Crecimiento en armonía
El área Crecimiento en Armonía se centra en las dimensiones personal y social del niño o la niña, entendidas como
inseparables y complementarias, que se desarrollan y regulan de manera progresiva, conjunta y armónica, aunque
solo adquiere sentido desde la complementariedad con las otras dos, ya que se produce en un entorno físico y
natural determinado y precisa de la utilización de distintos lenguajes y representaciones de la realidad.
Desde el profundo respeto a los ritmos y estilos de maduración individuales, los procesos de enseñanza y
aprendizaje deben adaptarse a las características personales, necesidades, intereses y estilo cognitivo de cada niño
o niña. Se atiende, por tanto, al desarrollo físico-motor, a la adquisición paulatina del autocontrol y al proceso
gradual de construcción de la identidad personal, fruto de las interacciones consigo mismo o consigo misma, con
el entorno y con los demás. En este proceso, se irá avanzando desde la dependencia total de la persona adulta
hacia una progresiva autonomía, en la medida en que cada individuo va aprendiendo a integrar y a utilizar los
recursos y estrategias que le facilitan un desenvolvimiento ajustado y adaptado.
Las competencias específicas del área identifican las actuaciones que se espera que niños y niñas sean capaces
de desplegar en relación con su propio desarrollo personal y social a lo largo de la etapa, como consecuencia de
la intervención educativa. Las tres primeras competencias específicas se refieren a aspectos relacionados con su
propio desarrollo personal: el progresivo control de sí mismos que van adquiriendo a medida que construyen su
propia identidad, comienzan a establecer relaciones afectivas con los demás y utilizan los recursos personales
para desenvolverse en el medio de una forma cada vez más ajustada e independiente, valorando y confiando en
sus posibilidades y cualidades, y respetando las de los demás. La última competencia específica atiende a la
necesaria correlación entre la construcción de la propia identidad y las interacciones en el entorno sociocultural
donde aquella se produce, resaltando la importancia de propiciar y favorecer interacciones sanas, sostenibles,
eficaces, igualitarias y respetuosas.
Los saberes básicos del área se presentan en cuatro grandes bloques: los dos primeros se centran en el desarrollo
de la propia identidad, en sus dimensiones física y afectiva; el tercero, en el autocuidado y el cuidado del entorno;
y el cuarto atiende a la interacción con el medio cívico y social.
En las primeras etapas del desarrollo, el propio cuerpo es fuente de aprendizaje, relación y expresión, así como
base de la actividad autónoma. El entorno escolar debe proporcionar el contexto adecuado y el acompañamiento
necesario, bajo una mirada atenta, paciente y respetuosa, para que los bebés puedan descubrir el placer que les
proporciona la actividad por iniciativa propia, que es su principal necesidad en relación con su entorno, todo ello
en un ambiente estimulante de seguridad, calma y tranquilidad. De ese modo, irán reconociendo su cuerpo tanto
global como parcialmente, sus posibilidades perceptivas y de acción, expresión y movimiento, así como sus
limitaciones, y serán capaces de identificar las sensaciones que experimenta, disfrutar con ellas y servirse de las
posibilidades expresivas del cuerpo para manifestarlas.
A lo largo de la etapa, se irá evolucionando desde una actividad refleja e involuntaria hacia una actividad motora
cada vez más intencional, que se va desarrollando en paralelo al control progresivo de su cuerpo. La adquisición
de destrezas cada vez más complejas será el resultado de responder a la necesidad de utilizar instrumentos y
herramientas en las actividades cotidianas y en los juegos motores, sensoriales, simbólicos y con reglas.
El desarrollo de la personalidad en esta etapa se corresponde con la construcción de la propia identidad diferenciada
de la de los demás. La intervención educativa debe guiar y fomentar el logro de una autoimagen ajustada y positiva
en todos los aspectos.
Es la edad en la que se produce el descubrimiento de la sexualidad y se inicia la construcción de género. También
en este aspecto, es el momento de acompañar a cada niño o niña en su propio desarrollo personal, respetando la
diversidad afectivo-sexual y ayudándole a identificar y eliminar toda discriminación. En este sentido, es importante
recordar que la interacción con la persona adulta orienta y modela en gran medida al niño y la niña, ya que tiende
a imitar y reproducir sus estrategias relacionales; por ello es imprescindible identificar y erradicar, en su caso, los
posibles mecanismos de discriminación oculta que puedan persistir en el entorno escolar.
