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El Control Preconcepcional

El documento destaca la importancia del cuidado preconcepcional, prenatal y perinatal para reducir la morbimortalidad perinatal y mejorar la salud de madres e hijos, especialmente en poblaciones vulnerables. Se enfatiza la necesidad de identificar riesgos, ofrecer información y asesoramiento personalizado, así como la relevancia de hábitos saludables como la nutrición y la actividad física. Además, se menciona que el control prenatal debe ser universal y que las intervenciones preconcepcionales son efectivas en la prevención de complicaciones durante el embarazo.

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El Control Preconcepcional

El documento destaca la importancia del cuidado preconcepcional, prenatal y perinatal para reducir la morbimortalidad perinatal y mejorar la salud de madres e hijos, especialmente en poblaciones vulnerables. Se enfatiza la necesidad de identificar riesgos, ofrecer información y asesoramiento personalizado, así como la relevancia de hábitos saludables como la nutrición y la actividad física. Además, se menciona que el control prenatal debe ser universal y que las intervenciones preconcepcionales son efectivas en la prevención de complicaciones durante el embarazo.

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En el último siglo ha habido una significativa disminución de la morbimortalidad perinatal y un

incremento sostenido en la expectativa de vida. Sin embargo, aún se observa en distintos segmentos
poblacionales, que la tasa de prematurez o la mortalidad perinatal han disminuido en menor
proporción que en otros. Esto demuestra a las claras que los programas de cuidado prenatal y perinatal
deben ser fortalecidos, sobre todo en los segmentos poblacionales más carenciados.

Hasta no hace mucho tiempo, el cuidado preconcepcional era una herramienta casi desconocida entre
los efectores de salud. Sin embargo, en la actualidad nadie discute ya su valor. El cuidado
preconcepcional debe ser visto como una estrategia preventiva, sobre la base de un continuo, por lo
que el punto de partida no debiera ser la concepción sino el tiempo que la precede.

De ahí que en el cuidado preconcepcional, prenatal y perinatal se deban analizar con mucho cuidado
los factores nutricionales, el hábito del tabaco, la ingesta de alcohol, el abuso de drogas ilícitas, la
exposición a sustancias tóxicas en los ambientes, la diabetes, la hipertensión u otras enfermedades
con agregación familiar, así como las condiciones genéticas en cada uno de los padres1.

Durante el embarazo, el control prenatal debe ser universal, lo que permitirá, entre otros aspectos,
elaborar estrategias de prevención del parto prematuro y asegurar la forma de terminación del parto
en óptimas condiciones de seguridad.

El tamizaje de enfermedades metabólicas en los recién nacidos, la accesibilidad a las unidades de


cuidados intensivos neonatales o el correcto seguimiento de los recién nacidos de alto riesgo también
son muy importantes. La salud de un niño, además, se construirá sobre la base de una adecuada
nutrición, una correcta inmunoprevención de enfermedades infectocontagiosas, evitando los
accidentes y el abuso infantil.

Vistas las cosas desde esta perspectiva, la salud preconcepcional, prenatal e infantil adquieren una
perspectiva continua, no atomizada, y cierran perfectamente un círculo signado por la eficacia y no
por el azar. Basta recordar que los programas mundiales de inmunoprevención han hecho desaparecer
la viruela y casi la poliomielitis. La relación costo-beneficio de estos programas ha sido ampliamente
demostrado. Los gastos que ocasionan, por ejemplo, las secuelas invalidantes de retardo mental
irreversible en un niño al que no se le ha detectado a tiempo una fenilcetonuria justifican el gasto de
un programa de tamizaje. Otro tanto podría decirse respecto de los gastos que genera un recién nacido
muy prematuro o por debajo de 1.000 gramos cuya recuperación en una unidad de cuidados intensivos
puede demandar más de cien mil dólares, sin tener en cuenta que un tercio de estos niños, además,
permanecerá con secuelas de moderadas a severas. Muchos de estos niños seguramente podrían
beneficiarse, o tales situaciones prevenirse, por medio de actividades de asesoramiento
preconcepcional o de un riguroso programa de prevención de la prematurez.
La investigación médica y embriológica demuestran que las intervenciones producidas durante el
período preconcepcional son efectivas en la obstetricia moderna.

