para comprender el evento. Esta columna evidencia el deseo de una clase
retardataria que se oponía a la popularización del arte, al establecer que solo había
una única manera de lo sensible, la suya, es decir, un régimen de lo sensible
excluyente, al que no le interesaba compartir espacio con la gente del común. De
acuerdo con ello, el desfile se desarrolló como una protoperformance, pues, al
recurrir a las estrategias del show y el espectáculo, se oponía a esa idea excluyente
del régimen sensible establecido, para propiciar la aparición de otro, en el que la
formalidad y la solemnidad eran suprimidas con el objetivo de llegar a interesarles
a más personas.
Quebrantahuesos,
en el que,
retomando
algunas técnicas
dadaístas y
surrealistas, se
buscaba llegar a
las personas del
común, de la calle.
Después de tener
su propio local
para trabajar la
técnica de mimo,
viajó a París,
donde trabajó
durante varios
años con Marcel Marceau, al tiempo que se aproximaba al surrealismo y al mismo
André Breton, por medio de la esposa de este, Elisa Bindhoff, también chilena. Allí,
junto a Fernando Arrabal y Roland Topor decidieron fundar el Movimiento Pánico:
“Proclamo desde ya que ‘pánico’ no es ni un grupo ni un movimiento artístico o
literario; es más bien un estilo de vida. O mejor dicho, no sé lo que es. Yo prefería
incluso decir que el pánico es más un antimovimiento que un movimiento”
(Fernando Arrabal, cit. en Ganzerla, 2011).
Neva Ganzerla afirma que el movimiento pánico apareció de forma oficial el 7
de febrero de 1962 en la revista La Brèche dirigida por André Breton, en la que
aparecen Cinco relatos pánico. A pesar de ello, los tres artistas, desde hacía algunos
años trabajaban en su idea común de pánico, inspirada en la fuerza creativa y
destructiva del dios Pan, una estética compulsiva, eufórica, humorística y llena de
terror:
La base du Panic c’est... On peut dire qui est l’explosion de la raison. Ce qui on a
prévues, c’est que aller de venir en évidence pour la science d’aujourd’hui que on
été incapable de pouvoir d’expliquer le phénomène qui nous entoure avec les seules
domaine de la raison. […] Aujourd’hui nous avons une choix: ou l’absurde ou le
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
mystère. C’est la choix scientifique: absurde ou mystère. Nous ne sommes pas pour
l’absurde. Nous ne sommes pas des fanatiques de l’absurde, nous ne sommes pas
des fanatiques du mystère, nous ne sommes pas des soldates de la confusion. Nous
disons… l’incertitude, l’impossibilité d’expliquer, le fait que l’espace et le temps sont
illusoire. Cette explosion nous montre que nous ne pouvons pas vivre accrochés a
cette raison écrasant qui nous empêche de fleurir. [Fernando Arrabal, citado por
Ganzerla, 2011, p. 50]
92 Aquí es inevitable establecer una comparación directa con el nadaísmo, con su propuesta,
expresada ya en el Manifiesto nadaísta (1958), de destruir todo y no dejar ni una sola fe intacta.
256 257
El mismo año en el que se unieron los tres artistas alrededor de la idea de
pánico se realizó en México La ópera del orden, presentada como el primer
espectáculo del teatro pánico, en la que se anticipaba el surgimiento de los efímeros
actos pánico, que rompían con todas las convenciones existentes del teatro. Debido
a su contenido desconcertante y escandaloso, la obra, al igual que Jodorowsky,
fueron censurados por la Iglesia mexicana.
A partir de ese momento, Jodorowsky tuvo que hacer teatro bajo otro nombre,
puesto que le prohibieron hacerlo por dos años. En ese momento realizó Las fábulas
pánicas y los primeros efímeros pánico, con el deseo de sacar el teatro de su espacio
convencional, sin actores, y sin la posibilidad de que volvieran a ser repetidos.
