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Capitulo 3

El nadaísmo, impulsado por Gonzalo Arango, emergió como un movimiento literario en Colombia a través de su manifiesto y la participación en medios impresos, creando una voz crítica en la esfera pública. Este fenómeno se desarrolló en un contexto de urbanización y modernización de las ciudades latinoamericanas, donde los cafés se convirtieron en espacios clave para la discusión y promoción de ideas vanguardistas. A medida que las ciudades crecían y se transformaban, el nadaísmo se consolidó como una nueva generación literaria que buscaba romper con las tradiciones establecidas.

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Capitulo 3

El nadaísmo, impulsado por Gonzalo Arango, emergió como un movimiento literario en Colombia a través de su manifiesto y la participación en medios impresos, creando una voz crítica en la esfera pública. Este fenómeno se desarrolló en un contexto de urbanización y modernización de las ciudades latinoamericanas, donde los cafés se convirtieron en espacios clave para la discusión y promoción de ideas vanguardistas. A medida que las ciudades crecían y se transformaban, el nadaísmo se consolidó como una nueva generación literaria que buscaba romper con las tradiciones establecidas.

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Capítulo 3

El nadaísmo
y su estrategia
discursiva

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


De cómo nació el nadaísmo

C uando Gonzalo Arango lanzó su manifiesto, abrió una beta en la esfera

pública en dos dimensiones: como discursividad y como corporeidad. A partir de


una discursividad —las primeras apariciones de los nadaístas en la prensa y el
Manifiesto nadaísta— y un escándalo —la quema de libros en Medellín—, el
nadaísmo se constituyó como nombre con una voz en la esfera pública, un grupo
de jóvenes irreverentes que estaban en búsqueda de algo, pero de los que no se
sabía mucho. Como discursividad, los nadaístas lograron hacerse su espacio con
la participación en los medios impresos, especialmente los suplementos literarios
de El Tiempo y El Espectador, que les dieron cabida en la gran prensa, aquella
que, producida desde la capital, determinaba lo que era o no era cultura.34
Ese espacio fue rápidamente reconocido por los jóvenes con inquietudes
literarias que querían publicar. Así que a ese espacio discursivo se sumaron estos
jóvenes, adoptando las ideas nadaístas, a pesar de que la propuesta literaria del
movimiento fuera vaga. Lo importante era tener una voz y anunciarse como esa
nueva generación de renovación, con una postura crítica frente a la realidad del
país. Por esa razón, el nadaísmo se constituyó inicialmente como grupo a partir
de lo discursivo, pues solo se conocían por medio de la correspondencia que
mantenían o porque eran publicados como nadaístas en los suplementos
literarios de los periódicos nacionales, sin que esto supusiera que se conocieran
personalmente. De manera que, para que los nadaístas supieran de la existencia
de los jóvenes que se identificaban con el movimiento en otras ciudades, debían
consultar los suplementos literarios. Así, quienes publicaban en los suplementos
literarios se convertían en los puntos de referencia en las otras

34 Tal como se mencionó, la aparición de un nuevo grupo generacional con una nueva voz estaba
determinada por su participación discursiva en el medio, ya fuera con una publicación propia,
o porque aparecía en los medios impresos del país. Debido a que los nadaístas desde el
principio tuvieron dificultades para tener su propia publicación, su participación discursiva se
dio gracias al espacio que les fue abierto en los periódicos de circulación nacional,
especialmente por Gonzalo González en el suplemento literario de El Espectador.
ciudades del país, y si un nadaísta quería conocer a otro que se encontraba en
otra ciudad, debía ir a buscarlo por su nombre a los cafés o las librerías por donde
se sabía que merodeaban los nadaístas de la ciudad.35

La ciudad de la modernidad postergada

Imagen 17. Eduardo


Escobar y Jotamario
Arbeláez caminando por
la ciudad.
Archivo de Jotamario Arbeláez.

Al igual que con el término modernidad, cuando se habla de vanguardia se alude


a otro concepto que le es concomitante: la ciudad. En Latinoamérica, las ciudades
solo llegaron a consolidarse como tales a finales del siglo

35 Al respecto, son claras las anécdotas referidas por Álvaro Medina (entrevista realizada en agosto
de 2014), quien narra que, aunque sabía de Patricia Ariza, Eduardo Escobar y Jaime Jaramillo
por la correspondencia que mantenía con Gonzalo Arango y las colaboraciones de estos en los
periódicos, solo llegó a conocerlos tiempo después de lanzado el Manifiesto nadaísta, cuando
estos fueron a la Librería Nacional, de Barranquilla, a buscarlo.

120 121
xx, de manera que cuando los historiadores se refieren a las ciudades como el
contexto necesario para la aparición de propuestas de vanguardia en
Latinoamérica, hay que tener en cuenta
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
que estas solo estaban en proceso de consolidación, en el inicio de un largo
proceso con diferentes momentos de repunte. En este sentido, en lugar de
referirse a la ciudad como condición sine qua non para la aparición de las
vanguardias, se puede hablar con mayor precisión de un contexto en proceso de
urbanización, mas no de ciudades consolidadas.
El 9 de abril de 1948 implicó la destrucción de gran parte del centro de
Bogotá, por lo que posteriormente fue necesaria una renovación arquitectónica
y urbana, un borrón y cuenta nueva para erigir una nueva ciudad, y con ello, un
nuevo paradigma de modernidad. A partir de ese momento se iniciaron
inversiones del Estado en la configuración de esa idea de ciudad.

En medio del proceso de reconstrucción acelerado por los desastres del 9 de


abril, la enorme ola migratoria y la dirección de los presidentes ingenieros (Rojas
Pinilla, Laureano Gómez, Ospina Pérez) se trazaron nuevas avenidas que
reestructuraron los lugares de encuentro. Entre las obras más importantes de
aquellos años se destaca el ensanchamiento de la carrera séptima, que fue
posible gracias a la demolición de las casas incineradas el nueve de abril. Durante
la década de 1950 se amplió la avenida Caracas, que proyectaba la ciudad hacia
el norte, y la calle 26, que conectaba el occidente con el nuevo can y con el
aeropuerto El Dorado, que también estaba en construcción. [Jaramillo y
Jaramillo, 2007, p. 43]

De acuerdo con Álvaro Tirado Mejía (2014), a inicios de la década de los


sesenta, el 54 % de los habitantes del país vivían por fuera de las cabeceras
municipales, lo que suponía que Colombia aún era un país rural. Esta situación
cambió considerablemente a lo largo de la década, pues gracias al aporte
económico de la Alianza para el Progreso, al inicio de la siguiente década, el 10 %
de esa población rural se trasladó a las ciudades.
Aunque la violencia se había desarrollado durante la década de los
cuarenta, después del 9 de abril la mecha de la violencia explotó, lo que generó
el proceso de migración del campo a las ciudades. Aunque el país no se había
urbanizado del todo, se percibía una transformación, puesto que se habían dado
avances en infraestructura, y además la población había aumentado
considerablemente.36
Esto significó que, a inicios de la década de 1960, las principales ciudades
del país habían crecido aceleradamente, lo que supuso el surgimiento de una
pequeña clase media urbana. Gracias a la bonanza cafetera y la economía de
postguerra, en las principales ciudades del país se formó una burguesía, al mismo
tiempo que en ellas aumentaba la clase proletaria pobre y desempleada. Este
proceso de urbanización originó graves problemas económicos y culturales, pues
las ciudades no requerían toda la mano de obra que provenía del campo, lo que
aumentaba los índices de desempleo y desigualdad en la ciudad, al tiempo que la
diferencia entre el campo y la ciudad se hacía abismal.

Imagen 18. Sin autor (s. f.). Elmo Valencia, Gonzalo Arango y
Jotamario Arbeláez luego del recital en Bogotá de El cuerpo de
ella. Archivo de Jotamario Arbeláez.

36 Es importante mencionar que a mediados de la década de los sesenta, las ciudades habían
duplicado su población, mientras las principales ciudades del país solo llegaron a ser urbanas
hacia la segunda mitad del siglo xx.

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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


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Los cafés: La esfera pública de la ciudad


Ante la ausencia de infraestructura pública para la cultura, desde principios del
siglo xx, los cafés se convirtieron en los lugares de encuentro de los habitantes
de las incipientes ciudades colombianas, tal como lo reseña Camilo Sarmiento
citando a Luis Vidales, quien se refería así a la importancia del café Windsor
durante los años veinte:

Por el año 20 el único café que existía en Bogotá era el Windsor. Era aquel un
típico café de una ciudad feudal. Así como no existía sino un café […] Y en el
Windsor, naturalmente, se festejaba el cierre de los negocios. Generalmente, en
torno al café tinto, al que tanto le debe la economía nacional, se verificaban estos
lazos de unión que luego se sellaban con el famoso brandy Hennessy tres
estrellas, compañero de los triunfos durante las guerras civiles en Colombia […]
En aquel ambiente del Windsor, al lado de los hacendados y los negociantes
comenzó a aparecer un nuevo tipo de hombres. Empezaron a ocupar
diariamente las mesitas, sin acuerdo previo, sin una reunión anterior por medio
de la cual se declarara fundada con estatutos y reglamento, la nueva generación
colombiana. Iban apareciendo allí nuevas caras, trayendo el aporte de su propio

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


mensaje, y sin saberse cómo ni cuándo quedó establecida una nueva generación
colombiana, sin mensajes ni manifiesto al país, movida indudablemente por la
misma fuerza espontánea que le quitaba al país su cáscara del siglo xix y lo
incorporaba, al transformarlo en el xx, que llegaba retrasado a Colombia, en
todos los órdenes. [Sarmiento, 2010, p. 50]

Los cafés eran los centros de pensamiento intelectual, pues allí se reunían
artistas, escritores e intelectuales a discutir: “El este club cultural [La Tertulia],
conjuntamente con la Cueva en Barranquilla y el Bar el Bohemio, El Automático
en Bogotá, fue uno de los primeros espacios, a nivel nacional durante los años
cincuenta, dedicados a la discusión y promoción de un modernismo cosmopolita
en el arte” (VV. AA., 2012, p. 56). De manera que a los primeros lugares a los que
llegaron los nadaístas fueron los cafés y las librerías: El Metropol y La Bastilla, en
Medellín; Café Colombia y la Librería Nacional, en Cali; La Cueva y la Librería
Nacional, en Barranquilla; y El Automático, El Cisne y el Continental, en Bogotá.
Cada uno de esos sitios fungía como centro para la discusión y la promoción de
ideas. Respecto al ambiente que se vivía a finales de los años cincuenta en El
Automático, decía Alejandro Obregón:

El Automático era por aquella época casi un Cabaret Voltaire: León de Greiff,
Gaitán Durán, Cote Lamus… era un estupendo ambiente. Recuerdo que
diariamente entraban las tropas, porque todos lo que nos reuníamos allí éramos
sospechosos de algo, éramos un foco de rebeldes para el ejército… pero lo único
que éramos era gente que se veía mucho, que hablaba, discutía; estábamos
llenos de fervor.37

37 Los intocables, Alejandro Obregón entrevistado por Fausto Panesso, pp. 88-89, citado en la
página 44 de Plástica (18). Además de los personajes mencionados por Obregón, entre los
asistentes se podía contar con Jorge Zalamea, Germán Arciniegas, Ignacio Gómez Jaramillo,
Marco Ospina, Alipio Jaramillo, Jorge Elías Triana, Jaime López Correa y Omar Rayo.

124 125
Existía un flujo de información que circulaba entre los diferentes cafés
gracias a los viajes y desplazamientos de los intelectuales y artistas. Ejemplo de
ello es la presencia de Alejandro Obregón, tanto en La Cueva como en El
Automático, cuando se desempeñaba como director de la Escuela de Bellas Artes
de Barranquilla, y en la de Bogotá, respectivamente. En este sentido, el
movimiento nadaísta sumó su circulación al tejido ya existente, pero de acuerdo
con sus propios intereses.

Imagen 19. Sin autor (1959). Alirio Ozugar, Luis Darío González,
Gonzalo Arango, Dina Merlini y Jaime Espinel en el café
Metropol. Archivo de Jotamario Arbeláez.

Aunque los nadaístas visitaron El Automático, fueron mucho más asiduos a


El Cisne, debido a que era más barato y podían permanecer más tiempo sin
dinero. En un reportaje hecho a Gonzalo Arango, este describió el café en los
siguientes términos: “El Cisne es el último reducto de los trasnochadores
bogotanos. Allí se congregan artistas sofisticados, cineístas en trance de críticos,
mujeres en pose de intelectuales o intelectuales en pose de mujer”. 38
Además, debido a la escasez de galerías y espacios de exposición en el país,
los cafés también se convirtieron en los primeros espacios que los artistas
encontraron para exponer sus obras. En El Automático se realizó la primera
exposición en 1950, con obras de Orlando “Figurita” Rivera, práctica que se
continuó hasta la década de los sesenta, y que impulsó a otros artistas a hacer lo
mismo en otros cafés del país, como en La Cueva. Al constatar la existencia de un
público para la exposición de obras de arte, al poco tiempo Leo Matiz fundó su
galería frente a El Automático, mientras en Barranquilla, Eduardo Vilá
Fuenmayor, siguiendo la idea de José Gómez Sicre, creó la Galería Arte
Contemporáneo, aledaña a La Cueva.39
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
Nacimiento del nadaísmo
Como ya se mencionó, Gonzalo Arango decidió lanzar su movimiento en
Medellín, una ciudad con un perfil industrial en la que empezaban a aparecer las
instituciones de carácter cultural. El Museo de Zea y la Escuela de Pintura, Dibujo
y Escultura, del Instituto de Bellas Artes, habían sido recientemente reabiertos,
luego de permanecer cerrados durante la década de los años cuarenta. Otras
instituciones de carácter cultural eran la Sociedad de Amigos del Arte, el Instituto
de Cultura Popular, el Club Unión y el Club de Profesionales. A pesar de esas
instituciones, Medellín continuaba siendo una ciudad completamente
conservadora y católica.
En el primer reportaje hecho a Arango en la prensa, a la pregunta por el
nacimiento del movimiento, respondió:

38 “Gonzalo Arango es un personaje de esa cafetería”, en El profeta Gonzalo Arango, El


Espectador, edición dominical, 20 de enero de 1963.

