Ficha bibliográfica nº1
Prof. Pablo Gruer – Filosofía 2020
INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
1.1 LA DEFINICIÓN DE FILOSOFÍA
Cuando intentamos definir qué es la filosofía nos enfrentamos a un primer problema filosófico: el del
término filosofía y sus significados.
La definición etimológica de la palabra 'filosofía' es: amor a la sabiduría. Procede del griego, de 'philo'
(amor) y 'sophia' (sabiduría). También se traduce como “deseo de saber, de conocimiento”. Para los griegos, la
sabiduría iba más allá del conocimiento teórico; comprendía también un saber práctico que era llevado a la vida
misma, la vida propia del sabio. De modo que ser filósofo implicaba practicar una filosofía de vida.
Sin embargo, en este caso la etimología no nos basta para comprender el significado de la filosofía. A
través de la historia nos encontramos con definiciones muy diversas que nos fueron dando los grandes filósofos
de cada época. Por ejemplo: Platón y Aristóteles, grandes filósofos griegos de la antigüedad, definen a la
filosofía como “ciencia”; los estoicos, una escuela filosófica griega y romana, la definen como “aspiración a la
virtud”, y los epicúreos, otra escuela filosófica antigua, entienden por ella que es “aspiración a la felicidad”.
De todos modos, si observamos las grandes obras y sistemas filosóficos de la historia (Platón,
Aristóteles, Descartes, Leibniz, Kant, Hegel, etc.) veremos hay algo en común entre estos grandes pensadores,
que nos sirve para aproximarnos a una 'representación general' de lo que es la filosofía:
a) La filosofía muestra una tendencia hacia la universalidad, una orientación hacia la totalidad.
Esto quiere decir que el objeto de la filosofía, aquello sobre lo que se interroga y desea conocer, son
los grandes problemas universales de la humanidad: La Verdad, el Bien, el Tiempo, el amor, el
conocimiento, la esencia del ser humano, Dios, los misterios de la vida y de la muerte… Estos
problemas generales son mucho más amplios que los problemas particulares de las ciencias.
b) La respuesta a la búsqueda filosófica tiene un carácter racional.
El modo o método que tiene la filosofía para abordar estos grandes problemas es a través de la razón,
el lenguaje; utilizando la reflexión, la meditación, el ejercicio de la duda, la interrogación, el diálogo, el
ejercicio crítico del pensamiento, como caminos para acercarse a los grandes enigmas que la desvelan.
El modo de abordar estos problemas es a través de la pregunta o interrogante filosófico: ¿cuál es el
sentido de la vida? ¿existe el tiempo o es una ilusión? ¿qué es Dios? ¿se puede alcanzar la Verdad?
¿qué podemos conocer y qué no?
1.2 ¿QUÉ ES LA FILOSOFÍA?
Hacer filosofía es una manera de pensar que busca fundamentar el sentido de las cosas que se nos
presentan como obvias. ¿Qué es fundamentar? Es llevar la pregunta a la máxima expresión: el porqué del por
qué, del por qué. Pero ¿hay respuesta final para todas estas preguntas? Parece que no. Entonces, ¿para qué
sirve la filosofía? ¿tiene sentido hacer filosofía si ya lo sabemos todo? Es que la filosofía tiene que ver más con
la pregunta que con la respuesta...
Una buena manera de entender qué es la filosofía es diferenciarla de otras formas de pensar la realidad
como son el pensamiento cotidiano o el pensamiento científico:
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Prof. Pablo Gruer – Filosofía 2020
Pensamiento cotidiano: se trata del sentido común que aplicamos las personas para vivir. Para este
tipo de pensamiento lo importante es la utilidad práctica, es decir, lo que importa es que las cosas
funcionen sin ningún tipo de cuestionamiento.
Pensamiento técnico: lo que se busca la ciencia es una explicación del modo en que funcionan las
cosas. Es decir, se busca entender cómo funcionan las cosas. Se trata de ir un paso más allá del
pensamiento cotidiano.
Ahora bien, si la ciencia se pregunta por el cómo, la filosofía se pregunta por el qué. En nuestra vida
cotidiana solemos olvidarnos de cuestionarnos sobre las cosas y no nos detenemos en la pregunta. No
buscamos certezas fundamentales (respuestas sobre el origen y fundamento de las cosas) sino certezas
funcionales (creencias que nos sean útiles para vivir y resolver nuestros problemas cotidianos).
Acá es donde la filosofía aparece como un saber inútil: ¿para qué sirve la filosofía si, además de no
resolver problemas cotidianos, nos agrega nuevos problemas? Lo cotidiano funciona siempre bajo el criterio
de utilidad, las cosas tienen que servir para algo. Pero la filosofía lo cuestiona porque interpela lo cotidiano y
le pregunta: ¿por qué todo tiene que ser útil? O bien, ¿a quién le sirve que todo sirva?
Hoy, en tiempos en los que la utilidad parece ser lo más importante, la filosofía se vuelve un medio de
cuestionamiento de los valores dominantes.