93 Este efímero fue realizado a partir de Los cantos de Maldoror, de Lautremont. En esta pieza
participaron bailarines y mimos, y se destrozó un helicóptero, del cual debían bajar los actores,
aparato que cayó en la alberca que hacía de escenario.
Efímero en el teatro Jesús Urueta (1963), Dúo de amor incestuoso (1963), Orgía
intelectual (1963), Espectáculo auditivo (1965), Espectáculo de vendimia (1965),
Efímero pánico con la escultura de Manuel Felguérez (1965) y Espectáculo del
cancán (1965). Para hacerse una idea del grado de transgresión propuesto por
Jodorowsky en sus efímeros, resulta conveniente tener presente la siguiente cita:
Hice otro en la escuela de Bellas Artes, uno tremendo donde bañé a una novia en
una tina llena de sangre, y en la sangre había pulpos […] En el teatro Ureta bebí
sangre humana. El doctor Toledano se la sacó de las venas a mis alumnos, y ellos
me invitaron a tomar un “tequila con sangrita” […] Hubo un happening donde
vinieron quinientos ganaderos porque crucifiqué una gallina. Alguien mató una
gallina en escena mientras una actriz se comía un plato de pollo con mole, y
Felguérez, con las tripas de la gallina pintó un cuadro abstracto. Vino gente que en
esa época era del muro [Movimiento Universitario de Renovadora Orientación,
grupo porril estudiantil de extrema derecha que operaba en la unam en los años
sesenta], y me dijo que yo estaba hablando mal de la Virgen María. No sé qué
relación hay entre una gallina y la Virgen. [Fragmento de Antología pánica, de
Jodorowsky, citada por Josefina Alcázar]
258 259
su visita resultaba todo un acontecimiento. De manera que la primera vez que el
público general supo de los efímeros pánico fue cuando leyó el reportaje realizado
por Fanny Buitrago. Allí incluía una definición de este tipo de acciones a partir de la
conversación sostenida con Jodorowsky:
94 Acción que ya había realizado en México, frente a las cámaras de televisión y que le costó la
expulsión de esta.
96 Carlos José Reyes refiere que la sola presencia de Jodorowsky en las calles de Bogotá era todo un
acontecimiento, debido a su atuendo estrafalario y la compañía de una mujer provocadoramente
atractiva.
97 Esta lista de artistas fue compuesta a partir de las entrevistas realizadas a Patricia Ariza y Carlos
José Reyes. Por otro lado, León (2012, p. 45) cita a Santiago García, quien afirma que al evento no
solo fueron convocados artistas del ámbito teatral, sino también artistas plásticos cercanos a la
Casa, pero no se menciona de forma específica a ninguno. Por el momento no se ha podido
establecer qué artistas plásticos participaron.
98 Con seguridad para realizar esta acción fue necesario disponer la silletería del teatro de otra
manera, lo cual suponía una aproximación a lo sugerido por Jodorowsky.
262
263
Adem
ás de
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Reyes
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otra
acción
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
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García
en la
tesis
de
León:
Un tipo entraba en la escena con dos maletas, una llena de huevos y una
desocupada, en la llena tenía 150 huevos, y entonces yo tenía que pasar los huevos,
uno por uno de la maleta llena a la maleta desocupada, y en eso me demoraba unos
veinte minutos o media hora, pasando con mucho cuidado un huevo tras otro.
Cuando estaba llena la maleta de huevos, saltaba encima, espichaba todos los
huevos, y amenazaba al público con lanzarle el caldo de huevos que se había
producido ahí. [Santiago García, citado por León, 2012, p. 46]
Además de esta acción, Carlos José Reyes afirma que Santiago García montó
una acción a partir del poema El señor de los milagros, del escritor peruano
Nicomedes Santa Cruz. La acción consistía en el desarrollo de una procesión, con
campanas e incienso, mientras con un sentido irónico y crítico, los actores recitaban
el poema refiriéndose al Señor de los Milagros, como una crítica a la íntima relación
entre los terratenientes y la Iglesia en el país.