El desarrollo de la afectividad es especialmente relevante en esta etapa, ya que es la base de los aprendizajes y
conforma la personalidad infantil. Por ello, se debe incidir desde el primer momento con el reconocimiento, la
expresión y el control progresivo de emociones y sentimientos. La expresión instintiva de las primeras emociones,
asociada sobre todo a la satisfacción de las necesidades básicas, irá evolucionando hacia formas progresivamente
complejas y sofisticadas, conscientes de las normas y valores sociales. La interacción con el entorno proporciona
una información de uno mismo que contribuye, en gran medida, a la construcción de la propia imagen, ligada a
su vez al desarrollo de sentimientos de seguridad, autoconfianza y autoestima.
Los cuidados deben responder a estándares de calidad y contribuir a la toma de conciencia de sí mismo y de sus
posibilidades. Las necesidades deben atenderse en un clima acogedor y tranquilo, que proporcione los tiempos
necesarios para que cada momento se viva como algo placentero. Solo a partir de esa sensación de bienestar, el
resto de principios alcanza un valor significativo y global. En este marco, la vida escolar se organiza en torno a
rutinas estables, planificadas a partir de los ritmos biológicos y vinculadas a la adquisición progresiva de hábitos
saludables de alimentación, higiene y descanso. De forma paulatina, se incrementará su iniciativa para incorporar
en sus prácticas cotidianas los hábitos que contribuyen al cuidado del propio cuerpo y de los espacios en los que
transcurre su vida cotidiana, en paralelo al desarrollo de la autonomía personal y el despertar de la conciencia de
la relación de interdependencia y ecodependencia entre las personas y el entorno. Así, se producirá el progreso
desde la dependencia completa hacia una cierta autonomía en la satisfacción de sus necesidades y en la
adquisición de hábitos sostenibles y ecosocialmente responsables.
El establecimiento de vínculos afectivos de calidad con las personas significativas que le rodean potenciará la
interacción y la curiosidad infantiles por conocer y comprender la realidad. Para que la escolarización se convierta
en una primera experiencia vital emocionante y satisfactoria, debe producirse en un entorno rico, seguro y
estimulante. Siendo los padres, madres o personas que ejercen la tutoría de los niños y las niñas los primeros
responsables de su salud, bienestar y desarrollo, es imprescindible facilitar su participación en la creación de un
apego seguro en el entorno educativo. Dicha participación puede incluir su presencia en el aula, especialmente
en los periodos de adaptación.
Con la incorporación al entorno escolar, irán descubriendo su pertenencia al medio social: se amplían de manera
significativa las relaciones interpersonales, se generan nuevos vínculos y se desarrollan actitudes como la
confianza, la empatía y el apego seguro, que constituyen la sólida base para su socialización. El aula se convierte
en una pequeña comunidad de convivencia en la que se desarrollan las habilidades sociales y cada persona puede
expresar sus necesidades respetando las de los demás, entendiendo que las pautas elementales de convivencia
se derivan del respeto mutuo, aprendiendo a gestionar y resolver los conflictos de manera dialogada y evitando
cualquier tipo de violencia y discriminación.
La diversidad étnica y cultural posibilita el acceso de niños y niñas a los diversos usos y costumbres sociales desde
una perspectiva abierta e integradora que les permite conocer las diversas manifestaciones culturales presentes
en la sociedad y generar así actitudes de aceptación, respeto y aprecio.
Competencias específicas
1. Progresar en el conocimiento y control de su cuerpo y en la adquisición de distintas estrategias,
adecuando sus acciones a la realidad del entorno de una manera segura, para construir una
autoimagen ajustada y positiva.