El CDC (Center for Disease Control) de los [Link]. nos informa que la incidencia de la mayoría de 33
defectos congénitos estudiados ha permanecido constante o bien ha aumentado entre el 1970 y 1971
y entre 1982 y 1983. La incidencia de 11 de estos defectos (defectos cardíacos, urinarios y renales,
cataratas congénitas, luxación congénita de la cadera y las anomalías autonómicas) se incrementaron
un 2% anual; la incidencia de 17 defectos permaneció constante y la incidencia de otras 5 (anencefalia,
espina bífida, exoftalmos, rubéola congénita y la enfermedad hemolítica) disminuyó un 2% anual.

Las causas probables de los referidos aumentos podrían ser:

Un mayor número de embarazos en las edades reproductivas extremas.

El incremento en el consumo de alcohol en la adolescencia y en la edad reproductiva.

El riesgo de exposición a los agentes químicos.

Los avances en la medicina que hacen posible que mujeres que padecen enfermedades crónicas
puedan llevar a término un embarazo.

También debe recordarse que el período de mayor sensibilidad teratológica ambiental sobre el
producto de la concepción se ubica entre el día 17º y el día 56º. Durante este período tiene lugar la
organización y la diferenciación celular así como la organogénesis, por lo que cualquier noxa
ocasionado por drogas (químicos) o factores virales-bacteriológicos-parasitológicos (biológicos) puede
afectar el normal desarrollo del embrión 5.

Estos aspectos deben ser mencionados durante las entrevistas preconcepcionales o bien durante los
encuentros durante un embarazo, focalizando algunos aspectos relacionados con próximas
gestaciones. En general, las parejas que cursan un embarazo se encuentran con un alto grado de
motivación por lo que estos mensajes suelen quedar bien marcados en la memoria. Sin embargo, no
podemos desconocer que entre un 20% y un 30% de las embarazadas llegan al control prenatal
tardíamente y que muchas de ellas nunca reciben control prenatal alguno.

El consejo preconcepcional ofrece múltiples beneficios de los cuales, probablemente el más


importante, sea el de permitir que las parejas puedan tomar sus propias decisiones sobre sus hijos
futuros. Dicho de otra manera, a través de la información, los padres pueden decidir si aceptan los
riesgos que pueden afectar la salud de la madre o de sus hijos.

También debemos ser claros en que, aún en óptimas condiciones, muchos embarazos pueden culminar
en un aborto, en una malformación congénita, en un parto prematuro, en niños con trastornos de
comportamiento, con defectos en el aprendizaje, en muertes perinatales o con complicaciones
maternas.

En el fondo, estamos intentando hacer comprender a las parejas que la medicina tiene marcadas
limitaciones. Una buena manera de poner en claro las cosas consiste en explicar que, en nuestra
práctica cotidiana, tenemos conocimientos y desconocimientos.
Durante las charlas grupales conviene estimular un clima propicio para que las parejas puedan
conversar sobre sus dudas acerca de distintos aspectos de la vida cotidiana que pueden o podrían
afectar la salud del feto y del futuro bebé. Las dudas que se plantean con mayor frecuencia se
relacionan con los siguientes temas: el empleo de pinturas u otros agentes químicos de uso cotidiano,
la permanencia frente a las pantallas de las computadoras, el consumo de drogas en alguna época de
la juventud de los padres, abortos provocados previos, la presencia de diabetes, la ingesta de aspirinas,
los animales domésticos, los tratamientos antialérgicos, la ingesta de alcohol o las características
particulares de algunos trabajos.

Por lo tanto –y como síntesis– el consejo preconcepcional debe satisfacer tres objetivos:

identificar riesgos individuales;

ofrecer información sobre la salud en general;

proveer asesoramiento personalizado y específico sobre aspectos genéticos, nutricionales o de


modificación de los hábitos.
Objetivos
Se han elaborado estas recomendaciones para la práctica del cuidado de la salud de la mujer en su
etapa preconcepcional, unificando criterios y acciones para la promoción, prevención, diagnostico y
referencia oportuna de la paciente al nivel de atención correspondiente.

Este documento debe ser usada en cada provincia, municipio o Institución, tanto pública como privada,
para adaptarla a cada realidad local y desarrollar las propias normas de atención. Estará abierta a
modificaciones, en la medida que surjan nuevas evidencias científicas.

