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Principio de Rogación en Notariado

El documento aborda el principio de rogación en la función notarial, que establece que el notario solo puede intervenir a solicitud de las partes, y detalla las condiciones bajo las cuales puede negarse a actuar. También se discute la importancia de la audiencia previa, donde se establece la voluntad de las partes y se asesora sobre el acto notarial, así como la audiencia propiamente dicha, que es el acto formal donde se otorgan y autorizan las escrituras públicas. Se enfatiza la necesidad de la presencia física de las partes y la lectura del documento como requisitos esenciales en el proceso notarial.

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Principio de Rogación en Notariado

El documento aborda el principio de rogación en la función notarial, que establece que el notario solo puede intervenir a solicitud de las partes, y detalla las condiciones bajo las cuales puede negarse a actuar. También se discute la importancia de la audiencia previa, donde se establece la voluntad de las partes y se asesora sobre el acto notarial, así como la audiencia propiamente dicha, que es el acto formal donde se otorgan y autorizan las escrituras públicas. Se enfatiza la necesidad de la presencia física de las partes y la lectura del documento como requisitos esenciales en el proceso notarial.

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Eje temático 5: Audiencia notarial

 Punto 1: Principio de rogación.

Toda función notarial comienza con la rogatio (rogación), es decir, con el requerimiento.

El principio de rogación significa que el notario toma intervención, únicamente, cuando es solicitado
por las partes, ya que no se concibe su actuación de oficio. Se lo conoce también con el nombre de
requerimiento.

El requerimiento es el acto jurídico por el cual una o más personas físicas o humanas requieren
de la intervención del notario, para el ejercicio de su función, para la instrumentación de las voluntades
o de la fijación de hechos jurídicos. En este concepto, la diferencia radica, si estamos frente a una
escritura propiamente dicha, con contenido de escritura pública, o frente a las llamadas escrituras-
actas, referidas a aquellas que no tienen un contenido negocial.

Ese acto jurídico, puede ser llevado a cabo por una persona o más; tiene como finalidad requerir y
poner en marcha el ejercicio notarial, justamente para la instrumentación de voluntades de los
requirentes, los cuales siempre se deben encontrar de acuerdo.

Larraud lo definía como el límite; considera que es donde se individualiza y concreta la obligación
genérica que tiene el notario de prestar su función. Es decir, el escribano tiene una obligación abstracta
de prestar funciones, ya que no se puede negar su función excepto en aquellos casos puntuales, como
por ejemplo, ante la ilegalidad del requerimiento. Por ende, una vez hecha la calificación al documento,
y considerar que se trata de un instrumento legal, se deberá proceder a cumplir con la rogación.

Otra de las causales, por las cuales el escribano puede denegar su función, es ante la falta de
competencia material del escribano para intervenir. En este caso, se trata de un documento con
contenido legal, pero el notario no tiene competencia para intervenir en él. También, el código de
Vélez, permitía las actas notariales para guardas preadoptivas, la cual fue prohibida. Pero luego de
que se derogó esta figura, es decir ante la prohibición de la intervención notarial en las guardas
preadoptivas, estas últimas seguían siendo un acto legal pero el escribano ya no tenía competencia
material para intervenir en ellas.

Ahora bien, se puede dar el caso que estamos frente a un documento con contenido legal, tenemos
competencia material en él, por ejemplo, que pidan la intervención del notario en una donación, pero,
sin embargo, aún el notario se puede negar, porque lo que se requiere no es que se instrumente una
escritura de donación, sino que lo que requieren es que certifique la firma en un instrumento privado
de donación. En este último caso, el escribano, se puede negar, porque el acto que requieren que
éste realice, no es legal, ya que el artículo 1552 expresamente dice que, bajo pena de nulidad, La
donación de bienes inmuebles, de muebles registrables o de rentas periódicas gratuitas, deberá
hacerse por escritura pública. Por ende, se estaría autorizando un instrumento pasible de nulidad.

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Otra de las causales de desistimiento, pueden ser personales, tales como la imposibilidad física o
material de cumplir con lo requerido. También, La realización de otro acto de igual urgencia; en este
caso, esto está dado más bien para los requerimientos para los actos en que se necesita una
intervención inmediata y urgente del escribano, haciendo referencia en este caso a las actas. Esta
causa, de la denegación de las funciones está fundada en la realización de actos de igual o de mayor
urgencia.