El conocimiento, valoración y control que los niños y las niñas van adquiriendo de sí mismos y del uso de los
recursos de su propio cuerpo, junto a la utilización de los sentidos para desenvolverse en el medio de forma cada
vez más ajustada e independiente, son aspectos fundamentales que van conformando su autonomía y su
autodeterminación. Reconocerse como persona diferenciada de las demás, elaborar la noción del “yo” y formarse
una autoimagen positiva son procesos relevantes que requieren la toma de conciencia sobre las posibilidades de
uno mismo a partir de la identificación de las cualidades personales y de las diferencias con respecto a las otras
personas, siempre desde la aceptación y el respeto. Dichos procesos se producen a partir de las interacciones
espontáneas con el medio, de las sensaciones que experimentan y de la exploración de sí mismos, de los objetos
y del entorno.
A través del juego viven experiencias que contribuyen a su desarrollo armónico e integral, y demuestran un
control creciente de su cuerpo, así como mayor autonomía e independencia con respecto a las personas adultas.
Experimentar las posibilidades motrices y sensitivas del propio cuerpo servirá para avanzar en el control dinámico
en desplazamientos y movimientos, superar retos y elaborar un esquema corporal cada vez más ajustado.
También servirá para desarrollar destrezas necesarias en la exploración, manipulación y uso de utensilios comunes.
2. Reconocer, manifestar y regular progresivamente sus emociones expresando necesidades y
sentimientos para lograr bienestar emocional y seguridad afectiva.
Conocer e iniciarse en el manejo de sus emociones constituye una herramienta fundamental para poder hacer
frente, gradualmente, con seguridad y autonomía, a situaciones cambiantes e inciertas presentes en su vida
cotidiana. En la satisfacción de sus propias necesidades y en las situaciones de juego es donde las emociones
están más vinculadas al desarrollo del yo y al conocimiento de las normas y valores sociales, ya que, a través de
las interacciones con las otras personas, se avanza en la identificación, comprensión y regulación de las emociones
propias y en la apropiación de información muy valiosa sobre uno mismo. Todo ello irá contribuyendo de manera
decisiva a la interiorización de sentimientos de seguridad y confianza personales, dos aspectos fundamentales para
la construcción de la autoestima y la formación de una autoimagen positiva y ajustada, alejada de los estereotipos
sexistas. También se desarrolla la confianza en los demás, lo que incide en la mejora de las relaciones sociales, de
la automotivación con respecto a las actividades y juegos, y de la comprensión y expresión de lo que siente,
piensa, prefiere y le interesa.
Establecer relaciones armoniosas y de calidad supone potenciar que cada niño y cada niña puedan identificar y
superar sus límites, reforzar sus fortalezas, regular sus necesidades personales, valorar el trabajo bien hecho,
aprender de los errores de forma constructiva aceptando positivamente las correcciones, tomar iniciativas
propias sobre su persona y sobre el entorno, y establecer metas realistas y ambiciosas con creatividad y
responsabilidad, sintiéndose reconocidos dentro del grupo.
3. Adoptar modelos, normas y hábitos, desarrollando la confianza en sus posibilidades y sentimientos
de logro, para promover un estilo de vida saludable y ecosocialmente responsable.
La adquisición de hábitos saludables y sostenibles, así como su progresiva integración en la vida cotidiana,
contribuye al cuidado del propio cuerpo y al logro de una creciente autonomía. En este proceso resulta
imprescindible que conozcan y reflexionen sobre las normas que contribuyen a crear tendencias de actuación
respetuosas con ellos mismos, con los demás y con el medio, desde una perspectiva interdependiente y
ecorresponsable. Se espera también que se produzca un inicio en la reflexión sobre el consumo responsable de
bienes y recursos, así como que se promueva la actividad física como conducta saludable.
Todo ello se transfiere al aula a través de la realización de rutinas entendidas como prácticas secuenciadas que se
repiten de manera estable e intencional para favorecer la regulación de los ritmos biológicos y el ajuste a los tiempos
personales. Por ello, es preciso encontrar momentos de atención personal, a través de un trato individualizado a
cada niño o niña, especialmente en lo referido a la satisfacción de sus necesidades, a partir de su ritmo biológico
y procurando su bienestar y confortabilidad. Todo ello contribuye al desarrollo de una percepción más ajustada
de sí mismo y al sentimiento de logro derivado de la percepción de la progresiva competencia adquirida en las
actividades relacionadas con la alimentación, la higiene, el vestido o el descanso.
