Guía Completa de Protección Contra Incendios
Guía Completa de Protección Contra Incendios
CONTRA INCENDIO
Índice
A
ACONDICIONAMIENTO DE MATERIALES 36
ALGUNAS RECOMENDACIONES GENERALES 47
ARCO VOLTAICO 18
C
CALENTAMIENTO ESPONTÁNEO 34
CHISPAS 35
CONCEPTO 15
CONCEPTOS FINALES 37
D
DISTANCIA A RECORRER 42
DISTRIBUCIÓN DE LOS LÍQUIDOS 29
E
ELECTRICIDAD ESTÁTICA 24
ELIMNACIÓN DE VAPORES POR VENTILACIÓN 32
ESCALERAS ABIERTAS Y ESCALERAS MECÁNICAS 44
ESCALERAS EXTERIORES DE HIERRO 45
ESTÁTICA 19
F
FALSOS TECHOS Y TABIQUES PROVISORIOS 40
FÓSFOROS Y CIGARRILLOS 34
FUENTES DE IGNICIÓN 33
I
ILUMINACIÓN DE EMERGENCIA 46
INDICACIÓN DE SALIDAS 45
INSTALACIONES ELÉCTRICAS 17
INSTALACIONES TÉRMICAS 16
M
MEDIOS DE ESCAPE 41
O
OTROS RIESGOS 34
P
PELIGROSIDAD DE LOS LÍQUIDOS 28
POLVOS 36
PRECAUCIONES CON TANQUES 32
PROCEDIMIENTO CON LÍQUIDOS DERRAMADOS 30
PROTECCIÓN ACTIVA O EXTINCIÓN 47
PROTECCIÓN
CONTRA INCENDIO 11
PROTECCIÓN DE ESCALERAS 43
PROTECCIÓN PASIVA O ESTRUCTURAL 37
PROTECCIÓN PREVENTIVA O PREVENCIÓN 16
PUERTAS CONTRA INCENDIOS 46
PUERTAS ESPECIALES PARA INCENDIO 46
PUERTAS RESISTENTES AL FUEGO 46
R
RECALENTAMIENTO 35
RESIDUOS 35
RESISTENCIA 18
RESISTENCIA AL FUEGO 37
RUTAS DE ESCAPE 44
S
SALIDAS POR TECHOS 45
SEGREGACIÓN DE ÁREAS DE ALTO RIESGO 38
SÓTANOS Y SUBSUELOS 40
SUBDIVISION INTERIOR 38
T
TIPO DE CONSTRUCCIÓN 42
TRABAJOS DE SOLDADURA Y CORTE 36
U
UTILIZACIÓN DE LÍQUIDOS INFLAMABLES 28
UTILIZACIÓN DE LÍQUIDOS MENOS RIESGOSOS 28
CONCEPTO
La Protección Contra Incendio es la técnica que se ocupa de todos los problemas vinculados con
el incendio.
Se divide en tres grandes ramas:
Los objetivos que persiguen y las materias que estudian cada una de ellas pueden observarse en
el cuadro siguiente:
Se apreciará de inmediato que de las tres ramas hay una, la Prevención, que ha logrado gran di-
fusión en los últimos tiempos, mientras que a las restantes no se las considera normalmente como entes
comunes de una misma estructura orgánica.
Esto ha determinado que, equivocadamente, se incluyan dentro de la Prevención muchos con-
ceptos, temas y normas que en realidad corresponden a las restantes ramas, en especial a la Protección
Pasiva o Estructural, que es la menos conocida.
Estas explicaciones resultan necesarias porque nuestro propósito consiste en aclarar y fijar los
conceptos básicos de esta técnica, para poder lograr así más acabadamente sus objetivos, que no son
otros que los de proteger vidas e intereses contra los peligros y consecuencias de los incendios.
Y como en definitiva lo que intentamos es proporcionar un panorama completo de la Protección Contra
Incendio, nada mejor que aprovechar su división para titular cada una de las tres secciones en que se
divide esta parte del manual.
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PROTECCIÓN PREVENTIVA O PREVENCIÓN
La Protección Preventiva o Prevención tiene por objeto evitar la gestación de los incendios. Para
lograrlo efectúa el estudio y reglamentación de todo tipo de sustancias, elementos, instalaciones o situa-
ciones capaces de originar, directa o indirectamente, un incendio.
Ratificando el primer concepto, sólo aspira a impedir la iniciación de los incendios, pasando por alto los
problemas de la Protección Pasiva o de la Protección Activa, entendiendo que ambas pueden fallar en
mayor o menor grado.
Al propio tiempo, la Protección Preventiva trata de despertar el sentido de la responsabilidad que
cada agrupación humana debe asumir frente a ese problema, mediante la difusión de sus propias normas,
y para ello apela a todos los recursos que le brindan los modernos medios de expresión. El fin último es
el de crear una verdadera «conciencia» colectiva de prevención de incendio.
INSTALACIONES TÉRMICAS
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NO SI
En efecto, como en tales casos el calentamiento de los materiales próximos es gradual, cuando
éstos alcanzan su temperatura de ignición, el calor ya ha sido absorbido por una masa considerable y
ocasiona un fuego que se extiende inmediatamente.
Los tramos de chimenea que se encuentran en el interior de los edificios serán tan cortos como
sea posible, y estarán separados de cualquier material combustible por una distancia equivalente a tres
veces sus diámetros (Fig.13).
Los quemadores de petróleo se instalarán sólo en los lugares expresamente aprobados por las
autoridades competentes, y contarán con dispositivos automáticos que aseguren la interrupción del sumi-
nistro del fluido cuando se sobrepasen los márgenes de seguridad establecidos para cada caso.
Las cañerías de vapor y agua caliente deben instalarse bien alejadas de toda obra de carpintería,
decoración o cualquier otro material fácilmente combustible.
Cuando se cuenta con instalaciones térmicas de cierta magnitud, resulta imprescindible que haya
por lo menos una persona responsable de su periódico mantenimiento y que los encargados de ponerlas
en funcionamiento conozcan con precisión los distintos mecanismos, del mismo modo que las medidas de
prevención que es necesario observar en cada caso.
INSTALACIONES ELÉCTRICAS
Si una instalación eléctrica de iluminación, fuerza motriz, calentamiento, etc., ha sido bien proyec-
tada y se halla correctamente mantenida, sólo produce los efectos deseados, pero cuando se descuidan
las normas de prevención, determina situaciones de peligro, tanto desde el punto de vista del incendio
como del riesgo personal.