Introducción
El objetivo de realizar una consulta en la etapa preconcepcional es lograr el mejor estado de salud
posible de los futuros padres, a fin de alcanzar el embarazo en las mejores condiciones. Se deberán
prevenir, diagnosticar y tratar las afecciones que puedan afectar a la futura gestación, evitándolas o
disminuyendo su impacto, en la medida de lo posible.

Las acciones propuestas se basan en la perspectiva de prevención y en la estrategia integral de


Atención Primaria de la Salud.

La comunicación y el flujo de información entre el profesional a los pacientes es clave.

El bienestar de la mujer antes, durante y después de los embarazos, está condicionado en gran medida
por su entorno y tiene impacto directo sobre sus hijos. El bienestar con la pareja, con el entorno
familiar y social resultan fundamentales para alcanzar los mejores resultados perinatales.

En este contexto, se jerarquiza la etapa reproductiva de la vida de la mujer, tanto para ella misma
como para su familia y la sociedad en su conjunto.

Los programas regionales de salud perinatal regionales deben proponerse, entre sus objetivos,
mejorar la información y difusión acerca del tema, aumentando la cobertura de controles de mujeres
con deseos de embarazo.

La elección del mejor momento para iniciar un embarazo, teniendo en cuenta la importancia del
intervalo intergenésico, requieren del intercambio de información que es propio de la consulta
preconcepcional.

Es sabida la importancia de las primeras semanas del embarazo. Se trata del período de
embriogénesis, del desarrollo de los órganos que sustentarán futuras funciones, del cierre del tubo
neural, entre muchas otras adquisiciones. Resulta, pues, fundamental anticipar acciones para transitar
esta etapa en las mejores condiciones posibles.

Pese a lo expuesto, la primera consulta no suele ser tan temprana. Lo más frecuente es que los
controles se inicien a mediados del 1º trimestre, cuando ya transcurrió la casi totalidad del desarrollo
embrionario, perdiéndose así la oportunidad de realizar intervenciones cuya eficacia está sustentada
en la mejor evidencia científica disponible.
Los adolescentes constituyen también un grupo etáreo especial que obtendría significativos beneficios
con esta modalidad asistencial, ya que el 20% de los embarazos en Argentina ocurre dentro de este
grupo.

Estos son solo algunos ejemplos que destacan la importancia del Control Preconcepcional.

El asesoramiento preconcepcional
El equipo de salud con responsabilidad en la atención de la mujer durante esta etapa, debe tener en
cuenta los siguientes objetivos y enfocarse en ellos:

• Brindar a cada pareja información sobre Salud Reproductiva de manera clara, para que puedan tomar
decisiones adecuadas: Consejería en Anticoncepción para planificar el momento, la cantidad de
embarazos y el tiempo transcurrido entre éstos, evitando así los intervalos intergenésicos menores a
24 meses. (Para mayor información, se remite al lector a la siguiente guía: Consejerías en Salud Sexual
y Salud Reproductiva. Propuesta de diseño, organización e implementación. Documento de trabajo.
Septiembre 2012).

• Informar acerca de los cuidados que requieren tanto el embarazo como su etapa previa.

• Identificar los factores de riesgo de cada embarazo, incluyendo los antecedentes personales y
familiares, así como las conductas poco saludables y los factores ambientales.

• Ayudar a la paciente a reconocer su propio estado de salud previo al embarazo, a realizar cambios
en las conductas de riesgo y a llevar a cabo los tratamientos necesarios para lograr un embarazo
saludable.

• Identificar a las parejas con riesgo genético aumentado y brindarles información adecuada para que
realicen las consultas especificas y tomen decisiones reproductivas adecuadas. (Levitt, 1993)

Esta consejería tiene por objetivo lograr la comunicación y la reflexión necesarias para asumir la
responsabilidad de llevar adelante un embarazo y el proyecto de familia esperado. La decisión final
será de la pareja adecuadamente informada.

Los cuidados preconcepcionales también incluyen componentes basados en los principios de las
Maternidades Seguras y Centradas en la Familia, a saber:

• Respetar la diversidad y las experiencias de las personas.