Por último, se deben estimular iniciativas relativas a la importancia de prevenir los riesgos y evitar los accidentes.
4. Establecer interacciones sociales en condiciones de igualdad, valorando la importancia de la amistad, el
respeto y la empatía, para construir su propia identidad basada en valores democráticos y de respeto a
los derechos humanos.
La construcción de la identidad es una de las resultantes del conjunto de interacciones con el entorno social
próximo. En este proceso de reformulación de sus recursos cognitivos y afectivos necesario para establecer
nuevas relaciones con los demás y con el mundo, es preciso proporcionarles sentimientos de seguridad y confianza
mediante la creación de vínculos de apego sanos y estables que hagan que se sientan respetados, queridos y
valorados, y adopten de manera natural los modelos sociales adecuados en un entorno de cooperación, respeto
y empatía.
En las primeras etapas, el niño o la niña comienza a percibirse como diferente a los demás; es capaz de percibir las
expresiones emocionales de las otras personas, pero aún no puede adoptar su punto de vista. Mediante las
distintas interacciones y la mediación de las personas adultas, irá asimilando de manera natural y progresiva
modelos adecuados de relación social, basados en el respeto, la empatía, la promoción de la igualdad entre
hombres y mujeres, la aceptación de la discapacidad y el respeto a los derechos humanos.
El reconocimiento y aprecio hacia la pluralidad sociocultural del aula se debe fomentar mediante actividades y
juegos que pongan en valor las distintas costumbres y tradiciones y favorezcan la comunicación asertiva de las
necesidades propias y la escucha activa de las de los otros en procesos coeducativos y cooperativos. En la misma
línea, la interacción con otros niños y niñas con necesidades sensoriales, físicas o cognitivas favorecerá el
desarrollo de una perspectiva que les permita entender que la inclusión es enriquecedora De esta manera, el
alumnado va integrando herramientas para ofrecer y pedir ayuda y resolver conflictos de manera dialogada, con
el fin de alcanzar una meta común. Todo ello refuerza el sentido de pertenencia a un grupo, contribuye a aprender
a vivir en armonía con las otras personas y favorece el trabajo en equipo.
Descubrimiento y exploración del entorno
Con esta área se pretende favorecer el proceso de descubrimiento, observación y exploración de
los elementos físicos y naturales del entorno, concibiendo este como un elemento provocador de
emociones y sorpresas, y tratando de que, junto con su progresivo conocimiento, niños y niñas vayan
adoptando y desarrollando actitudes de respeto y valoración sobre la necesidad de cuidarlo y
protegerlo.
El área adquiere sentido desde la complementariedad con las otras dos, y así habrán de interpretarse
en las propuestas didácticas: desde la globalidad de la acción y de los aprendizajes.
Las competencias específicas del área se orientan, por tanto, al desarrollo del pensamiento y de
las estrategias cognitivas a través del proceso de descubrimiento del entorno físico y natural. Con
ello se refuerza su disposición a indagar, se potencia una actitud progresivamente cuestionadora y se
anima a proponer soluciones diversificadas. Se pretende, en conclusión, potenciar la curiosidad infantil
hacia el entorno, así como estimular una disposición activa hacia su conocimiento, propiciando además
la evolución desde el plano individual hacia el colectivo: por una parte, se avanzará, a través de un
enfoque coeducativo, desde la satisfacción de los intereses personales hacia la toma en
consideración de los intereses del grupo; por otra, desde el aprendizaje individual hacia el cooperativo.
El área se organiza en torno a tres competencias específicas. La primera se orienta al desarrollo
de las destrezas que ayudan a identificar y establecer relaciones lógicas entre los distintos
elementos que forman parte del entorno; la segunda se centra en el fomento de una actitud crítica y
creativa para identificar los retos y proponer posibles soluciones; y la tercera supone el acercamiento
respetuoso hacia el mundo natural para despertar la conciencia de la necesidad de hacer un
uso sostenible de él, que garantice su cuidado y conservación.
