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Entrevista Individual

La entrevista a Aurora, víctima de violencia de género y desahucio, revela la insuficiencia de recursos y apoyo institucional para mujeres en su situación, así como el impacto negativo en la salud mental de ella y sus hijas. A pesar de recibir asistencia psicológica y legal, Aurora enfrenta demoras judiciales y falta de atención adecuada, lo que agrava su situación. Propone cambios en las leyes y un mayor apoyo social para ayudar a las víctimas a salir de su situación de violencia y desamparo.

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Entrevista Individual

La entrevista a Aurora, víctima de violencia de género y desahucio, revela la insuficiencia de recursos y apoyo institucional para mujeres en su situación, así como el impacto negativo en la salud mental de ella y sus hijas. A pesar de recibir asistencia psicológica y legal, Aurora enfrenta demoras judiciales y falta de atención adecuada, lo que agrava su situación. Propone cambios en las leyes y un mayor apoyo social para ayudar a las víctimas a salir de su situación de violencia y desamparo.

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Iris Fernández de Pablo. 1º Integración Social. Metodología de la Intervención Social.

Entrevista Individual.

Elección de la persona y objetivos:

La persona entrevistada es Aurora una mujer que ha sido víctima de violencia de género en
dos ocasiones y actualmente enfrenta un desahucio. Su situación es compleja y refleja una
realidad en la que muchas mujeres viven en silencio. La elección de esta persona permite
profundizar en los desafíos que enfrentan las víctimas de violencia de género y las
carencias en los sistemas de apoyo.

Las preguntas fueron elaboradas con el objetivo de conocer la experiencia personal con la
violencia de género y el desahucio, el apoyo recibido de las instituciones y su efectividad
para mujeres en situación de violencia de género, el impacto en la salud mental de la
víctima y de sus hijas, las barreras que ha tenido y tiene para acceder a los servicios de
salud mental y las propuestas de cambio a nivel social y mensajes para la sociedad a nivel
personal.

La entrevista se realizó de manera presencial, permitiendo un diálogo abierto y empático.


Aurora, la entrevistada, compartió su experiencia de manera sincera, lo que permitió
obtener información valiosa sobre su situación y las carencias en los sistemas de apoyo.

Análisis de la información obtenida:

Aurora ha recibido apoyo psicológico y legal a través de Asuntos Sociales y la Consejería de


Feminismo e Igualdad, pero considera que los recursos son insuficientes. La lentitud del
proceso judicial genera ansiedad y miedo, lo que agrava su situación y la de sus hijas.​
La violencia ha dejado secuelas profundas en la salud mental de Aurora y sus hijas. La hija
mayor ha sufrido depresión y varios intentos de suicidio, mientras que la hija pequeña
también ha necesitado atención psicológica. Esto muestra cómo la violencia afecta no solo a
la víctima directa, sino también a su entorno familiar.​
Aunque han tenido acceso a servicios públicos de salud mental, las citas son demasiado
espaciadas, lo que limita la efectividad del tratamiento. Se necesitan más recursos y una
mayor frecuencia en las citas para abordar adecuadamente los problemas de salud mental.​
Aurora propone endurecer las leyes contra la violencia de género, acelerar los procesos
judiciales para evitar largas esperas y mejorar los recursos de apoyo con más atención
psicológica y seguimiento continuo.​
Aurora anima a otras mujeres a denunciar y buscar ayuda, aunque reconoce que el proceso
es difícil. Destaca la importancia de proteger a los hijos y de no permitir que el maltratador
destruya lo que se ha construido.
A continuación detallamos la entrevista realizada a Aurora, mujer de 50 años, víctima de
violencia de género y de desahucio:

Has sido víctima de violencia de género en dos ocasiones. Estás enfrentando ahora
mismo una situación de desahucio. ¿Qué tipo de apoyo has recibido por parte de las
instituciones públicas o privadas para enfrentar estas instituciones? ¿Y crees que los
recursos que hay son suficientes para ayudar a mujeres en tu situación?¿En qué crees
que lo pueden mejorar?
-​ Ahora mismo, con la segunda relación, o sea, mi ex marido, tengo una denuncia de
violencia familiar, y violencia de género. Y está tardando mucho, cosa que no veo
lógica cuando hay una persona que tiene violencia de género y violencia familiar.
Llevo así como cosa de un año con esa denuncia y todavía no ha salido la fecha del
juicio. Yo intento tener paciencia pero me da miedo enfrentarme tanto tiempo
después a verle y a que mis hijas les vean porque no estamos preparadas.