• Respetar y transmitir los derechos sexuales y reproductivos.

• Tener en cuenta los aspectos: físicos, psicológicos, familiares y socio-económicos.

Hábitos y estilos de vida


1. Actividad física

La realización de ejercicio físico es adecuada y no está contraindicada. Por regla general, el ejercicio y
los deportes son saludables, ya que producen bienestar físico y psicológico. El ejercicio aeróbico es
conveniente durante la gestación para fortalecer los músculos y activar la circulación venosa. Las
actividades físicas recomendadas son: caminatas no extenuantes y ejercicios para fortalecer la
musculatura pélvica y dorso lumbar. Todas ellas deberán estar acompañadas por una adecuada
hidratación.

2. Nutrición

La futura madre debería conocer su peso habitual y llegar al embarazo con un peso adecuado a su
contextura. La desnutrición durante el embarazo se asocia a prematurez, restricción del crecimiento
intrauterino (RCIU), mortalidad perinatal y defectos del tubo neural.

Por otro lado, la obesidad se asocia con diabetes, hipertensión y macrosomía fetal, la cual también
aumenta el riesgo perinatal.

Durante la adolescencia, el problema del déficit de nutrientes adquiere especial importancia pues, en
caso de producirse un embarazo, los requerimientos son mayores a los de una mujer adulta.

Es oportuno realizar campañas informativas que prioricen el valor nutricional de la alimentación,


previo y durante la gestación, reforzando el uso de alimentos ricos en nutrientes.

La evidencia actual demuestra que más de la mitad de los casos de defectos del tubo neural podrían
haber sido evitados si la madre hubiera consumido suficiente Ácido Fólico por lo menos un mes y
medio antes del embarazo y hasta cumplidos los primeros 28 días del embarazo, momento en que
embriológicamente hay evidencia de que el tubo neural ha cerrado, si bien la recomendación de
ingesta de Ácido Fólico se extiende con un margen de seguridad hasta las 12 semanas para prevención
de este grupo de patologías neurológicas.

A nivel individual, se recomienda el uso preconcepcional de:

A) 0,4 mg/día de Acido Fólico, para prevenir la ocurrencia de defectos de tubo neural.

B) 4 mg/día de Acido Fólico, para prevenir la recurrencia en mujeres con antecedentes de niños con
malformaciones del tubo neural.

Debido a la importancia que esta vitamina tiene para el correcto crecimiento del feto, se recomienda
la suplementación rutinaria de Ácido fólico oral durante todo el embarazo. En términos poblacionales,
la fortificación de alimentos de consumo masivo con Hierro y folatos, como las harinas, ha demostrado
ser una intervención nutricional altamente costo-efectiva.

3. Tabaco

El consumo de tabaco materno así como también la exposición al humo de tabaco ambiental, afectan
tanto al feto como a la madre. Las mujeres fumadoras tienen mayor riesgo de complicaciones
obstétricas (placenta previa, aborto, espontáneo, parto prematuro) y complicaciones del feto y recién
nacido (bajo peso al nacer, aumento de la mortalidad perinatal). La buena noticia es que las mujeres
que dejan de fumar antes o durante el embarazo, no solo mejoran su salud en general sino que
reducen su riesgo de ruptura prematura de membranas, embarazo pretérmino y bajo peso del recién
nacido. Por esto, dejar de fumar durante el embarazo es una enorme oportunidad para mejorar la
salud de la mujer fumadora.
Estudios en distintos países muestran que, en general, el consumo de tabaco en el embarazo se asocia
con algunos factores socio demográficos como: menor nivel socioeconómico, menor educación, ser
madre soltera y tener una pareja fumadora. También se observa que existe un sub-registro ya que los
médicos no preguntan correctamente (generalmente usan opción sí/no en lugar de opción de
respuestas múltiples), las madres “esconden” el consumo y normalmente no se corrobora con
laboratorio.

Los profesionales de la salud deben aprovechar cada consulta para averiguar si la mujer fuma o está
expuesta al humo de tabaco y para brindar el consejo consistente de que “dejar de fumar es lo mejor
que puede hacer por su salud y la de su recién nacido”. Evitar dar la opción de “menos de 5 cigarrillos
por día está bien” la meta es NINGUN cigarrillo. Si la mujer quiere dejar de fumar, en la web del
Programa Nacional de Control del Tabaco hay un listado de Control preconcepcional, prenatal y
puerperal Control preconcepcional, prenatal y puerperal 18 19 instituciones que brindan tratamiento
para dejar de fumar. Además, existe una línea gratuita para dejar de fumar 0800 999 3040 con acceso
desde todo el país.