Carlos José Reyes también participó con dos propuestas. Una de ellas era una
representación con muñecos de papel maché a partir de la idea popular de que el
pez grande solo puede ser derrotado si los pequeños se unen. La otra comenzaba
con tres actrices sentadas sobre varias tarimas, cubiertas completamente por el
vestuario, lo que las hacía lucir como gigantes. Estas mujeres mantenían una
conversación anodina, pero de tanto en tanto se preguntaban qué pasaría cuando
de ellas se supiera la verdad. Esto se mantenía por unos minutos hasta que, luego
del sonido de un timbre, las tres actrices salían del escenario, dejando al descubierto
que aquello sobre lo que estaban sentadas eran ataúdes, sobre los que se hacía foco
con las luces mientras se empezaba a escuchar un ruido ensordecedor.
Aunque no existe claridad sobre el tiempo de duración de cada uno de estos
efímeros, Carlos José Reyes afirma que por lo general cada acción tomaba entre
quince y veinte minutos, por lo que cada noche el espectador podía presenciar
varias acciones. Aunque actores, directores y artistas plásticos fueron convocados a
hacer parte de ese laboratorio de experimentación, en la mayoría de estas piezas es
evidente la intención de hacer un comentario crítico sobre el contexto político en el
que se encontraba el país.99
Sin embargo, estos no fueron los primeros experimentos performativos
realizados por La Candelaria luego de la visita de Jodorowsky. En un artículo
publicado el 3 de junio de 1967 en el Diario Occidente, Ricardo Suárez González en
un artículo titulado Teatro insólito, compara, sin mencionarlos, la escritura de los
nadaístas con las nuevas propuestas teatrales, para referirse a la transformación
artística que se estaba dando en el país, que interpretaba como un “cambio de
valores” que perjudicaba la producción de arte en el país:
99 Respecto al sentido político presente en estas piezas, es importante mencionar que Evtushenko, el
poeta que por esos días se encontraba en el país, y que había asistido a la muestra, al final de la
noche criticó el hecho de que la crítica política fuera tan evidente, pues esto implicaba una pérdida
de la poesía. (Carlos José Reyes, comunicación personal, 16 de julio de 2017).
264 265
sobre el escenario [Archivo Biblioteca Pública Departamental de Cali. Diario
Occidente]
En el taller, Jodorowsky insistió en que no era necesario tener un teatro fijo, pues
era mejor tener un espacio abierto, una serie de tarimas, de modo que cada obra
pudiera crear el espacio, tanto para el montaje como para el público. ¿Por qué el
público debía siempre estar allá sentado, quieto y pasivo y allá la obra en un
escenario fijo? Eso había que destruirlo. Entonces, yo recuerdo que empezamos a
hacer una serie de experimentos. Recuerdo que monté una obra que se llamaba La
gran imperfección frente a los muros de la ciudad, donde el escenario era una tarima
en la mitad y el público se distribuía a los dos lados de ella, de manera que unos
estaban sentados frente a otros. Por supuesto, no había escenografía. Esa ruptura
del espacio escénico nos la planteó Jodorowsky mucho antes de que nosotros
conociéramos a Ariane Mnouchkine. [Carlos José Reyes, comunicación personal, 16
de julio de 2017]
100 Aunque Jodorowsky mantuvo la espectacularidad de sus obras, en ellas también existía un sentido
político, pero en un grado menos visible. Eso quedó en evidencia cuando fue amenazado de
muerte y debió salir de México.