Pasando por alto las razones técnicas, en general puede decirse que tales incendios se producen
por recalentamiento de los conductores o por «cortocircuitos», efectos éstos que resultan de la transfor-
mación de la energía eléctrica en energía calorífica.
Podemos decir que la energía eléctrica produce calor por : resistencia, arco voltaico y estática.
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RESISTENCIA
ARCO VOLTAICO
Este fenómeno se produce cuando un circuito eléctrico que transporta corriente es interrumpido,
ya sea voluntariamente por medio de una llave, o en forma accidental, cuando se afloja una conexión
o se corta un conductor. La temperatura generada es muy alta, y el calor liberado puede ser suficiente
para hacer entrar en ignición a la cobertura aislante de los mismos conductores, o comunicar fuego a los
materiales inflamables o combustibles próximos. También es capaz de provocar la fusión del conductor,
cuyas partículas incandescentes son un excelente vehículo para la propagación del fuego.
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ESTÁTICA
Lámpara Temperatura
25 W 50° C
60 W 120° C
500 W 200° C
1000 W 250° C
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mentos combustibles, pueden llegar a configurar un apreciable riesgo de incendio. (Fig. 14 A, 14 B y 15 A).
Normalmente habría que conectar uno solo, pero en muchos casos se llegan a utilizar en forma
simultánea varios de estos elementos, con lo cual el circuito es sometido a una peligrosa sobrecarga (Fig.
15-C).
Los fusibles de una instalación deben calcularse en base al consumo normal de ésta: en esas cir-
cunstancias, ante cualquier aumento de intensidad, se funden, con lo cual cumplen su cometido, que es el
de proteger la instalación. Cuando este hecho se repite con cierta frecuencia, muchos usuarios, en vez de
tratar de establecer la causa que lo provoca, optan por reemplazar el fusible por otro de mayor capacidad
e inclusive por alambres de sección exagerada. Otros efectúan «puentes» para eliminar los fusibles o
introducen monedas en los porta cartuchos; en esta condiciones el recalentamiento o cortocircuito puede
producirse en cualquier ramal o artefacto, con el peligro subsiguiente de incendio (Fig. 15 B).
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Otro riesgo habitual es el de reemplazar el enchufe de un artefacto de alto consumo por otro de
menor amperaje, cosa muy frecuente en el caso de elementos térmicos, como calentadores, planchas y
estufas. Esto no sólo llega a determinar combustiones, sino que también constituye un permanente peli-
gro de electrocución para el usuario.
Los enchufes triples configuran un riesgo potencial que muchas veces pasa inadvertido para
quien lo provoca. En términos generales, suponen el empleo de dos o tres aparatos donde Normalmente
habría que conectar uno solo, pero en muchos casos se llegan a utilizar en forma simultánea varios de
estos elementos, con lo cual el circuito es sometido a una peligrosa sobrecarga (Fig. 15-C).
Las conexiones no deben ser tironeadas, ya que de esta manera se debilitan los conductores, y
luego no soportan la temperatura derivada del aumento de resistencia eléctrica que se produce por la
disminución de sección en los mismos.
En las instalaciones aéreas se evitará el uso de clavos o grampas para sujetarlas a las partes fijas
de la edificación, porque si lesionan o dañan el revestimiento aislante de los conductores, son capaces de
originar incendios y accidentes.
En muchos casos, luego de utilizar un equipo eléctrico portátil, se procede a enrollar el cable
alrededor del mismo sin esperar su enfriamiento; la repetición de tales operaciones hace que se deteriore
la aislación y que al emplear nuevamente el aparato se produzcan recalentamientos y cortocircuitos.
Los calentadores eléctricos y otros elementos térmicos similares presentan los riesgos derivados
del calor y la temperatura que generan, pero aún considerando sólo el aspecto eléctrico, pueden ocasio-
nar incendios por conexiones defectuosas y por el deterioro de los cables en las partes más cercanas a las
resistencias. Debe tenerse especial cuidado, entonces para que estos conductores sean de una sección
adecuada, y que su cobertura aislante sea bien flexible y resistente al calor.
La temperatura de funcionamiento de los tubos fluorescentes es mucho menor que la correspon-
diente a las lámparas comunes, pero se requiere gran potencial en los sistemas de encendido. En éstos
se emplean reactancias y arrancadores, que son capaces de desarrollar altas temperaturas en forma
instantánea, y cuyo funcionamiento debe ser verificado con cierta frecuencia. Normalmente la tempera-
tura en casi toda la superficie del tubo no excede de 40° C, pero en los sectores inmediatos a los cátodos
llega hasta los 120° C. No deben instalarse tubos fluorescentes en ambientes con gases inflamables, ni
tampoco sobre materiales de naturaleza combustible.
Los motores eléctricos son la causa de muchos incendios. La ignición de las partes aislantes del
motor puede ser ocasionada por chispas o arcos, por cortocircuitos o por escobillas que actúan deficien-
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temente. Dejando de lado el problema eléctrico, también puede haber incendios por recalentamiento de
los cojinetes, en especial por exceso de trabajo y falta de lubricación. Cuando los motores no son blin-
dados, los polvos y otros elementos suspendidos en el aire llegan a obturar las aberturas de ventilación,
impidiendo la normal disipación del calor. Para evitar los recalentamientos de este tipo se deben lubricar
y limpiar todos los motores instalados, de acuerdo con un plan regular. Cuando un ambiente contenga
concentraciones peligrosas de gases inflamables, habrá que emplear motores aprueba de explosión. Si
se trata de polvos en suspensión o gases de menor riesgo se recurrirá a los motores blindados comunes.
(Fig. 16-A) .
Fig. 16 A - En locales contaminados por gases o polvos hay que usar motores eléctricos blin-
dados
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mente fabricado, es sometido a intensidades muy superiores a las permitidas por su sección. En éste, y
otros casos similares, de nada sirve la buena calidad del elemento en sí.
Muchos transformadores enfriados por medio de aceite tienen aisladores de porcelana en su
parte superior. Estos pueden quebrarse por efecto del calor, y si ello sucede se libera una cierta cantidad
de aceite, capaz de entrar en ignición con suma facilidad y de propagar el fuego a otros transformadores
o materiales próximos.