Es importante incorporar el consejo también luego del embarazo ya que se observa que un alto
porcentaje de fumadoras que dejó durante el embarazo suele volver a fumar enseguida después del
parto. Además, dada la importancia fundamental de la lactancia materna y los beneficios que le aporta
al recién nacido, el consumo de tabaco no es una contraindicación para ésta. Existen algunas medidas
higiénicas que se pueden tomar para que las mujeres fumadoras puedan amamantar a pesar de no
haber dejado de fumar. Estas incluyen dejar pasar media hora desde el último cigarrillo, lavarse bien
las manos y colocar un lienzo limpio entre el bebé y la ropa materna.

En la página web del Programa Nacional de Control del Tabaco ([Link]


site_tabaco/pdf/[Link]) está publicada la Guía de Embarazo, Maternidad
y Tabaco: Recomendaciones para el equipo de salud que brinda información adicional para detectar
a las embarazadas fumadoras y motivarlas para dejar de fumar.

4. Consumo de alcohol

El consumo excesivo de alcohol antes del embarazo es desaconsejable. Durante la gestación, el


alcohol debe evitarse en forma absoluta. Se asocia con muerte intrauterina, restricción en el
crecimiento pre y postnatal, bajo peso al nacer, alteraciones del sistema nervioso central y de la
conducta. El consumo excesivo de alcohol, en particular en el primer cuatrimestre de la gestación, se
asocia con malformaciones fetales. Puede ser responsable de un cuadro de retardo mental, aun en
ausencia de malformaciones fetales reconocibles al nacimiento. Las campañas de educación son de
extrema importancia, ya que no existe la noción de este riesgo en la población.

5. Consumo de drogas

Cocaína, heroína, metadona, anfetaminas, marihuana, etc. son drogas que se asocian con retardo de
crecimiento intrauterino y muerte perinatal. Las mujeres que consumen drogas ilegales deben ser
informadas sobre los daños que éstas producen en su descendencia y su propio organismo.

6. Fármacos

El uso habitual de fármacos debe ser evaluado, ya que existen sustancias que deben desaconsejarse
por completo en este periodo. Ante la duda sobre el uso o riesgo potencial de un medicamento, puede
consultar con la Línea Salud Fetal del servicio de información sobre agentes teratogénicos del Centro
Nacional de Genética Médica [Link]/inst/CeNaGeM/saludfetal/[Link].
7. Hábitos laborales y ambientales

La realización de trabajos pesados, la utilización de plaguicidas y solventes orgánicos, y el contacto


con material radioactivo deben ser prohibidos durante la gestación.

Antecedentes relevantes

• Familiares: Enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión o hipotiroidismo, enfermedades


hereditarias, cáncer, enfermedades congénitas, retardo mental, recién nacidos muertos (con
malformaciones o no), ceguera, sordera, entre otras.

• Obstétricos: número de embarazos, duración de los embarazos, vía del parto, cesáreas previas,
cirugías ginecológicas o generales previas, abortos, muertes fetales o neonatales, enfermedades
congénitas, peso de los recién nacidos.

• Enfermedades crónicas propias: hipertensión, diabetes, tiroideopatías, enfermedades del tejido


conectivo, renales, respiratorias o infecciones crónicas.

• Violencia: se deben pesquisar situaciones de violencia familiar, como factor de riesgo en esta etapa.

Prevención de infecciones
VIH/SIDA

Es importante conocer el estado serológico de ambos miembros de la pareja, detectar conductas de


riesgo e informar sobre el riesgo de la transmisión vertical. Las mujeres portadoras de VIH tienen
necesidades específicas que deben ser tenidas en cuenta.