266 267
Gonzalo Arango y Santiago García. 101 Sin embargo, desde el Manifiesto nadaísta
(1958), Gonzalo Arango había declarado el terror como un arma para combatir el
orden establecido, principio a partir del cual crearon sus acciones disruptivas, tal
como se expuso antes en este capítulo. Sin darse cuenta, en una nota sin fecha
exacta, José Pardo Llada describía el carácter performativo de las acciones
nadaístas:102
Los nadaístas son maestros en la “técnica del susto”. Así como en política hay una
“técnica del golpe de Estado”, que estudió Malaparte, en literatura hay una técnica
para asustar a las “gentes serias”. Es vieja, por supuesto. No la inventaron estos
desmelenados muchachos. La practicaba Balzac, empatando a la burguesía con sus
chalecos rojos; Oscar Wilde con la cínica proclama de sus vicios; Valle Inclán,
azotando las calles de Madrid con sus blasfemias. Hoy son expertos en el estruendo
literario,
Jean Paul Sartre, Jean Cocteau y Henry Miller. [Pardo Llada, columna
Mirador, Diario Occidente (recorte de prensa, s. f.)]
102 Probablemente esta nota fue publicada en 1961, debido a que el autor menciona más adelante en
su columna que hacía cuatro años el nadaísmo había sido fundado.
103 Aunque no existe evidencia de la presencia de los nadaístas en ninguna de las actividades
desarrolladas durante la estadía de Jodorowsky, muy probablemente los nadaístas que vivían en
Bogotá en ese momento asistieron a las diferentes presentaciones del actor chileno, debido tanto
por la cercanía de Gonzalo Arango a Santiago García, como por el flujo de interacción existente en
la red artística e intelectual que existía en ese momento en Bogotá, y la relación que, a través de
Patricia Ariza, los nadaístas tuvieron con los jóvenes vinculados al teatro en ese momento.
104 En el Archivo Nadaísta de la Biblioteca Piloto de Medellín existe una carpeta de correspondencia
entre Jotamario Arbeláez y Raquel Jodorowsky, en donde se identificó que la carta más antigua
data de 1965.
105 En la quinta edición de la revista, publicada en 1963, apareció como corresponsal para Perú.
correspondencia, así como por el hecho de que Raquel hubiera sido visitada por
Allen Ginsberg en 1960, quien era un referente para Arango. 106 En este sentido, se
podría pensar que Gonzalo Arango y Raquel Jodorowsky intercambiaron
correspondencia, que seguramente aumentó con su coincidencia en El Corno
Emplumado, momento en el que probablemente se inició un intercambio de ideas,
entre las cuales podrían estar las experimentaciones artísticas de su hermano. En
consecuencia, se podría suponer que algunas de las experimentaciones de
Alejandro Jodorowsky fueron conocidas por Gonzalo Arango por ese intercambio de
correspondencia, pero por el momento esto no se puede establecer claramente.
Los nadaístas también pudieron haber tenido conocimiento del actor por
medio del escritor colombiano René Rebetez. Aunque no existe una biografía oficial
que establezca claramente los movimientos de este escritor, a partir de un artículo
de Regina Tattersfield se puede decir que luego de su estadía en Europa, Rebetez
pasó una temporada en Medellín, donde conoció a Gonzalo Arango y Amílcar
Osorio, con quienes mantuvo contacto desde que llegó a México en 1961. Aunque
Rebetez y Alejandro Jodorowsky publicaron el primer número de la revista
Crononauta en 1964, muy probablemente se conocieron en cuanto el colombiano
llegó al país azteca, puesto que Jodorowsky llevaba ya cuatro años en México y era
un personaje conocido en el ámbito cultural. Al igual que en el caso de Raquel, por
el momento no se ha podido establecer documentalmente la evidencia del
conocimiento de los nadaístas de la propuesta de Alejandro Jodorowsky, por medio
del intercambio de correspondencia con Rebetez. De acuerdo con lo anterior, se
continúa sin tener certeza del primer momento en que los nadaístas tuvieron
conocimiento de las propuestas pánicas de Jodorowsky, pues hasta este momento
solo se cuenta con la evidencia documental de un recorte del periódico El Expreso,
del 20 de junio de 1964, en el que aparece un poema de Raquel dedicado a su
hermano, hallado en el Archivo Personal de Jotamario Arbeláez, lo que evidenciaría
la existencia de un intercambio de correspondencia anterior a esa fecha.