39 De acuerdo con Álvaro Medina (2002), allí expusieron Noé León, Ángel Loockhart, Nirma Zárate
y Delfina Bernal, y se realizó el II Concurso Interamericano de Pintura en 1963.

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Café Bemoca, Cali, una noche de enero de 1958, soledad abyecta, miraba a una
mujer muy bella llamada Leonor. La vida me propuso tácitamente esta
alternativa: el suicidio o… esos puntos suspensivos fueron el nadaísmo. Nació
como un impulso de vivir, de luchar, como un rechazo de la muerte. Necesitaba
crearme una mística para vivir. Esa misma noche empecé a escribir el manifiesto,
y cuando lo terminé me vine para Medellín. [El Espectador, 9 de julio de 1958]

En ese primer reportaje, Arango define el nadaísmo como “una rebelión


esquizofrénica-consciente de la juventud contra los estados pasivos del espíritu
y la cultura”, un movimiento negativo, en cuanto cuestionaba el “orden espiritual
imperante en Colombia, particularmente en el arte y la cultura”. Aunque no
presentó el nadaísmo como un movimiento de vanguardia, estableció un
parentesco con las primeras vanguardias europeas: “En ciertas bases generales
comunes a todo movimiento revolucionario, sí. Los surrealistas lo llamaron: un
cierto estado de furor. Por lo demás tiene una dinámica concreta y específica
sobre Colombia, su cultura, sus sistemas, sus valores representativos” (El
Espectador, 9 de julio de 1958).
En este sentido, se enuncia como una vanguardia colombiana, ya que, a
pesar de que retomaría ese estado volátil surrealista, buscaría reaccionar a las
condiciones específicas del país, pues “el nadaísmo es una libertad abierta a las
posibilidades de la cultura colombiana”, a partir de su experiencia de lo
maravilloso cotidiano, es decir, la poesía y la belleza que se encontraba en el día
a día de los colombianos. De esta manera, se formula como un descubrimiento
de la realidad del país, sin idealismos ni racionalismos: solo como escuchas del
presente.

Imagen 20. Sin autor (1959). El día de la fundación del nadaísmo


en Cali. Jotamario Arbeláez, Diego León Giraldo y Gonzalo
Arango. Archivo de Jotamario Arbeláez.

Esa primera aparición nadaísta estaba acompañada de una fotografía de


Gonzalo Arango que contenía la dimensión corporal del nadaísmo, pues en lugar
de la imagen acostumbrada del intelectual rodeado de libros, se veía a Arango
junto a una calavera, lo que implicaba una intención de performatividad o gesto
que rompía con la forma tradicional de la imagen del intelectual. En los párrafos
de introducción que presentan el nadaísmo, el periodista afirma que el
movimiento también era una postura corporal: “Lo único que es cierto es que los
intelectuales que se llaman a sí mismos nadaístas, se exhiben por la ciudad de
Medellín en las más extrañas poses, y algunos de ellos están acreditando la moda
del peinado a la François Sagan” (El Espectador, 9 de julio de 1958).

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


En ese artículo se anunciaba la publicación del Manifiesto nadaísta, sin
precisar una fecha específica, y se mencionaban como miembros del movimiento
a Alberto, Guillermo, Amílcar, Humberto, Lucía y Ernesto, sin precisar sus
apellidos. Sin embargo, a esa enumeración le hacían falta

128 129
varios nombres, pues, de acuerdo con las narraciones que los nadaístas han
hecho del surgimiento del movimiento, a su regreso a Medellín Arango se
encontró con su joven amigo Alberto Escobar, quien le presentó a Amílcar Osorio,
a quienes les habló de su propuesta y los invitó a hacer parte del nadaísmo.
Empezaron a reunirse en los cafés de la ciudad ―Metropol, Colombia y La
Bastilla― y en la librería Horizonte. A esos lugares llegaban Humberto Navarro
(Cachifo), Jaime Espinel (Barquillo), Jaime Jaramillo Escobar (X-504), Darío Lemos,
Eduardo Escobar y Guillermo Trujillo. Así, antes de la publicación del Manifiesto,
el nadaísmo ya era reconocido en Medellín como un grupo de jóvenes que
habitaban la ciudad escandalizando con su aspecto y su actitud de ocio, tal como
lo manifestó un lector en una de las cartas enviadas al periódico El Espectador:

Los nadaístas de Colombia, y en particular los de Medellín, solo han querido


hacerse pasar por niños terribles que escandalizan con sus peinados, sus
vestidos, sus pipas, sus tertulias en la “Clínica soma” y su gran despreocupación
ante la vida real. Pero fuera de protagonizar disturbios en el café “La Bastilla”
hasta llegar a la violencia física con otros compañeros ideológicos, los nadaístas
no han presentado ninguna obra respetable.
[El Espectador, 21 de agosto de 1958]
Imagen 21. Sin
autor (1959).
Gonzalo Arango,
Jotamario
Arbeláez, Amílcar
Osorio. y Elmo
Valencia en un café
de Manizales,
durante una gira.
Archivo de
Jotamario Arbeláez.

Quizás a
modo de
respuesta a esa
interpelación
por su
producción escrita, Gonzalo envió al periódico El Espectador un fragmento de su
manifiesto, que fue publicado con el nombre de la sección del que había sido
extraído: “El nadaísmo y los cocacolos” (1958). Luego de la primera aparición de
Gonzalo Arango anunciando el nadaísmo, siguió el artículo El nadaísmo es algo,
de German Arciniegas, publicado en El Tiempo el 16 de julio de 1958. Aunque
Arciniegas no lo menciona, este escribió su artículo después de asistir a la reunión
convocada por los nadaístas en la casa del pintor antioqueño Pedro Restrepo
Peláez, tal como fue mencionado en el reportaje publicado días después, 28 de
julio de 1958, en la revista Cromos.
En su artículo, Arciniegas manifestó incertidumbre respecto al nadaísmo, al
que definió como “un movimiento de los que van en busca de algo”, aunque sin
tener una perspectiva precisa de su búsqueda. A pesar de que Arciniegas
reconocía que el nadaísmo era el resultado de la sensación de impotencia y
cansancio de los jóvenes, no reconoció en ellos una propuesta capaz de expresar
las condiciones propias del país, puesto que solo los comprendió como una
simple emulación del existencialismo francés.

El nadaísmo es un producto natural de una época pervertida. Época de cultura


dirigida por analfabetos. Entre nosotros, es la consecuencia inmediata de las
dictaduras. La parte de las juventudes que se considera cogida en la trampa trata
de escapar. Lo propio, lo nacional, se ha vuelto tabú. El que se siente forzado a
darle la espalda a la realidad inmediata se agarra a la rama de espino seco que le
tiende cualquier desesperado de Francia. [El Tiempo, 16 de julio de 1958]

En la revista Cromos, Gonzalo González, además de describir el encuentro y


las impresiones causadas a los periodistas asistentes, publicó algunos textos de
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
los nadaístas presentes en la reunión, bajo el título Boletín número 4, luego de
afirmar que bien podían ser una nueva propuesta para el desierto campo de la
producción de poesía en el país. Entre el artículo de Arciniegas y el reportaje de
Cromos fue publicado el artículo de Estanislao Zuleta Variaciones alrededor del
nadaísmo, en el

130 131
que lanzaba una fuerte crítica al movimiento, y sobre todo a su principal
promotor. Allí, Zuleta afirmaba que el nadaísmo no era un movimiento, sino
simplemente era la idea de un joven que buscaba a toda costa hacerse famoso:

“El nadaísmo” resiste por el momento a todas las críticas por la sola virtud de su
inexistencia. Pero como ahora algunos jóvenes se han dado a la tarea de
“lagartear” insultos en la prensa para convencerse a sí mismos y convencer a los
otros de que forman un movimiento, es interesante saber quiénes son o se
imaginan ser y por qué van implorando sumisamente a diestra y siniestra el
reconocimiento de su alta peligrosidad. [Zuleta, 25 de julio de 1958]

Zuleta encontraba completamente inofensivas las primeras


manifestaciones corporales y performativas de los nadaístas, pues las
consideraba vanos escándalos sin ninguna incidencia ni ninguna posibilidad real
de rebeldía:

“El nadaísmo” pretende oponerse a la sociedad burguesa con los valores de la


soledad, la intuición irracional, la arbitrariedad, la calavera y el “motilado”. La
sociedad burguesa no lo considera su antinomia. Ella tiene la razón: su antinomia
no es ese hijo descarriado, sino, más bien, la solidaridad, la reciprocidad, la
justicia y la razón. [Zuleta, 25 de julio de 1958]

Así, se burlaba tanto de la aparición de Arango en la prensa con una calavera


en la mano, como de su corte de cabello y el uso de lenguaje soez en su escritura,
a pesar de que estas microdisidencias causaban diferentes tipos de reacciones en
la vida cotidiana de los nadaístas, en la medida en que no seguían el modelo
corporal establecido. En este sentido, consideraba que el poder de su rebeldía
por medio del escándalo era completamente inocuo, pues no suscitaba ninguna
reacción en la sociedad que pretendía atacar. Sin embargo, a lo largo de la
década, esas manifestaciones corporales que a Zuleta le parecían
completamente anodinas, tomaron una dimensión mucho más importante, pues
se configuraron en uno de los bastiones del nadaísmo: el escándalo por medio de
acciones disruptivas o protoperformance.
Debido al desconocimiento de las nuevas propuestas de arte vivo, como el
happening y el performance, para los periodistas e intelectuales de la época fue
imposible comprender las acciones nadaístas más allá de su dimensión
escandalosa, por lo que siempre las descalificaron como simples estrategias
publicitarias, desconociendo su valor disruptivo. Así, desde el principio de su
historia, todas las acciones nadaístas fueron tomadas simplemente como una
estrategia publicitaria, sin reconocer que en ellas existía el germen de lo
performativo, pues se les reclamaba una producción literaria de acuerdo con las
propuestas anteriores, a lo que los nadaístas respondieron enviando algunos de
sus textos al suplemento literario de El Espectador, dirigido en ese momento por
Gonzalo González, simpatizante del movimiento.

La primera Acción Disruptiva que hizo el nadaísmo fue la quema de libros


en la plazoleta de San Ignacio, frente a la Universidad de Antioquia, para lanzar
el Manifiesto nadaísta, el 18 de agosto de 1958 (Llano, 2015), como una forma
simbólica de negar la literatura colombiana, la cultura y la educación del país. De
acuerdo con Jotamario Arbeláez, durante

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Prendimos una fogata en la plazoleta de San Ignacio, frente a la Universidad de


Antioquia […] Gonzalo Arango decía: “Como descendiente directo de Atila,
Nerón, Eróstrato, Hitler y todos los pirómanos de la historia, los invito a quemar
nuestros libros para probarle al mundo que desdeñamos el saber hereditario,
pues no hay nada en qué creer, ni siquiera en nosotros mismos”. [Valencia, 2010,
p. 33]

De acuerdo con lo mencionado por Juan Gustavo Cobo Borda en Historia


portátil de la poesía colombiana, 1880-1950, esa quema fue antecedida por otro
acto simbólico en el parque Berrío, que incluyó un elemento que sería recurrente
en las acciones nadaístas: el papel higiénico:

Sólo que sus vaivenes ideológicos iban a desaparecer muy pronto tras el
estruendo de sus primeros escándalos: convoca a sus amigos al parque Berrío de
Medellín y luego de leer un discurso escrito en papel toilette, discurso en que
elogiaba a Pablo Alquinta, jinete del popular concurso hípico del 5 y 6, en
detrimento de Miguel de Cervantes, procede a quemar los libros de su biblioteca.
Acto semejante, o el mismo acto —la crónica, infortunadamente, no es muy
exacta—, se repite en el atrio de la Universidad de Antioquia, como parricidio
simbólico en frente de su propia casa de estudios, y en uno de ellos arroja al
fuego el manuscrito de su primera novela, Después del hombre, escrita en un
interregno campesino de dos años durante su trunca carrera de Derecho. [Cobo
Borda, 1995]

Con esta quema se dio el nacimiento oficial del nadaísmo, pues al mismo
tiempo que se evidenciaba su carácter discursivo, con la publicación del
manifiesto también se hacía énfasis en su carácter disruptivo por medio del
cuerpo. Pero a finales de 1958 el nadaísmo solo se manifestaba en Medellín, así
que Arango decidió viajar a Cali para encontrar nuevos adeptos al movimiento.
A finales de la década de los cincuenta, en Cali existía una pequeña
infraestructura cultural. En 1956, Maritza Uribe de Urdinola fundó el Club la
Tertulia, un lugar en el que se pudiera congregar aquella burguesía interesada en
el arte; asimismo, dentro del club se fundó una escuela gratuita a la que podían
asistir personas que no pertenecieran a la burguesía, pero que estuvieran
interesadas en el arte y la cultura.40
Así, a lo largo de la década de los sesenta, La Tertulia se fue configurando
en un importante lugar al que asistían intelectuales liberales e izquierdistas para
discutir sobre sus más recientes lecturas, a partir de las cuales vislumbraban la
necesidad de un arte autónomo y moderno, capaz de superar las diferencias
ideológicas (Gómez, 2012, pp. 237-238). Además del Club La Tertulia, en Cali
existía el Instituto Departamental de Bellas Artes, del que dependían la Dirección
de Bellas Artes y la Extensión Cultural del Valle del Cauca, espacios en los que se
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
ofrecía educación artística no
formal. También estaban la
Escuela Departamental de Artes
Plásticas —en donde se dictaban
las asignaturas de Pintura, Arte
Comercial y Cerámica— y el
Instituto Popular de Cultura,
fundado en 1961.

40 Para entonces, cuando se aludía al arte


y la cultura universal se hacía referencia a
las producciones culturales producidas en
los centros de poder internacional:
Estados Unidos y Europa Occidental. En
1963, el club cambió su razón social y se
convirtió en una corporación para la
enseñanza popular, museo y extensión
cultural, por lo que a menudo
programaba conciertos, funciones de
títeres y talleres de sensibilización
artística creados y diseñados por Ana
Ruth Velasco. En 1968, en el marco del
VIII Festival de Arte de Cali fueron
inauguradas las instalaciones del Museo
de Arte Moderno La Tertulia.