También las llaves interruptoras bañadas en aceite pueden ocasionar un incendio. El aceite se va
evaporando gradualmente y si la cantidad que queda en el receptáculo es muy poca, el calor de los arcos
producidos por los cortes de la llave llega a vaporizarla e inflamarla. Para que esto no ocurra se debe
controlar y reponer periódicamente el nivel de aceite (Fig. 17 A).
No es recomendable efectuar instalaciones bajo molduras de madera porque, si bien ofrecen una
buena protección mecánica, son combustibles, y pueden propagar fácilmente un principio de incendio a la
largo de su recorrido, hasta una distancia considerable (Fig. 17 B).
Fig. 17 B
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Los ramales embutidos en caños metálicos son generalmente seguros desde el punto de vista del
incendio. Sin embargo, cuando los caños poseen rebabas internas pueden desgarrar la envoltura aislante
de los conductores en una gran extensión, con las imaginables consecuencias.
También pueden acumular agua por condensación y filtraciones, o a través de aberturas en di-
recta comunicación con el aire libre, permitiendo en este último caso la entrada de agua de lluvia. Otro
peligro es el del eventual aplastamiento del caño, que muchas veces llega a lesionar los conductores.
Cuando una instalación eléctrica atraviesa paredes, tabiques, o techos, hay que evitar el acerca-
miento o cruce con líneas telefónicas o tuberías de gas, porque un anormal recalentamiento o cortocircui-
to es capaz de originar, en la primera situación, el corte de tal servicio de comunicación (o la sobreelectri-
ficación de la línea telefónica con los imaginables riesgos para los usuarios), y en la segunda, una violenta
combustión o explosión, si llega a perforar la cañería.
ELECTRICIDAD ESTÁTICA
resulte riesgosa.
Los párrafos siguientes sintetizan las situa-
ciones más comunes que determinan la producción de
electricidad estática y las correspondientes medidas
para anularla; en casos análogos se deberá proceder
del mismo modo, aunque no se tenga la certeza de que
la carga generada sea realmente peligrosa (Fig. 18).
La fricción entre las correas y poleas produce
electricidad estática; la cantidad depende de varios
factores, en especial la humedad ambiente, las dimen-
siones de la correa, la calidad de los materiales y la
velocidad de desplazamiento.
En ciertos casos se alcanzan diferencias de
potencial de hasta 25.000 voltios.
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El peligro es mucho menor en correas trapezoidales, porque el contacto entre éstas y las poleas
es mejor y más constante. La carga eléctrica no desaparece con la simple puesta a tierra de la polea, y
por ese motivo es necesario hacer lo mismo con la correa. En muchos casos se han obtenido resultados
satisfactorios al colocar “peines” de bronce con descarga a tierra en el sitio preciso donde la correa aban-
dona la polea metálica. Otro método bastante utilizado consiste en cubrir la cara interna de la correa con
un producto conductor de la electricidad (a base de glicerina), para que las cargas pasen a la polea y de
allí a tierra.
La puesta a tierra de las poleas se hace generalmente a través de los “paliers” y soportes de las
máquinas; como las grasas o aceites lubricantes que se emplean en estos lugares pueden interrumpir la
continuidad de la descarga, se adicionan escobillas o láminas metálicas flexibles que frotan directamente
sobre el eje de la polea (Fig. 19 A y 19 B) .
También se produce electricidad estática en las máquinas que emplean rodillos, vale decir aqué-
llas que utilizan dos o más cuerpos cilíndricos, colocados a escasa distancia uno del otro, y que giran en
sentidos opuestos a fin de hacer pasar entre ellos diversos tipos de sustancias. Lógicamente, el riesgo de
incendio corre parejo con la mayor o menor combustibilidad de los materiales en tratamiento.
En las industrias dedicadas a la fabricación de pintura, esmaltes y barnices, tinta para imprimir,
tejidos encauchados y telas adhesivas (y también en las imprentas), deben asegurarse las descargas a
tierra de las maquinarias mediante procedimientos adecuados a cada caso. Entre los más popularizados
se hallan los que actúan humedeciendo o ionizando la atmósfera de trabajo (Fig. 20).
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En el primer procedimiento se trata de mantener un elevado porcentaje de humedad, logrando
con ello la formación de una fina película húmeda sobre la superficie de los materiales aislantes, por don-
de se descarga la electricidad estática generada. Como término medio se estima necesaria una humedad
ambiente superior al 65 % para obtener buenos resultados.
Esta operación no puede ser aplicada en ciertos procesos industriales, por resultar perjudicial a
las sustancias en tratamiento. Tampoco es posible emplearla cuando las etapas de fabricación implican
superficies o ambientes calientes, pues entonces se produce la disipación de las capas de humedad.
En tales casos se opta por los procesos de ionización, en los que se utilizan elementos radiactivos
o de alta tensión, que inciden directamente sobre la atmósfera que circunda los equipos, convirtiéndola
en buena conductora de la electricidad.
La gran mayoría de los líquidos inflamables ofrece una resistencia eléctrica muy elevada; por
ese motivo todas las operaciones que se efectúan con los mismos (transporte, manipulación, y pueden
resumirse en los siguientes conceptos:
• Las diferentes partes o tramos de las tuberías (móviles o fijas) se conectarán por medio de “puentes”
de sección adecuada, cuando las juntas u otros elementos no permitan un contacto franco. Todas las
tuberías y sistemas complementarios serán puestos a tierra (Fig. 21 A).
Fig. 21 A - “Puente” entre dos tramos de una tubería para líquidos inflamables
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• Cuando se proceda a la carga o descarga de camiones tanque o vehículos similares, se establecerá
un perfecto contacto eléctrico entre las partes que intervienen en la operación (tanque que se carga y
tanque que se descarga), y se proporcionará una adecuada puesta a tierra permanente (Fig. 21B).
• Se efectuará idéntico procedimiento cuando se manipulen solventes, aún en el supuesto de que los
recipientes no sean conductores de electricidad, ya que prácticamente siempre se genera una carga
estática.
• Las lanzas o “picos” de las mangueras correspondientes a surtidores de inflamables o instalaciones
similares, se unirán eléctricamente con los depósitos de alimentación; cuando se cargue un tanque
cualquiera habrá que cerciorarse de que el pico haga contacto con la boca metálica de aquel (Fig.
22).