La rogación es la que pone en marcha la función notarial dirigida a aquella actuación propiamente
dicha. Pero, además de ser este motor, de ser el origen de la prestación del servicio notarial, a favor
de determinada persona, y en determinado acto jurídico, en razón de que el notario no puede actuar
de oficio, ya que, si llegara a actuar de esta manera invalidará el acto, también tenemos que el
requerimiento es el límite, es decir, establece hasta qué actividades puede realizar el escribano, qué
es lo que éste debe ser.

Debemos tener en cuenta, que las personas que ejerzan el requerimiento o rogación, siempre van
a ser personas humanas o físicas, es decir, se puede dar el caso de que sea una persona jurídica la
que intervendrá en un acto, pero la rogación siempre la va a realizar una persona física.

En cuanto al requerimiento y a la elección del escribano, hay una diferencia sustancial, radicada en
que, en el caso de esta última, quién ejerza la elección es aquel que lo hará para resguardar sus
derechos, y es probable, que en la relación jurídica, quien lo elija tenga mayor interés jurídico en la
tutela o sea quien tenga mayores riesgos, por ejemplo, en una compraventa, será el comprador a
quien le convendría elegir el escribano interviniente en el acto, pero si en la compraventa quedase un
saldo de precio, ya no sólo va a ser necesario resguardar el interés de quien adquiere, sino también
está el interés del vendedor acreedor. Sin embargo, no hay una regla o norma que regule acerca de
quién es la parte que le corresponde elegir el escribano; aunque lo conveniente es que elija quién
tiene mayores riesgos en la protección de sus derechos.

En cambio, a diferencia de la situación anterior, los requirentes van a ser todos, pero sólo llegado
el momento de otorgar la escritura; ya que, como en las escrituras no precisamos de un requerimiento
expreso, como si se lo necesita en las actas, quienes comparezcan, otorguen y firmen,
automáticamente, aceptan y hacen un eco de ese requerimiento, ya que es muy probable que, en la
práctica, haya sido uno solo el que hubiese realizado el requerimiento.

En cuanto a las escrituras sin comparecientes, debemos tener en cuenta, que ello no significa que
sea una escritura sin requerimiento; Es decir, el requerimiento es obligatorio, ya que el escribano no
puede actuar de oficio. Un típico caso de este tipo de escrituras son las actas, las cuales pueden tener
requerimiento, pero no comparecencia; por ejemplo, si una persona pide que el escribano se
constituya en un domicilio a los efectos de notificar a otra, ese requerimiento pudo haber sido realizado
en un día, y como la diligencia será realizada en un día distinto, se deberá labrar un acta aparte, y en
la misma no constará comparecientes. O bien, el caso de que el acta sea redactada por otro escribano,
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y se la envía a otro notario para que realice el diligenciamiento, este último, labrará el acta con
requerimiento, pero sin comparecientes. Otro claro supuesto de escrituras sin comparecientes, se da
con las llamadas escrituras complementarias, que como bien lo dice la palabra, son aquellas que
complementa a las escrituras propiamente dichas, y en ellas no hay comparecientes; Por ejemplo, en
el caso de una donación, en el cual las partes conocen de que falta un plano de mensura, y por falta
de tiempo, se deja constancia en la escritura propiamente dicha, de que las partes liberan al escribano
de toda responsabilidad ante aquel hecho, solicitan que se realice de acuerdo al título antecedentes,
y declaran que en caso de existir una diferencia entre el plano y la redacción de acuerdo a título, la
donación se sujetará a lo que establezca el nuevo plano. Por último, las partes autorizan, al momento
de que esté el plano y salga el certificado catastral correspondiente, a que el escribano haga la
escritura complementaria (no rectificatoria) de acuerdo al plano sin comparecientes. En cuanto a las
escrituras rectificatorias, también son sin comparecientes, y en ellas se pueden rectificar datos
comprobables, constancias notariales; por ejemplo, agregar en la escritura rectificativa un certificado
que omitió mencionar y que tenía a la vista. Siempre se debe tratar de cuestiones que no modifiquen
los elementos esenciales de la escritura, como ser, lugar y fecha de otorgamiento, datos de
comparecientes, objeto, y precio, entre otros.