Otra posible definición de filosofía es entenderla como el análisis de lo obvio. Algo obvio es algo que
no se cuestiona, algo que no se muestra como parte de una trama más general, algo que se nos presenta como
una verdad pura.
La filosofía muestra la contaminación de todas las verdades. Muestra que en todo siempre hay
supuestos. Que nada existe de manera obvia, y que cuando algo se nos presenta de manera obvia hay que
desconfiar.
Hay en el filósofo un deseo por querer saber más de lo que se presenta. Entonces, ¿dónde hay que
poner el acento? ¿en alcanzar la sabiduría o en el ejercicio incesante de la búsqueda?
Los verdaderos filósofos, como dice Platón, aman contemplar la verdad; ahora bien, ¿existe una Verdad?
Si hacer filosofía es volver siempre sobre nuevas preguntas: ¿hay que alcanzar algún resultado?
Si la filosofía no sirve para encontrar la Verdad ¿para qué sirve la filosofía? Capaz que lo que motive
toda nuestra búsqueda no sea más que intentar resolver nuestro miedo a la muerte. Platón dice que de lo que
se trata no es de encontrar una respuesta definitiva al misterio de la muerte sino de ejercitarse en la filosofía
para que, cuando llegue el momento, nos encuentre preparados. Porque haciendo filosofía tomamos conciencia
del carácter limitado y finito de nuestra existencia.
Ahora bien, la filosofía también puede servirnos para desenmascarar una realidad de poder e intereses
que creemos verdadera. Una realidad en la que estamos inmersos sin darnos cuenta y a la que le somos, por
eso mismo, funcionales.
Amor a la sabiduría es amor a la pregunta, apostar a la búsqueda como un fin en sí mismo y no como
un medio para otra cosa. La filosofía no nos provee de certezas ni de respuestas definitivas sobre los grandes
cuestionamientos esenciales pero nos ejercita en la libertad de la pregunta y nos invita a ser más libres, más
abiertos, más sensibles con el mundo que nos rodea.
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1.3 ACERCA DE LA PREGUNTA FILOSÓFICA
La pregunta filosófica implica ejercer un acto propio del filosofar: la libertad de pensar en todo lo que
pueda ser pensado. La pregunta filosófica es simplemente lo que llamamos un interrogante objetivo. Este tipo
de pregunta tiene carácter de universalidad: preguntas que dejan de lado lo particular. Tiene un sentido de
trascendencia, que va más allá de lo efímero. Por ejemplo: ¿Cuál es la esencia del ser humano?
Filosofar no es sólo una manera más de pensar en el mundo, sino que implica también una actitud que
se relaciona con el cuestionar, poner en duda y profundizar sobre certezas y supuestos de nuestra vida cotidiana.
Está vinculada directamente con una actitud de asombro, es decir, ya no sólo ver la realidad de todos los días,
sino aprender a verla con otros ojos, admirarse ante lo cotidiano. Las preguntas filosóficas parten de la
admiración, ante lo aparentemente ya visto, redescubren, re-significan y conducen a nuevas preguntas. El poder
asombrarse conduce a preguntarse el “por qué” y el “para qué” de las cosas, luego al análisis, éste al
conocimiento y razonamiento expresado mediante un argumento o una idea.
La simpleza, la ingenuidad y la capacidad de asombro de los niños los convierte en verdaderos
maestros de la actitud filosófica. Convertirse en filósofo conlleva una recreación de cómo vivíamos cuando
éramos niños. Tomando una idea de Nietzsche: es jugar con la seriedad con la que lo hacíamos en la niñez.
Nietzsche también nos dice que toda certeza es una cárcel. Es decir, aquellas creencias a las que nos
aferramos para vivir y nunca cuestionamos. Él nos propone filosofar a martillazos, usar la filosofía como un
martillo para romper los conocimientos que damos por supuestos en nuestra vida cotidiana y que dominan
nuestra manera de pensar y nuestras acciones sin que nos demos cuenta. Nos propone deconstruir: romper a
martillazos estos conceptos, liberarnos de ciertas ideas y reconstruir nuestros sistemas de creencias y nuestros
valores con libertad para elegir quienes queremos ser.
Entonces, el objeto de la filosofía no está fuera de la existencia del filósofo. Éste busca la Verdad del
mundo y de las cosas. Pero sobre todo la verdad sobre sí, la filosofía es un camino de Autoconocimiento. El
filósofo se dedica a observar, aprender a ver con atención y a relacionar lo que percibe con el conjunto de cosas
que nos rodean, con la totalidad.
La actitud filosófica radica también en una aparente “inutilidad” de sus preguntas. Esta aparente
inutilidad es la que descubre la verdadera utilidad de las cosas, el despertar de lo que existe en realidad.
En el momento en que el hombre comienza a reflexionar y se da cuenta de cómo piensa, de su manera
de ver el mundo, se convierte en responsable de lo que piensa y, por lo tanto, responsable de lo que hace. La
filosofía, como camino ancestral de autoconocimiento, es ejercicio pleno de la libertad y la responsabilidad.