• Las máquinas lavadoras que emplean hidrocarburos bencénicos, naftas especiales, solventes, etc.,
(en los sistemas de limpieza “a seco”) deben contar con una efectiva puesta a tierra, tanto en las
piezas fijas como en las móviles; esto último puede lograrse mediante la utilización de frotadores
metálicos, tal como fuera aconsejado anteriormente al tratar el caso de las correas y poleas.
El empleo de las pinturas mediante sopletes o “pistolas” produce electricidad estática, cuya
carga varía con la naturaleza de la pintura y presión utilizadas; por lo tanto, es recomendable proveer una
descarga directa a tierra.
Debe observarse idéntica precaución cuando se manipulan picos de vapor de agua para efectuar
la limpieza de tanques con restos de líquidos inflamables; los obreros que realizan esa labor (es decir que
llevan en sus manos los picos aludidos) tienen que usar calzado conductor de la electricidad, para asegu-
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rar la puesta a tierra de las cargas generadas por los rozamientos del vapor contra las caras internas de
los picos.
También se produce electricidad estática por el desplazamiento del polvo (orgánico e inorgánico)
a través de los conductos de extracción que normalmente se utilizan en los establecimientos textiles, de
molienda, etc.
Anualmente mueren muchas personas, y otras resultan quemadas por las explosiones e incendios
ocasionados por el uso de líquidos inflamables; del mismo modo esos accidentes provocan grandes lesio-
nes a la economía del país por la magnitud de los daños materiales que en cada caso producen.
Estos conceptos no se refieren exclusivamente a los establecimientos que utilizan líquidos infla-
mables en grandes cantidades, sino también a aquellos otros en los cuales su uso es más restringido e
inclusive a los comercios, que pueden emplearlos o expenderlos, y a las casas de familia. En efecto, los
peligros son mayores en estos últimos lugares, porque generalmente por desconocimiento se menospre-
cia la gravedad de la situación.
Este manual sólo brinda un bosquejo explicativo de lo que debe hacerse para reducir los riesgos
que tales líquidos implican; en consecuencia, no pretende ser exhaustivo ni soslayar la necesidad del
tratamiento particular que cada caso imponga.
Para aplicar las recomendaciones de los párrafos siguientes es necesario conocer primero las
propiedades de los líquidos que se emplean en la fábrica o comercio. Cuando no se tiene la certeza de
que dichos líquidos suponen un riesgo, tanto en lo que se refiere a incendio como a toxicidad, se deben
requerir datos concretos al proveedor. Una vez conocidas sus características se ilustrará debidamente a
todo el personal que tenga alguna relación con los mismos, para que aplique las correspondientes medi-
das de prevención.
No siempre es fácil sustituir un líquido peligroso por otro que implique menos riesgos, pero cuan-
do las características del proceso o trabajo a realizar lo permiten, eso es lo primero que debe hacerse.
Si un líquido inflamable puede ser reemplazado por otro que no sea inflamable ni tóxico, el pro-
blema se halla resuelto (por ejemplo, emplear un detergente para la limpieza y desengrasado de materia-
les, en lugar de solventes derivados del petróleo) .
Cuando ello no es posible, el riesgo de incendio se reduce cambiando el líquido por otro menos
peligroso (por ejemplo, usar alcoholes en vez de subproductos del petróleo).
Por último, si el inflamable sólo puede ser sustituido por otro líquido no inflamable pero tóxico,
habrá que efectuar un cuidadoso estudio del caso en cuestión, aunque generalmente lo más aconsejable
será emplear el que no presente peligro de incendio, asegurando una perfecta ventilación del lugar de
trabajo (por ejemplo, utilizar tricloroetileno o percloroetileno en vez de solventes inflamables) .
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DISTRIBUCIÓN DE LOS LÍQUIDOS
En todos los casos se deben adoptar sistemas seguros de distribución, aunque la cantidad de
líquido inflamable que se emplee sea reducida.
Uno de los objetos de tal acción es el de garantizar que la cantidad de líquido en el lugar de tra-
bajo sea, en todo momento, la mínima posible y que las reservas se mantengan en locales especialmente
preparados (Fig. 23).
Las cantidades mayores deben ser distribuidas exclusivamente por un sistema de cañerías fijas,
provisto de válvulas de corte rápido, tanto en los lugares de consumo como de depósito, válvulas que en
circuitos extensos también se intercalarán en puntos estratégicos intermedios.
Debe evitarse la instalación de estanques elevados especialmente en o sobre los edificios, a
causa de las serias consecuencias que tendría una eventual pérdida de líquido.
Si no queda más recurso que permitir que el líquido fluya por gravitación, se adoptarán medios de
control que permitan, en caso de necesidad, el corte inmediato de la vena líquida.
Por supuesto que los más seguro es poner los tanques en un nivel bajo, y desde allí bombear el
líquido al plano que corresponda (Fig. 24).
NO
SI
Fig. 23 - La cantidad de líquido en lugar de trabajo siempre debe ser la mínima posible
Además, el suministro a los equipos de consumo contará siempre con una válvula accionable a
resorte o contrapesa, que se cierre automáticamente cuando ocurre un incendio.
En forma independiente puede instalarse un sistema de comando a distancia, que permita drenar
el contenido de los tanques hacia un lugar más seguro, si se produce fuego en las inmediaciones o en
uno de ellos (lógicamente, este procedimiento no puede adoptarse con el tanque en llamas, porque así se
correría el riesgo de provocar una explosión).
Si un líquido inflamable debe ser manipulado en pequeñas cantidades, los recipientes serán de
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características tales que:
Fig. 24
Los líquidos inflamables pueden derramarse sobre el piso o esparcirse a causa del excesivo lle-
nado de los tanques usados para su depósito o procesamiento, o por caída de los mismos.
Tales derrames ocasionan una situación muy peligrosa, y por lo tanto deben tomarse ciertas
medidas para impedir que se produzcan, o para mitigar sus consecuencias cuando ya han sucedido ( Fig.
25).
Cuanto más fácilmente se esparza el líquido derramado, mayores son las posibilidades de que
entre en ignición; del mismo modo, la extensión del fuego resultante será más amplia.
Asimismo, cuanto mayor sea la superficie expuesta del líquido, más abundante será la cantidad
de vapor emitida, aumentando las posibilidades de que se produzca una explosión y de que ésta sea vio-
lenta.
Tanto si el líquido se halla en grandes o pequeñas cantidades, como si se encuentra en depósito
o en uso, o si los recipientes son fijos o portátiles, hay que tomar medidas para restringir la difusión de
cualquier derrame. El método a emplear dependerá de las cantidades afectadas y del diseño del edificio
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en el cual se encuentran los tanques.