Muchas conocen su situación serológica antes de quedar embarazadas. Esto ofrece una oportunidad
para abordar situaciones que tienen impacto sobre la futura gestación. Se recomiendan los siguientes
temas de asesoramiento preconcepcional en las mujeres VIH positivas:

• Elegir métodos anticonceptivos apropiados y efectivos que prevengan la transmisión del VIH a sus
parejas sexuales (en caso de parejas sero-discordantes, o sea un miembro seropositivo y otro
negativo), protejan a las mujeres de adquirir enfermedades de transmisión sexual e incluso de la
posibilidad de adquirir cepas de VIH más virulentas o resistentes (cuando ambos miembros de la
pareja sean seropositivos). Control preconcepcional, prenatal y puerperal Control preconcepcional,
prenatal y puerperal 20 21 Para mayor información, se remite al lector a la siguiente publicación:
Métodos Anticonceptivos. Guía práctica para profesionales de la salud. Nueva edición: Marzo 2012.

• Transmitir información sobre factores de riesgo para la transmisión perinatal del VIH, estrategias
para disminuir riesgos, potenciales efectos del VIH y su tratamiento sobre el curso y el resultado del
embarazo (hiperglucemia, anemia, toxicidad hepática, necesidad de inhibición de la lactancia, entre
otras).
• Brindar información sobre interacción medicamentosa entre drogas antirretrovirales y
anticonceptivos hormonales, que podrían disminuir la eficacia del anticonceptivo o del tratamiento
antirretroviral.

• Aconsejar sobre opciones reproductivas posibles tales como la inseminación intrauterina o la


intravaginal, para prevenir la exposición de una pareja no infectada.

• En pacientes seropositivas informar sobre la importancia de reducir la carga viral para disminuir el
riesgo de transmisión vertical y de no discontinuar (o iniciar lo antes posible) el tratamiento
antiretroviral manteniendo contactos con el equipo de infectología.

Hepatitis B (HB)

Los factores de riesgo para Hepatitis B son similares a los de VIH/SIDA. El riesgo de transmisión
perinatal es alto, principalmente en el momento del parto. Aproximadamente entre el 70% al 80% de
los neonatos infectados son portadores crónicos de antígenos HB. Además, la infección fetal se asocia
con prematuridad y niños pequeños para su edad gestacional.

Estas razones avalan la importancia de que toda la población, y prioritariamente las mujeres en edad
fértil, sean vacunadas contra la Hepatitis B, con 3 dosis de vacuna. Se debe identificar a las mujeres
no vacunadas, en especial aquéllas con factores de riesgo, e inmunizarlas aún en el embarazo ya que
el tipo de vacuna no lo contraindica.

Rubéola

Alrededor del 15% de todas las mujeres en edad fértil no tienen inmunidad para la rubéola. El ideal
es determinar los anticuerpos (IgG específica; niveles ELISA iguales o mayores a 15 UI/ml. se
consideran positivos y protectores) en todas las mujeres y vacunar antes de embarazarse a aquéllas
susceptibles. En caso de no poder realizar la determinación y no contar con certificado de vacuna, se
aconseja vacunar y esperar 30 días para iniciar el embarazo.

A pesar de tratarse de una virosis benigna para la madre, su pasaje transplacentario produce en el
feto diferentes formas de embriopatías (presentes en una proporción de los casos que va del 20% al
35%).

Es una infección de alta prevalencia en la edad adulta (entre el 60% y el 80%). Por ello, en la mayoría
de las embarazadas en las que se realicen controles serológicos de rutina, las pruebas darán resultado
positivo (IgG positivo), reflejo de una afección preexistente al embarazo. No obstante, durante un
embarazo, es difícil interpretar los resultados serológicos para diferenciar primoinfección de infección
preexistente.

Por ello resulta relevante conocer la situación serológica de la mujer antes del embarazo, destacando
así el valor del control preconcepcional.

Se ha comprobado mayor probabilidad de infección en mujeres que están en contacto con niños que
usan pañales. La vía de contagio son las manos, al manipular los pañales con orina. Una prevención
eficaz es el lavado de manos cada vez que se cambian pañales.

Esta recomendación tiene especial pertinencia para aquellas mujeres que deseen embarazarse y
trabajen en guarderías, salas de neonatología o tengan niños pequeños.
Toxoplasmosis

La importancia de conocer el estado serológico de la mujer frente a la Toxoplasmosis antes del


embarazo es fundamental, y constituye una de las principales acciones en esta patología. Se debe
solicitar dosaje de IgG por técnica de Inmunofluorescencia o ELISA. Una prueba positiva indica
inmunidad. Dicho resultado deberá registrarse en la Historia Clínica, informando a la paciente que no
será necesario repetir esta prueba en sus futuros embarazos.