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 Punto 2: Audiencia previa.

La audiencia previa es la provocada por el requerimiento; es decir, es el primer paso que realizan
las partes para llevar a cabo el acto notarial, y es en la cual se da conocimiento al escribano de cuál
es la voluntad de las partes.

La importancia de la audiencia previa es conocer la verdadera voluntad de las partes, ya que en la


misma puede indagar a la parte que se presenta en las cuestiones que crea conveniente, y de acuerdo
a lo oído, podrá calificar cuál es al acto que mejor se adapte para el caso, de acuerdo a lo previsto por
ley, y también podrá asesorar a las partes, en lo que estime conveniente para las mismas.

Ahora bien, con las nuevas tecnologías, la primera audiencia o llamada también audiencia previa,
ya no se da sólo de manera presencial, sino que también se puede dar a través de las nuevas
herramientas tecnológicas, como por ejemplo se puede realizar a través de una videoconferencia, o a
través de correos electrónicos. La importancia que tienen estos medios tecnológicos, es que agilizan
y permiten una mayor comunicación

La audiencia previa, se puede dar a través del requerimiento de una sola persona, además de una,
así como también se puede dar dentro de un solo día, o en varios; Puede darse de manera separada,
es decir que primero concurra una de las partes del acto, y luego la otra, por ejemplo, un día puede
concurrir el comprador, y luego otro día del vendedor, a los fines de conocer realmente la voluntad de
ambas partes; A partir de allí, esta situación da lugar tanto a la calificación como al asesoramiento por
parte del escribano a los sujetos. Estos dos principios del notariado (calificación y asesoramiento),
dentro del rol fedatario, pero también como profesional del derecho, sobre todo el asesoramiento,
están enmarcados en el ejercicio de la función notarial y nacen, también, con la rogación. A partir de
la rogación, que es donde las partes, o los representantes de estas últimas, exponen cuál es la
intención, qué es lo que quieren, cuál es el negocio que quiere llevar adelante; y dependiendo de la
simplicidad o complejidad del negocio, podrá tratarse de un requerimiento más sencillo, o de un
requerimiento con más detalles o más reuniones por su complejidad.

La primera tarea, que debe realizar el escribano, en la audiencia previa, es recibir el requerimiento,
pedido, exposición de cuál es el o los actos que quieran realizar. Luego, en un proceso interno, el
escribano, a partir de sus conocimientos previos sobre la temática jurídica, deberá analizar cuál es el
acto que corresponda realizar ante el pedido del requerimiento. A partir de ahí, se puede dar lugar a
la calificación del requerimiento o al asesoramiento de las partes. En cuanto a la calificación, el notario
deberá fijar cuál es el acto que corresponde y mejor se adapta a los requerimientos del sujeto, y en
cuanto al asesoramiento, el escribano deberá indagar cuál es la voluntad de la persona que se
presenta, y realizar una sugerencia u orientación de las consecuencias del acto.

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 Punto 3: Audiencia propiamente dicha

La audiencia, es un acto complejo, formado por distintos actos simples, en la cual se desarrolla el
acto notarial, en presencia de las partes y del escribano.

La audiencia notarial es aquel acto por el cual el notario pone fin a toda la actividad iniciada por el
requerimiento, seguida del asesoramiento, calificación, legitimación, y legalidad, y a partir de allí se
desarrolla el acto notarial. Este último, es la dimensión acto de la escritura pública; es el acto que va
a tener como finalidad el otorgamiento y autorización de la escritura pública. Debemos tener en cuenta,
que hay una diferencia entre otorgar y autorizar: las partes son quiénes van a otorgar el acto y el
escribano es quien autoriza la escritura, porque él es el autor.

Para llegar a esta audiencia, en primer lugar, lo que necesitamos, es el requerimiento. A partir de
él, el escribano va a calificar, luego a legitimar si las partes están en condiciones para intervenir en el
acto. Posteriormente va a legalizar, es decir, se va a enmarcar aquella voluntad manifestada por el
requirente, en la ley, por ejemplo, en una donación. Seguidamente, el escribano va a realizar la
configuración técnica y va a redactar la escritura de acuerdo a las fórmulas y requisitos previstos por
ley, ya que el autor de la misma es el escribano; las partes, simplemente, al otorgar el acto asumen
como propio los dichos, pero debe quedar claro que el autor siempre va a ser el escribano en los
instrumentos públicos. Recién a partir de este momento, cuando el escribano tiene redactada la
escritura y tiene a la vista todos los certificados necesarios, se va a dar lugar a la audiencia
propiamente dicha.