Los recipientes de poca capacidad sólo precisan una bandeja o elemento similar debajo de ellos,
especialmente cuando se los emplea en lugares de trabajo.
Si la cantidad de líquido utilizada en un local cualquiera es considerable y no existe la posibilidad
de disminuirla, se debe elevar el nivel de los umbrales correspondientes a sus puertas, para que los de-
rrames no sobrepasen sus límites (en tales casos se suelen hacer rampas para facilitar el desplazamiento
de los carritos.
Los tanques de gran volumen deben ubicarse en fosas especiales, o cercarse con paredes resis-
tentes o “montículos” de tierra firmemente apisonada (Fig. 26 B).
En todos estos casos, la capacidad del medio de retención será suficiente para el líquido contenido en
los tanques o recipientes, a menos que puedan adoptarse medidas para drenarlos con seguridad a otro
sitio.
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ejemplo, el de cerrar (automáticamente ) una válvula en la alimentación cuando el líquido alcanza un
nivel predeterminado; para evitar la sobrepresión en el caño se hace retornar el líquido a la succión de la
bomba.
También puede hacerse que la bomba se detenga automáticamente.
Aunque se trate de impedir la volatilización de los líquidos inflamables por medio del uso de
recipientes cerrados una cierta cantidad de vapores puede escaparse durante los procesos y difundirse en
el aire ambiente, determinando la formación de mezclas explosivas. Si esto ocurre en un local o cualquier
otro lugar cerrado, las consecuencias pueden ser desastrosas.
El remedio es la ventilación, aplicada lo más cerca posible de la fuente de emisión del vapor ( un
ventilador en la pared no aporta solución alguna (Fig. 27-A).
Cuando se pinta con soplete, puede hallarse la forma de realizar el trabajo en un lugar cerrado,
debidamente ventilado, en el que sólo exista una parte abierta para la manipulación de los elementos a
pintar.
En hornos de secado de pintura es posible evitar las concentraciones peligrosas por medio de
extractores (Fig. 27 B). En casos extremos se requieren controles automáticos que detengan el proceso al
alcanzarse condiciones riesgosas. Los tubos de ventilación de los tanques fijos deben terminar en lugares
seguros, bien alejados de cualquier fuente de ignición, y estar provistos de mallas metálicas cortalla-
mas.
Como ya se ha dicho, los líquidos inflamables se guardan en tanques y recipientes que no per-
mitan el escape del vapor a la atmósfera, pero si los mismos están parcialmente llenos, las mezclas
inflamables o explosivas pueden llegar a formarse en su interior.
Fig. 27 A - 64
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CONDUCTO EXTRACTOR
En algunos casos es recomendable reemplazar el aire de los tanques con anhídrido carbónico o
nitrógeno. Líquidos tales como el disulfito de carbono y el éter, justifican dicho tratamiento por su alta
volatilidad y facilidad de ignición.
Cuando el inflamable no se mezcla con el agua, puede suplantarse el aire con ésta, ya sea por
debajo o por encima del líquido.
Siempre que se deja de usar un tanque por un tiempo prolongado hay que llenarlo con agua hasta
el momento en que se lo utilice de nuevo, ya que estando aparentemente vacío, puede ser todavía peli-
groso por los vapores acumulados en su interior.
FUENTES DE IGNICIÓN
Una precaución obvia y muy importante es la de eliminar todas las fuentes de ignición en los
locales o lugares donde se trabaja con líquidos inflamables. En estos casos:
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OTROS RIESGOS
Además de las instalaciones y situaciones comentadas bajo los títulos anteriores, existen otras
capaces de generar riesgos de incendio, cuyo tratamiento por separado exigiría una extensión incompati-
ble con el carácter de este trabajo.
Ello no implica que tales riesgos sean considerados de importancia secundaria, ya que en muchos casos
derivan en la producción de verdaderos siniestros y, en otros, como ocurre con ciertas sustancias peligro-
sas, constituyen el principal motivo de preocupación para las firmas que los elaboran o utilizan.
CALENTAMIENTO ESPONTÁNEO
Es un fenómeno generado por procesos químicos y bacteriológicos, sin intervención de una fuente externa
de calor .
Las formas más típicas de producción de calentamiento espontáneo son:
• La combinación de una sustancia con el oxígeno atmosférico, como en el caso de los agentes secan-
tes o semisecantes, y el carbón (Fig. 28);
• La acción de microorganismos, como ocurre con el heno; y,
• La simple descomposición, tal como se manifiesta en los abonos líquidos.
FÓSFOROS Y CIGARRILLOS
Cuando las características del lugar permiten que se fume, debe proveerse una cantidad suficien-
te de ceniceros metálicos, de buen tamaño, que se vaciarán regularmente. Conviene también tomar me-
didas para que tales recipientes no puedan emplearse para arrojar paquetes vacíos de cigarrillos, papeles
u otros elementos combustibles.
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Sin embargo, el riesgo mayor lo provocan los fumadores subrepticios que no se abstienen de su
hábito en depósitos u otros lugares, que pueden ser peligrosos por la naturaleza de los materiales que en
ellos se encuentran.
Cuando los riesgos sean extremos no bastará con la prohibición de fumar, sino que será necesario
impedir que el personal lleve consigo encendedores, fósforos y cigarrillos.
CHISPAS
RESIDUOS
Es extremadamente importante que todos los locales se mantengan limpios. Luego de barrer los
pisos, la basura debe ser destruida en un incinerador adecuado.
Si esto no fuera posible se la mantendrá fuera de los locales, en recipientes incombustibles (con
tapa) por el tiempo mínimo indispensable hasta su traslado o destrucción.
Fig. 29 - Chimenea
RECALENTAMIENTO
Los ejes y cojinetes de muchos tipos de máquinas pueden provocar principios de incendios.
Esto se evita mediante una adecuada lubricación, aunque ésta no debe ser excesiva, pues los
sobrantes de aceite y grasa constituyen riesgos adicionales, máxime cuando caen sobre el piso de madera
o cuando se trata de establecimientos textiles.
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POLVOS
Casi todos los polvos (aún los correspondientes a muchos metales) son combustibles, y cuando se
encuentran suspendidos en el aire presentan características inflamables.