134 135
Imagen 23.
Diario Occidente
(1 de junio de 1967). Los libros de más venta en la Librería
Nacional en Cali.
A pesar de ello, los nadaístas caleños empezaron a reunirse en el café de los
Turcos, el Café Colombia y la Librería Nacional, siendo esta última el lugar de
encuentro para ellos más importante. Desde el momento de su inauguración, en
octubre de 1961, la Librería Nacional se convirtió en un lugar obligado de visita,
debido a la innovación de su diseño, pues se trataba de una librería abierta en la
que los usuarios podían deambular y ver las publicaciones más recientes, tal
como lo narra Felipe Ossa, antiguo usuario y actual director de la librería:

Yo había ido a muchas librerías con mi padre, ya que él tenía muchos amigos
libreros. Pero ninguna se parecía a la Nacional. Las librerías eran lugares adustos,
con mostradores que servían de barrera a las estanterías donde estaban los
libros. El lector que no fuera un bibliófilo culto se inhibía de preguntar un título
o un autor, por temor a pronunciarlo mal y equivocarse. La primera impresión
que tuve de la Nacional fue la de un lugar abierto, alegre, donde se escuchaba
música —tenía música ambiental—, con una cafetería donde la gente dialogaba
despreocupadamente. Podía además el visitante hojear, mirar y hasta leer los
libros y las revistas, sin que nadie lo molestara ni se lo impidiera. [Ossa, 2006, p.
60]

Debido a la amabilidad del espacio, las diferentes sucursales de la Librería


Nacional se convirtieron, por extensión, en la sede de los nadaístas caleños. 41 De
acuerdo con lo narrado por Felipe Ossa (2006), aunque se trataba de un espacio
comercial, tenía un carácter semipúblico que invitaba a las personas a
permanecer en el lugar sin realizar ningún consumo. Estas características eran del
todo apreciables para los nadaístas, ya que además de enterarse de las más
recientes publicaciones en el continente42 podían encontrarse con voces locales
importantes, como la del

41 La Librería Nacional fue fundada por Jesús Ordóñez en Barranquilla, quien se había formado
como librero en La Habana. En Bodas de oro, Eduardo Escobar menciona que en la sucursal de
Barranquilla se encontró con Medina. Esto evidencia la importancia que tuvo la librería para
los nadaístas en ese momento, pues, aunque Eduardo Escobar no conocía a Álvaro Medina,
sabía que al nadaísta de la costa lo encontraría en la Librería Nacional.

42 La Librería Nacional fue una de las distribuidoras de la revista mexicana El Corno Emplumado,

136 137
cubano José Pardo Llada, quien desde su columna “Mirador”, en el Diario
Occidente, muchas veces se refirió a los nadaístas y sus actividades.43

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


Todos los periodistas del Diario Occidente, que funcionaba a la vuelta de la
librería, y por supuesto, los poetas y escritores nadaístas, que no solo eran
habituales de la librería, sino protegidos del señor Ordóñez. Jotamario Arbeláez,
por ejemplo, fue nuestro jefe de relaciones públicas durante un tiempo. Creo
que se leyó todas las obras de Henry Miller mientras trabajó en la Nacional.
[Ossa, 2006, p. 88]

Al poco tiempo, al nodo de Medellín y al de Cali se sumó el de Barranquilla.


Allí, el nadaísmo encontró algunos de sus adeptos entre los jóvenes
universitarios, entre los cuales se destacaron Delfina Bernal, Álvaro Medina,
Alberto Vides, Álvaro Barrios y Norman Mejía. Delfina Bernal afirma que supo del
nadaísmo hacia 1961, cuando contaba con veintiún años y era estudiante de la
Escuela de Bellas Artes, por entonces dirigida por Alejandro Obregón. En ese
momento conoció a Álvaro Medina y Alberto Vides, estudiantes de Arquitectura
en la Universidad del Atlántico. A partir de las conversaciones que sostuvieron,
este pequeño grupo de jóvenes se autodenominó nadaísta al identificarse con las
ideas de Gonzalo Arango, de las cuales tenían noticia por medio de la prensa. Así,
a diferencia de Cali, adonde el profeta del nadaísmo había viajado, en
Barranquilla, al igual que en otras ciudades, el nodo nadaísta surgió de manera
espontánea y sin que se requiriera la presencia de su fundador. Como se
mencionó, dicha espontaneidad evidenciaba la existencia de la juventud de clase
media como un nuevo grupo social, al que Gonzalo Arango había dado voz, sin
ser completamente su representante ni su líder, puesto que, a pesar de la
identificación grupal, las búsquedas eran individuales.

alrededor de la cual se constituyó un circuito de ideas vanguardistas similares al nadaísmo en


todo el continente. Este aspecto se abordará más adelante.

43 Es importante mencionar que a lo largo del documento el lector se encontrará con fragmentos
de algunas de las columnas de este periodista cubano que no encontrará referenciadas de
forma completa en la bibliografía, dado que varias de sus columnas fueron encontradas en
varios archivos personales e institucionales sin fechas específicas.
Imagen 24. Sin autor (s. f.). Montaje fotográfico en el que se
presentaba a los diferentes nadaístas para acompañar el artículo de
prensa. En la foto aparecen Dina Merlini, Jotamario Arbeláez, Eutiquio
Leal, Álvaro Medina y Elmo Valencia.

Aunque los intereses de estos jóvenes nadaístas coincidían con las


discusiones que sostenía el Grupo de Barranquilla, no hubo una continuidad de
ideas,44 por lo que el contacto entre estos grupos no significó

44 Al respecto, Fiorillo cita a Jorge Rufinelli para evidenciar el cuestionamiento que el grupo de La
Cueva hace de la continuación de la misma literatura: “lo que logró el Grupo de Barranquilla
fue liberarse de las estructuras verbales y lingüísticas encerradas en el vetusto concepto del
español puro: liberación de una narrativa urgida por la realidad social y política del país,
mediatizada por esa misma urgencia en formas sólo documentales y envejecidas ya desde su
nacimiento; liberación de una cultura paupérrima, sin tradiciones nutricias, que aún seguían
las pautas de María y La Vorágine sin revisar su vigencia; liberación, finalmente de los
esquemas nacionalistas que han frustrado a generaciones enteras de escritores
latinoamericanos por el aislamiento y el cultivo de lo autóctono mal entendido y el
provincianismo” (Fiorillo, 2006, p. 50).

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


138 139
un relevo generacional, sino tan solo el reconocimiento de la existencia de dos
generaciones distintas, tal como lo narra Álvaro Medina en Conversaciones con
el fantasma (2017):

Yo publiqué mi primer cuento cuando tenía dieciocho años [1959]. Coincidió con
la época de los nadaístas y terminamos siendo muy amigos. Esa inquietud del
nadaísmo nos impacta, nos interesa mucho: cierta inconformidad, cierto
desenfado en los temas y yo comienzo a publicar en el suplemento de El Tiempo
y El Espectador, en ambos, varios cuentos, lo que me entusiasma mucho. Este
primo me propone un día: Vamos a La Cueva. Yo no llegaba a los veinte años ni
mi primo a veintiuno […] Fuimos a La Cueva por primera vez y quedamos
impactados con la belleza del lugar, del bar; eso debió ocurrir en octubre de
1961, más o menos […] Y entonces se produce un acontecimiento más, y es que
conozco a Delfina Bernal, que era estudiante de la Escuela de Bellas Artes de la
Universidad del Atlántico […] yo comienzo a ir todos los días a la Escuela a
acompañar a Delfina y me hago muy amigo de Alejandro Obregón […] La Cueva
tenía una particularidad: era un poco hostil con los que no eran del círculo, a
pesar de ser un bar abierto para todo el mundo, que todo el mundo podía entrar.
Había una cuestión de grupo, de cofradía, esa es la palabra exacta. Todo el
mundo se conocía […] El extraño que llegaba no tenía mucha atención y se
sentaba en las mesas lejanas. […] Nos volvimos habituales, de ir dos o tres veces
a la semana. […] Uno de nuestros profesores en la facultad era Alfonso
Fuenmayor, que era uno de los fundadores de La Cueva […] Y un día estamos
Alberto [Moreno] y yo en La Cueva cuando entra Alfonso y nos saluda, y eso corta
el frío entre el grupo de contertulios habituales y nosotros. Teniendo en cuenta
también que había una generación de por medio, ellos eran un poco mayores
que nosotros, que éramos unos pelados de veinte o veintiún años. Alfonso nos
incorpora y se produce también la circunstancia con Alejandro Obregón en la
Escuela de Bellas Artes […] en determinado momento le dije a Alejandro que ese
texto que estaba mencionando lo había escrito yo. “¡Ah, ese eres tú!, ¡Y tienes
seudónimo!”. Entonces eso redondea el acercamiento, y nosotros quedamos
incorporados al grupo, éramos los pelados del paseo. [Nova, 2017, pp. 232-233]

Durante la década de los sesenta, la actividad cultural en Barranquilla se


concentraba en tres lugares: La Cueva, el Centro Artístico45 y la Escuela de Bellas
Artes. La Cueva era el emblemático lugar en el que se había reunido el Grupo de
Barranquilla durante la década inmediatamente anterior.46 Tal como se evidencia
en la narración de Medina, si bien existió una identificación grupal con el
nadaísmo, dicha filiación también era otorgada de forma discursiva por la prensa
para denominar a la nueva generación de jóvenes escritores, sin que ello
implicara un estudio detallado ni conceptualización alguna.
De acuerdo con lo anterior, en gran medida, la adhesión al nadaísmo se
hacía de manera discursiva. En principio, los jóvenes se definían como nadaístas
y luego, aquellos que se encontraban interesados en la escritura, al tiempo que
empezaban a escribir para los suplementos literarios de los periódicos
nacionales, iniciaban un intercambio epistolar con Gonzalo Arango, quien
usualmente fungía como centro discursivo detrás de su máquina de escribir.

45 Durante la dirección del Centro Artístico, Cepeda Samudio fundó el Cineclub de Barranquilla,
publicó la revista Cineclub y creó la Federación Colombiana de Cineclubes, organización a partir
de la cual se activó una comunicación cultural de otro orden entre Barranquilla, Cali, Medellín
y Bogotá. La primera edición de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García
Márquez, evidencia la existencia de ese circuito cultural, pues gracias a la visita de Alberto
Aguirre a Barranquilla fue posible la publicación de la novela como libro en 1961 —antes había
sido publicada completa, pero por entregas, en la revista Mito—, y algunos de sus fragmentos
aparecieron en Cromos, La Calle y el “Magazín Dominical” de El Espectador, entre 1960 y 1961.

46 Durante la década de los cuarenta, alrededor de la figura del escritor catalán Ramón Vinyes —
quien entre 1917 y 1920 había traducido y publicado a los poetas de las vanguardias históricas
en su revista Voces— se había creado un grupo de jóvenes escritores y artistas para conversar
sobre arte y literatura mientras bebían trago. Vinyes cohesionaba y orientaba las lecturas y los
intereses de esos jóvenes lectores, a quienes les recomendaba la lectura de Joyce, Woolf,
Steinbeck, Hemingway, Caldwell, Dos Passos y Faulkner, entre otros. Aunque fueron varios los
bares y cafeterías en los que se dio cita este grupo, La Cueva constituyó el principal lugar de
encuentro. Allí, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y Orlando
“Figurita” Rivera coincidían para discutir y conversar.

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


140 141
Imagen 25. Sin autor
(1970). Jaime
Jaramillo Escobar y
Jotamario Arbeláez
caminando por las
calles de Bogotá.
Archivo de
Jotamario Arbeláez.

A pesar de que muchas


veces la correspondencia era
dirigida y emitida por Gonzalo
Arango, hubo otras formas de
adhesión y contacto. Aunque
Álvaro Barrios participaba en
las reuniones organizadas por
Delfina Bernal, afirma que su
contacto con Gonzalo Arango
estuvo mediado por la revista
mexicana El Corno
Emplumado, de la cual sabía
gracias a los demás nadaístas.
Barrios afirma que escribió a la publicación mexicana para ofrecer sus
ilustraciones, que aparecieron por primera vez en la edición de julio de 1965: dos
dibujos acompañaban los poemas de Ernesto Cardenal, quien en ese momento
se estaba formando como sacerdote en Antioquia, Colombia, mientras un tercer
dibujo antecedía la sección de cartas que era iniciada con una misiva de Gonzalo
Arango.
En esa ocasión, el joven artista fue presentado de la siguiente manera:
alvaro barrios es un joven pintor de Barranquilla, Colombia, desde donde nos
escribe: “Aquí en Colombia se vive una situación maravillosa: si llega la
revolución no dejará de ser emocionante ver desfilar cadáveres desde los
balcones. El Concurso esso de novela torció horriblemente los ojos al arte de
vanguardia revolucionario, y puso de jurados a los señores de la Academia de la
Lengua evitando que Gonzalo Arango se ganara uno de los premios con una
novela fantástica”. Tiene actualmente 18 años de edad.