Se concibe, pues, el medio físico y natural como la realidad en la que se aprende y sobre la que se
aprende. Por tanto, los saberes básicos se establecen en función de la exploración
cuestionadora y creativa de los elementos que forman parte del entorno a través de la interacción
corporal con el mismo, las destrezas y procesos ligados a distintas formas de conocimiento y
experimentación, así como de las actitudes de respeto y valoración que en todo caso deben
acompañarlos.
Desde edades muy tempranas, niños y niñas indagan sobre el comportamiento y algunas de las
características y propiedades de los objetos y materias presentes en su entorno. Una vez incorporados
al centro educativo, se favorecerá ese deseo de actuar para conocer y comprender su entorno.
Primero, a través de sus actos y de la manipulación de los objetos a su alcance, van tomando
conciencia de las sensaciones que producen y comienzan a constatar algunas de las consecuencias
de sus actuaciones sobre ellos; se manifiesta entonces la intencionalidad, mediante la repetición de
gestos y acciones para comprobar su relación con el efecto provocado. Más adelante, cuando se
amplía y diversifica el espacio sobre el que pueden actuar como consecuencia de su mayor capacidad
de desplazamiento, los procesos de experimentación se van enriqueciendo, ya que disponen de más
oportunidades para ejercer acciones cada vez más variadas y complejas.
Como resultado de la exploración y experimentación sobre objetos y materiales, y a partir de la
discriminación de algunas de sus cualidades y atributos, los niños y las niñas pueden proponer
agrupaciones o colecciones según un criterio elegido. También establecen relaciones entre algunos
de los atributos de los objetos y materias y su comportamiento físico cuando se interviene
sobre ellas, estableciendo correlaciones, a su vez, entre dichas intervenciones y los efectos que
producen. Ello conlleva el desarrollo de estrategias como la anticipación y la previsión, la
formulación de hipótesis y la observación de fenómenos para constatar si se cumple lo esperado, y la
discriminación entre las características o atributos permanentes y los variables. En definitiva, se
produce un acercamiento intuitivo a nociones y conceptos básicos pertenecientes al medio físico,
siempre contrastados con la realidad, mediante los que comienzan a sentarse las bases del
pensamiento científico.
El medio natural y los seres y elementos que lo integran han sido siempre objeto preferente de la
curiosidad e interés infantiles. Gracias a la reflexión sobre sus experiencias y relaciones con los
elementos de la naturaleza, niños y niñas irán progresando hacia la observación y comprensión de
las manifestaciones y las consecuencias de algunos fenómenos naturales e irán acercándose
gradualmente al conocimiento y la valoración de los seres vivos, así como de algunas de sus
características y de las relaciones que establecen entre ellos y con los seres humanos. Cobra ahora
especial relevancia el fomento de la valoración y el aprecio hacia la diversidad y la riqueza del medio
natural, a partir del descubrimiento de que las personas formamos parte también de ese medio y de la
vinculación afectiva al mismo, dos factores básicos para iniciar desde la escuela actitudes de respeto,
cuidado y protección del medioambiente y de los animales, así como de adquisición de hábitos
ecosaludabes y sostenibles.
El alumnado, alentado por el interés y la emoción, participará con iniciativa propia en situaciones de
aprendizaje en las que interaccionará con objetos, espacios y materiales. Mientras manipula,
observa, indaga, prueba, identifica, relaciona, analiza, comprueba, razona… descubrirá las cualidades
y atributos de los elementos del entorno más cercano. Asimismo, experimentará y desplegará
progresivamente destrezas sencillas propias del método científico y del pensamiento
computacional y de diseño. Además, utilizará los diferentes lenguajes y formas de expresión para
acompañar sus acciones, autorregularse, compartir su sorpresa y su emoción ante un hallazgo,
formular ideas o preguntas y contar o representar sus interpretaciones o conclusiones. Todo ello en un
contexto sugerente y divertido que estimulará, sin forzarla, su curiosidad por entender lo que le rodea
y le animará a plantear soluciones creativas y originales para responder a los retos que se plantean.
Competencias específicas
1. Identificar las características de materiales, objetos y colecciones y establecer
relaciones entre ellos, mediante la exploración, la manipulación sensorial, el manejo de
herramientas sencillas y el desarrollo de destrezas lógico-matemáticas para descubrir
y crear una idea cada vez más compleja del mundo.