Las acumulaciones de polvo arden fácilmente, hasta con elementos ígneos de poca capacidad
calorífica, como un fósforo o una chispa. Son particularmente peligrosas sobre molduras y tirantes, pues
al exceder ciertos volúmenes pueden desprenderse y originar verdaderas explosiones.
Fig. 30
Son frecuentemente responsables de muchos incendios. Cuando se efectúan tareas de esta índo-
le en un establecimiento, tanto por intermedio de personal propio como por vía de contratistas, deben ser
supervisadas a conciencia. Lo mismo se hará con los sectores vecinos, para asegurarse de que no existe
la posibilidad de que las chispas desprendidas ocasionen principios de incendios.
Si se hacen en un local que ofrece riesgos deben emplearse biombos incombustibles para cercar
el equipo y los elementos afectados (Fig. 31).
ACONDICIONAMIENTO DE MATERIALES
CONCEPTOS FINALES
Todos los materiales, equipos y elementos de los establecimientos deben ser cuidadosamente
inspeccionados con el objeto de determinar si sus partes o componentes combustibles pueden cambiarse
por otros incombustibles o que tengan mayor resistencia al fuego. Si ello no es posible se tratará de pro-
tegerlos para prevenir o retardar su combustión.
Cuando se empleen materias primas inflamables, sólo se tendrá en el local de trabajo la cantidad
necesaria para desarrollar la labor diaria.
Los restos de materiales combustibles que se acumulen en los lugares de trabajo serán retirados
a intervalos frecuentes.
La Protección Pasiva o Estructural tiene por objeto impedir o limitar la propagación de los incen-
dios. Como su nombre lo indica, se ocupa de las estructuras o edificios, tratando de brindarles el máximo
de protección contra el fuego, y de posibilitar el escape de las personas.
Para ello parte de la base de que el incendio es una posibilidad permanente, es decir que presu-
pone que la prevención pueda fallar, y que, inclusive, la extinción puede no ser efectiva.
La Protección Estructural debe ser tomada en consideración en el proyecto del edificio, o en el
caso de construcciones ya existentes, aplicada de una manera racional, que permita corregir las deficien-
cias originales.
A continuación se incluyen algunos de los principales rubros que estudia esta técnica, pero sólo
como complemento de las exigencias establecidas por las disposiciones legales en vigencia.
RESISTENCIA AL FUEGO
El solo intento de introducir mejoras destinadas a elevar la resistencia al fuego de pisos y pare-
des, o a detener el avance de un eventual incendio, mediante la construcción de subdivisiones de material
puede parecer difícil, ya fuera porque inevitablemente origina complicaciones, o bien gastos elevados no
previstos para ese fin. Ello no justifica de modo alguno el abandono del intento; será más o menos dificul-
toso, pero nunca imposible.
El cuadro indica cuál es la resistencia al fuego de los tipos de paredes más comunes:
Los dos factores de mayor importancia para aumentar la resistencia contra el fuego de un edificio
ya existente son: el tipo de la construcción y la actitud que adopte el propietario con respecto a tal pro-
blema. Inclusive un edificio con partes de madera puede ser mejorado hasta conseguir una resistencia de
aproximadamente media hora, lapso que permite la segura evacuación de sus ocupantes. En otros casos,
cuando los materiales empleados no son de tan pobre calidad pueden lograrse resistencias de hasta una
hora (Fig. 32).
Cuando se trata de edificios altos, o donde la cantidad y/o combustibilidad de las existencias es
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Bloques
Hormigón
Ladrillos Hormigón Resistencia al fuego
Armado
Espesor Cm (Huecos) Horas
Espesor en Cm
Espesor en Cm
30 15 45 4
15 10 30 2
10 7 15 1
muy elevada, deben obtenerse dos horas de resistencia como mínimo. Todas las estimaciones de tiempo
aludidas son susceptibles de ser aumentadas considerablemente cuando los propietarios se hallan dis-
puestos a gastar lo necesario para asegurar la preservación del inmueble en caso de incendio.
Los conceptos siguientes se refieren en especial a las plantas industriales, aunque también pue-
den aplicarse a los comercios que ocupan grandes superficies en la planta baja de cualquier inmueble.
El principal propósito es el de separar los sectores de gran peligrosidad de aquellos otros que
ofrecen riesgos menores. Entre los primeros pueden mencionarse los depósitos de inflamables, instala-
ciones térmicas, talleres de carpintería, cámaras transformadoras, etc.
Las cocinas correspondientes a los comedores de empleados y obreros deben ser consideradas
muy peligrosas, y por lo tanto segregadas del cuerpo principal de la edificación.
Se prestará preferente atención a los depósitos, de cualquier clase que fueren. La cantidad de
material combustible es, en esos lugares, mucho mayor que en otros sectores de un establecimiento co-
mercial o industrial, debido a la necesidad de aprovechar al máximo el espacio disponible.
SUBDIVISION INTERIOR
Los grandes locales utilizados por el comercio o la industria generalmente carecen de subdivisio-
nes interiores, hecho que facilita la rápida propagación de cualquier incendio.
Del mismo modo, son muy pocas las cajas de escalera que poseen protección contra la difusión
del humo generado a consecuencia de una combustión, el que puede así invadir en contados segundos
todos los pasillos, corredores y locales ubicados en cada una de las plantas del inmueble.
Deben hacerse todos los esfuerzos posibles para lograr adecuada subdivisión de ambientes, aun-
que los materiales empleados en la construcción original sean de naturaleza combustible. Resulta viable,
por ejemplo, instalar puertas de cierre automático, resistentes al fuego, aunque el resto del local no lo
sea.
El objeto que persigue la subdivisión interior es el de reducir al mínimo posible la capacidad am-
biental de los locales, condicionándola a las exigencias que presenta cada lugar de trabajo. (Fig. 33 A – 33
B).
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Fig. 32 – Una construcción de madera incrementa las pérdidas; una construcción de mampostería las limita
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FALSOS TECHOS Y TABIQUES PROVISORIOS
Desde el punto de vista de la rápida propagación del fuego merecen preferente atención los
falsos techos, los tabiques provisorios, los paneles decorativos y otras estructuras similares, que son
utilizados por grandes comercios (Fig. 34).
En tales casos se recomienda especialmente:
Si resulta imprescindible emplear elementos combustibles para estos propósitos, se los debe
someter previamente a tratamientos con ignífugos, que si bien no constituyen una solución ideal, por lo
menos diminuyen la combustibilidad a límites aceptados.