Luego de ese encuentro en la publicación, comenzó una larga amistad por


correspondencia entre Arango y Barrios. Aunque a partir de ese momento Barrios
empezó a ilustrar los textos de Arango, el encuentro personal solo de dio un año
después, cuando el profeta nadaísta presentó al joven artista barranquillero en
su primera exposición individual, en la Galería Colseguros, en 1966, adhesión que
se consolidó discursivamente en la misma publicación, en cuya edición número
18 fue publicada una carta de Arango en la que mencionaba que Álvaro Barrios y
Pedro Alcántara eran los nuevos integrantes del nadaísmo. Ese reconocimiento a
posteriori de Arango evidencia las particularidades con las que funcionaba el
nadaísmo en cada nodo, pues para ser nadaísta no era necesario ser reconocido
por el profeta, sino sencillamente reconocerse como tal.
De acuerdo con Delfina Bernal, en Barranquilla hubo varios jóvenes que se
hicieron llamar nadaístas, muchos de ellos estudiantes de las diferentes
facultades de la Universidad del Atlántico, entre los cuales menciona a Alberto
Duque López, Leda Roca Simons, Sofía Warf Alemán, Carlos Arcieri Ripoll, Tatiana
Olarte, Luis Calderón, Humberto Alean, Enrique Molinares Dugan y José Rafael
Hernández.47 A pesar de que se trataba de un número considerable de jóvenes,
con el tiempo muchos de ellos perdieron su filiación, puesto que no desarrollaron
ningún tipo de propuesta artística ni cultural que fuera reconocible dentro del
espacio discursivo que significó el nadaísmo. Al respecto es importante
mencionar que como nadaísta se podía participar de dos maneras: solamente
como joven que reclamaba su derecho al ocio, o como joven que en ese reclamo
proponía una exploración artística, fuera visual o literaria. De acuerdo

47 Comunicación personal, 26 de mayo de 2014.

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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
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se
que
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que
fuer
a.
Esa filiación discursiva, sumada a la ausencia de un programa estético
específico, determinaba que el desarrollo de cada grupo de jóvenes que se
identificaba con el nadaísmo fuera distinto, puesto que obedecía a las dinámicas
culturales en las que se encontraba inscrito. Para el caso de los jóvenes nadaístas
barranquilleros, su funcionamiento estuvo vinculado a La Cueva, sin que esta
fuera su centro de encuentro, 48 tal como lo menciona Delfina Bernal:

Los adultos contaban con La Cueva. Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón,
Fuenmayor, etc., un grupo de cazadores. Los adultos nos apadrinaban y nos
acogían; con ellos salimos, disfrutábamos de noches y algunos tragos en
múltiples ocasiones. Los jóvenes también nos reuníamos con nuestros
contemporáneos en actividades típicas de adolescentes: reunioncitas con
música suave bailable en casas de amigos. [Delfina Bernal, comunicación
personal, 26 de mayo de 2014]

Más que en La Cueva, los nadaístas se encontraban en el estudio de Delfina


Bernal, una buhardilla en el barrio Prado donde realizaban pequeñas reuniones
para divertirse y para conversar. En ese espacio de intercambio de ideas y
esparcimiento fueron realizados algunos collagespoemas inspirados en las
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
vanguardias históricas europeas, particularmente el dadaísmo. De acuerdo con
Delfina Bernal (2014), estos collages, por iniciativa de Álvaro Barrios, fueron
realizados como una actividad en grupo por Carlos Arcieri, Álvaro Medina, Delfina
y Bonny Bernal. El nadaísmo era un pretexto para que algunos jóvenes artistas y
escritores de la ciudad se encontraran y compartieran ideas, tal como lo refiere
Delfina Bernal:

48 Es importante mencionar que a inicios de la década de los sesenta, La Cueva se fortaleció como
centro cultural al realizar pequeñas exposiciones cada quince días, espacio en el que Delfina
Bernal expuso gracias a que Alejandro Obregón conocía su trabajo, en su calidad de director
de Bellas Artes. Posteriormente la invitó a realizar una exposición en la Galería de Eduardo Vilá,
adyacente a La Cueva.

En realidad, las actividades con los nadaístas consistían en ir a tomar cervezas.


Teníamos conversaciones largas sobre nuestras lecturas, películas, etc. Por lo
demás, cada persona se dedicaba a sus actividades creativas […] Entonces, la
mejor manera de comunicarnos era en reuniones, en paseos al mar por la noche,
en fiestas en la Librería Nacional, en el centro de Barranquilla, donde los
intelectuales adultos se reunían para conversar. [Bernal, 2014]

Aunque ese espacio privado fue un centro activo para el encuentro de los
jóvenes nadaístas barranquilleros, al igual que en Cali, la Librería Nacional fungía
como el espacio de encuentro. Quien quisiera conocer a un nadaísta solo tenía
que ir a la librería, pues se sabía que por allí merodeaban aquellos jóvenes de los
que hablaba la prensa. Así, cuando un nadaísta quería conocer a otro nadaísta
del que solo sabía por menciones, iba a esos espacios de los que se hablaba en la
prensa. Así, del encuentro en la prensa se pasaba finalmente al encuentro
personal.
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
144 145

Jaime Jaramillo escobar viajó a Barranquilla a inicios de la década de los


sesenta, y allí permaneció durante cuatro años trabajando para la agencia de
publicidad Nova, dirigida por Plinio Apuleyo Mendoza. A este se sumó Eduardo
Escobar, quien fue hospedado por Álvaro Medina. Luego de esa primera visita,
Eduardo Escobar visitó varias veces Barranquilla, tiempo durante el cual estuvo
en contacto con el nadaísta barranquillero más joven, Álvaro Barrios, quien
participó en la ilustración de La Viga en el Ojo y de su libro Invención de la uva
(1966). De acuerdo con Álvaro Barrios (comunicación personal, 2 de mayo de
2014), Gonzalo Arango empezó a visitar la ciudad luego de que Jaime Jaramillo
se radicara allí. Asimismo, a la ciudad costera también llegaron, para vivir una
corta temporada, Amílcar Osorio y Jaime Espinel.

Imagen 27. Sin autor (s. f.). Invitación a tomar el té realizada por
Álvaro Barrios y Delfina Bernal. Archivo de Delfina Bernal.

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


146 147

A pesar del encuentro, en diferentes fechas, de varios miembros del


nadaísmo en Barranquilla, el movimiento no tuvo allí tanta fuerza como en otras
ciudades, tal como lo afirma Ramón Illán Bacca (1998):

En Barranquilla el nadaísmo no era un círculo beligerante como en Medellín o en


Cali. Parecía ser más bien un pretexto para hacer unas cuantas fiestas muy
movidas. La figura más conocida que se hacía llamar nadaísta era Álvaro Medina,
que en esa época firmaba sus artículos y cuentos con el seudónimo de José Javier
Jorge […] A diferencia de las otras ciudades, aquí el movimiento era integrado
por jóvenes universitarios, que por definición eran de clase media establecida
[…] El escándalo no se dio. Los ataques a la religión ni siquiera se pensaron. Era
algo incompatible con la idiosincrasia nuestra. Además, la Iglesia de aquí no era
omnipotente como la del interior. [pp. 216-217]49

49 Aunque la presencia de la Iglesia no era tan fuerte en la costa, lo que ha sido afirmado por
todos testigos y miembros del nadaísmo, esto no significaba el control moral que esta ejercía

Si bien los nadaístas de Barranquilla no llegaron a crear un mayor impacto


literario en la ciudad, según Illán Bacca debido a la ausencia de un medio impreso
que los publicara,50 sí lo hicieron como escándalo, probablemente continuando
con las acciones nadaístas que eran producidas en los otros nodos del país. Así,
Illán Bacca menciona como simples escándalos, algunas acciones realizadas por
los nadaístas barranquilleros que tuvieron un impacto en la ciudad: el recital de
Alberto Vides y Aristides Charris en el Colombo Americano y enfrente del Club
Barranquilla;51 el disfraz de fantasmas de Rosita Marreno y José Rafael
Hernández, quienes al ponerse el disfraz en un solar cercano a la fiesta fueron
perseguidos por la policía; la visita escándalo de Raquel Jodorowsky, y la
inadvertida visita de Eusktenko a la ciudad en 1968. Además de estas acciones
precisas, es importante mencionar que el atuendo también fue una
manifestación de rebeldía, pues en lugar del traje tradicional para asistir a la
universidad, los jóvenes nadaístas

en el poder estuviera ausente. De acuerdo con Delfina Bernal, la mayoría de los nadaístas de
Barranquilla habían estudiado en colegios católicos, entre ellos, el Biffi. Igualmente, menciona
que, aunque existía el registro civil, el documento oficial era la partida de bautismo. Asimismo,
otra evidencia de la importancia de la Iglesia en la sociedad barranquillera se puede entender
al tener en cuenta una anécdota narrada por Delfina Bernal: una vez, estando en su casa en
compañía de Álvaro Medina, en ese entonces su novio, el sacerdote de una iglesia próxima
envió la policía a su casa, ya que consideraba que su comportamiento era escandaloso e
inmoral. Al poco tiempo, por presión de los padres de los dos jóvenes nadaístas, tuvieron que
casarse, sin que realmente estuvieran interesados en hacerlo. Además de esto, es necesario
mencionar que, de acuerdo con Delfina Bernal, los nadaístas de Barranquilla eran hijos de
familias de clase media, que, aunque poseían una memoria de la guerra de los Mil Días, pues
la mayoría de los abuelos había participado, a su generación esa sensibilidad respecto a la
violencia en el país no los afectaba, debido a que solo sabían de esta por los inmigrantes que
llegaban del interior a la costa.

50 Álvaro Medina menciona que en 1950, en la ciudad circuló el semanario Crónica, su Mejor
Week-End, dirigido por Alfonso Fuenmayor, que circuló aproximadamente durante año y
medio, cuyo fin dejó de nuevo un vacío editorial que, de acuerdo con Illán Bacca, solo fue
llenado por el Suplemento Literario del Diario del Caribe, que empezó a circular en 1973. Es
importante mencionar que, debido a la ausencia de políticas de archivo, es imposible consultar
dichos documentos, que no fueron bien conservados.

51 De acuerdo con Álvaro Medina, el 7 de abril de 1963, el día de Barranquilla, los nadaístas de la
ciudad se reunieron frente al Club Barranquilla para leer un poema de protesta y crítica a la
ciudad escrito por Aristides Charris. Luego quemaron varios ejemplares de la prensa local,
arguyendo que esta le daba la espalda a la cultura. Delfina Bernal agrega que el poema fue
impreso para ser entregado a las afueras de las dos instituciones.

148 149
barranquilleros empezaron a llevar sandalias y camisas de lino, lo cual era mal
visto, pues ese era el atuendo de los campesinos de la costa.

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


Imagen 28. Sin autor (abril de 1968). Amílcar Osorio en San
Francisco. Archivo de Jotamario Arbeláez.

Luego de la partida de Álvaro Medina y Delfina Bernal a Estados Unidos, los


encuentros del nadaísmo barranquillero se trasladaron a la casa de Jaime
Jaramillo Escobar y Norman Mejía, adonde llegaban para hospedarse
temporalmente Gonzalo Arango, Álvaro Barrios y Eduardo Escobar. De acuerdo
con Álvaro Barrios, de ese periodo es importante mencionar el contacto con la
Casa La Perla, donde vivían Álvaro Cepeda y Luis Ernesto Arocha, con quienes, si
bien no hubo un trabajo conjunto, hubo un contacto intelectual.
Así, durante la primera etapa del nadaísmo en Barranquilla, según Álvaro
Medina, el movimiento se expresó mayormente de forma escrita, por medio de
la correspondencia que mantuvo con Gonzalo Arango y Jotamario Arbeláez, 52
mientras que durante el segundo momento, luego de 1965, hubo un contacto
mucho más cercano por la presencia de los nadaístas de Medellín en la ciudad.
Sin embargo, Barranquilla no se convirtió en la sede principal del nadaísmo, pues
el centro fue Bogotá, desde que Arango llegó allí en 1961, pues era ese el punto
de confluencia al que todos los nadaístas llegaban con la ilusión de hacer una
carrera literaria. Por supuesto, en cuanto Arango llegó a Bogotá, se dirigió al café
El Automático, centro y hogar intelectual de escritores, artistas y bohemios.
Como era de esperar, no era suficiente con asistir y sentarse en silencio a
escuchar. El nadaísmo había llegado a la capital, así que allí el acto inaugural del
movimiento fue la lectura del Manifiesto que había sido escrito en un rollo de
papel higiénico, acontecimiento que se convirtió en emblema del movimiento,
debido al carácter inusual de su presentación, tal como lo evidencia el narrador
del registro audiovisual que se realizó para ser incluido en las noticias de
“Actualidad panamericana”:

En el café Automático de Bogotá se reúnen los parroquianos como en tantos


otros centenares de cafés bogotanos, solo que aquí la concurrencia es
preferentemente de intelectuales y artistas que mezclan arte y bohemia. Álvaro
González Moreno capta en el Automático una escena singular. ¡Bellas, bellísimas
mujeres acuden excepcionalmente! La causa

52 Sin embargo, Álvaro Medina también menciona que durante su contacto con el nadaísmo en
Colombia, en varias ocasiones viajó a Cali, para estar en contacto con los nadaístas de este
nodo, ya que entre este y Medellín había encuentros e intercambio de información constante.

150 151
de su presencia es el anuncio de que Gonzalo Arango, joven literato antioqueño, expondrá
los fundamentos de su nueva escuela: el nadaísmo. Ahí tienen a Gonzalo Arango en
acción. Con su atuendo extravagante y su estrambótica presentación, Gonzalo Arango
conquistó los aplausos del Automático. [s. f., Fundación Patrimonio Fílmico]

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


Imágenes
29 y 30. Sin autor (ca. 1961). Gonzalo Arango presenta el nadaísmo en el café El Automático,
en Bogotá. Fotograma tomado de Bogotá nadaísmo.
Actualidad Panamericana. Registro AC75-29334. Fundación Patrimonio Fílmico.
Imagen 31. Sin autor (ca. 1961). Gonzalo Arango presenta el
nadaísmo en el café El Automático, en Bogotá. Fotograma tomado
de Bogotá nadaísmo. Actualidad Panamericana. Registro.
Fundación Patrimonio Fílmico.

De acuerdo con Armando Romero, en El nadaísmo colombiano o la


búsqueda de una vanguardia perdida, por entonces al movimiento estaban
vinculados Gonzalo Arango, Eduardo Escobar, Amílcar Osorio, Humberto
Navarro, Alberto Escobar, Jaime Espinel, Darío Lemos y Malmgren Restrepo, en
Medellín; Jotamario Arbeláez, Alfredo Sánchez, X-504, Elmo Valencia, Diego León
Giraldo y Fanny Buitrago, en Cali; y Delfina Bernal, Álvaro Medina y Alberto Vides,
en Barranquilla.
Es importante mencionar que el nadaísmo no solo tuvo nodos en Medellín,
Cali, Barranquilla y Bogotá, sino también en otras ciudades medianas del país. De
acuerdo con la información suministrada por Jotamario Arbeláez, a mediados de
1960, Gonzalo Arango decidió emprender una gira por diferentes ciudades con el
objetivo de hacer más adeptos al movimiento. Aunque no es posible establecer
el itinerario preciso de esos viajes, los nadaístas afirman que se visitaron ciudades
como Manizales, Pereira, Buenaventura, Bucaramanga, Cúcuta y Popayán. 53

53 Muchas de las anécdotas de esas giras han sido narradas por Jotamario Arbeláez en su columna
de El Tiempo. Además, de Islanada, resulta curioso mencionar la referida a la visita a

152
153

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


Imagen 32. Sin autor (s. f.). S. F. Amílcar Osorio y Gonzalo
Arango en la pensión Estación de Manizales, durante la primera
gira del movimiento nadaísta [artículo periodístico].