La violencia de género deja secuelas profundas, no solamente en las víctimas, sino


también en las familias. ¿Cómo ha afectado esta violencia a tu vida y a la salud mental
de tus hijas? ¿Has encontrado programas específicos que aborden tanto tu situación
como la de ellas de manera integral?
-​ A ver... A la salud de mis hijas las ha afectado y a mí también me ha afectado.
Mi hija la mayor se fue con 18 años. Tiene depresión, hemos tenido que ingresarla
en el hospital por intentos de suicidio más de lo que puedo recordar. Un día casi
muere y me pasé tres días esperando a que despertara del coma. Lo pasé muy
mal…de verdad. Mi relación con ella ha estado en peligro por culpa de mi ex marido
y yo me culpo todavía de todo lo que le ha pasado.
A mi otra hija, la pequeña, su padre no le pegaba, la mayor recibía todos los golpes.
A ella la afectó psicológicamente sobre todo cuando mi hija la mayor se marchó de
casa. Mi hija pequeña asumió todo lo que hacía la mayor cuando vivía con nosotros
y eso es lo que la ha llevado a tener que ir también al psicólogo.
A mí me ha afectado. Yo tengo una culpa muy grande dentro de mí. Por miedo a no
haber hecho las cosas bien. Por inseguridad. Y porque el maltratador siempre te
tiene... Pues eso, atrapada y como que no vales nada. He tenido la suerte de que mi
familia me ha apoyado y mi madre me refugió en su casa en las dos relaciones de
maltrato que he tenido.
Los recursos que he tenido han sido...bueno. En la primera relación que tuve fui a
una casa de acogida. Y bueno, sí, hay ayudas. Pero yo creo que se podría mejorar.
Y con el segundo caso, la psicología. O sea yo estoy yendo a... a ver... a los Asuntos
Sociales y a la Consejería de Feminismo e Igualdad donde me atienden de forma
psicológica y legal. Me están ayudando con todo el tema psicológico por violencia
de género. Y mis hijas han tenido que ir también al psicólogo y las ha afectado
también.
Fui a un médico forense donde les expliqué los abusos y me examinaron. Me
llamaron a declarar, luego fui al juzgado, llamaron a mis hijas. Hay un testigo que
es amiga de mi hija
mayor. Por esa denuncia van a ir las tres a declarar a juicio. Y nada, todavía estoy
esperando.
También estás siendo víctima de un desahucio. Con tu situación, que es extremadamente
precaria, económicamente hablando y mentalmente hablando.¿Has notado que haya
impactado para cubrir las necesidades básicas de tu familia como alimentación, atención
médica o vivienda? ¿Crees que las políticas sociales que hay actualmente protegen
adecuadamente a las personas en tu situación?
-​ Sí, tengo una deuda de más de 100000€ y mi exmarido me ha dejado con la
trampa del piso porque no lo está pagando. Aún no tengo noticias de cuándo nos
van a echar pero me estoy intentando acoger a la Ley de Segunda Oportunidad. A
mí mi ex marido me pasa 200 euros al mes para la manutención de la niña
pequeña. El piso se tiene que pagar, y yo no lo puedo pagar sola porque son 900
euros de hipoteca. Luego me dejó también trampas de tarjetas para comprarse un
móvil de 1500 euros, ordenadores. Y yo, claro, yo no podía decir que no gastara
porque si no, pues ya estaría levantándome la mano o dando golpes a las cosas,
asustándome a mí y a mis hijas y comportándose como un animal. Y bueno, sí que
ha afectado mucho.
Y no, no me siento protegida por las instituciones. Me he sentido arropada más bien
por mi familia. Pero no por las instituciones. Te sientes sola y no sabes dónde
acudir, no sabes qué hacer porque nadie te explica qué se hace después de
denunciar.