SÓTANOS Y SUBSUELOS
La mayoría de los comercios e industrias poseen grandes sótanos o subsuelos; ambos presentan
serios problemas en todo cuanto se relaciona con las vías de escape, la propagación del fuego y la venti-
lación, ya que el medio de acceso es generalmente el único lugar por donde se pueden evacuar el humo,
el aire caliente y los demás productos de la combustión.
Los subsuelos de las grandes tiendas, que se usan como
salones de venta, tiendas, tienen escaleras vinculadas directamente con la planta baja, siendo muy difícil
protegerlas en forma adecuada. En estos caso la solución consiste en proveer un suficiente número de
escaleras auxiliares, completamente protegidas, que conduzcan a la vía pública.
Los sótanos o subsuelos destinados a cualquier otro fin (especialmente a depósitos) deben ser
separados del resto del edificio, y unos de otros, por medio de materiales resistentes al fuego (por lo me-
nos de dos horas de resistencia), materiales que también deberán emplearse en la protección de cajas de
escaleras y ascensores que comuniquen con tales niveles inferiores. Esto es particularmente importante
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Fig. 33 - B - La aislación de los lugares con riesgos espécificos diminuye la posibilidad de in-
cendios
Fig. 34 – Los falsos techos son peligrosos porque el fuego puede propagarse a través de los
mismos; cuando sean imprescindibles deben ser estructuras metálicas
cuando en los mismos existan calderas, quemadores de petróleo, incineradores u otros equipos similares
(Fig. 35).
MEDIOS DE ESCAPE
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cierre automático resistentes al fuego.
Antes de encarar cualquier modificación deben considerarse detenidamente los puntos siguien-
tes que brindan un panorama del tema en cuestión.
TIPO DE CONSTRUCCIÓN
Tanto las industrias como los comercios pueden ocupar edificios antiguos o modernos, y a veces,
una combinación de ambos, sin solución de continuidad, o más claramente, sin que exista entre ellos una
efectiva separación contra incendio. En estos casos debe considerarse que los medios de escape aplica-
bles a la parte más peligrosa son igualmente de aplicación al otro sector.
DISTANCIA A RECORRER
La velocidad promedio con que se desplaza la gente desde un lugar cualquiera del edificio hasta
las salidas o las escaleras puede estimarse en 16 metros por minuto. Si tomamos como base un tiempo de
Fig. 36 – La
distancia de los
medios de sali-
da debe ser la
mínima posible
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evacuación de 2 minutos y medio, la máxima distancia entre un punto de la planta y una escalera o salida
a la vía pública, no tiene que exceder de 40 metros, medidos a lo largo de la ruta de escape. Cuando el
tiempo de evacuación es menor esta distancia debe ser acortada; tal es el caso de talleres y otros locales
peligrosos.
PROTECCIÓN DE ESCALERAS
En cualquier edificio que posea más de una planta es sumamente importante proteger las esca-
leras, que constituyen el único medio de escape para los ocupantes. La protección mínima que se debe
dar a una escalera consiste en construirla dentro de una caja de material, de por lo menos una hora de
resistencia al fuego, lo que será suficiente para asegurar la evacuación. Sin embargo, la mejor solución
aportada por la moderna técnica de la protección hace necesaria la construcción de una “caja de escalera
aislada”, que permite lograr fácilmente los siguientes objetivos :
• Impedir o dificultar la propagación vertical de los incendios y del humo, cosa que resulta imposible de
lograr con las escaleras convencionales (Fig. 37);
• Facilitar la evacuación de las personas que se hallan en los pisos superiores al afectado por el incen-
dio, sin necesidad de recurrir a escaleras exteriores de emergencia; y
• Proporcionar a los bomberos un lugar seguro, en el mismo piso del incendio, para iniciar desde allí las
labores de rescate y extinción.
Básicamente, cada “caja de escalera aislada” es una estructura resistente al fuego, que encierra
a la escalera, al ascensor (desde el último subsuelo hasta la azotea) y a un pasillo ventilado en cada piso.
Para llegar hasta la escalera o el ascensor, hay que atravesar (desde cualquier planta) el pasillo aludido,
que siempre está separado, tanto de la escalera como del resto del piso, por sendas puertas resistentes
al fuego y de cierre automático (Fig. 38) .
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Fig. 38 - Caja de escalera aislada: vista en perspectiva
Cuando la naturaleza de la industria o del comercio no hace posible que todas las escaleras
adopten esta forma, se debe tratar de que por lo menos haya una por cada cuerpo, para ser empleada en
caso de incendio. De esta manera, aunque toda la construcción sea invadida por el humo, se tendrá la
seguridad de que dicha escalera no será afectada por éste.
Como recién se ha dicho, debe darse por sentado que muchas industrias y comercios hacen nece-
saria la utilización de escaleras abiertas y escaleras mecánicas, para la normal circulación de los clientes
y operarios. Ya se ha recalcado el peligro que esto significa, pero en vista de que son imprescindibles,
sería poco razonable tratar de eliminarlas. En estos casos, y aunque algunos tramos de tales escaleras
puedan ser empleadas para la evacuación en caso de incendio, no se las considerará como medios válidos
de escape.
RUTAS DE ESCAPE
Las rutas de escape de los pisos superiores no deben pasar cerca de las escaleras abiertas, o
pozos de aire y luz que puedan llenarse de humo en caso de incendio. Esto resulta a veces difícil de conse-
guir en los edificios antiguos que son largos y angostos, y en los cuales las escaleras se hallan dispuestas
de tal manera que el humo se difundiría rápidamente por todos los locales. En estos casos puede ser
necesario que la distancia máxima a recorrer no supere los 16 metros
También se debe prestar atención a los siguientes puntos:
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• No se obstruirán con elemento alguno, ni si se las utilizará en los negocios como lugares adicionales
de exhibición ni propaganda.
• Las entradas a las rutas de escape no podrán disimularse con elementos de ninguna clase;
• Dentro de las cajas de escaleras aisladas no se ubicarán materiales de naturaleza combustible, aun-
que éstos no obstruyan el paso;
• El recorrido de las rutas de escape no debe ser nunca ascendente, excepto en el caso de las escaleras
de los sótanos o subsuelos;
• Las puertas de las rutas de escape se abrirán fácil y rápidamente (las puertas giratorias no son satis-
factorias para estos usos).