106 Por el momento no se puede confirmar esta información debido a que, entre los archivos
existentes del nadaísmo, no se ha encontrado evidencia de esa correspondencia.
Imagen 57. Sin autor (s. f.). Poemas de Raquel Jodorowsky publicados en El
Expreso, acompañados de la foto de ella con su hermano, Alejandro Jodorowsky.
Archivo de Jotamario Arbeláez.
272
273 En
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
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formal
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Así, lo que los nadaístas realizaron con la urgencia de crear un espacio en
blanco, libre para el descubrimiento de lo sensible en la corporeidad, respondiendo
a la especificidad de sus necesidades expresivas, al margen del lenguaje artístico, se
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
puede considerar parte de uno de los antecedentes de la historia del performance,
no solo en Colombia, sino en Latinoamérica. El escenario de sus acciones disruptivas
no se desarrollaba en ni para el teatro ni el arte, sino en el vasto espacio de la esfera
pública.
Aquí no se trata de la virtud poética que hacía mártires y sabios a los vates de otra
edad. Esta poesía se parece más a un crimen perfecto, al ingreso a la libertad en lo
prohibido, en las fronteras del terror. ¿Por qué no sustituir la belleza ideal por la
belleza violenta? Hay prisiones estéticamente bellas y templos horrorosos que
semejan sepulcros. Bello es un hongo atómico y sin embargo nos mata. 107Si la
finalidad del nadaísmo no es el arte ni la
107 Aquí aparece una idea completamente contraria a la enunciada en 1963 por Arango, cuando hacía
un llamado, desde su filantropía humanista, a tomar una posición frente a la amenaza atómica.
verdad, ni la razón, como valores Eternos, en cambio nos ofrece una estética de la ignominia
inseparable de una ética del terror: testimonian un universo absurdo y una humanidad sin
redención que se precipita en la nada, desorientados por las falsificaciones por el Espíritu. La
poesía de J. Mario abre a la sensibilidad de nuestra generación a un horizonte de belleza
guerrera combativa, de cuchillo en el alma. No es placentera ni contemplativa; no redime a
la humanidad, ni ofrece la tierra prometida, ni el confort, ni la felicidad. Si excita, no es a
nuestros sentimientos románticos, sino a nuestra alma trágica. No comunica nada a la razón
pura, ni al puro corazón sino a la conciencia, su luz alumbra el laberinto interior. [El
Espectador, 2 de abril de 1967. Cursivas agregadas]
lanzamiento de El libro rojo de Rojas, en medio de un concierto hippie del grupo La Gran Sociedad
del Estado. Archivo de Jotamario Arbeláez.
276
277
Las acciones disruptivas nadaístas y los efímeros pánico de Jodorowsky eran la
expresión localizada de ese grito, que coincidía temporalmente con otros. Después
de 1966, los nadaístas continuaron realizando sus acciones disruptivas, pero ahora
empleando el nombre de actos pánico, con el propósito de cumplir con su misión
de destruir para abrir espacio, para pensar que era posible un espacio en el que por
lo menos pudiera imaginarse otra forma de vida, diferente de la establecida.
En un artículo sin fecha precisa se anuncia la realización de un happening por
los hippies en Cali, por Manuel Quinto, quien había asumido la dirección —si es que
esto era posible— del hippismo en el país. De acuerdo con Eduardo Zalamea, autor
del artículo, los hippies realizarían el acto más controvertido en el Festival de
Vanguardia de 1968. En el artículo es evidente la indiferenciación entre unos y otros:
“El golpe de gracia en el Festival de Vanguardia lo darán los hippies, nadaístas y
anarquistas, con el happeming músico-agresivo ‘Palos para la Paz’”. El error de
ortografía evidencia que si bien se empezaba a saber de las nuevas propuestas
estéticas que se realizaban en el exterior, ya con su nombre oficial, aún no existía
mucha claridad al respecto. La relación de padrinazgo del nadaísmo es evidente.