La primera ciudad que los nadaístas visitaron fue Manizales, donde fueron
recibidos por un grupo de jóvenes que se identificaban con el movimiento; entre
ellos se encontraba Humberto de la Calle.54 Allí se presentaron en la Universidad
de Caldas, donde describían el nadaísmo

Manizales, en donde, de acuerdo con la versión se Jotamario, se conocieron con Humberto de


la Calle y César Gaviria (El Tiempo, 13 de noviembre de 2012, Paz y nadaísmo, por Jotamario
Arbeláez. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12376363).

54 Tal como lo refiere él mismo al ser entrevistado por Rosa Jaramillo, “Cuando el nadaísmo llegó
a su clímax, yo era un estudiante de bachillerato, mucho más joven que quienes ya poseían la
libertad de expresar lo que pensaban, y cuyo oficio en muchos casos se reducía a eso. Estudiaba
en un colegio regentado por sacerdotes, en medio de un clima cerrado, casi conventual, en una
ciudad impermeable a cualquier clase de evolución cultural o estética. En esta sociedad
organizada bajo patrones tan rígidos, fui uno de los difusores del nadaísmo, en compañía de
un grupo de amigos. Pero estábamos en la segunda línea, sin alcanzar la capacidad
contestataria y de denuncia que tuvo su núcleo rector, en la medida en que las condiciones
sociales en que nos desenvolvíamos eran otras” (Jaramillo y Gómez, 1994, p. 11).
y llamaban a unirse a él.55 Al día siguiente fueron acusados de vagancia y rebeldía
en el periódico La Patria; en la noche, borrachos, los nadaístas lanzaron botellas
al periódico, por lo que fueron expulsados de la ciudad. De allí salieron con
destino a Pereira, donde fueron recibidos con los brazos abiertos por los jóvenes:
“Lo curioso fue que a la entrada de Pereira nos esperaba en la cabina de un
transmóvil de Todelar un jovencito con un micrófono, César Gaviria, anunciando
nuestra llegada como si fuéramos verdaderos libertadores”. Se reunieron en la
plaza de la ciudad, adonde llegaban los jóvenes a conversar, beber, fumar
marihuana o no hacer nada.
Jotamario afirma que durante el paso por Cali, Gonzalo Arango abandonó
el proyecto debido a que inició una relación con una mujer. Ante este panorama,
Amílcar decidió regresar a Medellín, mientras que Jotamario y Elmo Valencia
volvieron a sus actividades cotidianas en Cali. Aunque no hay precisión temporal
al respecto, probablemente ese mismo año sucedió la anécdota narrada por Elmo
Valencia en Islanada (1968), cuando gracias a la invitación de las nadaístas
Patricia Ariza y Dina Merlini viajaron a la costa pacífica para vivir en la isla que
pertenecía a una de las nadaístas, un islote pequeño que había desaparecido a su
llegada, se quedaron en Buenaventura, donde vivieron por un tiempo.
Así pues, Arango no fue el único en viajar por el país enarbolando las
banderas del nadaísmo, ya que gracias al reconocimiento de la existencia de
nadaístas en varias ciudades, los jóvenes que se identificaban con el movimiento
muchas veces viajaban por las diferentes ciudades buscando el nadaísmo, ya
fuera con un interés intelectual o por simple postura festiva, lo que determinó la
existencia de un circuito de viaje cuyos primeros lugares de encuentro eran las
librerías y los cafés de las ciudades.

55 De acuerdo con Jotamario Arbeláez, durante esa presentación no se leyó poesía; todos habían
preparado textos en prosa en los que presentaban el nadaísmo como un movimiento contra el
statu quo, aludiendo al onirismo y temas vetados, como la sexualidad.

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


154 155
Imagen 33.
Sin autor
(s. f.). Recorte de
periódico. Archivo
de Jotamario
Arbeláez.

El nadaísmo
moja
prensa: El
ataque
discursivo
Gonzalo Arango sabía que para hacer su revolución debía hacerse a un espacio
discursivo al que pudiera convocar y en el que fueran reproducidas las ideas de
su revolución de destrucción. Sin embargo, debido a su condición económica y
social, y a las dificultades del medio editorial del país, los nadaístas decidieron
mojar prensar, pues si querían tener una voz en el estrecho campo cultural,
debían ser publicados en los periódicos. Arango sabía que esta era una práctica
común, que se extendía desde la década de los veinte, cuando diferentes grupos
se enunciaron como vanguardia. Del mismo modo, los nadaístas se ocuparon de
construir ese espacio discursivo, de modo que pudiera tener un lugar en el centro
cultural del país. Para ello, los nadaístas utilizaron tres estrategias: escribir
manifiestos, publicar en la prensa y crear publicaciones. Estas estrategias fueron
necesarias en vista de que en el país no existía un proyecto editorial interesado
en publicar la obra de los nuevos escritores colombianos.56

56 Esto solo cambió a inicios de la década de 1960 con la aparición de la editorial Tercer Mundo,
sin que ello significara una transformación completa del escenario. Respecto al modo en

Los manifiestos nadaístas


Los manifiestos nadaístas constituyeron una forma de construir el espacio
discursivo que reclamaban como generación. Debido a que no contaban con una
publicación que pudiera fungir como espacio editorial para la reproducción de
sus ideas, estos manifiestos llegaron a tener relevancia en el campo, fuera por
medio de los actos performátivos que los acompañaban o por su publicación en
periódicos y revistas nacionales e internacionales. De manera que el alcance y el
impacto de estos manifiestos se podían medir por el espacio editorial en el que
eran incluidos.

Imagen 34. Sin autor


(16 de agosto de 1959). El
Espectador y los nadaístas.
Archivo de Jotamario
Arbeláez.

que se configuraba el campo editorial en Colombia durante la década de los sesenta, véase
Daniel Llano Parra (2015).

156 157
A lo largo de la década de los sesenta, los nadaístas publicaron varios
manifiestos en los que se puede observar el modo en que se mantuvieron y cómo
se transformaron las ideas planteadas en el Manifiesto nadaísta escrito por
Arango (1958). Asimismo, al hacer un seguimiento de estos documentos se
pueden reconstruir los diferentes momentos por los que pasó el nadaísmo. Para
hacer el inventario de los manifiestos nadaístas se puede contar con dos
materiales: la lista hecha por Eduardo Escobar en su libro dedicado a Gonzalo
Arango, y la que se encuentra en el archivo del nadaísmo, en la Biblioteca Pública
Piloto, las cuales se exponen a continuación de forma integrada:
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
Año Título Firmantes

Manifiesto nadaísta. Gonzalo Arango


1958 Medellín, Tipografía
Amistad

Manifiesto de los camisas rojas Gonzalo Arango y Amílcar U.


1959

J. Mario Arbeláez, Rafael


Orrego, Walter Buitrago,
Primer manifiesto del Alfredo Sánchez, Guido de
1959 movimiento nadaísta Silva, Carlos Ordóñez, Dukardo
vallecaucano
H., Efraín Troncoso
Jaime Jaramillo

Manifiesto nadaísta al mito Los nadaístas


1959 Rafael Maya

Mensaje bisiesto a los Los nadaístas


1960 intelectuales colombianos

Explosiones radiactivas de la Amílcar U.


1960 poesía nadaísta

Manifiesto a los escribanos Los nadaístas


1961
católicos
Año Título Firmantes

Mensaje nadaísta a los Sin autor


1962 académicos de la lengua

Manifiesto capital: Las Gonzalo Arango


1963 promesas de Prometeo

Dignidad y desamparo del arte Los nadaístas


1963

1964 El sermón atómico Gonzalo Arango

Manifiesto nadaísta al Gonzalo Arango


1965 Homo Sapiens
1966 Manifiesto poético Gonzalo Arango
Gonzalo Arango, Jan Arb,
Alberto Escobar, Tadheo,
Rafael Vega, Pablus
Gallinazus, Elmo Valencia,
William Agudelo, Elkin
Restrepo, Álvaro Medina,
Armando Romero, Jaime
Jaramillo Escobar, Álvaro
Barrios, Eduardo Escobar,
Mario Rivero, Jaime Espinel,
Alfredo Sánchez, Malmgren
1967 Manifiesto amotinado Restrepo, David Bonells,
Milciades Arévalo, Mauro
Castro, Delfina Bernal,
Raquel Jodorowsky,
J. Mario, Amílcar Osorio,
Alberto Sierra, Darío Lemos,
Humberto Navarro, Fanny
Buitrago, Norman Mejía,
Alegre Levy, Dukardo
Hinestroza

158
159
Año Título Firmantes

Terrible 13, Manifiesto Gonzalo Arango


1967 nadaísta

Eduardo Escobar y Jotamario


1968 El nadaísmo informa Arbeláez

El nadaísmo y las fuerzas Los nadaístas


1968 desarmadas

Bum contra pumpum, el Gonzalo Arango


1971 nadaísmo con Fidel

Los nadaístas utilizaron los manifiestos para crear una discursividad a partir
de la cual plantear su propuesta y, asimismo, hacerse a un espacio en el campo
cultural colombiano. Así, lanzar un manifiesto era una forma de aparecer en el
escenario e irrumpir con una voz que planteaba una posición frente a los
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
diferentes discursos que componían el tejido cultural. De manera que el orden y
la forma en que se relacionan estos elementos se transforma de acuerdo al grado
de impacto que genere esa voz nueva y disruptiva que aparece.
Luego de la escritura individual del Manifiesto nadaísta (1958) fue necesaria
la aparición de otros manifiestos en los que estuviera presente la voz de los
nuevos integrantes del nadaísmo. Esto no significaba que cada vez que se
publicaba un manifiesto, este hubiese sido leído y aprobado por todos los
miembros que hacían parte de los diferentes nodos del movimiento. En realidad,
aunque la gran mayoría de los manifiestos parecen escritos y aprobados por
todos sus miembros, ya sea por la inclusión de sus nombres o por el uso genérico
de “Los nadaístas” como firma, estos muchas veces fueron documentos escritos
por algunos de sus miembros que asumían la vocería del movimiento sin verificar
la opinión de los demás miembros respecto a su propuesta de manifiesto. Por esa
razón, aunque no se puede afirmar que los manifiestos hayan sido el resultado
de un texto aprobado por una comunidad, se configuran en documentos a partir
de los cuales es posible identificar los elementos discursivos que consideraban
necesarios para definirse, sus propuestas y los diferentes momentos de
transformación de la colectividad.
El Manifiesto nadaísta (1958) estableció varios elementos de definición del
nadaísmo, que fueron retomados en los diferentes manifiestos, para ser
transformados y redefinidos:

• El nadaísmo es una revolución al servicio de la barbarie, que busca


destruir el orden establecido, aquel anclado a las creencias católicas. • El
nadaísmo es una revolución de una juventud marginada que se encuentra
en estado de rebeldía.
• El nadaísmo es una propuesta del mal, la oscuridad, la barbarie y la
enfermedad.
• El nadaísmo propicia el advenimiento de una sociedad progresista y
moderna al cuestionar supuestas verdades del orden social, cultural,
artístico y político.
• El nadaísmo es un espacio nuevo, sin ideología, propicio para la creación
libre.
• El nadaísmo proclama la celebración de la vida por fuera de las
convenciones y obligaciones establecidas para el hombre.

Al Manifiesto nadaísta siguió el Manifiesto de los camisas rojas (1959), un


folleto de cuatro páginas en el que aparecen una fotografía y tres textos. En la
fotografía se ve a Gonzalo Arango y a Amílcar caminando sonrientes por la calle,
como dos jóvenes corrientes, pero la cotidianidad de la fotografía es trastocada
por el pie de página que la acompaña: “Estos 2 peligrosos antisociales son
Gonzalo Arango y Amílcar U., técnicos en la ejecución de pecados capitales y
otros crímenes contra el arte. La sociedad ofrece 4$ por su captura (vivos o
borrachos)”. Gonzalo Arango y Amílcar se presentaban ante la sociedad
asumiendo con ironía el discurso de esta al tiempo que enfatizaban en la
definición de sí mismos como bárbaros y rebeldes peligrosos para la sociedad. El
primer texto es Camisa roja de Gonzalo Arango, en el que comienza hablando de
una colectividad, “los camisa-roja”, que invaden la ciudad como una peste, al
transitarla hasta la madrugada, pero luego pasa a hablar de un solo individuo
revolucionario definido por su atuendo en medio de una ciudad caótica en la que

160 161
difícilmente habita algo natural: “y entre sus rascacielos / el asombro de una flor
teñida de púrpura / en los desechos de la locura”. Además de esa nostalgia por
el entorno natural, aparece un elemento que no había sido enunciado en el
Manifiesto nadaísta de 1958: la presencia de la ciudad como escenario y lo que
define al joven revolucionario:

Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines


Mira los objetos con ojos tistes de aniversario
Es el terror de los retóricos y los fabricantes de moral
Es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
Inteligente como un tratado de magia negra
Ruidoso como una carambola a las dos de la mañana
Amotinado como un olor de alcantarilla
Es un místico zen que camina sin temblor a su condenación eterna
Sobre zapatos de gamuza
Sufre el vértigo de los sacudimientos electrónicos del jazz
Y las velocidades a contra-reloj
Corazón de rayo de voltio que estalla en el parabrisas de un Volkswagen
Deseando la mujer de tu prójimo Se aburre mortalmente, pero existe.
[Manifiesto de los camisas rojas, 1959]

También hay una descripción de la ciudad moderna, ya no bucólica, en la


que aparecen las luces de neón y las enfermedades. Así, pasa de la descripción
usual del paisaje (“al encenderse de rosa el día”), siguiendo la tradición poética
para describir el alba, a transformarla, en la descripción de la experiencia del día,

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


en algo diferente y enfermo: “hasta la bilis del alba”. Es como si se tratara de una
ciudad que poco a poco se transforma en algo peor.
En Blusa roja, Amílcar U. retoma la imagen de una ciudad nocturna
decadente por la que deambulan poseídos por el cuerpo como enfermedad o
gozo, sin que ninguna se sobreponga a la otra: “bailar, beber, fumar,
estupefacerse, sudar”. La juventud rebelde enunciada en el Manifiesto nadaísta
de 1958 aparece bajo una apariencia pecaminosa en el gozo del cuerpo:
Lo nuestro es pecaminoso y vicio
Estalla la furia en las catedrales
La mirada es nuestro gran pecado
Nuestra mirada es nuestro gran pecado
Nuestra mirada de aluminio templada en azufre
Nuestro caminar es otro pecado
Gastamos la vida en los hornos crematorios
De la felicidad
Estamos sucios de esputos rojos
Lanzados por nuestras mismas bocas
La blusa roja es nuestro pañuelo para ocasiones portuarias
Los ejércitos se quedan boquiabiertos
Al vernos pasar sobre grillos electrizados
Bajo paraguas cargados de altas y bajas pasiones
Jazz
Jazz
Y una botella de ron para esta muchacha la camisa roja
es la madre de todos los vicios […]
[Manifiesto de los camisas rojas, 1959]

Allí también se incluye la Oración a la malísima Brigitte Bardot, texto en el


que aparece por primera vez el sentido de ironía que caracterizaría al nadaísmo.
En un contexto en el que existía una comisión de la Iglesia para censurar las
películas que llegaban al país, escribieron una oración contra una mujer que era
asumida como una amenaza para las buenas costumbres de la sociedad
colombiana. Se burlaban de las formas de la religión y reforzaban su imagen de
pecadores haciéndole una oración a esta actriz mundialmente famosa por su
erotismo. Aunque este documento no fue publicado como un manifiesto, se le
ha otorgado esta condición, por cuanto expresa una posición anticultural, en el
que se mencionan variables asociadas a la idea de vanguardia: juventud,
contracultura y rebeldía. Además, funciona como un texto que provoca a la
Iglesia, al hacer uso de sus fórmulas discursivas.