No podrán emplearse como medio de escape para el público en los comercios, aunque pueden
cumplir tal cometido en fábricas u otros establecimientos, donde se tenga la seguridad de que todas las
personas sepan como emplearlas. Debe tenerse presente que las escaleras exteriores de hierro son un
mero sustituto de las escaleras interiores y que su principal objetivo consiste en corregir deficiencias es-
tructurales de la edificación, cuando no hay posibilidad alguna de efectuar una modificación más radical,
ya sea por razones económicas o de espacio. Al instalar un elemento de este tipo habrá que asegurarse de
que se trata de una verdadera escalera y no de una escalera de gato, que por sus características no puede
ser utilizada por cualquier persona. Todos los conceptos anteriores tendrán validez cuando la escalera se
mantenga en perfecto estado de conservación, vale decir que no sea afectada por la corrosión u otros
agentes deteriorantes.
Normalmente no resultan aconsejables para la evacuación del público en los comercios, pero
sí pueden emplearse en los lugares citados en el número anterior. Se debe contemplar la posibilidad de
establecer una comunicación directa entre los extremos superiores de las escaleras, para que en caso de
bloqueo de alguna de ellas exista siempre la posibilidad de llegar hasta la otra desde la azotea, sin nece-
sidad de aventurarse por las plantas más elevadas que la del incendio, que pueden hallarse invadidas por
el humo.
INDICACIÓN DE SALIDAS
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ILUMINACIÓN DE EMERGENCIA
Siempre resulta muy recomendable contar con circuitos independientes de iluminación eléctrica
para las rutas de escape, para asegurarse de que cualquier inconveniente que se produzca en la instala-
ción del edificio no afectará los planes de evacuación. Del mismo modo es conveniente poseer un gene-
rador o grupo de baterías, para alimentar directamente tal circuito en caso de corte total de la energía
eléctrica, en especial cuando se trata de un gran comercio o establecimiento fabril.
Debido a la gran importancia que juegan en la propagación de los incendios, debe tenerse mucho
cuidado en no dejar abiertas las puertas especiales para incendio, pese a las incomodidades que ello pue-
da originar. Se deben fijar carteles sobre las mismas, haciendo resaltar esa circunstancia, en tanto que el
personal de vigilancia del establecimiento prestará preferente atención al cumplirse de la obligación de
mantenerlas cerradas, muy particularmente en el caso de las puertas que dan acceso a las escaleras.
Estas puertas cumplen dos propósitos fundamentales: primero, proteger las rutas de escape y,
segundo, dificultar la propagación del fuego a otros lugares. Desde el punto de vista de sus características
se puede establecer una división.
En este caso no se hace referencia a elementos de construcción extra sólida, sino a puertas que
en apariencia son comunes, pero que en realidad tienen una hora de resistencia al fuego como mínimo.
Este resultado puede obtenerse con madera maciza o laminada de 5 cm. de espesor, y un mecanismo de
cierre automático, que haga imposible que las puertas queden abiertas por descuido. Cuando sea impres-
cindible dotarlas de vidrios, éstos serán del tipo armado, y su superficie no podrá exceder de 250 cm2 por
cada hoja (Fig. 40) .
Normalmente son puertas corredizas, provistas de un sistema de cierre automático, que actúa en
base a elementos fusibles; el desplazamiento de la puerta puede ser lateral o del tipo a guillotina. Sus
caras son de acero laminado de diverso espesor y su parte interna puede ser de madera dura, carbón o
amianto, de acuerdo con el grado de resistencia al fuego que se desee obtener. En estas puertas no se
permite la instalación de parte alguna de vidrio (Fig. 41 A y 41 B).
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PROTECCIÓN ACTIVA O EXTINCIÓN
La Protección Activa o Extinción, como su nombre lo indica, tiene por objeto extinguir los incen-
dios.
A diferencia de las anteriores ramas de la Protección Contra Incendio, no actúa independiente-
mente, sino que en gran parte se maneja con sus resultados; vale decir, que las medidas de extinción ne-
cesarias para un riesgo determinado guardan una relación directa con las ya adoptadas desde los puntos
de vista estructural y preventivo.
Su campo natural está dado por el estudio y la aplicación de todos los métodos y sistemas de
extinción, de avisadores automáticos, de instrucción del personal, y en general de cuanto se refiere a
la organización de los servicios de bomberos que, por supuesto, también tienen a su cargo el cuidado y
contralor de los otros aspectos de la Protección Contra Incendio.
Los incendios varían mucho, tanto en las etapas iniciales como en su desarrollo posterior; para
reducir al mínimo posible el riesgo de pérdidas serían necesarios sistemas automáticos de gran capacidad
y versatilidad, que cubrieran todas las contingencias.
La adopción indiscriminada de tales sistemas es obviamente impracticable, por razones económi-
cas y de sentido común.
Pero como la mayoría de los incendios comienzan en forma incipiente, desde el punto de vista
de la protección privada, el objetivo puede ser más limitado. En efecto, generalmente sólo se pretende
proporcionar los elementos de “primeros auxilios” para que el personal pueda extinguir un principio de
incendio, o por lo menos “dominarlo” hasta la llegada de los bomberos locales.
Esto se aplica especialmente en cuanto se refiere a los riesgos comunes que se producen durante
las horas de trabajo; cuando los riesgos permanentes son muy grandes se debe recurrir a los sistemas
enteramente automáticos, diseñados por especialistas y aprobados por las autoridades oficiales compe-
tentes.
Profesionalmente se acostumbra a clasificar los fuegos en cuatro tipos distintos, según la natu-
raleza o calidad de los elementos en combustión.
Clase “A”: Fuegos sobre materiales sólidos comunes, tales como madera, papeles, tejidos, gomas, plás-
ticos, etc., cuya extinción se logra principalmente por enfriamiento.
Clase “B”: Fuegos sobre líquidos inflamables, grasas, pinturas, ceras, gases, etc., que se extinguen por
sofocación.
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Fig. 41 B – Puerta contra incendio deslizable o contrapesa, sobre riel horizontal
Clase “C”: Fuegos de materiales, instalaciones o equipos sometidos a la acción de la corriente eléctrica,
que no deben extinguirse con agentes conductores de la electricidad.
Clase “D”: Fuegos de metales combustibles, como el magnesio, circonio, titanio, potasio, sodio, etc., en
cuya extinción no puede utilizarse ninguno de los agentes convencionales, sino polvos especiales para
cada uno de ellos.
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