Una cuestión a tener en cuenta, es que la unidad de acto en la audiencia y la inmediación no son
sinónimos; Unidad de acto significa, identidad de tiempo y espacio en el que se reúnen, un grupo de
personas con un determinado fin, el cual, la finalidad en este caso, se refiere a la firma en una escritura
pública. Inmediación, significa, que todos estén ante el notario; es decir, el notario debe estar presente
cuando las partes otorgan el acto, deben hacerlo ante a él. Y para entender la diferencia entre ambas,
debemos analizar el artículo 301, en el cual se regula, lo que la doctrina denomina “unidad de acto
relativo”; y en este caso, permite que no haya unidad de acto, en determinados supuestos en los que
no haya entrega de dinero, valores o cosas en presencia del escribano, siempre que las firmas de
todas las partes se realicen en el mismo día, y cuando no haya variación del texto entre la primera y
última firma. Entonces, para entender la diferencia, se puede dar de que no haya unidad de acto, es
decir de que las partes en distintos momentos del mismo día, suscriban la escritura, pero la
inmediación siempre debe estar presente, porque sin importar en qué momento las partes firmen el
documento, siempre lo deben hacer en presencia del escribano.

Ahora bien, esta audiencia propiamente dicha, está compuesta de actos simples que en la Integran:

 Comparecencia: es la presencia física de aquellas personas que van a participar de


algún modo u otro en el acto notarial. Esta presencia física requiere ineludiblemente, que se trate de

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personas humanas y capaces, con discernimiento, libertad e intención, independientemente quién sea
el dueño del negocio; si quien vende es una sociedad, la comparecencia será de una persona humana
representante de la misma; si quien vende es una persona incapaz, la comparecencia será una
persona capaz en su representación. Por ende, en este caso es de fundamental importancia el instituto
de la representación: y para ello, la representación orgánica tendrá lugar para las personas jurídicas;
la representación legal para las personas incapaces; y la representación voluntaria, cuando las
personas no pueden estar presentes en el acto por la razón que fuese.

Tengamos en cuenta, entonces, que el compareciente no es sinónimo de parte; el compareciente


es sinónimo de presencia física en el momento de la audiencia. Esa presencia física va a estar dada
por todos aquellos que tengan un grado de participación, sin importar si son partes, representantes o
si concurren a dar un asentimiento o conformidad. Los comparecientes, son los llamados sujetos
instrumentales.

Ahora bien, una cuestión no menor, es que, además de legitimar la capacidad de quienes
comparecen en la escritura, el escribano debe realizar la justificación de identidad de estos, la que
puede ser por conocimiento o por exhibición de documento idóneo.

 Lectura: se trata de un imperativo legal, por lo cual es imprescindible en el acto notarial.


Actualmente el CCyC, no sólo establece que se debe leer la escritura a las personas, sino que además
se debe consignar en el documento que se ha leído a las partes. Pero, si el escribano omitió consignar
la lectura, no invalida la escritura, pero sí invierte la carga de la prueba; es decir, si en la escritura se
consigna la lectura, ello le da fe pública, y para probar lo contrario, la parte interesada deberá realizar
una redargución de falsedad para demostrar por sus propios medios que no se realizó la lectura; pero
si no se consigna la lectura, y alguien alega que no se le ha leído la misma, será el escribano quien
deberá probar que realmente lo ha realizado.

En cuanto a la forma, se debe tratar de una lectura a conciencia, explicada y no meramente formal.

 Otorgamiento: Es un acto realizado por las partes, en el cual asumen como propio lo
dicho en la escritura.

El otorgamiento, tiene dos aspectos; uno dinámico y otro estático. En cuanto al aspecto dinámico,
está referido a todo lo que ocurre en ese acto notarial, más precisamente a la firma de las partes.