Zalamea menciona cómo, al igual que los nadaístas al inicio de la década, los hippies
se habían tomado la ciudad como un acontecimiento construido mediante la
presencia, pero ya no como el lugar de los marginados nadaístas, sino como una
postura popularizada y adoptada por muchos más jóvenes en el país:
Publicación del libro “Mi leche”, que será una integración poético-gráfica igual que
lo es la voz y sonido en la música sicodélica. El Libro tendrá largos desiertos blancos
que se extenderán a través de las formas y de las letras giratorias que ha diseñado
el escultor-físico Liberto Cuervo, asegura que “cada página será un taxi a los
planetas”. [El Espectador
(recorte de prensa s. d., ca. 1969)]
Pese a que el hippismo tuvo lugar en el país gracias al espacio que abrió el
nadaísmo, aunque quiso enunciar su propio escenario, a pesar de la clara relación
con lo adelantado por el nadaísmo, el primer movimiento en realizar tomas de la
ciudad, en hacer publicaciones independientes con un sentido estético diferente y,
por supuesto, con acciones disruptivas. Al final de la nota, Manuel Quinto se encarga
de diferenciarse del nadaísmo al poner un nuevo nombre a todas esas actividades
alternativas, que claramente habían sido realizadas por los nadaístas, así que en
lugar de continuar con el uso de la expresión actos pánico para denominar sus
actividades alternativas, decidió nombrarlas simplemente como actos. Manuel
Quinto termina diciendo:
Con los actos de El Acto, que es el nombre que le hemos dado a toda esta ráfaga de
locuras y además lo que nos servirá de “clan” publicitario, porque como publicistas
somos los mejores del mundo y como si fuera poco, unos poetas extraordinarios,
acabaremos de embutirle a la sociedad por el embudo de nuestras artes, la semilla
necesaria para que el gigante de mañana que nacerá sobre nuestras cenizas
aromáticas pueda hablar y hacer el amor sin una píldora en la mano y un carnet de
sanidad en la otra, con toda la magia megatónica con que nosotros mantenemos
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
nuestros ritos frágiles por medio de insultos en las calles y nos aniquila con ejércitos
en las lomas.[El Espectador (recorte de prensa s. d., ca. 1969)]
280 281
directamente vinculado al nadaísmo, conviene mencionarlo debido a que evidencia,
por un lado, la necesidad de disrupción que las mentes más liberales del país sentían
en medio de la estricta sociedad colombiana, y por otro, la agresividad del Estado
para responder a todo aquel que no se comportara de acuerdo con la normalidad
estatuida, en los parámetros de la homogeneidad y el orden establecido.
Hacia el final de esa década, el nadaísmo devino hippismo, ya que algunos de
sus miembros, como Jotamario y Elmo Valencia, empezaron a hacer parte de este
movimiento, mientras los demás se integraban de una u otra manera al sistema que
habían combatido y cuestionado. En ese momento, las ideas nadaístas fueron
confundidas con hippismo, lo que explica que a menudo se confundan las dos
propuestas juveniles, sin establecer una clara diferencia. Mientras esto sucedía con
el nadaísmo, los otros agentes culturales que en Colombia hacían propuestas
alternativas a la cultura oficial se sintieron impelidos a adoptar una posición política
frente al crudo contexto de violencia y el presunto acuerdo de paz político realizado
entre las élites. Así, hacia el final de la década, los nadaístas perdieron su capacidad
de impacto, por un lado, porque habían sido absorbidos por el hippismo, y por otro,
porque en ese contexto politizado prefirieron no asumir una posición ideológica
precisa, por lo que poco a poco su capacidad transgresora fue perdiendo su poder
en el contexto
cultural del país. Así
pues, terminaron
siendo
considerados
hippies
desocupados que
no tenían un
verdadero
compromiso
político. Eso hizo
que se quedaran
rezagados en el
ambiente bullente
de finales de la
década.