En caso de una prueba negativa, se considera susceptible. Entonces deberán explicarse las
recomendaciones para evitar el contagio durante el período de búsqueda de embarazo y durante el
mismo. Estas son:

• Comer carne bien cocida.

• Evitar comer huevos crudos y leche no pasteurizada

• Lavar bien los vegetales y comer las frutas sin cáscara.

• Evitar el contacto de la piel en forma directa con carne cruda, tierra y hortalizas.

• Utilizar guantes para manipular dichos elementos.

• Evitar el contacto con excreciones de gatos y lavar su lugar de defecación con agua hirviendo.

Sífilis

Como toda enfermedad de transmisión sexual, debe solicitársele la prueba de tamizaje (VDRL) a ella
y al compañero sexual.

Otras ETS: Se debe investigar al compañero sexual, igual que en caso de la Sífilis.

Enfermedad de Chagas-Mazza

Conocer su estado serológico, para realizar eventuales controles y tratamiento adecuado.

Hepatitis C

La mujer infectada con el virus de la Hepatitis C frecuentemente estará asintomática, a menos que el
progreso de la enfermedad haya afectado la función hepática. Puede sospecharse este problema al
detectar elevación de transaminasas. Sin embargo, el examen de elección para el diagnóstico es la
determinación de anticuerpos Anti-Hepatitis C. Esta es una prueba altamente sensible y su negatividad
descarta la enfermedad.

El consejo reproductivo para la mujer infectada que desee embarazarse deberá incluir:

• De qué manera el embarazo puede afectar el curso de la enfermedad. Los estudios preliminares
indican que el embarazo no afecta la evolución de la hepatitis C, excepto en mujeres con enfermedad
hepática avanzada (mayor riesgo de coagulopatía, trombocitopenia o hipertensión portal).

• De qué manera esta infección afectará el curso del embarazo. Se incrementa el riesgo de padecer
colestasis del embarazo (complicación frecuentemente benigna, que desaparece de manera rápida y
espontánea después del parto).

• Cómo pueden infectar a su compañero sexual. La transmisión sexual de la Hepatitis C es poco


frecuente en las parejas monógamas. Aunque se ha detectado la presencia de virus en los fluidos
genitales femeninos, es rara la transmisión de la mujer a su pareja sexual.
• Cómo puede reducirse el riesgo de transmisión vertical. El riesgo de transmisión de la madre al
recién nacido se estima en el 6%. Está directamente relacionado con la carga viral materna. El efecto
de las variables obstétricas sobre el riesgo de transmisión vertical sigue en estudio, ya que la cesárea
no se relaciona con el aumento o la disminución en la transmisión madre-hijo. La Hepatitis C no afecta
la decisión para el tipo de parto o vía nacimiento. La lactancia materna tampoco se asocia con la
transmisión del VHC; por lo tanto, no debe evitarse.

Infecciones bucodentales

Debe recomendarse realizar un control bucodental previo al embarazo. Si existieran caries u otros
procesos infecciosos, debe aconsejarse resolverlos preferentemente antes del embarazo, aunque su
resolución durante el mismo no está contraindicada

Análisis Bioquímicos

Conocer algunos parámetros de laboratorio resulta de suma importancia para diagnosticar o prevenir
patologías: la evaluación del metabolismo del Hierro, de los Hidratos de Carbono, el funcionamiento
renal y hepático, el grupo y factor sanguíneos.

Rutina de laboratorio Hemograma, Glucemia, Uremia, Creatininemia, Uricemia, Hepatograma, Orina


completa.

Vacunación

• Refuerzo de Tétanos y Difteria (Doble Adultos): cada 10 años.

• Rubéola y Paperas (Doble Viral): única dosis, previo estudio serológico negativo. Esperar 30 días
antes de buscar un embarazo.

• Hepatitis B: Deberá administrarse a los 11 años de edad, o si presenta factores de riesgo.

• Antigripal: si presenta factores de riesgo.