Tanto tú como tus hijas enfrentan o han enfrentado problemas de salud mental. Esto se
puede agravar en contextos de violencia, inclusión social y pobreza. ¿Has tenido acceso
a servicios de salud mental, ya sean públicos o privados? ¿Y cómo ha sido la experiencia
con estos servicios y qué barreras has encontrado para recibir la atención que
necesitabas o necesitaban tus hijas?
-​ Sí, he tenido acceso a los públicos siempre. Las citas son cada mes o cada tres
meses y no notas que te ayuden. La atención está siendo magnífica por lo menos en
mi caso. Pero deberían dar cita antes porque tanto yo como mis hijas necesitamos
que haya menos tiempo entre cita y cita. Se ha notado mucho la falta de dinero para
poder permitirnos un psicólogo privado. No hemos sido nunca una familia con
muchos ingresos y eso nos ha hecho las cosas más difíciles.

Tu caso refleja una realidad en la que muchas mujeres viven en silencio. Y ahora quiero
que me digas qué crees que debería cambiar a nivel social, político o institucional para
que las situaciones como las tuyas sean más visibles y se brinde un apoyo más efectivo.
Y me digas un poco el mensaje que te gustaría transmitir a la sociedad sobre lo que
significa vivir en estas condiciones.

-​ Deberían endurecerse todas las leyes. El maltrato de violencia doméstica, de


violencia de género, me da igual. Toda clase de violencia. Me da igual que sea de
género, familiar, de animales, me da igual. Tendría que ser más castigado. Que se
endurezcan.
Como mensaje me gustaría decirles a todas esas mujeres que están pasando por
una situación así que sigan adelante, que no se acobarden, que sean unas
guerreras. Que salgan lo antes posible de casa. Que denuncien, aunque no las
crean. Que lo van a pasar mal al principio, pero de todo se sale. Y que luchen por
sus hijos, por su familia en general y sobre todo por ellas. Van a tener que aprender
a sobrevivir. Que nunca dejen que tiren por tierra todo lo que has construido y que
protejan a sus hijos como yo no pude proteger a las mías.

Conclusiones y reflexiones personales.

Esta entrevista me ha permitido reflexionar sobre una situación que he conocido de cerca,
no como observadora externa, sino como alguien que ha estado directamente afectada por
las consecuencias de la violencia de género en un entorno familiar. Aunque es difícil
separar las emociones personales de la situación, he intentado analizar los hechos con
claridad para entender mejor los desafíos que se enfrentan y las áreas en las que se
necesita mejorar.

La violencia de género no solo afecta a la persona que la sufre directamente, sino que tiene
un impacto profundo en todo su entorno cercano. En este caso, he sido testigo de cómo la
violencia ha dejado secuelas emocionales y psicológicas en quienes rodean a la víctima. La
depresión, los intentos de suicidio y la necesidad de atención psicológica son
consecuencias que han marcado la vida de las personas involucradas. Aunque la víctima ha
hecho todo lo posible por proteger a su familia, es evidente que el sistema no ha estado a
la altura para brindar el apoyo necesario.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es la falta de apoyo efectivo por
parte de las instituciones. Aunque se ha recibido ayuda psicológica y legal, los recursos
son insuficientes y los procesos son demasiado lentos. La demora en el juicio contra el
agresor ha generado una sensación de impunidad y desprotección que ha agravado la
situación. Esto me hace cuestionar si las políticas actuales realmente están diseñadas para
proteger a las víctimas de violencia de género y a sus familias.

Aunque se ha tenido acceso a servicios de salud mental públicos, las citas son demasiado
espaciadas y no siempre efectivas. Esto ha dificultado la recuperación y ha dejado en
evidencia la necesidad de más recursos y una mayor frecuencia en la atención psicológica.
He observado cómo las personas afectadas han tenido que lidiar con sus secuelas
prácticamente solas, lo que ha sido una carga emocional muy pesada.

Esta experiencia me ha hecho reflexionar sobre la necesidad de cambios urgentes a nivel


social y político. Las leyes contra la violencia de género deberían ser más duras y los
procesos judiciales más ágiles. Además, es fundamental que se incremente el apoyo
psicológico y económico para las víctimas y sus familias. Como sociedad, no podemos
permitir que las mujeres y sus hijos sigan sufriendo en silencio.

Aunque esta situación ha sido extremadamente difícil, también me ha enseñado la


importancia de la resiliencia y la lucha por la justicia. Siento la responsabilidad de apoyar a
quienes han sufrido, pero también de abogar por cambios que mejoren el sistema para
otras personas que puedan estar pasando por lo mismo. Esta entrevista ha sido un
recordatorio de que, aunque el camino es duro, es posible salir adelante con el apoyo
adecuado y la determinación de no rendirse.

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