162
163
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


Imagen 35. Manifiesto
vallecaucano. Archivo de
Jotamario Arbeláez.

Ese mismo año (1959)


fue publicado el Primer
manifiesto del movimiento
nadaísta vallecaucano,
como evidencia de la
aparición de un nuevo nodo
del movimiento, luego de la
visita de Gonzalo Arango —
de acuerdo con este
manifiesto, ya existía el
nadaísmo en Medellín y
Bogotá—. En este manifiesto
se resumen los postulados
del Manifiesto nadaísta
(1958) en un listado de once
puntos, entre los cuales cabe
destacar los dos últimos, en
los que se definen como una
revolución alterna a las
demás revoluciones
emprendidas. Es el primer
manifiesto en el que aparecen varios nombres y en el que no se incluye el de
Arango: J. Mario Arbeláez, Rafael Orrego, Walter Buitrago, Alfredo Sánchez,
Guido de Silva, Carlos Ordóñez, Dukardo H., Efraín Troncoso y Jaime Jaramillo.
El mismo año apareció el Manifiesto nadaísta al mito de Rafael Maya
(1959), que, de acuerdo con la información contenida en el documento escrito a
máquina, fue publicado en Gaceta en octubre de 1959. Este manifiesto fue
escrito en respuesta al texto publicado por Rafael Maya en el que criticaba al
nadaísmo. Allí lo acusan de ser uno de los representantes de los intelectuales que
conservan el orden establecido, por hacer parte de la generación centenarista
que elogiaba a la clase dirigente, al mismo tiempo que encarnaba la imagen del
intelectual encerrado en la biblioteca, alejado de la vida. De nuevo utilizan la
ironía y asumen el papel de censores del nadaísmo, para acusar a Maya de ser un
corruptor del espíritu, peligroso para la libertad de la juventud: “En nuestra
condición de inspectores del espíritu lo declaramos indigno y perjudicial para la
revolución nadaísta: su moral oficial y su retórica estereotipada, nos repugna y
nos huele a matapolilla, a comején y a paso de semana santa” (Manifiesto
nadaísta al mito de Rafael Maya, 1959).
Sin embargo, aparte de citar dos versos del escritor, no llegan a desarrollar
un texto argumentado en el que sustenten las acusaciones hechas a Maya; por el
contrario, el texto se desarrolla en un lenguaje irónico y humorístico que no llega
a establecer argumentos. En este sentido, este documento no funciona como un
manifiesto, sino como una carta de respuesta a los comentarios de Rafael Maya,
en la que no aparecen nuevas ideas nadaístas.
El año siguiente (1960) fue lanzado el Mensaje bisiesto a los intelectuales
colombianos, escrito, al parecer, a propósito de un congreso

164 165
sobre cultura, pues mencionan la visita de unos académicos. Se desconoce el
propósito concreto del manifiesto, puesto que el manuscrito no está firmado, no
tiene fecha precisa y no se indica la ciudad en la que fue realizado. Por medio de
imágenes irracionales y violentas, critican a los académicos por reproducir el
orden que asesina en los campos, y los invitan a hacer parte del movimiento por
medio del placer corporal:

… en nuestra opinión, señores de nuestra lástima, ustedes son unos fracasados


que culminaron en un sillón de cuero una carrera de imbecilidades. Eso de
reconocerle un alto honor a vuestros culos cansados por 60 años de trajinar por
todos los inmundos retretes de la cultura cristiana […] porque ustedes oyeron al
Lleras Camargo predecir como un loco y amorfinado profeta apocalíptico que el
idioma seguía perdurando con la algarabía parlamentaria de todos los
facinerosos que con su oratoria arrabalera produjeron un saldo de 300 mil
muertos campesinos, porque aquí la oratoria parlamentaria como la sagrada no
ha servido sino para asesinar analfabetos. [Mensaje bisiesto a los intelectuales
colombianos, 1960]

En este texto se proclama el nadaísmo como una revolución al servicio de


la barbarie, como una oposición al proyecto moderno de las élites basadas en la
idea de civilización:

Eso de la cultura se acabó. Ustedes no sabían que el nadaísmo es una revolución


al servicio de la barbarie, y que la barbarie es el único idioma que hablamos en
Colombia? No se preocupen de cosas tan idiotas como el idioma, esas son
naderías que nada tienen que ver con esta época llena de explosiones

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


radiactivas, de ángeles nerviosos, pestañas postizas y putas místicas. Qué es eso
de arreglar el idioma? Nosotros somos unos indios que no sabemos hablar y no
queremos aprender. Váyanse de aquí con sus pergaminos y sus plumas de gallina
a escribir sus pendejadas. Nosotros estamos borrachos de marijuana y
papagayos y no queremos saber nada de esas cosas de gramática y Salamanca.
El idioma castellano sólo nos sirve para enamorar la sirvienta y hacerle el amor
en la cocina. [Mensaje bisiesto a los intelectuales colombianos, 1960]

Así, a la denuncia de que la cultura es el espacio en el que se reproducen los


principios del orden, esgrime una idea mucho más fuerte, al criticar el modo en
que las élites veían a las otras clases sociales, como analfabetas salvajes que
debían ser educadas para controlar su comportamiento violento. Sin embargo,
se señala lo paradójico de que, mientras se promovía esa idea, precisamente las
estructuras de las élites del poder eran las que propiciaban ese comportamiento.
En este sentido, se afirmaba que, contrario a lo que se creía en ese momento, la
violencia no era consecuencia del analfabetismo, sino que era el resultado de un
conjunto de dinámicas promovidas y mantenidas por la clase alta de la sociedad
colombiana. Así, aunque no se refieren de forma concreta al estado de violencia
en que vive el país, este contexto estaba muy presente en la mente de los
nadaístas.
En consecuencia, se puede sugerir que se trataba de un manifiesto que de
forma subrepticia se expresaba contra la estructura política del Frente Nacional,
pues aunque intenta distraer al lector mencionando el contexto internacional de
la bomba atómica, señala de forma precisa la responsabilidad de la élite política
del estado de violencia en que está sumido el país. Luego de describir ese
contexto, reivindican la figura del indígena, asumiendo su presumida condición
de barbarie. Pero esa reivindicación no se hace desde la idealización,57 tal como
se hizo durante la década de los treinta, sino que asumen su desconocimiento de
la cultura europea como una posición política, en cuanto renuncia a una cultura
colonizada por los paradigmas extranjeros que negaban las condiciones
particulares del contexto colombiano. Esto no implica la asunción de un discurso
indigenista, cosa que nunca hicieron los nadaístas, sino la definición de un pasado
cultural particular que determinaba la diferencia; emplean la figura del indígena
para señalar que su desconocimiento del español y su cultura no era sinónimo de
barbarie, sino la condición de una cultura diferente que durante la vigencia del
poder conservador había sido negada y desprestigiada por las élites.
57 A pesar de ese intento de no idealizar la figura del indígena, al describirla se establece una
imagen que, con la difusión del paradigma hippie en el país, se establecerá como la imagen
cliché del indígena: “Nosotros estamos borrachos de marijuana y papagayos”.

166 167
En este sentido, el nadaísmo se establecía como un discurso
completamente diferente del promovido por las élites culturales, que buscaban
civilizar la población bárbara, por ser descendiente de indígenas y campesinos, y
por tanto responsable del estado de violencia que reinaba en el país, difundiendo
las ideas modernas producidas en Europa. Así, en este manifiesto se hace
referencia a la figura del indígena como una estrategia discursiva, pues se
reivindica la autonomía cultural y la libertad por medio de la imagen del indígena
analfabeta, aquella de la que las élites se quejaban y proponían como la principal
razón del atraso del país. De esta manera, la reivindicación política en la
autonomía cultural que es planteada en el Manifiesto nadaísta (1958) es
retomada en este texto, y con mayor precisión.58
De acuerdo con lo anterior, en este manifiesto se expresa una postura
política mucho más clara, puesto que denuncia que la clase “civilizada”, que era
respaldada por la élite cultural, es la que promueve la barbarie y el asesinato de
los supuestos bárbaros, los campesinos ignorantes y analfabetas, pues aunque
esta no quisiera obrar de tal modo, el discurso de civilización implicaba la
negación de la diferencia cultural colombiana.59 Por tanto, se pone en evidencia
que la civilización no es otra cosa que legitimación de un orden de dominación y
violencia. A esta óptica subyace una compresión compleja de la violencia
existente en el país, y además deja entrever un sentido crítico en el momento en
que trastroca la comprensión tradicional de las ideas de civilización y barbarie,
pues se afirma que el lenguaje es una expresión de la barbarie que incita a la
violencia

58 Recuérdese que en el Manifiesto nadaísta (1958), Gonzalo Arango había hecho referencia a esa
exaltación idealizada de la imagen del indígena que se había hecho durante la República
Liberal, que si bien era retomada, también era criticada, en la medida en que esa imagen
idealizada, por los obstáculos interpuestos por los conservadores, no llegó a transformar la
cultura del país en reconocimiento de su pasado indígena colonizado.

59 Es importante mencionar que esta relación se transformaría más adelante, en la misma década,
cuando, por un lado, Jorge Gaitán Durán dedicó el último número de la revista Mito a los
nadaístas, y, por otro lado, Marta Traba prestó oídos a la propuesta nadaísta, a mediados de
la década de los sesenta.

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


entre las clases dominadas, mientras la élite permanece al margen gracias a su
estado de supuesta civilidad.60
De acuerdo con lo anterior, en este manifiesto el nadaísmo revindica la
independencia y la negación de la herencia española cuando expresa el deseo de
crear una civilización en los propios términos y condiciones de su sociedad:

A nombre de la integridad nacional, del Espíritu y del derecho de no intervención


en los asuntos internos en nuestro país, estamos en el derecho de pensar que
ustedes se metieron aquí de contrabando, y que Nuestro Páncreas, Vuestro Vaso
y Nuestro Corazón se sublevan hasta el infinito, el asco y el repudio con su
presencia en nuestras fronteras.

A esto siguió el famoso Manifiesto a los escribanos católicos (1961), que


causó gran impacto en la sociedad, tanto por el acto performativo que lo
acompañó como porque uno de sus fragmentos fue reproducido en la edición
dominical de el periódico El Espectador, gesto que evidenció una forma de
respaldo. A principios de agosto de 1959, los nadaístas se atrevieron a exhibir la
peligrosidad de sus ideas al sabotear el Congreso Católico que se realizaba en el
paraninfo de la Universidad de Antioquia, refutando en la práctica las críticas
hechas por Zuleta el año inmediatamente anterior. A los pocos días, solo Gonzalo
González se atrevió a publicar un fragmento del manifiesto que habían lanzado
en medio del acto subversivo y terrorista que habían organizado, lo que desató
el rechazo de sus lectores.
El fragmento fue publicado en la sección dominical de El Espectador, en el
marco de la “Discusión final sobre los problemas de la juventud actual”, con el
título y entradilla “Por ejemplo, en Medellín Nada contra todo. Violento ataque
de los nadaístas”. En este artículo se planteaba que

60 Una imagen de ese carácter contradictorio y cínico de la relación entre la élite y el pueblo
aparece representada con gran potencia en la obra Guadalupe años sin cuenta, del Teatro La
Candelaria, en la que se plantea una reflexión sobre el modo en que las diferentes clases
ejercieron el poder años antes de que se consolidara el Frente Nacional. Aunque esta
producción teatral es posterior al nadaísmo, es conveniente mencionarla para poner en
evidencia la misma reflexión en otro espacio del arte colombiano.