Reducción de defectos congénitos


Los defectos congénitos diagnosticados al nacer muestran una incidencia que oscila entre el 1% al 2%.
Si se incluyen malformaciones leves y otras diagnosticadas a lo largo de la vida, esta incidencia
aumenta de un 5% a 10%. Este amplio rango depende de la profundidad de los diagnósticos.

Se ha demostrado que las siguientes intervenciones son eficaces para reducir la incidencia de
malformaciones:

• Administración de Ácido fólico desde antes de la concepción, hasta la semana 12 de amenorrea.

• Vacunación de todas las mujeres en edad fértil y puérperas que no tengan anticuerpos contra la
rubéola, disminuyendo el Síndrome de Rubéola Congénita.

• Asesoramiento e incorporación de programas activos para evitar beber alcohol y consumir drogas,
lícitas o ilícitas.

• Información de la edad materna avanzada como principal factor de riesgo demográfico para
defectos congénitos. En Argentina, los nacimientos de madres mayores de 40 años representan el 2%
del total de nacimientos y dan origen a un tercio de los casos de Síndrome de Down.

• Llevar a toda paciente diabética a niveles de normo glucemia tres meses antes de la concepción.
• Información adecuada a pacientes que reciban drogas con riesgo teratogénico (ácido retinoico,
talidomida, anticonvulsivantes, citostáticos –tanto en enfermedades reumáticas como cáncer–, entre
otros)

Enfermedades crónicas
Aproximadamente entre el 15% y el 20% de las madres tienen problemas médicos antes del embarazo
que deben ser corregidos o controlados.

• Hipertensión crónica: Es una de las complicaciones más frecuentes. Cuando se planea el embarazo,
es el momento de modificar el tratamiento para evitar los efectos teratogénicos de algunas drogas
(ejemplo Enalapril, Losartan).

• Diabetes mellitus: La prevalencia estimada es entre 0,5% a 1,5%. Una forma de reducir la incidencia
de los defectos congénitos es con un control de los niveles de glucosa antes de la concepción y durante
el primer trimestre del embarazo. Para conocer el nivel metabólico es útil determinar el nivel de
Hemoglobina glicosilada, ya que si éste es elevado, indica pobre control metabólico y alto riesgo de
malformaciones congénitas.

• Anemia: La prevalencia de anemia (Hb < 12 g/dl) en mujeres en edad fértil, para el área del Gran
Buenos Aires es de 26% y para Tierra del Fuego es de 10%. (MINSA/1998). Se recomienda realizar el
tratamiento acorde al diagnóstico etiológico tanto por deficiencia de hierro como por falta de Ácido
fólico (ver asesoramiento genético).

• Patología uterina: la pesquisa sistemática del carcinoma cervical se hará por el método de
Papanicolau. Las miomatosis importantes, malformaciones uterinas y tumores de ovario deben ser
evaluados y eventualmente tratados.

• Carcinoma de mama: Se debe realizar un examen clínico de las mamas y enseñar el auto examen
mamario, el cual es más difícil de aprender durante el embarazo por las modificaciones que se
producen en la glándula. La mamografía como tamizaje no es recomendada antes de los 50 años.

• Epilepsia: la medicación anticonvulsivante presenta riesgo teratogénico. Por este motivo, lo


conveniente es la evaluación por un médico neurólogo a fin de evaluar la necesidad y tipo de
medicamento que la paciente requiera. Debe tenerse en cuenta que este tipo de medicación es
empleada frecuentemente también en enfermedades psiquiátricas, por lo cual corresponde igual
recomendación.

• Enfermedades tiroideas: tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo deben ser adecuadamente


controlados antes del embarazo, dado que pueden afectar su evolución (descompensación de la
enfermedad materna, afectación fetal).

• Otras enfermedades crónicas: patologías tales como el Lupus eritematoso sistémico, la


Dermatomiositis o la Miastenia gravis pueden también modificar su evolución durante el embarazo,
así como comprometer gravemente la salud fetal. En estas situaciones es necesario el trabajo
interdisciplinario e informar a la futura gestante sobre los cuidados y posibles riesgos asociados.

Examen físico

Debe realizarse una evaluación clínica completa que incluye: Examen clínico, tensión arterial, peso,
talla y examen genito-mamario.

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