Ahora, puede ocurrir que haya otorgamiento sin firma o que haya firma sin otorgamiento del que
firma; es decir, en nuestro derecho encontramos la firma a ruego, definida como aquella que tiene
lugar cuando una persona no puede o no sabe firmar, y ante aquella situación, el escribano deberá
dejar constancia de cuál es la razón por la cual no puede firmar, el sujeto negocial estampará su
impresión digital y otra persona, distinta de aquella firmará a ruego por él.

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 Firma: Es la expresión gráfica del otorgamiento. Tengamos en cuenta que, respecto a
las firmas de las partes, las mismas se tienen que dar con posterioridad a las correcciones realizadas
en el documento
 Autorización: es la autoría por parte del escribano de la escritura pública, y la que pone
fin al acto notarial a través de la firma y sello del mismo.

Una cuestión no menor, es que, si las partes, quieren agregar o modificar alguna parte del
documento, deberán consignarlo, entre las firmas de las partes y antes de que suscriba el notario; de
igual manera, se permite que la escritura sea dejada sin efecto por las partes, siempre y cuando el
notario aún no haya estampado su firma y sello en el documento.

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 Punto 4: Principios relacionados con la función notarial.
 Principio de inmediación.

Hace referencia a la presencia de todos los comparecientes del acto notarial frente al escribano,
aunque no sea de todos conjuntamente, es decir, todos en un mismo momento, pudiendo tener lugar
la unidad de acto relativizada (trata en puntos anteriores). La regla general es que, sin importar, el
momento del día en que firmen las partes, todas ellas deben hacerlo frente al notario.

Justamente, esta inmediación, es el eje sobre el que se apoya la fe pública. La inmediación implica
que el escribano realiza por sí mismo todos aquellos actos, que son considerados auténticos; es decir,
la ley los considera de plena Fe.

La inmediación obliga a que el escribano tenga contacto directo con los requirentes y que reciba,
por sí mismo, las declaraciones de las partes, a fin de asegurar un buen cumplimiento de la función
pública.

Exige ese contacto del profesional con los residentes, tanto al momento de recibir la voluntad,
cuanto al tiempo de la lectura y autorización del instrumento. Se refiere a la relación de contigüidad
entre los distintos sujetos y el protocolo, explicitando la convalidación normativa.

 Principio de imparcialidad.

La imparcialidad está dada por el asesoramiento. Es decir, a partir de que comienza la etapa del
asesoramiento, el escribano debe asegurar la imparcialidad.

Se trata de una imparcialidad activa; ya que el escribano no es imparcial como lo haría un juez,
quien sólo se limita a escuchar las partes y luego toma una decisión a través de una sentencia. Sino
que, se trata de una imparcialidad activa en el sentido, en que el escribano debe tener un rol,
interesándose, no en el negocio, sino en el asesoramiento y la docencia que se debe tener frente al
mismo.

A través de la imparcialidad, el escribano debe tratar de lograr un equilibrio entre ambas partes.

 Principio de matricidad.

La matricidad está dada por la actuación protocolar; es decir, el escribano cuando actúa dentro del
protocolo, lleva a cabo su función documentadora.

Esta actuación del escribano en el protocolo, le da al documento matriz, seguridad jurídica,


perdurabilidad, autenticidad, permanencia e inalterabilidad. Es decir, una de las características
principales de esta actuación, es que el documento al estar extendido en la matriz, en principio, va a
obtener permanencia, en lo que refiere a que el mismo no va a salir de la escribanía sino cuando se
debe hacer su entrega al archivo, y de allí que surge su carácter de perdurabilidad, ya tanto el
escribano como el archivo tienen la obligación de conservar y custodiar el protocolo de las escrituras

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matrices. Es decir, después de efectuada la escritura matriz, firmada por las partes y autorizada por
el notario, aquella tiene que conservarse en la escribanía, debiendo encuadernarse dentro de los
tiempos que prevén las leyes. Luego de los trámites de estilo de inspecciones, y conforme los plazos
estipulados por ley, debe hacerse entrega formal al archivo de protocolos de la demarcación territorial
que corresponda.

El principio en análisis permite dejar reflejo documental del acuerdo visado por la fe pública,
mediante el registro en una matriz físicamente instrumentada, otorgándole una legitimidad consagrada
por la realidad empírica.

