4.2. Las Cortes de Cádiz. La Constitución de 1812.
El Gobierno de José Bonaparte
Tras las abdicaciones de Bayona, el 7 de mayo de 1808, el emperador ofreció la corona de España a su hermano Luis, entonces
rey de Holanda. Tras la renuncia de este finalmente en el mes de junio Napoleón convenció a su hermano mayor José, que era
el rey de Nápoles. Legalmente el hermano del emperador se convertía en rey de España con el título de José I.
La administración francesa en España estuvo marcada por el vacío de poder tras los sucesos de mayo de 1808. Su control de la
península fue esporádico y cambiante, según los vaivenes de la guerra, afectó principalmente a las dos Castillas, zonas de
principal presencia francesa. En el resto del territorio el poder de los generales franceses fue mayor que la del propio rey. A esta
dificultad se sumaron dos más, por un lado el rechazo de la población a su gobierno y la continua sugerencia de Napoleón en las
decisiones de su hermano.
Los principales objetivos fueron restablecer la administración y restablecer la situación financiera. Con José colaboraron los
llamados afrancesados, españoles que aceptaron las abdicaciones de Bayona y consideraron que el mejor gobierno para
España debería ser uno similar al modelo imperial francés. Pensaban que José devolvería a España al nivel que le
correspondía, además de asegurar la integridad territorial y conseguir el necesario desarrollo económico.
José I hizo meritorios intentos de ganarse a los españoles. En Bayona se convocó a un grupo de próceres del Antiguo Régimen,
nobles, eclesiásticos y funcionarios, para que debatiesen una Carta Otorgada. De los 150 convocados asistieron 91, los cuales
aprobaron la llamada Constitución de Bayona. Se buscaba la reforma del sistema absolutista. Los Gobiernos de José I
estuvieron compuestos mayoritariamente por notables del Antiguo Régimen pero ni su poder ni la aplicación del Estatuto de
Bayona apenas pudo ponerse en práctica.
Sin embargo, Los primeros decretos dados en enero de 1809 llevaron la firma del mismo Emperador. Fueron ocho decretos
dictados desde Burgos sin consultar con su hermano. Entre ellos destacan la disolución del Consejo de Castilla, la supresión del
Tribunal de la Inquisición, la reducción a un tercio de los conventos existentes, la abolición de la jurisdicción señorial y la
eliminación de las barreras de las aduanas interiores.
La nueva administración española
Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) se gestó un nuevo régimen político, se produjo una revolución política,
porque significaba asumir la soberanía nacional y romper el absolutismo. Primero surgieron Juntas locales, luego Provinciales y
en septiembre de 1808 la Junta Central Suprema, que se convirtió en gobierno de la resistencia. Trasladada a Cádiz la Junta
Central Suprema, desacreditada por las derrotas militares, dio paso a un Consejo deRegencia, compuesto por cinco miembros,
siendo el órgano de gobierno hasta el regreso de Fernando VII.
Aunque la
Junta Central ya había debatido la idea de una reunión de Cortes Generales, la Regencia no se decidió hasta que llegó la noticia
del establecimiento de poderes locales en ciudades americanas, que podían poner en peligro el imperio español. Las Cortes sé
autoconstituyen en Asamblea Constituyente y asumen la soberanía nacional. Se inician las sesiones (septiembre-1810), con el
juramento de los diputados de defender la integridad de la nación española (incluida América), las Cortes funcionaron hasta la
primavera de 1814.
Las Cortes de Cádiz 1810
La mayoría de los diputados eran de clases medias, eclesiásticos, abogados, militares, funcionarios, catedráticos, y miembros
de la burguesía; clases populares y mujeres no estaban representadas. Los diputados formaban tres tendencias: liberales
partidarios de reformas revolucionarias, jovellanistas o ilustrados partidarios de reformas moderadas sin cambiar el sistema
absolutista, y absolutistas que pretendían mantener el viejo orden monárquico.