En
consecuencia, las
acciones disruptivas
que los nadaístas realizaron después de 1968 perdieron todo su poder de ruptura.
Así, las conferencias del nadaísmo que, literalmente, a todo vapor realizaba
Jotamario en el hotel San Francisco, en Bogotá, ya no tenían ningún efecto, pues
eran acciones planteadas como un simple show de entretenimiento, a las que solo
un reducido grupo de personas podía acceder. Sin embargo, hay que admitir que, a
pesar de la pérdida de su capacidad disruptiva, sus acciones continuaban
formulándose como actos al margen de la normalidad, de manera que, si bien no
eran pensadas como performances, no se puede dejar de valorar la continua
búsqueda de otras maneras de asumir la cultura.
Imagen 62. Sin autor (s. f.).
El nadaísmo a todo vapor. Jotamario Arbeláez en los baños turcos del hotel San Francisco, en Bogotá.
Archivo de Jotamario Arbeláez.
282
283
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o
acción
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país:
La obra “Sagrada”, que será puesta en escena aquí, está basada en el tipo de técnica
en concentración mental, inmersión al subconsciente, liberación del yo,
intercalando técnicas de teatro moderno […] La presentación de estos dos
destacados actores argentinos, es esperada en los círculos culturales caleños, ya
que ellos traen una nueva técnica en lo que es el teatro […] Es así como presentarán
escenas de catarsis, liberación total del subconsciente y sus obsesiones hasta el
desbordamiento y estatismo en tono ritual. [El País, 12 de enero de 1970]
284 285
El nadaísmo (y dígase de una vez que el nadaísmo era Gonzalo Arango, y que los
otros eran sólo sacristanes) se perdía, o perdía su posible potencia crítica en el
escándalo. El escándalo no es crítica del orden social o literario o político, ni se le
asemeja. Sólo se proponía asustar a la buena burguesía, según la vieja fórmula:
épater le bourgeois, a sabiendas de que los burgueses gozan con que los bufones
los asusten, y digan, inclusive en su presencia, groserías. Pasado el prurito primero
del escándalo, el burgués se traga al bufón sin sacudirlo. Y lo contempla. Y lo agasaja.
Y al final le otorga beneficios. Eso fue lo que ocurrió con Gonzalo y su breve gente
de tropa: eran preferidos en las fiestas de la burguesía criolla, tanto en Medellín
como en Cali y en Bogotá. Y se volvió un movimiento de relaciones públicas, para
promoverse a sí mismo. Se volvieron reyes del oportunismo. Así, a pesar de los
escándalos —o gracias a ellos―, Gonzalo empezó a colaborar en El Tiempo, en
Cromos, en Contrapunto, en Arco (revista de intelectuales católicos), en Sábado,
esto es, en los más pulcros órganos del establecimiento. Éste, como el pulpo, los
absorbió. Pero seguían dando escándalo. Era ésta su razón de ser, su clima propicio.
Sin el escándalo no existiría el nadaísmo. Y sin el escándalo no los acogería la
burguesía iluminada. [Arango, 2006, p. 31]
108 Respecto a las dificultades editoriales de la época, véase el capítulo “Parroquia intelectual:
Contexto literario en la época de los sesenta”, en Enemigos públicos, de Daniel Llano Parra (2015).
286 287
Ampex. Archivo de Jotamario Arbeláez.
Mientras en México, Jodorowsky conscientemente proponía una ruptura de
las reglas estéticas establecidas en el teatro, los nadaístas realizaron acciones que
288 289
dado cuenta de que, en lugar de un espacio para la experimentación libre, el arte
era un instrumento más del orden para mantener el statu quo, por lo que se propuso
que el espacio de lo sensible no fuera de una clase específica, sino un espacio al que
todos pudieran entrar, sin importar su clase social ni su educación, es decir, una
nueva división de lo sensible. En medio de un contexto completamente polarizado,
el nadaísmo evidenció que había otras formas de ser críticos, desde la ironía y el
humor.