 Principio de legalidad y legitimidad.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que ambos principios no son iguales. El principio de
legalidad, se da cuando el notario, a través de la operación de ejercicio, que es legalizar la rogación,
toma la voluntad de las partes, y la adecúa a lo previsto por las normas. Este principio, tipifica la
función notarial y comprende la obligación de ajustar todos los contratos que las partes deseen
efectuar a los presupuestos de la ley y las reglamentaciones. Implica poseer conocimiento de las
distintas cuestiones jurídicas vinculadas con el objeto del acto solicitado.

En cuanto a la legitimidad, refiere a la búsqueda de la legitimación, tanto subjetiva como


objetivamente del acto que va a autorizar. Desde el punto de vista de la subjetividad, el escribano
debe legitimar a los sujetos que intervienen, por ejemplo, en el caso de una compraventa, quién se
presente como vendedor, deberá demostrar ser el titular dominial del inmueble. Desde el punto de
vista de la objetividad, el escribano debe legitimar el objeto del acto, es decir, verificar si el objeto es
apto para realizar el acto que las partes requieren, por ejemplo, si se trata de un dominio público del
Estado, en particular no podrá realizar ningún acto sobre él. También, la legitimidad sobre el objeto,
va a constar en analizar cuál es su estado: si no existe alguna cláusula de inenajenabilidad, o si se
hallare hipotecado o embargado.

 Principio de calificación.

Dentro de la calificación, el escribano no sólo tiene la tarea de encuadrar el acto normativamente,


sino que también debe analizar cuál es la forma requerida para el mismo. Para ello, debe consultar
las normas vigentes, ya que son las que establecen o no la forma para cada acto; por ejemplo para
una compraventa de inmueble la normativa establece que debe realizarse por escritura pública; en
cuanto a un poder, actualmente la normativa no establece cuál debe ser su forma, como si lo hacía el
anterior código, exigiendo que los poderes generales debían realizarse por escritura pública, por ende,
en la actualidad, respecto a los poderes, queda a criterio del escribano calificar cuál es la forma
conveniente ante el acto requerido.

Otra de las cuestiones que le escribano debe calificar cuáles son los tributos que corresponden; es
decir, el notario no sólo deberá establecer que actos va a elegir realizar, que forma va a utilizar, sino
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que además deberá analizar cuáles son los hechos imponibles presentes, que darán lugar a las
determinadas alícuotas y retenciones, dependiendo la naturaleza del acto y demás cuestiones
pertinentes.

 Principio de configuración técnica.

La configuración técnica, está dada como resultado de la actividad desplegada por el escribano en
realización de todas las operaciones de ejercicio. Es decir, la mayoría de las funciones ejercidas por
el escribano se da en una doble dimensión: tanto en una dimensión acto (dinámica), como en una
dimensión papel (estática). En este caso, la configuración técnica, refiere a que el escribano deba
plasmar todas las operaciones de ejercicio llevadas a cabo en el formato papel, para ser más preciso,
en la escritura matriz del protocolo.

Este principio coadyuva, mediante el registro, a mantener indemne en el tiempo, la prueba de los
distintos hechos y contratos.

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 Punto 5: Justificación de identidad.

La justificación de identidad es cuando las partes justifican ante el notario que son las personas
que dicen ser. es decir, no trata acerca de la identificación por parte del notario, sino de la justificación
que deban realizar las personas de sí misma para concurrir al acto. Por ende, se trata de un juicio que
debe realizar el escribano, en el convencimiento que intenten dar las partes acerca de su identidad;
debe realizar un “juicio de la identidad”.

En cuanto a la evolución de este instituto, debemos tener en cuenta que el Código de Vélez ya lo
regulaba en el artículo 1001, pero no llamaba justificación de identidad, sino que hablaba de fe de
conocimiento; establecía que el escribano debía dar fe de que conocía a las partes. El código de
Vélez no hizo más que recoger una verdad existente, cual era la fama como medio normal de acción.
Aldeas pequeñas, territorios muy circunscriptos, poblaciones reducidas, mínima culturalización. A
pesar de ello, recepta la fe de conocimiento como tal. Pero cuando comenzó a pasar el tiempo, y las
ciudades comenzaron a ser más grandes, y con mayor población, el sistema fijado por Vélez, fue muy
criticado, ya que esta fe de conocimiento únicamente la podría realizar un escribano en poblaciones
muy pequeñas, ya que al tratarse de ciudad es más grande es imposible que el escribano conozca a
todos sus habitantes. Tengamos en cuenta que, la fe de conocimiento como constancia documental
obligatoria surge en el año 1503, con la Pragmática de Alcalá de Henares, y fue de allí donde Vélez
basó aquél sistema de fe de conocimiento.