El ambiente revolucionario y patriótico de Cádiz, la ciudad más cosmopolita del país y símbolo de la resistencia, permitió que el
ideario liberal pudiera concretarse en la Constitución de 1812. Los liberales creían en la felicidad, el progreso material y la
libertad individual. Defendían la aspiración a la riqueza y la propiedad privada, individual y libre. Consideraban necesario que
existiesen unas reglas que garantizasen dichas libertades, las leyes del mercado y la libre concurrencia de la oferta y la
demanda. Los liberales postulan un régimen político libre, parlamentario, en oposición al absolutismo monárquico. Los liberales
defendían el derecho de los más ricos (capacidades) a intervenir en la vida política.
La Constitución de 1812
La reforma política más relevante fue la Constitución de 1812 primera ley fundamental aprobada por un Parlamento nacional en
España. Sus principios básicos, inspirados en la Constitución francesa y de EE.UU eran:
Soberanía nacional. La soberanía residía en la nación, incluidos los habitantes de las colonias.
División de poderes. El poder legislativo residía en las Cortes unicamerales, el poder ejecutivo en el Rey y sus ministros
y el poder judicial en los tribunales. El monarca no podía disolver las Cortes y solo poseía un derecho de veto
suspensivo y transitorio durante dos años sobre las leyes aprobadas en las Cortes.
Establece como sistema de gobierno la monarquía constitucional y hereditario.
Igualdad de todos ante la ley. Se suprimen los fueros y leyes que iban en contra de la Constitución, se establecen
códigos y tribunales para todos, igualdad fiscal, burocracia centralizada y un ejército nacional, estableciéndose una
Milicia Nacional para garantizar el orden constitucional.
Proclama el catolicismo como religión única y oficial del Estado.
Sufragio universal masculino e indirecto como sistema electoral para mayores de 25 años.
Los ciudadanos, de acuerdo con la Constitución, reconocen a Fernando VII como rey constitucional. La Constitución refleja el
influjo de Iglesia y nobleza, declara un Estado confesional y reconoce las propiedades de los privilegiados.
La Constitución tuvo una vigencia muy breve ya que la Guerra de la Independencia impidió su aplicación, cuando terminó el
conflicto y regresó Fernando VII restauró el absolutismo salvo un breve periodo de tres años. Los tres periodos de vigencia
fueron: marzo de 1812-marzo 1814, enero 1820-noviembre 1823 y agosto 1836-junio 1837. A pesar de su vida corta, la
Constitución de 1812 inspiró otra cartas magnas como la de Portugal, Piamonte y muchas iberoamericanas
Obra legislativa de las Cortes de Cádiz
Además de la Constitución los diputados de Cádiz llevaron adelante una importante legislación ordinaria:
La abolición del régimen jurisdiccional (agosto de 1811). Se eliminaron los derechos jurisdiccionales, pero en la práctica
las tierras a ellos sujetas se convertían en propiedad privada de los señores, al no definirse con claridad que pagos
quedan abolidos y cuáles no. Los señores salieron ganando, pues no hubieran podido demostrar su propiedad de la
tierra, y sin embargo si sustituyeron los derechos señoriales por rentas sobre la tierra. Esta abolición fue dejada en
suspenso en 1814 y 1823, y finalmente restablecida en 1837.
La desamortización de bienes de propios y baldíos (enero de 1813). SU objetivo era amortizar deuda y recompensar a
los militares retirados. No llegó a ser aplicada.
La eliminación del mayorazgo, al declararse la propiedad libre y sólo atribuible a particulares. En 1814 y 1823 fueron
abolidas las medidas correspondientes, para ser finalmente restablecidas en 1836.
La supresión de los gremios (junio de 1813). Se decretó el derecho a disponer del propio trabajo. Se estableció la
libertad de producción, de contratación y de comercio.
La libertad de imprenta, aprobada en noviembre de 1810, antes de ser recogida por la Constitución. Se concebía como
función al servicio de la opinión pública y se exceptuaban las cuestiones religiosas, que serían supervisadas por Juntas
provinciales de censura.