En esta etapa, la curiosidad de niños y niñas por descubrir el mundo que los rodea hace de la
exploración a través de la manipulación sensorial el instrumento perfecto para identificar las
características de los materiales y objetos de su entorno más cercano y para establecer relaciones
entre ellos. La finalidad de este juego exploratorio en edades muy tempranas es disfrutar de las
sensaciones físicas que produce. Sin embargo, a medida que el niño o la niña se desarrolla, la
demanda exploratoria se amplía: al propósito de obtener placer por sentir y tocar se añade
progresivamente el interés por indagar acerca de las diferentes características de los objetos. Al
movimiento amplio y global se suma la capacidad para ejercer acciones más específicas y minuciosas
sobre ellos. Todo ello les proporciona cada vez más información acerca de sus cualidades.
La persona adulta debe proponer retos que hay que resolver, contextualizados en situaciones de
aprendizaje y experiencias significativas, eligiendo el material y el tipo de actividad que responda a la
intencionalidad que se pretenda conseguir y teniendo en cuenta que debe partir de los intereses y las
inquietudes individuales y grupales, y que la interacción con los demás debe jugar un papel de primer
orden. Así, los niños y las niñas continúan estableciendo relaciones entre sus aprendizajes, lo cual les
permitirá desarrollar progresivamente sus habilidades lógicas y matemáticas de medida, relación,
clasificación, ordenación y cuantificación; primero, ligadas a sus intereses particulares y,
progresivamente, formando parte de situaciones de aprendizaje que atienden también a los intereses
grupales y colectivos.
2. Desarrollar, de manera progresiva, los procedimientos del método científico y las
destrezas del pensamiento computacional, a través de procesos de observación y
manipulación de objetos, para iniciarse en la interpretación del entorno y responder de
forma creativa a las situaciones y retos que se plantean.
Sentar las bases del pensamiento científico, la iniciativa investigadora y la curiosidad por el
conocimiento es inherente al desarrollo de la etapa Educación Infantil. A lo largo de la etapa, el
alumnado deberá encontrar soluciones o alternativas originales y creativas a diferentes cuestiones,
retos o situaciones. Y lo hará mediante la aplicación de procesos inicialmente sencillos y manipulativos,
que progresivamente ganarán en complejidad y requerirán mayor capacidad de abstracción. Dichos
procesos son propios tanto de las destrezas de pensamiento computacional y de diseño como del
método científico, y se aplicarán descomponiendo una tarea en otras más simples, formulando y
comprobando hipótesis, explorando e investigando, relacionando conocimientos y planteando ideas o
soluciones originales.
3. Reconocer elementos y fenómenos de la naturaleza, mostrando interés por los
hábitos que inciden sobre ella, para apreciar la importancia del uso sostenible, el
cuidado y la conservación del entorno en la vida de las personas.
El entorno próximo es el primer contexto con el que se relacionan niños y niñas desde su nacimiento.
Los diferentes elementos y fenómenos naturales que en él se desarrollan atraerán su atención y
supondrán una oportunidad ideal para alentar su curiosidad a medida que los va descubriendo. La
actitud con la que se relacionen con el medio físico y natural condicionará en gran medida sus
experiencias y aprendizajes. Así, desde el primer momento, debe propiciarse un acercamiento al medio
natural y a los seres vivos e inertes que forman parte de él con todo el cuidado y el respeto que su
edad y aptitudes les permitan.
Este proceso de descubrimiento y conocimiento progresivo del entorno deberá orientarse hacia el
desarrollo de una incipiente conciencia de conservación para que, desde estas primeras edades, se
comprenda la implicación y la responsabilidad de todos en el respeto y el cuidado del medio. A lo largo
de la etapa, irán adoptando e incorporando en sus rutinas diarias hábitos para el desarrollo sostenible,
como el consumo responsable o el cuidado y protección de la naturaleza y los animales que la habitan.
Ello contribuirá a que, de manera paulatina, aprendan a valorar las oportunidades que ofrece el
medioambiente y todo aquello que hace posible la vida en el planeta.