Como solución a esta situación, el artículo 1002 del Código de Vélez, establecía métodos
alternativos para el caso de que el escribano no conociere a quien se presentase ante él; y uno de los
métodos alternativos, eran los testigos de conocimiento, los cuales, a su vez, debían ser de
conocimiento del escribano. Por ende, los dos testigos, además de ser conocidos por el escribano,
debían conocer a las partes intervinientes, lo cual seguía siendo un problema para la identificación.

Todo ello, llevó a que, en el 2006, se dictará la ley 26.140, y modificó los artículos 1001 y 1002 del
Código Civil, quitando la fe de conocimiento y estableciendo tres posibilidades de que las partes
justifiquen su identidad:

1) la primera, establecía que la justificación podía realizar a través del conocimiento que tuviera el
escribano de las personas, pero sacando esa manifestación de fe pública, es decir, el escribano dejará
de ser pasible de sanción penal por la falsedad ideológica que generaba la fe pública en Vélez, y
solamente pasará a ser pasible de sanción civil en el hipotético caso de que las personas que asegura
conocer, no son realmente quienes dijeron ser (esta es la principal diferencia entre justificación y fe
de conocimiento, es decir la responsabilidad que acarrean ambas situaciones);

2) Por declaración de dos testigos, que deberán ser de conocimiento del escribano y serán
responsables de la identificación.

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3) Por exhibición que se hiciere al escribano del documento idóneo. En este caso, se deberá
individualizar el documento y agregar al protocolo reproducción certificada de sus partes pertinentes.

Actualmente, el código civil y comercial no contempla a los testigos de conocimiento en su artículo


306, pero reproduce de manera parcial el artículo 1002 del código de Vélez, y establece que los
comparecientes deben acreditar o justificar su identidad frente al escribano a través de la exhibición
de documento idóneo (inciso a), o a través de la manifestación que el notario haga de que son de su
conocimiento (inciso b). La razón por la cual se eliminó a los testigos de conocimiento, fue que no eran
utilizados porque era muy difícil encontrar a dos personas sean conocidas del escribano y que a su
vez sea conocida por las partes.

Ahora bien, tengamos en cuenta que el artículo 306 habla de documento idóneo, no de documento
de identidad o legal, por ende, debemos analizar desde el punto de vista material y jurídica a qué se
refiere.

Desde el punto de vista material, refiere a que el documento debe ser legible, y que esté en buenas
condiciones; debe ser “materialmente idóneos”.

Desde el punto de vista jurídico, existen tres posturas que analizan respecto al mismo:

1) La postura más estricta, toma como base lo que establece la ley, y en lo que respecta,
encontramos la ley 17.671 de identificación de las personas, y en los artículos 13 y 57 nos dicen que
el documento de identidad nacional (DNI) es el único documento con el cual la persona, dentro del
territorio de la República Argentina, puede acreditar su identidad; es decir, para esta postura, el único
medio idóneo es el DNI.

2) Una postura intermedia, considera que el documento idóneo también es el DNI, pero agrega que
también puede serlo el pasaporte. Y para el caso de personas que sean de alguno de los países del
Mercosur se considerará documento idóneo a la Cédula de identidad otorgada en su país.

3) Una postura más laxa, considera que cualquier documento puede ser idóneo, ya que el código
no habla de documento “legalmente” idóneo, sino que sólo menciona que debe ser un documento
considerado idóneo.

Una de las posturas, más consideradas para su utilización es la postura intermedia; es decir, un
escribano considerará como documento idóneo, en principio, el documento de identidad nacional, para
aquellas personas que tengan nacionalidad Argentina; para quienes tengan nacionalidad extranjera,
se permitirá que acrediten su identidad a través del pasaporte, y para que ellos que provengan de
países que pertenecen al Mercosur, se aceptará como documento idóneo la Cédula de identidad
otorgada en su país.

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