168 169
los problemas de la juventud eran demasiada libertad, falta de obediencia,
irrespeto y demasiado interés en la metafísica, lo cual los conducía a querer
hacerse su propia opinión sobre las cosas, la cual, por lo general, divergía de la
existente.
En esa página también apareció, a modo de contraste, una carta de
Fernando González en la que celebraba a los nadaístas, junto con un perfil del
nadaísmo y su ideología, y un artículo del pintor y escritor Héctor Rojas Herazo.
En su carta, González se refería al cuento de Amílcar “Plegaria nuclear de un
cocacolo” —publicado en El Espectador—, en el que veía el anuncio de una
generación que por fin haría la revolución y haría nacer la patria. Esta carta de
aprobación y respaldo contrastaba con el texto de Rojas Herazo, quien opinaba
que la aparente insignificancia de los nadaístas en realidad era una amenaza:

Porque lo que se ignora realmente es el tremendo peligro que encarnan estos


jóvenes […] Porque el nadaísmo no es un fenómeno de generación espontánea.
Es, por el contrario, una inconformidad expresada. Y esto es serio y grave. Y
encierra una posibilidad de dramáticas consecuencias para todos nosotros […] El
nadaísmo es la expresión típicamente colombiana, de un malestar universal. El
mismo que ha hecho posible a los teen-agers, en la desolación de las urbes
norteamericanas, y el que ha hecho posible el patetismo confesional de Jean
Genet, y los azufrados brotes de la muchachada rockanrolista en los dancings y
los cafetines de vida aireada de París y Berlín […] quienes miran en el nadaísmo
colombiano un plagio de los Jóvenes Indignados de Londres, por ejemplo, no ha
seguido el proceso con el interés que merece. No se trata de plagio. Se trata,
repito, de una honda intranquilidad espiritual, típica de nuestro tiempo, que ha
arribado, como forzosamente tenía que suceder, a nuestro solar colombiano.
[Rojas Herazo, 1959, p. 2]

Luego de hacer una genealogía de las manifestaciones culturales de la


juventud en el mundo, Rojas Herazo explica el nadaísmo como la llegada de una
corriente foránea que nada tenía que ver con el contexto nacional, contrario de
lo que los nadaístas pensaban de sí mismos. Sin embargo, identifica una de las
características que los nadaístas compartían con los demás jóvenes del mundo,
en cuanto hijos de una pequeña burguesía: “El nadaísmo, fue, hasta hace poco,
una especie de larva de aburrimiento. Nuestros jóvenes vivían en el tedio sin
tener la lucidez del tedio. Y el tedio es ese aire, enrarecido y morboso, que
despide la multitud atenazada por el Leviatán económico”. Se da cuenta de que
el nadaísmo apareció precisamente en el espacio libre y el aburrimiento que
encontraban en la clase a la que pertenecían.
El tiempo libre se convirtió en el lugar de enunciación de los nadaístas,
quienes por mucho tiempo afirmaron que no les interesaba trabajar ni estudiar.
El ocio se convertía en un importante espacio de agencia para el discurso de la

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


juventud, pues se constituía en resistencia frente al paradigma de productividad
capitalista, puesto que implicaba no continuar con los modelos de vida
establecidos y, por el contrario, usar el tiempo libre para hacer lo que quisieran
sin ninguna restricción. Esto significaba un completo acto de rebeldía, pues en
lugar de utilizar su fuerza y energía para el trabajo, la destinaban a actos de
libertad que no representaban ningún provecho para la sociedad, sino, por el
contrario, una amenaza, pues los jóvenes no se integraban al sistema de
producción que les correspondía, sino que se salían de él para hacer cualquier
cosa, menos trabajar.61 Así, la amenaza consistía en que otros jóvenes
descubrieran esa posibilidad de libertad, la de no continuar el camino que les
había sido trazado, lo que causaría una reducción de la fuerza de trabajo en las
nuevas generaciones. Por esa razón, los nadaístas a menudo fueron calificados
de vagos y perturbadores del orden social. La inactividad representaba una
afrenta al modelo de vida que establecía que después de la formación escolar era
necesario trabajar y casarse. Los nadaístas se oponían discursivamente a la idea
de trabajo porque representaba la continuación del orden establecido y el statu
quo que reducía y socavaba las fuerzas transgresoras de los jóvenes. 62

61 Es importante señalar que esa exaltación del ocio, en contraposición al trabajo, fue enunciada
por Gonzalo Arango desde su primera publicación en el periódico. Asimismo, más adelante
Jotamario desarrolló esta idea planteando la necesidad de desarrollar un ocio creativo, vivir de
la literatura, sin tener nada ni contar con el apoyo económico de los padres.

62 Aunque en 1963, luego de la purga del nadaísmo, Gonzalo Arango alegó que todos los nadaístas
trabajaban, estos lograron sobreponerse a la burocratización de su vida, al conservar en

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Ese estadio de ocio y libertad se expresaba en sus largas estancias en los
cafés y las librerías, práctica cotidiana que se extendía a todo el día, a la sombra
de la amabilidad de los dueños. Allí se dedicaban a conversar, escribir, confabular,
o simplemente dejar pasar el tiempo mientras se tomaban el único tinto que
podían comprar con el poco dinero que tenían.
Pero los nadaístas no eran los únicos jóvenes que vagaban por las calles:
también estaban los marihuaneros, los excluidos, los exconvictos, e incluso los
mendigos, hijos directos de la violencia. Sin darse cuenta, los nadaístas habían
inaugurado un lugar de enunciación en la sociedad: el de los excluidos. Cuando
el nadaísmo apareció, aquellos individuos que se sentían solos, perdidos y
fracasados, se encontraron con otros y se reconocieron como una comunidad,
una franja de la sociedad que merecía tener la palabra. De manera que todos
aquellos jóvenes que habían escapado del modelo de vida tradicional, y se
encontraban perdidos en la ciudad, identificaron un lugar de encuentro: el
nadaísmo, en donde podían reconocerse como individuos que formaban una
colectividad. Así, el nadaísmo se constituyó en un lugar para la juventud que no
era exitosa y que se encontraba al margen de las normas establecidas:

Nosotros no tenemos nada que perder, pues esa sociedad no nos ha ofrecido
ninguna posibilidad de realizarnos independientemente sin la previa sujeción a
sus prejuicios y a sus dogmas, en cambio sí tenemos mucho que ganar: el
derecho a ser libres frente a la mentira que se nos propone, y por lo cual, en el
caso de aceptarla, la sociedad nos pagaría una halagadora remuneración de
títulos, en posiciones y en dinero. [Arango, 1958, p. 11]

A pesar de que en este manifiesto se retomaban las críticas hechas a la


Iglesia y su alianza con las élites, para mantener el statu quo, su impacto fue
mayor, pues se trataba de un acto puntual respecto a uno de los múltiples
aspectos mencionados por Arango en el Manifiesto nadaísta (1958).

la medida de lo posible el espacio libre necesario para la creación literaria y la creación de otras
formas de vida. Alberto Escobar trabajaba en Coltejer sin haber alcanzado los veinte años,
mientras Amílcar Osorio se desempeñaba como profesor de gimnasia en un colegio.

De nuevo argumentaban que la Iglesia era la principal responsable del fracaso del
país frente a la modernidad y su permanencia en la violencia:

¿No es suficiente su fracaso milenario? Permitan el acceso al conocimiento, del


pensamiento científico, de la lógica histórica. Permitan que una política de la
inmanencia restituya al hombre sus posibilidades de salvación y de solidaridad
humana que ustedes le negaron… ¡y no apesten más! […] ustedes fracasaron.
¿Qué nos dejan, después de tantos años de “pensamiento católico”? esto: un
pueblo miserable, ignorante, hambriento, servil, explotado, fetichista, criminal,
bruto. Ese es el producto de sus sermones sobre la moral, de su metafísica
bastarda, de su fe de carboneros. Ustedes son los responsables de esta crisis que
nos envilece y nos cubre de ignominia. [Arango, 1961, p. 2]

A partir de la comparación con los banqueros, crean imágenes de un alto


contenido irónico, con las que presentan a la Iglesia como el principal enemigo
de la cultura. A ese manifiesto siguió el Mensaje a los académicos de la lengua
(1962), y luego el Manifiesto capital: Las promesas de Prometeo (1963), escrito
por Gonzalo Arango y publicado en página completa en dos entregas en el

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


periódico El Espectador. En este manifiesto, Arango realiza una autocrítica al
movimiento, de cara a la amenaza nuclear mundial. Debido a su preocupación
por la posibilidad de una guerra atómica, Arango considera necesario que el
nadaísta tome una posición al respecto y abandone la modorra del hedonismo. A
pesar de esa ampliación de perspectiva, Arango reitera los argumentos
presentados en el Manifiesto nadaísta (1958), solo que ahora teniendo en cuenta
un contexto más amplio.
De nuevo reclama la libertad como el espacio necesario para la constitución
de lo político, de la disensión frente a lo establecido: “El arte, decía Camus, es
una rebelión contra el mundo en lo que este tiene de fugitivo e inacabado: no se
propone sino dar otra forma a una realidad que, sin embargo, él está obligado a
conservar, porque ella es la fuente de su emoción” (Arango, 1963, p. 5). Esto le
permite declarar una vez más que el único compromiso del arte es la libertad, es
decir, mantener la posibilidad de la existencia de un espacio libre de cualquier
compromiso, en el

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Continúa el desarrollo de esa idea estableciendo que el arte no se
aproximará a la realidad para reflejarla ni dar testimonio de ella, sino como
espacio libre para verla de forma crítica y a partir de eso producir las creaciones
artísticas: “Exaltaremos la realidad en su hondo significado, en sus
contradicciones, la rechazaremos, la criticaremos, descubierta e insumisa en su
verdad vital, para ponerla al servicio del hombre. Por eso, seguiremos siendo
hijos legítimos del pensamiento rebelde y del pensamiento absurdo” (Arango,
1963, p. 5).
El camino para mantener esa posibilidad de lo político en el espacio libre
del arte era el gozo del cuerpo, carpe diem o vitalismo positivo, ya que al
mantenerse en el hedonismo sería posible resistir a cualquier idealismo que
quisiera imponerse a la vida y arrebatarle su significado profundo:

Por ahora debemos acogernos a un planteamiento del mundo en donde la


esperanza no sea un idealismo, ni la desesperación, un pesimismo sistemático
[…] Me apego a la realidad y dejo de soñarla como un paraíso tan perfecto como
imposible y me inclino por el amor de esta tierra, este cuerpo que respira, goza
con el sol y con el sexo, con la breve y eterna pasión de cada día. Un sentimiento
de indiferencia perpetua hacia los hombres y las cosas nos sería permitido, si
fuéramos inmortales […] Políticamente estamos jugando una carta moral contra
los cielos ideales [la Iglesia], y contra un Humanismo universal [idea de
civilización promovida desde Europa y seguida acá colonialmente], en favor del
hombre de carne y hueso. [Arango, 1963, p. 5]

Arango critica el humanismo idealista promovido por la Iglesia y las élites,


en cuanto se erigían como modelos que, además de que descalificaban y
juzgaban al hombre común, no dejaban verlo y valorarlo en sí mismo. De nuevo,
Arango hace un llamado a observar la realidad sin ninguna capa de idealismo que
impidiera considerarla en su inmanencia. Así, Arango insiste en la necesidad de
observar al hombre colombiano y su realidad en sus condiciones particulares, sin
juzgarlas ni compararlas con ideas abstractas, sino para que los colombianos se
reconocieran en su particularidad cultural. Ese llamado era del todo
revolucionario, ya que iba a contracorriente de las ideas de emulación y
comparación promovidas por los discursos dominantes.
Sin embargo, en la segunda entrega de su manifiesto exigía a los nadaístas
asumir una posición frente a la amenaza atómica, lo que implicaba un cambio
completamente abrupto en su discurso.63 Además de esto, criticaba que el
nadaísmo hubiera perdido sus posibilidades de revolución y transformación
cultural al haberse quedado reducido a una simple moda hedonista sin ninguna
incidencia en la realidad:

Nos resignamos a soportarlo en nuestras filas, porque no podíamos impartir


excomuniones vicarias a estos parásitos que han puesto como condición de su
nadaísmo ciertas aberraciones sexuales, el uso clandestino de drogas heroicas y
un desafiante exhibicionismo prostibulario. Nuestra vocación rebelde de
delincuentes extraordinarios se vio degradada por vulgares ladrones de repollos.
[Arango, 1963, p. 7]

Frente a esto, argumentaba que la actitud exhibicionista y provocadora del


nadaísmo había sido solo un arma de combate, mas no era la esencia del
movimiento, aunque con el pasar del tiempo se había convertido en el nadaísmo
mismo debido a la falta de renovación de estrategias para combatir el orden, lo
que los había reducido a una simple moda que era consumida por la burguesía
como un objeto exótico que podían llevar a sus fiestas para hacerlas más
interesantes.
Esto lo condujo a declarar que los nadaístas no eran unos jóvenes malditos
y vagos, sino que, por el contrario, muchos de ellos trabajaban, lo que suponía su
pertenencia al sistema y el orden establecido, en contraposición a los muchos

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


otros jóvenes que encontraron en el nadaísmo la justificación para llevar una
“vida parasitaria, abrazados a las servidumbres

63 La preocupación de Arango era comprensible, pues con la “crisis de los misiles” (15 y 28 de
octubre de 1962), la posibilidad de un conflicto nuclear, que se percibía como un asunto lejano,
de pronto se hizo tangible y evidente.

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Aunque Arango criticaba la limitación del nadaísmo al vicio, propuso a todos
los nadaístas salir de su letargo para construir un mundo nuevo, a partir de la
corporeidad, pero desde una nueva perspectiva que no los sumara en la
pasividad. A pesar de ello, Arango no planteó claramente una nueva estrategia.
Esta fue tan solo sugerida en El sermón atómico (1964), también escrito por
Arango, en el que sugirió que el camino a la revolución era el encuentro de un
equilibrio entre el hedonismo y el compromiso:

La revolución que predicamos es humilde y orgullosa: no pretendemos


conquistar el mundo, sino conquistarnos a nosotros mismos mediante un alto
sentido espiritual, un sentido que unifique nuestro ser terreno y eterno […]
Predicamos la conquista absoluta del pan sin excluir el paraíso. Predicamos una
Revolución espiritual en la que el valor más sagrado del hombre lo constituya la
dignidad de su cuerpo. [Arango, 1964, p. 1]

Ese llamado atemperado a una micropolítica se volatiliza al ponerlo en la


perspectiva de su nueva preocupación, la posibilidad de una guerra atómica, que
amenazaba con destruir una nueva generación de jóvenes, lo que evidencia un
alto sentido crítico frente a las ideas de razón y desarrollo de la civilización
moderna:

¡Contesta con bofetadas a las bofetadas! ¡A la muerte con la muerte! Convierte


el Terror, si es necesario, en una ética de salvación. No conquistes tu Reino con
oraciones, sino con violencia. Pues con la violencia los Césares nos han
subyugado. Y Césares son hoy todos los que dominan el mundo con Razones
Atómicas, con Razones imperiales. Sus tronos están levantados sobre tumbas,
tanques, oro, brutalidad, y un poder infinito de destrucción. Y también sobre el
miedo y la miseria de los pueblos. Sin ser parte de ninguna corriente en
particular, todos son explotadores […] Ellos son poderosos porque nos han
robado nuestra fuerza. Con nuestra fuerza los hemos empujado al trono. Pero
nos han traicionado. Nos han capado la dignidad y el coraje. [Arango, 1964, p. 1]

De manera que la reflexión que había planteado para el contexto local la


extendió a un contexto mundial en el que percibía la misma explotación de las
nuevas generaciones. Por esa razón invitó a los jóvenes a hacerse responsables
del destino del mundo ejerciendo la soberanía de construir el mundo que
deseaban a partir del ejercicio de la libertad de su cuerpo. Aunque parece
pretencioso el llamado de Arango a tomar una posición frente a una amenaza
internacional determinada por fuerzas y poderes que los excedían, esto implicaba
un ejercicio de reconocimiento de su poder como sujetos. Así que hacía un
llamado al ejercicio de la vida de conciencia, ya no con una actitud hedonista,
sino desde un cuerpo capaz de resistir a las imposiciones de la razón que
arrojaban a la humanidad a la muerte: “sólo estás vivo si eres consciente, si eres
libre, si das a la tierra que te legaron un sentido maravilloso, y a tus actos un valor
sagrado: honrar al hombre como si fuera un dios” (Arango, 1964, p. 1).
Arango continuó desarrollando esa idea del cuerpo por fuera de los órdenes
establecidos en el Manifiesto nadaísta al Homo sapiens (1965), al sugerir que
frente a las imposiciones de la razón, la única posibilidad de redención y libertad
del hombre era recuperar la condición animal que persistía en su corporeidad.
Así, aunque insistía en la necesidad de permanecer en el presente, planteaba que
la conciencia de la condición efímera permitiría encontrar la eternidad en el
presente de lo sensible. Esta propuesta pretendía no solo oponerse al orden de
la Iglesia local, sino convertirse en una crítica fuerte a la idea de modernidad,
entendida como el proceso de desarrollo industrial sustentado en la razón y en
la ciencia:64

64 En esta postura crítica ante la modernidad resuenan las ideas antibelicistas que circulaban en
ese momento en el mundo como oposición a una guerra atómica, y que en parte dieron

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En vista de que el famoso Espíritu Moderno apesta a intestinos rotos; en vista de
todo… los nadaístas resolvemos decir ¡Basta! a estas sublimes porquerías;
declarar cesante el mito de la Inteligencia, y llevar a su casa, a su conciencia, un

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


átomo de locura, de duda, una Bomba de Desesperación Salvadora para que
usted despierte, o en caso contrario, reviente […] Sonó la hora de bautizar la
Tierra con una nueva barbarie purificadora […] ¡Vamos a vivir! […] Tenemos el
propósito de aceptar el reto de Lucifer, emanciparnos de toda sumisión y
fundirnos a la luz del mundo en calidad de simples planetarios que nada tienen
afín con la abominable Historia de la Humanidad, ni con sus despreciables
conquistas políticas y científicas. “Desafíliese de toda vaga noción de
Humanidad; arroje sus prejuicios en los hornos crepitantes del desprecio;
yérgase con coraje frente a los presagios siniestros del porvenir; ámese como si
usted fuera el primero y el último de los hombres, pues con usted nace y termina
la Historia […] La razón es una rata muerta, hiede. Un vaho de putrefacción
asciende por los poros hasta el alma, infecta la carne, la vida, el planeta. [Arango,
1965, p. 2]

En este manifiesto se observa una conciliación en el nadaísmo, luego de la


ruptura suscitada por el Manifiesto de Prometeo (1963), en cuanto concilia los
principios del Manifiesto nadaísta (1958), del que eran seguidores los nadaístas,
y su interés por hacer de esa residencia en el cuerpo una posibilidad política de
mayor alcance. Aunque establece que la literatura procuraba el rescate de ese
hombre animal que es eterno en lo efímero, no formula tal intención como la
salvación, sino como la conciencia que podría propiciar el cambio de perspectiva
de los hombres respecto a la vida:

A cambio de la felicidad nosotros ofrecemos la perdición, una cierta


desesperación del Espíritu que lo haga consciente de su esplendorosa inutilidad,
y por lo mismo de la esplendorosa fortuna de disfrutar esta

pie a la aparición del movimiento hippie en Estados Unidos y Europa, una reacción feroz y
contundente contra la crisis de los misiles de 1962 y la intensificación de la guerra en Vietnam
en 1964. Es importante destacar el modo en que estas ideas resonaron en el país, vinculadas a
un grupo que había reclamado con anterioridad lo mismo, pero para su contexto inmediato.

Tierra por el breve plazo de una vida y ser bautizado por las aguas sin esperanzas
de la Muerte […] Homo, apresúrese a desnudarse para que haga el amor con esta
Tierra que usted ha despreciado y ofendido a nombre de las Tenebrosas razones
de su miserable condición divina, y de su miserable condición humana […] Mire
en torno a su adorado universo y no verá más que cadáveres sacrificados por la
Justicia, el Amor, la Libertad, la Paz, y las demás porquerías de la Razón humana.
Por fortuna, nosotros no somos razonables. ¡Somos locos! […] intentaremos una
literatura que parezca silencio, que no diga nada pero que sea todo; que no diga
la Verdad pero que sea la Vida. [Arango, 1965, p. 2]

De manera que el único objetivo del arte sería propiciar que cada hombre
conquistara la libertad de vivir el instante efímero del cuerpo, olvidando todos
los compromisos que la razón y la estructura del mundo le había endilgado. En
este sentido, la literatura iría al rescate de la vida, como sinónimo de llamado a
lo animal que podía escapar a la razón por medio de una idea de belleza de tipo
testimonial que evidenciara el caos en el que se encontraba el mundo, tal como
Arango señalaba en su el Manifiesto poético de 1966, en el que plantea el modo
en que debía desarrollarse la poesía en medio de este contexto:

No es [la belleza] para almas platónicas, equilibradas ni razonables. No tiene


nada que ver con la nostalgia de un tiempo mejor, ni con el sueño de otro mundo.
Se instaló en su tiempo, porque era allí donde tenía que instalarse, bajo un cielo
de dolor, brutalidad y agonía. [Arango,1974, p. 80]

Sin embargo, ese compromiso con la transformación del contexto real


cambió en el Manifiesto amotinado (1967), en el que aparece una escritura
fragmentada compuesta por las voces de algunos nadaístas —Jotamario
Arbeláez, Elkin Restrepo, Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar, Humberto
Navarro, Elmo Valencia y Gonzalo Arango— que, aunque no se expresaban en la
misma línea discursiva ni con las mismas estrategias retóricas que en los pasados
manifiestos, sugerían que no se le podía pedir al nadaísmo la consolidación de
una revolución cultural, cuando ellos solamente eran artistas que se movían en
el campo del

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arte, y cuyas obras no tenían ninguna incidencia fáctica en la realidad, tal como
lo mencionó Elmo Valencia: “Yo pregunto: ¿los dibujos de Álvaro Barrios han
hecho disminuir los asaltos a los bancos? ¿Y la brillante y genial literatura nadaísta
impidió el secuestro de Harold Eder? Anuncia una nueva época del nadaísmo”
[vv. aa., 1967, p. 2].
Ante ese cuestionamiento del poder de transformación del arte sobre la
realidad, Arango permaneció en silencio, y solo clamó por que las nuevas
generaciones de jóvenes lograran realizar la revolución. Aquí es evidente que, a
pesar de continuar definiéndose como una colectividad, los miembros del
movimiento tenían formas diferentes de comprender el arte y su relación con la
vida. En este sentido, es evidente que en ese momento de la historia del

Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia


nadaísmo no existía una colectividad con un relato común. Así, a pesar de que se
habla de un manifiesto, este pierde su carácter, pues no se trata de una
propuesta combativa ni plantea una estética divergente. En otras palabras, en
este manifiesto se evidencia la existencia de una multiplicidad de ideas que solo
confluyen en la idea de un espacio constituido dentro del campo cultural, sin que
ello constituya una idea de comunidad, a pesar de su apariencia textual, pues en
este manifiesto aparecen como firmantes los nombres de Álvaro Barrios,
Malmgren Restrepo, Delfina Bernal, Raquel Jodorowsky, Alberto Sierra, Fanny
Buitrago, Alegre Levy y Dukardo Hinestrosa, sin que ello implique, como ya se
dijo, que el texto hubiese sido escrito, editado y aprobado por todos los
firmantes. De acuerdo con Álvaro Medina y Álvaro Barrios, muchas veces se
incluían los nombres de los nadaístas que se sabía que se encontraban activos
publicando, aunque su participación en la redacción del manifiesto no fuera
cierta. Al respecto vale mencionar que Álvaro Medina recuerda que, aunque su
nombre apareció impreso en este manifiesto, él solo supo de su existencia y
contenido cuando le fue enviado por Jaime Jaramillo Escobar y Álvaro Barrios,
quienes lo habían escrito e impreso (Álvaro Medina, comunicación personal, 15
diciembre de 2017).
En 1967 apareció el Terrible 13 manifiesto, en el que se reitera la idea de
que son una nueva generación que “santifica el placer y los instintos y libra al
hombre de los opios de la razón y de los idealismos trascendentes”. Así, este
manifiesto, en el que no aparecen los nombres de ninguno de sus miembros, fue
lanzado como si se tratara aún de una colectividad que confluyera en el mismo
punto; sin embargo, repite los mismos postulados sobre el hedonismo, sin ningún
elemento nuevo. La disolución se consolida en El nadaísmo informa (1968), en el
que Eduardo Escobar y Jotamario Arbeláez anuncian que expulsan a Arango del
movimiento por declarar, durante la inauguración del buque Gloria, que el
presidente Carlos Lleras Restrepo era el poeta de la acción, lo que constituía una
completa incoherencia con las ideas promulgadas por el mismo Arango. Así, a
pesar de que en 1971 fue publicado Bum contra pumpum, el nadaísmo con Fidel,
este texto no puede ser considerado un manifiesto, sino simplemente como un
texto polémico en el que Arango criticaba el imperialismo cultural
estadounidense, al mismo tiempo que acusaba a Gabriel García Márquez y Marta
Traba de emisarios de este. No se trataba de una polémica que les permitiera
plantear una propuesta, sino simplemente de una crítica. En este sentido,
probablemente aludieron al concepto de manifiesto con la intención de causar
impacto en los lectores, probablemente buscando recobrar su capacidad de
escándalo, aunque sin ninguna fuerza.
De acuerdo con lo descrito hasta el momento, se puede decir que el espacio
discursivo construido por los nadaístas con sus manifiestos fue simplemente la
continuación de las ideas planteadas por Arango en el Manifiesto nadaísta
(1958), que sirvieron de germen para el desarrollo de otros textos que, aunque
intentaron conservar la condición de manifiesto, no lo lograron, en cuanto no
supusieron una mayor transformación de los postulados, sino una simple
continuación, sin mayores aportes. Así, al revisar los manifiestos se puede hacer
un seguimiento de las diferentes fases por las que atravesó el nadaísmo como
colectividad. Se puede hablar de un primer momento de ebullición posterior a la
publicación del Manifiesto nadaísta (1958), en la que se incluirían los manifiestos
publicados entre 1959 y 1961, en los que se planteaba el desarrollo de una
postura de rebeldía y desobediencia para oponerse a la idea de cultura existente.
A ese estado siguió el momento crítico que significó la autocrítica realizada por
Arango en el Manifiesto capital: Las promesas de Prometeo, que, además de
significar la ruptura en el interior del movimiento, implicó la ampliación de la
perspectiva nadaísta al contexto mundial de la amenaza de las bombas atómicas.
A esto siguió un intento de conciliación,

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evidente en los manifiestos publicados entre 1964 y 1967, proceso que cerró la
ruptura implícita en El nadaísmo informa (1968).
Después de 1968, los nadaístas publicaron más manifiestos, e incluso la
revista Nadaísmo70, pero a partir de esa fecha publicaron más como un grupo de
amigos que como una colectividad con un horizonte común. A pesar de que la
gran mayoría de los manifiestos fueron escritos por Gonzalo Arango, sus textos
fueron considerados la voz de la colectividad que se había inventado.
Probablemente por esa razón, a lo largo de los manifiestos no se encuentran
mayores transformaciones conceptuales, sino solo variaciones alrededor de los
mismos temas planteados en el Manifiesto nadaísta (1958). De acuerdo con lo
anterior, difícilmente se podría hablar de la constitución de un discurso colectivo
compuesto por diferentes voces, por lo que es más acertado hablar de un
discurso individual que se asume como colectivo: las ideas de Arango asumidas
por los jóvenes que se sentían representados por ellas, sin que ello implique
definir el nadaísmo como un movimiento de personalidad, puesto que sus
diferentes miembros desempeñaron diferentes formas de agencia en la
búsqueda de un espacio expresivo.
Así pues, se puede afirmar que solo se puede hablar de un único manifiesto
nadaísta, escrito por Gonzalo Arango, que como escritura individual logró
convocar a un grupo de jóvenes con unas características comunes, quienes
Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia
configuraron una colectividad que se pronunció desde la provincia como una voz
juvenil al margen del orden establecido. Aunque la creación de ese espacio
discursivo constituyó un aporte a la construcción de la idea de juventud en el país,
no alcanzó sus objetivos de reivindicación de la libertad para construir su vida al
margen del orden establecido, puesto que no logró superar ese estado, sino que,
por el contrario, se mantuvo en él, lo que inevitablemente la condujo a la
completa domesticación, al asumir el restringido papel que la sociedad le otorgó,
como rememoración nostálgica de una explosión juvenil de rebeldía. De manera
que, a pesar de que el nadaísmo no logró sus objetivos, constituyó la expresión
de una generación insatisfecha que aspiraba a algo más que los sueños
prediseñados por el sistema, al tiempo que puso en evidencia el carácter opresivo
de ese régimen que impedía la posibilidad de crear formas diversas de vida, al
margen del orden institucionalizado.
Si bien el nadaísmo no constituyó la realización total de una revolución espiritual,
fue un camino alterno al prolongado estado de polarización que ha condenado a
la muerte, por generaciones, a la juventud colombiana.

¡Estalla la bomba de tu ternura aterradora! ¡Sacude tu humanidad humillada,


pues hay un dios oprimido dentro de ti! Libera a tu dios. Despierta a tu dios para
que sueñe. Préstale tu voz para que cante. Tus poderes son infinitos. Libera tu
energía y conquista la Tierra. No reconozcas el poder de los poderosos. Ellos sólo
cuentan con las armas. Pero hay en ti un poder indestructible. Te pueden
acribillar a balazos, aprisionar, degradar, pero serás invencible si no te rindes a
su mentira […] Muérete de risa antes de que esta Civilización criminal te
decapite. Que la última palabra en la horca no sea para pedir perdón, sino para
cantar o maldecir. [vv. aa., 1967, p. 2]
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Nadaísmo: Una propuesta de vanguardia

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